Xiang Lanxin (nacido en 1956) es un conocido profesor chino de relaciones internacionales que ha desarrollado prácticamente toda su carrera en Occidente. Tras completar sus estudios universitarios en la Universidad de Fudan, en Shanghai, realizó su maestría y su doctorado en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados Johns Hopkins. Dio clases en la Universidad de Clemson hasta 1996, cuando se trasladó al Instituto de Estudios Internacionales de Ginebra. Al igual que muchos intelectuales chinos de su generación, tiene un pie en muchos mundos. La mayor parte de sus publicaciones académicas parecen haber sido en inglés, pero forma parte del consejo editorial de Dushu1 y es muy conocido en China. Ma Guochuan, el entrevistador, es redactor en jefe de la revista liberal Caijing2.

Esta entrevista3, publicada al principio de la pandemia en abril de 2020, destaca sobre todo por el contundente rechazo de Xiang a la «diplomacia del lobo guerrero», el término utilizado para describir las respuestas altamente beligerantes que ha hecho China ante los ataques extranjeros a su gestión de la pandemia del coronavirus. El término se refiere a dos películas de acción, Wolf Warrior (2015) y Wolf Warrior 2 (2017), que narran las batallas entre una unidad de élite del EPL (llamada, como se imaginarán, los lobos guerreros) y varios grupos mercenarios, entre los que hay una importante cantidad de estadounidenses.

Las películas fueron sumamente populares en China, al igual que sucede en Estados Unidos con las celebraciones cinematográficas similares de la guerra y el patriotismo. Mejor representados por el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Zhao Lijian 赵立坚 (nacido en 1972), que ha llegado a especular que el ejército estadounidense propagó el virus en Wuhan, estos lobos guerreros se han quitado los guantes diplomáticos en respuesta a las peticiones de responsabilidad e incluso de reparación que han llegado desde muchos sectores.

La diplomacia del lobo guerrero, según Xiang, contribuye a la desestabilización del orden mundial en un momento en que China se ha autoconvencido, mediante las afirmaciones de la propaganda del Partido, de la superioridad del «modelo chino». Xiang atribuye gran parte de la culpa al periodista británico de izquierda Martin Jacques, cuyo best seller de 2009 When China Rules the World (Cuando China gobierne el mundo) entusiasmó a los lectores chinos, sobre todo porque fue escrito por un occidental. La culpa la comparte el «académico» chino Zhang Weiwei 张维为 (nacido en 1957), que reeditó la idea de Jacques para dar bombo al singular «estado civilizatorio» de China. El desprecio de Xiang por Zhang (a quien no nombra en la entrevista) es palpable, y según mi experiencia lo comparten muchos otros liberales chinos. En cualquier caso, lo que Xiang quiere decir es que el peligro es que China esté destruyendo el mismo orden mundial que permitió la realización del «sueño chino», aparentemente sin pensar en las consecuencias militares o económicas.

Las observaciones de Xiang son una buena lectura porque su posición como chino que trabaja fuera de China le permite una franqueza que sus compatriotas en China no pueden permitirse. Por lo demás, sus opiniones coinciden en gran medida con las de otros liberales chinos de su generación, que están orgullosos del ascenso de China, pero que siguen abrazando muchos de los valores universales de la Ilustración. En la introducción de la entrevista, Xiang señala: «dejé China hace 37 años y nunca adopté un nombre extranjero ni adquirí un pasaporte extranjero. Aparte de la beca y la enseñanza, he dedicado todos mis esfuerzos a mejorar las relaciones entre China y Estados Unidos; China y Europa». Aunque esta declaración seguramente pretende afirmar la buena fe de Xiang como patriota chino, cabe señalar que los lobos guerreros que denuncia utilizarían con mucho gusto esta posición concreta para atacarle.

No hay necesidad de luchar como un « lobo guerrero »

La propagación del coronavirus por el mundo ha suscitado muchas reflexiones. En un artículo publicado a principios de abril, Henry Kissinger predijo que la pandemia cambiaría permanentemente el orden mundial4. Como académico que ha estudiado las relaciones internacionales durante mucho tiempo, ¿está usted de acuerdo con la opinión de Kissinger?

Xiang Lanxin

En su día fui Henry Kissinger Fellow en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, y he discutido el complejo problema de las relaciones entre Estados Unidos y China con Kissinger en muchas ocasiones. Kissinger es un gran pensador estratégico y tiene una visión única de los cambios y las tendencias del sistema mundial. Estoy básicamente de acuerdo con él en este punto. Pero en pocas palabras, lo que más me preocupa no son las instituciones del orden internacional existente, sino la tendencia a la disminución de la confianza entre las grandes naciones, y en particular entre China y Estados Unidos, que está llegando a un punto de no retorno.

