Hoy, miércoles 8 de julio, no hay ningún partido programado, algo que no había ocurrido desde el inicio del Mundial. Esta pausa se produce en un ambiente que sigue siendo tenso, marcado por la última polémica: la anulación por parte de la FIFA, a petición de Trump, de la suspensión del jugador estadounidense Balogun.
Se trata de un Mundial marcado sin duda por las polémicas políticas —la negación de visados a aficionados y miembros de las delegaciones de algunos países, el precio de las entradas, la doble moral de la federación con respecto a Irán…—, pero es la primera vez que un poder político se entromete directamente en los asuntos deportivos.
Para quienes no hayan seguido el asunto, esto es lo que ha pasado.
- El 2 de julio, Estados Unidos se enfrentó a Bosnia Herzegovina en octavos de final. En el minuto 64, Folarin Balogun fue sancionado tras una intervención del VAR: al caer tras un duelo aéreo, aterrizó sobre el tobillo de un rival. El árbitro dejó seguir el juego en un primer momento, pero, tras ser avisado por el VAR, optó finalmente por la expulsión.
- El gesto parecía involuntario, sin intención de hacer daño, pero el reglamento prevé en estos casos la expulsión automática, acompañada de un partido de suspensión. Por lo tanto, Balogun debería haberse perdido los cuartos de final contra Bélgica, el 7 de julio.
- En Estados Unidos, el caso ha provocado una gran polémica, incluso en las más altas esferas: al parecer, el propio Donald Trump habría llamado al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para pedir el indulto del jugador.
- La víspera del partido contra Bélgica, la comisión disciplinaria de la FIFA decidió suspender la sanción durante un año, amparándose en el artículo 27 del código disciplinario, que permite dejar una suspensión en espera siempre que no esté relacionada con partidos amañados. Así pues, Balogun pudo jugar contra Bélgica, un partido que Estados Unidos acabó perdiendo por 1-4.
Es una decisión muy poco habitual.
- Infantino niega cualquier implicación directa: la decisión corresponde a la comisión disciplinaria, que es un órgano independiente.
- Sin embargo, la FIFA adopta una actitud, como mínimo, ambigua: contrariamente a lo habitual, no ha publicado ningún informe en el que se detallen los motivos de la reincorporación de Balogun.
Desde el principio quedó claro que el asunto iba mucho más allá del ámbito del futbol: tenía que ver con la política y, por tanto, con las relaciones de poder. Para muchos observadores, el hecho de que Balogun tuviera o no que cumplir su sanción en el partido contra Bélgica confería al asunto una dimensión de pulso diplomático entre Estados Unidos y la Unión.
- Matteo Salvini, el líder de la Lega, había situado precisamente en ese contexto el partido entre Estados Unidos y Bélgica: «No voy a revelar por quién me decanto, pero entre Washington y Bruselas, dejo adivinar por quién late mi corazón», había declarado durante una intervención pública.
- Sin embargo, el asunto de Balogun no es más que un pretexto. Lo que está en el centro de las polémicas es, ante todo, la relación entre la FIFA y Trump.
Durante el segundo mandato de Trump, las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Europea se encuentran en su punto más bajo.
- El futbol no es inmune a las tensiones, y en los últimos diez años hemos visto cómo la FIFA de Infantino se ha acercado considerablemente a Estados Unidos, al tiempo que se ha distanciado de la UEFA, la confederación que rige el futbol europeo.
- Basta con recordar que el FBI desempeñó un papel clave en las detenciones que, en 2015, decapitaron las instancias de la FIFA —probablemente como represalia por la adjudicación del Mundial de 2022 a Qatar en lugar de a Estados Unidos—, y que fue precisamente de esa gran purga de donde surgió Gianni Infantino, elegido presidente de la FIFA en 2016 con el apoyo decisivo de Washington.
Además, las amplias aperturas de Infantino hacia el futbol no europeo han colocado a la UEFA en una posición defensiva.
- La ampliación del Mundial a 48 equipos, la idea de celebrarlo cada dos años, el refuerzo de la Copa del Mundo de Clubes, la ambigua relación de Infantino con la Superliga… Todos ellos son asuntos que la UEFA ha percibido como amenazas contra la hegemonía histórica del futbol europeo y, por tanto, contra su propio poder.
- El caso Balogun no ha hecho más que agravar las tensiones entre la UEFA y la FIFA. En un comunicado, la UEFA ha denunciado que se ha traspasado una línea roja: «Cuando la seguridad jurídica ya no está garantizada por quienes se supone que deben velar por ella, la integridad del juego se ve amenazada y la credibilidad de la competencia queda comprometida».
- El expresidente de la FIFA, Joseph Blatter —uno de los altos dirigentes que cayeron hace 10 años, al igual que Michel Platini— también se ha pronunciado: «Las tarjetas rojas no se anulan con llamadas políticas. Si un presidente de Estados Unidos interviene ante el presidente de la FIFA y un jugador queda repentinamente exonerado antes de un partido de eliminatoria, surge la pregunta: ¿Quo vadis, FIFA?»
En mayo de 2025, Infantino —sin ocupar ningún cargo oficial en la administración estadounidense— había acompañado a Trump en su gira oficial por las monarquías del Golfo, por lo que llegó tarde al 75.º Congreso de la FIFA, previsto para el 15 de mayo en Asunción, Paraguay.
- A su llegada, varios delegados europeos ya habían abandonado la asamblea, indignados por su deferencia hacia Trump.
- En este contexto, la indulgencia mostrada por la FIFA hacia el máximo goleador estadounidense del Mundial no podía sino despertar sospechas, sobre todo teniendo en cuenta que hay una coincidencia que llama la atención.
- Antes de Balogun, la FIFA ya había recurrido al mismo artículo del código disciplinario para indultar a Cristiano Ronaldo en ese mismo torneo: al portugués se le permitió jugar los dos primeros partidos a pesar de una suspensión de tres encuentros derivada de su expulsión durante la fase de clasificación. Curiosamente, el levantamiento de la sanción se produjo pocos días después de la visita de Ronaldo a la Casa Blanca.
- Sin duda, en este Mundial todo es posible, siempre y cuando se cuente con aliados en la Casa Blanca: lo más preocupante para el futbol es esta pérdida de independencia, esta erosión de su credibilidad como fenómeno supranacional y neutral.
- ¿No supone ya una subordinación a la FIFA el hecho de que Estados Unidos haya impedido la entrada en su territorio a un árbitro designado y a varios miembros de las delegaciones, sin que la organización haya podido intervenir? Como escribía Dario Saltari: «Es una señal de que la organización se encuentra en una posición más débil que antes. En otras palabras, “Gianni” se ha convertido en el “gran chambelán” del clan Trump».