Las redes sociales y los medios de comunicación de la oposición rusa no hablan de otra cosa que de los ataques con drones ucranianos contra la capital rusa, que fue objeto de 120 ataques entre el 16 y el 17 de mayo.

  • En Moscú, los habitantes graban y difunden su consternación en las redes sociales, lo que contrasta con la indiferencia generalizada que se ha observado ante los bombardeos de las ciudades ucranianas durante los últimos cuatro años.
  • Por su parte, el gobierno ruso intenta limitar la cobertura mediática de estos ataques.
  • De hecho, los responsables políticos tienen otras prioridades: la visita oficial del presidente ruso a Pekín, prevista para los días 19 y 20 de mayo.

Un encuentro muy esperado

La última visita de Vladimir Putin a China fue en agosto y septiembre de 2025. El presidente ruso asistió entonces a un desfile en Pekín, organizado con motivo del 80.º aniversario de la rendición japonesa que marcó el fin de la Segunda Guerra Mundial. En esa ocasión declaró que China, Mongolia y Rusia tenían «mucho en común, empezando por el interés en el desarrollo conjunto de nuestras relaciones políticas, económicas y humanitarias».

Este nuevo encuentro debería ser una oportunidad para profundizar en estas conversaciones.

  • Además de su reunión con Xi Jinping, Vladimir Putin también tiene previsto abordar con el primer ministro Li Qiang las perspectivas de cooperación económica y comercial entre ambos países.
  • Entre estos temas se incluirá la cooperación energética, en un momento en que Rusia consolida su posición como proveedor de energía de China, en un contexto marcado por el conflicto en el estrecho de Ormuz y el aumento de los precios del petróleo.
  • El gasoducto «Fuerza de Siberia 2», que permitirá transportar entre 50.000 y 100.000 millones de metros cúbicos de gas ruso a la región de Xinjiang pasando por Mongolia, será el tema central de las conversaciones.
  • El Kremlin ya ha anunciado que esta reunión debería concluir con la firma de una declaración conjunta y de documentos bilaterales cuya naturaleza y contenido concreto aún se desconocen.

El portavoz de la administración presidencial, Dmitri Peskov, ha precisado que Rusia afronta esta reunión con «grandes expectativas, las mayores expectativas posibles».

  • En una breve declaración a los periodistas rusos, Peskov destacó que las relaciones entre Rusia y China tenían un carácter multidimensional: no se limitaban al comercio y a los intercambios económicos, sino que también incluían un diálogo en profundidad en ámbitos tan diversos como la cultura, la medicina y la educación.
  • Incluso mencionó un proyecto de «Año Ruso-Chino» de cooperación en el ámbito de la educación. 1

Al mismo tiempo, los medios de comunicación rusos han difundido y comentado ampliamente en los últimos días un artículo del South China Morning Post, con sede en Hong Kong pero cercano al gobierno chino. 2.

  • El periódico anglófono cedió sus columnas a Zhao Long, investigador del Instituto de Estudios Internacionales de Shanghái, quien calificó el viaje de Vladimir Putin a Pekín como una «importante oportunidad» para las relaciones ruso-chinas, 30 años después de la firma de la asociación estratégica entre Rusia y China y 25 años después del Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa.
  • Añadió que el hecho de que la visita de Vladimir Putin se produjera pocos días después de la de Donald Trump no debía considerarse más que una coincidencia. Sin embargo, explicó: «Está claro que, para China, la estabilización de las relaciones con Estados Unidos y la profundización de la cooperación estratégica con Rusia no son opciones que se excluyan mutuamente. Ambos enfoques se inscriben en una perspectiva de mantenimiento de la estabilidad global en las relaciones entre las grandes potencias».
  • Por último, el mismo artículo recordaba los análisis de varios expertos internacionales, según los cuales una crisis en Rusia tras el fin de la guerra en Ucrania podría suponer riesgos adicionales para China, a quien le conviene más la estabilización de Rusia para desarrollar proyectos comunes, especialmente en el sector energético.

