A lo largo del mes de agosto, el Grand Continent publica en acceso libre «El vocabulario de la extrema derecha», fruto del trabajo colectivo de un grupo de investigadoras e investigadores —sociólogos, historiadores, politólogos y sociolingüistas— procedentes de toda Europa, bajo la dirección de Steven Forti. Para recibir cada entrada en su correo electrónico y apoyar el trabajo de una redacción independiente, suscríbase
En el verano de 2014, el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, afirmó que el modelo de desarrollo al que aspiraba su país era el de la «democracia iliberal» 1.
Este régimen híbrido se caracterizaría por un doble movimiento.
Por un lado, la concentración del poder en manos de una única autoridad y su perpetuación más allá de cualquier competencia electoral o interna del Estado. Se trata de consolidar los valores de la élite gobernante y de construir una jerarquía estable de partidarios, cuya lealtad queda garantizada por los beneficios que obtienen de su proximidad al poder.
Por otro lado, la toma de control sistemática de los órganos del Estado, supuestamente dominados por una sobrerrepresentación de actores «liberales», con el fin de vincularlos con la expresión supuestamente auténtica de las opiniones y los verdaderos intereses del pueblo.
En Hungría, este cambio de régimen interno ha afectado a la administración, la justicia, los medios de comunicación y la educación, llegando incluso a los institutos de investigación y a los espacios dedicados al arte y la cultura 2. Incluso se organizaron consultas y referéndums sobre la inmigración o los derechos de las minorías sexuales para luchar contra el «Estado profundo» de la élite liberal 3.
La conspiración viene de lejos
La mayoría de las críticas al uso del concepto de «Estado profundo» lo consideran una mera construcción —una teoría de la conspiración— que sirve tanto de pretexto para llevar a cabo profundas transformaciones en la función pública y en el propio Estado, como de palanca para deslegitimar a la administración y a las instituciones 4. Dado que el término ocupa ahora un lugar central en la vida política, es imprescindible volver a sus orígenes para comprender su función actual.
El «Estado profundo» se basa en la idea de que existen redes ocultas, independientes del proceso electoral, que ejercerían el poder entre bastidores, en contradicción con las orientaciones y los valores de los dirigentes elegidos. El término tiene su origen en la expresión turca «derin devlet», que significa literalmente «Estado profundo» y que, en la década de 1990, designaba la práctica autoritaria mediante la cual el Gobierno turco recurría a métodos dudosos para atacar al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). Circulaba el rumor de que existía una alianza secreta entre los servicios de inteligencia, el ejército, la élite económica y el crimen organizado, que gobernaba el país desde las sombras. Fue el accidente de coche de Susurluk, en noviembre de 1996 —en el que fallecieron un alto cargo de la policía y un jefe mafioso buscado por la Interpol, y en el que resultó herido un diputado—, lo que materializó a los ojos de la opinión pública turca la existencia de estas redes 5. Desde entonces, el concepto ha traspasado con creces los límites del caso turco. La jurista Eugénie Mérieau ha demostrado así que, en Tailandia, la alianza entre la monarquía, el ejército y el Tribunal Constitucional contra los gobiernos elegidos constituye un «Estado profundo» en sentido estricto, institucional y documentado 6.
El concepto de «Estado paralelo» —o de «Estado secreto» que opera al margen de la mirada pública— tiene, por otra parte, una larga historia en Estados Unidos, donde se ha asociado principalmente con el ejército y los servicios de inteligencia. Los intereses entrelazados de los políticos, los militares y la industria armamentística se han percibido a menudo como una forma de «Estado profundo». Ya en su discurso de despedida de 1961, el presidente Dwight D. Eisenhower advertía sobre la creciente influencia del «complejo militar-industrial» 7.
A raíz de las numerosas operaciones clandestinas de los años sesenta y setenta, el debate público se centró en la cuestión de quién ejercía realmente influencia sobre la política exterior estadounidense. El asesinato del presidente John F. Kennedy contribuyó a la proliferación de las teorías de la conspiración. En 1964, los periodistas David Wise y Thomas Ross publicaron una influyente obra, The Invisible Government, que planteaba una tesis explícita: «Hoy existen dos gobiernos en Estados Unidos. Uno es visible. El otro es invisible» 8. Esta formulación estableció el marco conceptual que daría forma a los debates posteriores sobre el Estado profundo.
