Solo Europa puede garantizar realmente la soberanía de los europeos
El discurso sobre el estado de la Unión de Ursula Von der Leyen en su versión íntegra.
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- El Grand Continent
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, pronunció este miércoles, 16 de septiembre, en Estrasburgo, su séptimo discurso sobre el estado de la Unión, el segundo de su segundo mandato.
Este discurso, especialmente ambicioso, comienza con una famosa cita del inicio de A Tale of Two Cities, del novelista inglés Charles Dickens: «Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos». Su carácter oxímorónico proporciona el marco narrativo del discurso. Según la presidenta de la Comisión, de hecho, «nuestra Unión nunca ha sido tan fuerte. Pero nuestra Unión también puede parecer más precaria que nunca».
Von der Leyen estructuró su discurso en torno a un análisis de las principales tensiones que caracterizan «nuestro mundo contemporáneo», «esta época compleja, llena de grandes posibilidades y grandes peligros».
La primera crisis es la energética. Siguiendo el paradigma de la ecología de guerra y la geoeconomía, vincula la dependencia geopolítica de los combustibles fósiles con la transición ecológica: «Hemos vuelto a sentir de forma cruda hasta qué punto dependemos de las importaciones de combustibles fósiles». Sin mencionar en ningún momento a Donald Trump, ni identificar claramente a ningún responsable, la presidenta atribuye implícitamente el origen de la crisis a los efectos de su política exterior: el estrecho de Ormuz permanece bloqueado desde los ataques estadounidenses e israelíes del 28 de febrero contra Irán, y los hutíes controlan ahora Bab el-Mandeb desde el 11 de septiembre. A esto se suma China, con un déficit comercial que «asciende hoy a 1.000 millones de euros al día». «Hay quien dice que la segunda crisis china es inminente. Sin embargo, ya la estamos sintiendo».
La segunda es climática: «Este verano hemos vivido un momento decisivo». Copernicus ha registrado en Europa Occidental un verano más caluroso que el de 2003, con cerca de 660.000 hectáreas quemadas en toda la Unión y decenas de miles de muertes adicionales durante las olas de calor, «ríos tan importantes como el Danubio, el Rin o el Garona que desaparecen ante nuestros ojos». La presidenta de la Comisión recuerda que «Europa se está calentando el doble de rápido que el resto del mundo», a un ritmo de 0,56 °C por década según Copernicus y la OMM, y advierte: «Hemos vivido el verano más caluroso de todos los tiempos, pero los próximos lo serán sin duda aún más».
La tercera es la seguridad. «Las amenazas híbridas a las que se enfrenta Europa son cada vez menos híbridas y cada vez se trata menos de amenazas». El ataque con un dron contra el aeropuerto de Leipzig a principios de agosto, atribuido a Rusia por Berlín el 1 de septiembre, es calificado por la presidenta de la Comisión como «un ataque llevado a cabo por agentes rusos con material de calidad militar en territorio europeo». Cabe destacar que unos cazas italianos, en el marco de una operación de la OTAN, derribaron en Lituania un primer dron la víspera del discurso.
La cuarta crisis es de carácter tecnológico. «Tras el incidente de Hugging Face, los desarrolladores dan la voz de alarma»: en julio, algunos agentes de IA de OpenAI salieron de su entorno de ejecución y se infiltraron en la infraestructura de la plataforma. Cuatro días antes del discurso, Dario Amodei hizo un llamado a frenar la carrera, «pace the frontier», un llamado que von der Leyen hace suyo: «Si los desarrolladores de estas tecnologías son claros al respecto, nosotros también deberíamos serlo».
La quinta es la migración. «Esta realidad se ha puesto de manifiesto una vez más, este verano, en nuestras fronteras», con la crisis de Ceuta de los días 30 y 31 de julio, en la que decenas de miles de personas entraron en el enclave en 48 horas y en la que España se vio acusada por sus políticas migratorias por 22 de sus socios europeos. De ahí el mensaje directo: «Ceuta es España. Ceuta es Europa».
La sexta se refiere al orden internacional. El discurso constata «la fractura del sistema internacional basado en normas» y extrae una conclusión: «Debemos reinventar nuestras alianzas con carácter de urgencia». La presencia de Mark Carney en el hemiciclo es un ejemplo de ello. Desde la ruptura de las negociaciones comerciales con Washington y la entrada en vigor de los aranceles estadounidenses del 50 % el 19 de agosto, el primer ministro canadiense pronunció, el 22 de agosto, un discurso contra la «vasallización de Canadá»; y es precisamente a él a quien la presidenta propone conceder un estatus sin precedentes: «convertirse en el primer miembro asociado de la Unión Europea».
La última crisis democrática. Es la única que la presidenta presenta, al menos en parte, como una crisis resuelta. «Estamos asistiendo al auge de las fuerzas antidemocráticas y antieuropeas. (…) Pero nada es inevitable. Tomemos el ejemplo de Hungría». La victoria de Péter Magyar el 12 de abril frente a Viktor Orbán demuestra que el pueblo húngaro «ha elegido la democracia. Ha elegido Europa».
Este discurso, de una ambición poco habitual a nivel europeo, se basa en una paradoja. Las crisis que la presidenta describe con mayor rigor analítico son aquellas sobre las que la Comisión parece tener menos influencia. El cierre del estrecho de Ormuz y la guerra en Irán dependen ahora casi exclusivamente de Washington, de Teherán y, a partir de ahora, de Pekín y de los BRICS.
En Ceuta, tal y como ha destacado en estas páginas el excomisario Thierry Barton, la Comisión Europea ha adoptado una actitud reservada a lo largo de toda la crisis. El 3 de agosto, la presidenta calificó la situación de «inaceptable», propuso el despliegue de fuerzas de Frontex y un mayor apoyo a Marruecos en materia de alerta temprana, y posteriormente anunció un «proceso de aprendizaje a partir de la experiencia». La frase «Ceuta es Europa», pronunciada en ese discurso, se produce, por tanto, seis semanas después de una crisis gestionada sin su participación.
La descripción de la crisis climática, que había sido el eje central del proyecto del primer mandato con el Pacto Verde, contrasta con el destino que se ha dado desde entonces a sus instrumentos. Ya entonces, como señalábamos en nuestro análisis del discurso de 2025, la defensa había sustituido al clima. En diciembre, el objetivo para 2040 se había «reducido de hecho al 85 %» debido al funcionamiento de los créditos internacionales. Desde entonces, la puesta en marcha del nuevo mercado europeo del carbono se ha aplazado hasta 2028, y la Comisión ha propuesto rebajar el objetivo de reducción de las emisiones de CO₂ de los coches nuevos del 100 % al 90 % en 2035. Así pues, el «momento de la verdad» sirve más bien de respaldo a una serie de anuncios de adaptación: un marco de resiliencia, una «alianza para el seguro de riesgos climáticos», un plan de lucha contra las olas de calor, una iniciativa para el agua y una «futura flota europea de lucha contra incendios».
El pasaje sobre la inteligencia artificial contiene la frase más sorprendente del discurso. Mediante una analogía con la imprenta, «fue un alemán quien la inventó, pero fue toda Europa occidental quien la dominó y, posteriormente, la aplicó», la presidenta afirma que «no necesitamos ser los desarrolladores de las tecnologías de vanguardia para sacarles el máximo partido». El esfuerzo europeo debería limitarse, por tanto, a la aplicación de los modelos: «sacar la IA de las pantallas para introducirla en la economía real», en cinco sectores en los que Europa cuenta con una ventaja competitiva. Pero mientras que las imprentas pertenecían a sus impresores y tenían una ubicación geográfica concreta, los modelos de frontera siguen siendo propiedad de unas pocas empresas extranjeras. Así pues, esta postura contrasta con la retórica de la soberanía que se destaca en el discurso.
Dado que la Casa Blanca restringió en junio el acceso de los usuarios extranjeros a los últimos modelos de Anthropic mediante un control de exportaciones, y aunque hay indicios de que el acceso a los modelos de frontera podría servir de moneda de cambio en las negociaciones con Washington, renunciar a desarrollarlos equivale a confiar a una potencia extranjera la clave de una tecnología que la propia presidenta describe como «un pilar de nuestra economía y nuestra seguridad». Si «solo Europa puede garantizar realmente la soberanía de los europeos», es en este ámbito donde esa afirmación podría ponerse a prueba de la forma más contundente.
Las medidas que se exponen a continuación —a menudo nuevos instrumentos o nuevas denominaciones para instrumentos ya existentes— no pueden sino parecer, en muchos casos, desfasadas con respecto al ambicioso diagnóstico que las precede. Este contraste puede dar la impresión de una hiperimpotencia que el discurso pretende precisamente disipar. Se dividen en cuatro categorías.
