El 1 de septiembre de 2017, en el marco de la «Jornada del Conocimiento», Vladimir Putin declaró: «La inteligencia artificial es el futuro, no solo de Rusia, sino de toda la humanidad. Genera a la vez perspectivas colosales y amenazas cuya magnitud aún es difícil de evaluar. Quien ocupe una posición dominante en este ámbito se convertirá, de inmediato, en el señor de este mundo». 1

A primera vista, no sería de extrañar, pues, que Andréi Belusov, el ministro de Defensa ruso, anunciara, con tono entusiasta, el pasado 23 de junio, que las Fuerzas Armadas rusas están incorporando cada vez más activamente elementos de inteligencia artificial, complejos robóticos y sistemas de mando integrados con vistas a su uso en combate. 2 Siguiendo una lógica similar, las revistas pro-Kremlin cercanas al Ministerio de Asuntos Exteriores multiplican las publicaciones analíticas en las que se expone al público especializado cómo los Estados extranjeros a la vanguardia de esta tecnología están convirtiendo poco a poco la inteligencia artificial en un componente imprescindible de los conflictos armados. Los círculos militares y políticos rusos siguen muy de cerca la evolución del sistema Gospel, que utiliza Israel para analizar datos de vigilancia en busca de personas, equipos y edificios del bando contrario antes de transmitir recomendaciones sobre objetivos a bombardear, o también las del Maven Smart System de Palantir, que proporciona análisis de imágenes de satélite y asistencia en la toma de decisiones, especialmente en el marco de la guerra entre Rusia y Ucrania.

¿En qué situación se encuentra realmente Rusia y cuáles son sus ambiciones concretas? Resulta aún más complicado orientarse en estas cuestiones, ya que muchos análisis están inspirados, ante todo, por fines políticos, ya se trate de medios de comunicación de la oposición, dispuestos a minimizar los recursos técnicos de Rusia para poner de relieve la incapacidad del Estado ruso, o de medios estadounidenses que agitan el «pañuelo rojo» del «frente digital» abierto por Rusia con el fin de justificar nuevas inversiones del Departamento de Defensa de Estados Unidos.

En realidad, la postura rusa se presenta de forma ambivalente. Por un lado, se aprecia una tensión fundamental entre dos opciones: alcanzar una supremacía real en el ámbito de la inteligencia artificial; y, en caso de no lograrlo —lo cual es poco probable—, abogar por restricciones internacionales al uso de esta tecnología con el fin de conservar, al menos, una supremacía relativa. Por otro lado, la dependencia tecnológica y la escasa inversión científica de Rusia la condenan a quedarse rezagada respecto a sus principales competidores occidentales en este ámbito, al tiempo que le proporcionan, a pesar de todo, una capacidad multiplicada por diez para causar daño en materia de desinformación y control de su propia población.

La IA militar rusa

La inteligencia artificial ocupa un lugar central en los debates sobre la evolución actual de la táctica y la estrategia militares, debido a las posibilidades sin precedentes que ofrece en la búsqueda y el tratamiento de la información (sobre todo cuando los datos en cuestión son heterogéneos, contradictorios, inciertos y de gran volumen), la producción y transmisión automatizada de órdenes ejecutivas y el apoyo a la toma de decisiones, todo ello en plazos extremadamente cortos. Si bien la invasión de Ucrania ha acelerado la adopción de elementos de inteligencia artificial por parte de Rusia, esta, en cualquier caso, no tenía más remedio que adaptarse a esta nueva realidad. Sin embargo, los resultados no parecen estar a la altura de las expectativas de sus estrategas más optimistas.

