• Política

El plan de la extrema derecha alemana para poner a Europa al servicio de Berlín

La AfD ya no se limita a querer abandonar la Unión, sino que quiere transformarla desde dentro.

Traducimos y comentamos la versión íntegra de este documento inédito.

El miércoles 21 de octubre, la AfD presentó un programa para desmantelar la Unión Europea en caso de que se formara una mayoría «patriótica y de derechas» en el Parlamento Europeo en 2029. El texto, de 14 páginas, ha sido elaborado por la delegación parlamentaria de la AfD, que forma parte del grupo ESN, cuyos 27 diputados constituyen el grupo más pequeño del Parlamento Europeo. El partido de extrema derecha concibe su estrategia en función de dos circunstancias electorales: la conquista del poder en Alemania y una alianza de las derechas populistas y nacionalistas en el Parlamento. La AfD desea una Europa-fortaleza, pero una Unión vaciada de toda su esencia, que se disolvería ante el principio, repetido sistemáticamente, de la soberanía del pueblo, que solo se expresa en el marco nacional.

Aunque el plan recoge parte de las medidas defendidas por la extrema derecha, también incluye cuestiones más específicas de Alemania, desde la defensa de los intereses financieros hasta la insistencia en el derecho a utilizar dinero en efectivo.

El concepto de «Dexit», que la presidenta de la AfD, Alice Weidel, utiliza en ocasiones en la escena política nacional, no aparece de forma inmediata en este programa, sino más bien como un posible último recurso. Si sus negociaciones fracasan, la AfD afirma que quiere devolver la decisión al pueblo mediante un referéndum sobre la Unión Europea en caso de que pierda el pulso con sus socios. Durante la rueda de prensa, la presidenta del partido no confirmó la estrategia respecto a la moneda común expresada en el programa. 1 

El plan prevé una reorientación institucional, financiera e ideológica de Europa: el fin de la elección directa del Parlamento Europeo por sufragio universal, el papel central del Consejo Europeo y la reducción de la función de la Comisión a la de un mero ejecutor administrativo de las decisiones de este último. El partido prevé asimismo la supresión o la «reducción» de gran parte de las direcciones.

El texto utiliza la expresión «Unión Europea» únicamente en sentido negativo, y por lo general en pasado, y solo menciona «Europa» o el «ámbito europeo» (Europäische Ebene) cuando se trata de la nueva forma que se le debe dar.

El programa se lee también como una serie de rechazos dirigidos a la Unión Europea contra una supuesta ampliación ilimitada de sus ámbitos de competencia, y propone una restricción radical de los ámbitos compartidos: mercado común, fronteras exteriores, armamento, investigación y tecnología, y defensa del patrimonio cultural común. Fuera de estos ámbitos, la AfD contempla ámbitos igualmente limitados de competencias compartidas y rechaza todo lo demás. Sin embargo, el programa se basa en postulados en gran medida poco realistas que harían que la cooperación europea resultara completamente ineficaz, incluso en los ámbitos que la AfD prevé conservar.

La AfD propone una Europa de las naciones sin ninguna pretensión normativa en materia cultural, social o ecológica. La amenaza del derecho de exclusión voluntaria, denominado en el texto «Opt-Out», funciona como una estrategia de chantaje permanente.

La reorganización de la cooperación europea: naciones soberanas, Europa común

Prólogo: Una Europa de las naciones como objetivo de la política alemana

En 2029 podría suceder lo que hasta ahora apenas nos habíamos atrevido a imaginar: una mayoría patriota y de derecha en el Parlamento Europeo está al alcance de la mano. Esto hace posible un cambio en la orientación fundamental de Europa. Hay que aprovechar esta oportunidad histórica. No solo para realizar ajustes superficiales, sino para llevar a cabo una reorganización fundamental de la cooperación europea. Los errores en el desarrollo de la Unión Europea y de la moneda común son tan profundos que unas pocas reformas no bastarían. Por lo tanto, una mayoría patriota de derecha debe llevar a cabo cambios sustanciales. ¡Queremos renegociar los tratados europeos!

Si bien la demanda de una modificación de los tratados europeos ha sido el eje central del movimiento proeuropeo durante las últimas décadas, resulta interesante observar que la AfD la retoma como base fundamental de un programa de reforma soberanista. De este modo, da la vuelta al discurso proeuropeo en beneficio de su «agenda patriótica».

Las competencias europeas deben limitarse a aquellos ámbitos en los que las ventajas concretas sean evidentes. Su misión consiste, ante todo, en la protección efectiva de las fronteras exteriores de Europa, el mercado común, la lucha transfronteriza contra la delincuencia, así como la cooperación y la coordinación en materia de política de seguridad.

Esta reorganización tendrá, inevitablemente, consecuencias financieras e institucionales. El presupuesto a nivel europeo se reducirá considerablemente y el aparato administrativo europeo se recortará drásticamente. ¡Alemania debe dejar de desempeñar el mismo papel que lleva décadas desempeñando, el de tesorero obligado a realizar aportaciones excesivas!

La arquitectura de la moneda común también debe transformarse de manera fundamental. Es necesario restablecer los criterios de estabilidad iniciales del Tratado de Maastricht como fundamento del euro, y el derecho de voto de cada país en el Consejo del BCE debe estar vinculado a su tamaño. Alemania debe recibir un derecho de voto acorde con su peso financiero y económico. Los saldos TARGET negociados dentro de la zona del euro se suprimirán y se sustituirán por activos patrimoniales regulares. Se introducirá un reglamento sobre insolvencia en la unión monetaria y el BCE recuperará su neutralidad en materia de política monetaria.

Mientras este proceso de negociación siga en curso, las posibilidades del «opt-out» —tal y como las utilizan Dinamarca, Suecia, Polonia y otros Estados miembros— son la mejor opción para proteger a Alemania de los perjuicios (soberanía cooperativa). Estas disposiciones de «opt-out» pueden utilizarse para que Alemania no se vea obligada a participar en políticas de gran alcance y especialmente perjudiciales para nuestro país, como la asignación de inmigrantes que carecen de derecho de residencia en Alemania de conformidad con los acuerdos de Dublín, o los préstamos de la Unión Europea garantizados de forma conjunta.

