A lo largo del mes de agosto, el Grand Continent publica en acceso libre «El vocabulario de la extrema derecha», fruto del trabajo colectivo de un grupo de investigadoras e investigadores —sociólogos, historiadores, politólogos y sociolingüistas— procedentes de toda Europa, bajo la dirección de Steven Forti. Para recibir cada entrada en su correo electrónico y apoyar el trabajo de una redacción independiente, suscríbase
El 20 de enero de 2025, al regresar a la Casa Blanca, el presidente Donald Trump firmó un decreto titulado «Defender a las mujeres contra el extremismo de la ideología de género y restablecer la verdad biológica en el gobierno federal». 1
El texto ordena a todas las agencias federales que eliminen cualquier declaración, política, normativa o comunicación que se considere que «promueve o inculca la ideología de género», que sustituyan cualquier referencia a la identidad de género por una clasificación binaria estricta basada en el sexo biológico, y a poner fin a toda financiación federal relacionada con lo que define como «ideología de género», definida como una corriente que «sustituye la categoría biológica del sexo por un concepto cambiante de identidad de género autoevaluada». 2
La expresión «ideología de género» se ha impuesto en el vocabulario político contemporáneo, aunque sigue presentando una notable imprecisión. No hace referencia ni a un campo de investigación concreto ni a una doctrina claramente definida, sino que se basa en la percepción de amenazas que se ciernen sobre los modelos tradicionales de masculinidad y feminidad. En otras palabras, la «ideología de género» funciona menos como una «ideología» que como una etiqueta política flexible que permite agrupar bajo una misma bandera una amplia gama de cuestiones: políticas de igualdad entre mujeres y hombres, movimientos feministas, los derechos de las personas LGBTQI+, la educación sexual o los estudios de género. La definición de un espacio antagónico sin precisiones constituye hoy en día uno de los principales resortes de los discursos y las movilizaciones antigénero.
Lo que ha cambiado en Pekín
A finales del siglo XX, especialmente en las décadas de los ochenta y los noventa, la teoría feminista ganó visibilidad tanto en los ámbitos académicos como en el debate público. El reconocimiento del género como categoría de análisis condujo a una comprensión más amplia de las dinámicas sociales, más allá de los enfoques centrados únicamente en las mujeres, que durante mucho tiempo se redujeron a cuestiones biológicas o de reproducción. La Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (CIPD) celebrada en El Cairo (1994), que hizo hincapié en la igualdad de género y los derechos reproductivos, y la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en Pekín (1995), que definió las medidas para el empoderamiento de las mujeres, constituyen momentos decisivos de este reconocimiento.
Tal y como subrayan las Naciones Unidas, «la transformación fundamental que tuvo lugar en Pekín fue la adopción del enfoque de género», mediante el cual se reconoce que «debía reevaluarse toda la estructura de la sociedad, así como todas las relaciones entre hombres y mujeres dentro de dicha estructura». 3
A partir de ese momento, el concepto de género se institucionaliza en las políticas internacionales, vinculado a las cuestiones de derechos y desarrollo. El término, que en un principio era de carácter académico, se va introduciendo progresivamente en los debates políticos, la legislación, las políticas de defensa de derechos y, en general, en el discurso público.
A medida que el concepto de género va cobrando importancia, las oposiciones se intensifican, sobre todo en los círculos conservadores y religiosos. Es evidente que no todas las críticas a los estudios de género o a las políticas de igualdad provienen exclusivamente de la extrema derecha. De hecho, van acompañadas de debates filosóficos, religiosos y científicos legítimos. Precisamente porque la etiqueta «ideología de género» carece de rigor, se tiende a confundir marcos discursivos muy diferentes y, en última instancia, a reducirlos a un enemigo común.
A raíz de las conferencias de las Naciones Unidas, varios grupos se están movilizando contra lo que perciben como un cuestionamiento de las estructuras familiares tradicionales y las normas sociales.
