El 14 de diciembre, José Antonio Kast fue elegido presidente de Chile. Era algo impensable en 2016, cuando lideró una escisión de la Unión Demócrata Independiente (UDI), el partido más a la derecha de la coalición que gobernó el país durante los dos mandatos de Sebastián Piñera.
En aquel momento lo de Kast parecía una aventura condenada al fracaso.
Un proyecto demasiado radical que iba a contracorriente de un país que avanzaba hacia una mayor secularización en valores y costumbres, y una mayor impugnación del legado de la dictadura.
Kast representaba a un sector que, aunque ruidoso, era profundamente minoritario en la sociedad chilena.
Nadie imaginaba, por aquel entonces, que menos de una década más tarde ese diputado díscolo, que cargaba duramente contra los avances en derechos civiles y defendía a capa y espada al dictador Augusto Pinochet, podría llegar a ganar unas elecciones presidenciales.
Desde entonces han ocurrido muchas cosas en Chile.
Sebastián Piñera gobernó un segundo mandato (2017-2021), hubo un estallido social en 2019, dos procesos constituyentes fallidos, una pandemia y una presidencia de Gabriel Boric, entre otras cosas.
Todo ello ha moldeado el panorama político de una forma que ha despejado el camino de Kast hacia el Palacio de La Moneda.
A lo largo de las siguientes diez frases repasamos no solo esta última década en la que todo ha cambiado, sino también la trayectoria del propio Kast.
¿Quién es y de dónde viene el aspirante a la Presidencia de Chile?
¿Cuáles son sus ideas y cómo han ido evolucionando con el tiempo?
1 — «En mi calidad de estudiante universitario y convencido de que la obra de este gobierno va en beneficio de todos los jóvenes voto Sí» 1 (1988)
Los orígenes de Kast se encuentran fuertemente ligados a la dictadura de Augusto Pinochet.
Procedente de una familia de migrantes alemanes y con un padre que llegó a estar afiliado al Partido Nazi, Kast se crió en un ambiente muy conservador y cercano al régimen militar, en el que su hermano Miguel Kast llegó a ostentar muy importantes cargos.
Tal fue su cercanía con la dictadura, que, en 1988, un joven Kast de apenas 22 años aparecía en la campaña televisiva del referéndum convocado por Pinochet para decidir sobre su continuidad.
Por supuesto, defendiendo el «Sí», la postura que abogaba por alargar el mandato de Pinochet.
Este hecho, aunque pueda parecer simbólico, representa un cambio de paradigma en la política chilena, pues hasta la fecha todos los presidentes de Chile, tanto de izquierdas como de derechas, habían votado No en el plebiscito de 1988.
Esto podría terminar este domingo.
2 — «Las fuerzas armadas no usaron la fuerza para tomarse el poder, sino para recuperar Chile» 2
La cercanía de Kast con el pinochetismo no es una simple cuestión familiar o vinculada con el pasado, sino que éste estructura el pensamiento del político chileno.
El pinochetismo se fundamentaba en dos pilares plasmados en la Constitución de 1980: un estado subsidiario en materia económica, que interviniera lo mínimo posible, y una «democracia protegida», donde el estado tuviera gran capacidad de mantener el orden público y de limitar el pluralismo democrático.
Estos dos principios continúan hoy articulando el pensamiento de José Antonio Kast, quien es un declarado admirador de Jaime Guzmán. Guzmán, además de fundar el partido que Kast abandonó en 2016, la UDI, fue el principal ideólogo del régimen y el artífice de la constitución de 1980.
Su influencia ya se había notado en la derecha chilena desde los 60, cuando fundó en la Universidad Católica un movimiento conocido como gremialismo. El corpus ideológico de los gremialistas se basaba en estas dos nociones del estado subsidiario y la democracia protegida.
Unas ideas que fueron marginales durante décadas, pero que encontraron su hueco con el régimen militar, que le encomendó a Guzmán y sus acólitos diseñar la arquitectura jurídica y política del Chile del futuro. De sus ideas nacieron la constitución que aún rige en Chile hoy y el modelo político y social neoliberal impulsado por la dictadura.
