Política

El plan von der Leyen en Davos

Hace un momento, en Davos, ante el Foro Económico Mundial, la Presidenta de la Comisión Europea detalló la respuesta de la Unión a la Ley de Reducción de la Inflación. Para entender cómo se estructurará esta política industrial europea -que constituye en sí misma una revolución para la Comisión- hay que estudiarla de cerca. Les proponemos la primera traducción comentada, línea por línea.

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El Grand Continent
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La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, acaba de pronunciar un discurso en Davos en el que esboza cuál debe ser la respuesta europea a la Inflation Reduction Act, que sentó las bases de una política industrial europea, tema a menudo calificado de tabú en Bruselas. 

La respuesta se articula en cuatro componentes: una mejora del marco reglamentario favorable a las tecnologías «limpias», una reducción de las normas sobre ayudas estatales, paralelamente a la creación de un «fondo de soberanía», cuyo financiamiento aún está por definir. Una revolución del talento «para impulsar la transición», y acuerdos de libre comercio «justos y abiertos» en favor de la neutralidad del carbono deberían acompañar este esfuerzo. 

Señoras y señores,

Lieber Klaus,

Querida Olena,

Desde hace casi un año, Ucrania impresiona al mundo. Aquella trágica mañana de febrero, muchos predijeron que Kiev caería en cuestión de días. Pero eso sin contar con el valor moral y físico del pueblo ucraniano. Contra todo pronóstico, resistieron la invasión rusa y repelieron al agresor. Y ni los implacables ataques de Rusia contra la población civil ni el espectro de un invierno despiadado han hecho flaquear su determinación. El año pasado, su país conmovió al mundo e inspiró a toda Europa. Y puedo asegurarles que Europa siempre estará a su lado.

Fueron muchos los que cuestionaron la indefectibilidad de este apoyo. Pero hoy, los países europeos suministran cada vez más armas críticas a Ucrania. Acogemos a unos cuatro millones de ucranianos en nuestras ciudades, hogares y escuelas. Y hemos adoptado las sanciones más duras de la historia, que han hecho retroceder diez años a la economía rusa y han privado a su industria de tecnología moderna esencial. No habrá impunidad para los crímenes cometidos. Y no cejaremos en nuestro apoyo inquebrantable a Ucrania. Ya se trate de ayudar a restablecer el suministro de electricidad, calefacción y agua, o de preparar la reconstrucción a largo plazo. Y para reafirmar este apoyo, ayer anunciamos que la Comisión proporcionará ayuda financiera por valor de 3 mil millones de euros. Se trata de la primera parte del paquete de ayudas de 18 mil millones de euros para 2023. Esta ayuda reforzará la estabilidad financiera de Ucrania, le ayudará a pagar salarios y pensiones y a mantener en funcionamiento hospitales, escuelas y servicios de vivienda. Estaremos con ustedes el tiempo que sea necesario.

Desde el 24 de febrero, casi 8 millones de ciudadanos ucranianos han cruzado las fronteras europeas. Los países europeos que más personas han acogido huyendo de la guerra son Polonia, Alemania y la República Checa. Aunque los ciudadanos ucranianos no necesiten visa para viajar a un Estado europeo, con el fin de facilitar los trámites de asentamiento, el 4 de marzo de 2022 se adoptó la Directiva de Protección Temporal, que da a los nacionales ucranianos acceso a un permiso de residencia, educación, atención médica, vivienda, mercado laboral y asistencia social. El mecanismo estará en vigor durante un año y podrá prorrogarse hasta tres años. 

Un día antes del inicio de la invasión rusa de Ucrania, la Unión adoptó su primer paquete de sanciones que restringen el acceso a los mercados europeos de capitales y servicios financieros. Desde entonces, los 27 han seguido imponiendo sanciones con regularidad para minar la capacidad de Rusia de prolongar la guerra. El 16 de diciembre de 2022, se adoptó un noveno paquete de sanciones que imponía nuevas restricciones a las exportaciones de bienes y tecnologías de doble uso -que pueden utilizarse en el sector de la defensa y la seguridad-, pero también se dirigía a los sectores de la energía, la radio y la banca. El 5 de febrero entrará en vigor el embargo sobre los productos petrolíferos rusos -gasóleo, fuel-oil, gasolina, etc.-, que reducirá considerablemente la cantidad de dinero que los europeos pagan diariamente a Rusia por los hidrocarburos importados.