La idea de «simplemente» retirarse (opt-out) de determinadas políticas de la Unión Europea pone de manifiesto cómo funciona la retórica de la AfD sobre Europa: prometer que es posible conservar únicamente aquellas políticas que se consideren acordes con los intereses alemanes. En este sentido, los ejemplos de Dinamarca, Suecia y Polonia son engañosos, ya que sus respectivas cláusulas de exclusión voluntaria se acordaron antes de la integración de dichas políticas (como en el ámbito de la justicia y los asuntos de interior y en el Eurosistema).

El año 2029 podría ser, por tanto, un hito histórico. Si resultara que, a pesar de un gobierno alemán en el que participara la AfD y de mayorías favorables, la transformación sustancial de la Unión Europea fuera imposible, la decisión debería recaer en quien, en democracia, ostenta el poder en última instancia: el pueblo. Entonces, el pueblo alemán deberá elegir por sí mismo el camino europeo que seguirá Alemania. El año 2029 es histórico, ya que nos permite convertir una Europa cada vez más centralizada en una Europa de naciones soberanas.

Esto ilustra la evolución más general del enfoque de la AfD respecto a la Unión Europea: en su congreso de 2025 en Riesa, el partido defendió la postura de salir de la Unión Europea para construir una «Confederación de naciones europeas». Lo que se observa hoy, con este programa y la presentación de las ideas de Alice Weidel en Estrasburgo, es que la AfD busca transformar la Unión desde dentro.

Capítulo II: Organización de las competencias y responsabilidades a nivel europeo y nacional

La expansión insidiosa de las competencias europeas en ámbitos relacionados con la autodeterminación nacional y la garantía de su existencia es la causa de la pérdida de confianza en la Unión Europea. Una Europa preparada para el futuro necesita dos cosas: una delimitación clara entre las verdaderas misiones comunes y las competencias nacionales, y un instrumento eficaz que imponga esa delimitación en caso de controversia. Ese instrumento es la «no participación», el «opt-out» soberano.

1. El derecho de exclusión voluntaria («Opt-Out», N. del T.) como medida correctora de la organización de las competencias

Cuando la Unión Europea se excede en sus funciones fundamentales e interviene sin justificación en las competencias nacionales sin que ello genere un valor añadido común identificable, los Estados miembros tienen derecho a no participar. Dinamarca, Irlanda, Polonia y, hasta 2020, el Reino Unido han demostrado que los caminos propios (Sonderwege) garantizados por los tratados no debilitan la cooperación europea, sino que, por el contrario, la refuerzan. Obligan a la Unión a autolimitarse en lo que realmente requiere una norma común. Alemania utilizará en el futuro este instrumento con determinación, no como una retirada o una huida, sino como una corrección al servicio de una Europa común, que solo actúa cuando ello beneficia directamente a sus pueblos.

2. Las funciones fundamentales de una verdadera cooperación europea

En los siguientes ámbitos, la acción común es una expresión de la subsidiariedad y no una violación de la misma; se trata de ámbitos en los que la cooperación europea aporta un valor añadido demostrado:

  • El mercado interior como espacio de libertad económica

Somos partidarios del libre comercio de bienes, servicios, capitales y personas, siempre que beneficie a nuestros pueblos. El mercado interior debe liberarse de las trabas que perjudican a la economía. En lugar de los excesos de regulación burocrática, como el Pacto Verde, REACH o las directivas ESG, apostamos por liberar el potencial económico de nuestros empresarios y trabajadores y por mantener nuestro tejido industrial.

A diferencia de sus declaraciones anteriores, la AfD podría recurrir con mayor frecuencia a una visión constructiva de la Unión Europea. El texto menciona incluso la libre circulación de trabajadores, que no figuraba en los programas anteriores del partido.

Por otra parte, estas reivindicaciones no podrán llevarse a cabo si se recorta drásticamente el presupuesto europeo, tal y como exige la AfD.

  • El escudo del continente: una protección eficaz de nuestras fronteras exteriores

La soberanía es inconcebible sin la integridad física de las fronteras. La protección sin fisuras de las fronteras exteriores de la Unión Europea no es una opción, sino un deber existencial. Solo una defensa reforzada de las fronteras puede garantizar la seguridad interior, el Estado de derecho y la identidad cultural de nuestro continente. Es la base sobre la que se asientan la confianza y el orden en nuestro continente.

  •  Defensa del patrimonio natural europeo

La protección del aire, de los cursos de agua y de la diversidad biológica es la protección de nuestra patria (Heimat) natural. Allí donde los espacios naturales no se detienen en las fronteras naturales —como en el caso de la limpieza de nuestros grandes ríos o la protección de los bancos de peces de nuestros mares—, coordinamos nuestra actuación con determinación. Garantizamos el patrimonio natural europeo para las generaciones venideras.

  • Armamento y tecnología de defensa

Una verdadera autonomía estratégica requiere renunciar a las dependencias energéticas, en particular respecto a potencias no europeas. Apostamos por la cooperación entre las industrias de defensa de los Estados soberanos: mediante el desarrollo conjunto en ámbitos clave como los sistemas de drones o la inteligencia artificial aplicada a la seguridad, y mediante la adquisición prioritaria mutua, unimos nuestras fuerzas para crear un arsenal común de las naciones. La cooperación sirve aquí para la afirmación tecnológica y el fortalecimiento industrial, mientras que el mando de los soldados permanece necesariamente en manos de los Estados.

  •  Investigación y tecnología

Para poder decidir su propio futuro, Europa debe romper su dependencia tecnológica respecto a las potencias no europeas. Aunamos fuerzas en la investigación de vanguardia: desde la exploración espacial hasta las innovaciones médicas revolucionarias y el desarrollo de modelos propios de inteligencia artificial, pasando por las fuentes de energía del futuro. Europa debe ser un centro de excelencia que afirme su libertad mediante avances tecnológicos.

