¿En qué sistema internacional vivimos? Numerosos observadores defienden la hipótesis de un mundo bipolar dominado por Estados Unidos y China. A la luz de múltiples indicadores —como el PIB, el comercio, el poderío militar, la presencia diplomática o la influencia política—, China se encuentra, en efecto, en una situación más favorable que la de la Unión Soviética en la época de la Guerra Fría.

La hipótesis de una oposición estructurante entre las dos potencias no puede descartarse de un simple manotazo: hoy en día, Pekín saca partido de los errores estadounidenses al tiempo que intenta ocultarlo. De este modo, se ajusta a las palabras de Napoleón, tal y como las recogió Antoine de Jomini: «Cuando el enemigo da un paso en falso, hay que cuidarse de no interrumpirlo». 1

Sin embargo, la bipolaridad no logra describir perfectamente el mundo que conocemos. Ante la multiplicación de los centros de poder y de influencia en las últimas tres décadas, se ha vuelto imposible concebir las relaciones entre naciones únicamente desde la perspectiva de la alineación con una u otra de las dos superpotencias.

Este estado de cosas no permite, sin embargo, cambiar la hipótesis bipolar por otra multipolar: esta no puede ser del todo satisfactoria, ya que, a pesar de la existencia de numerosos polos de poder, estos tienen fuerzas y recursos desiguales, especialmente en el ámbito militar. Europa extrae hoy una amarga lección de esta desigualdad.

¿Seríamos, pues, prisioneros de una antinomia?

Controlar el riesgo: la estrategia del hedging

A pesar de su aparente contradicción, es posible conciliar la tesis de una nueva bipolaridad con la de una multipolaridad imperfecta concibiendo un sistema internacional híbrido en el que la bipolaridad y la multipolaridad, lejos de excluirse, se reforzarían mutuamente. En nuestra última obra, 2 hemos desarrollado este enfoque dialéctico del movimiento del mundo, para mostrar cómo ciertos actores, los hedgers, inscriben su estrategia en este sistema híbrido. La guerra de Irán es un ejemplo paradigmático de esta nueva realidad: si bien el conflicto implica de hecho tanto a Estados Unidos como a China, también sitúa a los actores regionales en el centro del juego.

El término «hedgers» deriva de los hedge funds, fondos de inversión cuyos gestores tratan de protegerse contra los riesgos del mercado. Su funcionamiento ofrece, en efecto, una analogía pertinente para el sistema internacional: mientras que los hedge funds tratan de proteger sus activos de la volatilidad de los mercados y mejorar su rendimiento, los países que se enfrentan a amenazas más o menos importantes deciden, a su vez, protegerse. 3

Sin embargo, no todos los Estados se enfrentan a la misma intensidad de riesgo, y no todos cuentan con los recursos para hacerle frente. Teniendo esto en cuenta, nos preguntamos si la escena internacional no reservaba un lugar para los actores que deseaban ganar influencia sin alinearse con las grandes potencias. Gracias a sus recursos económicos, financieros o políticos, estos actores se beneficiarían de la bipolaridad que vuelve a perfilarse para construir espacios de multipolaridad.

La bibliografía tradicional, especialmente en Estados Unidos, subestima el hedging porque considera que, a más o menos corto plazo, los actores siempre se ven obligados a realinearse. Planteamos una hipótesis diferente: sin descuidar los riesgos y los imperativos de realineamiento, contemplamos la posibilidad de que ciertos actores, los hedgers, creen espacios de multipolaridad frente a una dinámica bipolar.

Sin embargo, no todo el mundo puede ser hedger: es importante determinar a qué Estados se les puede atribuir este epíteto de manera pertinente. En nuestro análisis, hemos seleccionado ocho países: India, Indonesia, Vietnam, Emiratos Árabes Unidos, Brasil, Arabia Saudita, Sudáfrica y Qatar. Para dar credibilidad a nuestra hipótesis, hemos definido ocho parámetros precisos que permiten medir los recursos del hedging: el lugar que ocupan los países seleccionados en la competencia comercial entre las dos grandes potencias, la evolución de su PNB en los últimos 30 años, la magnitud de sus recursos financieros, sus capacidades militares, su propensión al liderazgo y, por último, su influencia regional, así como la que poseen en los foros globales.

A través de los hedgers se crean espacios de multipolaridad en una dinámica globalmente bipolar.

Zaki Laïdi e Yves Tiberghien

Medir la desalineación

Frente a Estados Unidos y China, así como a la evolución del equilibrio entre ambas potencias, los hedgers adoptan una posición comercial estratégica.

En los últimos años, todos han reducido su dependencia de Estados Unidos, a excepción de Vietnam y la India, al tiempo que han aumentado sus intercambios comerciales con China. Por ejemplo, mientras que en 1990 Arabia Saudita destinaba el 24 % de sus exportaciones a Estados Unidos, esta cifra se redujo al 4 % en 2024.