En mi opinión, la observación de Kissinger coincide con su forma general de pensar. Su primera obra académica, Un mundo restaurado, trataba del nuevo orden mundial pacífico construido por el Congreso de Viena en 18155. Aunque el líder de ese nuevo orden internacional no fuera la superpotencia mundial, sino el imperio austrohúngaro, el sistema duró un siglo. El factor clave de dicho éxito fue el diseño experto del orden: se construyó sobre la base de un equilibrio de poder entre las grandes potencias que fomentó la confianza mutua, de modo que todas deseaban el mantenimiento de ese orden. El libro nos permite ver los principios rectores del pensamiento de Kissinger.

Kissinger ha pasado medio siglo tratando de construir una relación armoniosa entre Estados Unidos y China. Desde el final de la Guerra de Corea, básicamente no ha habido guerras entre las grandes potencias. Esta guerra contra el coronavirus ha sacado a relucir graves distorsiones en la naturaleza humana, y la diplomacia irracional entre las grandes potencias se ha convertido en la nueva normalidad. La guerra de «pasarse la pelota 甩锅战» entre las grandes potencias ha comenzado incluso antes del final de la pandemia. Las discusiones estilo Versalles sobre la «culpa de la guerra» han debilitado nuestro enfoque en la lucha contra el virus, e incluso se han expresado discusiones ridículas sobre «reparaciones» en los círculos diplomáticos. Como historiador y pensador perspicaz, Kissinger debe estar muy triste. En ausencia de confianza entre las grandes potencias, cualquier sistema pacífico es muy difícil de mantener. Lo más probable es que las tensiones entre China y Estados Unidos no hagan más que aumentar.

De hecho, actualmente en la escena internacional, y especialmente en Estados Unidos, hay gente que pretende «responsabilizar a China» e incluso exigirle que pague «daños y perjuicios». ¿Cómo debemos entender esto?

Desde el punto de vista del derecho internacional, pedir cuentas a un país soberano no tiene sentido, porque los países tienen inmunidad soberana. Es cierto que la falta de transparencia en el sistema chino condujo a la supresión de los denunciantes en el primer período, lo que efectivamente frenó la lucha contra el virus6. Pero todo el mundo ha sido testigo del enorme esfuerzo y sacrificio que hizo China después de cerrar Wuhan. En general, la lucha de China contra el virus fue un éxito, y también, buscar chivos expiatorios es una táctica política habitual de los líderes extranjeros que no tienen éxito. Deberíamos creer en el juicio de la mayoría del mundo, y no dejarnos caer en debates sobre la cuestión.

China debería de aprovechar el período en que la pandemia sigue haciendo estragos para tratar de resumir su experiencia. Quien primero consiga elaborar un libro blanco creíble y basado en pruebas podrá ofrecer esta experiencia de lucha contra el virus a otros países, lo que supondrá una gran ventaja en la lucha internacional por el derecho a la palabra en el mundo pospandémico.

Kissinger ha pasado medio siglo tratando de construir una relación armoniosa entre Estados Unidos y China.

XIANG LANXIN

Todo tipo de «teorías de la conspiración» sobre el origen del virus están estrechamente relacionadas con la cuestión de la «responsabilidad». Hay todo tipo de discusiones al respecto, y se ha convertido en una cuestión diplomática controvertida.

En cuanto a la cuestión del origen del virus, China no necesita ser demasiado sensible, pues se trata de una cuestión puramente científica, y ningún otro punto de vista tiene credibilidad. Por muchas teorías de la conspiración que haya, ninguna tiene credibilidad internacional. En un momento en el que no hay una respuesta definitiva a la cuestión del origen del virus, China debería ser extremadamente cautelosa, y no hay ninguna necesidad de contraatacar desde la postura de un «lobo guerrero». En cuanto a los diplomáticos, deberían entender cómo comunicarse con la gente común en la escena internacional, y deberían saber que no pueden aprovechar el derecho internacional para entrar en el ojo por ojo de la difamación 以谤止谤, y si pierden su tiempo en guerras de escupitajos 口水战 en Twitter, entonces deberían perder su puesto. 

Pero de hecho, en los últimos años parece que se ha convertido en algo normal que los diplomáticos respondan inmediatamente con un lenguaje muy fuerte, como si el no hacerlo fuera una prueba de falta de «patriotismo». ¿Qué opina de esta diplomacia del « lobo guerrero »?