La Iglesia católica, especialmente preocupada por los debates sobre el género y la sexualidad, se ha convertido en una de las principales voces que denuncian lo que denomina «la ideología de género», sobre todo durante los pontificados de Juan Pablo II (1978-2005) y Benedicto XVI (2005-2013), que, no obstante, se caracterizaron por avances en la postura de la Iglesia respecto a los derechos de las mujeres. No obstante, presenta las políticas de igualdad de género y los derechos de las personas LGBTQI+ como una violación del «orden natural» querido por Dios, y se esfuerza activamente por deslegitimar el género como categoría política y social. No es casualidad que estas movilizaciones hayan sido especialmente intensas en países donde la Iglesia católica sigue teniendo una importante influencia social y política, como Italia, Polonia, España o Croacia. 4
Del anatema romano al léxico secular
A finales de la década de 1990 y principios de la de 2000, la expresión «ideología de género» se convirtió en el término central de esta contraofensiva conservadora. En su libro póstumo Memoria e identidad, 5 Juan Pablo II se posicionó explícitamente al clasificar las presiones ejercidas por el Parlamento Europeo a favor del reconocimiento de las uniones entre personas del mismo sexo, así como de los derechos de adopción, entre las nuevas «ideologías del mal». Según el papa, estas ideologías, surgidas tras el comunismo y el nazismo, serían incluso «quizá más insidiosas y más encubiertas», ya que pretenderían «explotar los derechos humanos en contra de la humanidad y de la propia familia».
La genealogía de este concepto pasa, por tanto, por la órbita de la Santa Sede. Desde 1997, la ensayista católica estadounidense Dale O’Leary denunció una «agenda de género» que, según ella, había surgido de las conferencias de la ONU. Posteriormente, en 2003, el Consejo Pontificio para la Familia dedicó un Lexicon a los «términos ambiguos y controvertidos» sobre la familia y la vida, antes de que una carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe, firmada en 2004 por el cardenal Joseph Ratzinger, reprochara a los nuevos enfoques que minimizaban «la diferencia corporal, denominada sexo», en favor de «la dimensión puramente cultural, denominada género». 6 Esta carta resume las críticas dirigidas a la teoría feminista, a los derechos sexuales y reproductivos y a los primeros marcos de reconocimiento de los derechos LGBTQI+. Lejos de limitarse al ámbito teológico, esta crítica se traduce progresivamente en el lenguaje de las políticas públicas, recurriendo a la ciencia, la psicología y el desarrollo infantil como argumentos de legitimación. 7 Posteriormente, ha sido retomada por movimientos conservadores, partidos políticos y centros de estudio en numerosos países, especialmente en Europa y en las Américas. En este contexto, la «ideología de género» funciona como un eufemismo que designa la oposición a las políticas progresistas en materia de igualdad y derechos humanos.
Sin embargo, el marco teológico elaborado por la Iglesia católica no se traduce por sí solo en acción política y no es, en sí mismo, monolítico. Es principalmente a través de una red de organizaciones conservadoras estadounidenses —como Alliance Defending Freedom (ADF), el Family Research Council y la Heritage Foundation— como la crítica a la «ideología de género» se transforma en lenguaje jurídico y político, reformulando una objeción inicialmente teológica en un discurso secularizado que invoca la ciencia, la protección de la infancia y los derechos parentales.
La plasticidad del término es fundamental para su difusión. Según el contexto, hace referencia a las reformas de la educación sexual, a las políticas sobre el aborto, a los derechos LGBTQI+ o, cada vez más, a los derechos de las personas transgénero. Esta elasticidad lo convierte en un marco interpretativo reutilizable en diversos contextos institucionales. 8 Más que un concepto estabilizado, funciona como un dispositivo de encuadre que agrupa ámbitos distintos —derecho, salud, educación, investigación— en una única categoría explicativa. Otro rasgo esencial reside en la construcción de una oposición epistémica. Los conocimientos procedentes de los estudios de género, la sociología o la salud pública se contraponen así a la «biología», al «orden natural» o al «sentido común», presentados como formas de conocimiento neutras y evidentes. 9 No se trata tanto de un debate científico como de una lucha por la legitimidad de los conocimientos.
