El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha confirmado lo que una década de señales bipartidistas ya hacía presagiar: Estados Unidos se está retirando de la defensa convencional de Europa. Desde su reelección, el presidente condiciona sistemáticamente el apoyo estadounidense a la OTAN al esfuerzo de defensa de los europeos. 1 El secretario de Defensa Hegseth aprovechó su primera visita a la sede de la OTAN para anunciar que la prioridad de seguridad de Washington se desplazaba hacia Asia y que Estados Unidos «ya no se centraría prioritariamente en la seguridad de Europa». 2 La Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 formalizó este cambio, presentando a Estados Unidos como «organizador y valedor» de una red de reparto de la carga, en lugar de como un participante militar activo. 3 El subsecretario de Defensa encargado de política, Elbridge Colby, lo confirmó durante la reunión ministerial de febrero de 2026, abogando por una «OTAN 3.0» más cercana a la «OTAN 1.0» que a la alianza que los europeos conocen desde hace 35 años, y exigiendo que los aliados «asuman la responsabilidad principal de la defensa convencional de Europa». 4 El mensaje es inequívoco: para Washington, la defensa del hemisferio occidental es lo primero, la competencia con China en el Pacífico lo segundo; Europa es una prioridad europea. 5
No debería habernos sorprendido. La presencia militar estadounidense en Europa lleva tres décadas reduciéndose de forma constante. 6 La administración de Bush inició una serie de retiradas que la administración de Obama prosiguió, retirando del continente a más de 10.000 soldados, así como unidades de combate, en parte para financiar un giro hacia Asia. 7 Si bien la anexión de Crimea en 2014 provocó sin duda un cambio parcial, 8 la orientación estructural de la política estadounidense no ha cambiado: la voluntad de reducir los compromisos europeos y reorientarse hacia el Pacífico es antigua y abarca todo el espectro político de Estados Unidos. 9 Quienes esperan que una victoria demócrata en 2028 restablezca la relación transatlántica probablemente se sentirán decepcionados: la política interior y el cambio de rumbo del orden internacional apuntan a la continuación de la «transferencia de la carga» bajo cualquier sucesor plausible. 10 Los partidarios de la retirada estadounidense acogen este cambio como algo tardío; 11 los defensores del orden transatlántico lo tratan como un hecho consumado al que Europa debe adaptarse. 12 La cuestión política está zanjada; la cuestión estratégica, no.
Estados Unidos actúa como el sistema operativo de la Alianza, y su retirada obligaría a adoptar un estilo de guerra más prudente, más posicional y más de desgaste.
Jean-François Bélanger, Esben Salling Larsen y Olivier Schmitt
Ahora parece que hay dos cuestiones que deben debatirse con carácter prioritario: Europa necesita un concepto de disuasión nuclear que no dependa de la disuasión ampliada estadounidense, y una teoría de la victoria para la guerra convencional. Es de esta última de la que nos ocuparemos aquí.
Llama la atención que el debate europeo se haya centrado en la arquitectura institucional más que en la estrategia militar. La discusión se ha centrado en el pilar europeo de la OTAN, en la posibilidad de crear un ejército europeo, en la ampliación de la Fuerza Expedicionaria Conjunta y en mecanismos similares. 13 Falta casi por completo una evaluación rigurosa de las estrategias militares realmente disponibles para los europeos que operan con un apoyo estadounidense limitado o nulo. Una excepción reciente es el trabajo realizado por Ruben Stewart, que examina cómo lucharía la OTAN europea en el caso más peligroso: la ausencia repentina del apoyo estadounidense, en un combate librado «esta noche» con las fuerzas existentes. Su aportación fundamental es mostrar que lo que la retirada estadounidense elimina no es la masa, sino la integración: Estados Unidos funciona como el sistema operativo de la Alianza, y su marcha impondría una forma de hacer la guerra más prudente, más posicional y más de desgaste, por necesidad más que por elección. 14 Nuestro enfoque es diferente y complementario. Mientras que Stewart diagnostica la forma degradada de hacer la guerra que una ausencia estadounidense repentina impondría a la Europa tal y como es, nosotros nos preguntamos qué formas de hacer la guerra podría Europa construir deliberadamente en función del abanico de posturas estadounidenses plausibles, y qué exigiría cada una de ellas a su estrategia, su mando y sus capacidades. En la hipótesis de trabajo que aquí se presenta, nos proponemos variar el nivel residual de apoyo estadounidense y la estructura de mando resultante con el fin de generar tres conceptos operativos, cada uno con su propia teoría de la victoria, su arquitectura institucional y sus necesidades de capacidad, para explorar la posibilidad de que una defensa europea eficaz no pase necesariamente por un único sistema unificado.
El punto de partida es incómodo, pero hay que afrontarlo. Para los europeos, luchar «como los estadounidenses sin los estadounidenses» es un callejón sin salida estratégico. El concepto de combate actual de la OTAN —que pasa por la noción central de operaciones multidominio— se basa en una teoría de la victoria en la que las fuerzas rusas son desarticuladas mediante una integración tecnológica superior y un «dominio decisional». 15 Se trata de una teoría de la victoria construida en torno a las capacidades estratégicas estadounidenses y cuya lógica causal del éxito es, en el mejor de los casos, dudosa. 16 Los fundamentos estratégicos de la Alianza (el Concepto Estratégico de 2022, el Concepto de Disuasión y Defensa de la Zona Euroatlántica) y las declaraciones públicas de los sucesivos comandantes supremos aliados en Europa (SACEUR) traducen esto en tres requisitos operativos: «detectar, disuadir y defenderse contra cualquier amenaza de agresión; mantener o restablecer la integridad territorial de los Estados miembros; y poner fin rápidamente a un conflicto armado o a una agresión». 17 El general Christopher Cavoli, SACEUR de 2022 a 2025, resumió la lógica operativa en una fórmula: «o se gana desde el principio, rápido y con fuerza, o se entra en una larga lucha. Por lo tanto… ganen desde el principio, pero estén preparados para ganar a largo plazo»; 18 un futuro enfrentamiento convencional con Rusia, sostenía, «se decidirá en tierra». 19 Pero esta teoría de la victoria no puede sobrevivir intacta a la retirada estadounidense. Las estimaciones sitúan el costo de la sustitución de los facilitadores tecnológicos estadounidenses en varios miles de millones de dólares y el plazo para que Europa recupere el retraso industrial en diez o quince años. 20 A este respecto, las evaluaciones optimistas suponen un grado de cohesión europea en la integración de las fuerzas y la coordinación industrial que es poco realista: 21 el reto de desarrollar una forma europea de hacer la guerra sigue vigente.
En primer lugar, expondremos aquí un marco de reflexión sobre las posibilidades estratégicas europeas en función de dos variables: el nivel de apoyo estadounidense residual y la estructura de mando que de él se deriva. Las tres secciones siguientes desarrollan cada una un escenario, examinando la teoría de la victoria, la arquitectura institucional y las necesidades de capacidad que cada uno implica. Una conclusión extrae las implicaciones comparativas y las opciones políticas que estas imponen. A lo largo del razonamiento, partimos de la hipótesis de que Rusia sigue siendo una potencia agresiva dispuesta a recurrir a la fuerza contra Europa; no desarrollamos una teoría sobre las motivaciones rusas, sino que tratamos la amenaza como la condición estructural en la que debe concebirse la estrategia.
Enmarcar las oportunidades estratégicas europeas
La OTAN se ha convertido en un pilar fundamental de la seguridad europea, hasta tal punto que el término «coalición» suele referirse a lo que queda fuera de ella. La retirada estadounidense obliga a los europeos a replantearse no solo la relación de la Alianza con Washington, sino también la propia estructura de la Alianza. El debate europeo ha presentado con demasiada frecuencia la retirada estadounidense como una palanca coercitiva que hay que contrarrestar o revertir. Por el contrario, la política estadounidense hacia Europa ha consistido durante mucho tiempo en resistirse enérgicamente al desarrollo de capacidades estratégicas europeas autónomas. Tomamos la retirada progresiva de Estados Unidos como una premisa estructural y nos preguntamos qué estrategias militares están al alcance de los europeos en función de los distintos grados de apoyo estadounidense.
El marco se basa en la medida en que la disminución del apoyo estadounidense debería determinar las definiciones europeas de las estrategias militares adecuadas y las estructuras institucionales necesarias para respaldarlas. Otras variables (cohesión política, preparación industrial, tolerancia de la opinión pública ante las bajas) son importantes, pero quedan supeditadas a la cuestión del apoyo y el mando, que establece el marco estratégico dentro del cual se decide todo lo demás. De ello se derivan tres escenarios.