Por parte de Rusia, el principal ámbito de aplicación de la inteligencia artificial en la conducción de operaciones militares se centra en los medios de combate o de apoyo autónomos y semiautónomos. Así, Rusia cuenta con el dron de combate pesado S-70 Okhotnik, concebido como un «compañero de vuelo leal» (loyal wingman) del caza Su-57, capaz de desempeñar funciones de copiloto en tiempo real. Las operaciones en curso en Ucrania también han llevado a Rusia a aumentar la autonomía de los drones de ataque: así, el 3 de julio, un asesor del ministro de Defensa ucraniano anunció que las Fuerzas Armadas rusas habían desplegado masivamente en la región de Zaporizhia nuevos modelos del dron Molniya, equipados únicamente con un ordenador de a bordo y una cámara que les permiten prescindir del pilotaje humano y, por tanto, de las telecomunicaciones que podrían verse obstaculizadas por las técnicas actuales de interferencia. 3 Las próximas semanas dirán si estos modelos constituirán una respuesta suficiente a los drones Hornet utilizados por Ucrania, que también se basan en la inteligencia artificial y causan daños considerables a las instalaciones petroleras rusas. Por el contrario, no parece que los ya antiguos modelos rusos —y con resultados dispares— de drones terrestres y navales autónomos (los distintos sistemas «Uran» utilizados en Siria o el vehículo submarino «Poseidón») incorporen elementos de inteligencia artificial. En definitiva, el uso que Rusia hace de esta tecnología sigue estando muy por debajo del de Ucrania, que ha dado este giro de forma mucho más temprana y decidida, con el apoyo de sus socios occidentales.

Una de las cuestiones pendientes en este sentido es la capacidad de Rusia para sacar partido de una nueva herramienta digital de apoyo a la toma de decisiones basada en la inteligencia artificial. El sistema «Svod» fue presentado en enero de 2026 por el Ministerio de Defensa ruso como una herramienta que permite recopilar y fusionar diversas fuentes de información (datos satelitales, fotografías aéreas, informes de inteligencia y datos procedentes de fuentes abiertas), analizarlas, modelar los posibles escenarios de evolución de la situación táctica y proponer a los mandos las opciones más adecuadas. 4 Aunque se supone que su despliegue en primera línea está en marcha desde abril de 2026, resulta difícil pronunciarse sobre su eficacia en este mes de julio, en el que Rusia, por segunda vez este año, acaba de perder en un mes más territorio del que ha ganado. 5

El uso de la IA por parte de Rusia sigue estando muy por debajo del de Ucrania, que ha dado este giro de forma mucho más temprana y decidida.

Guillaume Lancereau 

Estas consideraciones no deben dar a entender que Rusia no esté interesada en la inteligencia artificial. Más bien al contrario: según algunos analistas, Rusia sería incluso, junto con China, una de las grandes potencias militares más decididas a centrarse, en los próximos años, en la «autonomía real de la inteligencia artificial», definida como «un conjunto de tecnologías de IA integradas en el propio misil, dron o robot que permiten al sistema llevar a cabo una misión por sí mismo, sin instrucciones humanas ni dependencia de fuentes de datos externas, en aquellas situaciones en las que dicha autonomía proporciona una ventaja decisiva». 6 Rusia y China serían, por tanto, los actores más decididos a disponer, en un futuro próximo, de máquinas totalmente autónomas, diseñadas para entornos de intensa guerra electrónica, mientras que los países occidentales seguirían mostrándose cautelosos ante estos posibles usos. No obstante, cabe destacar aquí que esta interpretación, aunque propuesta en un medio de referencia estadounidense, busca en gran medida presentar a Rusia como un contrapunto y una amenaza para Occidente, sin aportar elementos técnicos que respalden su análisis.

En realidad, la IA militar rusa sigue enfrentándose a numerosos obstáculos, empezando por su total dependencia de los componentes occidentales. Según datos de los servicios de inteligencia ucranianos, que recogen 5.350 componentes electrónicos recuperados de diversos sistemas de armamento y plataformas no tripuladas rusas, la inmensa mayoría de los componentes directamente relacionados con las funciones de inteligencia artificial son de origen occidental. En las tres categorías en cuestión (sensores, procesadores y memoria), las empresas con sede en Estados Unidos representan una proporción abrumadora, de hasta el 69 % de los componentes de almacenamiento. La cadena de suministro de sensores está más diversificada geográficamente, pero Estados Unidos sigue a la cabeza, con alrededor del 38 % de los componentes, seguido de China (alrededor del 16 %), Japón y los Países Bajos. Suiza también constituye un importante punto de origen, sobre todo en el ámbito de los procesadores. 7 El hecho de que estas importaciones sigan realizándose a través de terceros países pone de manifiesto la porosidad de las sucesivas «series de sanciones», pero estas restricciones —sobre todo en materia de semiconductores y microprocesadores— suponen, a pesar de todo, un freno real a los avances tecnológicos rusos en este ámbito.