Un lema global
En Estados Unidos, esta dinámica forma parte de las transformaciones culturales y jurídicas de las últimas décadas. Las sentencias de la Suprema Corte, en particular la de Roe vs. Wade (1973) sobre el derecho al aborto, y posteriormente la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo mediante la sentencia Obergefell vs. Hodges (2015), han sido percibidas por los círculos conservadores como una amenaza para el orden familiar. A partir de la década de 1990, las cuestiones de género entraron en el debate público, a menudo denunciadas como formas de subversión moral. Desde mediados de la década de 2010, se multiplican en el país los proyectos de ley que restringen los derechos de las personas transgénero o limitan la educación sexual, impulsados por actores que denuncian la «ideología de género». 10 Donald Trump, candidato a la reelección, prometió en octubre de 2024 «una acción histórica para vencer el veneno tóxico de la ideología de género». De vuelta en el poder, la convirtió en un eje central de la política federal. 11 La promesa de «derrotar el veneno tóxico de la ideología de género» se formuló en un mitin de campaña en octubre de 2024; traducción del inglés. De este modo, Estados Unidos funciona como un espacio de traducción y difusión: un puente entre la matriz religiosa y las herramientas políticas exportables a Europa y América Latina. 12
En Europa, el término cobró mayor relevancia en los debates sobre el matrimonio y la adopción para todos, así como en los planes de estudios, a principios de la década de 2000. La educación se convirtió en un ámbito central de conflicto, ya que las políticas de igualdad eran denunciadas como formas de adoctrinamiento. En Francia, las movilizaciones contra la ley de 2013 que abría el matrimonio a las parejas del mismo sexo —en particular, «La Manif pour tous»— contribuyeron a difundir la idea de una «teoría de género» impuesta a los niños. Esto condujo, en 2014, al abandono del programa «ABC de la igualdad», 13 destinado a luchar contra los estereotipos de género en la escuela, tras una campaña de rumores, entre los que se incluyen las «jornadas de ausencia escolar» iniciadas en enero de 2014, en las que se acusaba a la escuela de enseñar a los niños lo que ellos denominan una «teoría de género». 14 Estas controversias continúan, como ilustran los ataques de Éric Zemmour contra la circular del Ministerio de Educación sobre la acogida de alumnos transgénero, calificada de «criminal» en octubre de 2021, y que luego, en enero de 2022, calificó de «promoción de la transexualidad». 15
De hecho, las movilizaciones contra la teoría de género se han basado con frecuencia en la defensa de los niños, presentada como un imperativo moral destinado a proteger a los más vulnerables contra lo que describen como un adoctrinamiento ideológico. El carácter transnacional de esta retórica quedó especialmente patente el 12 de junio de 2022, cuando la presidenta de Fratelli d’Italia y futura presidenta del Consejo de Ministros italiano, Giorgia Meloni, intervino en un mitin del partido español Vox en Marbella, unos días antes de las elecciones regionales andaluzas. Este desplazamiento constituyó un gesto deliberado de solidaridad, que ilustraba el fortalecimiento de los lazos entre los partidos de extrema derecha europeos. Fiel a su estilo característico, marcado por frases breves e impactantes que se han convertido en emblemáticas de la extrema derecha italiana, su intervención no dejaba lugar a ambigüedades: «Sí a la familia natural, no al lobby LGBT, sí a la identidad sexual, no a la ideología de género». 16 Giorgia Meloni, una de las figuras más influyentes en la defensa de la familia tradicional en Europa, presenta su oposición a la «ideología de género» como una forma de proteger a las mujeres, a los niños y al orden natural de la familia. En este contexto, no es casualidad que numerosas organizaciones opuestas a la «teoría de género» mantengan también estrechos vínculos con los movimientos antiabortistas o «provida». Esta convergencia queda especialmente ilustrada por Hazte Oír, una organización española antiabortista que saltó a la fama en 2017 con un autobús en el que se proclamaba que «los niños tienen pene» y «las niñas tienen vulva», y que en septiembre de 2019 lanzó una campaña ampliamente difundida por los medios contra el «adoctrinamiento en la ideología de género» en los colegios, bajo el gobierno progresista de Pedro Sánchez. 17 Su lema, «Mis hijos, mi decisión», resume la retórica de los derechos parentales que estructura estas movilizaciones.
