Cómo entiende el Kremlin la guerra de Irán: las «siete lecciones» de un analista de Putin

Para Moscú, el estallido de violencia en Oriente Medio sólo demuestra una cosa: en Ucrania, Putin debe acelerar.

Traducimos el texto de Ivan Timofeev que ha circulado en Rusia en los últimos días.

Análisis.

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Guillaume Lancereau
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La actuación de Moscú desde el inicio de la guerra israelí-estadounidense contra Irán confirma, por si aún fuera necesario, que el Kremlin no está dirigido por un «loco», como se oye decir con demasiada frecuencia en Francia, sino por responsables perfectamente conscientes de sus intereses nacionales y capaces del mayor pragmatismo —sea cual sea el grado de cinismo asesino o de oportunismo político que lo acompañe—. 

En este caso, ese pragmatismo ha dictado a Moscú una estrategia de apoyo diplomático formal sin compromiso militar directo, acompañada de un respaldo técnico en los ámbitos de la inteligencia, la guerra de drones y la desinformación.

Paralelamente, los responsables de la Federación de Rusia analizan la situación para tratar de extraer de ella las lecciones más útiles. El 2 de marzo, el diario Kommersant publicó así un esclarecedor resumen, firmado por Ivan Timofeev, en el que se enumeraban las «siete lecciones de Irán» de las que Rusia podría sacar provecho 1.

En esencia, este texto traza un panorama alarmista, concluyendo que el enfrentamiento entre Rusia y Occidente no tiene ninguna posibilidad de apaciguarse en un futuro próximo y que corre el riesgo de adoptar la forma de un enfrentamiento militar abierto, sin excluir la posibilidad de ataques nucleares. El autor insta así a los altos responsables rusos a proseguir su política de negociación hostil a cualquier forma de concesión y a no olvidar nunca que, si bien terceros países pueden resultar aliados temporales a la hora de eludir las sanciones comerciales, Rusia se queda sola frente a sus adversarios y debe estar preparada para lo peor. 

Este texto no es la intervención aislada de un anónimo.

Publicado en uno de los medios más prestigiosos del país, es sobre todo el producto de una pluma visible e influyente: Ivan Timofeev. Este destacado politólogo participa activamente en la mayoría de las instituciones rusas de análisis y propaganda —dos esferas cada vez menos diferenciadas en Rusia— en el ámbito de las relaciones internacionales. Graduado por el MGIMO, universidad moscovita especializada en relaciones internacionales de la que salen, entre otros, los futuros diplomáticos, Timofeev ejerce hoy allí como profesor. Director general del Consejo Ruso de Asuntos Internacionales, una institución creada por el Ministerio de Asuntos Exteriores con el fin de promover el diálogo entre los expertos rusos y sus homólogos extranjeros, es también, desde 2015, director de programas del club de debate Valdai, el principal think tank del régimen de Vladimir Putin.

Por el conjunto de estas actividades de promoción de la política internacional del Kremlin, especialmente en lo que respecta a Ucrania, Timofeev es objeto de sanciones europeas desde diciembre de 2025.

Como era de esperar, este texto contiene, por tanto, una serie de elementos bastante representativos de la propaganda rusa. El autor comete claramente un error lógico al suponer que Estados Unidos se comportaría de la misma manera con Rusia y con Irán —y ello en todas las etapas de un proceso de negociación y enfrentamiento— después de haber subrayado él mismo todas las diferencias que existen entre estos dos países en términos de estabilidad política y capacidades técnicas, comerciales y militares —incluido el ámbito nuclear—. Este argumento no sirve, por tanto, más que para justificar la intransigencia absoluta de las autoridades rusas en las negociaciones con Estados Unidos. Por último, la relación que se establece entre las divisiones internas de un país y el riesgo, de que este sea atacado desde el exterior —los disturbios incitan a las potencias extranjeras a sacar provecho del caos— no tiene otra función que la de justificar la política ideológica y represiva del Estado ruso, uniendo a la población en torno a un objetivo nacionalista al tiempo que la prepara para la perspectiva de una guerra larga y sangrienta.

Es evidente que la prosa analítica rusa se vuelve cada vez más indistinguible de la propaganda estatal. Esta situación no dejará de tener consecuencias para Rusia. Si todos sus «expertos» se ven reducidos a ofrecer al público únicamente un sucedáneo de las opiniones más susceptibles de garantizarles los elogios del Kremlin, de ello no puede surgir ninguna propuesta original. Una dinámica de este tipo parece estar ya en marcha en la esfera de los más altos responsables políticos, de quienes se sabe que se guardan de confiar a Vladimir Putin otra cosa que no sea lo que él está dispuesto a oír.

