El fútbol entre selecciones es menos frecuente que el que se disputa entre clubes. Los partidos del Mundial, por su parte, son aún más infrecuentes: se disputan cada cuatro años y, en el mejor de los casos, dos selecciones solo se enfrentan unas pocas veces a lo largo de toda su historia.
- Cada encuentro acaba formando parte de la historia cultural de un país.
- Unos simples instantes de un solo partido pueden cambiar la forma en que una nación percibe a otra: un impacto diplomático casi comparable al de una guerra, aunque en un plano puramente simbólico.
El Inglaterra–Argentina es uno de los enfrentamientos más emocionantes que puede ofrecer un Mundial. Esta noche, ambos equipos se enfrentarán por sexta vez, y en cada momento del partido se percibirán, de forma implícita, las huellas de los cinco encuentros anteriores.
- Jorge Luis Borges decía que en el truco, el juego de cartas «nacional» argentino, cada partida se inscribe en la continuidad de las partidas anteriores, jugadas por los antepasados.
- Del mismo modo, esta noche, los jugadores ingleses y argentinos no solo disputarán su propio partido: llevarán consigo a los futbolistas que les precedieron.
En la historia de los Mundiales no hay ningún partido más famoso que el Argentina-Inglaterra de 1986.
- Eran los cuartos de final, y Maradona, en cuestión de unos minutos, marcó primero con la mano (la «mano de Dios»), antes de burlarse a un número indeterminado de ingleses para marcar lo que sigue siendo conocido como el gol del siglo.
- Los dos goles más emblemáticos de la historia de los Mundiales seguramente nunca habrían existido sin las tensiones políticas que rodeaban aquel partido: apenas cuatro años antes había concluido la guerra de las Malvinas entre argentinos y británicos, y los primeros, que habían perdido la guerra, veían en ese partido una oportunidad de revancha.
- «Considerábamos a los jugadores ingleses responsables de todo el sufrimiento del pueblo argentino», diría más tarde Maradona. «Defendíamos nuestra bandera, a los jóvenes fallecidos, a los supervivientes. Por eso creo que mis goles cobraron un significado tan profundo».
En 1998, Argentina e Inglaterra volvieron a enfrentarse en el Mundial, en octavos de final. Argentina se impuso en la tanda de penaltis, en un partido que pasó a la historia por el gol que dio a conocer al mundo a Michael Owen, delantero inglés que entonces tenía 18 años, y por la expulsión —seguida de una intensa polémica sobre su gravedad— de Beckham. Este último se tomó una revancha parcial cuatro años más tarde, al transformar un penalti que supuso la victoria por 1-0 en la fase de grupos.
El partido entre Argentina e Inglaterra fue también uno de los cuartos de final del Mundial de 1966, que ganó Inglaterra por 1-0 y que posteriormente se proclamaría campeona del mundo.
- Este partido pasó a la historia sobre todo por la expulsión del capitán argentino Antonio Rattín, que no abandonó el terreno de juego hasta ocho minutos después —fingiendo no entender las palabras del árbitro alemán Rudolf Kreitlein—, tras arrugar una bandera del Reino Unido.
- Fue a raíz de este episodio cuando se decidió introducir las tarjetas: la roja y la amarilla, símbolos de la «mala conducta» en un campo de futbol, deben su existencia a un partido entre Argentina e Inglaterra.
Hoy se cumplen 44 años de la guerra de las Malvinas, pero el recuerdo del Mundial de 1986 nunca ha estado tan vivo. Varias coincidencias que se produjeron durante ese torneo lo han reavivado:
- En los octavos de final contra México, Inglaterra volvió a jugar en el Estadio Azteca, donde se disputó el partido de 1986, y esta vez se llevó la victoria, «haciendo las paces» con la historia de ese lugar, como dijo el seleccionador inglés Tuchel.
- El 22 de junio, 40 años después de los dos goles de Maradona, el propio Lionel Messi marcó dos goles en el Mundial, contra Austria.
Y ahora llega este Argentina-Inglaterra, en el que se disputarán una plaza en la final.
- El recuerdo de las Malvinas —y, de forma implícita, la rivalidad política y futbolística con Inglaterra— sigue latente en el sustrato cultural argentino, como una brasa enfriada pero que nunca se ha apagado del todo.
- En el anterior Mundial, hace cuatro años, los aficionados entonaban una canción que empezaba así: «Nací en Argentina, tierra de Diego y Lionel, de los chicos de las Malvinas a los que nunca olvidaré».
- En esta edición, ha sido otra canción la que se ha vuelto viral, que los jugadores también entonan en los vestidores tras cada victoria, y que promete ganar el Mundial «por las Malvinas, por Diego y por el último partido de Leo».
Todos los jugadores argentinos y el propio entrenador Scaloni se esfuerzan estos días por restar importancia a la tensión, repitiendo que no será más que un partido como cualquier otro. Pero todo el mundo sabe que no es así.
- De hecho, Tuchel lo reconoció en rueda de prensa: «Por supuesto, estará la historia… a ellos también los mueve. Se sienten impulsados por esa historia, que significa muchísimo para ellos. Es un factor que tenemos en cuenta y al que nos enfrentaremos».
- La propia federación argentina pretende aprovechar este imaginario histórico: para el partido de esta noche, ha solicitado a la FIFA —y ha conseguido— no llevar la camiseta habitual a rayas blancas y azul cielo, sino la camiseta alternativa, de color azul marino.
- Esa es también la camiseta que llevaba la selección argentina en 1986 y en 1998.
Ningún equipo juega tanto con la historia, la mística y la emoción como Argentina. Y esto es especialmente cierto en este Mundial: cada partido de eliminatoria ha sido de un dramatismo extremo, ya que cualquiera de ellos podría haber sido el último de Messi.
- Hoy, esta semifinal contra Inglaterra supone un paso crucial hacia una segunda Copa del Mundo consecutiva para Argentina, una hazaña que solo Italia y Brasil han logrado.