En Hungría, el gobierno de Viktor Orbán ya había dejado claras sus intenciones en octubre de 2018 al retirar a las universidades la autorización para expedir títulos en estudios de género, alegando que se trataba de «una ideología, no una ciencia». En julio de 2021, al defender su ley denominada de protección de la infancia, Orbán afirmó que Hungría no permitiría la entrada de activistas LGBT en las escuelas. 18 Las reformas constitucionales impulsadas por su gobierno consagraron posteriormente en la legislación una concepción estrictamente binaria y biológica de la familia y el género. La enmienda constitucional de diciembre de 2020, según la cual «la madre es una mujer y el padre es un hombre», muestra cómo la retórica política puede traducirse en normas jurídicas. 19 Tres años después, la postura se ha endurecido aún más. Durante la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) celebrada en Budapest en mayo de 2023, Orbán estableció un paralelismo explícito con los enemigos de la Guerra Fría, afirmando que «el movimiento woke y la ideología de género son exactamente lo que en su día fueron el comunismo y el marxismo». 20 En Polonia, las polémicas en torno a los derechos de las personas LGBTQI+ y la educación sexual han seguido una trayectoria similar. Se han interpretado sistemáticamente a través del prisma de la lucha contra la «ideología de género», estrechamente asociada a narrativas nacionalistas y a la defensa de la soberanía cultural. 21 Esta secuencia alcanzó su punto álgido en febrero de 2019, cuando el alcalde de Varsovia, Rafał Trzaskowski, firmó una «Declaración LGBT+» en la que la ciudad manifestaba su apoyo a los derechos de las personas LGBTQI+ y decidió integrar estas cuestiones en los programas de educación sexual, de acuerdo con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. El partido conservador en el poder, Ley y Justicia, denunció entonces una amenaza contra los niños y los valores de la familia polaca. Siguiendo su ejemplo, un centenar de municipios y regiones se autoproclamaron «zonas libres de LGBT» (LGBT-free zones). 22 Más allá del caso polaco, se observa una constante en las movilizaciones antigénero: la denuncia de la «ideología de género» suele servir de vehículo para discursos antieuropeos. 23 Esta se presenta como una ideología extranjera, impuesta desde fuera, mientras que se acusa a la Unión Europea y a las organizaciones internacionales de inmiscuirse en los asuntos nacionales y de atentar contra la soberanía de los Estados.
Donald Trump no es el único jefe de Estado que ha convertido la lucha contra la «ideología de género» en un tema central de su discurso de investidura. El 1 de enero de 2019, ante el Congreso Nacional de Brasil, Jair Bolsonaro inauguró su mandato prometiendo «valorar la familia, respetar las religiones y nuestra tradición judeocristiana, combatir la ideología de género y preservar al mismo tiempo nuestros valores», antes de añadir que «Brasil volverá a ser un país libre de trabas ideológicas». 24 En América Latina, el concepto de «ideología de género» se ha impuesto como un eje fundamental de las campañas electorales y referendarias. También en Brasil, la oposición se ha centrado principalmente en los programas escolares, presentados como una amenaza para los niños y para los valores familiares. 25 Se observaron dinámicas similares en Colombia durante el referéndum de 2016 sobre los acuerdos de paz, donde las campañas de desinformación afirmaron, erróneamente, que ciertas disposiciones introducían una «ideología de género» en las políticas educativas. A escala regional, las organizaciones religiosas —tanto católicas como evangélicas— desempeñaron un papel determinante en la difusión de estos relatos, a menudo en alianza con actores políticos conservadores. 26
La intensificación de las campañas contra el género en la segunda mitad de la década de 2010 tampoco es fruto de la casualidad. Este periodo coincide con el resurgimiento de una nueva ola feminista, 27 marcada por movilizaciones masivas en España, pero también en numerosos países europeos y no europeos, así como por huelgas feministas en Polonia o en Argentina, especialmente en torno al derecho al aborto y a la lucha contra la violencia contra las mujeres, y posteriormente por la explosión mundial del movimiento #MeToo en otoño de 2017. A su vez, estas movilizaciones han alimentado una contraofensiva conservadora que, poco a poco, ha convertido la «ideología de género» en uno de sus principales chivos expiatorios.
