Desde hoy y hasta el 20 de agosto, el Grand Continent publicará en acceso libre el «vocabulario de la extrema derecha», fruto del trabajo colectivo de un grupo de investigadoras e investigadores —sociólogos, historiadores, politólogos y sociolingüistas— procedentes de toda Europa, bajo la dirección de Steven Forti. Para recibir cada entrada en su correo electrónico y apoyar el trabajo de una redacción independiente, suscríbase
En agosto de 2024, en pleno desarrollo de los Juegos Olímpicos de París, la diputada de La France Insoumise, Ersilia Soudais, se indignó por la prohibición de llevar el velo impuesta a las atletas de la selección francesa y escribió en X: «Francia es un país islamófobo». 1 En respuesta, la portavoz del gobierno saliente, Prisca Thévenot, otorgó simbólicamente a «La France Insoumise» una medalla de oro: la de «la indecencia y el antifrancismo». 2
La historia de este concepto es mucho más profunda de lo que sugiere este intercambio típico de la viralidad de las redes sociales y su demanda de contenidos polémicos. Para comprenderla, hay que ampliar primero el campo de visión en el espacio y en el tiempo, adentrándose en un imaginario extremo.
En España, encontramos un caso paradigmático en el que este concepto ha acabado por estructurar la doctrina de un partido. 3 Desde la campaña electoral de 2019, Vox, y en particular su presidente, Santiago Abascal, han establecido una división maniquea entre la «España viva», supuestamente representada por ese partido de extrema derecha, y la «Antiespaña», representada por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y sus aliados de izquierda, claramente identificados como traidores y enemigos internos. 4
Desde entonces, el discurso central de la extrema derecha española se articula en torno a la creación de enemigos de la nación y traidores a la patria verdadera y pura. En octubre de 2025, después de que Donald Trump planteara la idea de excluir a España de la OTAN debido a su negativa a aumentar el gasto militar hasta el 5 % del PIB, Abascal declaró públicamente que esperaba que el presidente estadounidense «supiera distinguir entre España y Sánchez», disociando así a un jefe de gobierno elegido democráticamente de la verdadera nación, de la que se erigía en interlocutor legítimo. 5
Genealogía de un concepto
Esta idea de «antinación» no es un nuevo invento dialéctico surgido en la última década ni una creación de la extrema derecha contemporánea, sino un concepto manido y reciclado de los reaccionarios del siglo XIX y de los fascismos del siglo XX, utilizado para designar a quienes estos grupos extremistas consideran sus enemigos políticos definitivos. Enemigos que, por supuesto, pueden ser internos (traidores) y externos (invasores) que amenazan a la nación y su esencia. Todos estos grupos conforman esas fuerzas antagónicas que se cristalizan en la «anti-nación». Charles Maurras había teorizado sobre la «Anti-Francia». 6 Para el líder intelectual de la Acción Francesa, monárquico y profundo antisemita, esta se encontraba en los «cuatro Estados confederados»: protestantes, judíos, masones y «extranjeros» que, a través de la República democrática, corrompían, según él, el «país real». Tras alinearse con Vichy, aunque sin dejar de ser un acérrimo germanófobo, fue condenado en enero de 1945 por colaboración con el enemigo. Un veredicto que acogió exclamando: «¡Es la revancha de Dreyfus!». 7
Este tipo de nacionalismo extremo, típico de la etapa imperialista de las potencias europeas, se extendió por todo el continente hasta Italia, donde se fundó en 1910 la Asociación Nacionalista Italiana (ANI), que se integró en 1923 en el Partido Nacional Fascista.