En el primer escenario, la OTAN mantiene un SACEUR estadounidense y un apoyo militar estadounidense reducido, pero real; la teoría de la victoria vigente se aplica con limitaciones de capacidad, en una versión en la que las operaciones multidominio se llevarían a cabo sin Estados Unidos. En el segundo escenario, los europeos conservan el acceso a la base industrial estadounidense, pero pierden las fuerzas y la inteligencia estadounidenses; el concepto operativo se convierte en la denegación estratégica por desgaste continental, ejecutada por un mando íntegramente europeo. En el tercer escenario, incluso el acceso industrial ha desaparecido; la Alianza se regionaliza en agrupaciones de defensa parcialmente superpuestas, cada una de las cuales lleva a cabo una contraconcentración a medida en su teatro de operaciones. Estos tres escenarios son tipos ideales conceptuales, no predicciones; permiten delimitar teóricamente el espacio de las opciones europeas. El primer escenario es el más cómodo, ya que se presenta fácilmente como una simple «transferencia de la carga»: no exige ninguna reflexión de fondo sobre una estrategia militar adecuada, ya que permite a los europeos seguir importando conceptos estadounidenses y evita reconocer públicamente la fractura transatlántica. Pero deja a los europeos con una forma de hacer la guerra que sigue dependiendo de facilitadores estratégicos estadounidenses esenciales, y por tanto políticamente vulnerables, y dependiente de la tecnología estadounidense para capacidades críticas, lo que reduce la capacidad de innovación de Europa y, por tanto, su prosperidad potencial. Una planificación prudente exigiría que los europeos comenzaran a reflexionar sobre el segundo y el tercer escenario.
Es incómodo, porque hay que admitir que deben pasar a ser creadores, y no meros consumidores pasivos, de conceptos y estrategias militares. Pero es la opción más prudente y lógica si se quiere que la responsabilidad de la defensa europea recaiga decididamente en los europeos.
Primer escenario: operaciones multidominio, pero con un apoyo estadounidense limitado
Este escenario parte de la trayectoria transatlántica actual: una postura estadounidense transaccional hacia sus aliados, 22 un compromiso incierto con la OTAN y una reducción continua de las fuerzas y los facilitadores en Europa.
Grado de compromiso de Estados Unidos
Partimos de la base de que se mantiene el acceso aliado a las capacidades estadounidenses, sobre todo al ecosistema del F-35 —con sus cadenas de suministro, sus datos paramétricos y su comunidad de usuarios— y a determinadas fuerzas y facilitadores estadounidenses. La diferencia fundamental con respecto al escenario 3 es que los europeos siguen formando parte del sistema militar-industrial estadounidense. El mantenimiento del acceso a tal o cual capacidad (ISR aerotransportado, inteligencia de origen electromagnético, reabastecimiento en vuelo, ataque de precisión de largo alcance) es contingente y se negocia políticamente. La forma que adoptarían las operaciones multidominio variaría, por tanto, en función de las capacidades que Washington decidiera poner a disposición.
Teoría de la victoria
La teoría de la victoria formulada por el SACEUR perdura en la forma, aunque no siempre en el fondo. Con un SACEUR estadounidense y una cohesión institucional intacta, la Alianza mantiene su insistencia en la disuasión por denegación, respaldada por el castigo, y su lógica operativa de victoria desde el primer momento, sin dejar de estar preparada para ganar a largo plazo. Los planes regionales, de dominio y estratégicos conservan su estructura, aunque su alcance se reduzca. Pero la Alianza debe reconciliarse con una tensión que hasta ahora había eludido: ha planificado una guerra de maniobras (ganar rápido) al tiempo que construye una estructura de fuerzas diseñada para el desgaste (ganar a largo plazo). Con un apoyo estadounidense limitado, es el segundo componente el que predomina.
La presencia avanzada sigue siendo la ventaja más sólida de la Alianza. De los ocho grupos tácticos multinacionales de la OTAN, desplegados desde Bulgaria hasta Estonia, solo el de Polonia opera bajo mando estadounidense; los demás están dirigidos por el Reino Unido, Canadá, Alemania, Italia, Francia, España y Hungría. 23 Integrados en los planes regionales del SACEUR a través del Cuerpo y la División Multinacionales del Noreste, es poco probable que estos despliegues se retiren en caso de una retirada estadounidense. 24
Alemania produce ahora más proyectiles de artillería que Estados Unidos.
Jean-François Bélanger, Esben Salling Larsen y Olivier Schmitt
El concepto operativo asociado a esta teoría de la victoria es el de las operaciones multidominio o MDO: «la coordinación de actividades militares, en todos los dominios y entornos, sincronizadas con actividades no militares, para permitir a la Alianza generar efectos convergentes a la velocidad que exige la situación». 25 El concepto se basa en la convergencia a través de los ámbitos marítimo, terrestre, aéreo, espacial y cibernético, y en la integración del sector privado para determinados facilitadores tecnológicos.
En este escenario, la implementación de las MDO sin las capacidades estadounidenses es el principal reto.
Trayectoria institucional
La estructura de mando, que cuenta con un apoyo estadounidense limitado, resulta más tranquilizadora que el panorama de las capacidades. De hecho, el mando y control de la OTAN se han europeizado progresivamente a lo largo de la última década, en un proceso que se aceleró aún más a principios de 2026. Ubicado en Mons, en el cuartel general de la OTAN, el SACEUR es el único puesto operativo de alto rango ocupado por un oficial estadounidense; los tres mandos de fuerzas conjuntas (Nápoles, Brunssum y Norfolk) están ahora todos dirigidos por europeos —incluido Norfolk, el único cuartel general de nivel operativo situado en territorio estadounidense—, al igual que los mandos de las componentes aérea (Ramstein), marítima (Northwood) y terrestre (Esmirna) y, en los niveles de cuerpos y divisiones, las grandes formaciones multinacionales del noreste. 26
Aunque la presencia terrestre estadounidense se está reduciendo considerablemente, la función de planificación operativa continúa en el Supreme Headquarters Allied Powers Europe (o SHAPE, el cuartel general de la Alianza), en los mandos conjuntos y en los mandos de las fuerzas componentes, sin que se produzca ninguna interrupción en la infraestructura ni en la dirección. Los edificios, los grupos de planificación operativa permanentes, el trabajo de los estados mayores en los planos regionales y la memoria institucional residen todos en Europa. Las relaciones de mando por intención que prescribe la AJP-01 (intención centralizada, ejecución descentralizada) funcionan a través de cuarteles generales dirigidos por europeos en todos los niveles bajo el mando del SACEUR. El marco conceptual de la forma de hacer la guerra de la OTAN ya es ejecutable por estructuras de mando europeas. El personal estadounidense representa una parte sustancial de los cuarteles generales de la OTAN, y su sustitución supondrá una carga para los ejércitos más modestos. 27 Pero la arquitectura institucional no es, en sí misma, la limitación determinante.
Hay tres limitaciones estructurales que se aplican a todas las variantes de este escenario, y se refieren más a los facilitadores que a la masa.
En primer lugar, la propia AJP-01 reconoce la necesidad de sincronización en las operaciones multidominio (MDO): «las operaciones multidominio exigen la sincronización de acciones que van desde la velocidad de la luz hasta el paso de marcha». 28 Las fuerzas europeas no han demostrado una sincronización entre dominios a esa velocidad; las plataformas existen, pero los conceptos de empleo aún están en fase de maduración. 29 En segundo lugar, la capacidad europea de ataque de precisión de largo alcance es insuficiente para el componente de fuego profundo de la denegación: el European Long-Range Strike Approach es un programa más que una capacidad desplegada, y las existencias de Storm Shadow, SCALP y Taurus son limitadas. 30 En tercer lugar, las operaciones aéreas siguen dependiendo de los facilitadores estadounidenses, en particular del transporte estratégico y el reabastecimiento en vuelo. Si Washington los reserva para el Pacífico, la Alianza podría no ser capaz de producir el conjunto de efectos convergentes de estas operaciones. Las reservas de munición y la profundidad industrial (interceptores de defensa aérea, artillería de 155 mm, munición de largo alcance) siguen siendo insuficientes para el componente de «ganar a largo plazo» sin un reabastecimiento estadounidense sostenido, aunque la trayectoria es alentadora: Alemania produce ahora más proyectiles de artillería que Estados Unidos. 31
Necesidades de capacidad
Si Estados Unidos sigue proporcionando inteligencia y compartiendo datos (ISR a gran altitud, inteligencia electromagnética, alerta temprana antimisiles, integración a través de los canales existentes de la OTAN), los europeos son capaces de llevar a cabo algo parecido al concepto del AJP-01, incluso en caso de retirada de las fuerzas terrestres estadounidenses. Los facilitadores estadounidenses restantes (ataques de precisión de largo alcance, SEAD/DEAD, reabastecimiento en vuelo) cubren las lagunas que la capacidad europea aún no puede cubrir. Si la preferencia estadounidense por el poder aéreo y las tecnologías de precisión en detrimento del compromiso terrestre 32 se prolonga en un escenario del artículo 5, lo más probable es que Estados Unidos contribuyera con poderío aéreo, al tiempo que se retiraría de las actividades persistentes de baja intensidad. El componente de «ganar desde el principio» depende entonces en gran medida de la aviación táctica estadounidense; el componente de «ganar a largo plazo» depende casi por completo de la masa, las reservas de municiones y los refuerzos europeos. Esta es la configuración más exigente: Estados Unidos proporciona el combate de alto nivel, al tiempo que abandona la presencia persistente de baja intensidad que presupone el continuo de la competencia del AJP-01.