Para los ocho países que hemos seleccionado como «hedgers», Estados Unidos constituye hoy en día un mercado de exportación importante solo para dos de ellos —Vietnam y la India— y un mercado de exportación esencial, aunque de segundo orden, para otros tres: Indonesia, Brasil y Sudáfrica. Para los países restantes, ya no es más que un mercado menor.

Estos cambios incitan a las potencias medias del Sur global a recurrir a la diversificación en lugar de alinearse con Estados Unidos. Si la guerra comercial liderada por la administración de Trump continúa, podría amplificar este movimiento de alejamiento de Washington.

Al apartarse de Washington para sus exportaciones, los hedgers también han reducido sus importaciones procedentes de este país. Con la excepción de Brasil y Qatar, Estados Unidos ya no es un socio importante para la mayoría de ellos.

Por otra parte, China se ha convertido en un socio importante en materia de importaciones y exportaciones para todos los países analizados, con la excepción de la India. Mientras que Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Qatar han intensificado sus intercambios con Pekín, Brasil destina ahora una parte importante (28 %) de sus exportaciones a este país. Esta evolución resulta aún más llamativa si se tiene en cuenta que, en 1990, China ni siquiera figuraba entre sus mercados de exportación.

El creciente volumen de exportaciones a China es solo un aspecto de la creciente dependencia de los hedgers respecto a Pekín. Hoy en día, China es también la principal fuente de importaciones de países tan diversos como Indonesia (32 %), Vietnam (39 %), Brasil (25 %), Arabia Saudita (24 %), Sudáfrica (22 %) e incluso Qatar (17 %). De los ocho países incluidos en nuestro estudio, seis importan más del 20 % de sus mercancías de China.

Si bien la India se ha resistido parcialmente a esta reestructuración, su comercio con China no ha dejado de aumentar: en 2024, el 22 % de las importaciones del país procedían de China, frente al 1 % en 1990. El deshielo de las relaciones entre Nueva Delhi y Pekín es, en parte, el resultado de las presiones ejercidas por las empresas indias para normalizar las relaciones comerciales. Como declaró el Ministerio de Finanzas indio: «Para estimular la industria manufacturera india e integrar a la India en la cadena de suministro mundial, es inevitable que el país encuentre un lugar en la cadena de suministro china». 4

El auge de China aumenta el margen de maniobra de todos los hedgers. Vietnam ha logrado así encontrar un equilibrio entre una fuerte dependencia de China para sus importaciones y una fuerte dependencia de Estados Unidos para sus exportaciones.

No obstante, el refuerzo del papel de China también tiene un costo: al volverse muy dependientes del mercado y de los productos chinos, el efecto palanca de varios de los países estudiados se ha visto limitado. La fuerte dependencia de Brasil respecto a China en materia de exportaciones presenta, en particular, el inconveniente de amplificar el proceso de desindustrialización del país, al favorecer la agroindustria de exportación en detrimento de cualquier otra lógica de desarrollo.

El auge de China aumenta el margen de maniobra de todos los hedgers.

Zaki Laïdi Zaki Laïdi e Yves Tiberghien

Evitar la vasallización: los medios del poder económico

Los hedgers ocupan también un lugar destacado en la jerarquía económica mundial. Siete de ellos figuran así entre las 35 mayores potencias económicas mundiales en términos de PIB. 5

También conviene considerar esta clasificación a largo plazo. Desde 1990 hasta la actualidad, seis de los ocho hedgers han avanzado varios puestos, mientras que el retroceso relativo de Brasil no es significativo y el de Sudáfrica se ve compensado por otras características del país. Por otro lado, 6se observan dos avances espectaculares: en 25 años, Vietnam ha pasado del puesto 63 al 25 y Qatar del 70 al 40. Paralelamente, la India ha pasado del puesto 9 al 5 y los Emiratos Árabes Unidos del 32 al 21. Indonesia y Arabia Saudita también han avanzado.

Además del poderío económico, medido por el PIB, también hemos evaluado los recursos y el poderío financiero de los hedgers. Para ello, hemos tenido en cuenta a los inversores controlados por el Estado —es decir, las reservas de los bancos centrales, los fondos soberanos y los fondos de pensiones— con el fin de clasificar a los distintos países del mundo.

Como muestra la tabla supra, los recursos financieros de los hedgers son un elemento importante que les permite hacerse un hueco en la escena internacional. En un momento en que la IA se está convirtiendo en uno de los principales motores de la competencia mundial, la posesión de recursos financieros, combinada con la de recursos energéticos, les confiere un papel cada vez mayor y, en ocasiones, considerable. El ejemplo de los Emiratos Árabes Unidos, quinto mayor poseedor de recursos financieros del mundo, mientras que Arabia Saudita ocupa el sexto lugar, lo demuestra de manera contundente.

