El referéndum siempre ha sido un acontecimiento decisivo en la historia de Chile. ¿Por qué el del domingo lo es también? ¿El plebiscito marcará, según usted, el final de las protestas y manifestaciones en Chile? 

El plebiscito es inédito porque es la primera vez en 210 años de historia que el pueblo de Chile podrá elegir las reglas de convivencia y diseñar sus reglas en la legitimidad suprema, es decir un texto constitucional. Nunca antes, en medio de esta monarquía Napoleónica que impera en Chile, el pueblo de Chile ha podido decidir sus reglas. Eso es inédito. El plebiscito será un paso institucional para resolver la crisis. El pacto social se rompió. Eso requiere un nuevo contrato. La Constitución es una oportunidad, no es una garantía. Pero, sí sabemos que, si gana el rechazo y no hay proceso constitucional, no habrá educación de calidad, gratuita, pública y laica en Chile. Con la nueva Constitución se abre una puerta para lograrlo.

¿Por qué cree que es importante cambiar la Constitución chilena? ¿Qué hay que cambiar en la Constitución? ¿Y qué cambiará en la vida de los chilenos?

La actual Constitución es una mala constitución porque es ilegítima en su origen. Es del siglo pasado. Pero también porque tiene silencios, por ejemplo en términos del derecho al trabajo, el derecho de los niños y niñas y adolescentes, o incluso una concentración del poder que está en el capítulo de la arquitectura del Estado de Chile. No tenemos federalismo, ni descentralización, un conjunto de conceptos que deberían agregarse. Pero, sobre todo, primero está el concepto de Estado subsidiario. En Chile, la Constitución le otorga al mercado la prioridad de resolver el acceso, por ejemplo, a los derechos sociales: educación, salud. Ese concepto de Estado que subsidia el mercado puede ser modificado mediante este proceso constituyente. Nosotros esperamos un resultado de dos tipos. Primero, que gane el “Apruebo” a una Asamblea Constitucional y que la participación sea alta. En Chile, el voto es voluntario, por lo tanto tiene alta trascendencia la cantidad de gente que vote o no vote. Y por eso es importante que se den estos dos resultados en términos de la legitimidad del proceso. 

El plebiscito será un paso institucional para resolver la crisis. El pacto social se rompió. Eso requiere un nuevo contrato. La Constitución es una oportunidad, no es una garantía.

Marco Enríquez-Ominami

¿Cuál será según usted la reacción del gobierno de Piñera si gana el « Sí »?

Cuando gane el “Apruebo”, con alta participación, esa noche Sebastian Piñera será un presidente sin iniciativa, aislado. Su propio sector lo abandonará y entonces tendrá el país la oportunidad de una nueva política económica en medio de esta pandemia, de un mayor nivel de protección, puesto que Chile, a diferencia de otras economías, tiene las herramientas para proteger mejor a su pueblo. Tiene una baja deuda pública, tiene ahorro fiscal, tiene buenas calificaciones internacionales, tiene acceso, a bajo costo, al dinero para avanzar hacia una renta básica universal provisoria. La derrota del proyecto del rechazo, que es la opción que sostiene Piñera, tendrá consecuencias en la gobernanza nacional. 

Hace poco entrevistamos a Mercedes d’Alessandro y conversamos sobre la cuestión del ingreso universal. ¿Se está dando algún tipo de conversación en torno a ese tipo de políticas públicas en el seno del Grupo de Puebla y dentro de la izquierda chilena?

El grupo de Puebla no ha planteado una vez, sino muchas veces, la necesidad de una renta básica universal como política contracíclica, pero también como política continental, que tiene un costo de entre 2 y 3 puntos del producto interno bruto de América Latina, lo que la hace perfectamente viable. Ya han demostrado los países en los que se han hecho cosas parecidas que ha logrado reactivar la economía. Ha permitido contener las caídas estrepitosas de las economías donde se han aplicado. Sí hemos propuesto la idea de una renta básica universal provisoria.

