Política

La aceleración antiliberal según José Antonio Kast: discurso íntegro del nuevo presidente de Chile

Desde el balcón de La Moneda, el nuevo presidente chileno y admirador de Pinochet anunció la creación de un «gobierno de emergencia» para «recuperar» el país.

Para comprender el nuevo conservadurismo «antiliberal» que pretende encarnar, lo traducimos y contextualizamos.

El miércoles 11 de marzo, a las 21:00 horas en Santiago, José Antonio Kast apareció en uno de los balcones del palacio presidencial de La Moneda para realizar su primera intervención como presidente.

Ante los chilenos reunidos en la plaza de la Constitución —menos numerosos que en la investidura del presidente saliente Gabriel Boric hace cuatro años, el 11 de marzo de 2022—, Kast leyó un discurso de unos veinte minutos para anunciar que iba a instaurar inmediatamente un «gobierno de emergencia».

Tras criticar a la administración anterior y subrayar que «nos han entregado un país en peores condiciones de las que podíamos imaginar», el nuevo presidente anunció que iba a enfrentarse a los «adversarios» del país, con «carácter» y «autoridad», para «recuperar» el país. Recordó los ejes principales de su campaña que guiarán su mandato: la lucha contra la corrupción y la inseguridad.

Después de que las manifestaciones de primera hora del día dieran lugar a unos enfrentamientos con la policía, José Antonio Kast terminó su discurso haciendo un llamamiento a la «unidad» de todos los chilenos, incluso «los que dudan» y los que no le votaron, sin duda con el fin de tranquilizar a sus numerosos detractores. Así, la extrema derecha está ahora oficialmente en el poder en Santiago. Kast es el primer presidente desde el fin de la dictadura que votó «sí» en el plebiscito nacional a favor de mantener al dictador Augusto Pinochet en la presidencia de la República.

En el efecto dominó trumpista en América Latina, Kast recordó en su discurso su apego al conservadurismo católico invocando a Dios en varias ocasiones.

En Chile existe un pensamiento fuertemente conservador que se reivindica cristiano. A falta de una palabra mejor, se le puede llamar antiliberalismo, es decir, una crítica moral y filosófica del liberalismo y del tipo de sociedad al que conduciría.

El antiliberalismo sigue siendo favorable a las libertades políticas, por lo que hay que distinguirlo claramente del iliberalismo, que consiste en mantener en el poder a un dirigente inicialmente elegido democráticamente socavando desde dentro sus contrapesos institucionales —la justicia, los medios de comunicación, el orden legislativo…—.

Bukele en El Salvador y Orban en Hungría son ejemplos actuales de ello —y los Estados Unidos de Donald Trump están experimentando una transformación radical—.

Desde hace más de quince años, este movimiento antiliberal ha cobrado un nuevo impulso en Chile. Lo organizan think tanks o círculos universitarios, en su mayoría de obediencia católica, con la participación de corrientes evangélicas. Pensadores como Patrick Deneen, al que se refiere el vicepresidente estadounidense J. D. Vance, o Chantal Delsol son muy apreciados en estos círculos. La razón esgrimida por los críticos para explicar el fracaso del liberalismo es su individualismo, que habría desestructurado nuestras sociedades, erosionado el sentido del espíritu público, lanzado falsas promesas de meritocracia y producido ciudadanos que se proclaman dueños de su libertad porque saben distanciarse de las preocupaciones ajenas. La sociedad se volvería entonces más conflictiva. No se podrían tratar los males del liberalismo con más liberalismo, añaden estos antiliberales. Porque sus defectos se acumularían. Como los vínculos horizontales de la sociedad se han deteriorado, sólo quedaría la estructura estatal para hacerse cargo de las necesidades de apoyo colectivo. El individualismo conduciría entonces a una mayor dependencia de la tutela administrativa del Estado.

En este contexto se entiende el llamamiento a la unidad que hizo Kast en su discurso de investidura, en el que repite que necesita que todos los chilenos trabajen con él para lograrlo.

Frente a esta deriva del liberalismo, habría que recuperar los puntos de referencia, una identidad basada en el apego afectivo a cosas antiguas como la familia, los seres queridos, el país. En Chile se suele poner como ejemplo el divorcio: sería liberador por excelencia si el marco matrimonial se vuelve opresivo. Pero esto es así sobre todo para las clases acomodadas que pueden permitírselo, mientras que a menudo resulta destructivo, económica y socialmente, para los menos favorecidos y sus hijos. El antiliberalismo va acompañado, por tanto, de un discurso social que retoma algunos temas del catolicismo, pero con un tono extremadamente conservador.