  • Protección de nuestro patrimonio occidental-cristiano

La identidad de nuestro continente se manifiesta en una diversidad material y espiritual única: se nutre de la singularidad de sus lenguas, de la profundidad de su filosofía y su cultura jurídica, de la grandeza de su música, así como de sus catedrales y de los lugares donde nuestra historia se ha grabado en piedra. La protección de nuestro patrimonio en su conjunto es un deber para con nuestra historia y nuestros descendientes.

3. No participación nacional: en los casos en que Alemania hace uso de su derecho de exclusión voluntaria («Opt-Out», N. del T.)

En los siguientes ámbitos, la Unión Europea carece de la legitimidad que le confieren los tratados y la democracia para llevar a cabo una actuación centralizada: por lo tanto, Alemania aboga por una renegociación fundamental de los tratados europeos para devolver estas competencias de forma duradera y oficial al ámbito nacional, de conformidad con el principio del Derecho de la Unión de la habilitación caso por caso (Einzelermächtigung), según el cual cualquier competencia que no se haya delegado explícitamente sigue siendo competencia de los Estados miembros. Mientras esta reorganización no se haya completado mediante un tratado, en aquellos ámbitos en los que Europa intente inmiscuirse en el núcleo de la soberanía nacional, Alemania hará uso decididamente de su derecho a la no participación, el derecho de exclusión voluntaria («Opt-Outs», N. del T.).

  • La política fiscal y social

La organización del Estado social y la recaudación de impuestos forman parte del núcleo inalienable de la autodeterminación democrática. Rechazamos cualquier forma de armonización social europea. Con nosotros no habrá ni salario mínimo europeo, ni seguro de desempleo europeo, ni fondo social supranacional. La garantía de la autonomía de los interlocutores sociales a nivel nacional y la protección de nuestra estructura económica tienen prioridad absoluta sobre el igualitarismo y un Estado de bienestar impuesto por la Unión Europea.

  • La migración y el asilo

Decidir quién entra en nuestro territorio y quién permanece en él es la característica más fundamental de la soberanía del Estado. Apoyamos expresamente la cooperación para garantizar una protección sin fisuras de las fronteras exteriores, así como soluciones europeas para la externalización de los procedimientos de asilo en terceros países. Pero lo que rechazamos rotundamente es la gestión intraeuropea de la migración a costa de la capacidad de actuación de las naciones. Alemania ya no participará en ningún mecanismo de reparto ni de cuotas de solicitantes de asilo. Siguiendo el modelo de la excepción concedida a Dinamarca, exigimos una «cláusula de exclusión voluntaria u opt-out» que nos garantice una capacidad ilimitada para denegar el acceso en las fronteras. La cooperación europea es necesaria en las fronteras, pero la decisión de última instancia en la frontera alemana debe seguir siendo soberana.

  • La política de seguridad y defensa

La decisión sobre la guerra y la paz constituye la instancia decisiva de la soberanía estatal y nunca puede delegarse en instituciones supranacionales; rechazamos rotundamente un ejército de la Unión Europea con una dirección centralizada, así como la puesta en común de la política de defensa. La reserva parlamentaria constitucional y el mando nacional que ejerce el Parlamento sobre nuestro ejército (Parlamentsheer, N. del T.) son intangibles. Alemania no participará en ninguna estructura militar supranacional que socave las cadenas de mando nacionales y someta a los soldados alemanes a doctrinas de intervención extranjeras.

  • La injerencia en cuestiones sociales

El ámbito europeo no tiene ningún mandato para modificar los ordenamientos sociales heredados de la historia y la cultura de sus Estados miembros. Nos negamos a participar en programas que, bajo el pretexto de los «valores» o la «sociedad civil», imponen un control ideológico en las políticas de género, climáticas o familiares. La financiación de redes políticas y ONG con fondos europeos constituye un abuso de los fondos públicos y Alemania no la apoyará ni la tolerará.

  •  La distribución y las subvenciones permanentes

La verdadera solidaridad implica la responsabilidad individual. Nos oponemos al establecimiento insidioso de una unión de transferencias en Europa. No puede existir una lógica de cohesión que enmascare la falta de competitividad mediante subvenciones permanentes. Las transferencias financieras sin una contrapartida firme y cuantificable y sin reformas estructurales consolidan las dependencias y, por lo tanto, serán bloqueadas por un veto alemán. Estas reservas no son un batiburrillo de reivindicaciones individuales, sino la aplicación coherente de un principio político: toda competencia que no forme parte del núcleo de las verdaderas misiones de Europa recae necesariamente en la nación. Para garantizar de forma duradera este principio de restitución en el Derecho primario, la renegociación de los tratados europeos con arreglo al artículo 48 del TUE es el objetivo esencial que, si es necesario, conseguiremos durante el período de transición mediante un derecho de exclusión («Opt-Out», N. del T.) alemán. La forma de consagrar este instrumento en la legislación y su aplicación en los distintos ámbitos políticos se desarrolla en la hoja de ruta del capítulo VII.

Esto no será bien recibido por los «socios patriotas» de la AfD dentro del grupo ESN, procedentes de Polonia, la República Checa y otros países.

Alice Weidel (en el centro), copresidenta de la AfD, y los eurodiputados de la AfD René Aust (a la derecha) y Alexander Sell (a la izquierda), en Estrasburgo, el 21 de octubre de 2026.

Capítulo III: Arquitectura institucional: un parlamento de las naciones

Una organización de competencias que solo existe sobre el papel, pero que no está arraigada en las instituciones ni en la soberanía del pueblo, carece de efecto. La estructura administrativa actual de la Unión Europea se caracteriza por la dispersión de responsabilidades, una Comisión desmesurada, una práctica legislativa que concede acceso privilegiado a los grupos de presión y un Parlamento con escasa conexión con las naciones, por lo que está totalmente fuera de control. Una reorganización institucional de la Unión Europea debe garantizar que los límites establecidos en el capítulo II entre las competencias nacionales y las europeas sean también aplicables de forma democrática.