La mayoría de los diplomáticos chinos se formaron en lenguas extranjeras, lo que nos da esta extraordinaria imagen del Instituto de Lenguas Extranjeras de Pekín como cuna de la diplomacia china. Si los traductores están a cargo de nuestros asuntos exteriores, seguro que tendremos problemas. Incluso cuando la dinastía Qing estaba al borde del colapso, no se permitía a los traductores dirigir el Zongli yamen [es decir, el Ministerio de Asuntos Exteriores]. La habilidad de traductores e intérpretes viene determinada por sus conocimientos lingüísticos y su rapidez de reacción, mientras que la diplomacia de las grandes potencias requiere un pensamiento estratégico a largo plazo y una cabeza para la planificación cuidadosa. Corregir la cultura del lobo guerrero en la diplomacia sería bastante fácil. Lo que será más difícil de arreglar es la cultura del lobo guerrero en el campo de la propaganda exterior.

Los orígenes de la cultura del lobo guerrero 

Desde 1989, cuando Deng Xiaoping dijo que debíamos «mantener un bajo perfil»7, los diplomáticos chinos han adoptado una postura de ecuanimidad. En su opinión, ¿por qué vemos el surgimiento de esta cultura del lobo guerrero? ¿De dónde procede?

Lo que dio origen a la cultura del lobo guerrero  fue la «teoría de la superioridad del modelo chino». Esta teoría no se originó en China, sino que fue copiada de un «lobo guerrero extranjero», el infame periodista británico de izquierda Martin Jacques (nacido en 1945). Hace diez años, Jacques publicó un libro titulado When China Rules the World (Cuando China gobierne el mundo), que es el origen del orgullo desmesurado que algunos chinos muestran ahora. En aquel momento, China todavía estaba en la fase de «mantener un bajo perfil», pero desde que el crecimiento económico de China superó al de Occidente, la confianza china empezó a crecer.

Jacques es una figura mediática y un académico autoproclamado. Mucha gente en China cree que nos entiende, y la traducción al chino de When China Rules the World se convirtió en un éxito de ventas.

El libro recibió mucha atención de alto nivel, pero su base teórica es errónea. Su idea de «China gobernando el mundo» en realidad es una copia de otras personas. Es una versión de la teoría del «ascenso y caída de las grandes potencias» o de la teoría de las «hegemonías cambiantes» que ha existido durante mucho tiempo en Inglaterra y Estados Unidos.

A primera vista, muchos de los puntos que expone Jacques se asemejan a los expuestos por los misioneros jesuitas que llegaron a China hace mucho tiempo. Por ejemplo, Matteo Ricci (1552-1610) alabó el gobierno y la cultura chinos bajo los Ming, diciendo que China «no es simplemente un reino, sino un mundo entero en sí mismo». Pero Matteo Ricci subrayó que las culturas china y occidental podían entenderse y coexistir, y desde el día en que llegó a China se esforzó por aprender la lengua y las tradiciones chinas. Martin Jacques, por el contrario, no habla chino; conoce poco la historia y la tradición chinas, y en su libro establece un dualismo de buenos contra malos en el que China se presenta como un modelo para Occidente.

A primera vista, muchos de los puntos que expone Jacques se asemejan a los expuestos por los misioneros jesuitas que llegaron a China hace mucho tiempo.

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Así que los elogios de Jacques a China y al modelo chino se basan en ataques al sistema occidental.

En el transcurso de la Ilustración europea del siglo XVIII, apareció una nueva teoría basada en un antagonismo absoluto entre lo bueno y lo malo, lo blanco y lo negro. Esta teoría, con tintes profundamente teológicos, rechazaba cualquier sistema político que difiriera del que ellos defendían, y supeditaba la legitimidad de un sistema a la anulación de la legitimidad de otro. El argumento de Jacques parte del mismo marco lógico.

La tradición china no rechazaba otras tradiciones y sistemas culturales, sino que destacaba la importancia de las condiciones locales, como en el dicho «La naranja es una naranja cuando crece en Huainan, y es un limón cuando crece en Huaibei» (橘生淮南则为橘, 生于淮北则为枳)8. La tradición china no distinguía entre culturas altas y bajas, ni existía la idea de «denigrar a Occidente para promover a China 抑西扬中». Por eso, a lo largo de la historia china, confucianistas, budistas y taoístas convivieron pacíficamente durante largos periodos, y básicamente no hubo guerras religiosas. 

En cuanto a la China actual, todavía en fase ascendente, lo más importante es cultivar una imagen internacional de tolerancia. Sin embargo, dentro de China hay oportunistas políticamente astutos que descubrieron una nueva forma de hacerse famosos en la «teoría del dominio de China» de Jacques. En su opinión, dado que China está destinada a sustituir a Estados Unidos como hegemón mundial, la mejor manera de proteger los intereses del país es resistir a Occidente desde la postura de un lobo guerrero, y pregonar la superioridad del modelo chino para «denigrar a Occidente y promover a China». No se dan cuenta de que esa forma de pensar no tiene nada que ver con la realidad, y al mismo tiempo traiciona la tradición china.   