La región del Norte de África y Medio Oriente concentra por sí sola el 40 % de los fondos soberanos del mundo. Si clasificamos los distintos Estados según las sumas disponibles en sus fondos soberanos, los Emiratos Árabes Unidos ocupan la segunda posición, mientras que Arabia Saudita y Qatar se sitúan en quinto y séptimo lugar, respectivamente.

Aunque sus recursos son menos importantes, los demás países estudiados no se quedan atrás: si se tienen en cuenta sus recursos financieros totales —según las tres categorías señaladas anteriormente—, cada uno de los ocho Estados considerados figura entre los 30 primeros del mundo. Esta posición es del mismo orden de magnitud que la que ocupan estos países cuando se clasifican según su PIB.

Syed Muhammad Khayyam es un artista pakistaní nacido en 1992 en Quetta, que actualmente reside en Lahore. Licenciado en Bellas Artes por el National College of Arts, con especialización en miniatura indo-persa, reveló su talento desde muy temprana edad, hasta llegar a su primera exposición individual en 2008. © Syed Muhammad Khayyam

Defensa: alcanzar la autonomía estratégica

Todos los hedgers son Estados de lo que a veces se denomina, de forma un tanto simplista, el «Sur global». No están vinculados a Estados Unidos, China o Rusia mediante alianzas político-militares como la OTAN, el AUKUS o acuerdos de defensa bilaterales como los que unen a Corea con Estados Unidos. En consecuencia, están más expuestos a los riesgos y a las incertidumbres frente a potencias agresivas, pero evitan verse arrastrados a nuevos conflictos por un juego de alianzas indeseables.

Ninguno de los hedgers cuenta con una garantía de seguridad tan sólida como la del artículo 5 de la OTAN, a excepción de Filipinas, que no hemos incluido en nuestra lista de ocho países por este motivo. Algunos hedgers, como Qatar, Arabia Saudita o los Emiratos Árabes Unidos, están ciertamente vinculados a Estados Unidos por diversos acuerdos militares, incluida la presencia de fuerzas militares estadounidenses en la región. Sin embargo, estos acuerdos no garantizan jurídicamente la integridad territorial de estos Estados en caso de ataque externo, un hecho del que todos tomamos conciencia hoy en esta situación sin precedentes en la que nos encontramos.

La India también está vinculada a Estados Unidos a través del QUAD, junto con Japón y Australia. Pero aunque los cuatro países realizan cada año maniobras navales conjuntas, Nueva Delhi ha insistido en que esta asociación no puede convertirse en una alianza militar. En este sentido, la India se suma a los demás hedgers que buscan más bien reforzar su seguridad diversificando sus alianzas exteriores.

El hecho de que los hedgers no cuenten con garantías militares externas les obliga a desarrollar sus propias capacidades militares. Para evaluar estas capacidades, hemos optado por medir la parte del PIB dedicada al gasto militar con el fin de clasificar los distintos países del mundo y determinar la posición de los países que calificamos de hedgers. Para consolidar esta clasificación, también hemos ordenado los Estados del mundo según el índice de potencia de fuego, que mide las capacidades de combate.

De los ocho países estudiados, cinco figuran entre los 30 primeros en cuanto a potencia de fuego. La India ocupa el cuarto puesto, mientras que Indonesia, Brasil y Vietnam se sitúan en buenas posiciones.

La magnitud del gasto militar revela la gravedad de las amenazas que pesan sobre un Estado. Este hecho permite comprender mejor por qué los Emiratos Árabes Unidos y Qatar —que figuran entre los 30 primeros Estados del mundo en términos de gasto militar— dedican, al igual que Arabia Saudita, recursos considerables a su defensa. Por el contrario, Indonesia, que se ve mucho menos amenazada, destina a su defensa sumas más reducidas.

Ya sea por su potencia de fuego o por la proporción de su PIB destinada al gasto militar, los hedgers siempre se sitúan entre los 30 primeros Estados del mundo, a excepción de Sudáfrica, que no tiene ninguna ambición de proyección militar debido a la escasa hostilidad de sus vecinos. La mayoría de estos Estados se encuentran en zonas estratégicas sensibles, como Medio Oriente o entre las grandes potencias de Eurasia, o en el Mar de China Meridional. Vietnam, Indonesia y la India se encuentran en primera línea de la rivalidad entre Estados Unidos y China.

Por otro lado, la clasificación de los países del Golfo según su potencia de fuego es notablemente peor que la obtenida al considerar su gasto en defensa. Esta diferencia revela un esfuerzo militar incompleto: aunque los países del Golfo han adquirido equipos modernos de Estados Unidos y otros países, siguen careciendo de personal, así como de preparación estratégica cuya doctrina aún se encuentra en fase de elaboración.

Ante amenazas de mayor o menor gravedad, algunos países —al igual que los hedge funds— deciden protegerse.