Sin embargo, fueron los recientes acontecimientos políticos estadounidenses los que dieron al concepto su impulso decisivo. Donald Trump lo popularizó a partir de 2016, afirmando con frecuencia que algunos funcionarios o organismos actuaban en su contra y en contra de su programa 9. Para él y sus aliados, el «Estado profundo» hace referencia a los responsables heredados de la Administración Obama que intentarían impedir la aplicación de su política 10. «O el Estado profundo destruye a Estados Unidos, o nosotros destruimos al Estado profundo», proclamó en marzo de 2023 durante un mitin en Waco, Texas 11. Aunque prometió en repetidas ocasiones desmantelarlo, una vez de vuelta en el poder le resultó difícil identificar o lanzar ataques concretos contra sus presuntos responsables 12. Los politólogos Stephen Skowronek, John Dearborn y Desmond King han demostrado que la acusación de «Estado profundo» es, en realidad, la otra cara de la teoría del «ejecutivo unitario». Precisamente porque esta corriente presidencialista pretende someter a toda la administración a la voluntad del presidente, la profundidad del Estado —constituida por la experiencia, la continuidad y el deber de discreción de los funcionarios— se convierte, a sus ojos, en un escándalo 13.
Pantanos, alcantarillas y «poderes fuertes»
El eslogan «drain the swamp» («drenar el pantano»), que Donald Trump coreó durante la campaña de 2016 para prometer la expulsión de las élites de Washington, ha dado a la lucha contra el «Estado profundo» su imagen más perdurable y se ha extendido mucho más allá de Estados Unidos.
Esta retórica también ha dado lugar a prácticas políticas concretas, que se han institucionalizado progresivamente en todo el flanco oriental de la Unión Europea. El hilo conductor fue la idea de sustituir a los responsables administrativos, considerados poco fiables. Este enfoque tiene sus raíces en el doloroso proceso de democratización y en el temor a que las antiguas élites comunistas bloquearan o ralentizaran las transformaciones políticas.
En Polonia, los responsables políticos suelen hablar del «Estado profundo», pero también del «pantano» o de la «captura del Estado», para acusar a sus adversarios de colocar a sus fieles en las instituciones públicas, la justicia y los medios de comunicación estatales —algo de lo que hoy se acusan mutuamente la oposición y el Gobierno de Donald Tusk 14—. En Eslovenia, los responsables políticos de centro-derecha utilizan habitualmente esta expresión para referirse a las redes del antiguo partido comunista, que, según se afirma, habrían perdurado ininterrumpidamente desde la independencia de 1991. Los periodistas que han investigado estas acusaciones concluyen que, en realidad, existen conexiones opacas y cuestionables que atraviesan todo el espectro político, independientemente de la posición ideológica de los partidos. En la República Checa, en 2025 surgió un amplio debate en torno al «Estado profundo» y al «escenario rumano», en referencia a la anulación de las elecciones presidenciales rumanas de 2024 tras detectarse injerencias rusas 15.
En Alemania, los Reichsbürger («ciudadanos del Reich») consideran que la República Federal es una entidad ilegítima y que el Reich alemán sigue existiendo, una narrativa que ha incorporado en gran medida los discursos de QAnon. Este movimiento, profundamente conspirativo y surgido en 2017 en Estados Unidos, se basa en los mensajes de un personaje anónimo, «Q», que afirmaba tener acceso a información gubernamental clasificada. Sus seguidores creen que un grupo secreto de élites poderosas controla las principales instituciones y se dedica a actividades delictivas 16. En el discurso de QAnon, el «Estado profundo» es una vasta red secreta dentro del Gobierno, los servicios de inteligencia y los medios de comunicación, que actúa en contra de los responsables políticos a los que apoya el movimiento y en detrimento del interés público 17. La AfD utiliza con frecuencia este concepto para desacreditar a las instituciones alemanas 18: así, su copresidenta, Alice Weidel, afirmó en el canal austriaco de extrema derecha AUF1 que un «Estado profundo» difundía mentiras sobre la AfD e intentaba desacreditar al partido 19.
En Italia, el término «Stato parallelo» (Estado paralelo) se utilizaba habitualmente en el debate público para referirse a instituciones y redes organizadas a modo de un Estado dentro del Estado. Durante la Guerra Fría, hacía referencia a una estrategia de preparación ante un ataque del Pacto de Varsovia o ante una toma del poder por parte de los comunistas 20. La operación Gladio tenía como objetivo crear una red secreta encargada de organizar la resistencia en caso de ocupación soviética, y existieron redes similares en varios Estados miembros de la OTAN, al margen de cualquier control parlamentario hasta su disolución en 1990, tras su revelación.
