La doctrina Milei para unir a la extrema derecha mundial
El presidente argentino esbozó en Santiago de Chile las líneas generales de una alianza transnacional basada en una nueva cruzada contra la izquierda y en nombre de Occidente.
Comentamos su discurso.
- Autor
- Steven Forti
El 3 de septiembre se celebró en Santiago de Chile el 5.º Encuentro regional del Foro de Madrid. Creado en 2020 por la Fundación Disenso, el think tank del partido político español Vox, el Foro de Madrid se presenta como una red de fuerzas de extrema derecha estadounidenses y europeas que organiza reuniones anuales en diferentes países de América Latina. Tras Bogotá (2022), Lima (2023), Buenos Aires (2024) y Asunción (2025), el Foro de Madrid se ha instalado este año en Chile, aprovechando la victoria electoral de José Antonio Kast en las elecciones presidenciales de finales del año pasado, así como la «conquista» por parte de la extrema derecha de otro país de la región. A Argentina, El Salvador, Ecuador, Honduras, Bolivia y Chile se han sumado recientemente Perú, Costa Rica y Colombia, a la espera de las elecciones brasileñas del mes de octubre, en las que el actual presidente, Luis Inácio Lula da Silva, se enfrentará a Flávio Bolsonaro. La fecha tampoco se ha elegido al azar: coincide con el cuarto aniversario de la victoria del «no» en el referéndum sobre el proyecto de nueva Constitución chilena, decididamente progresista, elaborado a raíz de los levantamientos sociales de 2019.
Al igual que las delegaciones brasileña, mexicana y argentina de la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC), en las que se inspira, el Foro de Madrid se ha convertido en uno de los principales puntos de encuentro de la extrema derecha en la región. Sus cumbres dan cuenta no solo del auge de estas fuerzas políticas, sino también del éxito de la estrategia de Vox, que pretende presentarse como la referencia europea de las derechas de la región, suplantando así al Partido Popular y a la red trumpista. Sin embargo, la presencia de miembros de la administración estadounidense, así como de fundaciones e institutos vinculados al movimiento MAGA y al conservadurismo estadounidense, pone de manifiesto el papel clave del trumpismo en la construcción de una internacional reaccionaria.
Más allá del ambiente de «triunfo» que quería transmitir, a diferencia de ediciones anteriores, en particular la de Buenos Aires de 2024, el encuentro chileno solo duró un día y no contó ni con la presencia de Santiago Abascal, líder de Vox, ni con la de numerosos dirigentes importantes de la extrema derecha de la región. Por parte de Vox, sin embargo, se contó con la presencia de Ignacio Garriga, secretario general del partido; de Jorge Martín Frías, director de Disenso; así como del eurodiputado Hermann Tertsch y del diputado español José María Figaredo. Las otras dos personalidades políticas europeas presentes en la capital chilena fueron la eurodiputada húngara Kinga Gál, vicepresidenta de Patriotas por Europa, y la diputada austriaca del Partido de la Libertad Barbara Kolm, presidenta del Instituto Friedrich von Hayek de Viena y miembro de la Sociedad de Mont Pèlerin.
La delegación estadounidense era más numerosa y tenía mayor peso político, ya que contaba entre sus miembros con la subsecretaria de Estado de Diplomacia y Asuntos Públicos, Sarah B. Rogers, el presidente de la Fundación Heritage, Kevin Roberts, así como otros dirigentes clave de think tanks del ámbito MAGA, como el American First Policy Institute o el Hudson Institute, sin olvidar al embajador estadounidense en Chile. Cabe destacar no solo la influencia de Kevin Roberts, presente en prácticamente todas las cumbres de extrema derecha en Europa y América Latina, sino también la de Sarah B. Rogers, quien anunció en Budapest, en febrero, un programa destinado a financiar cursos de formación alineados con la Casa Blanca en Europa, programa que se ha materializado más recientemente con una dotación de hasta 25 millones de dólares.
Entre los representantes de la región, además de María Antonieta Mejía, vicepresidenta de Honduras, destacaron los presidentes de Argentina, Javier Milei, y de Chile, José Antonio Kast, quienes pronunciaron, respectivamente, el discurso de apertura y el de clausura.
Buenos días a todos. En primer lugar, quiero enviarle un cálido saludo a mi gran amigo Santiago Abascal, fundador de este foro, que siempre me recibió cuando todos me daban la espalda. Muchas gracias, Santiago, y a todos los que hicieron posible este evento tan importante para seguir difundiendo las ideas de la libertad en todo el mundo. Por otra parte, es un placer para mí poder estar nuevamente en Chile, en especial tras la victoria y reciente asunción de mi amigo, José Antonio Kast.
Ya es habitual que, durante las reuniones del Foro de Madrid o cuando participa en otros actos organizados por Vox, como las cumbres «Europa Viva», Milei agradezca calurosamente a Santiago Abascal el haberle dado visibilidad incluso antes de que fuera elegido presidente de Argentina a finales de 2023. La relación entre Milei y Abascal es muy sólida: desde su llegada a la Casa Rosada, Milei ha visitado España en seis ocasiones, pero no para reunirse con el presidente del gobierno, Pedro Sánchez —a quien insulta con frecuencia, hasta el punto de haber provocado una crisis diplomática entre ambos países en 2024— ni con el jefe de Estado, el rey Felipe VI, sino únicamente para participar en actos organizados por Vox o reunirse con la presidenta de la Comunidad de Madrid, la popular Isabel Díaz Ayuso, quien le concedió la medalla internacional en 2024.