1. Legitimación democrática a través de los parlamentos nacionales

Queremos una Europa de naciones soberanas. Por ello, el Parlamento Europeo ya no debe elegirse por sufragio directo, sino estar compuesto por diputados enviados por cada una de las naciones. Cada representación nacional elige a sus delegados en función de las mayorías de cada país y transmite así directamente su legitimidad democrática al trabajo en comisión (Gremienarbeit, N. del T.) a nivel europeo. De este modo, el Parlamento sigue vinculado a los ciudadanos de las naciones en lugar de desarrollar su propia lógica.

El proyecto de la AfD prevé un retorno a la situación anterior a 1979 para el Parlamento Europeo, al que se le niega toda forma de legitimidad democrática a pesar de haber sido elegido por sufragio universal. Dado que, según la concepción del partido, toda democracia se basa exclusivamente en la nación, la creación de partidos y grupos transnacionales entre los diputados de Estrasburgo es, por su propia naturaleza, antidemocrática.

2. Competencias claras: el Consejo decide, la Comisión gestiona

El Consejo Europeo se convierte en el órgano central de decisión: los jefes de Estado y de gobierno negocian y deciden directamente. La Comisión queda relegada a una función de coordinación y ejecución, y deja de actuar como un gobierno de facto. Se reduce drásticamente el número de direcciones generales y agencias, se disuelven las estructuras superfluas y se fusionan las competencias que se traslapan. Un control periódico y una supresión sistemática de los actos jurídicos de la Unión Europea garantizan que los Estados miembros conserven su poder de decisión.

Esto significa que el Consejo Europeo se convertiría en el poder ejecutivo de la Unión Europea: propondría y aprobaría la legislación. La Comisión Europea se vería privada de su poder ejecutivo y reducida a un órgano de coordinación subordinado al Consejo Europeo. Esto iría en contra de la esencia misma de la integración europea tal y como la conocemos, ya que Jean Monnet concibió deliberadamente la Alta Autoridad como una institución independiente, claramente orientada hacia una perspectiva verdaderamente europea, más allá de los intereses nacionales. Este vínculo con un bien común europeo más amplio desaparecería con un dispositivo institucional de este tipo.

3. Primacía del Derecho nacional

Las constituciones nacionales prevalecen sobre el Derecho secundario europeo, siempre que este no afecte a las verdaderas funciones fundamentales de la Unión Europea. En el ámbito de las funciones fundamentales —en particular, el mercado interior—, el Derecho europeo es único y vinculante para todos los Estados miembros: solo así puede funcionar un espacio económico común. La primacía del Derecho nacional se aplica, por tanto, precisamente cuando la Unión Europea se excede de las competencias que le confieren los tratados e interfiere en el núcleo de la soberanía nacional, y no cuando los Estados miembros le han confiado conscientemente una competencia normativa. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea se transformará en un tribunal de arbitraje europeo, que intervendrá únicamente como órgano interestatal en cuestiones bien definidas del Derecho de los tratados europeos dentro de las competencias transferidas, y no en materia de competencias nacionales o constitucionales. Los artículos 4 y 5 del TUE se modificarán en consecuencia, para que el alcance de las competencias y la soberanía interpretativa nacional queden garantizados legalmente.

Aquí se refleja la lógica de una Europa «a la carta»: mantener un orden jurídico europeo unificado allí donde se considere necesario, como en el mercado único (una declaración que resulta aún más interesante si se tiene en cuenta que la AfD quería abandonarlo hace apenas dos años), al tiempo que se establece la primacía del derecho nacional en aquellos ámbitos en los que la Unión Europea se extralimita en sus competencias, algo sobre lo que se pronunciaría el futuro tribunal de arbitraje europeo (en lugar del TJUE).

4. El marco jurídico del derecho de exclusión voluntaria («Opt-Out»)

Para que las reservas nacionales mencionadas en el capítulo II no se queden en meras declaraciones de intenciones, es necesario incorporar protocolos vinculantes en los tratados de la Unión Europea, siguiendo el modelo de los regímenes de excepción de los que se benefician Dinamarca e Irlanda. Un derecho de exclusión voluntaria («opt-out») solo es efectivo si está garantizado por los tratados y no puede ser revocado a discreción de la Comisión. Esta reforma institucional confiere así una base jurídica a las exigencias de fondo en materia de reparto de competencias.

Gracias a esta arquitectura, ponemos fin a la era del centralismo de Bruselas y sentamos las bases de una Europa que no se sustente en normativas, sino en la libre voluntad de sus pueblos. Estamos construyendo un edificio en el que la libertad y la soberanía no se oponen, sino que, por el contrario, constituyen las condiciones necesarias para su perdurabilidad.

Capítulo IV: Soberanía financiera: la responsabilidad en lugar de la unión de las transferencias

La soberanía financiera es la base de toda autodeterminación nacional. Un pueblo que ya no decide sobre el uso de los recursos que ha generado pierde su capacidad de actuar políticamente. El actual sistema financiero de la Unión Europea se ha alejado de los principios de responsabilidad individual y honestidad, y ha sido sustituido por un sistema de garantía colectiva y reparto. La nueva Europa exige un retorno a la verdad fiscal: la libertad y la responsabilidad deben volver a ser inseparables.

1. Poner fin al cargo de tesorero: un presupuesto limitado

El fin del papel de Alemania como tesorero de la Unión Europea no es una mera exigencia fiscal, sino un acto de afirmación democrática. Exigimos un límite máximo estructural y una reducción del presupuesto de la Unión Europea.