El desarrollo de las fuerzas europeas debe, ante todo, cubrir las carencias del modelo de fuerzas de la OTAN: aportar más efectivos y puestos de mando que en la actualidad, y garantizar un nivel de preparación adecuado. En cifras, los europeos deberán aportar los 100.000 efectivos del primer nivel de defensa y la mayoría, si no la totalidad, de los 200.000 del segundo. Las naciones de la OTAN cuentan actualmente con 144 brigadas de maniobra; Europa sigue teniendo dificultades para cubrir las carencias, y la participación estadounidense en el primer escalón y en los refuerzos previstos para el segundo es sustancial. 33
Por lo tanto, habrá que intensificar la captación y la fidelización, al tiempo que se prepara una renovación en un conflicto prolongado.
Esta dinámica comenzó a ponerse en marcha trazando una trayectoria: Dinamarca introdujo el servicio militar obligatorio para las mujeres en el verano de 2025; 34 Croacia hizo obligatorio el servicio militar en octubre de 2025; Alemania elevó sus objetivos de reclutamiento en enero de 2026, acompañados de una cláusula de reclutamiento obligatorio si no se alcanzaban las cifras. 35 Polonia se ha fijado el objetivo de formar a 400.000 personas para 2026, Francia ha puesto en marcha un programa militar voluntario que entrará en vigor en 2026, y Canadá ha visto cómo sus solicitudes casi se triplicaban en 2025. 36 En cuanto a la capacidad, la prioridad es proporcionar o modernizar lo que requiere una fuerza que desea llevar a cabo operaciones multidominio. Los europeos deberían buscar alianzas industriales para el desarrollo conjunto de sistemas facilitadores, incluso con Boeing para los aviones cisterna —ya que Airbus por sí sola no puede satisfacer la demanda europea— y para la producción de interceptores Patriot, que se baraja como candidato a un desarrollo conjunto transatlántico. 37
Segundo escenario: la denegación estratégica por desgaste continental
En este escenario, Estados Unidos se ha retirado operativamente de la defensa de Europa, pero los Estados europeos siguen teniendo acceso comercial a la base industrial de defensa estadounidense.
Grado de compromiso de Estados Unidos
Las tropas, las plataformas de inteligencia y las estructuras de mando estadounidenses ya no garantizan la seguridad continental; las armas, los sensores y las municiones estadounidenses siguen estando disponibles a través del comercio de defensa habitual. El problema estratégico que esto plantea es más sutil de lo que sugiere el debate habitual sobre la sustitución de capacidades. El objetivo no es luchar «como Estados Unidos sin Estados Unidos». Las carencias de capacidad se pueden comprar en el mercado; las carencias operativas, en particular las infraestructuras de datos y de mando y control que hacen funcionar las operaciones multidominio, no. 38
Una forma europea de hacer la guerra debería permitir controlar la cadena operativa de principio a fin, incluso cuando el material sale de fábricas estadounidenses. Este escenario supone que se mantenga la cohesión política entre las grandes potencias europeas: Francia, el Reino Unido, Alemania, Polonia, Italia y los países nórdicos y bálticos se comprometen a luchar como una única entidad político-militar bajo un mando unificado. La alternativa plural, en la que se forman coaliciones subregionales en torno a los Estados que se movilizan efectivamente, es el objeto del tercer escenario estudiado aquí.
Teoría de la victoria
Vencer a Rusia según este concepto significa que Moscú no puede seguir adelante con una agresión: cualquier avance ruso resulta demasiado costoso, demasiado vulnerable y demasiado inestable como para constituir un hecho consumado.
El objetivo es el agotamiento operativo: la erosión progresiva de la capacidad rusa para regenerar su potencia de combate a nivel operativo —el deterioro de la mano de obra entrenada, la perturbación de los ciclos logísticos y la creciente fricción en los sistemas de mando encargados de sostener operaciones ofensivas bajo presión continua—. Se trata de una estrategia de agotamiento en la que el desgaste se convierte en limitaciones a la capacidad de actuación del adversario. Apunta al aparato militar ruso a nivel operativo, no al régimen ni a la población. No exige ni espera un cambio de régimen en Moscú, y no depende de una revuelta popular, que la experiencia histórica demuestra que es poco fiable y políticamente corrosiva de provocar. No da prioridad al castigo de la población rusa, que, empíricamente, tiende más a reforzar la cohesión del adversario que a disolverla.
El concepto se basa en tres premisas. La primera es la ventaja del defensor en el campo de batalla moderno. La experiencia defensiva de Ucrania entre 2023 y 2025 demuestra que un defensor preparado, dotado de un ISR denso, fuego de precisión en capas y reservas de munición, impone costos desproporcionados al atacante. 39 La transformación es más profunda que la simple incorporación de una capacidad: los drones tácticos y operativos constituyen una innovación arquitectónica que exige los correspondientes ajustes en la táctica, la organización y la doctrina, y un concepto europeo que no realice estos ajustes no aprovechará la ventaja defensiva, incluso allí donde las plataformas estén presentes. 40 La segunda premisa es la ventaja comparativa industrial: el PIB europeo es aproximadamente diez veces superior al PIB ruso e, incluso en una economía de guerra, Rusia no puede igualar la producción europea si los europeos movilizan su base industrial. 41 La tercera premisa es la sostenibilidad del esfuerzo multinacional como variable operativa. Una guerra europea debe ser a la vez militarmente eficaz y políticamente sostenible en el marco de una coalición de unos veinte Estados democráticos, durante un periodo de dos a cinco años. Esto excluye las campañas ofensivas con grandes pérdidas y, combinado con la gestión de la escalada nuclear, hace que las operaciones terrestres en territorio ruso sean políticamente inviables. El desafío militar es, por tanto, más de reconquista que de conquista: contener los avances rusos en territorio europeo, desalojar a las fuerzas rusas de todo terreno ocupado, 42 y agotar el poderío militar ruso hasta que Moscú opte por la retirada. Son posibles y necesarios los efectos en profundidad sobre el territorio ruso, pero deben infligirse mediante el fuego, no mediante maniobras terrestres.
Una forma europea de hacer la guerra debería permitir controlar la cadena operativa de principio a fin, incluso cuando el material sale de fábricas estadounidenses.
Jean-François Bélanger, Esben Salling Larsen y Olivier Schmitt
El concepto operativo que se deriva de estas premisas es la denegación estratégica por desgaste continental. Se compone de cuatro líneas de acción que se refuerzan mutuamente, cuyo efecto combinado plantea un dilema acumulativo a Moscú.
La primera y más importante es la «denegación continental». La frontera oriental —desde la frontera entre Rusia y Noruega, pasando por los Estados bálticos y la frontera ucraniana, hasta el Mar Negro— se reconfiguraría en un único complejo defensivo de reconocimiento y ataque. La lógica operativa recuerda el concepto «Hellscape» previsto para la defensa de Taiwán: una arquitectura por capas en la que la densidad y la intensidad del fuego aumentan a medida que avanza el adversario, y en la que ninguna capa es decisiva por sí sola, sino que lo es su efecto acumulado. 43 Una densa red de sensores ISR detectaría el movimiento ruso en profundidad operativa; el fuego de saturación —artillería, municiones vagabundas y drones FPV— atacaría a las fuerzas rusas tan pronto como amenacen la línea de contacto. Una defensa tierra-aire en capas, interconectada entre sistemas nacionales, negaría a Rusia el acceso aéreo y de misiles a la zona defendida. Las fortificaciones avanzadas, los cinturones de obstáculos y los planes de fuego preestablecidos canalizarían cualquier avance hacia zonas de destrucción cuya geometría ha elegido el defensor. La resiliencia frente a la guerra electrónica y los ataques de decapitación rusos se basaría en la delegación de la autoridad de mando a los niveles de batallón y compañía, según los principios del mando por intención. La experiencia ucraniana proporciona el modelo empírico: un cinturón de desgaste de 30 kilómetros a lo largo de la línea de contacto, respaldado por lo que los comandantes ucranianos denominan ahora un «muro de drones». 44 Esta misma experiencia modera el concepto frente a una lectura demasiado optimista de los drones baratos: 45 la denegación continental se basa en fuego en capas (artillería, municiones merodeadoras, FPV, minas, guerra electrónica), no solo en la masa de drones. El cinturón de denegación también debe integrar la logística como ámbito disputado. La doctrina rusa concede gran importancia a los ataques profundos contra los nodos logísticos, las redes ferroviarias y los puestos de mando de retaguardia; 46 un enfoque europeo creíble debe tratar su propia infraestructura logística como parte del espacio de batalla, de lo contrario el sistema de denegación se degradará por el agotamiento de sus propias estructuras de apoyo.