Más recientemente, la extrema derecha italiana ha recurrido sobre todo a la expresión «poderes fuertes» (poteri forti), casi sinónimo de «Estado profundo»: se refiere a los actores políticos y económicos nacionales estrechamente vinculados a las instituciones internacionales, a la Unión Europea, al FMI, a los mercados y al sector bancario, contra los que los nuevos partidos contestatarios —empezando por el Movimiento 5 Estrellas, que popularizó la expresión— pretenden defender a los ciudadanos. «Si los portavoces de los poteri forti están en contra nuestra, eso significa que estamos haciendo lo correcto para 60 millones de italianos», declaraba así Matteo Salvini en 2018 21. Por su parte, la presidenta del Consejo, Giorgia Meloni, al justificar el referéndum sobre su reforma constitucional, subrayaba que «esta consulta no se refiere a mi persona, sino a la reforma, al futuro de la nación, con el fin de ponerlo en manos de los ciudadanos y no en las de los poderes fuertes» 22.
En España, la expresión «cloacas del Estado» es utilizada por la izquierda 23, así como por los independentistas catalanes y vascos para describir la persistencia de aparatos estatales heredados del franquismo, especialmente en el ejército, la policía y la justicia. Estas redes han atacado a movimientos sociales o partidos de izquierda —como Podemos o el PSOE, actualmente en el poder— mediante acusaciones infundadas.
Lo que la conspiración le debe a la realidad
Una de las principales pruebas empíricas de la existencia de actores estatales opacos la aportó el escándalo del software espía Pegasus, que sacudió a toda Europa a partir de 2021. Este software, vendido exclusivamente a Estados, se utilizó para vigilar a ciudadanos, periodistas, activistas políticos y abogados en Hungría, Polonia, Grecia y otros países de la Unión. En España, los servicios de inteligencia vigilaron a responsables políticos y activistas independentistas catalanes, mientras que el propio teléfono del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, fue infectado, una intrusión que nunca se ha atribuido oficialmente 24.
El «Estado profundo» se utiliza, por tanto, para referirse a una red de estructuras formales e informales cuyo objetivo sería preservar el poder, incluso en caso de derrota electoral. En el ámbito económico, el fenómeno puede identificarse a veces con claridad: la concesión de puestos a cambio de lealtad política ha sido una práctica habitual en las privatizaciones poscomunistas, y estos actores económicos fieles al antiguo poder pueden obstaculizar eficazmente la política de los nuevos responsables. Cuando estas empresas operan en los medios de comunicación, su impacto en el acceso de los ciudadanos a una información independiente puede ser considerable 25. El creciente peso del cabildeo de las élites económicas y sus relaciones opacas con los principales actores políticos han alimentado, por otra parte, una toma de conciencia cada vez mayor en la Unión.
La retórica del «Estado profundo» mantiene una relación singular con el Estado de derecho, cuya lógica invierte. Los contrapoderes que definen el orden constitucional liberal —desde los jueces independientes hasta la función pública de carrera, pasando por las autoridades reguladoras y los tribunales constitucionales— se recalifican en este contexto como obstáculos ilegítimos erigidos contra la voluntad popular, que el dirigente elegido estaría facultado para neutralizar. La jurista Kim Lane Scheppele ha descrito este mecanismo con el nombre de «legalismo autocrático». Los dirigentes legítimamente elegidos utilizan los propios instrumentos del derecho —revisiones constitucionales, leyes orgánicas y nombramientos— para desmantelar metódicamente los controles y contrapesos, al tiempo que mantienen las apariencias de la legalidad 26. El discurso del «Estado profundo» proporciona a esta empresa su justificación. La purga del poder judicial o de la administración ya no se presenta como un atentado contra el Estado de derecho, sino como su restauración; en otras palabras, la reconquista de instituciones supuestamente «capturadas». Este es precisamente el camino seguido en Hungría y, posteriormente, entre 2015 y 2023, en Polonia, donde la puesta a raya de la justicia se defendió como una descomunización tardía.
El concepto de «Estado profundo» se ha impuesto como un instrumento político de gran eficacia. Aunque se basa en ciertas observaciones empíricas y en una serie de escándalos muy reales, ha sido utilizada principalmente, en su forma amplia y generalizada, por responsables políticos populistas —aunque no exclusivamente— para explicar sus acciones y legitimar su proyecto político. La afirmación de la existencia de un «Estado profundo» encuentra una acogida tanto más favorable cuanto mayor es la desilusión hacia los partidos tradicionales y las élites políticas. En contraposición a este uso, Francis Fukuyama propuso apropiarse del término para darle la vuelta. Lo que los populistas denominan «Estado profundo» no es otra cosa que la burocracia profesional y meritocrática, cuya relativa autonomía es una condición del Estado de derecho más que su negación 27.
Notas al pie
- Discurso de Viktor Orbán en la 25.ª Universidad de Verano de Bálványos (Tusnádfürdő), 26 de julio de 2014.
- Luca Kristóf, «Látlelet: Kultúrharc 2010-2026», WMN, 10 de marzo de 2026.
