Ayer y hoy, 22 y 23 de marzo, los italianos estaban llamados a las urnas para pronunciarse en un referéndum sobre una reforma constitucional de la justicia, impulsada por el Gobierno de Meloni.
- Aunque el alcance inmediato del texto seguía siendo limitado, la oposición advirtió de sus posibles implicaciones, al considerar que podría constituir un paso hacia una reconfiguración institucional más profunda.
- Más allá de su contenido jurídico, la votación revestía sobre todo una dimensión política: se asemejaba a una prueba a gran escala para la presidenta del Consejo, en el cargo desde el 22 de octubre de 2022, a un año de la fecha de las elecciones legislativas de 2027.
La participación fue uno de los aspectos más destacados de este referéndum.
- Con algo más del 59% de participación, la movilización en torno al referéndum sigue siendo históricamente alta, aunque se observan diferencias geográficas, con una diferencia de 20 puntos entre Sicilia (46,2%) y Emilia-Romaña (66,7%).
- Este nivel de participación contrasta claramente con las consultas anteriores: 34,05% en 2001 y 52,46% en 2006. En el contexto del siglo XXI, sólo el referéndum constitucional de 2016 —caracterizado por una fuerte politización del voto— había registrado una participación comparable (65,5%).
- Si se compara con las elecciones legislativas, esta cifra confirma la importancia política de la votación: la participación se acerca a la de estas (64,07% en 2022, frente al 73,86% en 2018), lo que sugiere que este referéndum se percibió, más allá de su objeto jurídico, como un momento de clarificación política nacional.
Es la combinación de una elevada participación y un rechazo que podría situarse en 6 puntos lo que invita a comparar esta votación con la anterior de 2016.
- En diciembre de 2016, Matteo Renzi había sometido a referéndum su propia reforma constitucional, la había personalizado poniendo en juego su mandato —y la había perdido con un 59% de «no», lo que había provocado su dimisión al día siguiente, aunque Sergio Mattarella la había aplazado para permitir la aprobación del presupuesto—.
- La situación actual presenta similitudes, aunque Giorgia Meloni se ha cuidado de no convertir explícitamente la votación en un plebiscito sobre su Gobierno. No obstante, una derrota, con este nivel de movilización, constituye su primer revés político de envergadura desde su llegada al poder, a un año de las elecciones legislativas de 2027.
- La reacción de Matteo Renzi se inscribe, por otra parte, explícitamente en este paralelismo. Ahora senador y líder de un pequeño partido centrista, ha pedido esta tarde a la presidenta del Consejo que saque las consecuencias de la votación: «Cuando el pueblo se expresa, el Palacio debe escucharlo. Hace diez años, lo hicimos: ¿tendrá Giorgia Meloni el mismo valor?».
- La presidenta del Consejo publicó un mensaje en X para indicar que no iba a dimitir: «Los italianos han decidido. Y respetamos esa decisión. Seguiremos, como siempre hemos hecho, con responsabilidad, determinación y respeto hacia el pueblo italiano y hacia Italia».
- Más allá de las trayectorias individuales, este resultado se inscribe en una tendencia más estructural: con la victoria del «no», se trata del tercer rechazo de los cinco referéndums constitucionales celebrados en Italia, y del segundo caso —después de 2016— en el que un gobierno en funciones ve cómo su reforma institucional central es rechazada por el electorado.
Esta derrota resulta aún más notable por producirse en un contexto marcado por una estabilidad institucional sin precedentes desde el fin del ciclo Berlusconi.
- En el poder desde hace tres años y medio, Giorgia Meloni sigue gozando de una sólida base de popularidad, con cerca del 40% de opiniones favorables. Su partido, Fratelli d’Italia, sigue siendo, con diferencia, la primera fuerza política del país, con intenciones de voto que superan regularmente el 30%, lo que confirma un dominio duradero en las encuestas de opinión.
- Si esta trayectoria se prolongara hasta 2027, Giorgia Meloni se acercaría así al récord de longevidad que ostenta Silvio Berlusconi, y su Gobierno podría incluso convertirse en el primero sin ruptura de coalición desde el nacimiento de la República Italiana.
La existencia de un profundo descontento latente hacia el Gobierno de Meloni sigue siendo un enigma, pero podría explicarse por su proximidad a Donald Trump —y la nueva división geopolítica provocada por el aventurerismo del presidente estadounidense en el seno del electorado de la denominada coalición de centro-derecha—.
- La línea trumpista resulta cada vez más costosa: Meloni fue la primera jefa de Gobierno de los principales países europeos en apostar por la victoria de Donald Trump, pero hoy se ve cada vez más obligada a distanciarse de una figura que se ha convertido en un factor de división para su propio electorado.
- La popularidad de Trump entre los italianos ha caído del 35% al 19% entre marzo de 2025 y marzo de 2026, y casi dos tercios de los italianos se oponen a la intervención en Irán.
Nuestras encuestas Eurobazuca realizadas con Cluster 17 ponen de manifiesto una marcada división interna dentro de la coalición.
- Los votantes de la Lega parecen claramente más favorables a Trump: el 52% lo considera un aliado de Italia y el 65% estima que contribuye a hacer del mundo un lugar más seguro. Por el contrario, sólo el 35% de los votantes de Fratelli d’Italia comparte esta última opinión. Por parte del electorado progresista, el rechazo es masivo, ya que Trump es percibido mayoritariamente como un adversario de Europa, o incluso como una figura autoritaria.
- Esta discrepancia se traduce en una expectativa generalizada: el 52% de los encuestados considera que Giorgia Meloni no ha adoptado la actitud adecuada frente a la nueva administración estadounidense —una opinión que alcanza el 78% entre los votantes de Forza Italia—.
- Según una encuesta realizada en febrero por el Instituto Piepoli, el 76% de los italianos considera que Giorgia Meloni debería adoptar una postura más crítica con respecto a Donald Trump —una opinión compartida por el 63% de los propios votantes de centro-derecha—.