Si bien el asunto iraní demuestra la capacidad rusa para orientarse entre una serie de opciones complejas y costosas, este régimen de sumisión y adulación bien podría costarle al Kremlin su capacidad de reaccionar adecuadamente ante las próximas crisis. 

Los ataques aéreos masivos lanzados por Israel y Estados Unidos contra Irán no fueron en absoluto inesperados. Una amenaza ofensiva se cernía sobre el Golfo Pérsico desde hacía varios meses; las arduas negociaciones entre Irán y Estados Unidos se habían estancado por completo.

La muerte del líder supremo iraní, Seyyed Ali Jamenei, de miembros de su familia y de un gran número de responsables militares y políticos del país no dejó de ser, sin embargo, un acontecimiento de gran repercusión. Irán responde ahora con salvas de misiles dirigidos contra Israel y las infraestructuras estadounidenses de la región. La operación militar ya está perturbando el transporte marítimo de petróleo en el Golfo Pérsico, al tiempo que provoca disfunciones financieras y logísticas en los principales polos económicos de los Emiratos Árabes Unidos y Catar.

En apoyo de la tesis de que la ofensiva contra Irán no tuvo nada de «inesperado», el 11 de marzo se publicó un anuncio aún más espectacular en Russia in Global Affairs, una revista cercana al Kremlin cuyo consejo editorial incluye al ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, y al asesor del presidente de la Federación de Rusia para la política exterior, Yuri Ushakov 2.

Firmado por Igor Pellicciari, profesor de la Universidad Carlo Bo de Urbino y colaborador habitual de la revista, el artículo recoge «una opinión extendida en Moscú» según la cual las autoridades rusas habrían advertido a Ali Jamenei ya en diciembre de 2025 de un ataque estadounidense que se le dirigiría en breve. Según el autor, el ayatolá habría decidido, por tanto, a pleno conocimiento de causa, convertir su muerte en una demostración de martirio político y religioso capaz de unir al país y reforzar el papel de los Guardianes de la Revolución.

Esta información no ha sido confirmada por ningún otro medio de comunicación. A juzgar por el hecho de que Igor Pellicciari también es profesor en Moscú, ha sido nombrado cónsul honorario de Rusia en Bolonia y difunde con gusto los argumentos rusos que justifican la guerra en Ucrania, hay que considerar esta intervención como una enésima operación de desinformación, destinada a demostrar las capacidades de los servicios de inteligencia rusos y su propensión a apoyar a sus aliados.

Irán dispone de posibilidades de resistencia totalmente creíbles, sobre todo porque una intervención terrestre sigue siendo poco probable. No obstante, los ataques contra su territorio deberían debilitar sensiblemente su potencial industrial, acentuar la crisis económica que azota al país y provocar un empobrecimiento generalizado de su población. Si Irán lograra resistir, es evidente que no tardaría en iniciarse un nuevo ciclo ofensivo, a menos que el coste de dicha intervención resultara demasiado elevado para todas las partes. Esta configuración permite esbozar varias conclusiones de las que Rusia podrá extraer lecciones útiles.

Lección n.º1: Las sanciones presagian el uso de la fuerza militar

El régimen de sanciones impuesto por Estados Unidos a Irán está en vigor desde la Revolución Islámica de 1979. Si bien Irán ha logrado resistir esta presión económica, estas sanciones le han infligido daños muy reales. Su coste se ha acentuado a medida que Washington ha ido sumando a otros países a su política, internacionalizándola a través del Consejo de Seguridad de la ONU e influyendo en terceros países en sus decisiones de compra de petróleo iraní.

Las sanciones de Estados Unidos y sus aliados se han acompañado regularmente del uso de la fuerza militar —como en 1980, 1987 y 2025— así como de operaciones especiales que van desde ciberataques hasta amenazas de ataques militares, pasando por asesinatos de ingenieros nucleares y responsables de los servicios de inteligencia. La combinación de sanciones y uso de la fuerza representa, por tanto, una práctica habitual del arsenal estadounidense, como ilustran los ejemplos de Irak, Yugoslavia, Libia, Siria o incluso Venezuela.