Cuidado con destruir a tu enemigo en público 棒杀, pero aún más con destruirte a ti mismo por exceso de elogios 捧杀9

Jacques propuso una «teoría del país civilizatorio» y dividió las naciones soberanas actuales en dos campos: «civilizadas» y «nacionales». En este paradigma, sólo China existiría como «civilización» y como «Estado-nación»10. Argumentó que los problemas a los que se enfrentan estos dos tipos de países son fundamentalmente diferentes.

La «teoría del Estado civilizatorio» es una completa ficción, y no se sostiene en absoluto en términos académicos. Jacques dice que China es el único Estado civilizatorio existente y que, por tanto, en la sociedad internacional debe disfrutar de un trato cultural especial. En realidad, en el mundo actual, dividir a los países en «civilizados» y «nacionales» es imposible. Se mire como se mire, China es una combinación de ambos. Además, esta teoría distorsiona el espíritu básico de la tradición china. En la tradición china no había «valores universales», ni tampoco se hacían distinciones entre culturas superiores e inferiores.

En la última década, ciertas oficinas gubernamentales han promovido a todo volumen una cultura de lobo guerrero en el trato con los extranjeros, y han formado un cuerpo profesional de «propagandistas del lobo guerrero». La base de la teoría de la superioridad del modelo chino que promueven es el mismo disparate que la idea de un «país civilizatorio». Como dicen directamente que China es el único país civilizatorio, esto significa que los países occidentales sólo pueden ser meras «naciones». De hecho, la riqueza de la civilización humana se beneficia del intercambio y del diálogo entre culturas. Si todo Occidente resulta no tener «civilización», entonces la lógica nos diría que todo lo que está fuera de China es territorio bárbaro, y que el diálogo entre civilizaciones es una pérdida de tiempo innecesaria.

Martin Jacques elogia el modelo chino y también trata de definirlo, diciendo que se levantó con el telón de fondo de la crisis financiera mundial de 2008.

En términos de método, este argumento es exactamente lo contrario de la forma de pensar detrás de la reforma y la apertura chinas, que fue adherirse a la tradición y «buscar la verdad a partir de los hechos»11, como en dichos como «cruzar el río palpando las piedras»12 y el argumento del «gato» de Deng Xiaoping13. Este argumento convierte a los chinos en el mismo tipo de ontólogos que los occidentales.

China no tiene tradición ontológica; la exploración ontológica de Descartes de «¿qué es esto?» no es la forma en que los chinos pensaban en las cosas. Una formulación china clásica sería más bien «¿dónde reside la Vía?» y «¿qué debo hacer a continuación?»14. El objetivo del juego de Jacques al presentar a China como un «país civilizatorio» es, de hecho, llevar las discusiones sobre China al callejón sin salida de la ontología occidental. Una vez que los chinos comienzan a pensar de esta manera ontológica, discutiendo «cuál es el modelo chino», entonces ya han perdido el rumbo. Porque una vez que un «modelo» tiene una definición, entonces hay que sostenerlo, lo que conduce necesariamente a la autopromoción.

Pero lo que no se puede ignorar es que la teoría de Jacques fue muy popular en China, y ha sido honrada por muchos organismos gubernamentales y universidades.

Para los chinos, la «novedad» de Jacques era que la idea del «dominio» procedía del Occidente occidentalocéntrico, lo que les hacía sentirse bien, pero sigue siendo un estilo de análisis que presenta a Occidente y a China como antagonistas. El hecho de que Jacques, desde la extrema izquierda, haga sonar la idea de que «China está desafiando el orden mundial» hará un daño infinito.

Existe una tradición en Occidente de poner a China en la picota en público. Esto continúa hoy en día a pesar del poder de China. Los neoconservadores estadounidenses nunca han abandonado la idea de la «amenaza china». Pero, desde otra perspectiva, lo que resulta más difícil de afrontar es el hecho de que China se está perjudicando a sí misma mediante un autoelogio excesivo. Que la destrocen en público no es gran cosa, porque todo está a la vista y la verdad saldrá a la luz. Pero entregarse a fantasías de gloria no es lo mismo, porque quienes son alabados se olvidan fácilmente de sí mismos o incluso se pierden en el engaño. En la actualidad, muchos chinos están «releyendo» con pasión la cultura china, o en otras palabras, inventando el «modelo chino». Todo esto son juegos mentales manipuladores, pero hay un gran mercado para ellos en China, lo que ilustra el peligro de creerse la propia propaganda.

Los neoconservadores estadounidenses nunca han abandonado la idea de la «amenaza china». Pero, desde otra perspectiva, lo que resulta más difícil de afrontar es el hecho de que China se está perjudicando a sí misma mediante un autoelogio excesivo.