Los derechos de las personas trans, un nuevo campo de batalla
Desde mediados de la década de 2010, los derechos de las personas transgénero se han ido imponiendo progresivamente como el principal campo de batalla de los debates sobre la «ideología de género». A diferencia de las controversias anteriores, centradas en el matrimonio entre personas del mismo sexo, las identidades trans cuestionan más directamente la concepción biológica del sexo y el género, socavando lo que los movimientos antigénero llevan mucho tiempo presentando como evidencias naturales. La creciente visibilidad de las personas trans en los medios de comunicación y en el espacio público, impulsada sobre todo por figuras como Caitlyn Jenner o Laverne Cox, ha contribuido a convertir estas cuestiones en un tema político de primer orden. Las polémicas que las rodean a veces encubren cuestiones reales que son objeto de debate incluso en las instituciones médicas, al tiempo que alimentan la intensidad de la reacción conservadora que busca precisamente absorberlas en un único relato de subversión civilizatoria. 28
A medida que avanzaban los derechos de las personas trans, la retórica de la «ideología de género» se reorientó hacia este nuevo objetivo. Las organizaciones conservadoras presentan ahora el reconocimiento de la identidad de género como una amenaza para el orden social, al considerar que pone en tela de juicio los fundamentos mismos de la diferencia entre los sexos. El reconocimiento legal del cambio de género, el acceso a la atención sanitaria de transición, la participación de las personas trans en competencias deportivas o incluso su inclusión en las instituciones públicas son, por tanto, denunciados habitualmente como expresiones de la «ideología de género». En Estados Unidos, varios estados han aprobado o intentado aprobar leyes que restringen los derechos de las personas trans, especialmente en lo que respecta al acceso a la atención sanitaria o a la participación en competencias deportivas. Las «bathroom bills», que condicionan el acceso a los aseos públicos al sexo asignado al nacer en lugar de a la identidad de género, constituyen uno de los ejemplos más emblemáticos, como la ley HB2 aprobada por Carolina del Norte en marzo de 2016. 29 A nivel federal, Donald Trump ya había puesto en el punto de mira a las personas trans durante su primer mandato, desde julio de 2017, al prohibirles servir en las Fuerzas Armadas. 30
Esta evolución también ha generado tensiones en el seno de los movimientos feministas y progresistas, especialmente en torno a cuestiones de sexo, género y categorías jurídicas. 31 Algunas feministas —a menudo calificadas de TERF (feministas radicales trans excluyentes) por sus detractores— consideran que la inclusión de las mujeres trans en los espacios reservados a las mujeres vulnera los derechos de las mujeres cisgénero. Las polémicas suscitadas por la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de verano de 2024, acusada por ciertos círculos conservadores y religiosos de promover una visión progresista del género y la sexualidad, también han reavivado los debates sobre la participación de las personas trans en las competencias femeninas.
Durante el torneo de boxeo, la boxeadora argelina Imane Khelif, así como la taiwanesa Lin Yu-ting, fueron objeto de una amplia campaña de desinformación que las presentaba erróneamente como personas transgénero o intersexuales. 32 Este episodio ilustra cómo estos discursos suelen ir más allá de su objetivo declarado. Ni Imane Khelif ni Lin Yu-ting se han identificado nunca como transgénero, pero, aun así, su caso se ha instrumentalizado para alimentar un debate más amplio sobre el lugar de las personas trans en el deporte femenino.