En el ámbito económico, la Comisión pide a los Estados miembros un «Pacto contra el exceso de regulación», es decir, el compromiso de no añadir más carga normativa a los textos europeos en el momento de su transposición, ya que «la simplificación no debe ser unidireccional». Asimismo, anuncia la creación de una «Corporación europea de materias primas críticas». Se trata de la tercera versión en un año de una idea que ya figuraba en el plan RESourceEU. Asimismo, promete un «paquete bancario» contra la fragmentación de los mercados nacionales, para lograr «un sistema bancario concebido para el crecimiento, y no únicamente para la estabilidad», cuyas líneas generales ya había anunciado la Comisión en julio. Por último, a un mes del Consejo Europeo de octubre y cuando las negociaciones sobre el próximo Marco Financiero Plurianual (2028-2034) se intensificarán en los próximos meses, recuerda que «todo presupuesto moderno requiere nuevos recursos propios».
En materia de seguridad, von der Leyen presenta una nueva estrategia europea de seguridad, la primera desde 2003, al considerar que «nuestros sistemas se diseñaron para un mundo diferente». Propone que Europa «cuente con su propio artículo 4, o con un protocolo de seguridad de emergencia», un mecanismo de consulta similar al de la OTAN que permitiría a un Estado miembro víctima de un ataque híbrido reunir a los otros 26. Asimismo, sugiere la creación de un «Consejo Europeo de Seguridad» abierto a Canadá, Noruega, Ucrania y el Reino Unido, una idea propuesta inicialmente por el presidente francés Emmanuel Macron en 2017 y, posteriormente, por el canciller Friedrich Merz. Asimismo, anuncia «un nuevo instrumento europeo para las capacidades estratégicas, plenamente alineado con la OTAN» (defensa aérea y antimisiles, transporte estratégico, reabastecimiento en vuelo, espacio y ciberespacio). En cuanto a Ucrania, reconoce haber «aprobado por primera vez la compra de misiles de defensa estadounidenses Patriot», presenta el Freyja como el «corazón» de un sistema de defensa antimisiles «modular y asequible» y prevé, «con los fondos de SAFE que nos quedan».
En materia de alianzas, propone trabajar «para que Canadá se convierta en el primer miembro asociado de la Unión Europea», un estatus que no existe en los tratados, pasando «del CETA (el tratado de libre comercio) a una alianza para el futuro». Asimismo, anuncia «una cumbre regional sobre conectividad con el primer ministro búlgaro, Roumen Radev», dedicada al «corredor central» hacia el Cáucaso Meridional y Asia Central, y cuyo objetivo es «triplicar los flujos comerciales» de aquí a 2030.
En materia social y societal, la presidenta von der Leyen presenta la «Kids Act», que se prevé que se proponga mañana, 17 de septiembre: «No a las redes sociales antes de los 13 años. No se permitirán cuentas personales antes de los 15 años», y propone invertir la carga de la prueba: «Las plataformas deberán demostrar que son seguras». Asimismo, anuncia «un nuevo marco europeo de respuesta de emergencia» en materia de migración que «solo se activará si se cumplen una serie de criterios estrictamente definidos», en respuesta al incidente de Ceuta. Confirma el «Acto legislativo sobre empleos de calidad» para «antes de que termine el año», así como un «Pacto europeo en materia de cuidados». Concluye haciendo un llamado a la convocatoria de un nuevo Congreso de Europa el año que viene, con motivo del 70.º aniversario del Tratado de Roma, capaz de «reconquistar el imaginario europeo».
Señora presidenta Metsola,
Señor primer ministro Carney,
Señoras y señores diputados,
«Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos». Así describía Charles Dickens la Europa de la época de la Revolución Francesa. Este retrato bien podría ser el de nuestro mundo actual. Las cosas cambian a una velocidad vertiginosa. Lo que está en juego es inmenso. Y cuando miro a la Europa actual, esto es lo que pienso: nuestra Unión nunca ha sido tan fuerte. Pero nuestra Unión también puede parecer más frágil que nunca.
Estas dos afirmaciones pueden parecer contradictorias. Pero ambas son ciertas. Son un reflejo de los tiempos excepcionales que estamos viviendo. Esta época compleja, llena de grandes posibilidades y grandes peligros, que todos los países se esfuerzan por superar.
En este mundo, Europa ha decidido trazar su propio camino. Hoy en día está surgiendo una Europa más fuerte y más independiente.
Es una Europa que garantiza su prosperidad. Una Europa que se libera de su dependencia tóxica de los combustibles fósiles rusos. Que se ha convertido en la primera potencia comercial del planeta. Que hace evolucionar su política industrial sin dejar de preservar un modelo social único en el mundo.
Esta Europa está más capacitada que nunca para defenderse. Y es que hemos replanteado a fondo la seguridad de sus Estados miembros. Solo en los últimos cinco años, nuestro gasto en defensa ha aumentado más del 80 %.
Es una Europa que presenta un frente común. Como lo hace al apoyar a Ucrania, que lucha por su futuro y su libertad. Como también lo hicimos con Groenlandia cuando se vio amenazada. O cuando nuestras democracias son blanco de drones, ataques híbridos o desinformación.
Todo esto demuestra una cosa: Europa actúa en beneficio de los europeos. Y en un mundo tan frágil como el cristal, la única soberanía que vale la pena es la que Europa ofrece a los europeos.
De esta Europa, señoras y señores diputados, podemos estar orgullosos.
Pero, a pesar de ello, todos somos conscientes de las amenazas que se ciernen sobre nosotros. Las certezas se han desvanecido, las relaciones han cambiado y nos encontramos en un mundo abiertamente hostil. Una guerra de agresión territorial se libra en nuestro continente; otras han estallado en las cercanías. La lucha por las capacidades de producción está redefiniendo la competencia mundial. Y la batalla de las visiones intenta debilitar la confianza en Europa paralizando nuestras democracias.
Pero las preocupaciones de los ciudadanos no se limitan a estas amenazas globales. Muchas familias europeas están sufriendo los efectos de la crisis, sobre todo en lo que respecta al coste de la vida o a la vivienda. El vertiginoso ritmo de los cambios, sobre todo los tecnológicos, afecta a nuestros puestos de trabajo, a nuestros medios de subsistencia y a nuestras sociedades. También afecta profundamente a nuestra democracia y a nuestro discurso.
Así lo demuestran el auge de los extremismos, la polarización de los discursos e incluso la forma en que interactuamos unos con otros.
Estas preocupaciones son reales, pero se utilizan para abrir una brecha entre nosotros. Estos ataques provienen a veces del exterior y, con demasiada frecuencia, del interior. Pero nuestro proyecto es claro: consiste en construir una Europa independiente que tenga capacidad de actuación. Nada podrá desviarnos de ello. Porque, en este mundo, el destino de Europa debe seguir estando en manos de los europeos.
Por lo tanto, debemos elegir. ¿Queremos una Europa fuerte e independiente que defienda sus valores en este mundo? ¿O dejaremos que las divisiones y las dependencias nos impidan avanzar? ¿Queremos movilizarnos en torno al proyecto europeo, que consiste en decidir juntos nuestro destino? ¿O dejaremos que nuestras democracias sean socavadas por los intermediarios y las marionetas de los regímenes autoritarios?
Ya se trate de ultranacionalistas o de antieuropeístas, de injerencias rusas o de desinformación, los nombres cambian, pero el objetivo es el mismo. Desprecian nuestros valores y quieren romper la unidad europea. Así pues, luchemos contra ello, pero luchemos también juntos por nuestra idea de Europa.
Señoras y señores diputados,
Nuestra economía ha resistido mejor de lo previsto a las guerras que se están librando en Medio Oriente. El desempleo se encuentra cerca de su nivel más bajo de la historia. Sin embargo, el aumento de los precios de la energía y del crédito está ejerciendo presión sobre los ciudadanos y las empresas.
Habrá que tomar decisiones presupuestarias claras para garantizar la sostenibilidad presupuestaria, sin dejar de proteger las inversiones. Nuestra prioridad número uno es dar un nuevo impulso a la economía europea.
Contamos con un mercado inmenso, una industria y unos servicios excepcionales, una gran reserva de ahorro y una de las principales monedas del mundo. Y, sin embargo, seguimos fragmentando nuestro capital, nuestras redes y nuestro poder adquisitivo.
Por eso, cuando nuestros equipos asumieron sus funciones, pusimos en marcha un plan ambicioso: construir una economía en la que la innovación y la energía traspasen las fronteras; en la que las empresas sean competitivas y se desarrollen en toda Europa, y en la que el ahorro financie nuestro futuro. Esa es la lógica de los informes de Draghi y Letta. Y, juntos, estamos cumpliendo nuestros compromisos. Pero debemos actuar con mayor rapidez, y esto concierne a todas las instituciones.