La segunda línea de acción consiste en el ataque en profundidad recíproco. La profundidad estratégica rusa debe verse continuamente amenazada: nodos de la economía de guerra, infraestructuras petroleras y logísticas, redes ferroviarias, instalaciones de mando y control, bases navales y activos vinculados a las élites, mediante misiles de largo alcance, drones suicidas en masa, operaciones cibernéticas y sabotajes. El objetivo es la denegación, no el castigo: degradar los insumos que Rusia necesita para sostener su ofensiva, al tiempo que se eleva el costo político continuar con la ofensiva. 47 La experiencia ucraniana, una vez más, lo ilustra: la estrategia de ataque en profundidad de Kiev combina campañas asimétricas llevadas a cabo con drones suicidas de bajo costo contra infraestructuras fijas y un conjunto más restringido de ataques convencionales de precisión contra objetivos fortificados, en una campaña por capas económicamente sostenible. 48 El volumen de las reservas es la variable crítica: Europa debe mantener operaciones de ataque en profundidad durante años, no semanas, considerando las reservas de munición de largo alcance y la capacidad de producción de drones suicidas como activos estratégicos comparables a divisiones blindadas.
La tercera línea de acción es el bloqueo marítimo y económico. La superioridad naval y económica estructural de Europa debe convertirse en un instrumento de guerra: denegación de acceso marítimo en el Báltico, el Mar Negro, el Mediterráneo y en el corredor Groenlandia-Islandia-Reino Unido (GIUK); neutralización de la flota fantasma; defensa de las infraestructuras submarinas; e integración de la guerra financiera, comercial y de sanciones en las operaciones militares. Europa no necesita derrotar a la marina rusa en una batalla naval; necesita privar a Rusia de su libertad marítima y de su oxígeno económico, al tiempo que asegura sus propias líneas de comunicación marítimas. Las fuerzas especiales europeas también podrían llevar a cabo acciones de sabotaje contra los intereses económicos rusos en todo el mundo. Este es el elemento menos dependiente de Estados Unidos en la postura europea actual, y un terreno natural de ventaja comparativa.
La cuarta línea de actuación es la defensa total. Las sociedades europeas deben ser capaces de absorber un primer golpe, soportar una guerra prolongada y privar a Rusia de los beneficios políticos de una escalada que no llegue al uso de armas nucleares. Esto supone el servicio militar obligatorio o selectivo en las grandes potencias continentales, la defensa civil, las reservas estratégicas, el refuerzo de las infraestructuras críticas, la lucha contra el sabotaje a gran escala y la movilización económica planificada con antelación. Los modelos finlandés, sueco y suizo proporcionan los marcos institucionales. 49
Las cuatro líneas ejercen cuatro presiones paralelas y generan un dilema acumulativo: Rusia no puede ni conquistar territorio, ni aprovechar su retaguardia como refugio, ni utilizar las vías marítimas o económicas, ni desintegrar las sociedades europeas. La arquitectura es resistente al fracaso parcial: la pérdida de una línea la debilita sin provocar su colapso. También exige una priorización explícita, ya que las limitaciones de recursos y las fricciones políticas impedirán desarrollar simultáneamente las cuatro líneas a su nivel óptimo. La denegación continental y la producción de municiones constituyen el núcleo irreductible; las demás líneas cobran fuerza en paralelo. Sin tal priorización, los recursos dispersos corren el riesgo de no producir ninguno con la profundidad suficiente.
La experiencia ucraniana ofrece un modelo empírico útil: un cinturón de desgaste de 30 kilómetros a lo largo de la línea de contacto, respaldado por lo que los comandantes ucranianos denominan ahora un «muro de drones».
Jean-François Bélanger, Esben Salling Larsen y Olivier Schmitt
El concepto está diseñado para frustrar cada una de las apuestas estratégicas en las que se basaría una agresión rusa. Si Rusia apuesta por la velocidad, 50 con la esperanza de crear un hecho consumado territorial antes de que Europa se movilice políticamente, la apuesta se frustra mediante una denegación avanzada que impone costos catastróficos desde el primer kilómetro. Si apuesta por la coacción nuclear, calculando que el riesgo de escalada alejaría de la coalición a los Estados de primera línea no nucleares, la apuesta se frustra mediante la disuasión avanzada y la resiliencia social. Si apuesta por la fragmentación occidental, anticipando que las divisiones políticas paralizarían la respuesta, la apuesta se ve frustrada por estructuras de mando unificadas y un compromiso previo establecido antes de la crisis. Si apuesta por la resistencia industrial, contando con agotar las reservas europeas en una guerra prolongada, la apuesta se ve frustrada por el contra-desgaste y el desarrollo deliberado de la profundidad industrial. La diferencia clave con las operaciones multidominio radica en la relación con el tiempo. Estas instrumentalizan el tiempo mediante la velocidad: operar dentro del ciclo de decisión del adversario y producir la desorganización más rápido de lo que él puede adaptarse. 51 La denegación estratégica por desgaste continental utiliza el tiempo como resistencia: durar más tiempo del que el adversario puede soportar. Se adapta estructuralmente a las realidades políticas y operativas de la defensa continental sin apoyo estadounidense.
Hay dos puntos débiles de las estrategias de agotamiento que conviene tener en cuenta.
La primera es la desintegración política interna: una guerra prolongada ejerce una presión constante sobre la cohesión de la coalición y sobre la paciencia interna necesaria para seguir financiando, armando y tolerando el esfuerzo. La segunda es la dimensión emocional del desgaste en sí mismo, que puede endurecer la determinación del adversario a través de la ira y el deseo de venganza, en lugar de disiparla. La arquitectura institucional que se describe a continuación responde a la primera; la segunda es más difícil e implica un cuidadoso calibrado del golpe profundo: no el castigo máximo, sino una denegación operativa diseñada para degradar la capacidad rusa sin cometer la atrocidad simbólica que consolidaría el apoyo interno ruso a la guerra.
Trayectoria institucional
La arquitectura institucional que requiere este concepto se sustenta en dos pilares operativos: un mando estratégico europeo unificado y una capacidad ISR soberana capaz de abastecerlo. En torno a estos dos pilares se articulan cuatro requisitos adicionales —la reforma de la base industrial, el reequilibrio de la estructura de fuerzas, los acuerdos nucleares y el compromiso político previo—, cada uno de los cuales presupone decisiones políticas que los gobiernos europeos se han resistido hasta ahora a tomar.
El requisito de mando es el de un oficial europeo en el nivel de mando estratégico (un SACEUR europeo) al frente del Mando Aliado de Operaciones, con los mandos de las componentes terrestre, aérea y marítima europeizados a nivel de cuatro estrellas. La forma institucional importa menos que las exigencias funcionales: una planificación operativa unificada en toda la frontera oriental, una única red logística de teatro de operaciones y una imagen operativa común que haga autoridad. La cadena operativa debe ser totalmente europea y construirse antes de la crisis, en lugar de improvisarse durante la misma. Dado que la mayor parte de la estructura de mando operativo de la OTAN ya es europea, tal y como ha demostrado el primer escenario, el salto es más modesto de lo que parece.
La arquitectura ISR constituye el segundo pilar. Una arquitectura soberana debería abarcar cuatro niveles: un nivel espacial que agrupe a Galileo, Copernicus, CSO, SARah, CERES e IRIS² bajo un Mando Espacial Europeo dotado de autoridad para la asignación de tareas operativas; 52 una capa aérea que amplíe las flotas de E-7 y GlobalEye y desarrolle un sucesor de los AWACS de la OTAN; una capa terrestre que conecte en red radares nacionales, sensores pasivos y drones tácticos en una malla continua a lo largo de la frontera oriental; y una capa marítima que combine aviones de patrulla, vigilancia submarina en el estrecho de GIUK y el Báltico, y vehículos de superficie y submarinos no tripulados. Las cuatro deberían fusionarse en un Centro de Inteligencia Conjunto Europeo que alimente directamente a los mandos de operaciones.