Los orígenes políticos de José Antonio Kast vienen de aquí, de su etapa universitaria a finales de los 80, cuando conoció a Guzmán en el seno del movimiento gremialista. Desde entonces, Kast siempre mostró su admiración por él, a quien ha definido en varias ocasiones como su gran referente y mentor político.
Como vemos, los vínculos de Kast con el pinochetismo no son solamente familiares o afectivos, sino profundamente políticos.
Asociando a su mentor con la junta de Pinochet, Kast declaró en 2017: «Jaime Guzmán y el gobierno militar hicieron mucho por la defensa de los derechos humanos».
Kast, candidato y fundador del Partido Republicano, supo identificar perfectamente dónde y por qué había perdido las elecciones de 2021, para cambiar y ganar las de 2025.
JAIME BORDEL
3 — «Es una maquinación intelectual decir que la mujer tiene derecho sobre su cuerpo» 3 (2016)
Además de su concepción del estado y el poder político, hay un tercer punto que marca el pensamiento de José Antonio Kast: un fuerte conservadurismo en materia social.
Defensor ferviente de la familia tradicional, Kast siempre se ha mostrado contrario a los avances en derechos civiles impulsados en las últimas décadas en Chile.
Kast se opone al uso de métodos anticonceptivos como la píldora, al aborto, a la adopción de parejas homosexuales o a la autodeterminación de género. «¿Qué pasará con el matrimonio cuando un hombre heterosexual se enamora de un hombre que se siente mujer, que luego se transforma y ahora es mujer, y borra todos sus antecedentes?». Esto se preguntaba Kast en el parlamento en uno de los muchos alegatos que lanzó presentando los derechos civiles como una amenaza a la familia.
En su historial como diputado de la UDI en el Congreso, figura haber liderado la oposición parlamentaria a la ley del divorcio, la de la píldora del día después o el aborto en tres causales.
Ha afirmado, por ejemplo: «La píldora del día después no se debe vender ni siquiera en Farmacias. Ni un organismo público puede tener nada que ver» 4; «la píldora privilegia el placer por sobre todo; es la píldora del egoísmo; es la píldora que hace vivir la sexualidad con miedo a un ser indefenso que está por nacer. A él le tenemos miedo y lo queremos matar con esta píldora».
Kast por entonces representaba al sector más radical de una coalición de centro derecha con la que pronto sus diferencias se harían irreconciliables.
4 — «No es que me pelee con una persona u otra, es un tema de convicción» 5 (2016)
El primer punto clave en la trayectoria política de José Antonio Kast es el 1 de junio de 2016, cuando anuncia su salida de la UDI. Una salida, que según reconocía el propio Kast en una entrevista esa misma noche, no se debía a temas personales, sino a unas diferencias programáticas que se habían ensanchado con el paso del tiempo.
Sabemos cómo el centro derecha chileno, comandado por Sebastián Piñera, había ido avanzando hacia posiciones más abiertas en materia de derechos civiles y se había distanciado del legado de la dictadura 6.
Esta adaptación programática parecía lógica ya que la sociedad chilena se movía hacia una mayor secularización y rechazo al pasado dictatorial. La derecha piñerista sabía que para disputarle la hegemonía del país a la gran coalición de centroizquierda, la Concertación, necesitaba modernizarse y desprenderse del legado dictatorial que le había hecho perder las cuatro elecciones presidenciales que se habían dado desde el referéndum de 1988 que trajo de vuelta la democracia.
Kast y los sectores más duros de la derecha se oponían a ello, y poco a poco se fue abriendo una brecha que con el tiempo se hizo imposible de cerrar.
El día en que Kast decidió marcharse de la UDI lo expresó alto y claro. Para él, no era una cuestión personal, sino de convicciones. Quienes habían compartido junto a su familia cargos y responsabilidades en el gobierno militar estaban abandonando las convicciones que los habían llevado hasta ahí y abrazando el llamado «Bacheletismo-Piñerismo». Una suerte de «consenso progre» que implicaba condenar parte del legado de la dictadura y avanzar en materia de derechos civiles. Algo por lo que Kast no estaba dispuesto a transigir.