En España, por el contrario, este concepto aparece ya en el siglo XIX en el marco de los debates universitarios entre los defensores de la Institución Libre de Enseñanza y las fuerzas reaccionarias. El caso de Marcelino Menéndez Pelayo es especialmente significativo: en su obra Historia de los heterodoxos españoles, este polifacético autor tradicionalista desarrolla la idea de que los antiespañoles son enemigos de la nación y concibe a esta como un organismo vivo. Menéndez Pelayo se muestra en ella especialmente crítico con los valores de la Ilustración, asociando sus ideas a una lucha contra lo que considera una acción anticatólica y que representaría la derrota de «la Tradición». En un plano paralelo, en Francia, Maurice Barrès también introduce esta concepción organicista de la nación, resumida en la fórmula que da título a su conferencia de 1899: «la patria es la tierra y los muertos». 8
Sin embargo, fue a lo largo del siglo XX, y más concretamente durante el periodo de la Guerra Civil, cuando el concepto se popularizó en España: el bando franquista, en plena rebelión, se refería de forma recurrente a sus enemigos republicanos como «anti-España». 9 Estos enemigos encarnaban todo lo que se oponía a un sistema de valores basado en el ultracatolicismo nacionalista, y se cristalizaban en la figura del enemigo interior: el socialismo, el comunismo (o bolchevismo), el anticlericalismo, los judíos, la masonería, los nacionalismos periféricos y el sindicalismo de clase en su conjunto.
Es aquí donde conviene mencionar al pensador reaccionario Ramiro de Maeztu y su obra más famosa, publicada en 1931, Defensa de la Hispanidad, que no solo constituye una referencia ideológica para el franquismo, sino que también ha ejercido una gran influencia en el pensamiento político de Vox. 10 Retomando las ideas de la vieja guardia del tradicionalismo español, como Menéndez Pelayo, de Maeztu defiende la unidad nacional hispánica bajo el amparo de un catolicismo ultraconservador capaz de abrir una tercera vía entre el capitalismo y el comunismo, y de sentar las bases de un bloque de Estados hispánicos católicos y autoritarios. 11
Esta corriente nacional-católica se inspiraba, en primer lugar, en la contrarrevolución europea (la «Action française», el fascismo italiano, los corporativismos católicos autoritarios de Dollfuss o Salazar) más que en el nazismo, cuyo racismo biológico y sus inclinaciones neopaganas a veces encajaban mal con una «Hispanidad» basada en el catolicismo. La admiración por la Alemania hitleriana fue, en cambio, asumida por una parte de la Falange y del primer franquismo, que compartían con ella la identificación de los mismos enemigos internos de la nación viva: la democracia y el marxismo.
Es precisamente la Alemania nazi la que ofrece uno de los ejemplos más radicales de la construcción de estos enemigos de la nación, sobre todo mediante campañas de propaganda destinadas a estigmatizar a un enemigo interno encarnado por los judíos, los socialistas y los marxistas.
Contra la Ilustración: ayer y hoy
Los grupos que componen esta «antinación» varían según los contextos históricos y nacionales, pero la estructura del discurso se mantiene notablemente estable. Al agrupar a adversarios muy diferentes en una misma categoría, permite identificar rápidamente a los enemigos comunes y señalarlos como una amenaza única. Esta plasticidad favorece tanto la transferencia ideológica como la circulación transnacional de los repertorios de la extrema derecha, que posteriormente pueden adaptarse a las particularidades de cada país. Es precisamente gracias a esta capacidad de agrupar a todos estos grupos en torno a una enemistad central definida de forma imprecisa como pueden surgir conceptos aglutinadores como el «marxismo cultural», 12 una teoría de la conspiración forjada en la década de 1990 por la extrema derecha estadounidense, heredera del «bolchevismo cultural» (Kulturbolschewismus) que el Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP) esgrimía contra el arte y el pensamiento considerados «degenerados», o su versión popularizada por la Ilustración Oscura y Elon Musk, el «woke mind virus».