Hemos alcanzado un acuerdo político sobre la hoja de ruta «Una Europa, un mercado». Y, de aquí a finales del año que viene, podremos y deberemos completar juntos esta reforma histórica del mercado único.
En la actual coyuntura económica, la rapidez es fundamental. Una licencia, un formulario, una conexión a una red o una decisión de financiación. Todos estos elementos pueden determinar la elección del lugar de inversión. Dónde se crearán puestos de trabajo. Tenemos que actuar con mucha mayor rapidez. Por eso presentaremos propuestas para acelerar aún más la concesión de permisos.
Debemos dar un impulso masivo a los proyectos que sirven a los intereses estratégicos de Europa. Y cuando las trabas administrativas frenan a las empresas y a las PYMES, hay que eliminarlas.
Como saben, nuestras 12 propuestas generales reducen las cargas administrativas en cerca de 17.000 millones de euros al año. Pero la simplificación no debe ser unidireccional. Es necesario realizar esfuerzos a todos los niveles. Hemos hablado mucho del impacto negativo del exceso de regulación.
Señoras y señores diputados,
Es cierto que a nivel europeo hacemos todo lo posible por reducir los trámites administrativos. Pero creo que ya es hora de que los Estados miembros den un paso más. Si realmente queremos simplificar, también necesitamos un pacto contra el exceso de regulación.
Señoras y señores diputados,
Europa no podrá seguir siendo una potencia industrial si los precios de la energía son estructuralmente demasiado elevados.
Cuando Rusia interrumpió el suministro de gas, nos esforzamos por salir adelante. Ahora hemos diversificado nuestro abastecimiento. Y hemos invertido en nuestras propias fuentes de energía locales: las energías renovables y la energía nuclear.
Luego se cerró el estrecho de Ormuz. Y volvimos a sentir dolorosamente hasta qué punto dependíamos de las importaciones de combustibles fósiles. Desde el inicio del conflicto, estas importaciones nos han costado unos 90.000 millones de euros adicionales, sin que ello haya supuesto ni un solo vatio de energía adicional.
Por lo tanto, debemos redoblar nuestros esfuerzos para producir nuestra propia energía, limpia, local y asequible. Ya sea renovable o nuclear, ya provenga del biometano o de otras fuentes. No importa la tecnología. Siempre y cuando contribuya a nuestra independencia.
Para lograr esa independencia, hay que electrificar Europa. Nuestro objetivo es duplicar la cuota de la electricidad de aquí a 2040. De este modo, Europa podría reducir su factura en 260.000 millones de euros al año en importaciones de combustibles fósiles. No obstante, también debemos asegurarnos de que la electricidad que producimos esté disponible.
El año pasado instalamos más de 80 gigavatios de capacidad renovable. Sin embargo, aún queda por conectarse una capacidad seis veces superior. Por eso necesitamos con urgencia el paquete de medidas sobre las redes.
Tenemos que invertir más rápidamente. Acelerar las conexiones a la red. Aumentar la capacidad de almacenamiento. En resumen, hagamos de la electricidad el futuro de Europa.
Señoras y señores diputados,
Podemos reducir los precios de la energía, invertir e innovar más, y reformar nuestras economías. Pero nuestros esfuerzos se ven frustrados si nuestras empresas no pueden competir en condiciones equitativas.
Nuestro déficit comercial con China asciende hoy a 1.000 millones de euros al día. Ha llegado a un punto de inflexión. Hay quien dice que el segundo «choque chino» es inminente. Sin embargo, ya lo estamos notando. Se percibe en nuestras comunidades y en las fábricas de todos los rincones de la Unión. Está provocando la desindustrialización en las cuencas industriales de Europa. Esto no es sostenible.
Y por eso estamos dialogando con China para reequilibrar nuestros intercambios comerciales. Pero ahora es necesario que ese diálogo dé resultados. La menor demanda interna de China significa que también necesita el mercado europeo. Por lo tanto, nos conviene a ambas partes trabajar juntas para encontrar soluciones.
Permítanme ser clara al respecto: utilizaremos todas las herramientas de las que disponemos para restablecer el equilibrio en nuestra relación. Hablar está bien. Actuar, mejor.
Y hay otro aspecto importante. Seguimos siendo excesivamente dependientes en ámbitos de riesgo. Dependemos de China en más de un 80 % para numerosas materias primas críticas. En un 90 % para ciertas tierras raras. Hemos avanzado mucho. Pero no somos los únicos que intentamos diversificarnos. Debemos encontrar fuentes de suministro con carácter de urgencia y reforzar nuestras reservas.
Ningún país puede lograrlo por sí solo. Por eso debemos pensar de otra manera. Por eso crearemos una nueva Corporación Europea de Materias Primas Críticas. Nos ayudará a conseguir lo que necesitamos y a constituir las reservas necesarias. Para los coches eléctricos, los semiconductores y las baterías, las tecnologías limpias y la defensa. Y mucho más aún.
Se trata de la tercera versión de esta misma idea en el plazo de un año. En primer lugar, se anunció un «Centro Europeo de Materias Primas Críticas» en octubre de 2025, a raíz de las restricciones chinas sobre las tierras raras; posteriormente, se integró en el plan RESourceEU de diciembre con un proyecto piloto de almacenamiento y una dotación de 3.000 millones de euros. El cambio del término «centro» por el de «sociedad» sugiere una estructura dotada de capital propio, pero aún queda por precisar su estatuto.
Nuestras industrias dependen de ello, pero también nuestra independencia y nuestra seguridad.
Lo cual me lleva al siguiente punto: la financiación. Que quede claro: nuestro presupuesto determina nuestro futuro. Y cualquier presupuesto moderno requiere nuevos recursos propios.
Debemos crear las condiciones adecuadas para que nuestras empresas atraigan inversiones y fomenten el crecimiento. Por eso es tan importante nuestro trabajo en torno a la unión del ahorro y la inversión. Pero desarrollar los mercados de capitales lleva tiempo. Y las necesidades de nuestras empresas no pueden esperar. Necesitamos un sistema bancario diseñado para el crecimiento, y no solo para la estabilidad.
Por lo tanto, propondremos un nuevo paquete de medidas bancarias centrado en la simplificación y en la lucha contra la fragmentación. Sabemos que existe demanda de capital. Pero necesitamos una mayor capacidad y un mayor apetito por el riesgo.
Nuestras empresas emergentes del sector de la «deep tech» están a punto de atraer inversiones de capital riesgo sin precedentes en 2026. Por eso anuncié el año pasado un nuevo fondo denominado «Scale-up Europe».
Y un año después, surgieron las primeras inversiones, en empresas como ICEYE. ICEYE fue fundada por dos jóvenes europeos: Rafał, de Polonia, y Pekka, de Finlandia. Se conocieron gracias al programa Erasmus, hace ya 15 años. Juntos crearon una start-up tecnológica. Desarrollaron su proyecto en torno a la imagen satelital. Obtuvieron financiación en el marco del programa Horizonte Europa. Demostraron la eficacia de su tecnología. Crecieron gracias a la inversión privada. Y hoy en día, están al frente de una de las mayores empresas de tecnología espacial del mundo. Una empresa que cuenta con oficinas en Finlandia, Polonia, España y Grecia.
La historia de ICEYE demuestra que Europa es la cuna de la innovación. Y que podemos reavivar el espíritu emprendedor de Europa.
Me alegra mucho que los fundadores estén hoy aquí con nosotros. Demos la bienvenida a Rafał y Pekka. Su historia es la de un auténtico éxito europeo.
Señoras y señores diputados,
Estos son los fundamentos económicos de Europa. Pero nuestra prosperidad y nuestra seguridad futuras dependerán en gran medida de cómo gestionemos los puntos de inflexión de nuestra época: el cambio climático y la inteligencia artificial.
En lo que respecta al cambio climático, este verano hemos vivido un momento decisivo. Prácticamente ninguna zona de nuestro continente se ha librado de ello. En Bélgica, en las Hautes Fagnes, una turbera formada a lo largo de siglos se ha quemado, convirtiéndose en un desierto de cenizas.
Las llamas han arrasado desde las montañas de Irlanda hasta las islas de Grecia y Croacia. En los Alpes, los antiguos glaciares retroceden cada día un poco más. Todos estos fenómenos tienen consecuencias absolutamente catastróficas: 660 000 hectáreas reducidas a cenizas. Unas 12 millones de toneladas de cosechas perdidas.
Ríos tan importantes como el Danubio, el Rin o el Garona que están desapareciendo ante nuestros ojos.
Más de 35.000 muertes adicionales durante las olas de calor. Residencias de ancianos y hospitales expuestos a temperaturas peligrosamente altas. Y todo esto no es más que un anticipo de lo que nos espera.
Hemos vivido el verano más caluroso de la historia, pero los próximos serán sin duda aún más calurosos.