Ferviente defensor de la familia tradicional, Kast siempre se ha opuesto a los avances en materia de derechos civiles logrados en las últimas décadas en Chile.
JAIME BORDEL
5 — «Si Pinochet estuviera vivo votaría por mí» 7 (2017)
Tras este cisma llegaron las elecciones de 2017, donde Kast presentó por primera vez una candidatura alternativa al centroderecha chileno.
Lo hizo con pocos medios y recursos, embarcándose en una aventura que parecía condenada al fracaso. Kast no tenía diputados, grupo parlamentario ni estructura alguna, solamente su imagen.
Por eso no presentó candidatos al Congreso y al Senado, sino simplemente su candidatura presidencial. No aspiraba a ganar, ni siquiera a influir en el curso de la legislatura con un pequeño grupo parlamentario. El objetivo era colocarse en el mapa y hacer ver a la gente que existía una alternativa a la derecha tradicional dominada por el Piñerismo.
Lo consiguió, y con un meritorio 8% de votos en primera vuelta, demostró a los chilenos que había llegado para quedarse.
Kast en su día fue lo que Kaiser ha sido en la elección de 2025. Un candidato sin nada que perder, sin pelos en la lengua y que con un discurso maximalista decía «lo que nadie se atrevía a decir».
Defendió posturas ultraconservadoras en materias sociales y económicas, la inocencia de violadores de Derechos Humanos en la dictadura como el torturador Miguel Krasnoff, y llegó a afirmar que si Pinochet estuviera vivo, votaría por él. Entonces era él el candidato sin complejos que llamaba a la gente a defender unos principios, aunque no gustasen a todo el mundo.
6 — «Perdimos por esos políticos de derecha cobardes que no estuvieron dispuestos a defender sus ideas y le entregaron todo a la izquierda y a los terroristas» 8. (2020)
Tras las elecciones de 2017, Chile se adentró en el segundo mandato de Sebastián Piñera.
Las cosas parecían ir relativamente bien para las élites chilenas que describían el país como «un oasis de paz en medio de una América Latina convulsa».
Pero en octubre de 2019, un aumento del precio del transporte público desembocó en unas protestas que cambiaron el país para siempre.
Tras semanas de manifestaciones y enfrentamientos en las calles que dejaron varios centenares de heridos, más de 20 muertos, un estado de emergencia, y un gobierno contra las cuerdas, la práctica totalidad de la clase política chilena firmó un acuerdo para cambiar la constitución chilena y embarcarse en un nuevo proceso constituyente.
Solo hubo una figura en la política chilena que se opuso a un compromiso tan transversal: José Antonio Kast.
El rechazo de Kast a la apertura de un proceso constituyente parecía una nueva excentricidad. Hasta su antiguo partido, la UDI, que representaba el ala más dura del centroderecha, reconocía que la constitución de 1980, redactada por los colaboradores de Pinochet, necesitaba ser reformada. Había un consenso muy amplio en que para salir de la situación del país la mejor vía era un proceso constituyente. Pero Kast se mantuvo firme. Él no iba a abandonar sus convicciones, y prefirió quedarse solo en el plebiscito de entrada de octubre de 2020. Una votación en la que los chilenos decidían si querían abrir un proceso constituyente o quedarse con el texto actual.
El 80% de quienes acudieron a las urnas votaron favorablemente. Una victoria apabullante, que dejó aislado a un 20% de electores que rechazaban un proceso impulsado por las amplias movilizaciones sociales y respaldado por la clase política en su conjunto. A este sector solo le quedaba una persona que en ningún momento les abandonó: José Antonio Kast.
Asociando a su mentor con la junta de Pinochet, Kast declaró en 2017: «Jaime Guzmán y el gobierno militar hicieron mucho por la defensa de los derechos humanos».
JAIME BORDEL
7 — «El peor gobierno de la historia es el de Allende, y le sigue de cerca el de Sebastián Piñera» 9 (2021)
Después de esta legislatura turbulenta llegaron las elecciones de 2021, donde Kast ya no competía contra Piñera, sino contra Sebastián Sichel, un joven candidato independiente amparado por el expresidente que representaba el ala más moderada y tecnócrata del centroderecha chileno.