Hoy en día, la expresión «ideología de género» se ha convertido en un término comodín, utilizado para aglutinar a quienes se oponen a los cambios actuales en las concepciones del género y la sexualidad. Funciona como un lema de los movimientos conservadores, que presentan los avances en materia de igualdad de género como amenazas que se ciernen sobre los valores tradicionales, o incluso sobre la propia civilización occidental. Esta retórica reduce así cuestiones complejas —identidades, derechos, experiencias vividas, igualdad— a una única categoría homogeneizada y cargada de connotaciones negativas. Pero su importancia no se limita al ámbito discursivo. Al señalar a un enemigo común, el concepto de «ideología de género» produce efectos políticos muy reales. Lejos de ser un simple eslogan, esta retórica puede transformar de forma duradera las políticas públicas y las condiciones de vida de las personas a las que se dirige.
Notas al pie
- Decreto presidencial n.º 14168, «Defending Women From Gender Ideology Extremism and Restoring Biological Truth to the Federal Government», firmado el 20 de enero de 2025, Registro Federal, 30 de enero de 2025. La definición citada figura en la sección 2 del decreto.
- «La “ideología de género” sustituye la categoría biológica del sexo por un concepto en constante cambio de identidad de género autoevaluada, lo que permite la afirmación falsa de que los hombres pueden identificarse como mujeres y, por lo tanto, convertirse en ellas, y viceversa, y exige a todas las instituciones de la sociedad que consideren cierta esta afirmación falsa. La ideología de género incluye la idea de que existe un amplio espectro de géneros que no guardan relación con el sexo de cada uno. La ideología de género es internamente incoherente, ya que resta importancia al sexo como categoría identificable o útil, pero, no obstante, sostiene que es posible que una persona nazca en un cuerpo del sexo equivocado». Op. cit.
- Naciones Unidas, «Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, 4 a 15 de septiembre de 1995, Beijing, China»; y «Déclaration et Programme d’action de Beijing», informe de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, Pekín, 4-15 de septiembre de 1995.
- Roman Kuhar y David Paternotte (eds.), Anti-Gender Campaigns in Europe. Mobilizing against Equality, Londres, Rowman & Littlefield, 2017.
- Juan Pablo II, Memoria e identidad, Madrid, La Esfera de los Libros, 2005.
- Dale O’Leary, The Gender Agenda. Redefining Equality, Lafayette, Vital Issues Press, 1997; Consejo Pontificio para la Familia, Lexicon. Términos ambiguos y discutidos sobre familia, vida y cuestiones éticas, Palabra 2004 [2003]; Congregación para la Doctrina de la Fe, «Lettre aux évêques de l’Église catholique sur la collaboration de l’homme et de la femme dans l’Église et dans le monde», 31 de mayo de 2004.
- Mary Anne Case, «Trans Formations in the Vatican’s War on “Gender Ideology”», Signs. Journal of Women in Culture and Society, vol. 44, n.º 3, 2019.
- Stefanie Mayer y Birgit Sauer, «“Gender Ideology” in Austria. Coalitions around an Empty Signifier», en Roman Kuhar y David Paternotte (eds.), Anti-Gender Campaigns, op. cit.
- Sara Garbagnoli, ««L’ideologia del genere»: l’irresistibile ascesa di un’invenzione retorica vaticana contro la denaturalizzazione dell’ordine sessuale | AG – About Gender. International Journal of Gender Studies», AG About Gender. Rivista internazionale di studi di genere, vol. 3, n.º 6, 2014.
- Elizabeth S. Corredor, «Unpacking “Gender Ideology” and the Global Right’s Antigender Countermovement», Signs. Journal of Women in Culture and Society, vol. 44, n.º 3, 2019.
- NPR, «Trump’s Executive Actions Curbing Transgender Rights Focus on “Gender Ideology”», 7 de febrero de 2025
- Neil Datta, «Tip of the Iceberg. Religious Extremist Funders against Human Rights for Sexuality and Reproductive Health in Europe 2009-2018», Bruselas, European Parliamentary Forum for Sexual and Reproductive Rights, junio de 2021.
- Observatorio de las Desigualdades, «Les ABCD de l’égalité. Un abandon symbolique», 2014.