Queda la cuestión del sustituto chino. China ya suministra alrededor del 16 % de los sensores registrados y su proporción aumenta a medida que se reorganizan las vías alternativas. Pero esta sustitución se enfrenta a dos limitaciones. Técnicamente, los procesadores chinos más avanzados siguen dependiendo a su vez de equipos de litografía occidentales y se destinan prioritariamente a satisfacer las necesidades chinas. Políticamente, Pekín podría dosificar sus suministros para no exponerse a sanciones secundarias estadounidenses y no tiene ningún interés estratégico en dotar a su vecino de una autonomía tecnológica real: la dependencia de Rusia es para China una ventaja, no un problema que resolver.

Varios observadores también han destacado ciertas deficiencias y rigideces del entorno técnico, jurídico, científico e institucional ruso. Las empresas del sector de la defensa ruso, empezando por las de los grupos Rostec y Morinformsystem-Agat, se ven afectadas por las regulaciones burocráticas y la desconfianza mutua entre el poder político y los responsables militares. Además, presentan una escasez estructural de personal cualificado, al igual que los institutos centrales de investigación del Ministerio de Defensa ruso. En 2021, el primero de estos institutos ofrecía un puesto de investigador especializado en matemáticas aplicadas y sistemas automatizados de mando con un salario de entre 400 y 540 dólares. 8 La falta de atractivo de los puestos reservados a trabajadores calificados es una de las dificultades estructurales a las que se enfrentan las autoridades rusas. Vladimir Putin lo subrayó, por otra parte, en su discurso del 5 de septiembre de 2025, al clausurar el Foro Económico Oriental, recordando que la construcción de una economía rusa capaz de proyectarse hacia el futuro dependía de la capacidad del Estado para garantizar remuneraciones dignas a estas categorías profesionales. En estas circunstancias, las previsiones revelan un desfase evidente: mientras que las personas que trabajan en el sector de la IA en Rusia ascienden actualmente a decenas de miles, la Estrategia Nacional prevé unas necesidades de hasta un millón de operadores, técnicos, ingenieros y programadores de aquí a 2030, al tiempo que se prevé que solo se titulen 15.000 personas al año.

La IA militar rusa sigue enfrentándose a numerosos obstáculos, empezando por su total dependencia de los componentes occidentales.

Guillaume Lancereau 

El estado del ecosistema civil, cantera natural de las aplicaciones militares, confirma este diagnóstico. Es cierto que Rusia cuenta con modelos de lenguaje nacionales (GigaChat de Sber, YandexGPT), pero estos van varias generaciones por detrás de sus equivalentes estadounidenses y chinos, debido a la falta de acceso a procesadores gráficos de última generación, cuya importación resulta costosa e incierta a causa de las sanciones. La capacidad de cálculo instalada en territorio ruso representa una fracción marginal de la de Estados Unidos o China, 9 y no existe ningún plan creíble de producción nacional de semiconductores avanzados en un futuro previsible. El «doble uso» solo puede funcionar en un sentido: un sector civil debilitado no puede alimentar al de la defensa.

Por último, la corrupción y la opacidad institucional siguen siendo un obstáculo constante para el desarrollo de Rusia, incluso en el ámbito de las tecnologías de inteligencia artificial. Esta situación es, sin duda, una de las principales razones por las que Rusia, que se sitúa entre los primeros países del mundo en cuanto a volumen de financiación pública de la investigación por habitante, sigue ocupando el puesto 60 en el Índice Mundial de Innovación, por detrás de Armenia, México y Marruecos. La designación de los centros beneficiarios de los 13.600 millones de rublos asignados a la inteligencia artificial para el periodo 2021-2026 se llevó a cabo, por tanto, de forma totalmente discrecional a partir de una lista predefinida por el gobierno. Las grandes empresas rusas solicitan regularmente al Estado financiación por valor de cientos de millones de rublos sin poder justificar su uso. Las estructuras que se supone que representan a estos actores suelen parecer meras estructuras vacías sin otra función que la de monopolizar el mercado y los flujos de dinero público asociados. 10

Es cierto que la infraestructura institucional rusa está en plena transformación. Se están estudiando la creación de centros de formación, academias militares especializadas y agencias de desarrollo de la inteligencia artificial, cuando es que aún no se han puesto en marcha. El gobierno está incorporando la formación relacionada con los sistemas autónomos y la IA en colegios, universidades, institutos técnicos y otras ramas profesionales. No obstante, más allá de las posibles previsiones a cinco o diez años vista, Rusia no parece, en estos momentos, capaz de cumplir sus propias expectativas. 