En el caso de Rusia, el recurso directo a la fuerza militar sigue siendo una opción delicada para sus enemigos, debido a los riesgos de una escalada nuclear. Esta moderación en el plano estrictamente militar se ve, sin embargo, compensada. Los ataques de las fuerzas armadas ucranianas contra el territorio ruso son ya moneda corriente. El fracaso de la operación ucraniana en la región de Kursk no nos pone a salvo de nuevas incursiones militares. Por otra parte, la modernización de los ejércitos de los países europeos miembros de la OTAN aumenta la probabilidad de un uso de la fuerza en las zonas de contacto entre Rusia y la Alianza del Atlántico Norte, siendo la región báltica la zona vecina más peligrosa. Por último, el efecto disuasorio del factor nuclear podría verse neutralizado por la convicción —en este caso, errónea— de que Rusia no correría el riesgo de movilizar su arsenal nuclear por temor a una represalia de la OTAN. En estas condiciones, la posibilidad de crisis militares de cualquier tipo constituye una perspectiva muy real en las relaciones entre Rusia y Occidente.

Lección n.º2: Las presiones occidentales están llamadas a perdurar

Durante muchos años, Irán ha sido objeto de una política de agotamiento progresivo dominada por las sanciones económicas, a las que se han sumado, más recientemente, los ataques militares. El modelo adoptado no se basa en una operación terrestre a gran escala seguida de una ocupación territorial, sino en bombardeos destinados a debilitar poco a poco el potencial militar-industrial del Estado objetivo. De este modo, cada nueva etapa de la escalada militar puede reducir aún más la capacidad de resistencia de dicho país. Si Irán demuestra su capacidad para infligir una respuesta dolorosa, cada ciclo de confrontación corre el riesgo de debilitarlo de forma duradera.

Rusia debe, por tanto, estar preparada para hacer frente a presiones occidentales cuyo horizonte no se mide en años, sino en décadas. La posible flexibilización de ciertas restricciones no significará su levantamiento general, en particular en ámbitos como el control de las exportaciones de bienes de doble uso [productos, tecnologías o materiales susceptibles de ser utilizados con fines civiles y militares].

El mismo razonamiento es válido en el plano militar: una posible tregua en los combates en Ucrania o en otros frentes irá seguida, muy probablemente, de una nueva crisis militar.

Lección n.º3: Las concesiones no funcionan

Durante su largo pulso con Estados Unidos, Irán ha consentido una serie de concesiones, cuyo gran símbolo sigue siendo el acuerdo nuclear iraní ratificado en 2015 por la resolución 2231 del Consejo de Seguridad de la ONU. En este marco, Irán aceptó limitar su programa nuclear a cambio del levantamiento de las sanciones internacionales adoptadas por el Consejo de Seguridad y de diversas restricciones decididas unilateralmente por Estados Unidos y sus aliados. Sin embargo, esto no impidió que los Estados Unidos de Donald Trump se retiraran del acuerdo tres años más tarde, presentando a Irán una nueva lista de exigencias. Las concesiones aceptadas ofrecieron, por tanto, un respiro temporal sin liberar nunca a Irán de las presiones ejercidas por Estados Unidos.

A lo largo de las negociaciones con Estados Unidos sobre la cuestión ucraniana, Rusia, por su parte, ha dado muestras de una firmeza impresionante. Esta actitud puede parecer inoportuna para quienes aspiran a la paz, sabiendo que cada día de guerra conlleva su cuota de pérdidas humanas y materiales. No por ello deja de parecer legítima, ya que cualquier compromiso vendría inevitablemente seguido de nuevas exigencias. En estas condiciones, resulta claramente contraproducente ceder a tales demandas, sobre todo cuando no van acompañadas de concesiones recíprocas.

Así, la lección iraní no hace más que reforzar una percepción ya ampliamente compartida: la de un nivel de confianza extremadamente bajo en las relaciones entre Rusia y Estados Unidos, al igual que entre Rusia y Ucrania.

Lección n.º4: Los jefes de Estado están en el punto de mira

Si el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro no lo había demostrado suficientemente, el ataque contra Irán confirma que los dirigentes legítimos y los principales responsables de los Estados extranjeros son ahora objetivos prioritarios.

La eliminación de dirigentes o su fallecimiento a raíz de operaciones militares no es una novedad histórica absoluta: recordemos el asalto al palacio de Hafizullah Amin por parte de las fuerzas especiales soviéticas en 1979 o la muerte de los líderes libio e iraquí durante las intervenciones militares de Estados Unidos y sus aliados. A pesar de todo, la caza de líderes aún no se había convertido en un objetivo en sí mismo. En la mayoría de los casos, su desaparición seguía siendo el resultado de una concatenación de circunstancias. El caso iraní nos enfrenta, por el contrario, a una iniciativa deliberada de eliminar al líder supremo de un país extranjero y a un gran número de sus altos cargos, e incluso a miembros de sus familias.