Milei ya se ha reunido con el presidente chileno en tres ocasiones desde la llegada de Kast al Palacio de La Moneda, aunque recientemente han surgido tensiones entre ambos países en torno a la soberanía del estrecho de Magallanes, cuestionada por miembros del ejército argentino. La crisis parece haberse resuelto tras una reunión entre Kast y Milei, celebrada durante el Foro de Madrid: Milei reconoció la soberanía chilena sobre el estrecho, mientras que Kast respaldó la reivindicación argentina sobre las Malvinas.
Chile es un lugar emblemático porque con su historia reciente nos recuerda el valor inmenso de dar la batalla cultural, tras el derrocamiento del comunista Allende, Chile entró en un período de estabilidad y crecimiento que se extendió por más de 40 años y, gracias a ello, Chile fue sin lugar a dudas la envidia en términos económicos de toda la región. Sin embargo, a pesar de haber conocido los frutos de la libertad cayó en la farsa del socialismo del siglo XXI como el resto de toda la región.
Aquí Milei no solo tacha de forma errónea y despectiva al presidente socialista Salvador Allende de “comunista”, sino que banaliza la dictadura de Pinochet hasta el punto de llegar a reivindicarla a través de sus supuestos logros económicos. Esto ha conllevado críticas en Chile, no solo entre la oposición, sino también entre algunos sectores de la coalición que apoya a Kast: mientras el Partido Republicano del actual mandatario chileno, con claras simpatías pinochetistas, aplaudió encantado a las palabras de Milei, en la UDI éstas generaron rechazo. Sin embargo, las palabras de Milei no son ninguna “metedura de pata”. Al contrario, muestran claramente su visión del mundo y el sustrato ideológico de su proyecto político. Por un lado, podemos encontrar paralelismos con los discursos desarrollados por el mileísmo en relación con la última dictadura cívico-militar argentina, que implican un giro de 180 grados respecto al “Nunca más” sobre que se reconstruyó la democracia en el país del Cono Sur después de 1983. Por otro lado, y este es el elemento más importante, sus palabras muestran cómo la Weltanschauung de Milei se base esencialmente en una “fe” casi religiosa para los postulados ultraliberales de la Escuela austriaca (Von Mises, Hayek) y del paleolibertarismo de Rothbard. No se olvide que el Chile de la dictadura pinochetista fue el laboratorio autoritario para la aplicación del modelo neoliberal de la Escuela de Chicago. Esto conlleva que la defensa del liberalismo económico por parte de Milei (la que él llama “la libertad”, mistificando el significado de este concepto) vaya por delante de todo lo demás, inclusive la democracia y el respeto de los derechos humanos.
Como no podía ser de otra forma, corrieron ríos de tinta sobre por qué esto ocurrió. En todos lados, la izquierda se empecinó en sostener que era la desigualdad del modelo chileno o cuestiones similares cuando de hecho la desigualdad en Chile es menor que en todas las supuestas utopías socialistas o que era por el nivel de vida de los que menos tienen cuando lo cierto es que en Chile los que menos ganan viven mejor que en cualquier otro país de la región. Nosotros, en cambio, sabemos la verdad: sabemos que el motivo por el cual el estallido era inevitable fue que por demasiado tiempo aquí descubrieron el terreno de la Batalla de las ideas.
En su afán propagandístico, Milei, como de costumbre, incurre en otras tergiversaciones históricas o, si se prefiere, en difundir bulos y mentiras sobre las supuestas bondades del modelo neoliberal. En Chile, la desigualdad aumentó de forma marcada tras la instauración de la dictadura de Pinochet justamente por la aplicación de las recetas de la Escuela de Chicago, situándose entre las más altas de toda la región. El coeficiente de Gini, de hecho, aumentó casi 10 puntos porcentuales entre principios de los años setenta, en tiempos del gobierno de la Unidad Popular presidido por Allende, y finales de los años ochenta (del 0,45 al 0,55), cuando terminó la dictadura. Asimismo, solo durante la década de los ochenta los salarios cayeron cerca de un 20% en un contexto marcado por el deterioro de las condiciones de trabajo y de las infraestructuras de salud y educación pública, casi completamente privatizadas. La contracción extrema del gasto público, y especialmente del gasto social, afectó sobre todo a las clases trabajadoras y medias que se empobrecieron notablemente. Como se sabe, tras el fin de la dictadura no se ha modificado ni la Constitución pinochetista, aún en vigor, ni el modelo económico neoliberal impuesto de forma autoritaria en 1973, más allá de los parches que intentaron aplicar los gobiernos de centroizquierda entre principios de los años noventa y el estallido social de 2019.
Las ideas de la libertad ganaron en la práctica, pero quedó libre el camino para que desde los medios, las universidades se los socavara y vilipendiara, y cuando ellos ganan en el terreno del bien y del mal terminan ganando políticamente. Y así llegó al extremo de que el país entero se viera sumido en una ola de violencia izquierdista sin precedentes, que dejó decenas de muertos entre 2019 y 2020, porque los izquierdistas, en un punto, creían que tenían razón en ejercer la violencia para llevar adelante sus políticas. Aún en un sistema que funcionaba y que año a año producía mejores resultados para todos los chilenos, los discursos y las ideas de izquierda convencieron a buena parte de la población de que estaba todo mal y que había que cambiar el sistema por la fuerza. Pero esto no fue posible de la noche a la mañana. La izquierda construyó esa falsa legitimidad luego de años y años de colonizar una a una las instituciones e intentaron aplacarse en este falso sentido de justicia para tirar abajo todo el sistema que sacó a tanta gente de la pobreza.