Kast declara: «También incluyo a esa gran clase media que tiene temor de perder lo que tiene y caer en la pobreza. Ningún legado será recordado si no nos preocupamos de los más pobres y los desvalidos de nuestra sociedad. Vamos a dedicarnos con fuerza a superarla pobreza y a mejorar la calidad de vida de todos los chilenos».

No debe sorprendernos que muchos pensadores claramente situados a la izquierda, como Michael Sandel, Charles Taylor o Robert Castel, formulen el mismo tipo de críticas. Se les ha tachado de comunitaristas, pero este término, imprudentemente despectivo, conlleva una visión muy diferente a la de la derecha culturalista: por los vínculos electivos propios de una buena sociedad, por la naturaleza del bien que hay que importar en la definición de la justicia y, sobre todo, por la importancia de la deliberación política, un concepto prácticamente ausente en el otro bando.

Pero la frustración inicial es la misma, la de una sociedad que se ha vuelto anómica por haber despersonalizado las relaciones humanas y haber confiado demasiado en el poder liberador del contrato y del mercado.

Más allá de sus temas habituales, la extrema derecha del nuevo presidente chileno se suma a los nuevos campos investidos por la izquierda, metiéndolos en un gran saco, el wokismo o, como dijo recientemente José Antonio Kast ante los partidos de extrema derecha del Parlamento Europeo, los «-ismos»: feminismo, ecologismo, indigenismo —en alusión a la lucha política con la minoría mapuche de Chile—.

No es de extrañar que, con el auge de esta extrema derecha, la batalla cultural relegue a un segundo plano los temas económicos, es decir, el eje mercado frente a Estado que suele estructurar el debate entre derecha e izquierda.

En el caso de Chile, el anclaje «neoliberal» permanece porque forma parte del trasfondo cultural desde hace cuarenta años. Ya no es objeto de debate en la derecha.

A partir de estos elementos se puede establecer el contexto general de la victoria, la investidura y el primer discurso pronunciado ayer por José Antonio Kast al frente de Chile, así como la nueva situación política.

Muy buenas noches, queridos compatriotas. 

Estoy aquí en este balcón histórico, en el balcón del Palacio de la Moneda, para agradecerles el honor y el privilegio de haberme elegido presidente de la República.

Desde el extremo norte en Visviri hasta el extremo sur en Puerto Williams, todo el Chile Continental e insular, tengo el corazón lleno de gratitud, pero más que eso, tengo el alma encendida por la enorme responsabilidad que el pueblo de Chile nos ha encomendado. Desde esta noche, junto a Pía, nuestra primera dama, el Palacio de la Moneda será nuestro hogar. Y no ganamos esta elección para vivir en un palacio ni para ocupar un cargo.

La nueva primera dama de Chile, la abogada María Pía Adriasola, acompaña a José Antonio Kast en el balcón de La Moneda durante todo el discurso.

Ganamos esta elección para trabajar por los chilenos, para los chilenos —y el trabajo comienza hoy—. Nos hemos preparado para asumir con responsabilidad, con seriedad y con rigor, porque no sólo venimos a trabajar, sino que hemos venido a cumplir. 

Nos han entregado un país en peores condiciones de las que podíamos imaginar.

Un país con sus finanzas públicas debilitadas. Un país donde el crimen organizado y el narcotráfico han avanzado. Un país donde las familias se sienten abandonadas por el Estado.

Decir que recibimos el país en malas condiciones no es excusa. Lo decimos porque Chile merece conocer la verdad, porque cuando se oculta el diagnóstico, los tratamientos fracasan. Y nosotros queremos enfrentar las situaciones con la verdad, porque la ciudadanía tiene todo el derecho a saber qué se hizo y qué se dejó sin hacer.

Para enfrentar esas emergencias en seguridad, en salud, en educación, en empleo y tantas otras, Chile necesita un gobierno de emergencia. Y eso es lo que vamos a tener —un gobierno de emergencia—. 

No es un eslogan.

Es la realidad que vamos a vivir. 

Es orden donde hay caos. 

Es alivio donde hay dolor.

Es mano firme donde hay impunidad.

Y es también esperanza real, concreta y posible para quienes han sido ignorados por mucho tiempo. 

Diego Portales era un hombre claro y nos acompaña al comienzo de nuestra caminata en la plaza. 