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Por lo que parece, no sólo hay «lobos guerreros extranjeros». También tenemos los nuestros…

Los lobos guerreros nacionales y extranjeros comparten una cosa: son todo técnica y nada de conocimiento. Por «técnica» me refiero a que se especializan en el oportunismo, siempre saben hacia dónde sopla el viento y sólo tienen ojos para sus superiores. Cuando hablan del mundo exterior atacan a las culturas extranjeras, y cuando hablan de asuntos internos utilizan el nacionalismo extremo para estafar a las masas populares. Pero, a pesar de todo el ruido que hacen, en el fondo sólo hacen siempre el mismo truco. No hay ninguna «novedad» en ellos, no hay lugar para ellos a nivel internacional, y los académicos de la corriente dominante los detestan en casa. Esto se debe a que no tienen ninguna base académica, ni moral, ni antecedentes.

Por ejemplo, el mundo oficial chino confundió a Martin Jacques con alguien con mucha influencia internacional, cuando en realidad es sólo un personaje marginal que escribió un best seller y no tiene cabida en el mundo académico. Cuando los periódicos chinos lo llamaron públicamente profesor de ciencias políticas de Cambridge, creo que probablemente hasta el propio Jacques se sintió avergonzado. Hay otro [chino] que durante mucho tiempo fue intérprete de las Naciones Unidas en Ginebra, y fue el primero en copiar la teoría de Jacques sobre la civilización, que utilizó para alabar la superioridad china hasta los cielos, y trató de demostrarlo con relatos de viajes al extranjero que nadie pudo verificar15. Una persona así, cuyo currículum incluye un puesto de tiempo parcial en una escuela extranjera no reconocida por el sistema de enseñanza superior (llamada «escuela de pollos salvajes»16), ¡se convirtió sin embargo en un famoso profesor de una conocida universidad china17!

Entonces, ¿cuál es su opinión sobre esto de «destruirse a sí mismo mediante elogios excesivos»?

Tanto si se mira desde la perspectiva de la metodología como de la opinión pública internacional, «destruirse a sí mismo mediante elogios excesivos» es una estupidez de alto nivel 高级黑. Daña la imagen internacional de China, y el pueblo chino debe mantener un alto grado de vigilancia contra ella. Hay que saber que, en la tradición china, la legitimidad política era un concepto dinámico, siempre en desarrollo, un proceso de movimiento continuo, y no se parecía a ninguna definición ontológica occidental. En el contexto actual, la legitimidad del PCC se define por sus logros políticos, y no tiene nada que ver con ningún modelo. 

El intento de construir un supuesto «modelo chino» y de promover teorías sobre la singularidad de la cultura china o la superioridad del sistema entre el pueblo, va en contra de la tradición y no se ajusta a los hechos. Tomando como ejemplo la lucha contra el coronavirus, nadie puede negar la conmovedora hazaña lograda por el pueblo chino al derrotar al virus, pero las palabras y el comportamiento de los diplomáticos y propagandistas chinos se han ganado el desprecio de la opinión mundial. Por un lado, estos lobos guerreros aprovecharon la ocasión para pregonar el «modelo chino» al mundo entero, promoviendo públicamente su superioridad e insistiendo en que el modelo de gobierno de los países occidentales está en las últimas y pronto será derrocado, y que se revelará la verdadera naturaleza de Estados Unidos, la superpotencia mundial. 

Este tipo de arrogancia no tiene ninguna base y carece de humanidad; daña gravemente la imagen internacional de China. Por otro lado, están utilizando las redes sociales y las conferencias de prensa para participar en guerras de escupitajos, ataques indiscriminados y críticas al mundo exterior, e incluso los sitios web [del gobierno] difunden públicamente teorías de la conspiración. El tercer problema son las palabras y el comportamiento jactancioso, y el desacuerdo con las medidas antivirus adoptadas por otros países. Cuando los diplomáticos piden constantemente, de forma directa o indirecta, que el resto del mundo dé las gracias a China, se crea una mala impresión. 

La «teoría del ascenso pacífico» es difícil de sostener

Fuera del gobierno, hay mucha gente interesada en las cuestiones diplomáticas. Pero otros consideran que estas cuestiones deben dejarse en manos de los especialistas. ¿Qué opina usted al respecto?

En el pasado, nos remitíamos a la «opinión pública 舆论» en estos asuntos; la gente no hacía comentarios escandalosos sobre los asuntos internacionales porque esos temas no son «triviales», sobre todo hablando de diplomacia y asuntos militares importantes. La sociedad ha avanzado, y en los últimos años, el poder y la posición internacional de China han aumentado rápidamente, y el grado de transparencia respecto a la política internacional ya no es el mismo. En cierto punto, los comentaristas de asuntos internacionales empezaron a crecer como brotes de bambú después de una lluvia primaveral. En los últimos 20 años, el «comentario internacional» se ha convertido en un ejercicio popular en el que todo el mundo participa. 