Zaki Laïdi Zaki Laïdi e Yves Tiberghien

Integrarse en las cadenas de valor

La división de la producción mundial en actividades y tareas realizadas en diferentes países ha llevado a los Estados del mundo a integrarse en cadenas de valor transnacionales. Mientras que los países del G7 buscan reducir su dependencia de China en lo que respecta a recursos clave o productos manufacturados sensibles, algunas potencias medias del Sur Global han sabido ofrecer fuentes alternativas de menor riesgo, gracias a su mano de obra barata, a la calidad de sus infraestructuras y a su sistema educativo. Esa es la principal ventaja de la India y Vietnam.

Un buen indicador para medir la posición de los países en las cadenas de valor consiste en evaluar el volumen de sus exportaciones de productos manufacturados. La tabla supra muestra el papel cada vez más importante que desempeña Vietnam en estas cadenas: el país se sitúa justo detrás de Taiwán, Singapur y el Reino Unido, y está reduciendo la brecha que lo separa de estos Estados. Según la World Integrated Trade Solution, que también clasifica a los países en función de su participación en las cadenas de valor mundiales, Vietnam ocupa incluso el tercer puesto. 7

La tabla anterior muestra también que la India, los Emiratos Árabes Unidos, Indonesia, Brasil y Sudáfrica ocupan todos una posición destacada en el proceso de producción mundial.

En el futuro, la India podría incluso sustituir a China como primera potencia manufacturera. El país está reforzando sus capacidades e iniciando un retorno progresivo a la situación que prevalecía antes de la Revolución Industrial, cuando China e India eran las dos primeras potencias materiales mundiales. Al distanciarse de China, Nueva Delhi ayudaría a los países occidentales a reducir su vulnerabilidad frente a Pekín. Sin embargo, esta ventaja sigue siendo relativa, dada la simetría que existe en la India entre el sector de los servicios y el sector industrial.

Si bien la posesión de tierras raras podría alterar la dinámica de las cadenas de valor mundiales, la evolución tecnológica, en particular el vertiginoso desarrollo de la IA, también modifica el núcleo estratégico de los hedgers. Los Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Arabia Saudita han comprendido que el desarrollo de los centros de datos requerirá importantes inversiones financieras y energéticas, inversiones que están perfectamente en condiciones de realizar. El nuevo panorama tecnológico también ha impulsado a Estados Unidos a dar un giro hacia los países del Golfo: en 2025, Washington retiró su oposición a las inversiones chinas en la región, a cambio de inversiones colosales de los países del Golfo en Estados Unidos.

Diplomacia: salir de la invisibilidad

Los hedgers están animados por fuertes ambiciones políticas y buscan influir en el sistema internacional en su beneficio. Si bien la mayoría de ellos ejerce algún tipo de liderazgo en sus respectivas regiones, la posesión de recursos políticos es tan importante para ellos como la de recursos materiales. La ambición y la visión, a menudo heredadas de un pasado histórico, son factores determinantes esenciales de sus políticas.

El papel de Sudáfrica en la escena internacional no puede entenderse si solo se tienen en cuenta los recursos materiales y demográficos, que son poco significativos y muy inferiores a los de Nigeria, por ejemplo. Sin embargo, el país cuenta con una larga tradición política heredada de su lucha contra el apartheid. En los últimos años, especialmente desde el inicio de la guerra en Gaza, Pretoria ha buscado reforzar su capital político tomando la iniciativa diplomática.

Por su parte, la India e Indonesia son las fundadoras del Movimiento de Países No Alineados. Estos dos países son herederos de tradiciones diplomáticas que perduran —en el caso de la India— o que se están reactivando —en el caso de Indonesia—.

El caso de los Emiratos Árabes Unidos también permite comprender por qué el poder económico no siempre es el factor más determinante: si bien Kuwait es casi tan rico como este Estado, su peso en el sistema internacional es incomparablemente menor. Por el contrario, los Emiratos Árabes Unidos se implican política y militarmente mucho más allá de sus fronteras, en particular en Libia, Sudán y Somalia. Para dotarse de una palanca política, también han construido un «imperio portuario» en 78 países. 8

La rivalidad con Arabia Saudita es un motor de las ambiciones de los Emiratos Árabes Unidos, mientras que Qatar se apoya en esta rivalidad para consolidar su papel en el mundo. En el primer país, la llegada al poder del príncipe Mohammed bin Salman ha elevado las ambiciones del país y acelerado su ritmo político: la calidad del liderazgo de MBS y su determinación para actuar tienen mucho que ver en ello.

Entre los hedgers, también están surgiendo otras iniciativas.

En Brasil, Lula ha encaminado a su país por una trayectoria ambiciosa. Aunque existen continuidades evidentes, esta difiere de la de su predecesor, Bolsonaro.

En Indonesia, la personalización del poder moldea las ambiciones del país en el exterior. De hecho, Prabowo Subianto se muestra muy sensible a las cuestiones de política exterior. La decisión tomada por Indonesia de unirse a los BRICS a principios de enero de 2025 habría sido tomada por él solo. 9 El presidente indonesio también se adapta al giro transaccional que ha tomado el sistema internacional.