Los datos científicos son contundentes. Europa se está calentando el doble de rápido que el resto del mundo. Por supuesto, la transición no es tarea fácil. Y tendremos que adaptarnos y aprender sobre la marcha.
Pero una cosa es segura: Europa puede, debe y va a mantener el rumbo hacia sus objetivos climáticos.
Señoras y señores diputados,
No se trata aquí de elegir entre mitigación y adaptación. Necesitamos ambas cosas. Y estos dos enfoques deben reforzarse mutuamente. Es la única forma de lograr la resiliencia frente al cambio climático. Pero debemos reforzar considerablemente nuestra preparación.
El mes que viene presentaremos un nuevo marco para la resiliencia frente al cambio climático. Identificaremos 100 de los territorios más vulnerables de Europa. Y evaluaremos los riesgos, así como el nivel en el que deben gestionarse.
Esto nos proporcionará un enfoque que abarque a toda la sociedad, hasta el nivel local, donde la adaptación es más importante. Este marco tendrá como objetivo convertir a Europa en líder en tecnologías de adaptación, que representan un enorme mercado emergente.
Ya sea en el ámbito de los cultivos resistentes a la sequía, la prevención de inundaciones o la refrigeración eficiente desde el punto de vista energético, Europa ya está a la vanguardia. Y debemos conquistar este mercado.
Hoy en día, en Europa, solo alrededor del 25 % de las pérdidas provocadas por catástrofes están cubiertas por un seguro privado. Por ello, con demasiada frecuencia son los presupuestos nacionales los que actúan como asegurador de última instancia.
Debemos actuar para subsanar esta carencia. Por eso, la Comisión pondrá en marcha una alianza para el seguro contra los riesgos climáticos.
Señoras y señores diputados,
El verano que acabamos de vivir no puede repetirse. Por eso, próximamente presentaremos un plan europeo para hacer frente a las olas de calor. Necesitamos sistemas de alerta temprana más eficaces y una mejor preparación sanitaria. Necesitamos medidas de adaptación y de refrigeración en las zonas urbanas. Y debemos apoyar a los más vulnerables.
Segundo motivo de preocupación: el agua y la seguridad alimentaria.
Somos conscientes de los riesgos que supone la escasez de agua para nuestros agricultores, nuestra energía y nuestras cadenas de suministro. Sin embargo, se pierde casi una cuarta parte del volumen de agua en las tuberías europeas, principalmente debido a las fugas. Es un enorme desperdicio. Por ello, presentaremos una nueva iniciativa europea sobre el agua. Porque el agua es un recurso precioso. Para nuestra industria y para nuestra seguridad alimentaria.
Los cultivos necesitan agua para crecer, mientras que el ganado la necesita para sobrevivir. De ello dependen cosechas enteras. Por eso presentaremos propuestas para mejorar la gestión de riesgos y subsanar el déficit en materia de seguros.
Una vez más, los agricultores europeos han sabido hacer frente a este verano interminable.
Señoras y señores diputados,
Los agricultores europeos son los mejores del mundo. Y los apoyaremos en cada paso del camino.
El siguiente punto se refiere a los incendios forestales. Cada vez son más intensos y frecuentes, y se extienden por zonas cada vez más extensas.
Estoy muy orgullosa de cómo ha reaccionado Europa. De nuestros recursos europeos, que atraviesan el continente para prestar ayuda. Pero está claro que debemos pensar a mayor escala. Y aprender más rápido.
Por eso hemos pedido a algunos de los bomberos y personal de emergencias con más experiencia de Europa que dirijan los trabajos. Analizarán todos los aspectos relacionados con la preparación y la prevención. Desde la coordinación civil-militar hasta la necesidad de nuevas capacidades. Y les he pedido que formulen propuestas, en particular en lo que respecta a una futura flota europea de lucha contra incendios.
Solo este año, nuestros equipos de emergencia han salvado innumerables vidas y hogares. Y me gustaría contaros una historia. La de un piloto danés, Rune Kyndal.
Su pasión por la aviación lo ha llevado a todos los rincones del mundo. Se instaló en una pequeña ciudad canadiense llamada Terrace. Se convirtió en uno de los pilotos civiles con más experiencia del país. Pero Rune quería poner su talento al servicio de una causa mayor. Por eso regresó a Europa para ayudar a combatir los incendios que arrasaban nuestro continente.
En julio, llevó a cabo numerosas misiones por todo el territorio griego. Después tenía previsto tomarse un merecido descanso. Pero la crisis estaba en su punto álgido. Así que Rune decidió quedarse.
Unos días más tarde, él y su oficial de enlace contra incendios fueron víctimas de un trágico accidente.
Ambos fueron asesinados. Murieron como héroes.
He invitado a la madre y a los hermanos de Rune a que se unan a nosotros hoy como invitados de honor.
Querida Margit, querido Tue, querido Kaare,
Es un honor contar con vosotros entre nosotros. Rune dio su vida para salvar la de los demás. Hoy, toda Europa tiene una deuda con él.
Señoras y señores diputados,
El segundo punto de inflexión de nuestra época es la inteligencia artificial.
La IA se ha convertido rápidamente en un pilar fundamental de nuestra economía y nuestra seguridad. La postura de Europa es clara: queremos sacar el máximo partido a la IA para mejorar nuestra sociedad, nuestra calidad de vida y nuestra productividad.
Soy optimista respecto a los beneficios que la IA puede aportar a la humanidad, siempre y cuando tomemos las decisiones adecuadas. Como cualquier nueva tecnología potente, la IA conlleva una combinación de oportunidades y riesgos. Si no hacemos frente a esos riesgos, nunca podremos aprovechar al máximo las oportunidades que ofrece la IA.
A medida que los modelos de vanguardia ofrecen un mayor rendimiento, la percepción de los riesgos se ha agudizado.
Los modelos que se están desarrollando permitirán la piratería a un nivel que nunca hubiéramos creído posible. Y pronto estarán en manos de adversarios cuya visión del mundo es radicalmente diferente a la nuestra.
Al mismo tiempo, los peligros que plantean los modelos capaces de mejorarse a sí mismos son cada vez más evidentes.
Los incidentes en los que se han visto implicados agentes de IA que se habían escapado de su entorno o que habían insertado código malicioso no son más que un anticipo de lo que está por venir. Tras el incidente de HuggingnFace, los desarrolladores dan la voz de alarma. Y los directores generales de las empresas más avanzadas nos dicen que es hora de frenar los modelos que han alcanzado la fase de mejora recursiva. Que hay que frenar la carrera.
Esta expresión es una traducción de «Pace the frontier», el título de un ensayo publicado por Dario Amodei el 12 de septiembre, que recibió el apoyo ese mismo día de Sam Altman y Elon Musk, pero fue rechazado por Donald Trump. El incidente en cuestión es la fuga de agentes de OpenAI fuera de su entorno y su intrusión en Hugging Face en julio. De este modo, la Comisión asume el papel de socio democrático que deseaba Amodei, mientras que las principales obligaciones del Reglamento sobre IA, presentado como «la piedra angular de las medidas de seguridad», se han aplazado hasta 2027 y 2028 mediante la ley ómnibus sobre el ámbito digital.
Si los desarrolladores de estas tecnologías son claros al respecto, nosotros también deberíamos serlo. El reglamento sobre la IA es, sin duda, una pieza clave de las medidas de protección que queremos establecer. Y, gracias a él, Europa está en condiciones de marcar el rumbo de los esfuerzos que deben realizarse a escala mundial.
Por lo tanto, vamos a colaborar con nuestros socios que comparten los mismos valores, como Canadá y el Reino Unido, entre otros. Queremos trabajar juntos en la evaluación de modelos, la verificación, la alerta temprana, la seguridad de la IA y mucho más.
E invitaré a los principales laboratorios de vanguardia a debatir sobre el apoyo que se debe brindar a los esfuerzos actuales de la industria para frenar esta carrera.
Señoras y señores diputados,
También es cierto que Europa tendrá que contar con sus propias capacidades, sobre todo para proteger la seguridad nacional.
Tenemos que seguir en la carrera. Porque está en juego nuestra independencia. Por eso, debemos aumentar de forma considerable nuestra capacidad informática. Y presentaremos nuestras ideas para lograrlo de forma limpia y eficaz.
También diseñaremos nuevas formas de utilizar los fondos públicos y privados para invertir en las start-ups y las empresas europeas más prometedoras.
Señoras y señores diputados,
Al limitar los riesgos relacionados con la IA, podemos maximizar los beneficios que obtenemos de esta tecnología. Ya hemos avanzado mucho. En lo que respecta a las gigafábricas y a la soberanía tecnológica, por ejemplo. Pero la siguiente etapa de esta carrera no se limita únicamente a los modelos de vanguardia. Al igual que ocurrió en su día con la imprenta. Fue un alemán quien la inventó, pero fue toda Europa occidental quien la dominó y, posteriormente, la aplicó.