Por supuesto, es bueno que todo el mundo se interese por los asuntos internacionales, pero elevar el «comentario internacional» por encima de algo como «elegir acciones» parece bastante difícil. En China, el «comentario internacional» masivo está dirigido principalmente por un diario llamado Global Times. Por desgracia, yo solía escribir para ese periódico, pero en aquella época incluía debates y discusiones académicas, mientras que ahora es una publicación completamente populista. Ese diario lleva mucho tiempo dirigiendo el ánimo popular en una dirección nacionalista, y las consecuencias de esto no son para tomarse a la ligera. 

Mientras el «comentario internacional» se ha ido calentando, el campo académico de las relaciones internacionales también se ha transformado, y se ha convertido de pronto en un tema popular.

Debemos admitir que el campo de las «relaciones internacionales» en China, al igual que la ciencia política o la economía, son «árboles sin raíces, agua sin fuente». No tenían una base teórica y, por tanto, no tenían forma de distinguirse. Y cuando este campo, que siempre había tenido una existencia miserable en algún punto entre el periodismo y las humanidades, se convirtió de repente en un «campo de estudio popular», esto se debió puramente a la palabra «internacional. 

De hecho, el campo de las relaciones internacionales sigue siendo algo incómodo, porque la fuente de información de los especialistas es muy inferior a la de los diplomáticos de primera línea, y dentro de la Torre de Marfil, las relaciones internacionales carecen de las normas académicas de otras disciplinas. Por tanto, académicamente es difícil encontrar un lugar, y a nivel internacional tiene poca influencia: es sólo un refrito de los trabajos académicos occidentales. En el momento histórico del ascenso de China, las relaciones internacionales han cobrado gran importancia en el país. Sin embargo, se han quedado en el nivel de reciclar cosas de las teorías occidentales de las relaciones internacionales, copiando conceptos y discursos de Occidente, y sus perspectivas generales parecen escasas.

En el contexto del rápido ascenso de China, en el campo de los estudios internacionales hay quienes sostienen que la diplomacia china debería ser más dura, mientras que otros defienden la política de Deng Xiaoping de «mantener un perfil bajo». Los debates sobre esta cuestión en la sociedad china son bastante acalorados. ¿Cómo ve usted este debate?

En realidad, en la actualidad, no se trata de ser o no duro, sino de presentar bien los argumentos de China. Todo el mundo conoce la historia de China desde la aplicación de la política de reforma y apertura, no tenemos que adornarla. Pero el conocimiento de China del mundo exterior sigue siendo confuso, y acabamos provocando dudas en el exterior.

En la actualidad, no se trata de ser o no duro, sino de presentar bien los argumentos de China.

XIANG LANXIN

Por ejemplo, los ministerios del gobierno promovieron activamente la teoría del «shock chino», que causó sorpresa en todo el mundo18. ¿Qué shock? No fue más que jugar según las reglas del actual sistema mundial. Tanto si el «shock» fue un hecho natural como un intento activo de subversión, debemos darnos cuenta de que el ascenso de China fue el resultado del esfuerzo colectivo del pueblo chino que se apoyó en varias décadas de un entorno exterior pacífico. No hay ninguna necesidad de conmocionar el sistema mundial. Incluso desde la perspectiva de la política nacional, tales palabras son extremadamente peligrosas. Apenas acabamos de alcanzar nuestra fuerza nacional y, sin embargo, abandonamos públicamente nuestra postura de mantener un perfil bajo. Nuestro ejército no está preparado y, sin embargo, nos presentamos como la potencia dominante. ¿Cómo no se va a asustar el resto del mundo?

Tal vez la teoría del «ascenso pacífico» sea mejor que la del «shock chino».

Cuando debatimos sobre la competencia entre grandes potencias, no debemos centrarnos en intercambiar y debatir desde marcos teóricos ajenos. Nuestra preocupación no debería ser la «trampa de Tucídides», sino la «trampa del concepto», y la «teoría del ascenso pacífico» es una de ellas. Cuando la teoría del «ascenso pacífico» estaba de moda, acepté una invitación del Washington Post y escribí una larga columna señalando sus fallos fatales.

Desde el punto de vista académico, «pacífico» es un adverbio que modifica la acción de «ascender», pero la palabra «ascenso» en chino está en contradicción con «paz» y tiene el significado de «romper el sistema existente», como el brote de los retoños de bambú después de la lluvia, o el surgimiento de una montaña después de un terremoto. En otras palabras, «paz» y «ascenso» se contradicen19. Esta teoría refleja la psicología de un país pequeño, que imagina erróneamente que un país grande configura de forma independiente su política exterior, lo que ilustra la falta de una comprensión fundamental de la lógica de la geopolítica internacional.