Hay dos ejemplos especialmente significativos de esta difusión: por un lado, su uso por parte del hombre más rico del mundo durante su entrevista, a principios de 2025, con la líder de Alternativa para Alemania (AfD), Alice Weidel, en su propia red social X; por otro lado, el uso que hizo de ella el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, al calificar los valores progresistas de «virus» creado en un laboratorio liberal para destruir la nación, llegando incluso a establecer un paralelismo entre el «virus woke» y el «comunismo». 13
Este discurso se entremezcla también con otros que pretenden representar a la nación de forma organicista, una concepción reciclada de los siglos XIX y XX. 14 Esta representación modifica profundamente la forma de concebir la política. De hecho, si la nación está viva, eso también significa que puede morir o, según una noción omnipresente en el discurso de la extrema derecha, suicidarse. Así es como la define Santiago Abascal, en una formulación que recuerda directamente a Maurice Barrès: «Si la mayoría de los españoles de hoy quisiera suicidar a España, tendríamos que impedirlo. La nación está compuesta por los muertos, los vivos (el pueblo) y los que están por nacer». 15
Esta visión no se limita al caso español. Italia también ofrece un ejemplo esclarecedor de esta concepción de una «nación viva» que habría que proteger de las amenazas que se ciernen sobre su existencia. Las «Tesis de Trieste» de 2017, principal texto ideológico y programático de Fratelli d’Italia (FdI), definían así a las naciones como «organismos vivos» y señalaban enemigos existenciales (la globalización, el comunismo o incluso el progresismo) contra los que deben defenderse. 16
En los discursos de la extrema derecha internacional, los grupos que componen esta «antinación» se presentan como un peligro que puede llegar a amenazar la propia supervivencia de la nación. Esta dramatización alimenta una radicalización del discurso y una agresividad creciente hacia los adversarios políticos. Estos pueden ser deshumanizados y descritos como amenazas existenciales, hasta el punto de legitimar, o incluso normalizar, el recurso a la violencia política en nombre de la salvación del país.
Javier Milei, en Argentina, ofrece un ejemplo esclarecedor. El presidente identifica a un enemigo interno encarnado por una «casta» y compara a los parlamentarios elegidos democráticamente con «ratas» o «mandriles» 17 y los designa explícitamente como enemigos en lugar de como adversarios. 18. Este cambio léxico rompe con la lógica democrática, basada en la legitimidad del pluralismo, para transformar la competencia política en un enfrentamiento existencial.
Otro ejemplo revelador de esta lógica es la campaña llevada a cabo contra los movimientos antifascistas. El 22 de septiembre de 2025, Donald Trump designó mediante un decreto a Antifa como «organización terrorista interna», 19 a pesar de que no se trata de una organización constituida, sino de un movimiento descentralizado, y de que la legislación federal estadounidense no contempla ninguna categoría jurídica de «organización terrorista interna». El alcance del decreto es, ante todo, político: allana el camino para la vigilancia y la criminalización de una corriente de opinión, lo que marca una nueva etapa en el cambio de régimen en Estados Unidos.
Esta secuencia ilustra también la difusión internacional de estos repertorios de acción. Pocos días después del decreto de Trump, Viktor Orbán anunciaba que, a su vez, quería calificar a Antifa como organización terrorista. En los Países Bajos, la Segunda Cámara aprobó una moción en este sentido presentada por Geert Wilders (PVV), mientras que el eurodiputado del Vlaams Belang, Tom Vandendriessche, reclamaba la inclusión de Antifa en las listas de organizaciones terroristas belgas y europeas. 20
Sin duda, sería descabellado afirmar que la portavoz del gobierno francés retomó conscientemente esta expresión recuperando su origen, pero llama la atención que fuera precisamente durante los Juegos de Milán-Cortina de 2026 cuando resurgió en boca de Giorgia Meloni y Matteo Salvini.
Sin duda, el momento no es nada baladí: los grandes eventos deportivos, y los Juegos Olímpicos en primer lugar, crean un poderoso imaginario nacional y generan un efecto de unión en torno a la bandera, del que los gobiernos en el poder tratan de sacar partido; cualquier crítica o perturbación se convierte entonces, por simetría, en un ataque a la propia nación.
Mientras que, tras los enfrentamientos ocurridos durante la manifestación en Milán contra los Juegos de Invierno y una serie de actos de sabotaje, en particular contra cables ferroviarios, la presidenta del Consejo calificó de «enemigos de Italia» a quienes se manifestaban contra los Juegos, atribuyendo así a todos los manifestantes la responsabilidad de los actos violentos. 21 Por su parte, Matteo Salvini, vicepresidente del Consejo y líder de la Liga, utilizó explícitamente el concepto de «antiitalianos» 22 para referirse a los sindicatos del transporte aéreo que habían mantenido su huelga durante los Juegos Olímpicos.