El contraste entre ambos era máximo. Sichel, para lo bueno y para lo malo, estaba atado a Piñera, quien, por aquel entonces, no contaba con el aura de gran hombre de estado que toda la clase política chilena ha promovido tras su trágico fallecimiento en 2024.
Era el presidente saliente de un gobierno fallido para ambos lados del espectro político.
Para la izquierda, por reprimir con excesiva dureza las protestas, y para la derecha, por no haber sabido imponer mano dura y haber cedido ante los alborotadores con el proceso constituyente.
Esta visión se vio reflejada en la campaña de José Antonio Kast, que no dudó en arremeter contra el gobierno de Piñera, al que calificó como el peor de la historia después del de Salvador Allende. Es decir, peor que el gobierno militar de Augusto Pinochet, responsable del asesinato de miles de personas.
Son palabras fuertes, que contrastan con las aparentes buenas relaciones de Kast con el mundo piñerista.
Entonces las necesidades eran otras. Kast tenía que diferenciarse, marcar su territorio y demostrar que él era el líder que necesitaba la derecha. Le salió bien y venció en la primera vuelta, con un 28% de los votos.
Una vez conseguido eso, había que ensanchar la base para alcanzar el 50% en el balotaje contra Gabriel Boric. Para ello necesitaría el apoyo del más moderado mundo piñerista.
Algo de lo que se daría cuenta muy pronto.
8 — «Lo de Nicaragua refleja plenamente lo que en Chile no ocurrió (con Pinochet). Se hicieron elecciones democráticas y no se encerró a los opositores políticos» (2021)
En 2021, Kast fue un candidato muy exitoso en primera vuelta, pero su campaña dejó unas hipotecas que no pudo pagar en la segunda.
Su discurso duro, beligerante contra la izquierda, el centroderecha, y sin complejos le pasó factura en el balotaje.
Gabriel Boric, fue inteligente y supo aprovechar la hemeroteca que había dejado Kast para hacer ver a los chilenos que su llegada al poder era un peligro para la democracia.
Kast se embarró en debates sin mucho sentido, como solicitar que Boric se hiciera un test de drogas, o defender que el gobierno de Pinochet fue menos dictatorial que el de Ortega en Nicaragua.
Y Boric consiguió establecer un marco de campaña en el que un amplio campo democrático, con sus diferencias, se contraponía a una derecha demasiado tradicional y anclada al pasado dictatorial del país.
Todo esto le pasó factura, y el resultado fue idéntico al del referéndum que acabó con Pinochet en 1988, 55% vs 45%.
La proximidad de Kast con el legado político de Pinochet no pertenece al pasado. Estructura el pensamiento del candidato.
JAIME BORDEL
9 — «No he cambiado mis convicciones, pero sé distinguir las urgencias de hoy» (2025)
Kast aprendió de sus errores.
El candidato del Partido Republicano supo identificar perfectamente dónde se le había escapado la elección en 2021 y emprendió un cambio para 2025.
Tras una legislatura marcada por la crisis de seguridad, cambió su mensaje: un gobierno de emergencia centrado en solucionar los problemas más apremiantes del país: la seguridad y la economía.
Kast olvidaba la batalla cultural, los derechos civiles, el aborto, y la memoria histórica. Esquivaría cualquier tema relacionado con el régimen militar, los derechos reproductivos de las mujeres o los derechos civiles y se centraría en su gran tema ganador: la seguridad.
Cuando fue preguntado por ello, la respuesta del candidato fue esclarecedora: «no he cambiado mis convicciones, pero sé distinguir las urgencias de hoy».
Así ha sido su campaña en el año 2025. Más gris, quizás menos vistosa y espectacular que la de 2021. Una campaña donde le ha salido incluso un competidor a su derecha, Johanes Kaiser, que considera que Kast ha traicionado a los suyos olvidando la batalla cultural. Una campaña que incluso podríamos definir como piñerista, con lemas altisonantes llamados a resolver los grandes problemas de Chile como «Chile Seguro» o «La Fuerza del Cambio».