La IA vista desde el Kremlin

Los expertos y responsables rusos son conscientes de que la inteligencia artificial podría suponer, en un futuro próximo, una auténtica revolución en la práctica de la guerra. Por esta misma razón, reconocer que Rusia ocupa tan solo una posición muy secundaria en este ámbito equivaldría a admitir que las Fuerzas Armadas rusas están a punto de sufrir un retraso insuperable. Por lo tanto, una visión realista de las capacidades concretas de Rusia solo permite a los actores pro-Kremlin recurrir a dos tipos de discurso: minimizar la eficacia real de la inteligencia artificial empleada por el enemigo o calificarla de amenaza para la paz y la seguridad mundiales con el fin de instar a las instituciones internacionales a regularla.

La primera opción es, evidentemente, la que adoptó la revista del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso en febrero de 2026, cuando dio la palabra a un tal Aleksei Leonkov, presentado como «experto militar». Según este, la contraofensiva lanzada por las Fuerzas Armadas de Ucrania en 2023 habría fracasado debido a una confianza excesiva en la inteligencia artificial: «Elaboraron seis escenarios diferentes. Todos eran victoriosos. Cada uno garantizaba al 100 % que las fuerzas ucranianas llegarían a las costas del mar de Azov y ‘dividirían en dos’ a nuestras unidades en el eje de Zaporizhia. Todo era perfecto. Después, vimos cómo las tres oleadas sucesivas de esa ofensiva, por decirlo de forma sencilla, se estrellaban contra los mismos puntos y sufrían una derrota aplastante. En otras palabras, nuestro Estado Mayor General se impuso a la inteligencia artificial. La inteligencia humana superó a la inteligencia artificial, y por mucho. La inteligencia artificial, sencillamente, no supo modelar correctamente las acciones de nuestras Fuerzas Armadas ni tener en cuenta el factor de la ‘astucia militar’. 11

Sin embargo, no hay ningún hecho que respalde esta tesis. Las afirmaciones de Leonkov son imposibles de verificar, no las recoge ninguna otra fuente y reducen a un único factor —bastante secundario, por cierto— un fracaso que, en realidad, se explica por una pluralidad de motivos. Si, además, hubiera que destacar solo uno, se trataría más bien de la excesiva cautela y de los retrasos de los países occidentales en el suministro del equipamiento militar necesario para Ucrania.

Una visión realista de las capacidades concretas de Rusia solo permite a los actores pro-Kremlin recurrir a dos tipos de discurso: minimizar la eficacia real de la inteligencia artificial empleada por el enemigo o presentarla como una amenaza para la paz y la seguridad mundiales.

Guillaume Lancereau

Este argumento, difícil de defender, es, por tanto, bastante marginal en las publicaciones pro-Kremlin, que suelen dar prioridad a un enfoque crítico sobre la forma en que los Estados occidentales utilizan la inteligencia artificial. El pasado 19 de enero, un artículo de dos profesores rusos que imparten clases en el Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú, en el Instituto Nacional de Investigación sobre Seguridad Mundial y en la Academia Diplomática, exponía las lógicas supuestamente contradictorias que subyacen a la concepción «occidental» y a la concepción «oriental» de la inteligencia artificial. En el caso de Estados Unidos, los autores destacaban una serie de medidas aplicadas entre finales de 2025 y principios de 2026 por el presidente Donald Trump, 12 para concluir que todo Occidente se había sumado a la lógica del «AI-First», es decir, a un sistema estructurado en torno a los algoritmos, en el que la inteligencia artificial sería el único fundamento de todas las operaciones militares, desde la inteligencia hasta la logística. 13 Según ellos, el enfoque desarrollado por «Oriente», es decir, por China, sería propiamente la antítesis del de Estados Unidos: una inteligencia artificial «abierta» y no privatizada, basada en la regulación, la cooperación y la descentralización, frente a las lógicas que favorecen la hegemonía, la competencia y el monopolio de empresas como NVIDIA y OpenAI. Este enfoque sería, en términos más generales, el adoptado por los BRICS, siempre sensibles a las cuestiones de equidad internacional, mientras que Estados Unidos solo tendría en mente su propio dominio internacional. La mala fe de estas conclusiones salta a la vista si las comparamos con cualquier otro ámbito en el que Rusia ocupe una posición más sólida; por citar solo este ejemplo, se espera el día en que las autoridades rusas promuevan un enfoque abierto, descentralizado y equitativo respecto a los misiles y el armamento estratégico de que disponen.