Estas sanciones económicas están teniendo un efecto innegable en la economía rusa. En diciembre, el déficit presupuestario ruso alcanzó los 3.9 billones de rublos, casi 53 mil millones de euros. Desde la introducción de un tope de 60 dólares por barril para el petróleo ruso por parte de la «coalición para el tope de precios», el precio del barril de petróleo ruso «Ural» ha bajado. El 16 de enero de 2023 se vendía a 55 dólares, frente a los casi 100 dólares de junio.

Y la respuesta de Europa a la guerra es el último ejemplo de la capacidad de nuestra Unión para unirse cuando es absolutamente necesario. Tomemos el caso de la energía. Hasta hace un año, Europa dependía en gran medida de los combustibles fósiles rusos, una dependencia acumulada durante décadas. Esto nos hizo vulnerables a los cortes de suministro, las subidas de precios y la manipulación del mercado por parte de Putin. En menos de un año, Europa se ha liberado de esa peligrosa dependencia. Hemos sustituido casi el 80% del gas ruso transportado por gasoducto. Hemos llenado nuestras instalaciones de almacenamiento y reducido nuestra demanda: más de un 20% en el periodo de agosto a noviembre. Y gracias a nuestros esfuerzos colectivos, hemos bajado los precios de la gasolina más rápido de lo que nadie podía prever. Tras tocar techo en agosto, los precios europeos del gas natural han caído ahora un 80%, hasta situarse por debajo de los niveles anteriores a la guerra de Ucrania. Europa ha demostrado una vez más el poder de su voluntad colectiva.

El 18 de mayo de 2022, la Comisión dio a conocer el plan RePowerEU, basado en cuatro líneas de acción: ahorrar energía, diversificar los suministros, sustituir rápidamente los combustibles fósiles por energías renovables (objetivo del 45% de la combinación energética para 2030) y combinar inversiones y reformas inteligentes. El objetivo es que la Unión sea independiente de los combustibles fósiles rusos mucho antes de 2030.

Desde entonces, se han tomado una serie de decisiones puntuales y coyunturales, entre ellas, la exigencia de llenar las reservas de almacenamiento al menos hasta el 80% en noviembre de 2022 y hasta el 90% en los próximos inviernos, la reducción voluntaria global del 10% del consumo bruto de electricidad y el objetivo vinculante de reducir el 5% del consumo eléctrico máximo, la reducción voluntaria del 15% de la demanda de gas natural entre el 1 de agosto de 2022 y el 31 de marzo de 2023, precios máximos para los generadores submarginales de 180 euros/MWh, la compra conjunta de gas y precios máximos del gas. También se espera que la Comisión presente una propuesta sobre la reforma del mercado eléctrico antes de marzo de 2023. En la actualidad, el llenado de las reservas de gas natural (82% al 11 de enero), unido a una reducción de la demanda global, un aumento de las importaciones de gas natural licuado, así como unas temperaturas invernales superiores a la media, han provocado una caída del precio del contrato TTF a un mes de casi 84% desde los máximos alcanzados en agosto, pasando de casi 350 euros/MWh a 55 euros de media el 16 de enero de 2023.

Sin embargo, no hay lugar para la complacencia: estos tiempos de pandemia y guerra son especialmente difíciles para las familias y las empresas. Y tendremos que mostrar la misma determinación ante estas crisis en cascada. Como indica su informe sobre riesgos globales. Asistimos a una inflación galopante que encarece el costo de la vida y de los negocios. Vemos cómo se utiliza la energía como arma. Vemos amenazas de guerras comerciales y el retorno de una geopolítica de confrontación. A eso se suma el cambio climático, cuyo costo ya es inmenso y no nos deja tiempo que perder para hacer la transición a una economía limpia.

La inflación en la eurozona se duplicó con creces entre febrero y octubre de 2022, debido principalmente al aumento del costo de la energía. En los países bálticos superó el 20%, mientras que las mayores economías europeas, como Alemania e Italia, registraron subidas de precios interanuales superiores al 10% en octubre y noviembre de 2022. La interrupción de las cadenas de suministro causada por la guerra también ha provocado un aumento de los precios de los alimentos en todo el mundo, con efectos catastróficos en los países africanos, Asia y América Latina.