Milei vuelve sobre una de sus principales obsesiones: la centralidad de la batalla cultural o batalla de las ideas. Según su lectura, la izquierda habría llegado al poder en Chile (la victoria de Boric en 2021) porque la derecha dejó de dar la batalla de las ideas, pese a los supuestos éxitos del modelo neoliberal impuesto en 1973. Aquí Milei recupera, consciente o inconscientemente, la interpretación que el líder de la Nouvelle Droite francesa Alain de Benoist ofreció ya a principios de los años setenta del concepto de hegemonía cultural plasmada por el intelectual y político comunista italiano Antonio Gramsci, que conllevó por los neoderechistas galos el planteamiento de la llamada estrategia metapolítica. Milei no es en absoluto el único dirigente de extrema derecha que ha puesto la lupa en la centralidad de la batalla de las ideas con el objetivo de normalizar los discursos ultraderechistas y conquistar la hegemonía cultural, paso previo a la obtención de la hegemonía política. Baste pensar en el exjefe de estrategia de la Casa Blanca durante los primeros meses de la primera presidencia de Trump, Steve Bannon, que dio prioridad a este tema ya en sus tiempos de director del medio ultraderechista Breitbart News. Asimismo, la responsabilización de los medios y las universidades en esta supuesta cruzada contra las “ideas de la libertad” recuerda tanto a Bannon (“los medios de comunicación son el partido de oposición”, afirmó en enero de 2017), así como a las tesis de Curtis Yarvin. El pensador neoreaccionario, cercano a Peter Thiel y J. D. Vance, considera que el supuestamente fracasado sistema de las democracias liberales se aguanta casi únicamente por el apoyo que le brinda la que llama la Catedral, es decir un conjunto formado por los medios de comunicación y las universidades de la Ivy League en el caso de Estados Unidos, que moldean la opinión pública. Cabe recordar que los ataques y los insultos de Milei a los periodistas son constantes, hasta el punto de haber acuñado el eslogan “No odiamos lo suficiente a los periodistas”, convertido en un acrónimo (NOLSALP) que utiliza a menudo como hashtag en sus publicaciones en las redes sociales.
Por fortuna, esa noche oscura fue superada y Chile ha vuelto a apostar por las ideas de la libertad. Ha despertado así como América Latina está despertando y ha despertado porque tiene políticos con el coraje para llamar a las cosas por su nombre y decirle al Mal el Mal y al Bien el Bien.
Hoy, estamos siendo testigos de un cambio que empezó en Argentina en 2021 y que, poco a poco, fue extendiéndose por todo el continente: Perú, Colombia, Ecuador, y tantos otros ejemplos que dan fe de los vientos de cambio que atraviesan este tiempo histórico. Hoy, el continente entero se está orientando hacia los valores que hicieron grande a occidente, incluso luego de décadas de adoctrinamiento socialista. Poco a poco, les hemos demostrado que no les tenemos miedo y que estamos dispuestos a salvar nuestra civilización y nuestro modo de vida. Porque de San Martín —el gran liberador de América— aprendimos que cuando el deber llama todo está permitido, excepto no acudir a él.
Milei explica muy claramente que el «bien» no estaría representado únicamente por las «ideas de libertad», sino también por la civilización occidental. El líder argentino muestra así cómo los discursos de la extrema derecha —tanto en Europa como en el continente americano— han encontrado un terreno común en la defensa de Occidente o, dicho de otro modo, de una determinada interpretación de lo que sería Occidente. En el caso de Argentina, esto implica, desde un punto de vista geopolítico, la estrecha alianza establecida por Milei con Washington y Tel Aviv y, paralelamente, su convergencia ideológica con los discursos de la extrema derecha europea sobre las raíces judeocristianas de Occidente. Aquí se retoma tanto la tesis del choque de civilizaciones propuesta ya en la década de 1990 por Samuel Huntington, como la idea de que la propia justicia social sería ajena a los valores occidentales. Tal y como hará más adelante en su discurso, Milei profundiza en esta cuestión para demostrar cómo las ideas socialistas serían responsables de la decadencia de Occidente y conducirían a su desaparición, retomando así los discursos apocalípticos sobre el supuesto declive de Occidente, un tema recurrente en todo el mundo: desde Spengler y Evola hasta Dugin y Yarvin, desde la Rusia de Putin hasta el Estados Unidos de Trump, sirve de base ideológica para el ataque contra la democracia liberal.
Pero es necesario que entendamos bien a qué nos enfrentamos, porque si no identificamos a nuestro adversario estamos destinados a perder frente a él. La izquierda a nivel regional está organizada desde hace décadas, desde los tiempos en los que las guerrillas entraban en el régimen cubano para llevar a su cáncer por todo el continente. Tras la caída de la Unión Soviética, esa izquierda se reorganizó con el Foro de San Pablo para rearmar su estrategia, tomar el poder por la vía democrática en lugar de la lucha armada, uniéndose contra los que llamaban neoliberalismo, un término sin sentido alguno, que muchas veces tan solo significaba la voluntad de un gobierno de tener orden fiscal. En términos sencillos, no querían que las ideas de la libertad triunfaran en la región tras el fracaso mundial del comunismo ruso. Hoy, en su peor momento, siguen buscando la manera de volver. Desestabilizan, generan pánico, mandan a sus milicias a infundir terror en la población, utilizan los medios de comunicación para mentir, entre tantas otras cosas.
