La ampliación de los BRICS para incluir a Irán (además de Argentina, Egipto, Etiopía, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos) refuerza la dimensión antioccidental del grupo y sirve de recordatorio del creciente papel que China desea desempeñar en la diplomacia de Oriente Medio, pero que no parece capaz de responder a las dificultades económicas a las que se enfrenta Irán.