De las palabras a las cosas
Al basarse en el marco de referencia de la nación —que, por definición, es compartido—, este discurso tiene una capacidad singular para situarse en el centro del debate político. El Reino Unido ofrece un ejemplo esclarecedor: Reform UK, de Nigel Farage 23 y el Partido Conservador 24 han convertido al «virus woke» en un adversario central, transformando un término deliberadamente vago en una categoría política que engloba a todos aquellos que se considerarían ajenos a la verdadera nación británica.
Esta convergencia pone de manifiesto una circulación horizontal de los repertorios discursivos entre las nuevas formaciones de extrema derecha y los partidos conservadores tradicionales. Favorece una «contaminación» de las estrategias políticas que contribuye a normalizar, y posteriormente a banalizar, categorías y representaciones procedentes de la extrema derecha.
Mientras que la extrema derecha se presenta con gusto como la única fuerza «patriota» (ese es, por cierto, el nombre de uno de sus grupos en el Parlamento Europeo, Patriotas por Europa) y se apropia de los símbolos nacionales, desde las banderas hasta las fiestas nacionales, e incluso la camiseta de la selección de futbol, como ocurre en Brasil, todos aquellos que no comparten sus valores reaccionarios son relegados al bando de los antinación.
En el siglo XX, esta categoría abarcaba el sindicalismo, el comunismo, a los judíos, la masonería o incluso el anticlericalismo. Hoy en día, se ha ampliado al multiculturalismo, a los «globalistas» acusados de organizar la disolución de las naciones, a los movimientos liberales, al feminismo, a las personas LGBTIQ+, a la Agenda 2030 de las Naciones Unidas —el programa adoptado en 2015 que establece 17 objetivos de desarrollo sostenible en materia de clima, lucha contra las desigualdades, salud, educación y gobernanza—, o incluso a los ecologistas, rebautizados como «fanáticos del clima». A todos estos grupos se les acusa de ser responsables del declive nacional y occidental. Al presentarlos como amenazas existenciales, la extrema derecha puede erigirse como la única fuerza capaz de preservar la integridad y la identidad de una nación al borde del suicidio.
Uno de los ejemplos más llamativos de esta designación de la «antinación» lo vuelve a ofrecer Vox. En junio de 2023, en plena campaña para las elecciones generales anticipadas, el partido colocó en una fachada de la calle de Alcalá, en Madrid, una pancarta gigante, que fue retirada unos días más tarde por decisión de la Junta Electoral. En ella se ve una mano que lleva una pulsera con los colores de la bandera española y que tira a la basura una serie de símbolos: el logotipo de la Agenda 2030, el símbolo del feminismo, la bandera LGBTIQ+, la hoz y el martillo comunistas y, como particularidad del contexto español, la estelada independentista catalana, acompañados de una serie de palabras: imposición, inseguridad, división, pobreza, abandono e invasión. El conjunto está coronado por un eslogan sin ambigüedades: «Decide lo que importa». 25
La deshumanización del adversario político y la transformación de la competencia democrática en una guerra de civilizaciones son, al día de hoy, rasgos recurrentes en los discursos de la extrema derecha. Sin entrar en los precedentes históricos a los que aluden, es importante destacar su vínculo con lo que la literatura denomina «terrorismo estocástico». Este concepto se refiere a una forma de violencia favorecida indirectamente por discursos que señalan constantemente a determinados grupos como enemigos, los demonizan y los presentan como amenazas existenciales contra las que hay que actuar para salvar a la nación. Sin incitar explícitamente a la violencia, estos discursos pueden llevar a personas radicalizadas por su repetición a cometer actos mortíferos.
El asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021, la masacre perpetrada por Anders Breivik, cuyo manifiesto apuntaba precisamente al «marxismo cultural», o incluso el asesinato del prefecto Walter Lübcke a manos de un neonazi alemán ilustran las posibles consecuencias de esta dinámica. 26 Nos recuerdan que la construcción de la «antinación» no es solo una estrategia retórica: también puede crear las condiciones para un paso a la violencia política.
Notas al pie
- Publicación en el perfil de X de Ersilia Soudais, 11:27, 10 de agosto de 2024.
- Entrevista a la Sra. Prisca Thévenot, ministra delegada encargada de la Renovación Democrática y portavoz del Gobierno, en Sud Radio el 12 de agosto de 2024.
- Arnau Fernández y Marina Segovia, «Ha vuelto la Antiespaña. Vox y su violencia discursiva», El Salto, 18 de abril de 2019.
- Miguel González, «Abascal desentierra la “antiEspaña” para descalificar a la izquierda», El País, 27 de abril de 2019.
- «Abascal espera que Trump “sea capaz de distinguir entre España y Sánchez” tras apostar por expulsarla de la OTAN», Europa Press, 10 de octubre de 2025.
- Koenraad W. Swart, The Sense of Decadence in Nineteenth-Century France, Martinus Nijhoff, 1964.
- Paola Salvatori (ed.), Nazione e anti-nazione. Il movimento nazionalista dalla guerra di Libia al fascismo (1911-1923), Viella, 2016.
- Maurice Barrès, «La Terre et les Morts», 10 de marzo de 1899.
- Raúl Morodo, Acción Española: orígenes ideológicos del franquismo, Tucar, 1980.
- Ramiro de Maeztu, Defensa de la Hispanidad, Madrid, Gráficas Universal, 1931
- Gilberto Aranda y Rodrigo Escribano, «Las múltiples hibridaciones del posfranquismo populista de Vox», Desafíos, vol. 34, n.º 2, pp. 1-36, 2022.
- Jérôme Jamin, «Cultural Marxism: A Survey», Religion Compass, vol. 12, n.º 1/2, pp. 1-12, 2018.
- «Orbán: Saying no to migration, gender ideology and war ‘antidote to progressive virus’», The Budapest Times, 4 de mayo de 2023.
- Steven Forti (ed.), Historical Roots of Extremist Narratives in Europe, Zenodo, 2024.
- Santiago Abascal, Hay un camino a la derecha. Una conversación con Kiko Méndez-Monasterio, Stella Maris, 2015.
- Fratelli d’Italia, Tesi di Trieste per il movimento dei patrioti, 2017.
- Javier Lorca, «La deriva discursiva de los ataques de Milei: de ‘la casta’ a ‘los mandriles’», El País, 28 de abril de 2025.
- Extracto de una entrevista a Javier Milei, publicación de Instagram de lanacionmas, 8 de marzo de 2026.
- «Trump says he plans to designate antifa as ‘major terrorist organization’», The Guardian, 18 de septiembre de 2025.
- Jennifer Rankin, «European far right follows Trump in calling for antifa to be declared terrorists», The Guardian, 12 de octubre de 2025; Valentina Romagnoli, «Definire terroristi gli Antifa : in arrivo la proposta della Lega sulla falsariga di quanto fatto da Trump negli Stati Uniti», L’Espresso, 25 de marzo de 2026.
- «Meloni: ‘Chi manifesta contro le Olimpiadi è nemico dell’Italia’», La Repubblica, 8 de febrero de 2026.
- «Salvini, sindacati anti-italiani, assurdo sciopero durante Olimpiadi», ANSA, 12 de febrero de 2026.
- Jon Craig, «Reform UK leader Nigel Farage attacks ‘woke virus’ in big companies after end of NatWest debanking battle», Sky News, 27 de marzo de 2025
- Will Durrant, «Braverman blames Tory defeat on failure to tackle immigration and ‘woke virus’», Independent, 9 de julio de 2024.
- Asier Martiarena, «Interior tilda de “grave” la “lona del odio” desplegada por Vox en el centro de Madrid», La Vanguardia, 20 de junio de 2023.
- «German far-right gunman gets life for murder of politician Lübcke», BBC, 28 de enero de 2021.