La música ha sido distinta a la de 2021 cuando el eslogan de campaña de Kast era «Atrévete».
La consigna ya no era transgredir, sino gobernar.
10 — «El Congreso es importante, pero no es tan relevante como ustedes imaginan» 10 (2025)
Después de esta campaña de corte piñerista, Kast culminó su reconciliación con el expresidente al que tanto criticó en 2021, cuando acudió hace unas semanas al domicilio familiar de los Piñera para recibir el apoyo oficial de la familia del fallecido expresidente para la segunda vuelta.
Un gesto con gran poder simbólico, no tanto por el apoyo en sí, que era bastante esperado, sino por la escenografía del mismo.
Kast acudiendo al domicilio, charlando amigablemente con los hijos y la esposa de Sebastián Piñera, casi como si fuera un miembro más de la familia. El candidato de ultraderecha no parecía un invitado cualquiera, sino un huésped de honor, y remató su visita con unas palabras en que minimizaba sus diferencias con el expresidente y destacaba su patriotismo.
Esta escena cierra un círculo para José Antonio Kast.
Quien irrumpió en el panorama político como un ferviente crítico de Piñera se reconcilia con un espacio al que necesitará si quiere gobernar los próximos años. La coalición de centroderecha Chile Vamos tiene un número de escaños nada desdeñable en el Congreso y el Senado, por lo que a Kast le conviene mantener buena relación con ellos si quiere garantizar gobernabilidad.
Pero el encuentro de Kast con los Piñera muestra algo más allá de la mera aritmética parlamentaria. El líder republicano aspira a hegemonizar el centroderecha chileno, y a convertirse en los próximos años en la figura de referencia del conjunto de la derecha chilena.
Por ello, la visita al domicilio de los Piñera tiene un aroma a traspaso de poderes. Signo de unos tiempos en los que el piñerismo se ha vuelto residual, y la visión más conservadora y autoritaria de Kast ya no ocupa un rincón marginal de la derecha, sino que es la principal corriente del espacio político. Diez años ha tardado el «kastismo» en escalar hasta la cima, veremos cuántos consigue mantenerse en ella y a qué coste.
En agosto de este año, Kast señaló en un acto público que «el Congreso es importante, pero no es tan relevante como ustedes imaginan».
Estas declaraciones fueron consideradas por muchos como una gran falta de respeto institucional y muestran el principal miedo a un gobierno de Kast: la erosión desde dentro de las normas democráticas.
Bajo su presidencia veremos si estas palabras fueron un mero traspiés o una hoja de ruta para su nuevo gobierno.
Notas al pie
- Tuiteando en el Chile de 1988, X, 11 de septiembre de 2018.
- « Elecciones 2017. José Antonio Kast : ‘En el gobierno militar se hicieron muchas cosas por los DD.HH. de otras personas’ », RedInternacional, 7 de septiembre de 2017.
- « José Antonio Kast (Chile) », CELAG, 13 de octubre de 2016.
- Cámara de Diputados, 24 de junio de 2009.
- CNN Chile, Youtube, 1 de junio de 2016.
- Cristóbal Rovira Kaltwasser, « La (sobre)adaptación programática de la derecha chilena y la irrupción de la derecha populista radical », Colombia Internacional, 99, 2019, pp. 29-61.
- « José Antonio Kast por Pinochet : ‘Si estuviera vivo votaría por mí’ », La Tercera, 9 de noviembre de 2017.
- « Kast afirmó que la derrota del Rechazo fue ‘por todos esos políticos de derecha cobardes’ », Chilevisión, 26 de octubre de 2020.
- « Kast : Nicaragua refleja lo que en Chile no ocurrió ; con Pinochet hubo elecciones y no se encerró a opositores », Cooperativa, 12 de noviembre de 2021.
- Mauricio Palazzo, « Críticas en Chile a los dichos de José Antonio Kast quien aseguró que el Congreso ‘no es tan relevante’ », Infobae, 13 de agosto de 2025.