Alemania ha sido y sigue siendo el principal beneficiario del mercado único y, por lo tanto, es el que más contribuye (aproximadamente un 23 %) al presupuesto de la Unión Europea. De estos pagos obtiene beneficios considerables, cuantificables tanto en términos absolutos como relativos, debido a su capacidad exportadora e importadora dentro del mercado único.

  • La soberanía contributiva

La lógica de la redistribución automática llega a su fin. Exigimos la supresión del IVA y de los fondos propios «plásticos», así como una reducción drástica de la contribución neta alemana. En el futuro, Alemania solo destinará fondos a tareas que aporten un valor añadido europeo demostrable.

  • La eficiencia administrativa

La administración de la Unión Europea no debe ser un fin en sí misma. Exigimos una congelación estricta de la plantilla y la disolución sistemática de aquellas agencias que no aporten ventajas funcionales básicas.

2. Invertir en la convergencia en lugar de en la financiación de una ideología

Los recursos públicos no deben utilizarse indebidamente para la reeducación ideológica. El ámbito europeo no tiene el mandato de intervenir en el orden establecido de los pueblos financiando ONG politizadas o programas sociopolíticos.

  • El principio del valor añadido

Los programas de la Unión Europea destinados a promover los «valores» o la «educación para la democracia», que en realidad sirven para ejercer una influencia política unilateral, deben suprimirse sin sustitución alguna.

  • Una convergencia real

La política de cohesión está pasando de un sistema de transferencias permanentes a un modelo de progreso cuantificable. Ayudar a las personas a ayudarse a sí mismas en lugar de afianzar su dependencia: en el futuro, los fondos solo se concederán en función de indicadores de convergencia estrictos y con una mayor contribución nacional.

3. Soberanía en materia de inversiones: capital privado y alianzas estratégicas en lugar de los fondos de Bruselas financiados con deuda

La dramática debilidad de Europa en la competencia industrial y tecnológica mundial se debe a una flagrante falta de capital riesgo y de capital privado. La creación de fondos europeos cada vez más numerosos, financiados mediante deuda, no hace más que ocultar las verdaderas causas de la fuga de capitales europeos. Una verdadera soberanía financiera exige alejarse de esta lógica de deuda pública y orientarse hacia la liberación de la creatividad privada.

  • La desregulación del mercado de capitales

Los capitales europeos deben poder circular de nuevo libremente hacia las innovaciones industriales y tecnológicas, en lugar de verse obligados por directivas políticas a invertir en productos financieros «verdes» improductivos.

  • La nueva Europa como coordinadora de las inversiones estratégicas

En lugar de una redistribución ideológica, abogamos por un marco para los consorcios de inversión intergubernamentales. La Unión Europea actúa como coordinadora administrativa de proyectos industriales y tecnológicos a gran escala, cuya financiación deciden soberanamente los Estados miembros. De este modo, ponemos en común los recursos nacionales para lograr economías de escala continentales y convertimos a la Unión en la coordinadora de nuestra independencia estratégica.

4. Un sistema monetario estable para unos ciudadanos libres

La verdadera soberanía financiera también incluye la protección de los activos individuales frente al acceso del gobierno y la devaluación inflacionista. El sistema del euro necesita una reforma profunda para restablecer la solidez presupuestaria.

En su programa de 2025, la AfD defendía la salida del euro: «Solo mediante las monedas nacionales puede cada Estado recuperar su soberanía en materia de política económica y monetaria». Este es uno de los pilares sobre los que se fundó el partido en 2013, durante la crisis de la deuda pública. Ahora, el partido pretende reformar la zona del euro en lugar de sacar a Alemania de ella; sin embargo, sus reivindicaciones equivaldrían a una salida de facto de Alemania del euro. Como último recurso, se retoma la idea de un referéndum sobre la pertenencia al euro.

  • Disciplina monetaria y neutralidad del BCE

Exigimos que se ponga fin a la financiación indirecta del gobierno por parte del BCE y que se equilibren anualmente los saldos de Target 2 con activos de valor, como el oro o el bitcoin. En el futuro, los derechos de voto en el Consejo del BCE deberán basarse en la participación en el capital. El BCE debe limitarse estrictamente a su mandato inicial de estabilidad de precios; rechazamos la incorporación de objetivos de política climática, social o económica en sus decisiones de política monetaria, ya que ello supone una violación de su neutralidad y su independencia, consagradas contractualmente.

Aquí se aprecia una referencia al origen ordoliberal de la AfD en la década de 2010, a raíz del plan de rescate de Grecia y de la zona del euro puesto en marcha, en particular, por Angela Merkel y Wolfgang Schäuble.

  • Libertad en las operaciones de pago

El derecho al dinero en efectivo debe quedar consagrado en los tratados europeos como una expresión de la libertad individual. Nos oponemos a la introducción de las monedas digitales de los bancos centrales (CBDC), ya que estas podrían permitir la vigilancia y el control total de los flujos de pagos privados.

  •  Competencia monetaria

Consideramos que las criptomonedas descentralizadas, como el bitcoin, constituyen un paso hacia un orden financiero libre. En lugar de una regulación tecnológica excesiva (MiCA), 2 apostamos por un marco que fomente la innovación y garantice la protección de la soberanía de los activos individuales en un mundo digital.

5. Cuestión fundamental de la unión monetaria: una reforma coherente en lugar de una construcción errónea

El euro, tal y como está concebido actualmente, presenta un problema estructural fundamental: una unión monetaria de economías económicamente heterogéneas sin comunitarización presupuestaria ha dado lugar, de hecho y por la puerta trasera, a una unión de deuda y pasivo. Las reformas mencionadas en este capítulo —el fin de la financiación indirecta del Estado por parte del BCE, la igualación de los saldos de TARGET, derechos de voto ponderados por el capital y un régimen de insolvencia creíble para los Estados miembros— son la forma en que exigimos corregir esta construcción errónea y situar al euro sobre una base sostenible de responsabilidad propia.

Tal y como se indica en el prólogo, la decisión sobre la futura orientación de la política europea y monetaria de Alemania corresponde, en caso de duda, al propio pueblo.