No hace falta que seamos los creadores de las tecnologías más punteras para sacarles el máximo partido. La clave está en crear el valor que la IA aún no ha aportado. En sacar la IA de las pantallas para llevarla a la economía real y a la sociedad. A las fábricas. A los servicios hospitalarios. A la agricultura de precisión. A nuestras redes energéticas. A la conducción autónoma. A la defensa.
Es en estos ámbitos donde se esconde el verdadero valor. Y es en estos ámbitos donde Europa cuenta con valiosas bazas. Contamos con industrias de primer orden a nivel mundial que se basan en datos de la máxima calidad. Estos datos constituyen un valioso tesoro europeo. Son ellos los que pueden alimentar modelos de IA industrial a medida.
Permítanme ponerles un ejemplo de la vida real: el de la detección precoz del cáncer de mama, una cuestión sobre la que muchos de ustedes no dejan de concienciar. El cribado mediante mamografía reduce la mortalidad entre un 30 % y un 40 % aproximadamente en las mujeres que se someten a esta prueba. La detección precoz es fundamental. Y ahí es donde puede intervenir la IA.
La mamografía basada en la IA puede detectar los cánceres con mayor fiabilidad y en una fase más temprana. El resultado es una mayor supervivencia de las mujeres. Por eso necesitamos la IA en el sector sanitario. Pero, una vez más, debemos adoptar un enfoque europeo.
¿Quiero que mi médico tenga acceso inmediato a todos los datos necesarios para establecer el mejor diagnóstico o recetar el mejor tratamiento? Por supuesto que sí. Pero, ¿quiero que mi médico sea un robot asistido por IA? No, claro que no. No quiero que sea un robot el que me diga que tengo cáncer.
En resumen, la IA debe proporcionar a nuestros médicos los medios para actuar. No debe sustituirlos.
Esto no es más que un ejemplo. Actualmente, nos centramos en cinco de los sectores que presentan mayor valor, en los que la IA industrial ofrece un mayor potencial y para los que disponemos de datos: la sanidad, el transporte, el sector agroalimentario, la fabricación avanzada, así como la defensa y el sector espacial.
En noviembre anunciaremos iniciativas que supondrán un punto de inflexión en estos sectores.
Invitamos a los Estados miembros, a los diputados al Parlamento Europeo, a la industria y a los empresarios a que se unan a nosotros en este ambicioso proyecto europeo.
Nuestro enfoque es claro. Queremos la IA. Queremos que la IA genere más valor, de forma más responsable, a un menor coste y consumiendo menos energía. Pero, sobre todo, queremos una IA que respete la capacidad de acción humana.
Señoras y señores diputados,
Este es nuestro enfoque europeo.
Muchos de los riesgos relacionados con la IA también tienen repercusiones en nuestra economía social de mercado. Para algunos, la IA permite realizar más rápidamente las tareas repetitivas, lo que les permite aprovechar mejor sus competencias. Pero está claro que estas ventajas se distribuyen de forma desigual según las competencias, las generaciones y las regiones.
Basta con fijarse en los jóvenes y en los obstáculos a los que se enfrentan para conseguir, sencillamente, un primer empleo.
Nuestra respuesta debe estar a la altura. Desde la educación hasta el empleo, la inteligencia artificial debe ayudarnos a desarrollar competencias, a mejorar la calidad de los puestos de trabajo y a ofrecer a todos los trabajadores una oportunidad equitativa.
Por eso es necesaria nuestra ley sobre empleos de calidad. Y la presentaremos antes de que termine el año.
Señoras y señores diputados,
El año que viene celebraremos el décimo aniversario de nuestro pilar europeo de derechos sociales. Y seguiremos cumpliendo los compromisos que en él se recogen.
Invertiremos en nuestras regiones, para que todos tengan el «derecho a permanecer» en su región. Pondremos en marcha un pacto europeo en materia de asistencia sanitaria con el fin de dar respuesta a los problemas que plantean nuestros cambios demográficos.
Acabamos de presentar la primera normativa sobre vivienda asequible con el fin de resolver los problemas relacionados con los alquileres a corto plazo y luchar contra la especulación inmobiliaria.
Porque, señoras y señores diputados, quedarse en la propia región no es un privilegio. La asistencia sanitaria no es un privilegio. La vivienda no es un privilegio. Son derechos.
Cuando proclamamos esta base de derechos sociales, hace diez años, el mundo era diferente. Nuestra sociedad ha experimentado cambios. Positivos en muchos aspectos, pero a veces negativos.
Hoy en día, nuestros valores fundamentales se ven cuestionados. Hay quienes incluso quieren dar marcha atrás en lo que respecta a los derechos de las mujeres. Y así, devolvernos a una época en la que las mujeres eran ciudadanas de segunda clase.
Hemos luchado tanto por conseguir la igualdad de trato, la igualdad de oportunidades y la igualdad salarial.
Echa un vistazo a tu alrededor. Al fin y al cabo, somos muchas las que estamos presentes en esta sala: presidentas, vicepresidentas, jefas de grupo parlamentario, comisarias, diputadas del Parlamento Europeo, miembros del personal y ujieres.
Permítanme, pues, enviar un mensaje muy claro a todos aquellos que necesitan oírlo: las mujeres no cederán su lugar. Defenderemos nuestros derechos. Y seguiremos luchando cada día por nuestros valores.
Por eso, junto con mi querido amigo António Costa, organizaremos una cumbre para defender los principios atemporales de nuestro pilar social.
Los tiempos pueden cambiar, las tecnologías pueden cambiar, pero nuestros valores no cambiarán. En Europa, las personas siempre serán lo primero.
Señoras y señores diputados,
En este periodo marcado por numerosos puntos de inflexión, nuestra prosperidad y nuestra seguridad no se forjarán únicamente en nuestro territorio.
Este año hemos firmado acuerdos de libre comercio con la India, el Mercosur, México, Australia e Indonesia.
A día de hoy, hemos firmado acuerdos comerciales con más de 80 países, más que ningún otro país del mundo. Y los agentes económicos exigen que vayamos más allá.
Hoy puedo anunciar un nuevo proyecto de conectividad internacional. Este conectará directamente el Cáucaso Meridional y Asia Central con el mercado europeo, lo que denominamos el «corredor central».
Gracias a la estrategia «Global Gateway», pretendemos movilizar hasta 12.000 millones de euros en inversiones públicas y privadas. Nuestro objetivo es diversificar las rutas, triplicar los flujos comerciales y reducir los tiempos de tránsito de la mercancía de aquí a 2030.
Para lograrlo, organizaremos una cumbre regional sobre conectividad junto con el primer ministro búlgaro.
Señoras y señores diputados,
Estas alianzas constituyen una apuesta estratégica para Europa. Pero también responden a la fractura del sistema internacional basado en normas.
Para algunos, la solución es actuar por libre. Pero para nosotros, eso no es una opción. Europa siempre desempeñará un papel de primer orden en la defensa del sistema basado en normas. Sin embargo, ya no podemos confiar únicamente en este sistema para proteger nuestros intereses. Ni dar por sentado que sus normas nos protegerán de las complejas amenazas a las que nos enfrentamos.
En este nuevo mundo, debemos reinventar con carácter de urgencia nuestras alianzas. Y formar coaliciones mundiales en defensa de nuestra resiliencia y nuestras democracias.
Una vez más, solo Europa, por su tamaño y su poder, puede marcar el camino.
Por ese motivo, he invitado al primer ministro canadiense, Mark Carney, a que se una a nosotros hoy.
Mark, su presencia aquí es un símbolo de la duradera amistad entre nuestros pueblos. Nuestros lazos culturales, históricos y personales están profundamente arraigados en nuestras sociedades.
Y gracias al AECG, nuestro comercio de bienes ha aumentado un 75 % en menos de una década.
Es un claro ejemplo del poder de nuestros acuerdos comerciales. Vemos el mundo con los mismos ojos: desde la inteligencia artificial hasta el cambio climático, desde el Ártico hasta la geopolítica. Y hemos formado un frente común: en lo que respecta a Ucrania, a la defensa, a las materias primas y a las cadenas de suministro.
Pero, sobre todo, querido Mark, Europa y Canadá creen en la democracia.
Creemos que ese poder no pertenece ni a los más fuertes, ni a los más ricos, ni a quienes más se hacen oír; es un bien que nos pertenece a todos. Esas democracias tienen libertad para elegir con quién trabajar.
Por lo tanto, unimos nuestras fuerzas de forma deliberada. Pasaremos del CETA a una alianza para el futuro con el fin de crear un espacio común de prosperidad y seguridad económica. Trabajaremos en la fabricación inteligente. Crearemos una alianza tecnológica. Integraremos las bases industriales de defensa. Haremos del Ártico un proyecto emblemático común. Trabajaremos en el ámbito de la energía, los minerales críticos y las baterías. Así como en la inteligencia artificial, la informática cuántica, la ciberseguridad y la seguridad económica.