- Entrevista de Balázs Orbán con Tim Constantine, The Washington Times, 19 de mayo de 2023.
- Francis Fukuyama, «In Defense of the Deep State», Asia Pacific Journal of Public Administration, vol. 46, n.º 1, 2024, pp. 1-12.
- Ryan Gingeras, «Last Rites for a ‘Pure Bandit’: Clandestine Service, Historiography and the Origins of the Turkish ‘Deep State’», Past & Present, n.º 206, 2010, pp. 151-174; para un público más amplio, Matthew Wills, «The Turkish Origins of the “Deep State”», JSTOR Daily, 10 de abril de 2017.
- «Thailand’s Deep State, Royal Power and the Constitutional Court», Journal of Contemporary Asia, 2016.
- «Discurso de despedida del presidente Dwight D. Eisenhower» (17 de enero de 1961), Archivos Nacionales, Documentos Históricos.
- David Wise y Thomas B. Ross, The Invisible Government, Nueva York, Random House, 1964.
- Sidney M. Milkis, «Review Essay: Donald Trump, Charismatic Leadership and the ‘Deep State’», Political Science Quarterly, vol. 140, n.º 2, 2025, pp. 309-325.
- Kevin Liptak y Hunter Schwarz, «Spicer doesn’t reject concept of ‘Deep State’», CNN, 11 de marzo de 2017; véase también Sean Illing, «The ‘deep state’ is real. But it’s not what Trump thinks it is», Vox, 13 de mayo de 2020.
- Kathryn Olmsted y Simon Willmetts, «State Secrecy Explains the Origins of the ‘Deep State’ Conspiracy Theory», Scientific American, 6 de febrero de 2024.
- Ali Swenson, « Trump has long warned of a government ‘deep state’. Now in power he’s under pressure to expose it », Associated Press, 30 de mayo de 2025.
- Phantoms of a Beleaguered Republic, The Deep State and the Unitary Executive, Oxford University Press, 2021.
- Stanley Bill y Ben Stanley, «Democracy After Illiberalism: A Warning from Poland», Journal of Democracy, vol. 36, n.º 3, julio de 2025, pp. 16-32.
- Richard Kuchta y Jonáš Syrovátka, «From Bucharest to Prague: The Spread of the ‘Romanian Scenario’ Conspiracy Theory in Czechia’s Elections», Institute for Strategic Dialogue, 30 de octubre de 2025.
- Brian Holoyda, «QAnon: Conspiracy Theory», Encyclopædia Britannica.
- Will Rahn y Dan Patterson, «What is the QAnon conspiracy theory?», CBS News, 19 de marzo de 2021.
- Verena Fiebig, «German Sovereign Citizens in the Fight Against the ‘Deep State’: The Adoption of QAnon Narratives in Germany», Studies in Conflict & Terrorism, 2026, pp. 1-17.
- Rosa Schmidt-Vierthaler, «Tiefer Staat und Deep State: Der Kampfbegriff ist in Österreich angekommen», Die Presse, 11 de abril de 2025.
- Paolo Cucchiarelli y Aldo Giannuli, Lo Stato parallelo. L’Italia oscura nei documenti e nelle relazioni della Commissione stragi, Roma, Gamberetti, 1997.
- «Lega, Salvini llena la Piazza del Popolo. Cita a Martin Luther King y dice: “Dadme el mandato para negociar con la UE”», Il Fatto Quotidiano, 8 de diciembre de 2018.
- Massimiliano Scafi, «Compromisos, críticas y lágrimas. Meloni enciende los ánimos en Atreju», Il Giornale, 18 de diciembre de 2023.
- Véase, por ejemplo, el uso que hizo de ella Pablo Iglesias, entonces líder de Podemos, en 2020: «Proponemos combatir las cloacas del Estado con la Constitución en la mano», podemos.info, 2020.
- Sam Jones, «Spanish court points finger at Israel as it drops Pegasus spyware case again», The Guardian, 23 de enero de 2026.
- Eric Gordy, Alena Ledeneva y Predrag Cveticanin (eds.), Captured Societies in Southeast Europe: Networks of Trust and Control, Budapest-Viena, Central European University Press, 2025; Ružica Šimić Banović, «(Former) Informal Networks as a Reflection of Informal Institutions in East European Transitional Societies: Legacy or Opportunism?», Equilibrium. Quarterly Journal of Economics and Economic Policy, vol. 10, n.º 1, 2015, pp. 179-205.
- Kim Lane Scheppele, «Autocratic Legalism», University of Chicago Law Review, vol. 85, n.º 2, 2018, pp. 545-584.
- Francis Fukuyama, op. cit.