6. El veto fiscal como instrumento de protección

Para nosotros, la reestructuración de las finanzas europeas no es negociable. Alemania abandonará su papel de garante financiero en favor de una política de redistribución abocada al fracaso.

Si se llegara a bloquear una reforma en profundidad del sistema de financiación de la Unión Europea, Alemania optará por una estrategia de bloqueo parlamentario en las futuras decisiones relativas a los recursos propios. Quien respete la libertad de los pueblos debe respetar también su soberanía financiera.

Las reformas presentadas deben entenderse en el contexto de la reforma de la política monetaria europea, tal y como se contempla en el programa electoral para las elecciones al Bundestag de 2025. En este marco, el mantenimiento del euro —o de una unidad de cuenta flexible, comparable al ECU— sigue siendo una posibilidad como elemento paralelo. Sin embargo, incluso en este escenario, el euro debería adaptarse en consecuencia.

El grupo en el Parlamento Europeo, a diferencia de las posturas extremistas expresadas, entre otros, por Alice Weidel, no aborda de forma directa la salida del euro.

Los representantes de la AfD intervienen en una rueda de prensa sobre el tema «A New Deal for Europe» en el Parlamento Europeo.

Capítulo V: Soberanía en materia de producción y abastecimiento: economía, energía y agricultura

La base material de nuestra libertad política reside en una economía eficiente y autónoma. Una nueva Europa debe aspirar a volver a ser un polo mundial de primer orden para la industria y la innovación, en lugar de limitarse al papel de museo al aire libre ultrarregulado o de mero mercado de salida, desprovisto de toda capacidad creativa propia. Una verdadera soberanía exige el control del propio abastecimiento energético, la protección de la producción nacional y la garantía de nuestra soberanía alimentaria.

1. Sustancia industrial y libertad tecnológica

Abogamos por una Europa que libere las fuerzas creativas de sus empresarios y trabajadores cualificados, en lugar de paralizarlas con directivas intervencionistas.

  • Desburocratización

Exigimos una moratoria sobre cualquier nueva normativa europea. Las restricciones existentes —como el reglamento REACH sobre productos químicos o las normativas burocráticas sobre las cadenas de suministro— deben reducirse a un nivel razonable o, incluso, eliminarse.

  • Neutralidad tecnológica

La innovación no debe verse obstaculizada por prohibiciones (como la relativa a los motores térmicos). 3 Tal y como se destaca en el punto II, coordinaremos nuestros esfuerzos de investigación allí donde refuercen nuestra autonomía estratégica, en particular en los ámbitos de la inteligencia artificial, la robótica, la industria aeroespacial y la investigación nuclear moderna.

2. Soberanía energética: la combinación energética nacional como ventaja competitiva

El abastecimiento energético constituye el sistema nervioso de cualquier nación industrial y debe permanecer, sin lugar a dudas, bajo la responsabilidad de los Estados. Por lo tanto, exigimos el fin del «Pacto Verde» europeo (Green Deal), 4 que, con sus directrices de planificación centralizada, compromete la seguridad de nuestro abastecimiento y provoca un aumento de los precios.

  • Libertad en la combinación energética

Cada nación decide de forma soberana su combinación energética. Alemania debe conservar la libertad de recurrir a la energía nuclear, al carbón, al gas y a las energías renovables, en función de las necesidades de su tejido económico. Una energía asequible constituye el factor de producción fundamental del que depende la supervivencia de nuestra base industrial.

  • Preservar la competitividad en lugar de imponer restricciones burocráticas

Una energía a un costo moderado y una base industrial sólida constituyen la base de nuestra prosperidad.

Rechazamos todos los mecanismos burocráticos que socavan estos fundamentos, como la obligación de adquirir derechos de emisión de CO₂ o los mecanismos de ajuste del carbono en las fronteras (MACF). 5 Más que una orientación ideológica, reclamamos una política energética que respete la libertad de decisión de los Estados miembros, garantice la seguridad de la producción industrial y permita el pleno despliegue de nuestras capacidades económicas e industriales.

3. Agricultura: financiación estable y soberanía alimentaria estratégica

Nuestros agricultores son los garantes de nuestra soberanía alimentaria estratégica y los guardianes de nuestros paisajes culturales. Conscientes de que la agricultura —esencial para la supervivencia de nuestra nación y de nuestro continente— no puede reducirse a un simple sector económico más entre otros, tenemos la intención de proteger nuestra producción alimentaria nacional de alta calidad.

  • Garantizar una financiación estable a los agricultores

Exigimos, a corto plazo, que se abandone cualquier proyecto de reducción de la financiación en el marco de la Política Agrícola Común (PAC). La regresividad y la limitación máxima de las ayudas suponen una amenaza para las explotaciones agrícolas y ponen en peligro la seguridad del abastecimiento en Alemania. A largo plazo, abogamos por una renacionalización de las ayudas a la agricultura.

  • Acuerdos comerciales

Estamos a favor del comercio internacional, motor y vector de nuestra prosperidad. La diversificación de las relaciones comerciales crea nuevas oportunidades de mercado y refuerza la resiliencia de las cadenas de suministro. Al mismo tiempo, la celebración de acuerdos comerciales no debe realizarse en detrimento de los ciudadanos y de sus derechos democráticos. Los acuerdos comerciales solo deben celebrarse si no cabe ninguna duda sobre la calidad de los productos agrícolas importados. Debemos ser capaces de alimentarnos por nuestros propios medios si queremos evitar cualquier forma de chantaje. Por principio, consideramos que es democráticamente necesario que los acuerdos comerciales se sometan a la aprobación de los parlamentos competentes.

A diferencia de RN en Francia, la AfD apoya por principio los acuerdos comerciales.