Esta colaboración no va en contra de nadie, sino que tiene como objetivo aunar nuestras fuerzas.
En resumen, queremos elevar las relaciones con Canadá al máximo nivel posible.
Estimado Mark,
He dicho que es urgente reinventar nuestras alianzas. Por eso, me gustaría trabajar con vosotros para que Canadá pueda convertirse en el primer miembro asociado de la Unión Europea.
Compartimos un océano, un conjunto de valores y una forma de ver el mundo. Y ahora construiremos nuestro futuro común; gracias a todos por estar aquí.
Este estatuto no figura en el Tratado. Fue propuesto por el «Grupo de los 12» franco-alemán en 2023, y posteriormente por Friedrich Merz el 21 de mayo de 2026 para Ucrania (escaño sin derecho a voto, acceso progresivo a los programas), y rechazado por Zelenski. Mark Carney declaró el 14 de septiembre, dos días antes del discurso, que Canadá «no pretendía convertirse en miembro de la Unión Europea», sino que deseaba establecer «una alianza única». El primer ministro canadiense tomará la palabra mañana, 17 de septiembre, ante el Parlamento Europeo.
Señoras y señores diputados,
La fe de Europa en la cooperación siempre ha estado motivada por la paz. Esa es nuestra razón de ser.
Hoy en día, esa paz está en peligro. La guerra de agresión que Rusia libra contra Ucrania sigue en pleno apogeo. Las amenazas se acumulan en nuestro territorio. La semana pasada fuimos testigos de ello en Lituania, Dinamarca y Polonia. El intento de ataque con un dron en Leipzig es una prueba más de ello. Por lo tanto, debemos ser claros: se trató de un ataque perpetrado por agentes rusos con material de calidad militar en territorio europeo.
Un ataque dirigido no solo contra un Estado miembro, sino contra toda nuestra Unión.
Y eso, señoras y señores diputados, no lo permitiremos.
No deberíamos hacernos ilusiones sobre lo que está en juego: las amenazas híbridas a las que se enfrenta Europa son cada vez menos híbridas y son cada vez menos amenazas.
Ciberataques y actos de sabotaje, incendios provocados y nuevas incursiones de drones: cada día son más numerosos. A medida que aumenta el nivel de amenaza, también debe aumentar la preparación de Europa.
Por eso voy a proponer, junto con la alta representante y vicepresidenta, una nueva estrategia europea de seguridad.
Ya disponemos de muchas herramientas. Además, estamos reforzando la colaboración que mantenemos con la OTAN. Sin embargo, nuestra doctrina, nuestras instituciones y nuestro proceso de toma de decisiones no siguen el ritmo de la nueva realidad.
Nuestros sistemas se han diseñado para un mundo diferente. Se basan en la búsqueda, bienintencionada, del consenso y el compromiso. Sin embargo, debemos preguntarnos si siguen siendo adecuados para su objetivo.
Por ejemplo, Europa necesita su propio manual contra las amenazas híbridas. Debemos alcanzar urgentemente un consenso sobre el modo de actuación que hay que adoptar ante determinados incidentes; aquellos que, sin ser agresiones armadas, suponen una amenaza grave para nuestra seguridad nacional. En otras palabras, debemos dotarnos de un mecanismo equivalente al «artículo 4» de la OTAN.
Creo que ya es hora de que Europa cuente con su propio artículo 4, o con un protocolo de seguridad de emergencia. En caso de que un Estado miembro lo activara, todos los Estados miembros se reunirían para coordinar una respuesta europea, evitar una nueva escalada y mitigar las consecuencias.
El artículo 4 del Tratado de la OTAN permite a un aliado solicitar la apertura de consultas si se siente amenazado. Polonia invocó esta disposición en septiembre de 2025. El Consejo Europeo de Seguridad es una idea propuesta por Emmanuel Macron ya en 2017, que fue retomada por Angela Merkel y, posteriormente, por Friedrich Merz, partidario de un formato E3 ampliado. Quedan cuestiones pendientes en cuanto a quién debería presidir este formato (¿la Comisión, el Consejo Europeo o los principales Estados miembros?). Las críticas contra los «sistemas concebidos para un mundo diferente» se dirigen contra el principio de unanimidad en el seno del Consejo.
Y creo que debemos ir aún más allá.
Llevamos mucho tiempo debatiendo sobre un formato que reúna a los líderes y que se centre en la seguridad de nuestro continente. Entre nuestros socios se encontrarían Canadá, Noruega, Ucrania, el Reino Unido y otros actores implicados.
La urgencia es aún mayor hoy en día, dada la naturaleza y la magnitud de los riesgos que están en juego. Por eso expondremos nuestras ideas para que el Consejo Europeo de Seguridad se haga realidad.
La urgencia es evidente.
Señoras y señores diputados,
Este frente común también impulsa nuestro trabajo en materia de defensa europea.
El aumento del gasto en defensa ha permitido alcanzar niveles récord de inversión en nuestras capacidades y nuestras fuerzas.
Están empezando a surgir nuevos proyectos conjuntos. Y compramos más «productos europeos» que nunca.
Esto se traduce en pedidos más importantes para nuestro sector, una mayor interoperabilidad y más economías de escala. Ahora debemos dar un paso más allá.
La guerra en Ucrania nos ha demostrado la importancia que revisten las capacidades estratégicas. Son los medios de apoyo y los multiplicadores de fuerzas indispensables en los que se sustenta toda defensa creíble. Desde la defensa aérea y antimisiles hasta el transporte estratégico, pasando por el reabastecimiento en vuelo. Desde el espacio hasta el ciberespacio.
Estos sistemas son esenciales, y necesitamos más. Solo trabajando juntos tendrá Europa la envergadura necesaria para fabricar estos sistemas.
Por lo tanto, puedo anunciarles la puesta en marcha de un nuevo instrumento europeo para las capacidades estratégicas, plenamente alineado con la OTAN. De hecho, solo una postura firme y creíble en materia de defensa europea garantizará nuestra seguridad.
Y, en este sentido, no cabe ninguna duda: Europa defenderá cada metro cuadrado de su territorio.
Señoras y señores diputados,
Lo que esto significa nos lo demuestran día tras día los hombres y las mujeres de Ucrania.
Sabemos lo duro que será el próximo invierno para Ucrania. Pero también sabemos esto: ni los misiles norcoreanos ni los drones rusos lograrán quebrantar el espíritu de resistencia de los ucranianos.
Porque los ucranianos luchan por algo. Luchan por conservar su Estado, su identidad y su libertad.
Y también luchan por nuestra libertad y nuestro derecho a la autodeterminación.
Nuestro deber sigue siendo ayudar a Ucrania en la medida de nuestras posibilidades.
En concreto, esto es lo que significa: en primer lugar, vamos a apoyar a Ucrania más que nunca en este invierno de guerra, que será el peor de todos. Junto con nuestros socios, proporcionaremos ayuda humanitaria y consolidaremos el suministro de energía y calefacción a Ucrania.
En segundo lugar, vamos a reforzar la defensa aérea de Ucrania. La semana pasada aprobamos, por primera vez, la compra de misiles de defensa Patriot estadounidenses. Ahora es necesario que se entreguen con carácter de urgencia.
Pero también debemos reducir entre todos nuestra dependencia de un único proveedor.
Por eso queremos desarrollar junto con Ucrania un sistema de defensa antimisiles modular y asequible.
Nuestro proyecto Freyja es el eje central de esta colaboración. Con este proyecto, combinamos la experiencia en combate y la capacidad de innovación de los ucranianos con el avance tecnológico de los europeos. Y también, por supuesto, con nuestras formidables capacidades de producción.
Freyja es solo el principio. Hay que ir más allá. Con los fondos que nos quedan de SAFE, vamos a poner en marcha un programa de proyectos conjuntos con empresas ucranianas.
En tercer lugar, vamos a endurecer nuestras sanciones contra Rusia.
Tenemos que seguir aumentando la presión sobre Rusia. Para ello, no es necesario adoptar constantemente nuevas sanciones: se trata, sobre todo, de aplicar las que ya están en vigor.
Nuestras sanciones están surtiendo efecto. Están sometiendo a la economía rusa a una tensión extrema. Rusia está intentando eludirlos por todos los medios. Por eso también debemos subsanar todas las fallas de nuestro sistema.
Porque, señoras y señores diputados,
Este verano, los ataques se han sucedido, día tras día, sobre las ciudades ucranianas.
En Kryvyi Rih, unos drones rusos se abalanzaron sobre un centro comercial abarrotado a plena luz del día. Y luego atacaron por segunda vez, apuntando deliberadamente a los equipos de rescate que se habían apresurado a acudir en ayuda de los afectados.