De ello se derivan otras tres exigencias. La primera es la transformación de la base industrial de defensa europea. El instrumento Security Action for Europe (SAFE), puesto en marcha en 2025, y sus sucesores deben servir no para aumentos marginales de la adquisición conjunta, sino para la reforma estructural de la demanda: normas comunes, redundancia deliberada de las líneas de producción y contratos de compra plurianuales lo suficientemente importantes como para liberar la inversión en capacidad del capital privado. La segunda es el reequilibrio de la estructura de fuerzas hacia la masa defensiva y el relanzamiento del servicio militar obligatorio o selectivo en las grandes potencias continentales: la masa territorial que exige la denegación continental no puede generarse únicamente con fuerzas profesionales de voluntarios; una fuerza paneuropea permanente de alta disponibilidad de unos 100.000 hombres, bajo la estructura de mando europea, proporcionaría su estructura operativa. La tercera se refiere a los acuerdos nucleares. El concepto presupone que la coacción nuclear rusa puede neutralizarse, lo que, en ausencia de una disuasión ampliada estadounidense, significa que las fuerzas nucleares franco-británicas deben garantizar la defensa continental en su conjunto. Las primeras discusiones sobre la «disuasión avanzada» francesa van en la dirección correcta y deberían reforzarse.
Un último requisito es el compromiso político previo y vinculante de las grandes potencias europeas de luchar como una sola entidad, con la delegación previa de las competencias en materia de generación de fuerzas y mando. Este compromiso previo existe, en principio, en el seno de la OTAN, pero debe reafirmarse políticamente, habida cuenta de la transformación fundamental de la naturaleza de la Alianza que implica la retirada estadounidense.
Necesidades de capacidad
La arquitectura de capacidades que sustenta la denegación estratégica por desgaste continental da prioridad a la producción masiva de material, aunque este no sea necesariamente de última generación, y acepta una reducción deliberada de la capacidad expedicionaria a cambio de una densidad defensiva continental muy superior. Casi todos los Estados fuera de Europa que se preparan para una guerra de alta intensidad —China, Estados Unidos, Rusia, Japón, Corea del Sur, Taiwán— han apostado masivamente por el ataque de largo alcance y el desgaste masivo, mientras que las grandes potencias europeas han seguido lo que Fabian Hoffmann denomina un Sonderweg europeo, una divergencia respecto a las elecciones de equipamiento realizadas en otros lugares. 53
La asimetría en la producción es llamativa. La aviación rusa cuenta con unos 1.400 aviones de combate operativos, y la producción de misiles rusa se ha recuperado en gran medida: los servicios de inteligencia ucranianos estiman que Rusia produce entre 840 y 1.020 misiles balísticos de corto y medio alcance al año, además de misiles de crucero y más de un millar de drones suicidas de largo alcance al mes. 54 La producción europea de interceptores no puede competir con ello, y la relación de costos es estructuralmente desfavorable: los interceptores cuestan entre dos y cuatro millones de dólares cada uno —mucho más que los misiles a los que se enfrentan— y se necesitan al menos dos por objetivo para una probabilidad de interceptación del 90 %. 55 La arquitectura requerida es, por tanto, un sistema tierra-aire totalmente estratificado —largo, medio y corto alcance, y lucha contra drones— en el que los interceptores de alta gama se reservan para las amenazas de gran valor, mientras que las amenazas menos costosas se tratan mediante guerra electrónica, lucha contra drones de corto alcance, señuelos, dispersión, refuerzo de las infraestructuras y acción ofensiva contra los sistemas de lanzamiento. El arsenal de interceptores es en sí mismo un activo estratégico.
Dado que la defensa aérea y antimisiles no puede, por sí sola, ejercer un efecto disuasorio, debe ir acompañada de una capacidad creíble de contraataque que amenace las infraestructuras críticas y los activos económicos rusos. El inventario europeo actual de misiles de crucero con un alcance superior a 150 km es de entre 3.100 y 3.300 sistemas, un arsenal que se agotaría en unos pocos días o semanas de operaciones de alta intensidad. 56 Los programas europeos son reales, pero lentos. El European Long-Range Strike Approach (ELSA), firmado en forma de carta de intenciones por Francia, Alemania, Italia, Polonia, el Reino Unido y Suecia en febrero de 2026, tiene como objetivo un misil de crucero tierra-tierra de 1.000 a 2.000 km, con un primer lanzamiento de prueba de MBDA en 2027-2028 y una entrada en servicio a principios de la década de 2030. 57 Otros programas —el alemán Taurus Neo, el franco-británico-italiano STRATUS y el germano-noruego 3SM Tyrfing— se extienden desde 2028 hasta mediados de la década de 2030. Estos programas de alta gama deben combinarse con sistemas de gama baja producidos en masa, como el Project Brakestop británico (600 km, costo unitario inferior a 500.000 dólares) o el One-Way Effector de MBDA. 58 El ataque en profundidad eficaz es una lógica de campaña basada en sistemas en capas, económicamente sostenibles, y no una capacidad definida por municiones sofisticadas.
El desgaste táctico es el ámbito en el que las fuerzas europeas están más alejadas de la realidad actual del campo de batalla. Ucrania fabricó 4,5 millones de drones en 2025, frente a los 500.000 de 2023; 59 basándose en la experiencia ucraniana (4 millones de drones para un frente de 1.200 km), el comisario europeo de Defensa extrapoló que Lituania necesitaría unos tres millones de drones al año para defender sus 900 km de frontera con Rusia y Bielorrusia en una guerra de alta intensidad. 60 La ley de programación militar francesa de 2026 prevé un aumento del 400 % de las existencias de drones de aquí a 2030, con una dotación de 8.500 millones de euros, pero sus adquisiciones para el periodo 2024-2026 solo incluían unas 2.000 municiones vagabundas de corto alcance en el marco del programa COLIBRI. 61 Cubrir esta brecha supone la integración de drones FPV a nivel de sección y de municiones vagabundas a nivel de compañía y batallón a lo largo de toda la frontera oriental. El cinturón de denegación también dependería del despliegue masivo de minas terrestres, una posibilidad que las retiradas de la Convención de Ottawa por parte de Estonia, Letonia, Lituania, Finlandia y Polonia en 2025 han hecho legalmente posible, pero cuyas implicaciones industriales y jurídicas aún no se han planificado a nivel de la coalición.
En última instancia, la cadena de producción de municiones es la base de todo esto. El parque de artillería europeo se ha transformado más rápidamente que el de misiles: la fábrica Unterlüß de Rheinmetall alcanzará una producción de 350.000 proyectiles de 155 mm al año para 2027, y la producción junta de la Unión Europea, el Reino Unido y Ucrania se prevé que alcance los 2,8-3 millones de proyectiles de 155 mm al año para 2026, más o menos a la par con la producción bélica rusa. 62 El modelo de la artillería es la matriz institucional del resto: contratos de compra plurianuales a gran escala, redundancia deliberada de la producción entre países y tratamiento explícito de la producción de municiones como facilitador estratégico. El cinturón de denegación se ve respaldado además por el Escudo del Este polaco (10.000 millones de zlotys, 700 km de fortificaciones fronterizas, finalización en 2028) y la Línea de Defensa Báltica, que juntos formarán una línea fortificada continua en el flanco oriental de la OTAN.
Europa puede alcanzar esas capacidades, pero de forma desigual y con plazos diferentes.
Una vía rápida (drones FPV, munición de 155 mm, minas, lucha contra drones, fortificación y resiliencia logística) puede proporcionar una postura de denegación reforzada de aquí a 2028. Una vía intermedia (defensa aérea por capas, Taurus Neo, STRATUS, One-Way Effector) se desplegará entre 2029 y 2031. Una vía lenta (misil de crucero tierra-tierra ELSA, 3SM Tyrfing, fusión soberana de ISR y mando de operaciones integrado) se extiende hasta mediados de la década de 2030. 63 El concepto es realista como proceso escalonado cuya credibilidad depende de la secuencia: construir primero la masa de denegación y, a continuación, el sistema operativo autónomo. Si estos elementos se abordan de forma sistemática, el escenario se vuelve creíble como estrategia madura en una década. De lo contrario, Europa corre el riesgo de permanecer en un estado transitorio en el que ha aumentado su gasto y sus capacidades sin disponer de la coherencia necesaria para convertirlas en una teoría de la victoria fiable.
Tercer escenario: la contraconcentración a medida por desgaste regional
En el tercer escenario, Estados Unidos no solo retiró sus capacidades militares destinadas a la defensa de Europa, sino también el acceso europeo a su complejo industrial.