Es evidente que Rusia es plenamente consciente del peligro que se cierne tanto sobre su presidente como sobre sus altos cargos. Este riesgo es aún más tangible si se tiene en cuenta que, desde hace mucho tiempo, agentes de distracción extranjeros perpetran en nuestro territorio asesinatos e intentos de asesinato contra militares, altos funcionarios, periodistas y otras personalidades públicas. El ejemplo iraní confirma que la seguridad de los dirigentes debe ser responsabilidad no sólo de los servicios especiales, sino también de las fuerzas armadas, en la medida en que estos responsables pueden verse expuestos tanto a fallos de los servicios de seguridad y de contraespionaje como a deficiencias de la defensa aérea y de otros dispositivos de protección frente a un ataque militar.

Cuando el autor afirma que Rusia sería blanco de ataques constantes de agentes de distracción extranjeros contra su territorio, independientemente de las operaciones ucranianas, no se entiende a qué hechos se refiere. En cambio, los envenenamientos y asesinatos de opositores, tanto en Rusia como en Salisbury, Berlín o Viena, están bien documentados. Bajo la apariencia de un análisis, este texto se inscribe en la lógica habitual de la desinformación rusa.

En lo que respecta al tema iraní, las autoridades rusas parecen haber adoptado dos líneas en materia de desinformación: las poblaciones occidentales sufren a causa de la guerra en Irán y de la incapacidad de sus élites; Rusia no está implicada en ninguna operación de apoyo, salvo en el ámbito humanitario.

Estos dos argumentos los encontramos en Maria Zakharova, directora del departamento de información y prensa del Ministerio de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia, quien escribía este 11 de marzo en su página de Telegram: «La subida de los precios del combustible provocada por la agresión estadounidense-israelí contra Irán y la castración energética de Bruselas [es decir, la decisión de renunciar a los hidrocarburos rusos] obliga a los europeos a inventar continuamente nuevas formas de afrontar la realidad. La gran empresa energética neerlandesa Energiebank ha aconsejado así a la población que ‘reduzca la duración de sus duchas’. Ya presiento que, para cuando llegue el vigésimo paquete de sanciones, estarán en plena forma [emoji de turón]» 3.

La campaña a la que se hace referencia es, en realidad, una campaña de lucha contra la «precariedad energética» llevada a cabo en los Países Bajos en 2021, en la que se recomendaba a la población luchar contra el derroche energético 4. Por lo tanto, esta no tiene la más mínima relación con los hidrocarburos rusos ni con la guerra en Irán. Por otra parte, mientras la Federación de Rusia suministra armas, asesoramiento táctico e inteligencia militar a Irán, la misma Maria Zakharova se esfuerza por desviar la atención destacando el aspecto estrictamente humanitario de la política rusa 5.

Lección n.º5: Los disturbios internos fomentan las intervenciones externas

Poco antes de los ataques aéreos contra su territorio, Irán había sido escenario de manifestaciones masivas que se debían en gran parte a las contradicciones internas del régimen y a las dificultades económicas acumuladas. Estos enfrentamientos causaron numerosas víctimas, mientras que los adversarios de Irán se apresuraron a explotar políticamente estos acontecimientos. Estas manifestaciones también pudieron interpretarse como un signo de debilidad política del régimen, alimentando la idea de que un ataque militar decisivo podría provocar el rápido colapso de una estructura de poder ya debilitada. Esta hipótesis podía, por otra parte, apoyarse en ciertos precedentes, entre ellos el caso libio, en los que los ataques externos habían conducido efectivamente a la desintegración de los sistemas políticos vigentes.

Por otra parte, la experiencia de la desintegración de la Unión Soviética nos enseña que las dificultades económicas internas y las fracturas en el seno de la sociedad pueden conducir a una catástrofe de grandes proporciones sin que sea siquiera necesaria ninguna intervención exterior. La eficacia del sistema de gobernanza, la capacidad de adoptar a tiempo las medidas necesarias, las interacciones y la confianza mutua entre el Estado y la sociedad son garantías esenciales de la estabilidad interna. Cualquier brecha entre la sociedad y sus élites, cualquier fractura en su seno, equivale a una invitación implícita a intensificar las presiones externas.