La transición hacia una industria neutra en carbono ya está provocando enormes transformaciones industriales, económicas y geopolíticas, las más rápidas y profundas que hemos visto en toda nuestra vida. Está transformando la naturaleza del trabajo y la forma de nuestra industria. Pero estamos en los albores de algo mucho mayor. Piénsenlo: en menos de tres décadas queremos lograr la neutralidad en carbono. 

La Unión aspira a ser neutra en emisiones de carbono para 2050 y a reducir para 2030 sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 55% respecto a los niveles de 1990. Este objetivo se precisó en 2022 mediante dos acuerdos provisionales entre el Consejo y el Parlamento. Para los sectores no cubiertos por el régimen de comercio de derechos de emisión de la Unión Europea -transporte por carretera y marítimo, edificios, agricultura, residuos e industria- es del 40%. Para los demás sectores, la reducción es del 62%.

Pero conseguirlo significa que tenemos que desarrollar y utilizar toda una serie de nuevas tecnologías limpias en todos los sectores de nuestra economía: en el transporte, los edificios, la industria manufacturera y la energía. En las próximas décadas se producirá la mayor transformación industrial de nuestro tiempo, quizá la mayor de la historia. Y quienes diseñen y desarrollen las tecnologías que sustentarán la economía del mañana tendrán la mayor ventaja competitiva. 

La magnitud de la oportunidad que esto representa es evidente. La Agencia Internacional de la Energía calcula que en 2030 el valor de mercado de las tecnologías de energías limpias fabricadas a gran escala se acercará a los 650 mil millones de dólares anuales, más del triple que en la actualidad. Para avanzar en esta carrera competitiva, debemos seguir invirtiendo en reforzar nuestra base industrial y hacer que Europa sea más favorable a la inversión y la innovación. 

Esto es lo que atrae a los inversionistas en los diversos mercados de tecnologías limpias de todo el mundo. Aquí en Europa, hemos tomado la iniciativa con el Pacto Verde por Europa para marcar el rumbo hacia la neutralidad climática en 2050. Hemos consagrado por ley nuestro objetivo de neutralidad de carbono para ofrecer a las empresas la previsibilidad y transparencia que necesitan. Además, agregamos la fuerza en materia de inversión que nos dan NextGenerationEU, nuestro plan de inversión de 800 mil millones de euros, el Fondo de Transición Justa y otros instrumentos económicos. 

En sus planes nacionales de recuperación, los Estados miembros se han comprometido a destinar al menos el 37% del importe total a la transición ecológica. 83 mil millones en Italia, 30 en España, 20 en Francia y Polonia y 11 en Alemania. En total, estamos hablando de 215 mil millones de euros. Además, el presupuesto de la Unión para el periodo 2021-2027, que asciende a 1 074 300 millones de euros, dedica el 30% del gasto de los distintos programas a la lucha contra el cambio climático. 

Se trata de una inversión sin precedentes en tecnologías limpias en todos los sectores de la transición ecológica. Las tecnologías limpias son actualmente el sector de inversión de más rápido crecimiento en Europa, pues duplicaron su valor tan solo entre 2020 y 2021. Y la buena noticia para el planeta es que otras grandes economías también están redoblando sus esfuerzos. Los planes de transformación ecológica de Japón pretenden ayudar a recaudar 20 billones de yenes, unos 140 mil millones de euros, mediante bonos de «transición ecológica». India ha introducido su sistema de incentivos a la producción para impulsar su competitividad en sectores como la energía solar fotovoltaica y las celdas solares. El Reino Unido, Canadá y muchos otros países también presentaron sus planes de inversión en tecnologías limpias. Y, por supuesto, vimos cómo se aprobaba en Estados Unidos la Ley de Reducción de la Inflación, su plan de inversión en tecnologías limpias por valor de 369 mil millones de dólares. Esto significa que la Unión Europea y Estados Unidos movilizan juntos casi un billón de euros para acelerar la economía de la energía limpia. Esto podría dar un gran impulso a la transición hacia la neutralidad climática.

Pero no es ningún secreto que hay preocupación por algunos de los incentivos para las empresas previstos en la Ley de Reducción de la Inflación. Por eso estamos trabajando con Estados Unidos para encontrar soluciones, por ejemplo, para que las empresas de la Unión y los coches eléctricos fabricados en la Unión puedan beneficiarse también de la Ley de Reducción de la Inflación.