Grado de compromiso de Estados Unidos
Es posible establecer acuerdos bilaterales sobre el estacionamiento y la cooperación con determinados Estados europeos, pero no existe ningún compromiso permanente por parte de Estados Unidos que permita una disuasión creíble frente a Rusia. La falta de acceso al sistema militar-industrial estadounidense no significa que los ejércitos europeos no posean ningún equipo estadounidense, sino que carecen de las tecnologías más recientes, de actualizaciones y de cadenas de suministro fiables, ya que la capacidad industrial estadounidense da prioridad a otros socios.
En estas circunstancias, suponemos que la cohesión de la Alianza se regionaliza, de acuerdo con la estructura geográfica actual de la OTAN y la diversidad de amenazas según las regiones, lo que da lugar a un mosaico de cooperaciones en materia de defensa que se superponen parcialmente. 64 A veces se sostiene que una defensa europea no es viable sin la puesta en común. 65 Este escenario se basa en la premisa inversa: la mutualización puede reducirse a costa de una mayor masa. Los vacíos dejados por la retirada estadounidense se llenan con capacidades europeas y soluciones locales idiosincrásicas, ya que cada Estado europeo convierte sus circunstancias propias —geografía, base industrial, postura histórica— en acuerdos regionales a medida con sus vecinos inmediatos y las potencias intermedias más cercanas.
Teoría de la victoria
Los europeos deben ser capaces de disuadir a Rusia en cada región hasta el punto de que la acción militar deje de ser una opción viable allí.
Dado que Moscú puede desplazar rápidamente sus recursos entre distritos militares, cada región debe ser capaz de resistir por sí sola a un aumento reforzado del poderío militar ruso. La diferencia con el segundo escenario en este sentido es que la economía europea, más amplia, y el gasto agregado en defensa generan disuasión a nivel regional, en lugar de mediante un enfoque unificado. El escenario se basa en la premisa de que la capacidad financiera combinada de los Estados europeos sigue siendo suficiente para alcanzar la eficacia militar regional, aunque la multiplicidad de enfoques sea menos eficiente que un enfoque único. Cada región debe aprovechar su geografía y sus capacidades locales con un apoyo limitado de los demás aliados, a largo plazo. La postura requerida hace que los avances rusos sean imposibles o muy costosos, en lugar de basarse en la maniobra. 66 Rusia se enfrenta a un conjunto de regiones inaccesibles, cada una de ellas capaz de inmovilizar sus fuerzas de manera que la prive de opciones.
A este concepto lo denominamos «contraconcentración a medida por desgaste regional». La contraconcentración no es aquí la de la Guerra Fría (fuerzas masivas y refuerzos en un único teatro decisivo), sino una denegación de acceso regional. La disuasión surge como un sistema en capas e interconectado: una red, o un «anillo» de disuasión, donde zonas de responsabilidad superpuestas se refuerzan mutuamente. La lógica subyacente recuerda a la del Tratado sobre Fuerzas Armadas Convencionales en Europa, que gestionaba los equilibrios militares mediante zonas geográficas definidas con límites máximos de fuerzas superpuestos. Este enfoque «regionalizado» distribuye de igual modo las capacidades militares entre los teatros de operaciones, de manera que complica la planificación del adversario al tiempo que mantiene una disuasión creíble. La vulnerabilidad del concepto ante la fragmentación de la Alianza es real, pero manejable: las regiones se traslapan, las grandes potencias participan en varios grupos y el interés mutuo por impedir cualquier éxito regional de Rusia une el sistema con más solidez de lo que su minimalismo institucional podría sugerir.
El escenario abarca cuatro regiones que se traslapan parcialmente. La primera es una región septentrional (Islandia, Noruega, Finlandia, Suecia, los países bálticos y Dinamarca), en la que el Reino Unido desempeña un papel central debido a su interés por el Atlántico Norte, Alemania participa en el Mar del Norte y los Países Bajos contribuyen gracias a sus vínculos históricos. El teatro de operaciones se caracteriza por una profundidad operativa terrestre muy reducida y una profundidad considerable en los ámbitos aéreo y marítimo. De ello se derivan dos conceptos operativos interconectados: un concepto terrestre cercano a la práctica ucraniana y a lo que se está preparando en los Estados bálticos, basado en posiciones defensivas preparadas e integradas en la defensa total; 67 y una batalla aero-naval europea que aproveche el hecho de que las naciones europeas de la OTAN controlan las costas de la zona de operaciones, en la que Rusia debe penetrar. Este concepto aero-naval sería la forma más avanzada de hacer la guerra en Europa, compartida entre las grandes naciones y aquellas ya presentes en la zona.
La defensa europea no exige necesariamente que todas las fuerzas armadas europeas operen como una única estructura unificada.
Jean-François Bélanger, Esben Salling Larsen y Olivier Schmitt
La segunda es una región del Frente Central, con Lituania y Polonia como actores principales, Ucrania como socio militar crucial y Alemania fuertemente comprometida en virtud de su ambición estratégica declarada. 68 Se trata de la zona de enfrentamiento terrestre más directa entre la OTAN y Rusia: Polonia es allí la zona clave de logística y estacionamiento, Lituania es fundamental para la defensa de los Estados bálticos y del corredor de Suwałki, y la resistencia ucraniana condiciona la capacidad rusa para proyectar su poder hacia el oeste. La contraconcentración supone una defensa avanzada dotada de capacidades de refuerzo, un fuerte énfasis en las fuerzas terrestres y una defensa aérea y antimisiles integrada. La geografía viene determinada por el corredor de Suwałki, la región de Kaliningrado y la posibilidad que conserva Rusia de utilizar Bielorrusia para desplazar su eje de ataque. La ausencia de capacidades estadounidenses y de ataques profundos en número obliga a estas naciones a apoyarse en la masa. La artillería, combinada con los drones, ha sido un componente central del desgaste ucraniano de las fuerzas rusas; 69 las naciones de esta región disponen de un potencial sustancial en artillería y producción de municiones, que puede movilizarse en una guerra de desgaste cuando se combina con un ISR moderno.
La tercera es una región mediterránea en sentido amplio, donde las naciones europeas se centran sobre todo en las fuentes de inestabilidad del sur. Contrarrestar a Moscú en este contexto implica hacer frente a unas capacidades militares rusas limitadas, a otras amenazas y a la implicación rusa en acciones desestabilizadoras en el sur del Mediterráneo. El concepto operativo es, por tanto, el de una estabilización a distancia, de la que la lucha contra Rusia es un subconjunto.
La cuarta es una región del Mar Negro, que se distingue de la anterior por la presencia territorial directa de Rusia. Abarca principalmente a Bulgaria, Rumanía y Turquía, siendo Ucrania un socio fundamental. El Bósforo y las disposiciones del Convenio de Montreux sobre el acceso marítimo determinan el entorno. El concepto operativo allí sería una denegación de acceso marítimo confinada, aunque Turquía cuenta con fuerzas navales sustanciales y la capacidad de frenar el aumento del poderío naval ruso a través del Bósforo.
Trayectoria institucional
La regionalización implica prestar una atención diferenciada a las amenazas, incluidas las distintas manifestaciones del desafío ruso según los teatros de operaciones, en lugar de tratar a Rusia como un adversario homogéneo. Este enfoque recuerda a la OTAN «prehistórica» de principios de la década de 1950, antes del establecimiento de la estructura de mando integrada.
En sus inicios, la Alianza tenía un carácter más regional, complementado por una serie de relaciones bilaterales entre Estados Unidos y aliados clave ajenos a la OTAN: España, Turquía, Grecia e incluso Suecia, a falta de una coordinación formal. 70 La planificación de la disuasión se ha extendido históricamente más allá de las fronteras institucionales formales cuando los imperativos estratégicos así lo exigían.
La regionalización no implica una división geográfica rígida. Se entiende mejor como agrupaciones de Estados organizadas en torno a intereses regionales compartidos, estructuradas mediante agrupaciones formales e informales como el Grupo de Visegrado, la Cooperación Nórdica en materia de Defensa (NORDEFCO) y la Fuerza Expedicionaria Conjunta. Estas agrupaciones se traslapan más que se excluyen: los Estados participan simultáneamente en varias constelaciones regionales. En este escenario, habría mandos conjuntos aliados y mandos de dominio y geográficos subordinados dentro de cada región, equipados por las naciones europeas interesadas, pero no habría un mando militar estratégico superior al estilo del SHAPE. Una estructura residual similar al Comité Militar podría supervisar los esfuerzos europeos entre regiones sin ejercer mando ni control militares.