Dada la estructura colegiada del Partido Comunista de Vietnam, Hanói está menos expuesta a estos fenómenos idiosincrásicos. Sin embargo, el enfoque a la vez ambicioso y prudente adoptado por el país tiene como objetivo asegurar la supervivencia de Vietnam entre Estados Unidos y China, mientras que las tensiones entre las dos superpotencias se acentúan en el Sudeste Asiático.

Las diferentes identidades políticas que han adquirido los distintos hedgers demuestran que este estatus nunca está garantizado para siempre, ya que queda a merced de un cambio de liderazgo. Sin embargo, es evidente que una estrategia de hedging coherente y aplicada a largo plazo acaba convirtiéndose en una tradición y un legado políticos.

Integrarse en los clubes de gobernanza

Además del liderazgo político, también identificamos a los hedgers por el reconocimiento del que gozan en el mundo. Si bien este es difícil de medir, creemos que se manifiesta en la presencia de estos países en grandes instituciones multilaterales como el G20, los BRICS y varias organizaciones regionales.

Ser miembro del G20 significa formar parte de un club cerrado que agrupa a las economías más importantes del mundo. Un puesto en este grupo es, por tanto, un elemento significativo de reconocimiento y poder. De nuestros ocho hedgers, cinco forman parte de él y uno de ellos —los Emiratos Árabes Unidos— podría convertirse en invitado permanente.

Las cumbres anuales de los BRICS, por otra parte, permiten a los dirigentes de las principales potencias medias del Sur Global, junto a China y Rusia, reunirse para debatir sobre la reforma de la gobernanza mundial y los intereses colectivos. Si bien esta plataforma es cada vez más apreciada por los países del Sur como espacio de debate e incubadora de ideas, esta experimentó una ampliación significativa en 2024, con la adhesión de los Emiratos Árabes Unidos y, posteriormente, en 2025, con la de Indonesia. Arabia Saudita ha sido invitada, pero aún no ha tomado una decisión. 10

La ambición y la visión, a menudo heredadas de un pasado histórico, son factores determinantes de las políticas de los hedgers.

Zaki Laïdi Zaki Laïdi e Yves Tiberghien

Federar las iniciativas regionales

Los distintos hedgers analizados en este artículo también ejercen influencia en sus respectivos espacios regionales. Brasil lidera el Mercosur, Sudáfrica la Unión Africana, Indonesia desempeña un papel fundamental en la ASEAN, mientras que Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos dirigen el Consejo de Cooperación del Golfo. Aunque Vietnam también es miembro de la ASEAN, sus relaciones exteriores están sobredeterminadas por los vínculos que lo unen a Estados Unidos, Rusia y China, lo que le impide desempeñar un papel destacado en la organización.

Aunque Qatar tiene menos influencia que Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos en el Consejo de Cooperación del Golfo —el país ha tenido profundos desacuerdos con sus dos vecinos sobre una serie de temas, en particular el apoyo a los Hermanos Musulmanes—, Doha cuenta, sin embargo, con una poderosa influencia en el mundo árabe gracias a Al Jazeera. El país también está detrás de numerosas mediaciones políticas, ya sea en Afganistán, en Ucrania o incluso en Medio Oriente, entre Israel y Hamás. Las dificultades diplomáticas a las que se enfrenta en su propia región se ven compensadas en parte por unas relaciones privilegiadas con Turquía.

La India, por su parte, se considera un Estado civilizacional que no necesita alianzas. Sin embargo, China contrarresta sus ambiciones en el sur de Asia al intentar impedir que domine las redes de la región, con la excepción del Quad, cuyo objetivo es precisamente ofrecer un contrapeso a China en el Indo-Pacífico.

Nuevos escenarios del «Sur Global»

Esbocemos ahora una evaluación sistemática del comportamiento estratégico y del impacto de los hedgers en el sistema mundial.

En la escena internacional, desempeñan, en efecto, diversos papeles. Si bien las actitudes pueden diferir de un país a otro —y a menudo existe una brecha entre las posiciones diplomáticas oficiales y la política real—, se observa en general que las estrategias perseguidas por los hedgers a largo plazo logran influir en el sistema internacional, aunque estos países se vean a menudo obligados a adaptarse y reaccionar ante las contramedidas adoptadas por las grandes potencias.

Sobre la guerra de Ucrania: formular la no alineación

La actitud adoptada por los hedgers durante las últimas crisis internacionales revela la posición diplomática que han consolidado.

Para poner de relieve e intentar comprender esta posición, hemos analizado de forma sistemática los votos en la Asamblea General de las Naciones Unidas relativos a las 12  resoluciones sobre Ucrania presentadas entre 2022 y 2025.