Lección n.º6: El papel de los «caballeros negros» es importante, pero no lo resuelve todo

A pesar del peso de las sanciones económicas internacionales, Irán ha logrado mantener vínculos comerciales con una serie de países. En la literatura académica dedicada a las sanciones, a estos socios alternativos se les suele denominar «caballeros negros».

Así, en las décadas de 1980 y 1990, el petróleo iraní era adquirido con gusto a precios reducidos por algunos países de Europa occidental y meridional, pero también por Turquía, Siria, Japón, India, China y otros países. Estados Unidos tuvo que desplegar intensos esfuerzos diplomáticos para obligar a muchos de estos socios a reducir, o incluso a abandonar, sus importaciones de productos iraníes, sin lograr interrumpir totalmente el comercio con Teherán. Aunque Irán no obtenía todos los beneficios potenciales de sus exportaciones, su comercio exterior seguía garantizándole, no obstante, ingresos sustanciales.

En el plano militar y político, la situación dio un giro radical. Irán se encontró sólo frente a sus adversarios. Si bien los terceros países no apoyan activamente a estos últimos, tampoco pueden o no desean obstaculizar la intervención militar en curso. Por lo tanto, hay que concluir que los «caballeros negros» representan un instrumento eficaz para eludir las sanciones, pero que resultan impotentes en caso de recurso a la fuerza militar.

El argumento del autor sólo es válido si se parte de la base de que ninguno de los aliados de Irán le prestaría el más mínimo apoyo; sin embargo, el caso ruso demuestra, precisamente, que no es así.

Pragmática, Rusia adopta políticas de apoyo internacional ajustadas a la importancia estratégica de sus alianzas y al grado de estabilidad de los países aliados. Así, las autoridades rusas se han negado a involucrarse en un conflicto venezolano demasiado lejano e insuficientemente determinante y a aferrarse hasta el último momento al régimen de Bashar al Asad, minado por debilidades estructurales demasiado profundas. Por el contrario, Irán representa un país estable —estabilidad obtenida a costa de una represión sangrienta— y con una arquitectura militar sólida, lo que incita a Rusia a no «abandonar» sin más miramientos a su aliado de Oriente Medio.

Mientras que Estados Unidos recurre a la experiencia ucraniana en materia de guerra con drones —aunque las autoridades rusas se nieguen a comunicar información al respecto 6—, Rusia proporciona al régimen iraní recursos de inteligencia tan valiosos como los de los servicios estadounidenses en apoyo de Kiev. El Washington Post reveló que este apoyo ruso facilitaba la localización de instalaciones militares estadounidenses, entre ellas las de buques de guerra y aeronaves 7; por lo demás, numerosos expertos coinciden en señalar que Irán, que sin embargo no dispone de una constelación de satélites propia, demuestra una precisión sin precedentes en sus ataques y una habilidad para eludir la defensa estadounidense sin parangón con la guerra de los doce días del verano de 2025.

Recientemente podría haberse dado un paso más con la aportación de un apoyo táctico específico: varias fuentes aseguran que Rusia ayuda a Irán a utilizar métodos avanzados de puesta en marcha de los drones Shahed para atacar sus objetivos en los países del Golfo. Los Estados Unidos también parecen reacios a reconocer abiertamente esta implicación de Moscú en el conflicto iraní 8.

Bajo el efecto de las sanciones, Rusia también ha tenido que reorientar su política comercial, intensificando sus intercambios con China, la India y varios otros Estados. Sin embargo, estos intercambios no crean obligaciones político-militares recíprocas. Rusia deberá, por tanto, enfrentarse sola a sus adversarios —la única excepción notable es la participación de militares norcoreanos en la eliminación de las fuerzas armadas ucranianas en la región de Kursk—. Por otra parte, Moscú asume en solitario la seguridad de sus aliados en el seno de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, lo que aumenta en consecuencia sus cargas y responsabilidades.

Lección n.º7: Por qué es necesario el equilibrio de fuerzas

En comparación con muchos otros Estados que han sufrido ataques militares, Irán no puede considerarse un país inofensivo. Tanto en 2025 como hoy, Teherán ha respondido con oleadas de misiles y drones de fabricación propia. Aún es demasiado pronto para evaluar su eficacia y precisión, y, por otra parte, Estados Unidos e Israel parecen considerar aceptable el nivel de daños infligidos por la respuesta iraní. No obstante, Irán ha puesto en marcha medidas que hasta ahora se consideraban opciones de último recurso, empezando por la prohibición de la navegación en el estrecho de Ormuz. Es probable que la Armada estadounidense consiga contrarrestar esta operación y garantizar la seguridad del tráfico marítimo, pero ello exigirá tiempo y recursos. Su éxito, por otra parte, no está asegurado mientras Irán consiga mantener su estabilidad a pesar de los continuos bombardeos sobre su territorio. 