Necesidades de capacidad
El perfil de capacidades de la contraconcentración a medida por desgaste regional comparte con el segundo escenario la necesidad de un desgaste masivo, especialmente en las regiones septentrional y central. A ello se suman la necesidad de denegación marítima, de estabilización y de capacidades para combatir las amenazas híbridas en las regiones septentrional, mediterránea y del mar Negro, así como importantes fuerzas de artillería combinadas con un ISR avanzado basado en drones en la región central. 71 En lugar del ataque estratégico de largo alcance del escenario anterior, el esfuerzo se centra aquí en las capacidades de ataque de segundo nivel en cada región, combinando drones, misiles y aviones de combate convencionales con munición de precisión, capaces de desgastar al enemigo mediante el bloqueo, el apoyo aéreo, la supresión de las defensas aéreas enemigas y la guerra electrónica. 72
Aunque el desgaste es el objetivo a nivel regional, podría seguir siendo necesaria una reserva operativa para disuadir y contrarrestar una incursión rusa. En la región central, una reserva operativa en Polonia podría proporcionar la masa de maniobra que garantizaría una intervención estadounidense en los escenarios en los que Estados Unidos permaneciera en Europa. 73 En este escenario, debería tratarse de una fuerza estacionada que sustituyera a las fuerzas terrestres estadounidenses, más cercana en su naturaleza al Ejército Británico del Rin que a una fuerza de reacción. La regionalización reduce la dependencia de refuerzos a larga distancia, compensando en parte el hecho de que el refuerzo como maniobra resulta problemático cuando la movilidad militar a través de Alemania y Polonia sigue siendo limitada. 74 La defensa total, en este escenario, se centra, por tanto, menos en el apoyo a la nación anfitriona que en la fusión de la defensa total y la defensa convencional, a la manera de la estrategia estonia. 75 Mientras que el escenario anterior suponía que los Estados de primera línea podían ser defendidos mediante refuerzos, 76 este exige fuerzas sobre el terreno, por lo que requiere la integración de las fuerzas territoriales en los planes de defensa generales, junto con los sistemas de armas avanzados que ha demostrado Ucrania. La ayuda militar en el seno de la OTAN ha significado tradicionalmente una asistencia transatlántica; la lógica del reparto regional de la carga sugiere que ahora podría circular dentro de Europa, con las grandes potencias ayudando a los Estados de primera línea para que se concentren en la masa sobre el terreno.
Incluso en un escenario regionalizado, se necesitan activos de alta gama para sustituir capacidades estadounidenses como el ISR y las comunicaciones espaciales. Las grandes naciones europeas, junto con la Unión, pueden desarrollar algunas de ellas, como en el segundo escenario. Pero la regionalización también brinda la oportunidad de desarrollar tecnologías alternativas con los mismos fines, siempre que se inscriban en un esfuerzo regional a medida: comunicaciones por difusión troposférica o sensores de largo alcance más allá del horizonte, como el sistema francés Nostradamus. 77
Conclusión
La cohesión institucional de una alianza se entiende habitualmente como una combinación de percepción compartida de la amenaza, normas comunes, instituciones y liderazgo. 78 Pero la existencia de una estrategia común en la que los aliados crean y que realmente puedan llevar a cabo cuenta al menos tanto, y constituye quizás la variable subestimada en los debates actuales sobre la defensa europea.
Eisenhower, primero como SACEUR y luego como presidente de Estados Unidos, institucionalizó la OTAN con estructuras de mando y órganos diseñados para consolidar la cohesión de los aliados en torno a los planes regionales de los primeros grupos de planificación. 79 La estructura de mando de la OTAN se concibió, desde el principio, para poner en práctica la teoría de la victoria que debía ejecutar. El principio sigue siendo válido: cualquier debate serio sobre la institucionalización de la defensa europea debería partir de la estrategia militar y los conceptos operativos que debe respaldar, y partir de ahí para llegar a las instituciones y las capacidades.
Como ya hemos señalado, estos escenarios son modelos conceptuales y no predicciones, y las fronteras entre ellos no son rígidas.
La forma europea de hacer la guerra desarrollada en el segundo escenario podría, en principio, funcionar junto a una presencia estadounidense reducida, como en el primer escenario, asumiendo los Estados europeos una mayor responsabilidad operativa e industrial, mientras que Estados Unidos proporcionaría facilitadores estratégicos seleccionados. Por el contrario, las inversiones europeas en defensa orientadas a la teoría de la victoria del primer escenario —la alineación con la teoría de la victoria estadounidense— no funcionarían en ningún caso de ausencia estadounidense. También existe una relación parcial entre los dos últimos escenarios: el grupo de Estados a lo largo del frente centroeuropeo y septentrional podría poseer la capacidad colectiva de llevar a cabo la denegación estratégica por desgaste continental, incluso si otras regiones no pudieran hacerlo, siempre que sus inversiones en defensa convergieran hacia ese objetivo compartido.
La conclusión más importante del análisis es que la defensa europea no exige necesariamente que todas las fuerzas armadas europeas operen como una única estructura unificada.
La fuerza combinada de los esfuerzos nacionales, posiblemente en el marco de más de un concepto operativo ejecutado simultáneamente, puede proporcionar una defensa y una disuasión creíbles, siempre que el aumento sustancial del gasto en defensa europeo de los próximos años se oriente hacia una estrategia coherente y un marco operativo constante. Tal acuerdo no exige ni una integración política ni una integración militar completas. Depende de la interoperabilidad, la coordinación estratégica, una logística resiliente y una comprensión compartida de la disuasión. La arquitectura de seguridad europea podría así evolucionar hacia un sistema más reticular y por capas, en el que las diferentes fuerzas nacionales aporten fuerzas complementarias dentro de una lógica estratégica global. El reto político no radica tanto en la construcción de un ejército europeo único como en garantizar que las iniciativas de defensa nacionales se refuercen mutuamente dentro de una visión estratégica unificada.
De ello se derivan tres implicaciones políticas.
En primer lugar, el debate europeo debe reordenar sus prioridades y anteponer la estrategia a la estructura. Que la respuesta institucional adecuada sea un pilar europeo de la OTAN, un ejército europeo, una Fuerza Expedicionaria Conjunta ampliada o una combinación de todas ellas depende únicamente de la teoría de la victoria a la que cada una de ellas deba servir. Mientras no se articule esta teoría, los debates sobre las instituciones seguirán cruzándose sin encontrarse.
En segundo lugar, los gobiernos europeos deberían iniciar de inmediato el desarrollo gradual de las capacidades comunes de los escenarios segundo y tercero —capacidad de denegación continental, capacidad de ataque en profundidad, defensa aérea en capas e ISR soberano—, ya que son necesarias para que la Alianza evolucione, en última instancia, hacia una defensa europea unificada o hacia la regionalización. La vía rápida es técnicamente viable de aquí a 2028.
En tercer lugar, el compromiso político previo que exigen, de diferentes formas, los tres escenarios, debe abordarse ahora y no durante la próxima crisis. La retirada estadounidense ha modificado las condiciones estructurales de la defensa europea; solo unas decisiones europeas deliberadas, tomadas con antelación, determinarán si el vacío estratégico que deja esta retirada se llenará con una estrategia coherente o con improvisación.
Notas al pie
- CBS News, 7 de marzo de 2025; The Hill, 25 de junio de 2025.
- Natasha Bertrand, Clare Sebastian y Haley Britzky, «Hegseth Rules Out NATO Membership for Ukraine and Says Europe Must Be Responsible for Country’s Security», CNN, 12 de febrero de 2025.
- «National Security Strategy of the United States of America», La Casa Blanca, noviembre de 2025, p. 12.
- «Remarks by Under Secretary of War for Policy Elbridge Colby at the NATO Defense Ministerial», Departamento de Guerra, 12 de febrero de 2026.
- Ibid.
- Michael A. Allen, Carla Martínez Machain y Michael E. Flynn, «The US Military Presence in Europe Has Been Declining for 30 Years», The Conversation, enero de 2022.
- Luke Coffey, «Removing Brigade Combat Teams from Europe Undermines U.S. Interests», Heritage Foundation, 7 de junio de 2012.
- Dov S. Zakheim, «The Great Reversal: Obama’s Military Buildup», The National Interest, febrero de 2016.
- Departamento de Defensa de Estados Unidos, 2022 National Defense Strategy of the United States of America, octubre de 2022.
- Scott R. Anderson et al., «Breaking Down Trump’s 2025 National Security Strategy», Brookings, 23 de febrero de 2026.
- Barry R. Posen, Restraint: A New Foundation for U.S. Grand Strategy, Ithaca, NY, Cornell University Press, 2014; Doug Bandow, «Time for Burden Shifting in Europe», Law & Liberty, 20 de noviembre de 2025.
- Max Bergmann, Sean Monaghan y Otto Svendsen, «The Transatlantic Alliance in the Age of Trump», CSIS, 14 de febrero de 2025.
- Jean-François Bélanger, «A Blueprint for a European Defense Force», Carnegie Endowment, marzo de 2025; Sauli Niinistö et al., More Europe in Defence: Three Pathways, CEPS, mayo de 2026.