Los mismos autores acusan, además, a Estados Unidos de retirarse unilateralmente de todas las iniciativas mediante las cuales la comunidad internacional se esfuerza por regular los usos, en particular los militares, de la inteligencia artificial, empezando por una serie de resoluciones de las Naciones Unidas aprobadas a lo largo del año 2025. Haciendo eco de esta publicación, dos investigadores del Instituto Nacional de Investigación sobre Economía Mundial y Relaciones Internacionales de la Academia de Ciencias de Rusia publicaron el pasado mes de noviembre un artículo de síntesis en el que se contrapone la lógica estadounidense —indiferente a cualquier forma de control externo e interno de la inteligencia artificial— con la doctrina expuesta en 2023 por Rusia ante el grupo de expertos gubernamentales reunido en Ginebra bajo los auspicios de la Convención de las Naciones Unidas sobre ciertas armas convencionales. 14 El documento de trabajo presentado por la Federación Rusa insistía, en efecto, en la necesidad de garantizar un uso militar de la inteligencia artificial que respetara las normas del derecho internacional, incluido el derecho internacional humanitario. Este documento concluía con la siguiente formulación: «Al aplicar las presentes orientaciones conceptuales, las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa se esforzarán por utilizar las tecnologías que incorporan la inteligencia artificial en interés de la defensa nacional, respetando estrictamente las normas del derecho internacional». 15 Los autores de este resumen llegaban incluso a plantear a nivel internacional la cuestión de «considerar los sistemas militares autónomos y semiautónomos dotados de elementos de inteligencia artificial como armas de destrucción masiva», con el fin de frenar la carrera armamentística impulsada por las grandes potencias. 

Control y desinformación

Debido a estas limitaciones técnicas y ambivalencias políticas, algunos comentaristas de la oposición rusa tienden a concluir que todos los anuncios del Estado ruso en materia de inteligencia artificial no son más que humo. Así se podía leer en las páginas de Novaya Gazeta el pasado mes de marzo: «Hay que afirmar sin la menor duda que todas las iniciativas del gobierno ruso en este ámbito son pura ciencia ficción. Todo esto no es más que ruido: un ruido de fondo en forma de declaraciones grandilocuentes, montones de papeles e interminables procesos burocráticos que se asemejan más a una simulación de actividad que a un esfuerzo real». 16

Sin embargo, hay dos ámbitos en los que la capacidad de las autoridades rusas para utilizar la inteligencia artificial les garantiza una capacidad real de causar daño: la desinformación y la vigilancia de su propia población

En materia de desinformación, Rusia cuenta con una sólida arquitectura ofensiva que podría sacar el máximo partido de la integración de la inteligencia artificial. Un investigador del Belfer Center (Universidad de Harvard) señalaba al respecto que modelos como Claude Mythos, encargados de identificar y explotar las vulnerabilidades de los programas informáticos, podrían dar paso a una nueva era de ciberguerra que Rusia tendría los medios para afrontar desde una posición ventajosa. De hecho, cuenta desde hace mucho tiempo con grupos criminales semiautónomos que gozan de protección estatal, pero también con una doctrina contrastada en materia de guerra de información, en un contexto de escasas restricciones normativas. Rusia ni siquiera necesitaría desarrollar sus propias herramientas internamente: le bastaría con utilizar modelos de código abierto tan pronto como se publicaran para llevar a cabo diversas operaciones que van desde ciberataques hasta el sabotaje físico, pasando por la desinformación a gran escala. 17