La referencia a la reorganización de la estrategia de la izquierda tras la caída de la URSS resulta sumamente interesante. En la práctica, y aunque no la mencione por su nombre, Milei se adhiere —y no es la primera vez— a la teoría de la conspiración del marxismo cultural, difundida por el trumpismo, el bolsonarismo y la extrema derecha europea. Según esta teoría, que en definitiva retoma el concepto de «bolchevismo cultural» procedente de la propaganda nazi, el fin de la Guerra Fría no habría supuesto la derrota del comunismo, sino un cambio en su táctica para penetrar culturalmente en el mundo occidental y destruirlo desde dentro a través de ideas como la justicia social, el feminismo, el multiculturalismo o el ecologismo. Estas ideas comenzaron a circular en los círculos más conservadores del Partido Republicano estadounidense ya en la década de 1990, y posteriormente fueron popularizadas por figuras como Pat Buchanan y Paul Weyrich, y más tarde por Andrew Breitbart, así como por la extrema derecha de Europa del Este, especialmente en Hungría y Polonia. Esta teoría de la conspiración, repetida hasta la saciedad por el movimiento MAGA, está estrechamente vinculada a la idea de que existiría un conjunto de instituciones —universidades, medios de comunicación, pero también organismos internacionales como las Naciones Unidas— dominadas por la izquierda: la imagen de la catedral de Yarvin es un ejemplo perfecto de ello. Según los extremistas de derecha, estas instituciones impondrían un programa globalista que conduciría a la destrucción de Occidente.
Y sobre todo, avanzan sobre todos y cada una de las instituciones en la sociedad para usarlas como plataformas de sus ideas. Se aprovechan de la pluralidad de ideas que fomenta el liberalismo para entrar y cerrar la puerta bajo llave cuando tienen el control. Por todo eso, no hay nada que no estén dispuestos a hacer para recuperar el poder perdido. Ante esto la derecha también se tiene que organizar si ellos tuvieron su Internacional Socialista, nosotros tenemos que profundizar nuestros lazos de amistad en nuestra propia red internacional, tanto en la región como en el mundo. Porque no nos enfrentamos a un adversario local sino que nos enfrentamos a un adversario regional y también global. Un adversario que piensa y se apoya transnacionalmente porque sus apariciones se extienden más allá de las fronteras de un solo país y nada de esto es ninguna novedad. Ya lo observamos en el siglo pasado cuando todos los partidos comunistas del mundo tenían por objetivos someterse a los designios de la Unión Soviética.
Ellos tenían la pequeña misión de transformar el mundo de raíz, corrompiendo la propia esencia humana. Y saben que si se quedan con una sola nación, no pueden hacer nada, por lo que van a conducir al fracaso y a los que van a echar del poder. Eso es lo que ocurrió en Argentina, eso es lo que ocurrió en Venezuela, en Cuba y lo que les ocurre siempre, porque sus ideas conducen a la miseria económica y moral, y la gente huye de sus países para buscar una mejor vida. Por eso, no pueden detenerse y tienen que expandirse por donde sea en donde tengan influencia, por eso tienen que poner muros, cepos y cualquier limitación posible a la libertad; si se quedan quietos, mueren. El falso nacionalismo del que a veces hacen gala, solo oculta esta verdad, que consiste en que son un movimiento sin patria, sin futuro y condenado a hacer fracasar a los países en donde toman asiento. El mejor ejemplo de esto es nuevamente la Unión Soviética, que cuando dejó de expandirse colapsó por sus propias ineficiencias.
Así durante décadas la izquierda organizada sometió a los países bajo su influencia, impidiendo su desarrollo en nombre de una ideología de transformación social radical y en detrimento del interés nacional de cada uno de ellos. El caso argentino es emblemático. Usaron sus ideas nefastas para empobrecernos profundamente y dejarnos en defensa frente a las amenazas de un mundo en constante cambio. Pero nosotros amamos a nuestro país y entendemos que la única manera de defender nuestra paz, nuestra soberanía e interés nacional es teniendo un país rico, pujante con inversión y disponiendo de los recursos necesarios para protegernos. Esto va de la mano con desterrar las ideas empobrecedoras de la izquierda que quiere a nuestros países sometidos a un régimen internacional de esclavitud aunque camuflen sus intenciones con un barniz de nacionalismo.
La izquierda se organizó en una internacional socialista y en la región con el Foro de San Pablo para subyugarnos creando una enorme prisión de la que fuera cada vez más difícil escapar.
Por eso, la derecha también debe organizarse, porque esta es una batalla a nivel global a la que cada una de nuestras naciones debe contribuir ordenándose puertas adentro, quitando el cáncer de la izquierda de sus propias instituciones para convertirse en un miembro fuerte de una alianza internacional de las ideas de la libertad.
Al hacer hincapié en la supuesta amenaza de una nueva Internacional Comunista, representada por el Foro de São Paulo o el Grupo de Puebla —también citados en la Carta de Madrid, el manifiesto que dio origen en 2020 al Foro de Madrid—, Milei subraya la importancia de reforzar las redes transnacionales de extrema derecha. No solo se refiere al Foro de Madrid, sino también a otras redes y espacios que conforman lo que podría denominarse la nueva Internacional reaccionaria. Esta engloba la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC), que ya cuenta con nueve ediciones nacionales (Estados Unidos, Brasil, Argentina, México, Hungría, Polonia, Japón, Corea del Sur y Australia), a las que se sumará en 2027 una edición italiana, así como la red nacional-conservadora (NatCon) creada por el filósofo israelí-estadounidense Yoram Hazony y la Red Política de Valores, de la que el propio Kast fue presidente entre 2022 y 2024. Entre los líderes de extrema derecha, quien mejor ha comprendido la importancia de crear sólidas redes transnacionales es Viktor Orbán. Gracias a fondos públicos, ha constituido una amplia red de fundaciones e institutos con ramificaciones mundiales (el Mathias Corvinus Collegium, el Centro de Derechos Fundamentales, el Instituto del Danubio, etc.). Esta red se encuentra actualmente en plena crisis, tras el cambio de gobierno en Budapest el pasado mes de abril.