Una cumbre en un contexto de guerra

Sea cual sea su contenido, los documentos firmados al término de la cumbre de Pekín no reflejarán el verdadero alcance de los intercambios diplomáticos entre ambos líderes. Es evidente que las próximas conversaciones incluirán un importante componente de política internacional, dadas las repercusiones que tienen la guerra en Irán y en Ucrania para ambos países.

  • Según ha informado la agencia de noticias rusa TASS, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Guo Jiakun, no ha dejado de precisar: «Durante la visita, los dirigentes de ambos Estados intercambiarán puntos de vista sobre cuestiones de cooperación bilateral en diversos ámbitos, así como sobre asuntos internacionales y regionales de interés mutuo». 3
  • Sabemos que su última visita a China brindó al ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguei Lavrov, la oportunidad de mantener conversaciones con su homólogo Wang Yi sobre una serie de temas, entre ellos la guerra en Ucrania, Venezuela y la situación en Medio Oriente, sin mencionar explícitamente a Estados Unidos. 4
  • Sin duda, el aspecto más confidencial de estas negociaciones será la contribución china al esfuerzo bélico ruso, más allá de las compras de gas con las que Moscú espera compensar el cierre del mercado europeo.
  • China suministra a Rusia fibra óptica, baterías de litio y otros componentes para drones, al tiempo que facilita la colaboración de expertos en el desarrollo de nuevos modelos y proporciona información satelital.
  • La última revelación del medio The Insider ha puesto de manifiesto cómo proveedores chinos enviaban a Rusia las antenas necesarias para los drones rusos «Géran», haciéndolas pasar por material agrícola. 5

Las lecciones del encuentro entre Trump y Xi Jinping

Los responsables y analistas rusos también tienen en cuenta los resultados de la cumbre celebrada la semana pasada entre Donald Trump y Xi Jinping.

  • Su análisis parte de una constatación: el presidente de Estados Unidos viajó a China en una posición muy debilitada. Ya no es momento para el triunfalismo que siguió a la operación en Venezuela, sino para gestionar el estancamiento estadounidense en Irán.
  • Los observadores rusos no escatiman en elogios hacia la resistencia que Pekín ha opuesto a la guerra comercial declarada por Washington. Felicitan a China por haber sido el único país que se ha atrevido a adoptar medidas simétricas, aumentando en varias ocasiones sus aranceles contra Estados Unidos. China se encuentra así en condiciones de negociar con Washington en pie de igualdad, o incluso desde una posición de fuerza, aprovechando al máximo, entre otras cosas, sus tierras raras.
  • Con motivo de una mesa redonda en la que participaron expertos del Club Valdái, de la Escuela Superior de Estudios Económicos de Moscú y de la Universidad Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú, Iván Timofeev, director general del Consejo Ruso de Asuntos Internacionales, ofreció este análisis: «Estados Unidos tiene su propia lógica en este conflicto [con China]. Esta se inscribe en la doctrina Trump, que consiste en presentar a Washington como el benefactor de la humanidad: “Alimentamos al mundo entero, tenemos una balanza comercial negativa, pretendemos reequilibrarla a nuestro favor”. Más allá de que esta tesis sea, en sí misma, bastante discutible, lo principal es que este enfoque quizá surta efecto con el resto del mundo, pero no con Pekín. Y, por cierto, tampoco con Rusia. Por lo tanto, no tendría ningún sentido emprender guerras comerciales contra nuestro país, ya que seguimos alcanzando nuestros objetivos a pesar de que ya sufrimos un número considerable de sanciones».
  • Así pues, para Moscú, la principal lección de la cumbre sino-estadounidense sería una confirmación de la política de Vladimir Putin: frente a Estados Unidos, China y Rusia harían bien en perseverar en su postura de adversarios inquebrantables de Washington, sin dejarse intimidar por las amenazas y las presiones. 6