Los dos partidos de octavos de final de ayer, Canadá–Marruecos y Paraguay–Francia, fueron, en algunos aspectos, partidos similares.
- En ambos casos, el duelo táctico se mantuvo reñido durante mucho tiempo y los equipos favoritos, Marruecos y Francia, se impusieron con más dificultad de la prevista, ya que no lograron marcar hasta la segunda parte.
- Marruecos se impuso por 3-0, pero este resultado es engañoso: en la primera parte, Canadá ejerció una fuerte presión y estuvo a punto de marcar. Sólo dos paradas extraordinarias del portero marroquí Bonou lo impidieron.
- Al final del partido, el balance de los «goles esperados» (calculados estadísticamente a partir de las ocasiones creadas) se inclinaba incluso a favor de Canadá, aunque la diferencia fuera mínima: 0,84 frente a 0,82. Sin embargo, se trata de cifras muy bajas que reflejan un partido con pocas ocasiones y un Marruecos que supo convertir en goles los escasos disparos que tuvo.
A Francia le costó aún más imponerse a Paraguay, debido a la temperatura récord registrada en Filadelfia (más de 40 grados de sensación térmica debido a la elevada humedad) y a la estrategia adoptada por la selección sudamericana.
- Paraguay adoptó una actitud extremadamente defensiva desde el saque inicial y, durante todo el partido, sus jugadores se replegaron tras una línea defensiva de cinco (formada por cuatro defensas centrales) y otra línea de cuatro en el centro del campo, dejando a Enciso como único referente en ataque.
- El objetivo era defenderse con una línea baja y compacta para privar a Francia del espacio necesario para desarrollar sus combinaciones ofensivas habituales.
- Paraguay también utilizó todos los medios a su alcance para impedir que Francia jugara con fluidez, llegando incluso a cometer faltas violentas y a provocar al rival para crear un clima de nerviosismo constante. Esta estrategia funcionó, sobre todo gracias a la falta de atención del árbitro uzbeko Tantashev, que no vio muchas de esas faltas. Por increíble que parezca, ningún jugador paraguayo recibió tarjeta amarilla.
- Sólo un golpe de genio individual podía darle la vuelta a esa situación. Y eso es precisamente lo que ocurrió: en el minuto 70, Désiré Doué, que había entrado en el partido desde el banquillo, se deshizo de tres rivales con un slalom imparable dentro del área, antes de ser derribado por un cuarto. El árbitro tampoco había visto esta falta, pero tras consultar el vídeo, se concedió un penalti, que Mbappé transformó.
- Ese gol fue el único del partido. Al ser preguntado tras el encuentro, Mbappé destacó el valor de esta victoria «sucia» y elogió la versatilidad de la selección francesa: «Pensaban que íbamos a jugar con esmoquin y a hacer jugadas bonitas. Pero el fútbol sucio también lo sabemos hacer, y hasta en eso somos mejores que ellos».
- El 9 de julio, Francia y Marruecos se enfrentarán en cuartos de final. Será una reedición de la semifinal de hace cuatro años, que Francia ganó por 2-0, pero también una especie de derbi: y es que Francia cuenta con muchísimos aficionados marroquíes, y seis jugadores de la selección de Marruecos han nacido en Francia. Entre ellos, Ayyoub Bouaddi, una de las revelaciones de este Mundial.
Los días 5 y 6 de julio se disputarán otros dos octavos de final con un encanto indiscutible. A las 22:00 horas, hora española, Brasil se enfrentará a Noruega, el único equipo al que nunca ha vencido de entre aquellos con los que se ha enfrentado más de una vez.
- Ambos equipos se han enfrentado en cuatro ocasiones, con dos victorias noruegas y dos empates. El encuentro más memorable tuvo lugar en el Mundial de 1998, en el último partido de la fase de grupos: Noruega remontó el gol inicial de Bebeto y se impuso por 2-1, gracias a los goles de Tore André Flo y Kjetil Rekdal.
- Noruega ya ha demostrado ser un equipo temible y completo, capaz de jugar de forma especulativa y golpear por sorpresa gracias a la voracidad de Erling Haaland ante la portería, pero también de jugar de manera más reflexiva, creando ocasiones gracias a su calidad técnica. Brasil hace gala de la misma versatilidad: bajo la dirección de su seleccionador, Carlo Ancelotti, ya no es el equipo del «Joga Bonito» de antaño —es decir, aquel que se caracterizaba por una posesión del balón fluida y alegre—, sino una selección astuta, paciente y sólida. Será un partido de gran calidad desde el punto de vista táctico.