Si bien las resoluciones —condena de la invasión, suspensión de Rusia del Consejo de Derechos Humanos— son de naturaleza diferente, 11 el impacto de estas variaciones puede considerarse menor. Entre estas 12 resoluciones, cualquier voto «a favor» puede considerarse, por tanto, un apoyo a Ucrania y, a la inversa, cualquier voto «en contra» como favorable a Moscú. Las abstenciones se sitúan en algún punto entre estas dos orientaciones y pueden ocultar motivaciones muy diversas.

De estos resultados se pueden extraer las siguientes conclusiones:

  • Ningún hedger está totalmente alineado con el apoyo a Ucrania, ya que ninguno de ellos ha votado «a favor» en las 12 ocasiones. Qatar es el país que ha votado más a menudo con Ucrania (7 veces), seguido de Indonesia (6 veces). Vietnam es el único hedger que se ha alineado parcialmente con Moscú, votando en contra de la exclusión de Rusia del Consejo de Derechos Humanos cuando ningún hedger votó a favor. En otras resoluciones, como la que condena las violaciones de los derechos humanos en los territorios ocupados por Rusia, tampoco votó «a favor» ningún país hedger.
  • Si sumamos los votos emitidos en las Naciones Unidas por los 8 países hedgers, se observa que el 27 % de los votos fueron a favor de Ucrania (26 de 96) y que el 72 % fueron abstenciones (69 de 96). Estos primeros resultados tienden a demostrar que la gran mayoría de los hedgers no desean elegir entre las visiones que el G7 y Rusia tienen de la guerra en Ucrania, siendo la de Rusia compartida en parte por China. En este sentido, los dos países más preocupados por no pronunciarse son la India y Vietnam: con la excepción de una medida mencionada anteriormente, ambos se han abstenido sistemáticamente en todas las resoluciones.

La conducta de los hedgers demuestra que su alineación con Europa y Estados Unidos es más simbólica que real.

Aunque optaron por defender el principio de soberanía e integridad territorial, o por enviar señales tácticas a Estados Unidos o a Europa, ninguno de ellos ha puesto en tela de juicio sus relaciones con Moscú tras el inicio de la invasión a gran escala. Por el contrario, varios hedgers —como Brasil, Indonesia y Qatar— han desarrollado desde 2022 sus relaciones con Rusia.

Sobre la guerra de Irán: los Estados del Golfo han comenzado a emanciparse de Estados Unidos

La guerra en Gaza y el conflicto israelo-palestino también han suscitado un amplio consenso entre los hedgers. En las seis principales resoluciones relativas a la situación en Gaza y a una solución pacífica, todos votaron «a favor», excepto la India, que se abstuvo en dos resoluciones que Nueva Delhi consideró demasiado parciales en contra de Israel. De hecho, el país mantiene estrechas relaciones con Tel Aviv en materia de seguridad y sigue siendo, con diferencia, el hedger más prudente respecto a Gaza.

La situación es más o menos similar en lo que respecta a la guerra entre Israel e Irán de junio de 2025: todos los países estudiados condenaron entonces el ataque israelí, con la excepción, una vez más, de la India.

La Guerra del Golfo, por último, puso plenamente de manifiesto las dificultades y las limitaciones de la posición de hedger para tres Estados: Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Qatar. Estas tres potencias reúnen dos condiciones esenciales: aunque se encuentran en una zona de máximo riesgo, cuentan con recursos excepcionales que les proporcionan los medios para comprar su seguridad atrayendo socios. En este sentido, son en cierto modo hedgers «químicamente puros».

Estos tres Estados son a la vez muy diferentes y bastante comparables: disponen de inmensos recursos petrolíferos y gasísticos, pero aspiran a diversificar las fuentes de su riqueza. Además, todos ellos desean ejercer influencia en su entorno regional.

Esta evolución se ha producido a lo largo de varias décadas. Hasta la revolución iraní de 1979, Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Qatar habían sido, en gran medida, actores pasivos. Su protección estaba garantizada por Occidente, principalmente por Estados Unidos, a cambio del petróleo. Por lo tanto, no se planteaba la cuestión de interesarse por el hedging.

La división entre sunitas y chiítas se reavivó con la revolución iraní de 1979, sumándose a otras divisiones entre conservadores y revolucionarios, y prooccidentales y antioccidentales. Dos años más tarde, la creación del Consejo de Cooperación del Golfo, que reúne a los Estados árabes de la región, se vio condicionada por esta nueva situación.

El dilema de los Estados del Golfo es, en el fondo, similar al de los hedgers de Asia Oriental: no tienen ninguna garantía de que, en caso de conflicto con Pekín, Washington acuda en su ayuda.

Zaki Laïdi Zaki Laïdi e Yves Tiberghien

El fin de un acuerdo: protección a cambio de petróleo

Sin embargo, muy pronto la ecuación regional se complicó.

En 1991, la primera Guerra del Golfo contra Irak provocó la llegada de tropas estadounidenses a Arabia Saudita, cuya presencia fue una de las causas que dieron origen a los atentados del 11 de septiembre de 2001.