La adopción de la Ley de Reducción de la Inflación (IRA) por parte de Joe Biden el 12 de agosto de 2022 provocó fuertes reacciones en los Estados miembros, que consideran que las desgravaciones fiscales para la compra de coches eléctricos que contiene el texto infringen las normas de la OMC. Sin embargo, la legislación acerca a Estados Unidos a su objetivo de reducir las emisiones de CO2 en un 50% para 2030. Las proyecciones del Rhodium Group, Energy Innovation y el proyecto REPEAT de Princeton concluyen que la IRA debería permitir a Estados Unidos alcanzar en 2030 un nivel de emisiones de CO2 40% inferior al de 2005, es decir, una reducción de entre 10 y 15 puntos porcentuales más de lo que se lograría con una política constante. Sin embargo, al dar un trato preferente a los vehículos eléctricos, pero también a los equipos de generación de electricidad descarbonizada producidos en Estados Unidos, los créditos fiscales contenidos en el texto discriminan a los productos importados, en particular a los europeos. Además, mientras Canadá y México se benefician de un régimen de excepción debido a su acuerdo de libre comercio con EUA, concebido para repatriar las cadenas de suministro a Norteamérica y limitar así su dependencia de China, los europeos quedan excluidos.

Con el fin de negociar excepciones para las empresas europeas, la Unión puso en marcha el 26 de octubre de 2022 un grupo de trabajo para apoyar el diálogo entre la Comisión Europea y el gobierno estadounidense. A pesar de la acusación de violar las normas de la Organización Mundial del Comercio, la Unión aún no ha presentado una denuncia ante el Órgano de Solución de Diferencias de la OMC, y los dirigentes de la Unión siguen esperando obtener algunas concesiones. Aunque no es concebible que la administración demócrata devuelva el proyecto de ley al Congreso, podría ser posible una interpretación más amplia de lo que constituye un acuerdo de libre comercio.

Nuestro objetivo debe ser evitar cualquier perturbación en el comercio y la inversión transatlánticos. Debemos trabajar para garantizar que nuestros respectivos programas de incentivos sean justos y se refuercen mutuamente. Y también deberíamos explicar cómo podemos beneficiarnos conjuntamente de estas considerables inversiones, por ejemplo, logrando economías de escala a ambos lados del Atlántico o estableciendo normas comunes. En el centro de nuestra visión compartida está nuestra convicción de que la competencia y el comercio son las piedras angulares para acelerar las tecnologías limpias y la neutralidad climática. Y esto significa que los europeos también debemos esforzarnos más por fomentar nuestra propia industria de tecnologías limpias. Tenemos una pequeña ventana de oportunidad para invertir en tecnologías limpias y en innovación para situarnos a la vanguardia, antes de que la economía de los combustibles fósiles quede obsoleta. Nuestra industria se ha enfrentado a una pandemia, problemas de abastecimiento y presiones sobre los precios. Estamos asistiendo a intentos agresivos de atraer nuestras capacidades industriales a China o a otros lugares. Es absolutamente necesario que hagamos esta transición hacia la neutralidad del carbono sin crear nuevas dependencias. Y sabemos que las futuras decisiones de inversión se tomarán sobre la base de nuestras decisiones de hoy.

El primer ministro belga, Alexander De Croo, ya acusó a Estados Unidos de intentar atraer a las industrias ecológicas europeas, calificándolo de campaña «agresiva».

Tenemos un plan. Un plan industrial que forma parte de nuestro pacto verde. Nuestro plan para hacer de Europa el hogar de la tecnología limpia y la innovación industrial en el camino hacia la neutralidad de carbono. Nuestro Plan Industrial Green Deal tendrá cuatro pilares: el entorno normativo, el financiamiento, las competencias y el comercio.

El diferente enfoque de Estados Unidos y Europa a la hora de combatir el cambio climático corre el riesgo de prolongar las tensiones comerciales entre ambas potencias, mucho más allá de la Ley de Reducción de la Inflación. De hecho, la administración de Biden se está centrando en una nueva política industrial, principalmente a través de programas de subvenciones específicas para sectores clave. El planteamiento actual de la Unión se basa en gran medida en un precio del carbono, acompañado de un impuesto sobre el carbono en las fronteras, para lograr la reducción del 55% de las emisiones de gases de efecto invernadero de aquí a 2030.