Desde el punto de vista del Estado ruso, todas estas operaciones responden a una lógica estrictamente defensiva. La revista del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso llegó a afirmar en 2023 que el verdadero peligro que representa la inteligencia artificial proviene de las medidas de desinformación y manipulación de la información llevadas a cabo por los países occidentales, cuyas maquinaciones obligarían a los países de los BRICS a crearuna nueva plataforma de cooperación internacional en materia de ciberseguridad. 18 Por esta misma razón, el viceministro de Desarrollo Digital, Aleksandr Shoitov, anunció recientemente que la propia inteligencia artificial debía ser objeto de «censura» en Rusia, con la prohibición de determinados modelos y consultas; una propuesta claramente inconstitucional, dado que la Constitución rusa prohíbe cualquier forma de censura oficial en la Federación Rusa. 19

Sin embargo, hay dos ámbitos en los que la capacidad de las autoridades rusas para utilizar la inteligencia artificial les garantiza una capacidad real de causar daño: la desinformación y la vigilancia de su propia población. 

Guillaume Lancereau

Aquí, como en otros lugares, el discurso oficial y semioficial ruso consiste, por tanto, en una inversión pura y simple de la realidad. Hace años que los servicios rusos recurren a la inteligencia artificial para producir «deepfakes» en el marco de sus operaciones de información. En 2022, varios videos atribuidos a Rusia mostraban al presidente Volodomor Zelenski anunciando la rendición de Ucrania o al alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, pidiendo a sus homólogos europeos que repatriaran a Ucrania a los refugiados que habían huido de la guerra. Rusia ha desplegado medios similares con un empeño sistemático en su intento de recuperar el control de Armenia, en vísperas de unas elecciones que finalmente confirmaron la orientación proeuropea del país. En la misma línea, la inteligencia artificial alimenta la miríada de chatbots rusos diseñados para generar comentarios favorables a Rusia en las redes sociales. 

Las últimas operaciones a gran escala dirigidas contra Armenia, pero también contra Hungría y Moldavia, han puesto de manifiesto tanto la capacidad de injerencia de Rusia como la relativa inmunidad de amplios sectores de la sociedad civil frente a estas manipulaciones. Pero aún hay que ponerse de acuerdo sobre qué significa «fracasar» en este contexto. Como sugiere Ian Garner al referirse a lo que él denomina «slopaganda» —ese caldo visual generado por la IA, «producido en serie y difundido en las redes sociales con fines políticos»—, la eficacia de estos contenidos ya no se mide por su capacidad para convencer: su «efecto principal —y el más aterrador— no es simplemente asaltarnos con una única realidad falsa, sino, gracias a su poder de saturación, producir la sensación incesante de que todo podría ser falso». Desde este punto de vista, las campañas rusas no han fracasado necesariamente porque no hayan logrado cambiar la opinión pública: les basta con sembrar la duda y hacer que toda imagen y toda declaración resulten sospechosas, incluidas las de los actores proeuropeos, una operación rentable gracias al bajo costo de producción de estos contenidos, incluso con un rendimiento marginal.

Por el contrario, la propia población rusa corre el riesgo de sufrir de forma mucho más directa los efectos de una inteligencia artificial integrada en las herramientas de vigilancia, censura y control político. En la actualidad, Roskomnadzor ya hace un amplio uso de la inteligencia artificial para vigilar y bloquear internet en Rusia, tal y como ha revelado una reciente filtración de datos provocada por hackers bielorrusos. 20 Roskomnadzor lleva varios años desarrollando sistemas destinados a diversas tareas: el análisis continuo de las redes sociales y los medios de comunicación para detectar indicios de temas sensibles (movilización y bajas militares, protestas, contenidos LGBT, críticas al poder ruso); la detección de información prohibida en los textos publicados en línea; el reconocimiento de imágenes y videos para identificar en ellos llamamientos a la manifestación, montajes difamatorios contra el presidente o símbolos prohibidos. 