Diego Portales (1793-1837) es una de las figuras centrales de la organización y consolidación del Estado chileno. Militar y político conservador, se impuso como la principal referencia de los círculos conservadores y nacionalistas chilenos que coquetean con el autoritarismo. Portales desempeñó un papel destacado en la redacción de la Constitución de 1833. 

Esta evocación de Kast no es baladí y se confirma en el párrafo siguiente: el nuevo presidente gobernará con «carácter» y «autoridad».

Nos detuvimos ahí y Diego Portales nos dejó una enseñanza que sigue plenamente vigente: un país no puede gobernarse sólo con ideas, tiene que gobernarse con carácter —y el carácter no es arbitrariedad—. El carácter es estar dispuesto a hacer lo que hay que hacer, aunque sea incómodo, aunque sea impopular, aunque cueste. 

Lo vamos a hacer.

Y la autoridad tiene que ser fuerte porque nuestro país en esta hora así lo demanda, no para someter sino para proteger a nuestros compatriotas. Y Chile hoy tiene adversarios reales, y no son los que piensan distinto a nosotros en política, no son aquellos que votan diferente a nosotros. Son quienes se han tomado nuestros barrios, son quienes han corrompido a nuestros jóvenes, son quienes han sembrado el terror en las poblaciones, y también son adversarios de Chile quienes han ingresado vulnerando nuestras fronteras para delinquir, para explotar a otros, o para convertir nuestro suelo en tierra de nadie. 

A esos verdaderos adversarios de Chile les digo que no vamos a negociar. 

Los vamos a perseguir, los vamos a encontrar, los vamos a juzgar y los vamos a condenar.

Queremos decir fuerte y claro a nuestros carabineros, sobre todo en este día tan doloroso, a nuestras policías de investigaciones, a nuestros gendarmes, a nuestras fuerzas armadas, que tendrán todo el respaldo de la ley, los recursos del Estado, y sobre todo la voluntad política que durante tanto tiempo les faltó. 

Nunca más un funcionario de orden y seguridad enfrentará sólo la violencia mientras algunos miran para el lado. Este gobierno no llegó para administrar lo existente, llegó para corregir lo que está mal, a recuperar lo que se perdió y a construir lo que nunca se ha hecho.

Ese será el sello de este gobierno. Desde el primer día, desde hoy, comienza el trabajo. 

Chile también tiene otra herida abierta: la corrupción.

Una herida profunda que ha debilitado la confianza, la confianza deteriorada de todos los ciudadanos, que han hecho que la mayoría de los chilenos dejen de creer en sus instituciones. Hemos solicitado a los ministros que realicen auditorías completas para conocer el estado de la nación. Porque esto no se soluciona con un discurso, se demuestra con los hechos.

Si las cosas están bien hechas, lo vamos a agradecer. Y si hay cosas que se hicieron mal, las vamos a corregir. Y por eso seremos implacables con quienes se roben el dinero de los chilenos, con quienes abusen del poder, con quienes usen el Estado para enriquecerse.

Sin importar el apellido, el partido o el sector político. 

Les pido respeto, estamos en un cambio de mando republicano. 

Primero vendrán auditorías. 

Les pido el respeto debido para este día, que es un día histórico republicano donde tenemos que realizar todo en orden.

Cada uno que ejerce la Primera Magistratura lo hace con convicción. No dudo que los presidentes anteriores lo han hecho con convicción. Eso no implica no ser claro y firme en lo que haya que hacer, porque nuestro compromiso al asumir el gobierno de Chile es que el presidente, los ministros y todos los funcionarios nos ocupemos de servir a los chilenos.

No se viene a quedarse con los bienes ajenos, no se viene a engañar, no se viene a sacar la vuelta. Todas las autoridades, todos los funcionarios estarán al servicio de la patria, y el que no cumpla se tendrá que ir. 

Sé que hay quienes dudan.

Sé que hay familias que están cansadas de escuchar promesas. Pienso en aquellos padres, en aquellas personas de clase media que trabajan dos turnos y aún así no les alcanza. Pienso en aquellas mujeres, en aquellos jóvenes que caminan rápido de noche porque sienten que sus calles ya no les pertenecen.

Pienso en ese joven que estudia con esfuerzo y que no sabe si su esfuerzo va a valer la pena. 

A ellos les digo algo muy simple: no llegamos aquí por una encuesta. 

Llegamos aquí al Palacio de la Moneda, a la casa de todos los chilenos, después de años de trabajo, de escuchar a los chilenos, de reunir a personas capaces y honestas que están preparadas para gobernar.