- Bruno Perreau, Queer Theory. The French Response, Stanford, Stanford University Press, 2016.
- «Éric Zemmour s’attaque aux élèves transgenres. “C’est criminel”», La Libre Belgique (con AFP), 7 de octubre de 2021; sobre la rueda de prensa del 11 de enero de 2022, «(D)ébats 2022. Qu’est-ce que la “théorie du genre et la propagande LGBT” qu’Éric Zemmour veut chasser de l’école ?», NU (Centro de Formación de Periodistas), 26 de enero de 2022.
- «“Sí a la universalidad de la cruz”. El incendiario discurso de la neofascista italiana aliada de Vox en Andalucía», El Diario, 13 de junio de 2022; traducción del español.
- Rosalina Moreno, «Hazte Oír lanza una campaña contra el “adoctrinamiento en ideología de género en los colegios españoles”», Confilegal, 6 de septiembre de 2019. Sobre el autobús de 2017, véase la prensa española de febrero de 2017, en particular El País.
- Chantal Da Silva, «Hungary’s Leader Orban Bans Gender Studies in All Universities Because It’s “Not a Science”», Newsweek, octubre de 2018. «Orban Says Hungary Will Not Let LGBTQ Activists into Schools», Euronews, 8 de julio de 2021.
- Novena enmienda a la Ley Fundamental de Hungría, aprobada por la Asamblea Nacional húngara el 15 de diciembre de 2020.
- Julia Shapero, «Orbán Decries “Woke Movement and Gender Ideology” in Remarks at CPAC Hungary», The Hill, 4 de mayo de 2023.
- Elżbieta Korolczuk y Agnieszka Graff, «Gender as “Ebola from Brussels”. The Anticolonial Frame and the Rise of Illiberal Populism», Signs. Journal of Women in Culture and Society, vol. 43, n.º 4, 2018.
- Parlamento Europeo, «Firme condena del PE de las “zonas libres de LGBTI» en Polonia», comunicado de prensa, 18 de diciembre de 2019.
- Agnieszka Graff y Elżbieta Korolczuk, Anti-Gender Politics in the Populist Moment, Londres, Routledge, 2022.
- «No discurso de posse, Bolsonaro pede apoio para reconstruir o país», Agência Brasil, 1 de enero de 2019; traducción del portugués.
- Flávia Biroli, Maria das Dores Campos Machado y Juan Marco Vaggione, Gênero, neoconservadorismo e democracia. Disputas e retrocesos en América Latina, São Paulo, Boitempo, 2020.
- Oficina en Colombia de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, «Ideología de género. Una estrategia para ganar adeptos por el “No” al plebiscito», 2016; véase también Elizabeth S. Corredor, op. cit.
- Cinzia Arruzza, Tithi Bhattacharya y Nancy Fraser, Féminisme pour les 99 %. Un manifeste, París, La Découverte, 2019.
- Katy Steinmetz, «The Transgender Tipping Point», Time, 29 de mayo de 2014; Buzz Bissinger, «Caitlyn Jenner: The Full Story», Vanity Fair, julio de 2015.
- «North Carolina Bans Local Anti-Discrimination Policies», The New York Times, 23 de marzo de 2016.
- Julie Hirschfeld Davis y Helene Cooper, «Trump Says Transgender People Will Not Be Allowed in the Military», The New York Times, 26 de julio de 2017.
- Ruth Pearce, Sonja Erikainen y Ben Vincent, «TERF Wars. An Introduction», The Sociological Review, vol. 68, n.º 4, 2020 (introducción del número especial «TERF Wars. Feminism and the Fight for Transgender Futures»).
- Lili Pillot, «Jeux olympiques de Paris 2024. Non, les boxeuses Imane Khelif et Lin Yu-Ting ne sont pas “des hommes”», Les Surligneurs, agosto de 2024; véase también «Fact Check. Participation and Eligibility of Paris 2024 Olympic Boxers Imane Khelif and Lin Yu-ting», GLAAD, 2024.