El primer pilar abordará la velocidad y el acceso. Tenemos que crear un entorno normativo que permita un rápido despliegue y la creación de condiciones favorables para los sectores esenciales para alcanzar las cero emisiones. Al respecto, figuran la energía eólica, las bombas de calor, la energía solar, el hidrógeno limpio y el almacenamiento, cuya demanda está impulsada por nuestros planes NextGenerationEU y REPowerEU. Para ayudar a lograr este objetivo, propondremos una nueva normativa para la industria de cero emisiones. Este reglamento seguirá el mismo modelo que el de los semiconductores. La nueva normativa sobre industria de emisiones cero establecerá objetivos claros para las tecnologías limpias de Europa de aquí a 2030. El objetivo será centrar la inversión en proyectos estratégicos a lo largo de la cadena de suministro. 

Al promover un marco reglamentario para acelerar los procedimientos de creación de infraestructuras de energías renovables, la Comisión está, por un lado, llevando a nivel del control de Europa políticas que se han puesto en marcha recientemente o que están en proceso de ejecución en los Estados miembros: simplificación de los procedimientos para los parques eólicos en Polonia, en julio de 2022, «Projet de loi relative à l’accélération de la production d’énergies renouvelables» en Francia, en enero de 2023. Por otra parte, si la anunciación de este reglamento para una industria con cero emisiones es una novedad, responde, en parte, a las exigencias de países (como Alemania) que fomentan la utilización de instrumentos y fondos ya existentes: si ya se dedican cantidades importantes, a escala europea, para la transición climática, ahora, se trata de orientarlas. 

En particular, estudiaremos formas de simplificar y acelerar los procedimientos de autorización de nuevos centros de producción de tecnologías limpias.

Paralelamente al Reglamento de la Industria de Cero Emisiones, estudiaremos cómo hacer que los proyectos importantes de tecnologías limpias de interés común europeo sean más rápidos de tramitar, más fáciles de financiar y de acceso más sencillo para las pequeñas empresas y para todos los Estados miembros. El Reglamento sobre Industria de Cero Emisiones irá de la mano del Reglamento sobre Materias Primas Críticas (Critical Raw Materials, CRM). En el caso de las tierras raras, esenciales para la fabricación de tecnologías clave (como la generación de energía eólica, el almacenamiento de hidrógeno o las baterías), Europa depende, actualmente, en un 98 %, de un solo país: China. Toma litio. Con sólo tres países que representan más del 90 % de la producción de litio, toda la cadena de suministro se ha vuelto increíblemente tensa. 

El Reglamento sobre Materias Primas Críticas se anunció en el discurso sobre el Estado de la Unión de Ursula von der Leyen, en septiembre de 2022, y se propuso formalmente a raíz del mismo. Complementa la lista de materias primas consideradas críticas por la Unión que se lanzó en 2011 y que se revisa cada tres años. En nueve años, el número de CRM ha pasado de 14 a 30, lo que refleja la creciente complejidad de las cadenas de suministro y el alcance de la clasificación.

El Reglamento pretende que la Unión actúe en cuatro frentes: dar prioridad a las materias primas consideradas «especialmente estratégicas», crear una red europea de agencias de materias primas capaz de anticipar los riesgos de suministro, construir una cadena de suministro más resistente y garantizar un «entorno competitivo justo, sólido y sostenible».

China domina el ensamblaje y la transformación de materiales, así como la producción de componentes para la fabricación de baterías de litio, que son necesarias para la electrificación. El 3 de enero de 2023, Alemania presentó su estrategia sobre materias primas críticas. De las 30 materias primas consideradas críticas por la Comisión, Berlín depende, al 100 %, de proveedores extranjeros para la importación de 14. Esta estrategia se basa en acelerar el reciclaje, establecer asociaciones estratégicas con Chile, Australia o Canadá y aumentar la extracción de materias primas críticas en su propio territorio.