Y vamos a trabajar por ustedes con toda la energía y dedicación que podamos. Por ustedes, los que madrugan cada día, los que cuidan sus familias. Por ustedes, los que tienen miedo, los que sólo piden una oportunidad para salir adelante.

Santiago, miércoles 11 de marzo de 2026. El presidente chileno José Antonio Kast se dirige a sus seguidores desde el balcón del palacio presidencial de La Moneda, junto a su esposa María Pía Adriasola. © AP Foto/Esteban Felix

Por todos ustedes vamos a comenzar a trabajar desde hoy mismo. Le quiero agradecer a la Ministra de Seguridad, que ya se encuentra en el sur junto al Director General de Carabineros. Gracias por comenzar a trabajar el primer día.

Pero esto, y aquí requiero la atención de todos, esto no sólo depende del gobierno. Los ciudadanos, cada uno de ustedes, los que están aquí presentes y los que nos escuchan a lo largo de todo Chile. También tienen una tremenda responsabilidad.

Esto no es obra de una persona ni de un equipo, somos todos. Tenemos que aprovechar juntos esta tremenda oportunidad, y sólo lo haremos si cada uno de ustedes, cada uno de los chilenos, también trabaja y cuida la patria. Desde las cosas más pequeñas hasta las cosas más grandes, todos debemos ocuparnos de hacer el bien y cumplir responsablemente nuestras obligaciones.

Todos somos responsables. 

Chile nos pertenece a todos y el futuro lo construimos entre todos, todos, sí, todos los trabajadores, todos los estudiantes, los colaboradores, los funcionarios públicos, todos en ese Chile del norte, en este Chile donde nos encontramos, en el sur, en ese Chile insular. 

Nadie sobra en Chile, todos somos importantes.

Quiero también hablarle a aquellos chilenos que han sido olvidados. Ningún gobierno puede llamarse exitoso mientras haya un solo chileno durmiendo con hambre. Ningún crecimiento vale si no llega a los que más necesitan.

También incluyo a esa gran clase media que tiene temor de perder lo que tiene y caer en la pobreza. Ningún legado será recordado si no nos preocupamos de los más pobres y los desvalidos de nuestra sociedad. Vamos a dedicarnos con fuerza a superarla pobreza y a mejorar la calidad de vida de todos los chilenos.

Estimados compatriotas, estimados compatriotas, quiero hacer también un llamado a la unidad.

No a la unidad que borra las diferencias, porque la crítica es legítima y el debate es necesario para fortalecer nuestra democracia. El llamado es a la unidad por las causas urgentes de Chile, aquellas que están por encima de nuestras diferencias. La unidad que invita a trabajar juntos por los niños que merecen crecer en una sociedad más segura.

La unidad que invita a trabajar juntos por los adultos mayores que merecen vivir con dignidad. La unidad que nos hará trabajar juntos por los trabajadores y estudiantes que merecen que su esfuerzo sea reconocido. Por ellos, por ustedes, gobernaremos en unidad para todos los chilenos.

Y este no es el momento del rencor, es el momento de hacer la tarea. Hay demasiado por hacer como para gastar nuestras energías en trincheras. La invitación de este gobierno es a todos, a todos los que votaron por nosotros y a los que no votaron por nosotros.

A los que tengan dudas, también los invitamos a ser parte de esta unidad. A los que nos critican, también los invitamos a ser parte de esta unidad. Lo que pedimos es una sola cosa: que le demos una oportunidad a Chile, esa oportunidad que merecemos y que hemos recuperado hoy.

Que trabajemos juntos por lo que nos une, porque Chile es más grande que nuestras divisiones, mucho, mucho más grande. Chile es una historia compartida, una historia de esfuerzo, de sacrificio y de esperanza. 

Chile será libre o no será, decía Bernardo O’Higgins.

José Antonio Kast se refiere aquí a otro político y militar histórico del país: Bernardo O’Higgins Riquelme (1778-1842), considerado uno de los padres de la patria chilena por su papel en el proceso de independencia de Chile del Imperio español. Fue el primer jefe de Estado de Chile independiente (Director Supremo).

Y esa libertad la alcanzamos hoy. Y esa libertad que alcanzamos hoy está siendo desafiada, desafiada por el crimen, desafiada por la corrupción, desafiada por quienes creen que Chile debe resignarse a la violencia y a la decadencia. Pero se equivocan, porque los chilenos no somos un pueblo resignado.