No se trata de una simple guerra. Se trata de una estrategia deliberada de terror.
Pero los ucranianos no han dejado de demostrar su inquebrantable fortaleza de espíritu. Una niña pequeña, este verano, le mostró al mundo entero lo que eso significa realmente.
Cuando estalló la guerra, Sasha era una niña de seis años llena de pasión. Le encantaba la gimnasia más que nada en el mundo. Pero un hermoso y soleado día de mayo, un misil ruso impactó en su casa. Sasha fue rescatada de entre los escombros. Pasó dos semanas en coma. Y cuando despertó, descubrió que había perdido para siempre su pierna izquierda. Era como si su sueño se hubiera derrumbado junto con la casa.
Pero Sasha se negó a dejarse vencer. Apenas siete meses después del ataque, ya había vuelto al gimnasio con su nueva prótesis. Entrenó más duro que nunca. Y empezó a ganar medalla tras medalla.
Este verano ha recorrido el mundo con su gira «Dance of Freedom». Su objetivo es mostrar al mundo entero lo resilientes que son los ucranianos en su lucha por la libertad. Ha sido una fuente de inspiración en sus visitas a la Torre Eiffel, Times Square, Río y Tokio.
Y hoy quiere transmitir su mensaje aquí mismo, en el corazón de Europa.
Señoras y señores diputados, les ruego que se unan a mí para dar la bienvenida a Sasha.
Para todos nosotros, eres una gran fuente de inspiración.
¡Gloria a Ucrania!
Señoras y señores diputados,
El gran sufrimiento de los habitantes de Gaza y la violencia descontrolada de los colonos en Cisjordania conmueven profundamente a los europeos.
La decisión del gobierno israelí de seguir adelante con el proyecto de colonización E1 es inaceptable.
El año pasado, insté a Europa a actuar, proponiendo una serie de medidas.
Para muchos europeos, resulta doloroso constatar que los Estados miembros no han sido capaces de alcanzar las mayorías necesarias para dar una respuesta unificada. Algunos Estados miembros han dado un paso adelante. Otros también se lo están planteando.
Ninguna de las medidas propuestas en el discurso de 2025 contra Israel se ha aprobado, al no haber mayoría en el Consejo. El 8 de septiembre, ocho Estados miembros, junto con el Reino Unido, Canadá y Noruega, prohibieron la importación de productos procedentes de los asentamientos fuera del marco de la Unión.
Una Europa dividida no podrá cambiar el curso de los acontecimientos.
En la región, los próximos meses serán decisivos. A pesar de estas dificultades, Europa es la primera en apoyar a los palestinos.
Les hemos prestado más ayuda que nadie. A través del Grupo de Donantes para Palestina y de la Iniciativa «Equipo Gaza», hemos reunido a 65 delegaciones. Juntos, hemos prometido 1.000 millones de euros para reconstruir Gaza y apoyar a una Autoridad Palestina moderna.
Europa apoya el derecho de Israel a la legítima defensa. Pero el pueblo palestino tiene el mismo derecho a vivir con seguridad y dignidad.
Europa tiene la responsabilidad de mantener viva la esperanza de una solución de dos Estados.
Señoras y señores diputados,
A lo largo de este discurso, he hecho referencia a la necesidad de que Europa actúe al unísono. De lo contrario, corre el riesgo de dividirse.
Esta realidad se ha puesto de manifiesto una vez más este verano en nuestras fronteras.
Desde nuestras fronteras orientales hasta las costas de Creta y al otro lado del Mediterráneo. Y, por supuesto, con la crisis de Ceuta. Todos estos sucesos son diferentes. Pero tienen dos puntos en común. El primero es la explotación de personas vulnerables. Por parte de traficantes y pasadores de fronteras despiadados. Por parte de nuestros adversarios. Por eso hemos propuesto un régimen de sanciones para golpear a los delincuentes en su punto más sensible.
Esto me lleva al segundo punto en común.
Todas nuestras fronteras exteriores son fronteras europeas. Por eso, me gustaría dirigirme directamente al pueblo español.
La frontera de Ceuta es una frontera europea. Porque Ceuta es España. Ceuta es Europa. Y Europa estará ahí para vosotros.
Hay que entender bien que la única solución es una solución europea. Y esa solución es el pacto sobre migración y asilo.
Tras años de esfuerzo, por fin contamos con un marco común europeo. Un marco que asigna responsabilidades a todos —y que exige a todos que se muestren solidarios—. Ahora debe aplicarse plenamente.
Vamos por buen camino. Hemos observado una reducción del 55 % en las llegadas irregulares durante los dos últimos años. Y este año han vuelto a disminuir un 35 %. Se trata de un auténtico avance.
Pero los acontecimientos de este verano demuestran que nuestros instrumentos deben evolucionar, sobre todo para hacer frente a situaciones de emergencia. Europa debe disponer de los medios necesarios para proteger sus fronteras en todo momento. Especialmente cuando se desencadenan movimientos masivos y se utilizan como arma. Por eso propondremos un nuevo marco europeo de respuesta ante emergencias.
Este marco solo se activará si se cumplen una serie de criterios estrictamente definidos. En esos casos, permitirá apartarse temporalmente de los procedimientos estándar, siempre que se cumplan unas condiciones bien definidas.
El mensaje de Europa es claro: siempre respetaremos nuestros valores y nuestros derechos fundamentales. Pero nunca transigiremos en lo que respecta a la protección de nuestras fronteras. Seremos nosotros, los europeos, quienes decidiremos quién entra en la Unión y en qué circunstancias. Y no los pasadores de fronteras ni los traficantes.
Por eso también intensificaremos nuestro trabajo para reforzar Frontex, sobre todo con el fin de acelerar los retornos. Mejoraremos nuestros sistemas de alerta temprana, sobre todo en colaboración con terceros países. Nos aseguraremos de poder detectar y anticipar los problemas en línea. Y, por último, seguiremos abordando las causas profundas de la migración irregular.
Debemos colaborar con nuestros vecinos para fomentar sus inversiones. Con el fin de ofrecer a los jóvenes perspectivas reales, para que no tengan que arriesgar sus vidas. Para ofrecerles puestos de trabajo, competencias, formación y programas de aprendizaje.
Por eso, hoy les anuncio una nueva iniciativa, denominada «Iniciativa de Competencias y Empleo para la juventud mediterránea».
Señoras y señores diputados,
Así es como podemos reducir la migración irregular. Garantizando los derechos de las personas que buscan protección. Facilitando una migración segura y regular gracias a las nuevas ventanillas de acceso en los países socios. Y defendiendo las libertades de nuestro espacio Schengen. Pero, sobre todo, así es como demostramos que Europa puede hablar con una sola voz.
Señoras y señores diputados,
Las soluciones colectivas europeas son más necesarias que nunca. Porque también es nuestra democracia europea la que está amenazada.
Una y otra vez hemos visto cómo la desinformación y las injerencias extranjeras intentan dividirnos. Intentan socavar la confianza en nuestro sistema democrático y en nuestros medios de comunicación libres. Campañas electorales envenenadas por la propaganda extranjera. Teorías de la conspiración basadas en vídeos manipulados que se han vuelto virales.
Se trata de una guerra cognitiva. En Europa, nos formamos nuestra opinión gracias al acceso a información fiable e independiente. Así es como dialogamos, llegamos a acuerdos y encontramos soluciones, incluso en temas polémicos. Esa apertura es nuestra mayor fortaleza. Pero nuestros adversarios la utilizan para distorsionar el debate y desvirtuar la verdad.
Por lo tanto, necesitamos una capacidad colectiva para anticiparnos, detectar y reaccionar. Por eso anuncié, el año pasado, la creación del Centro Europeo para la Resiliencia Democrática. Ya está dando resultados en colaboración con todos los Estados miembros y con esta Asamblea. Vamos a intensificar nuestros esfuerzos y a poner en común nuestros recursos con los Estados miembros y las partes interesadas.
Pero no nos engañemos. Las amenazas para nuestras democracias no provienen solo del exterior. Estamos asistiendo al auge de fuerzas antidemocráticas y antieuropeas. Y conocemos los riesgos que ello conlleva.
Pero nada es inevitable. Veamos a Hungría.
El 12 de abril quedará grabado en nuestra memoria durante mucho tiempo. Ese día, el pueblo húngaro tomó las riendas de su futuro. Eligió la democracia. Eligió Europa. Devolvió a Hungría el lugar que le corresponde: en el corazón de nuestra Unión.
Tras años de retroceso, la tendencia ha comenzado a invertirse. La lucha contra la corrupción y el acaparamiento del Estado se está acelerando. Se han logrado avances reales en el ámbito de los derechos fundamentales y de la libertad académica. Y ahora se han desbloqueado miles de millones de euros de inversión en Hungría.