En 2003, la invasión de Irak por parte de Estados Unidos generó en los países del Golfo un sentimiento de mayor inseguridad: al tiempo que intensificaba la presencia militar estadounidense en la región —lo que provocó el descontento de las poblaciones locales—, esta tuvo sobre todo la consecuencia paradójica de reforzar el eje chiíta entre Bagdad y Teherán.

Desde entonces, los Estados del Golfo se han dado cuenta de que Estados Unidos se interesaba principalmente por la región para satisfacer sus propios intereses, y no por la seguridad de esos mismos Estados del Golfo, y ello a pesar de que estos pagaban un precio exorbitante para garantizar su protección. Los indicios de esta desilusión no preocuparon a Washington, que constataba que las opciones alternativas de sus aliados del Golfo seguían siendo muy limitadas: el poder de influencia de estos Estados solo se manifestaba en palabras, y no en hechos.

Otros dos acontecimientos agravaron posteriormente la crisis de confianza entre Estados Unidos y los países del Golfo.

El primero fue el apoyo estadounidense a las revoluciones árabes, revoluciones que los países del Golfo, con la excepción de Qatar, consideraban una amenaza existencial.

El segundo fue la decisión tomada por Estados Unidos de reducir drásticamente sus importaciones de petróleo procedentes de Medio Oriente en favor de México, Canadá y el desarrollo acelerado de las explotaciones petroleras en su propio territorio. Los Estados del Golfo se enfrentaban así a una nueva situación: mientras dependían más que nunca de la garantía de seguridad de Estados Unidos, este, a cambio, ya no dependían tanto de sus antiguos socios para el petróleo.

Comprometido con proyectos relacionados con el clima y la creación contemporánea, ha participado en varias residencias artísticas y en la primera Bienal de Lahore en 2018. © Syed Muhammad Khayyam

Los primeros indicios de un juego multipolar

Respaldando este giro de Estados Unidos, Arabia Saudita, por ejemplo, comenzó a abrirse hacia Moscú y Pekín. Junto con Rusia —siendo ambos países los principales exportadores mundiales de petróleo y creadores de la OPEP+—, está en condiciones de controlar los precios mundiales del petróleo. China, por su parte, se ha convertido en el principal importador de petróleo saudí, mientras que Estados Unidos ya casi no lo compra. Desempeñó un papel importante en la normalización de las relaciones entre Arabia Saudita e Irán antes de la nueva guerra del Golfo, un acercamiento que le permitió demostrar que podía estar presente en la región frente a Estados Unidos, al tiempo que demostraba a Arabia Saudita que esta disponía de alternativas a la única garantía estadounidense.

El nuevo escenario de Medio Oriente es un ejemplo más del cambio de situación y de las modalidades de ejercicio del hedging. El de los países del Golfo también se ha manifestado de manera muy notable desde el inicio de la guerra en Ucrania: durante el conflicto, Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos han logrado mantener relaciones de calidad tanto con Estados Unidos como con Europa, Rusia y Ucrania. Se han negado a adoptar posiciones tajantes para aumentar su margen de maniobra, al que han recurrido ampliamente los protagonistas de la guerra. Por ejemplo, los Emiratos se han convertido en un destino privilegiado para el reciclaje de los recursos rusos que hasta ahora pasaban por Europa. Del mismo modo, Arabia Saudita ha desempeñado un papel importante entre Ucrania y Rusia en los intercambios de prisioneros.

Epic Fury: la ruptura de una alianza y el hedging a prueba

Es demasiado pronto para saber si la nueva guerra del Golfo que se está librando hoy destruirá la estrategia de los hedgers.

En este momento, sin embargo, es posible imaginar que las reacciones de estas potencias regionales serán complejas y diferenciadas.

Aunque no lo digan oficialmente, los tres Estados del Golfo analizados se oponían muy claramente al inicio de la guerra por parte de Estados Unidos e Israel, sobre todo porque no se les había consultado. Si bien se escuchan voces discordantes en Arabia Saudita y en los Emiratos Árabes Unidos, mientras los gobiernos se abstienen de criticar abiertamente, Qatar, el país más afectado, ha expresado con firmeza su desacuerdo con las decisiones de Washington. No hay duda de que, en caso de un fiasco de Estados Unidos, su desacuerdo será más claro.

No es seguro que la guerra en curso no tenga consecuencias en la percepción que tienen los Emiratos Árabes Unidos, a pesar de su cercanía a Israel, de su propia seguridad. Naturalmente, los ataques que sufren hoy por parte de Irán son de tal naturaleza que los sitúan del lado de Estados Unidos, pero esta realidad no debe sobrevalorarse.

Parece improbable que los Estados del Golfo se precipiten hacia Estados Unidos o Israel para favorecer un cambio de régimen en Irán. Si bien pueden desear un régimen iraní debilitado, es a condición de que dicho debilitamiento no desemboque en un caos o una guerra civil que los afecte negativamente, sobre todo si el estrecho de Ormuz permaneciera cerrado. La peor situación para los Estados del Golfo sería una prolongación del conflicto que los obligara a entrar en guerra contra Irán y a correr el riesgo de su destrucción sin tener la seguridad de una protección estadounidense suficiente, ya que Trump podría retirarse bruscamente.