A continuación, a las 2:00 horas, tendrá lugar el partido entre México e Inglaterra, un encuentro que preocupa a los ingleses debido a la altitud de Ciudad de México, situada a unos 2.240 metros sobre el nivel del mar. De hecho, a esa altitud, la presión atmosférica es menor, lo que provoca mareos, los pulmones demandan más oxígeno y el balón puede comportarse de forma diferente.
- Los jugadores mexicanos están muy acostumbrados a estas condiciones: en el Estadio Azteca, la selección nacional sólo ha perdido dos partidos oficiales, el último de ellos en 2013. Y nunca en un Mundial.
- Inglaterra, por su parte, se ha quejado de la norma de la FIFA que, a partir de los octavos de final, obliga a los equipos a entrenar en el recinto del partido la víspera del encuentro. «Es una ventaja enorme para México», declaró el seleccionador, Tuchel, en una rueda de prensa.
- De hecho, los estudios realizados por la Federación Inglesa sobre los efectos de la altitud han demostrado que lo ideal sería llegar al lugar del encuentro con diez días de antelación, o el mismo día. Sin embargo, Inglaterra se vio obligada a tomar el avión de Kansas City a México el viernes por la noche, es decir, dos días antes.
- Más allá de las condiciones físicas, habrá que tener en cuenta el contexto cultural. Habrá que tener en cuenta a los 80.000 aficionados mexicanos que animarán a los anfitriones, pero también un recuerdo más profundo: el partido entre Inglaterra y Argentina en los cuartos de final del Mundial de 1986, con los dos goles legendarios de Maradona bajo el sol abrasador del estadio Azteca, «La mano de Dios» y «El gol del siglo». «Una cicatriz que nunca sanará», como la calificó recientemente el periódico británico The Guardian.
Algunas observaciones y aspectos destacados
- Según el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, el Mundial aportaría 80 mil millones de dólares a la economía mundial. Para Matthias Fett, economista y verificador de datos del periódico alemán Der Spiegel, estas cifras no se sostienen.
- En primer lugar, Fett pone en duda la independencia del estudio al que se refiere Infantino, ya que habría sido la propia FIFA quien lo encargó a OpenEconomics.
- El estudio parte de la hipótesis de que la celebración del Mundial de fútbol tendría un efecto positivo en la economía nacional, a través del sector turístico, que se beneficiaría de una afluencia de turistas que provocaría un aumento de los salarios y la creación de empleo. Según Fett, esta hipótesis es ilusoria, ya que no tiene en cuenta cómo reaccionan los precios ante la oferta y la demanda. De hecho, durante un torneo de 39 días, la demanda (por ejemplo, de habitaciones de hotel) sólo aumenta de forma vertiginosa durante un periodo limitado; por lo tanto, es poco probable que ello dé lugar a la construcción de nuevas capacidades. Por el contrario, es más probable que esas mismas habitaciones se alquilen simplemente a un precio más elevado.
- Por la misma razón, la creación de nuevos puestos de trabajo no debería tener un impacto significativo. En un torneo de 39 días, los empresarios no tienen motivos para crear puestos de trabajo fijos. Es más probable que recurran al personal ya existente, recurriendo a las horas extras, o que contraten a trabajadores temporales.
- Según él, las estimaciones del retorno social de la inversión (SROI) también son inexactas y las previsiones optimistas del estudio no tienen en cuenta el efecto de desplazamiento, es decir, el fenómeno por el cual la inversión de un agente económico queda neutralizada por la desinversión de otro. En el caso del Mundial, muchos turistas que no están interesados en el fútbol podrían renunciar a viajar a las ciudades sede y otros espectadores potenciales podrían dejar de comprar entradas para los partidos, debido a las subidas de precios decididas por la FIFA.
- Por último, el estudio citado por Infantino no aborda lo que Fett denomina el «caso de una pérdida neta». Según los cálculos del economista, las once ciudades estadounidenses afectadas perderían entre el 1% y el 1,4% de su producción económica, lo que supondría una pérdida neta de entre 50.000 y 67.000 millones de dólares. En resumen, en lugar del auge prometido, es más probable que Estados Unidos tenga que hacer frente a una «depresión económica» tras la finalización del Mundial.