Estratégicamente, la idea de un ascenso pacífico podría ser útil, ¿no?

Estratégicamente, cualquier gran potencia que experimente cambios importantes en su posición internacional debería abstenerse de hablar de un «ascenso». Desde una perspectiva histórica, ninguna gran potencia habló con gran alboroto de los medios por los que estaba ascendiendo durante el periodo de su ascenso. En primer lugar, si parloteas sobre los medios por los que estás «ascendiendo», inevitablemente te enfrentarás a preguntas sobre las políticas que emplearás cuando estés en declive. Además, proclamar unilateralmente que nunca utilizarás la fuerza militar para resolver una disputa internacional no sólo es poco convincente para los extranjeros, sino que también crea dilemas para ti mismo. 

La razón por la que dije que la teoría del «ascenso pacífico» refleja la mentalidad de un país pequeño es porque presupone que existe una solución diplomática para cualquier conflicto internacional. Este es realmente el ideal más elevado de la visión del mundo [expresada por Laozi en el Tao Te Ching], en el sentido de que «aunque los sonidos de los gallos y los perros se escuchen de una [aldea] a la otra, la gente de una nunca visitará a la otra, aunque envejezca y muera»20. Este punto de vista ata los intereses nacionales vitales a una esperanza irreal, y perjudica a la nación y al pueblo. La idea de un «ascenso pacífico» no es sostenible, ni ahora ni en un futuro, y China no puede eludir la realidad ni persuadir al mundo con argumentos «pacíficos» sobre los métodos usados en las relaciones internacionales.

La idea de un «ascenso pacífico» no es sostenible, ni ahora ni en un futuro, y China no puede eludir la realidad ni persuadir al mundo con argumentos «pacíficos» sobre los métodos usados en las relaciones internacionales.

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¿Cómo ve el debate sobre el choque de civilizaciones en el contexto de las relaciones sino-americanas? ¿Es necesario ese conflicto?

Hace unos años, el «choque de civilizaciones» de Huntington no tenía cabida en el mundo de las relaciones exteriores de EUA. Que algunos estadounidenses hayan vuelto a hablar de él es, de hecho, una respuesta firme a argumentos como la preocupante afirmación de China sobre «civilizaciones mayores y menores».

Debatir no es malo. Porque no se trata sólo de un debate académico, sino que tiene más que ver con ideas de gobernanza global. Lo que hay que dejar claro es que las ideas chinas y extranjeras sobre la gobernanza nacional e internacional son realmente diferentes, pero esto no tiene por qué dar lugar a un conflicto. Si queremos dejar clara la visión china de la gobernanza mundial, la cuestión clave es la diferencia en la comprensión china y extranjera del «orden» mundial. 

En el mundo anglosajón (actualmente liderado por Estados Unidos), las discusiones sobre el orden mundial siempre vuelven a las teorías del «ascenso y caída de las grandes potencias», que se originaron en el siglo XIX con el historiador Edward Gibbons y su obra Historia de la decadencia y caída del Imperio romano. Él enfatizó que la distribución del poder se basaba en la fuerza nacional, lo que significa que lo que determina si el orden mundial es estable o no es mecánico e inmutable. Esto ha tenido un enorme impacto en la política exterior estadounidense. Tras la Segunda Guerra Mundial, los estadounidenses abrazaron la teoría de la «hegemonía estable» y promovieron la «pax americana». La «trampa de Tucídides» es una versión más reciente de esto.

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¿Cuál es la versión tradicional china de la gobernanza?

Si decimos que la visión occidental del orden mundial se basa en la distribución del poder nacional, y que lo que el sistema westfaliano llama «orden» es lo opuesto al «desorden», es decir, lo uno o lo otro, la visión tradicional china de la gobernanza se basa en una lógica en la que el «orden» y el «caos» existen en una relación mutua de intercambio. Tomemos como ejemplo el control del agua. Hay básicamente dos formas de controlar el agua. La primera es seguir construyendo presas más altas para evitar que el agua se desborde, que es la idea básica de la política estadounidense de la Guerra Fría [es decir, la contención]. La segunda es cambiar la dirección de la corriente. Las presas acaban teniendo un límite, así que trabajar con la dirección de la corriente es la mejor estrategia a largo plazo.