Somos un pueblo grande, no somos un pueblo derrotado, somos un pueblo que se levanta. Nos levantamos después de la crisis, nos levantamos después de los terremotos y las catástrofes, nos levantamos después de las injusticias, y siempre volvemos a levantarnos porque en el corazón de Chile vive algo más fuerte que el miedo. Vive el coraje de su gente. Vive el esfuerzo de sus trabajadores. Vive el amor de sus familias. 

Nuestro himno llama a Chile la copia feliz del Edén.

Y no es sólo poesía. Es la aspiración de millones de personas que se levantan cada mañana con la esperanza de vivir en paz, de caminar tranquilas por sus calles, de confiar en sus instituciones, de sentir orgullo por su patria.

Ese Chile es posible. 

Ese Chile es el que vamos a construir juntos. 

¡Viva Chile! 

Y antes de terminar, no puedo dejar de agradecer el apoyo incansable de mi familia, de la Pía, muchas gracias, de cada uno de nuestros hijos, de cada uno de mis hermanos, de los que nos acompañan aquí y de los que nos acompañan desde el cielo, de nuestros padres.

Y de toda la familia extendida. Sin mi familia, y ustedes lo entenderán muy bien, no podría estar esta noche acá. Sin mi familia no podría asumir este enorme desafío que nos han entregado.

Necesitamos, como dice Pía, más abrazos, más cariño, más familia, más encuentro para enfrentar esta vida que es dura y desafiante. Cada uno encontrará la fórmula de tener abrazos, encuentros, conversaciones, crecimiento.

Gracias por todo el apoyo que me han dado, que nos han dado. Gracias por estar siempre junto a mí. Muchas gracias.

Estimados amigos, desde este balcón, desde la casa de todos los chilenos, les digo de frente que vamos a recuperar nuestro país, vamos a recuperar nuestras calles, vamos a recuperar nuestras instituciones, vamos a recuperar la esperanza, porque los chilenos no queremos seguir administrando mediocridad, queremos construir grandeza. 

Con la ayuda de todos, Chile se levanta. Se levanta con trabajo, se levanta con orden, se levanta con carácter, y sobre todo se levanta con esa esperanza que vimos hoy día en los ojos, en las miradas de esos niños del Liceo Augusto D’Halmar que son un faro de la educación pública en Chile. 

La primera actividad de Kast como presidente consistió en visitar, junto con la nueva ministra de Educación, María Paz Arzola, el liceo Augusto D’Halmar. Por sus resultados, este liceo está considerado como uno de los mejores centros educativos públicos del país.

El objetivo era, evidentemente, demostrar que la educación será una de las prioridades de su mandato.

Queremos recuperar la educación pública para todos nuestros niños. Le agradezco a los maestros, a cada profesor que le dedica horas de desvelo a sus alumnos, a los padres que le dedican horas a recibir y acompañar a sus hijos.

Reitero, cuando Chile se levanta nada ni nadie lo detiene. Y esta noche no comienza sólo un gobierno. Esta noche podemos decir que tenemos una oportunidad, si lo hacemos bien y lo hacemos juntos, de comenzar una nueva era para Chile, una era de orden, de libertad y justicia, una época, e insisto, de esperanza.

No será fácil, cometeremos errores, somos humanos, nos podemos equivocar, pero vamos a hablar siempre con la verdad, de frente, mirando a los ojos, no escondiendo nada. 

Nadie dijo que esto sería fácil, pero estoy seguro que con la ayuda de Dios, con el esfuerzo de cada uno de nosotros, y un amor genuino por nuestra cultura y tradición, Chile volverá a encaminarse hacia un futuro esplendor. 

Antes de terminar, quiero convocar a nuestros ministros, a cada una de las personas que tomaron una decisión valiente, patriótica, de acompañarnos en este desafío.

Convocar a nuestros subsecretarios, convocar a todas las autoridades y funcionarios que nos acompañarán en este desafío. También a los que vienen trabajando por Chile por mucho tiempo. Tenemos un tremendo Estado, tenemos tremendos funcionarios públicos que necesitan una oportunidad para volver a trabajar libremente y confiados por este Chile que crece y que avanza en unidad.

No tenemos tiempo que perder. 

Que Dios bendiga a Chile, que Dios bendiga a nuestras familias, que Dios nos dé sabiduría para gobernar con justicia, fuerza para actuar cuando sea necesario y humildad para servir siempre a nuestro pueblo. 

Que viva Chile, que viva Chile, que viva Chile.

Buenas noches, muchas gracias.

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