En un mundo donde las relaciones entre países y las reglas globales se redefinen, los países amigos tienen que comportarse como tales, haciendo causa común y apoyándose entre sí en los momentos de necesidad. Por eso, no podemos permanecer separados, porque podemos ignorar el problema, pero el problema no nos va a ignorar a nosotros. Tenemos que dejar de lado nuestras diferencias y concentrarnos en lo que nos une. Somos quienes ponemos la libertad del ser humano en el centro de nuestro modelo y los que entendemos que comerciar es hacer uso de esas libertades y es lo que nos trae prosperidad. Somos los que saben que hay que castigar a los delincuentes con mano dura y somos quienes le hacen frente a los… Y, además, somos quienes le hacen frente al grave problema de seguridad que enfrenta nuestro continente, como el narcotráfico, porque sabemos que sin seguridad contra la violencia del prójimo no hay verdadera libertad. Y porque estamos de acuerdo en lo fundamental es que tenemos que unir fuerzas para ir hacia adelante. Como digo siempre: al mal organizado se lo vence con el bien organizado; no hay otra manera.
Al igual que Trump, Milei vuelve a convertir las divergencias políticas en una lucha moral y un combate existencial con tintes religiosos entre un supuesto «bien» (las ideas de libertad) y un supuesto «mal» (el socialismo, que provocaría miseria y muerte). Este discurso, típico de las guerras culturales, tiene evidentes tintes religiosos, como si se tratara de una especie de cruzada, e implica considerar a los oponentes políticos como una amenaza.
En su forma más radical, este tipo de discurso puede implicar la eliminación física de los opositores políticos, considerados, en su calidad de representantes del «mal», como una amenaza existencial para la propia supervivencia de la «civilización occidental».
En Argentina, gracias a este cambio de mentalidad, estamos viendo resultados que han ayudado a expandir las ideas de la libertad como nunca antes. Si hace 3 años la Argentina era una advertencia del abismo al que lleva el socialismo, hoy se está convirtiendo en la prueba de que, cuando se sostiene el rumbo de la prudencia económica con convicciones firmes, la libertad prolifera, la economía crece y la inseguridad cae.
La afirmación de Milei no es más que propaganda y, al igual que su interpretación del caso chileno, no tiene en cuenta la realidad del país ni los distintos indicadores. Es cierto que, desde que asumió el cargo en diciembre de 2023, la inflación ha disminuido considerablemente, se ha alcanzado el equilibrio presupuestario y, tras una caída brusca durante los primeros seis meses de su mandato, el PIB ha aumentado. Sin embargo, el costo de la vida ha aumentado de forma exponencial —un efecto amplificado por la supresión de numerosas ayudas— y el consumo de productos alimenticios básicos y en el comercio minorista ha descendido casi un 12 %, lo que pone de manifiesto el deterioro de las condiciones de vida de las clases obreras y medias. Asimismo, el salario mínimo se ha reducido en más del 40 %, mientras que el desempleo ha pasado del 5,7 % al 7,8 %, debido a los despidos masivos en la función pública y al cierre de 30.000 empresas. Por último, el dólar se ha apreciado considerablemente y el país se ha endeudado aún más tras recibir 20.000 millones de dólares del FMI. En resumen, aunque los principales indicadores macroeconómicos son positivos, resultan ambiguos y ocultan un claro aumento de las desigualdades.
Y esto es lo que está dando fuerza al resto del continente para animarse a dar el mismo salto. Sin embargo, este no es el caso de todo Occidente. Lamentablemente Europa, la cuna de nuestra civilización, está siendo gobernada en el plano nacional y supranacional por burócratas empecinados en destruir todo lo que somos. Una izquierda radical se ha hecho con el control institucional a lo largo y ancho del continente. España es un ejemplo claro. Pedro Sánchez y el PSOE están facilitando la inmigración descontrolada por un lado y degradando sistemáticamente la identidad española por el otro.
En la actualidad, los únicos gobiernos progresistas de la Unión Europea son los de España, Dinamarca y Malta, a los que hay que añadir el gobierno laborista británico. En el resto de países del continente, o bien hay fuerzas liberales de centro, como en Francia y los Países Bajos, o bien fuerzas de la derecha tradicional, como en Portugal, Suecia, Polonia, Hungría, en Grecia, Alemania y Austria (en estos dos últimos casos, en el marco de gobiernos de gran coalición), o bien fuerzas de extrema derecha, generalmente en coalición con partidos de la derecha tradicional, como en Italia, Finlandia, Bélgica, la República Checa o Eslovenia. Además, aunque la Comisión presidida por Ursula von der Leyen se apoya teóricamente en una mayoría proeuropea compuesta por conservadores, socialistas, liberales y verdes, desde finales de 2024 también se ha apoyado en lo que se conoce como la «mayoría venezolana», formada por los conservadores y los tres grupos de extrema derecha.
Es decir, les enseñan a los españoles a odiarse y a tener vergüenza en sí mismo, allanando el camino para las hordas extranjeras que terminarán reemplazándolos. El mismo mal se extiende a todo el viejo continente, donde todas aquellas naciones que están bajo gobiernos progresistas hacen lo posible por eliminar todo rastro de occidente del imaginario colectivo, reemplazándolo por un falso multiculturalismo. Y a quienes tienen la bravura de llamar la atención y oponerse a este plan perverso, los asocian deliberadamente a los peores regímenes totalitarios que haya conocido la humanidad, buscando suprimir sus opiniones.