Así, la estrategia tradicional de gobernanza de China está en contradicción con la teoría del «ascenso y caída de las grandes potencias» y la de la «hegemonía estable». China necesita desplegar sistemáticamente su propia visión de la gobernanza mundial. La misión más importante de China al integrar pacíficamente el orden mundial actual es ofrecer una explicación positiva de su modo de pensar básico. Desde una perspectiva a largo plazo, el tema principal de las relaciones exteriores chinas debe ser el entendimiento cultural y la comunicación entre civilizaciones.

Notas al pie
  1. Dushu (读书, literalmente «leer») es una revista mensual de literatura influyente en los círculos intelectuales chinos.
  2. Caijing (财经) es una revista independiente con sede en Pekín que se ocupa de fenómenos políticos, sociales y otros.
  3. 相蓝欣, entrevista por 马国川, « 著名国际政治专家 相蓝欣教授:反思战狼文化,呼唤文明沟通 », 30 de abril de 2020.
  4. Henry Kissinger, ‘The Coronavirus Pandemic Will Forever Alter the World Order’, Wall Street Journal, 3 de abril de 2020
  5. Henry Kissinger, A World Restored : Metternich, Castlereagh and the Problems of Peace, 1812–22, 1957.
  6. Aquí se hace referencia al caso del primer denunciante famoso de diciembre de 2019, el doctor Li Wenliang.
  7. Literalmente ‘mantener la luz bajo un celemín’ (韬光养晦). En el contexto posterior a la Guerra Fría y a Tananmen, estas fueron las palabras pronunciadas por Deng Xiaoping en 1992 y la base de su estrategia diplomática de «mantener un bajo perfil». A ojos de China, es mejor que el país oculte sus propios activos, especialmente en respuesta a la «interferencia» de Estados Unidos, que decidió suspender las ventas militares de China tras los sucesos de Tiananmen, para luego tomar represalias.
  8. Huaibei y Huainan son dos grandes ciudades de la provincia interior de Anhui, situadas una al norte y otra al sur. Su proximidad geográfica subraya la importancia de las condiciones micro-locales en China: aunque las frutas que crecen en estas dos ciudades geográficamente cercanas tienen una apariencia similar, el sabor de las frutas es diferente.
  9. 棒杀: matar a golpes a alguien, 捧杀: literalmente halagar a alguien hasta hacerlo sentir complaciente
  10. Nota del autor: En realidad, sólo hay una civilización, China, y el resto del mundo no es más que versiones menos evolucionadas del Estado-nación. En otras palabras, a los ojos de China, es el único país del mundo en el que la civilización sigue coincidiendo con un Estado nacional moderno.
  11. «Buscar la verdad a partir de los hechos» (实事求是) es un importante lema del periodo maoísta que promueve una visión realista de las reformas y es la base de la ideología socialista china.
  12. Este proverbio chino hace referencia a la política experimental de China durante la década de apertura que comenzó en 1978 con la aplicación de medidas graduales sobre la inversión extranjera, la privatización y la apertura del mercado en general.
  13. Referencia a la famosa cita de Deng Xiaoping (1961) «No importa si un gato es blanco o negro, si atrapa al ratón, es un buen gato». En otras palabras, no importa la ideología o la nacionalidad de los empresarios mientras contribuyan al desarrollo económico de China. Esto está en consonancia con el contexto de las reformas de apertura preconizadas por Deng desde 1978.
  14. Concepto central del taoísmo, el camino se traduce en Dao o tao (道). El taoísmo es una de las tres principales filosofías chinas (junto con el budismo y el confucianismo) que se centra en la vía, el camino, como principio fundador de todo.
  15. Xiang se refiere a Zhang Weiwei, que comenzó su carrera como intérprete antes de convertirse en un notable académico en la década de 1990. Desde el ascenso de China, Zhang ha sido menos un académico que un destacado defensor del modelo chino, publicando una «trilogía de libros sobre el ascenso de China» (los dos primeros volúmenes han sido traducidos al inglés), en los que toma prestado libremente a Martin Jacques. Zhang también viaja por el mundo defendiendo el modelo chino; muchas de sus conferencias y debates están disponibles en inglés en Youtube.
  16. Xiang se refiere a la Escuela de Diplomacia y Relaciones Internacionales de Ginebra, pariente pobre del Instituto Universitario de Ginebra, donde Xiang imparte clases. «Pollo salvaje 野鸡» es un término muy utilizado para algo que no está patentado.
  17. Zhang ocupa un puesto en la Universidad de Fudan de Shanghai, el alma mater de Xiang, y es también decano del Instituto de Estudios Chinos de la misma universidad.
  18. Esta es otra referencia a Zhang Weiwei. El título del segundo volumen de su trilogía es The China Shock (中国震撼).
  19. Otro significado de «paz» ((平) en mandarín es plano, lo que también se contradice con el ascenso.
  20. Traducción tomada de http://www.fang.ece.ufl.edu/daodejing.pdf , texto número 80.