- Ruben Stewart, «A European Way of War Without the United States», Survival, vol. 68, n.º 3, junio-julio de 2026, pp. 7-34.
- 1.º teniente Parker Mitchell, «The Multi-Domain Effects Platoon», Ejército de Estados Unidos, 3 de septiembre de 2025.
- Olivier Schmitt, «Wartime Paradigms and the Future of Western Military Power», International Affairs, vol. 96, n.º 2 (2020), pp. 401-418.
- Oficina de Normalización de la OTAN, Allied Joint Publication AJP-01 : Allied Joint Doctrine, Edición F (Bruselas: OTAN, diciembre de 2022), párr. 2.9.
- General Christopher G. Cavoli, intervención en el Atlantic Council, 7 de mayo de 2024.
- General Christopher G. Cavoli, testimonio ante el Comité de Servicios Armados del Senado, 3 de abril de 2025.
- Ben Barry et al., «Defending Europe Without the United States: Costs and Consequences», IISS, 15 de mayo de 2025.
- Barry Posen, «Europe Can Defend Itself», Survival, vol. 62, n.º 6, diciembre de 2020-enero de 2021, pp. 7-34.
- Jean-François Bélanger, Thomas Crosbie y Orlando J. Pérez, «Canada, Denmark/Greenland and Panama’s Response to the US’s Trumpian Moment», RUSI Journal, vol. 171 (2026), pp. 84-97.
- OTAN, «Strengthening NATO’s Eastern Flank», 2025.
- Mando Terrestre Aliado de la OTAN, «Enhanced Forward Presence (EFP)».
- AJP-01, párrafos 1.4 y 4.32.
- OTAN, «European Allies to Take on New Leadership Roles in NATO’s Command Structure», 6 de febrero de 2026.
- John R. Deni y Mark Webber, «Taking Leave: NATO’s Command Structure Amid US Disengagement», Survival, vol. 68, n.º 2 (2026), pp. 117-130.
- AJP-01, párr. 4.46.
- Mando Aliado de Transformación de la OTAN, «Multi-Domain Operations and Digital Transformation», 13 de mayo de 2025.
- Alexandr Burilkov y Guntram B. Wolff, «Defending Europe without the US», Bruegel, n.º 5 (2025).
- Ellie Cook, «Germany Overtakes US in Ammunition Production Capacity», Newsweek, 28 de abril de 2026.
- James Patton Rogers, Precision: A History of American Warfare, Manchester, Manchester University Press, 2023.
- IISS, The Military Balance, vol. 126, n.º 1 (2026).
- Alex Kleiderman, «Danish Women to Face Conscription by Lottery», BBC, 1 de julio de 2025.
- «German Parliament Approves Conscription Scheme to Boost the Bundeswehr», Defense News, 5 de diciembre de 2025.
- «Poland Launches New Military Training Programme», Reuters, 6 de noviembre de 2025; Hugo Schofield, «France to Bring in Form of Military Service», BBC, 27 de noviembre de 2025; Nadine Yousif, «Why Canada Is Seeing Its Biggest Military Recruitment Surge in 30 Years», BBC, 10 de mayo de 2026.
- Eleni Lazarou y Panagiotis Politis Lamprou, «Conscription as an Element in European Union Preparedness», Servicio de Investigación del Parlamento Europeo.
- Max Bergmann y Otto Svendsen, «How Europe Can Defend Itself with Less America», CSIS, 8 de octubre de 2025.
- Lukas Mengelkamp y Sam Vincent, «Beyond Manoeuvre Theory for European Defence», Global Policy, 2026.
- Michael J. Boyle, «How Tactical and Operational Drones Transform Ground Combat», Security Studies, 2026 (de próxima publicación).
- Thomas Gomart (dir.), «Europe-Russia: Balance of Power Review», IFRI, 4 de noviembre de 2025.
- Jack Watling, «Emergent Approaches to Combined Arms Manoeuvre in Ukraine», RUSI, octubre de 2025.
- Stacie Pettyjohn y Molly Campbell, «Hellscape for Taiwan: Rethinking Asymmetric Defense», CNAS, febrero de 2026.
- Watling, op. cit., p. 5.
- Federico Borsari, «Modeling Small Attack Drones and Loitering Munitions», Small Wars Journal, 12 de mayo de 2026.
- Oscar Jonsson, «A New Face of War: Russian Military Strategy Post-Ukraine», NATO Defense College, febrero de 2026.
- Fabian R. Hoffmann, «The Strategic-Level Effects of Long-Range Strike Weapons», Journal of Strategic Studies, vol. 47, n.º 6-7 (2024), pp. 964-1000.
- Élie Tenenbaum et al., Mapping the MilTech War: Eight Lessons from Ukraine’s Battlefield, París, IFRI, 2026, p. 10.
- Charlie Edwards y Ben Schreer, «Civil Defence in Europe: An Initial Assessment», IISS, abril de 2026.
- Andrew Monaghan, Blitzkrieg and the Russian Art of War, Manchester, Manchester University Press, 2025.
- Schmitt, op. cit.
- Erin Pobjie et al., «Advancing European Military Capacity in Space», IISS, 2025.
- Fabian R. Hoffmann, «A European Sonderweg in Long-Range Strike», Missile Matters, 5 de abril de 2026.
- Inteligencia militar ucraniana (HUR), citada en Fabian R. Hoffmann, «Europe’s Missile Gap», Missile Matters, 6 de julio de 2025.
- Hoffmann, op. cit.
- Douglas Barrie, Zuzanna Gwadera y Fabian Hinz, Deep Precision Strike: Europe’s Quest for Long-range Missile Capabilities, Londres, IISS, noviembre de 2025.
- Hoffmann, «A European Sonderweg in Long-Range Strike».
- Ibid.
- Sobre la producción de drones en Ucrania, véase Rob de Wijk, «Drones Transform Warfare, but Not Outcomes», GIS Reports, 2026.
- «Lithuania Needs ‘3 Million Drones’ to Defend Against Russia, Says EU Commissioner», LRT English, 27 de junio de 2025.
- Laura Kayali, «France Goes Big on Missiles and Drones in Multibillion-Euro Defense Plan», Politico, 3 de abril de 2026.
- United24 Media, «Europe’s Artillery Production Skyrockets», 25 de abril de 2025.
- Alex Burilkov et al., «Fit for War by 2030? European Rearmament Efforts vis-à-vis Russia», Kiel Institute, 2025.
- Gregor Weber, «Achieving Burden-Shifting Through a European Security Patchwork», The Washington Quarterly, vol. 49, n.º 1 (2026), pp. 69-86.
- Stephen G. Brooks y Hugo Meijer, «Europe Cannot Defend Itself: The Challenge of Pooling Military Power», Survival (2021).
- Mengelkamp y Vincent, «Beyond Manoeuvre Theory for European Defence».
- Lukas Milevski, «Rethinking Strategic Depth in the Baltic States», Defense & Security Analysis, 2025.
- «Grundlagendokumente zur strategischen Ausrichtung der Bundeswehr», Bundeswehr, 22 de marzo de 2026.
- Norbert Świętochowski, «Field Artillery in the Defensive War of Ukraine 2022-2023», Scientific Journal of the Military University of Land Forces, vol. 211, n.º 1 (2024), pp. 57-76.
- Véase MC 48 (Final), 22 de noviembre de 1954, «The Most Effective Pattern of NATO Military Strength for the Next Few Years».
- Świętochowski, «Field Artillery in the Defensive War of Ukraine 2022-2023».
- Sidharth Kaushal y Noah Sylvia, «Second-Tier Precision Strike as a Competitive Instrument», Londres, Routledge, 2025, pp. 66-81.
- Posen, «European Military Autonomy: What Comes First?».
- Carolina Håkansson, Erika Moregård y A. Savolainen, «Assessing Military Mobility in the Netherlands, Germany and Poland», FOI, marzo de 2026.
- Illimar Ploom, Zdzisław Śliwa y Marek Haas, «The Bid for the Estonian Total Defence Concept», Journal on Baltic Security, vol. 11, n.º 1 (2025), pp. 58-87.
- Konstantina Founta, «Beyond US Guarantees: Can Europe Defend the Baltic Without American Ground Forces?», Defence and Peace Economics, 2026.
- «France Revives ‘Nostradamus’ Over-the-Horizon Radar», Defense News, 5 de septiembre de 2025.
- Dominika Kunertova y Olivier Schmitt, «Assessing NATO’s Cohesion», International Politics, vol. 62, n.º 5 (2025), pp. 1097-1110.
- Gregory W. Pedlow, «The Evolution of NATO’s Command Structure, 1951-2009», OTAN, 2009.