En este caso, Milei se refiere a la crisis de Ceuta, al atribuir erróneamente al gobierno progresista de Pedro Sánchez la responsabilidad de la llegada de cerca de 80.000 personas a la exclave española a finales de julio de 2026. Casi todos los ponentes mencionaron Ceuta durante el encuentro del Foro de Madrid celebrado en Santiago de Chile. Sin embargo, lo más interesante es ver cómo Milei llega a adherirse a otra teoría de la conspiración, la del Gran Reemplazo, al hablar de «hordas extranjeras que acabarán sustituyéndolos» (a los españoles). Según esta teoría conspirativa, cuyo término fue acuñado por Renaud Camus, la población europea estaría siendo sustituida por migrantes procedentes de África y Asia, en su mayoría de confesión musulmana, impulsados por un plan coordinado por las élites globalistas, representadas por personalidades como el inversor y filántropo George Soros. Si bien este tipo de discurso ya es habitual en la extrema derecha europea y estadounidense, hasta hace poco no lo era en la extrema derecha latinoamericana.
Desde el primer día de gobierno, vengo advirtiendo al mundo que occidente está en peligro, lo he manifestado en numerosas ocasiones, y eso no ha cambiado, aunque poco a poco estamos despertando, día a día nos despertamos con noticias que nos recuerdan lo que está en juego. Aún en aquellos territorios que creíamos haber conquistado, está el socialismo esperando que nos descuidemos para volver al poder. Sin ir más lejos, en 2025 en Argentina intentaron un golpe de Estado, utilizaron el Congreso para tratar de aprobar decenas de leyes que apuntaban a romper el equilibrio económico, romper el equilibrio fiscal, sumado a ello con siete intentos de juicios políticos. Además, también lo intentaron hacer desde las calles. El año pasado tuvimos que deportar a más de 10.000 personas, y en lo que va del año 14.000.
Milei destaca aquí dos aspectos interesantes. Por un lado, muestra cómo la cuestión de la inmigración se está convirtiendo en un eje cada vez más importante de las propuestas de la extrema derecha en América Latina, cuando hasta hace poco este tema era absolutamente secundario, o incluso inexistente, a diferencia de lo que se observa en Europa y en Estados Unidos. El uso del término «deportar» pone de relieve la rapidez con la que circulan las propuestas, las ideas y las consignas en el seno de la internacional reaccionaria. Este término, utilizado desde hace tiempo por los grupos neofascistas, neonazis e identitarios, fue introducido a escala mundial principalmente por Trump durante la campaña electoral de 2024, antes de convertirse, como es sabido, en una política oficial de su administración.
Por otra parte, Milei pone de manifiesto su ya conocido desprecio por el modelo democrático liberal y la separación de poderes al considerar que el Congreso, al que ha calificado de «nido de ratas», supondría una amenaza para su gobierno y, por consiguiente, a Occidente, simplemente por haber presentado propuestas de ley e intentado que se aprobaran siguiendo los procedimientos garantizados por el modelo democrático representativo.
Pero afortunadamente nuestro programa económico está tan bien diseñado que soportó además todos sus embates. Por lo tanto, todo lo que intentaron les salió mal, pero le costó a la Argentina meses de desaceleración de crecimiento y un repunte de la inflación que nuevamente lo estamos aniquilando. Pero más allá de todo esto, lo que tenemos es que esa es la prueba que desde afuera no hay que subestimar su maldad y su poder de fuego. Es decir, ellos no pueden permitir que las ideas de la libertad triunfen, porque si no se les cae la mentira.
Por eso, no podemos descuidarnos un segundo ni ceder un milímetro. Sabemos cómo operan sabemos que mienten, que tergiversan, que manipulan, sabemos que tienen los medios comprados para ejercer terrorismo psicológico sobre la población. Es más, hasta financian terroristas: le ponen dinero y, digamos, ustedes van y hacen una conferencia en determinadas partes del mundo y los enemigos de la libertad financian terroristas para que vayan y le hagan problemas en Argentina, le diríamos piquetes cuando ustedes asisten a una conferencia. Hace poco, por ejemplo, en Argentina, hasta inventaron que yo tenía un problema de salud. Más recientemente hasta inventaron que estaba infartado después de una conferencia. No tienen ningún problema de inventar y decir cualquier barbaridad.
Es decir, eso por solo nombrar solo una de las miles de operaciones mediáticas a las que hemos sido sometidos. Sabemos que están dispuestos a cualquier bajeza con tal de cumplir su objetivo, que no es otro que enquistarse el poder, porque esto lo hacen por poder, les interesa el poder y obviamente que también les interesa el dinero, siempre son muy desprendidos, pero con la ajena. Está claro eso, ¿no?
Pero más allá de eso, nosotros demostramos que ganar es posible, y no solo ganar, también gobernar. Eliminamos desde el minuto cero el déficit del Tesoro, que eran cinco puntos del PBI; en 6 meses eliminamos el déficit cuasifiscal, que eran 10 puntos del PBI. Es decir, en 6 meses barrimos con un déficit fiscal consolidado de 15 puntos del PBI. Es más, despedimos más de 70.000 empleados públicos, llevamos a cabo 17.000 desregulaciones y hace 27 meses seguidos que estamos creciendo. Además, bajamos la pobreza en 25 puntos, la pobreza infantil en 30 puntos y bajamos un tercio la indigencia.