Cuando gane el “Apruebo”, con alta participación, esa noche Sebastian Piñera será un presidente sin iniciativa, aislado. Su propio sector lo abandonará y entonces tendrá el país la oportunidad de una nueva política económica en medio de esta pandemia, de un mayor nivel de protección.

Marco Enríquez-Ominami

¿Una victoria del « Sí » dejaría pensar en un posible retorno de la izquierda al poder en las próximas elecciones presidenciales? ¿Y sería también una victoria para la izquierda latinoamericana?

La izquierda ganará las elecciones presidenciales. Pero hoy se trata de un plebiscito, se trata de acordar juntos reglas de convivencia. Entonces, hoy en día no se trata tanto de un triunfo de la izquierda, sino de un país que pueda regalarse a sí mismo un momento institucional fundacional. Ya veremos lo de la salida de esas políticas para cargos uninominales. El triunfo del “Apruebo”, claro, se inscribe también dentro de un giro en el continente al que asistimos en México, Argentina, Bolivia. Va a ocurrir en Chile y va a ocurrir en Ecuador. Se volverán a imponer valores democráticos que han sido debilitados por los gobiernos conservadores.

Hoy se trata de un plebiscito, se trata de acordar juntos reglas de convivencia. Entonces, hoy en día no se trata tanto de un triunfo de la izquierda, sino de un país que pueda regalarse a sí mismo un momento institucional fundacional.

Marco Enríquez-Ominami

Cuando conversamos con usted hace casi un año, hablamos del retorno de la derecha en Latinoamérica pero también de la victoria en ese momento de la izquierda en Argentina. ¿Qué puede decir ahora con, por ejemplo, la victoria del MAS en Bolivia? 

El triunfo del MAS es un triunfo que inspira a los demás procesos. Es la prueba que una fuerza tranquila de cambio es imparable. Y por sí mismo es una fuerza pacificadora, de justicia social. El triunfo en Bolivia es la reparación democrática, es la normalización democrática y es el inicio, junto al proceso argentino y mexicano, de un debate democrático intenso dentro de un Estado de derecho.

¿Cuál es el papel y la importancia del Grupo de Puebla en esos procesos?

El grupo de Puebla es un grupo de reflexión y de coordinación política que aspira a aumentar la integración de los pueblos, la integración de un continente que es, hoy en día, el continente más golpeado en materia sanitaria y económica del mundo. Y dentro del continente, América del Sur, la región más golpeada. Por lo tanto, el grupo de Puebla intensifica su agenda para promover el debate, proponer políticas continentales en materia de deuda, de protección social, incluso de gasto militar. El grupo de Puebla ve con alegría el triunfo de valores progresistas, de valores de justicia social, en los distintos procesos electorales. El grupo de Puebla tiene entre sus miembros a los protagonistas de esos procesos y se siente interpelado a intensificar su tarea autoimpuesta de aumentar el debate y las propuestas.

Para nosotros es fundamental que la OEA sea un espacio multilateral de integración y no de división. Y la OEA hoy es un factor de división, de desconfianza, incluso asociado a denuncias que son fraudulentas y que han provocado muerte, miedo y exilio

Marco Enríquez-Ominami

El Grupo de Puebla pide la renuncia de Almagro, cuya participación en el golpe de Estado en Bolivia se ha demostrado y que ha criticado también las protestas en Chile. ¿Diría que el conflicto o adversidad entre el Grupo de Puebla y la OEA solo reside en la persona de Almagro? ¿Qué piden realmente a través de la renuncia de Almagro?

Para nosotros es fundamental que la OEA sea un espacio multilateral de integración y no de división. Y la OEA hoy es un factor de división, de desconfianza, incluso asociado a denuncias que son fraudulentas y que han provocado muerte, miedo y exilio, y nos parece entonces que una institución tan importante como esa no puede estar en manos de liderazgos que sólo piensan en ideologías, en aumentar el poder de un sector político y no pensar en la gran América Latina y Caribe que necesita unión y no división. 

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