Ayer, miércoles 21 de octubre, el tipo de interés exigido por los operadores de los mercados financieros para los títulos de deuda pública francesa a 10 años superó el 5% anual por primera vez desde julio de 2002, unos meses después de la puesta en circulación del euro.

Hoy, con un tipo cercano al 5,1%, esta tasa supera la exigida para financiar la deuda estadounidense, algo que no ocurría desde 2013.

  • Al mismo tiempo, el diferencial —es decir, la diferencia entre los tipos de interés a 10 años de la deuda francesa y la alemana— supera los 170 puntos básicos, lo que equivale a 1,7 puntos porcentuales.
  • Se trata de un nivel que no se registraba desde noviembre de 2011, en el momento álgido de la crisis de la zona del euro.

Francia también se financia ahora a un tipo de interés superior en aproximadamente 1 punto porcentual al de España y en unos 0,5 puntos al de Italia, cuya deuda es, sin embargo, mayor en relación con su PIB. Al ritmo actual, y según los cálculos de la revista, Francia podría superar a Grecia en términos de deuda en relación con el PIB ya en 2028 o 2029, y a Italia entre 2033 y 2040, convirtiéndose así en el país más endeudado de la Unión en un plazo de siete años.

  • El diferencial mide la prima de riesgo que los agentes financieros asocian a la deuda francesa en comparación con la deuda alemana. Refleja, en particular, el riesgo que perciben de no recibir el reembolso en la fecha prevista por los bonos que poseen.
  • Debido a la grave crisis social y política que atraviesa el país y a la falta de perspectivas de una solución creíble a corto plazo, estos actores consideran que este riesgo va en aumento, y la desconfianza hacia la deuda pública francesa crece rápidamente.
  • Por ello, la perspectiva de una grave crisis financiera incluso antes de las elecciones presidenciales —cuya primera vuelta se celebrará el 18 de abril de 2027— se acerca a pasos agigantados.

La desconfianza genera más desconfianza, y el empeoramiento de las condiciones crediticias que sufre la deuda francesa aumenta automáticamente la carga de la deuda, lo que a su vez incrementa el riesgo de impago. Existe el riesgo de que se desencadene una espiral que se autoalimenta y que solo una intervención masiva del BCE, o incluso del FMI, podría interrumpir.

  • Francia, la segunda potencia económica y demográfica de la Unión Europea, no es, sin embargo, Grecia.
  • Un rescate financiero de Francia supondría para la zona del euro y para la Unión un reto político y económico de una magnitud totalmente diferente.