Las exportaciones están en niveles récord, el consumo está en récord histórico y todo es tan solo el comienzo de un modelo que está poniendo a la Argentina en camino a ser grande nuevamente. Es decir, la verdad que resulta bastante curioso porque a veces en la Argentina uno prende el televisor y pareciera que el país está todo mal, pero si analizamos con un mínimo grado de honestidad y nos comparamos con los gobiernos anteriores, está claro que nuestro modelo funcionó…, que está claro que nuestro modelo funciona y que vamos por el rumbo correcto. De hecho, miren…, para poder comparar, si nosotros tomamos lo que ha crecido Argentina en los últimos cuatro mandatos, por ejemplo, durante el gobierno, el segundo gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, la presidiaria… lo hizo al 1,5%. Durante el gobierno de Macri, la economía cayó 3,9. Todo durante cuatro años. En el gobierno de Alberto Fernández, recuperó esa caída y nosotros, de confirmarse las estimaciones que hay para este año y el año que viene, después de haber crecido 6,7% el primer año y 3,5 el segundo, Argentina va a estar expandiéndose en cuatro años cerca de 20% cuando la OCDE lo hace al 6. Y esto lo estamos logrando después de 12 años de estancamiento sin crecer. Es más, si uno hiciera un promedio aritmético simple, vamos a estar con tasas de crecimiento entre el 4 y el 5% promedio anual, cuando los 100 años previo a nuestra llegada, el crecimiento promedio fue del 1%. Vaya que sí estamos haciendo crecer la economía.
Es más, como anticipaba en el caso de la pobreza también en la frecuencia trimestral, cuando se sinceró las variables económicas había trepado al 53%. Hoy está en el 28. Quiere decir que hemos sacado de la pobreza a más de 14 millones de argentinos. A su vez, pese a las enormes transformaciones que estamos haciendo, aún así en este gobierno hemos creado más de 500.000 puestos de trabajo neto. Y si además consideramos los empleados públicos que hemos echado, la cantidad de puestos de trabajo que hemos creado desde que asumimos asciende a 600.000 puestos de trabajo; vaya que el mercado genera trabajo.
Además, como mencionaba antes, equilibramos las cuentas públicas desde el primer mes de gestión y vamos por el tercer año consecutivo del superávit fiscal financiero. Es decir, superávit después del pago de intereses. La consecuencia de esto es que la deuda consolidada pasó de cerca de 100 puntos del PBI, hoy se encuentra debajo de 40%, por lo que el Riesgo País de niveles de 3.000 puntos básicos se encuentra en torno a los 500, y si se toma el de esta administración el Riesgo País prácticamente ha sido eliminado. A su vez, las exportaciones crecieron 12 veces más que el producto, con 10 de los 11 sectores privados de la economía hoy por encima de los niveles que teníamos cuando asumimos. Además, otro diagnóstico muy preciso que ofrece por ejemplo en una nota reciente mi Ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, es sobre cómo opera la oposición. Él explica algo que nosotros vivimos todos los días: no tienen una posición seria respecto a qué hacer con ninguna de las variables centrales que critican, no la tienen en crecimiento, no la tienen en pobreza, no la tienen en empleo, no la tienen en el equilibrio fiscal, y como no la tienen hacen lo único que saben hacer, saltar de tema en tema a ver qué prende. Un día dicen que el producto crece, pero que no todos los sectores crecen igual. Al día siguiente, dicen que el empleo crece, pero que caen los asalariados registrados. Después dicen que los salarios suben, pero que no todos suben lo mismo. Siempre hay una excusa nueva por lo que lo que necesitan no es la verdad, sino un relato, y cada una de esas excusas se desinfla sola cuando se le mira con seriedad y con los datos en la mano, porque así son ellos. Como no tienen un programa mínimamente funcional para el país, van de tema en tema con tal de instalar la idea de que todo va mal.
Esto es muy muy importante para saber cómo enfrentarlos, para conocer la estrategia con la cual ellos trabajan. Ellos se apalancan básicamente sobre dos falacias: la falacia de cherry picking y la falacia del todo por la parte. Por ejemplo, nosotros cuando tomamos el Estimador Mensual de la Actividad Económica que es una Proxy del PBI, hay 16 sectores. Bueno hay uno que es el vinculado digamos al sector público. Ese sector básicamente está cayendo, pero eso es política de estado. Así es que eso no es un problema, pero de los 15 restantes hay 13 que se expanden o sea 13 de 15 se expanden. Hay uno que está neutro y hay uno que está cayendo. ¿Qué es lo que hacen? Van al sector que está cayendo, dentro de ese sector que está cayendo, eligen el peor de todos. Es decir, cherry picking. Y a partir de ese, quieren contar que esa es la situación general de toda la economía. Por lo tanto, el mejor antídoto contra estos zurdos mugrosos, negadores de la realidad son los datos.
Más allá de su tendencia a presentarse como víctima —una estrategia típica de la extrema derecha—, Milei aplica en realidad precisamente los sofismas de los que acusa a la oposición. Si analizamos el consumo, por ejemplo, observamos una dualidad muy marcada. El consumo de bienes duraderos (coches, productos importados) y el turismo han experimentado un aumento espectacular (alrededor del 50 % en total), mientras que el consumo de productos de primera necesidad (alimentación, productos farmacéuticos, productos de limpieza) ha descendido de forma sostenida y preocupante (-12 %). Esto significa, entre otras cosas, que los argentinos acuden con menos frecuencia al supermercado (-8,2 %). El consumo de carne de vacuno ha caído a niveles históricamente bajos.
Porque la realidad es que a ellos no les interesa solucionar nada. Solo les interesa esparcir su ideología para volver a conquistar el poder sobre las arcas públicas, las cuales utilizan como un botín de guerra mientras mantienen a la sociedad civil esclavizada tributariamente. Si no vean lo que hace Pedrito en España, ¿no? Le están encontrando…, está más sucio que una papa, y bien que se ofendió cuando él y toda la gentuza que lo rodea, cuando le dije que era un gobierno de ladrones, y parece que los hechos lo confirman.