Tal hipótesis marcaría el fracaso del paradigma de los hedgers.

En un conflicto como la guerra de Irán, sin embargo, es importante separar los efectos inmediatos de los efectos a mediano y largo plazo. La principal lección que los Estados del Golfo extraerán de esta guerra —aunque no lo admitan oficialmente— es que la administración estadounidense no puede ser un garante siempre creíble de su seguridad. La segunda es que Irán, sea cual sea su régimen, seguirá en pie: tarde o temprano, tendrán que adaptarse a él.

El pasado 24 de marzo, un responsable qatarí declaraba así: «[Irán y nosotros] viviremos uno al lado del otro. Seremos vecinos en el futuro, y debemos encontrar formas de convivir».

Para los países del Golfo, el mayor riesgo es el de un reparto de la influencia en Oriente Próximo entre Irán e Israel, lo que obligaría a los Estados de la región a elegir entre ambos. La opción más razonable sería más bien la creación de un sistema de seguridad colectiva local gestionado por las potencias regionales. La falta de confianza entre estas y los cálculos de las potencias externas hacen que, por el momento, esta posibilidad resulte difícil.

El dilema de los Estados del Golfo es, en el fondo, similar al de los hedgers de Asia Oriental: no tienen ninguna garantía de que, en caso de conflicto con Pekín, Washington acudiera en su ayuda. Su caso ilustra de manera ejemplar cómo, ante un Estados Unidos cada vez más impredecible, el hedging se convierte no en una simple opción, sino en la única solución de supervivencia para unos Estados a menudo ricos y codiciados.

Notas al pie
  1. Antoine-Henri, barón de Jomini, Vie politique et militaire de Napoléon, raconté par lui-même, tomo II, París, Anselin, 1827.
  2. Zaki Laïdi e Yves Tiberghien, The Hedgers. How the Global South Navigates the Sino-American Competition, Cambridge, Cambridge University Press, 2026.
  3. En el ámbito financiero, los hedgers contrarrestan los riesgos de una inversión mediante diversos mecanismos relacionados —contratos de seguro, de garantía o de compensación—, logrando así una cobertura de riesgos (hedge). Del mismo modo, las potencias del Sur global incluidas en nuestro análisis solo logran desligarse de los grandes polos de poder —perdiendo las protecciones que estos ofrecen, pero escapando a la vasallización— aprovechando sus recursos económicos, comerciales y diplomáticos para establecer alianzas limitadas. Estas les permiten así cubrir el riesgo que conlleva la no alineación. Estos hedgers —término polisémico difícil de traducir al español— también podrían calificarse de «potencias prudenciales».
  4. Ministerio de Hacienda, Gobierno de la India (2024), Economic Survey 2023-24, Nueva Delhi: Departamento de Asuntos Económicos, División Económica, p. 161.
  5. Un caso particular es el de Qatar, que ocupa el puesto 40 debido a su escasa población.
  6. En las clasificaciones relativas al PIB que se presentan en los cuadros siguientes, se considera a la Unión Europea como un único actor, cuyos recursos se agregan en función de sus miembros en la fecha considerada (por ejemplo, 12 Estados miembros en 1990, 27 en 2008). Aunque este enfoque modifica sensiblemente las clasificaciones mundiales, ofrece una representación analíticamente más precisa de la capacidad colectiva de la Unión.
  7. WITS, World Integrated Trade Solution, Producción relacionada con las cadenas de valor mundiales (GVC) como porcentaje de la producción total.
  8. Fuente: Clash Report, 19 de julio de 2025.
  9. Fuente: entrevista confidencial realizada por uno de los autores a un alto cargo, mayo de 2025.
  10. Dicho esto, más allá de la creación del Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) y de la coordinación de posiciones en el seno del G-20, los BRICS aún no han modificado en profundidad la gobernanza mundial tal y como ellos desean: de hecho, existe dentro de la organización una fuerte oposición entre quienes, como Rusia y China, aspiran a un cambio significativo del orden mundial, y quienes, como India e Indonesia, no buscan oponerse a Estados Unidos o a Europa.
  11. Las 12 resoluciones pueden agruparse en 4 categorías:

    – Grupo 1: resoluciones que califican la guerra de agresión e implican explícitamente a Rusia (3 resoluciones);

    – Grupo 2: resoluciones relativas al respeto de la soberanía de Ucrania sin cuestionar explícitamente a Rusia (3 resoluciones);

    – Grupo 3: resoluciones sobre las consecuencias institucionales de la guerra, incluida la suspensión de Rusia del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (1 resolución); y

    – Grupo 4: resoluciones sobre las consecuencias humanitarias de la guerra (5 resoluciones).