Esto ha provocado un aumento de los precios y amenaza nuestra competitividad. Por lo tanto, debemos mejorar el refinamiento, la transformación y el reciclado de las materias primas aquí, en Europa. Y, paralelamente, trabajaremos con nuestros socios comerciales para cooperar en el suministro, la producción y la transformación, para acabar con el monopolio existente. Para ello, podemos crear un club de materias primas críticas que trabaje con socios afines (desde Estados Unidos hasta Ucrania) para reforzar colectivamente las cadenas de suministro y hacerlas más diversas para romper con los proveedores únicos. Ése es el primer pilar: la velocidad y el acceso a través del Reglamento de Industria de Cero Emisiones.

La anunciación de la creación de un «club de materias primas críticas» se produce cuatro días después del descubrimiento de un yacimiento en Suecia que podría contener más de un millón de toneladas de óxidos de tierras raras (el 1 % de las reservas mundiales) en la región de Kiruna, al norte del país. En un discurso pronunciado en la ciudad, el 13 de enero, Ursula von der Leyen esbozó «una nueva legislación para reducir la dependencia de las materias primas» y calificó como «excelente noticia» el descubrimiento de tierras raras en la Unión.

El segundo pilar de nuestro Plan Industrial fomentará la inversión en tecnologías limpias y el financiamiento de su producción. Para mantener el atractivo de la industria europea, tenemos que ser competitivos con las ofertas e incentivos disponibles actualmente fuera de la Unión. Por eso, propondremos adaptar temporalmente nuestras normas sobre ayudas estatales para agilizar y simplificar las cosas. Los cálculos serán más fáciles. Los procedimientos serán más sencillos. Las aprobaciones serán más rápidas. Por ejemplo, ofreceremos modelos sencillos de desgravación fiscal y ayudas específicas para las instalaciones de producción dentro de las cadenas de valor de las tecnologías limpias, para contrarrestar los riesgos de deslocalización vinculados con las subvenciones concedidas fuera de la Unión.

Desde hace algunos meses, la adaptación de las normas sobre ayudas estatales es la respuesta preferida ante la ley de inflación estadounidense. No sólo lo planteó la Comisión, sino Francia y Alemania también en una propuesta conjunta, en diciembre.

Una cuestión central que sigue sin resolverse son los umbrales que permiten las nuevas normas. Es la primera vez que una desgravación fiscal, inspirada directamente en la Inflation Reduction Act, aparece en una propuesta de la Comisión.

Sin embargo, también sabemos que las ayudas estatales sólo serán una solución limitada que sólo unos pocos Estados miembros podrán utilizar. Si queremos evitar un efecto de fragmentación del mercado único y apoyar la transición a tecnologías limpias en toda la Unión, también tenemos que aumentar el financiamiento comunitario.

Aunque la flexibilización de las normas sobre ayudas estatales es la medida con mayor consenso a escala de la Unión, plantea una cuestión fundamental. Los Estados que más podrán apoyar a su industria son los que disponen de un importante margen de maniobra presupuestaria y fiscal. Por ejemplo, como ilustra Margrethe Vestager en una carta a los 27, de los 672000 millones de euros aprobados por la Comisión en el marco temporal de crisis, Alemania ha obtenido autorización para ayudas estatales que representan el 53 % del importe total. Francia representa el 24 % e Italia alrededor del 7 %. Varios líderes ya habían establecido este punto. El primer ministro belga, Alexander De Croo, declaró, el 16 de enero: «La respuesta nunca puede ser relajar las normas sobre ayudas estatales porque se convierte en una carrera para ver quién puede pagar más». Dinamarca, Finlandia, Irlanda, Países Bajos, Polonia y Suecia también advirtieron sobre el riesgo de fragmentación del mercado interior.

A corto plazo, crearemos un fondo europeo de soberanía en el marco de la revisión intermedia de nuestro presupuesto, a finales de este año.

Se espera que la Comisión presente una propuesta de revisión intermedia del marco financiero plurianual 2021-2027 en el primer trimestre de 2023, seguida de una propuesta sobre nuevos recursos propios en el segundo semestre del año. De hecho, la inflación y la guerra en Ucrania trastocaron por completo las previsiones de gasto. 

El Parlamento Europeo apoya una revisión a profundidad del presupuesto, tanto en tamaño como en estructura, pero la decisión final le corresponde al Consejo, que debe decidir por unanimidad. De momento, varios países (entre ellos, Francia) se han pronunciado a favor de un nuevo préstamo común a escala europea para financiar medidas similares a las de la ley de inflación estadounidense. Alemania, pero también los Países Bajos, siguen oponiéndose firmemente y quieren darles prioridad, al menos, por el momento, a los instrumentos ya existentes.  

