Más allá de las críticas formuladas en la tribuna de las Naciones Unidas, la administración Trump no parece dispuesta a llegar al extremo de abandonar la organización.
Sin embargo, al adoptar un enfoque «a la carta» de la adhesión a los órganos de la ONU, reducir la financiación y limitar la participación de las delegaciones en la Asamblea General, contribuye a fragilizar aún más una institución ya de por sí debilitada.