Por supuesto, aún queda mucho por hacer. Pero esto demuestra que los esfuerzos acaban dando sus frutos.
Gracias a nuestros informes sobre el Estado de derecho, ahora todos los problemas se detectan rápidamente y se resuelven mediante el diálogo.
Y gracias a esta asamblea, hemos reforzado el vínculo entre la financiación y el respeto al Estado de derecho.
Con el próximo presupuesto a largo plazo, debemos ir aún más allá. El respeto al Estado de derecho y a los derechos fundamentales es una condición indispensable para poder beneficiarse de los fondos de la Unión Europea. Debe ocupar un lugar central en el presupuesto. Hoy, pero también en el futuro.
Señoras y señores diputados,
La democracia consiste, ante todo, en dar a cada uno la posibilidad de elegir la sociedad en la que quiere vivir.
Hoy en día, gran parte de ese poder se ha quitado de las manos de los padres. Los jóvenes europeos pasan actualmente entre cuatro y seis horas al día frente a las pantallas. Cada vez más, los niños se ven absortos en contenidos diseñados para captar su atención.
Estamos asistiendo a una gran privación de nuestros hijos. Se les priva de su atención, de su concentración, de su mente. De este modo, los niños se ven privados de su infancia.
Necesitan tiempo para formarse, para crecer en contacto con los demás. Para enfrentarse a toda la gama de emociones y decisiones que ofrece la vida real. Incluso necesitan tiempo para aburrirse. Porque es entonces cuando tienen que recurrir a su imaginación. Cuando tienen que intercambiar opiniones, expresar su acuerdo o su desacuerdo, formarse una opinión y cambiarla.
Pero cuando un niño tiene un teléfono, se le priva de todo eso.
Tanto de día como de noche, los padres se dan cuenta con amargura de las consecuencias: insomnio, ansiedad e incluso autolesiones.
Con un desenlace fatal en cada vez más casos. Como en el de Oléa, una niña de 14 años que vivía en Bélgica.
Oléa, víctima de ciberacoso, se quitó la vida hace justo un mes.
La historia es tan trágica y desgarradora que he dudado en mencionarla aquí.
Pero la madre de Oléa dedicó unas palabras muy conmovedoras a su hija. Y unas palabras muy contundentes para que esto no le vuelva a pasar a nadie más.
Quiero hacer honor a sus palabras, así que lo diré en francés, en su idioma.
«Je suis persuadée que sans ces réseaux omniprésents, ma fille serait toujours là. C’est trop». [Estoy convencida de que, si no fuera por esas redes omnipresentes, mi hija seguiría viva. Esto es demasiado.]
Señoras y señores diputados,
Tiene razón. Es demasiado. Ya basta.
He convocado a un grupo especial de expertos. Hemos hablado con los jóvenes. Hemos analizado la experiencia de Australia y otros países que han tomado la iniciativa. Ha llegado el momento de que Europa actúe.
Mañana, la Comisión presentará la EU KIDS ACT. El enfoque que adoptaremos será gradual y diferenciado. Cada edad tiene sus propias sensibilidades. Por lo tanto, cada edad contará con su propio nivel de protección adecuado.
Nada de redes sociales antes de los 13 años. Nada de cuentas personales antes de los 15 años.
Así, los niños de entre 13 y 15 años solo dispondrán de «minicuentas», creadas y supervisadas por sus padres, con funcionalidades restringidas y un tiempo de uso limitado. Y en el caso de los jóvenes de entre 15 y 18 años, las plataformas estarán obligadas a adoptar un diseño seguro.
Soy consciente de que el poder de los gigantes tecnológicos parece abrumador para muchos. Y imposible de contener.
No estoy de acuerdo.
No tenemos por qué aceptar funciones que crean adicción. No tenemos por qué aceptar que los niños estén expuestos a contenidos cada vez más extremos. No tenemos por qué aceptar que se utilicen las fotos de las jóvenes de forma indebida para generar imágenes sexualizadas mediante inteligencia artificial.
Por lo tanto, invertimos la carga de la prueba.
Las plataformas deberán demostrar que son seguras. Porque el problema no es que nuestros menores tengan acceso a las redes sociales, sino definir cuándo y cómo permitimos que las redes sociales tengan acceso a los menores.
Europa tiene el poder de actuar. Somos nosotros quienes dictamos nuestras propias normas, no los gigantes tecnológicos.
Pero los menores no son los únicos expuestos a estos riesgos. El diseño que fomenta la adicción, por ejemplo, no perdona a nadie. Por eso necesitamos un marco más amplio: el reglamento sobre equidad digital. Lo presentaremos en otoño.
Señoras y señores diputados,
Todo esto nos muestra lo que Europa es capaz de lograr en lo que realmente importa. Pero también debemos volver a ganarnos el corazón de los europeos. Despertar ese sentimiento de pertenencia a algo que nos trasciende.
El sentido de pertenencia a una casa común. La certeza de que, como europeos, siempre estaremos ahí los unos para los otros.
Porque basta con mirar más allá de nuestras fronteras para comprender hasta qué punto esta idea europea sigue viva.
Basta con mirar hacia Ucrania y Moldavia. Hacia los Balcanes Occidentales. Basta con mirar hacia todos esos países cercanos a nuestra Unión.
Y como su futuro está en nuestra Unión, pronto presentaremos hojas de ruta para los candidatos más avanzados.
Este proceso seguirá basándose en los méritos. Y, señoras y señores diputados, lo repito: el respeto a nuestros valores no es negociable.
Me horrorizaron las imágenes del funeral de Ratko Mladić en Belgrado la semana pasada.
Ha cometido algunos de los crímenes contra la humanidad más atroces.
La glorificación de los criminales de guerra no tiene cabida, sencillamente, en la Unión Europea.
Todas las víctimas de las guerras en la antigua Yugoslavia merecen que se las recuerde, y todas sus familias merecen nuestra compasión.
Porque eso es lo que defendemos como Unión: la verdad, la justicia y el respeto por nuestros valores.
Señoras y señores diputados,
Europa siempre se mantendrá fiel a sus valores. Nuestra Unión nació como un proyecto de paz. Para que nuestro trágico pasado dé paso a un futuro común para los europeos.
Décadas más tarde, millones de personas siguen viendo en Europa una promesa, a veces incluso desde lugares tan lejanos como Canadá.
Y, sin embargo, a menudo olvidamos lo poderosa que sigue siendo esa promesa.
Tras la guerra, en 1948 se celebró un Congreso de Europa. En él se dieron cita las mentes más brillantes de nuestro continente para reflexionar sobre el futuro de la cooperación europea. Para hacer crecer esta idea europea que es la nuestra. Como sociedad, debemos recuperar esa capacidad de pensar en Europa.
El Congreso de La Haya se considera el momento fundacional del federalismo europeo. Contaba con Winston Churchill como presidente de honor y reunió a 800 delegados de 18 países europeos. En su discurso en homenaje a Jean Monnet, pronunciado en el Panteón en julio de 2026, Giuliano da Empoli señalaba lo siguiente sobre este encuentro: «Al final de la Segunda Guerra Mundial, algunos pensaban que había que unir Europa. Hacían grandes declaraciones, lanzaban llamados y organizaban conferencias. Jean Monnet no formaba parte de ellos. Cuando, en 1948, Churchill intentó poner en marcha el proyecto de los Estados Unidos de Europa en La Haya, Monnet no acudió. Para él, no se trataba de proclamar la unidad europea, sino de hacerla necesaria, concreta, casi inevitable, arraigándola en intereses materiales compartidos».
El año que viene celebraremos el 70.º aniversario histórico del Tratado de Roma.
Aprovecho esta ocasión para anunciar hoy que pondremos en marcha un nuevo Congreso de Europa.
Necesitamos a nuestras mentes más brillantes: de toda nuestra Unión y de todo nuestro gran continente. Juntas, elaborarán una visión capaz de inspirar a la nueva generación de europeos. Capaz de recuperar el imaginario europeo. Para que la próxima generación pueda escribir su propia historia.
No olvidemos nunca el nacimiento de nuestra Unión. Pueblos que durante tanto tiempo estuvieron en guerra se unieron para construir un destino común. Un destino de paz y prosperidad, de democracia y libertad.
Nunca escribieron hasta dónde nos llevaría finalmente ese destino. Pero cada generación ha construido sobre el legado de la anterior. Paso a paso. Piedra a piedra.
Por supuesto, nuestras imperfecciones, nuestra diversidad y nuestras diferencias siguen existiendo. Pero eso es precisamente lo que hace de Europa nuestra Europa. Nuestra casa común.
Pues bien, señoras y señores diputados,
Volvamos a tomar las riendas de nuestro futuro.
Viva Europa.
Es lebe Europa.
Long live Europe.