La solución que propuso el presidente de la Comisión, entre la flexibilización de las normas sobre ayudas estatales y un fondo común, parece un compromiso entre las posiciones que expresaron los comisarios Thierry Breton y Margrethe Vestager. También, es la postura que defiende el comisario Paolo Gentiloni en Bruselas.

Se trata de una solución estructural que aumentará los recursos disponibles para la investigación previa, la innovación y los proyectos industriales estratégicos que son esenciales para alcanzar las cero emisiones netas. No obstante, como esto llevará tiempo, buscaremos una solución transitoria para prestar un apoyo rápido y específico donde más se necesite. Para ello, estamos trabajando intensamente en una evaluación de necesidades.

Hay que destacar que la propuesta de la Comisión se basa, casi totalmente, en las propuestas francesas que circularon en la semana del 9 de enero. 

En efecto, París se inclina por un enfoque en dos etapas: la constitución de un «fondo de emergencia» que se apoyaría, «en gran medida», en la financiación existente y, luego, la creación de un fondo de soberanía de aquí a finales de 2023, para el que habrá que reflexionar sobre «el posible origen del financiamiento». 

La estrategia francesa, denominada «Made in Europe», se basa en cuatro pilares: acelerar la aplicación de la agenda de Versalles, en particular, fijando objetivos de reducción de la dependencia y adoptando legislación sobre sectores sensibles; modernizar y simplificar el marco de ayudas estatales (elevando los umbrales y ampliando el ámbito de notificación en virtud del Reglamento general de exención por categorías –o RGEC–, aplicando cláusulas de alineación); la creación de un fondo de soberanía; y una «movilización total» de la política comercial europea, que incluiría un diálogo constante con los socios, así como el uso de los instrumentos de defensa comercial definidos en el marco multilateral de la OMC.

El tercer pilar del Plan Industrial del Pacto Verde consistirá en desarrollar las competencias necesarias para que la transición funcione. La mejor tecnología sólo es tan buena como las personas calificadas que pueden instalarla y hacerla funcionar. A medida que las nuevas tecnologías crezcan con fuerza, necesitaremos, también, un fuerte crecimiento de las competencias y la disponibilidad de trabajadores calificados en este sector. Esto se aplicará en todo lo que hagamos, desde la normativa hasta las finanzas, y será una prioridad de nuestro Año Europeo de Competencias.

La propuesta de establecer un «Año Europeo de Competencias», anunciada durante el discurso sobre el Estado de la Unión que pronunció Ursula von der Leyen el 14 de septiembre de 2022, fue adoptada el 12 de octubre. La iniciativa se basa en la constatación de que existe una gran escasez de personal en sectores clave como la construcción, la sanidad, la ingeniería y las tecnologías de la información. También pretende estimular la formación y la adquisición de competencias digitales básicas, para las que existen grandes disparidades entre los Estados miembros.

La situación actual de California (comparable, en términos de tamaño y de PIB, con la de un país europeo) es una advertencia para la Unión. La inversión privada y los ingentes presupuestos federales para la transición no bastan por sí solos para garantizarla. La instalación de dispositivos de energía renovable, como paneles solares, requiere de un electricista certificado en California. Sin embargo, en enero de 2022, sólo había uno por cada 478 hogares, según el California Department of Industrial Relations. La electrificación de los equipos, necesaria para alcanzar los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, implicará intervenciones técnicas para entre 50 y 60 millones de hogares, según estimaciones de la ONG Rewiring America. Sin embargo, la oferta de personal calificado es, actualmente, muy inferior a la demanda.

El cuarto pilar será facilitar un comercio justo y abierto que sea de beneficio para todos. Lograr la neutralidad mundial del carbono mediante tecnologías limpias requerirá cadenas de suministro fuertes y resistentes. Nuestras economías dependerán, cada vez más, del comercio internacional a medida que se acelere la transición para abrir más mercados y acceder a los insumos que necesita la industria. Necesitamos una agenda comercial ambiciosa que también aproveche al máximo los acuerdos comerciales; por ejemplo, sería el caso con Canadá o con el Reino Unido, con quienes estamos trabajando para resolver nuestras diferencias. Estamos trabajando para establecer acuerdos con México, Chile, Nueva Zelanda y Australia y para avanzar con la India e Indonesia. También, tenemos que reanudar los debates sobre el acuerdo de Mercosur porque el comercio internacional es esencial para ayudar a nuestra industria a reducir costos, crear empleos y desarrollar nuevos productos.