Otro ámbito especialmente delicado es el de la edición, que lleva meses siendo objeto de registros y procesos penales en serie por la publicación —incluso con carácter retroactivo— de obras contrarias a los «valores tradicionales». Asimismo, con el pretexto de proteger al público lector, Roskomnadzor pretende instaurar un sistema de censura previa de los libros: en este caso, se trataría de «proponer» a los editores que sometan sus manuscritos a la inteligencia artificial para determinar su conformidad con la nueva legislación sobre «propaganda de drogas» vigente en Rusia desde septiembre de 2025. No cuesta imaginar los medios técnicos de censura del mercado del libro que ofrecería este sistema si ya no se tratara únicamente de controlar la ausencia de promoción de estupefacientes, sino también la «validez» ideológica de las obras. 21

En un futuro próximo, la inteligencia artificial podría permitir a Roskomnadzor contrarrestar una de las estrategias más populares para eludir los bloqueos: las VPN. De hecho, las autoridades rusas están invirtiendo en un nuevo algoritmo basado en la inteligencia artificial, capaz de detectar los sitios espejo de las páginas bloqueadas analizando su contenido y no solo las direcciones IP, al tiempo que detecta el tráfico cifrado que transita por las VPN y ralentiza el acceso a determinados recursos considerados una amenaza por el Estado. 22

Por último, el siguiente paso que vislumbran algunos analistas consistiría en adoptar sistemas basados en la inteligencia artificial para controlar aún más las campañas políticas y las elecciones rusas, empezando por las elecciones a la Duma Estatal del otoño de 2026. 23 Aunque aún no se perciben con claridad las formas que podrían adoptar tales dispositivos, estas previsiones confirman la tendencia observada a lo largo de los párrafos anteriores. La inteligencia artificial no tendría como objetivo crear ex nihilo nuevos ámbitos de censura, desinformación, vigilancia o manipulación electoral, sino más bien dotar de una nueva dimensión y un alcance multiplicado por diez a las prácticas que el Estado ruso ya está llevando a cabo.

La inteligencia artificial supone tanto una promesa como una amenaza para la Rusia de Vladimir Putin: la promesa de medios militares, herramientas de ciberguerra y técnicas de vigilancia más eficaces; la amenaza de un retraso insalvable en el ámbito militar y de estrategias de respuesta cada vez más eficaces frente a los intentos de desinformación en el extranjero y de control de su propia población. 

Por lo tanto, los retos relacionados con la inteligencia artificial no se limitan a un conjunto de capacidades técnicas objetivas, sino que también tienen que ver con la percepción que tienen los distintos actores de sus propias capacidades técnicas y de las de sus adversarios. En el ámbito estrictamente militar, Jacquelyn Schneider, directora de la Hoover Wargaming and Crisis Simulation Initiative e investigadora del Center for International Security and Cooperation de la Universidad de Stanford, observaba que los actores tendían a acumular errores al depositar una confianza excesiva en las conclusiones de la inteligencia artificial, una herramienta a menudo diseñada para minimizar el grado de incertidumbre de sus respuestas, al tiempo que muestra una tendencia a la escalada y a las «alucinaciones» mayor que la de los seres humanos. La investigadora añadía que, en la mayoría de las simulaciones, los participantes, al sobreestimar el potencial militar de los sistemas de inteligencia artificial del adversario, mostraban una mayor propensión a atacar primero, apuntando especialmente a las fuerzas nucleares enemigas. 24

Este giro hacia los factores humanos también se aplica al frente informativo. Si la «slopaganda» rusa preocupa, no es porque imponga un relato alternativo coherente, sino porque «erosiona la realidad precisamente porque su razón de ser es disolverla». Mientras que la propaganda soviética pretendía crear una «certeza compartida» en torno a un futuro radiante, su heredera digital prospera «en el vacío interestelar de un hilo de noticias, donde cada afirmación está desconectada de su fuente y de sus consecuencias». El arma ya no es la mentira, sino la duda generalizada: un terreno en el que Rusia, al no poder competir tecnológicamente, conserva una ventaja comparativa indudable.

En definitiva, la verdadera «revolución en el arte de la guerra» impulsada por la inteligencia artificial quizá se base menos en la capacidad de cálculo y de evaluación de los datos sobre el terreno que en factores totalmente humanos: el sentimiento de vulnerabilidad y la confianza en los instrumentos casi divinos que hemos creado con nuestras propias manos.