  •  Reducción de la burocracia

La voluntad de desarrollar el comercio internacional se ve obstaculizada por una burocracia excesiva procedente de Bruselas, que deja poco o ningún margen de maniobra a la agricultura alemana y europea para prepararse para el mercado agrícola mundial y hacer frente a la competencia internacional en igualdad de condiciones. Por eso es necesario desmantelar la excesiva burocracia agrícola de Europa y reformar su política agrícola. Solo así podrá la Unión Europea crear las condiciones internas necesarias para su prosperidad. Basta con recopilar los datos de las explotaciones y adaptar mejor las instrucciones al tamaño de las mismas y a la situación práctica. Las autorizaciones deben concederse con mayor rapidez y debe reducirse el exceso de regulación, para que las explotaciones puedan invertir más fácilmente y orientarse hacia los mercados. De este modo, nuestros excelentes productos ganarán en competitividad internacional. Así se garantizarán los estándares europeos de calidad, así como la sostenibilidad de la agricultura local.

Capítulo VI: La vida intelectual y la esfera pública: educación, cultura y medios de comunicación

Nuestra identidad europea no es fruto de decretos de Bruselas, sino un legado común que perdura en la diversidad de nuestros pueblos, lenguas y tradiciones. Como cuna de la libertad de opinión y de pensamiento, consideramos que Europa tiene el deber especial de alzarse contra el paternalismo, la censura y la vigilancia. La defensa de este legado frente al igualitarismo tecnocrático y la represión de las opiniones es para nosotros más que una cuestión educativa, mediática y cultural, sino una misión fundamental de nuestra política. Para proteger a Europa en su diversidad y su unidad, es imprescindible que las competencias intelectuales y de identidad recaigan claramente en manos de las naciones.

Esta sección constituye el núcleo de los programas de la AfD, tanto a nivel nacional como regional: el restablecimiento de una supuesta libertad de expresión y de los «valores nacionales» forma parte de su enfoque de la metapolítica (Metapolitik) y de su voluntad de alinear la cultura y la educación con las posiciones del partido. Resulta interesante que también aborde estas cuestiones a nivel europeo, donde la Unión Europea solo dispone de competencias limitadas.

1. La política cultural: un espacio para la conservación y la creación

La diversidad cultural de Europa no se nutre únicamente de la conservación de su patrimonio, sino que descansa sobre los hombros de personalidades creativas que comprenden el ayer, el hoy y el ahora, y lo hacen visible o audible. Sin embargo, esto requiere un espacio de libre desarrollo, no instrucciones ni normativas ideológicas. Queremos crear ese espacio de libre intercambio que proteja la creación artística y rechazamos cualquier condición política para la concesión de subvenciones.

2. La educación: la soberanía sobre el propio intelecto

La preservación de la educación, la lengua y la historia es la condición indispensable para una identidad ciudadana y la autodeterminación democrática. Por lo tanto, rechazamos cualquier intento de uniformizar los planes de estudios nacionales o las identidades culturales mediante directrices europeas. La soberanía sobre las instituciones educativas es intangible. Cada nación decide por sí misma cómo proteger y desarrollar su patrimonio.

3. Los medios de comunicación: la libertad de debate como elixir de vida

Una Europa de naciones libres necesita que los argumentos compitan entre sí, no que se impongan narrativas centralizadas. La diversidad de los medios de comunicación y la libertad de opinión son el elixir de vida de la participación democrática. Rechazamos la ampliación de los mecanismos europeos de sanción a los periodistas y cualquier instrumentalización del derecho contra posiciones políticas divergentes. Un orden democrático se defiende mediante la libertad de expresión, no mediante una censura políticamente correcta. No se puede abusar del ámbito europeo para controlar la opinión pública o prohibir los discursos críticos.

4. La familia como fundamento de la sociedad

La familia, compuesta por un hombre, una mujer y los hijos, es el motor insustituible de toda sociedad. En ella se vive la responsabilidad y se fomenta la cohesión intergeneracional; es la condición previa de todo aquello que hace posible la educación, la cultura y la comunidad en Europa. La protección del matrimonio y de la familia no es, por tanto, un aspecto secundario de la política social, sino un pilar de nuestra concepción de la sociedad. Apoyamos a la familia como institución natural y protegida por la Constitución, y rechazamos cualquier intento de relativizar su importancia frente a cualquier opción de vida o de abolir su función social determinante. Esto se refiere a la protección de la vida, desde la concepción hasta su fin natural. De esta función protectora se deriva también el rechazo a cualquier remodelación ideológica: rechazamos la institucionalización del «gender mainstreaming» y de toda propaganda LGBTQ, así como la sexualización precoz en las instituciones educativas y en el espacio público. Hay que garantizar a los niños un espacio protegido para su desarrollo natural, independiente de cualquier influencia ideológica. El apoyo a las familias y a los niños es una responsabilidad nacional: el ámbito europeo no tiene en este ámbito ninguna competencia ni mandato.

En esta sección se aprecian paralelismos con el programa ideológico y cultural elaborado para las elecciones en Sajonia-Anhalt.

Capítulo VII. Futuro y puesta en marcha: la reorganización de Europa

Con un gobierno federal en el que participa la AfD, se inicia una etapa de responsabilidad para Alemania, durante la cual se renegociarán la orientación y el futuro de la Unión Europea en beneficio de las naciones europeas y de sus ciudadanos. El objetivo central de esta reforma es una renegociación global de los tratados europeos, con el fin de consagrar de forma duradera en el Derecho primario el modelo —desarrollado en este documento— de una federación de naciones europeas soberanas. Esta reforma se desarrollará en tres fases sucesivas, con plazos cada vez más amplios y un alcance jurídico cada vez más profundo.

1. Medidas en el marco jurídico vigente

Desde el momento en que el gobierno asuma el cargo, se pondrán en marcha todas las medidas que permita la legislación vigente:

  • Supresión de las agencias y direcciones generales innecesarias; reducción de la Comisión a sus carteras esenciales.
  •  Establecimiento de un límite al gasto en el marco financiero plurianual.
  • Establecimiento de un derecho de veto nacional en caso de violación del principio de subsidiariedad.