La elección de Lula, en Brasil, ha suscitado nuevas esperanzas de alcanzar un acuerdo de libre comercio con Mercosur. Sin embargo, es probable que las ambiciones de la Comisión se compliquen por el hecho de que, a finales de 2022, se alcanzó un acuerdo a escala europea sobre un impuesto fronterizo sobre el carbono. En un principio, debería cubrir las importaciones de hierro, aluminio, acero, fertilizantes, electricidad, hidrógeno y cemento. Aunque el instrumento puede llegar a ser clave en los debates sobre el papel del comercio en la lucha contra el cambio climático, suscita muchas críticas por ser proteccionista. 

Del mismo modo, cuando el comercio no sea justo, nuestras respuestas deben ser más contundentes. China ha hecho de la promoción de la fabricación y la innovación de tecnologías limpias una prioridad clave de su plan quinquenal. Lidera la producción mundial en sectores como el de vehículos eléctricos y el de paneles solares, esenciales para la transición. Sin embargo, la carrera hacia la neutralidad del carbono debe basarse en la igualdad de condiciones. China exhorta abiertamente a las empresas europeas y de otros países que consumen mucha energía a trasladar toda o parte de su producción a China, lo que hacen con la promesa de energía barata, bajos costos laborales y un entorno normativo más complaciente. Al mismo tiempo, China subvenciona masivamente su industria y restringe el acceso de las empresas de la Unión a su mercado. Seguiremos necesitando trabajar y comerciar con China, sobre todo, para hacer esta transición. Así que tenemos que centrarnos en la reducción de riesgos, más que en la desvinculación. Esto significa utilizar todas nuestras herramientas para hacer frente a las prácticas desleales, incluida la nueva normativa sobre subvenciones extranjeras. No dudaremos en abrir investigaciones si creemos que nuestra contratación pública u otros mercados están distorsionados por tales subvenciones.

El 14º Plan Quinquenal de China, que establece las prioridades para el periodo 2021-2025, es la continuación del deseo que expresó Xi Jinping, en septiembre de 2020, de convertir a China en un país neutro en emisiones de carbono para 2060. El equilibrio con la naturaleza, el respeto de la huella ecológica de China dentro de los límites de los recursos disponibles y la regulación de los ecosistemas figuran entre las prioridades de la tercera fase de la reforma. Las innovaciones tecnológicas limpias son la base de estas prioridades.

Para limitar las distorsiones que puedan afectar la libre competencia en el mercado único, el Consejo adoptó, en noviembre de 2022, un reglamento sobre subvenciones extranjeras, tras una propuesta de la Comisión, en mayo de 2021.

Este nuevo marco pretende colmar una laguna normativa: le permite a la Comisión corregir las distorsiones del mercado único causadas por las subvenciones extranjeras que se han concedido para empresas que operan en la Unión. Esta normativa afecta, en especial, a las empresas chinas, pero también a las estadounidenses.

Señoras y señores:

La historia de la economía de las tecnologías limpias se está escribiendo ahora.

Siempre que he venido a Davos, he oído que estamos al borde de uno de esos periodos de destrucción creativa de los que hablaba el economista Joseph Schumpeter. Creía que la innovación y la tecnología sustituyen lo antiguo, lo que conduce al abandono tanto de la industria anterior como de los puestos de trabajo asociados con ella. Esta dinámica se aplica, en muchos sentidos, en la revolución de las tecnologías limpias del mañana, pero creo que, si Europa lo hace bien, la historia de la economía de las tecnologías limpias puede ser la de la construcción creativa, al proporcionar el apoyo y los incentivos necesarios para que las empresas innoven, al hacer énfasis en las competencias y las personas, al proporcionar el entorno adecuado para aprovechar al máximo nuestra capacidad de innovación líder en el mundo. Europa ya lo tiene todo: talento, investigadores, capacidad industrial. Y Europa tiene un plan para el futuro. Por eso, creo que la historia de la economía de las tecnologías limpias se escribirá en Europa.

Gracias.

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