Milei aprovecha cualquier ocasión para insultar a Pedro Sánchez, quien se ha convertido en el blanco preferido de sus invectivas y ataques. Lo que Milei no dice es que, bajo el impulso del gobierno progresista de Sánchez, España se ha convertido en el motor económico de la Unión, lo que desmiente el discurso ideológico del presidente argentino según el cual el socialismo genera pobreza y miseria.
Desde junio de 2018, la economía española ha registrado un crecimiento real neto de entre el 14 % y el 15 %. El desempleo también ha pasado del 15,3 % al 9,9 % (la tasa más baja desde 2008), y se han creado 3,4 millones de puestos de trabajo netos, lo que ha permitido alcanzar un nuevo récord en cuanto al número de personas ocupadas (22,77 millones). Todo ello ha ido acompañado de un aumento del gasto social (que ha pasado de 196.000 millones de euros a unos 260.000 millones), de un incremento del 66 % del salario mínimo interprofesional y de una disminución delíndice de Gini, que pasó de 0,33 a 0,31 (mientras que en Argentina este coeficiente pasó de 0,43 a 0,44 entre 2023 y 2026).
Ahora estas estrategias que yo les cuento…, la realidad es que no son nuevas, esto mismo hicieron con el gobierno de Mauricio Macri en 2017, cuando tenía la economía creciendo y la pobreza en su piso más bajo en décadas, y aún así lograron instalar el caos en la calle hasta hacerle perder el rumbo. El gobierno de Cambiemos sucumbió a la presión de la política, tanto de la oposición como el extremo centro. Se dejó correr por los que le tiraron 14 toneladas de piedra y por los presuntos aliados que sugerían poner el freno de mano. Nosotros aprendimos esa lección. No nos vamos a dejar descarrilar por su relato. Y no lo vamos a hacer porque sabemos que, por más ruido que hagan en el camino, más allá del ruido, siempre está la realidad, y el rumbo es el correcto. El modelo está funcionando. No vamos a ceder un ápice en ninguna de nuestras políticas. Porque la realidad es que las ideas de la libertad funcionan cuando se las aplica y cuando se las sostiene en el tiempo, porque son ideas justas y son las ideas que todos nuestros países necesitan para crecer. Por este motivo, sólo hace falta organizarse y demostrarle a la población que hay voluntad política para llevar adelante ese giro de timón que la mayoría silenciosa demanda. La gente no quiere otra cosa que vivir en paz, comerciar libremente y no estar atada a la tiranía de la política que le demanda día a día tiempo que podría dedicarse a sus afectos. La mayor arma de la izquierda es nuestro propio temor, nuestra propia timidez, nuestra propia reticencia a decirles que no y por eso ellos pierden fuerza cuando la población les empieza a decir «Basta, zurdos». Estamos en una batalla que nos excede a cada uno de nosotros y a nuestras naciones. Es una batalla a nivel global entre el Bien y el Mal. El Bien encarnado por quienes comparten el respeto por la vida, la libertad y la propiedad, por lo Bueno y lo Bello, por los logros de nuestro pasado y por la cultura que en el que crecimos e hizo grande a Occidente. Mientras que el Mal está encabezado por la izquierda radical y el terrorismo, cuyo objetivo es barrer con nuestro modo de vida mediante la violencia y la propaganda. Es una batalla existencial que está por resolverse. La historia juzgará qué lado elegimos y aquel que prefiera quedarse a un costado indiferente sepa que eso es exactamente lo que busca el Bando del Mal. Por mi parte, yo tengo claro porque peleo. Por las ideas de la libertad donde sea y contra quien sea.
Y no nos dejemos de motivar bajo la idea de que podemos hacer poco, porque la diferencia entre hacer poco y no hacer nada es abismal, y es ir haciendo poco día a día lo que termina logrando muchos resultados. Creo que este foro reúne a personas con las mismas creencias y con el mismo compromiso para sacar a nuestras naciones de la decadencia en la que fueron arrojadas. Por eso, hoy más que nunca, tenemos que mantenernos firmes en nuestro rumbo y en nuestras convicciones. Si sostenemos la voluntad política y no nos dejamos descarrilar por el canto de sirenas del estatismo y el comunismo, vamos a triunfar, no tengan dudas al respecto.
Una vez más, Milei insiste en el carácter fundamental de la batalla de las ideas, así como en la existencia de una lucha moral y una guerra existencial entre el «bien» y el «mal» a escala mundial. Esto refuerza lo que había afirmado anteriormente sobre la necesidad de crear vínculos estrechos entre las fuerzas de extrema derecha a escala transnacional para ganar esta batalla. Milei alude al terrorismo al referirse al «mal», asociándolo con la izquierda radical. En este sentido, sigue al pie de la letra las políticas de la Casa Blanca, que no solo ha calificado al movimiento Antifa y, más recientemente, al colectivo digital italiano Autistici/Inventati como organizaciones terroristas, sino que también organizó una cumbre en Washington el pasado mes de julio en la que participaron más de 60 países con el fin de contrarrestar el supuesto «resurgimiento internacional del terrorismo político de extrema izquierda». Durante ese encuentro, Stephen Miller, asesor de Seguridad Interior de Estados Unidos, declaró que la extrema izquierda «es un cáncer mortal para la civilización» y que «el mayor riesgo al que nos enfrentamos es que nuestras instituciones se hayan vuelto demasiado blandas y cobardes para defenderse ante una amenaza mortal». El secretario de Estado, Marco Rubio, anfitrión de la cumbre, también había utilizado ese mismo lenguaje de confrontación al afirmar que «es hora de acabar con este mal de una vez por todas».
Por todo esto, que Dios los bendiga a todos, que las fuerzas del cielo nos acompañen y viva la libertad, carajo; viva la libertad, carajo; viva la libertad, carajo. Muchísimas gracias a todos.