Notas al pie
  1. «Открытый урок “Россия, устремлённая в будущее», kremlin.ru, 1 de septiembre de 2017.
  2. «Белоусов: ВС РФ активно внедряют элементы ИИ, робототехнические комплексы», TASS, 23 de junio de 2026.
  3. Ірина Левицька, «Росія почала масово застосовувати автономні “Молнії” з ШІ у Запоріжжі», Українська правда, 3 de julio de 2026.
  4. Vikram Mittal, «Russia’s New AI System Aims To Fix Front-Line Decision-Making», Forbes, 25 de enero de 2026.
  5. «Россия во второй раз с начала года за месяц потеряла больше территории, чем захватила», Агентство, 6 de julio de 2026.
  6. Vitaliy Goncharuk, «Chasing True AI Autonomy: From Legacy Mindsets to Battlefield Dominance», War on the Rocks, 15 de diciembre de 2025.
  7. Kateryna Bondar, How Russia is Building a Sovereign Drone Ecosystem for AI-Driven Autonomy, CSIS Wadhwani AI Center, abril de 2026, p. 36.
  8. Павел Лузин, «Искусственный интеллект и российская армия», Riddle, 19 de marzo de 2021.
  9. En 2025, Epoch AI estimaba que Estados Unidos albergaba alrededor del 75 % de la potencia de cálculo mundial dedicada a la IA y China el 15 %, mientras que el resto se repartía entre el conjunto de los demás países, incluida Rusia. El objetivo oficial ruso de alcanzar 1 exaflop acumulado en 2030 equivale a la potencia de un solo gran clúster occidental actual («Trends in AI Supercomputers», Epoch AI, 2025).
  10. «Стратегия развития ИИ в РФ : как пишут стратегии, когда горизонт планирования не больше года», Хабр, 19 de abril de 2026.
  11. «Эксперт Леонков рассказал о провале разработанного ИИ плана “контранступа” ВСУ из-за действий ГШ ВС РФ», Международная жизнь, 20 de febrero de 2026.».
  12. El decreto presidencial 14179 sobre la eliminación de obstáculos al liderazgo estadounidense en el ámbito de la inteligencia artificial, el lanzamiento de la Misión Génesis, la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos y la Estrategia de Aceleración de la Inteligencia Artificial.
  13. Анатолий Смирнов, Ирина Кохтюлина, «Искусственный интеллект массового поражения: стратегия военного доминирования США через ИИ», Международная жизнь, 19 de enero de 2026.
  14. Наталия Ромашкина, Дмитрий Стефанович, «Путь ИИ на военную службу», Россия в глобальной политике, 1 de noviembre de 2025.
  15. «О Концепции деятельности Вооружённых Сил Российской Федерации в сфере разработки и применения систем вооружений с использованием технологий искусственного интеллекта», documento de trabajo de la Federación Rusa, 6-10 de marzo y 15-19 de mayo de 2023.
  16. Антон Меркуров, «ГлюкGPT. В России померещился искусственно-государственный интеллект», Новая Газета, 3 de marzo de 2026.
  17. Naveen Krishnan, «Mythos in Moscow: Why Russia Will be the Relative Winner of AI Cyber Proliferation», Russia Matters, 30 de abril de 2026.
  18. Сергей Коротков, «Технологии искусственного интеллекта – новые возможности для Запада по дезинформации и манипуляции информацией в ИКТ-среде», Международная жизнь, 13 de diciembre de 2023.
  19. «В Минцифры призвали нарушить Конституцию, введя цензуру для искусственного интеллекта», Агентство, 13 de abril de 2026.
  20. Рина Николаева, Алеся Мароховская, Полина Ужвак, Катя Бонч-Осмоловская, Ирина Долинина, Соня Савина, «Внутри машины цензуры», Важные истории, 8 de febrero de 2023.
  21. «Минцифры привлекло искусственный интеллект для цензурирования новых книг», Агентство, 4 de septiembre de 2025.
  22. Анастасия Гаврилюк, «Алгоритмические упражнения : РКН будет фильтровать трафик с помощью машинного обучения», Forbes, 18 de enero de 2026.
  23. «Кремль создаст собственную ИИ-модель под выборы 2026 года», Агентство, 24 de marzo de 2026.
  24. Жаклин Шнайдер, «Обезьяна с гранатой. Главная угроза внедрения ИИ в военной сфере — некомпетентно», The Insider, 12 de mayo de 2026.