Por el momento, Rusia tiene motivos para alegrarse de esta situación. En vísperas de la guerra en Irán, los ingresos del país por petróleo y gas estaban en horas bajas, sobre todo debido al efecto de las sanciones que hacían bajar los precios, a la reducción de las exportaciones a la India y al cese del transporte de petróleo a Hungría y Eslovaquia a través del tramo ucraniano del oleoducto Druzhba. En enero de 2026, el Estado ruso había recaudado 393.000 millones de rublos por estas ventas, un 50% menos que el año anterior.

Para Rusia, los efectos económicos del aumento de los precios de los hidrocarburos relacionados con la guerra en Irán ya se están dejando sentir y dan a la actualidad un aire de salida del estancamiento comercial. Este 11 de marzo, los medios de comunicación rusos destacaban que los precios del petróleo ruso habían alcanzado los 6.105 rublos por barril, superando así el objetivo fijado en el presupuesto del Estado para 2026 —5.440 rublos por barril—. No obstante, los comentaristas coinciden en señalar que, si bien la guerra en Irán ayuda temporalmente a Rusia a reponer sus arcas, este aumento debería resultar efímero debido a una próxima caída de los precios mundiales y a un fortalecimiento del rublo. Así, bastó con un anuncio sobre la posible liberación de las reservas estratégicas de petróleo para que el precio del petróleo ruso volviera a caer hasta unos 4.900 rublos 9.

Vladimir Putin no deja, sin embargo, de intentar aprovechar esta oportunidad para reforzar la posición de su país en el mercado mundial. Durante una reunión en el Kremlin, insistió en varias ocasiones en que Rusia era el socio más fiable para los Estados que deseaban beneficiarse de suministros regulares y previsibles de gas y petróleo, y que buscaba nuevos clientes antes del cese programado de las exportaciones a Europa 10.

Rusia dispone de medios muy superiores para contrarrestar posibles ataques en su territorio, así como de capacidades técnicas —más allá incluso del factor nuclear— para infligir daños considerables en diversos ámbitos y direcciones geográficas.

Sin embargo, esta capacidad real no garantiza por sí sola que el adversario no considere estas dolorosas represalias como un coste aceptable. El umbral de tolerancia al daño es susceptible de evolucionar en los próximos años, incluso en materia nuclear. Toda la historia del siglo XX está ahí para atestiguar una disminución de la sensibilidad ante las pérdidas a medida que se radicaliza el enfrentamiento político.

La situación a la que asistimos en Irán no invita precisamente al optimismo. Más bien inspira a todas las partes, atrincheradas en bandos opuestos, un sentimiento de determinación y fatalismo, que corre el riesgo de imponerse como el espíritu de la época en las relaciones internacionales durante muchos años.

Notas al pie
  1. Иван Тимофеев, « Семь уроков иранского кризиса для России », Коммерсант, 2 de marzo de 2026.
  2. Игорь Пелличчиари, « Россия в Иране действует как США в Украине ? », Россия в глобальной политике, 11 de marzo de 2026.
  3. Maria Zakharova, Telegram, 11 de marzo de 2026.
  4. « Фейк Марии Захаровой : в Нидерландах из-за „агрессии против Ирана и энергооскопления Брюсселя” советуют меньше принимать душ », The Insider, 11 de marzo de 2026.
  5. « Захарова сообщила, что Иран обратился к РФ за гуманитарной помощью », ТАСС, 12 de marzo de 2026.
  6. « Ситуация на энергорынках и атаки на ‘Турецкий поток’. Темы брифинга Пескова », ТАСС, 12 de marzo de 2026.
  7. « Russia is providing Iran intelligence to target U.S. forces, officials say », The Washington Post, 6 de marzo de 2026.
  8. « Russia told Trump it has not shared intelligence with Iran during war, Witkoff says », CNBC, 10 de marzo de 2026; « President Trump Gaggles with Press on Air Force One En Route Miami » cadena YouTube Casa Blanca, 7 de marzo de 2026.
  9. « Цена на российскую нефть превысила заложенный в бюджет показатель », РБК, 11 de marzo de 2026.
  10. « Совещание о ситуации на мировом рынке нефти и газа », kremlin.ru, 9 de marzo de 2026.
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