La presentación de un «Regierungsprogramm» (programa de gobierno) para 2029 tiene como objetivo demostrar a su propio electorado que la AfD pretende hacerse con el poder. Sin embargo, en el sistema de múltiples niveles de la Unión Europea, sigue siendo poco probable que las fuerzas soberanistas logren un control total —es decir, una mayoría en el Consejo y en el Parlamento—, a pesar del avance de dichas fuerzas. Por otra parte, la instauración de un veto nacional en materia de subsidiariedad requeriría, con toda probabilidad, una modificación de los tratados.

Para ello se necesitarán mayorías calificadas en el Consejo, así como mayorías simples en el Parlamento.

Plazo: de dos a tres años.

2. Medidas que requieren una modificación de los tratados

El núcleo de esta reforma exige una renegociación global de los tratados europeos, de conformidad con el procedimiento previsto en el artículo 48 del Tratado de la Unión Europea (TUE): decisión por unanimidad del Consejo Europeo y ratificación por parte de todos los Estados miembros. Esta renegociación persigue un doble objetivo: la reforma institucional (capítulo III) y la incorporación duradera —y contractualmente irrevocable— de las reservas nacionales mencionadas en el capítulo III en forma de protocolos vinculantes, siguiendo el modelo de los regímenes de excepción de los que se benefician Dinamarca e Irlanda. Más concretamente:

  • Transformación del Parlamento Europeo en una cámara compuesta por delegaciones enviadas por las naciones.
  • Aclaración de los artículos 4 y 5 del TUE (Tratado de la Unión Europea) con el fin de consagrar la primacía del Derecho nacional fuera de los ámbitos que entran dentro de las verdaderas misiones fundamentales de la Unión Europea, al tiempo que se confirma la primacía del Derecho de la Unión Europea en el ámbito de dichas funciones fundamentales, en particular en lo que respecta al mercado interior (capítulo V).
  • Incorporación de un mecanismo de limitación de la deuda y del gasto en la legislación primaria.
  • Inclusión de protocolos de exclusión voluntaria («Opt-Out») vinculantes para los ámbitos mencionados en el capítulo II.3, que no pueden quedar a la entera discreción de la Comisión Europea.

Plazo: de cinco a siete años.

3. La soberanía presupuestaria como herramienta

Dado que cualquier modificación de la decisión relativa a los recursos propios de la Unión Europea requiere una ratificación por unanimidad —y, por lo tanto, la aprobación del Bundestag y del Bundesrat—, Alemania dispone de un derecho de veto efectivo. Si Bruselas rechaza la vía de la reforma, este veto se utilizará para bloquear los futuros actos legislativos relativos a la financiación de la Unión Europea y para reducir drásticamente las contribuciones financieras alemanas. Alemania ya no está dispuesta a financiar un sistema que se niega a cualquier reforma.

Se trata de un escenario realista (al menos en el supuesto de que el RN llegara a la presidencia en Francia). 

4. El mecanismo de exclusión voluntaria («opt-out»): identificar las deficiencias y exigir una reforma

Para nosotros, el recurso a una «cláusula de exclusión voluntaria» no es un fin en sí mismo; constituye la consecuencia de una laguna claramente identificada en la cooperación actual, así como un instrumento de transición necesario hasta que se lleve a cabo la revisión de los tratados, descrita en el punto 2.

Allí donde decidimos retirarnos, proponemos al mismo tiempo ámbitos en los que una verdadera cooperación europea podría tomar el relevo, inspirándonos en los ejemplos de Dinamarca, Irlanda y Polonia, que demuestran que las trayectorias específicas y el valor añadido europeo no son mutuamente excluyentes. Las siguientes medidas ilustran cómo, gracias a la estrategia de «opt-out» (cláusula de no participación), hacemos posible una reforma de la cooperación europea:

  • Política financiera y presupuestaria

Problema: la mutualización de responsabilidades y la unión bancaria socavan la responsabilidad individual y distorsionan la competencia entre los Estados miembros.

Reforma: en lugar de una puesta en común de responsabilidades, abogamos por un mecanismo transparente de convergencia y alerta temprana, que ponga de manifiesto los excesos sin financiarlos con el dinero de los contribuyentes extranjeros.

  • Política monetaria

Problema: el euro digital y la unión de pagos socavan la soberanía monetaria de los ciudadanos.

Reforma: en su lugar, reclamamos que se consagre en la legislación europea el derecho al uso del dinero en efectivo (capítulo IV.4) como un derecho fundamental para todos los europeos; se trata de una verdadera cooperación destinada a proteger la libertad individual, más que de un control centralizado.

  • Migración, asilo y protección de las fronteras

Problema: el reparto común de los solicitantes de asilo se ha topado con la diversidad de las realidades nacionales y ha minado la confianza en el espacio Schengen.

Reforma: allí donde falla el reparto, hay que reforzar la cooperación en las fronteras exteriores: apostamos por el desarrollo de Frontex, por acuerdos comunes de retorno y por la externalización de los procedimientos de asilo a terceros países, una verdadera cooperación europea allí donde resulte eficaz.

  • Política climática y agrícola

Problema: el «Pacto Verde» (Green Deal) y las normativas centralizadas debilitan las bases industriales y agrícolas de Europa. Deben eliminarse.

Reforma: en lugar de una gestión intervencionista, abogamos por una cooperación que proteja las fuerzas productivas europeas: apostamos por la protección común del mercado interior frente a las importaciones que no cumplen las normas (soberanía alimentaria), así como por la cooperación tecnológica en los ámbitos de la investigación nuclear y energética (capítulo V). Una verdadera cooperación europea protege la producción en lugar de asfixiarla con la burocracia.

  • Política industrial y de infraestructuras

Constatación: la ayuda actual de la Unión Europea se pierde en una microgestión burocrática y en una lógica de dispersión, en la que los fondos se distribuyen según criterios de proporcionalidad en lugar de eficacia estratégica; el resultado es una creciente dependencia tecnológica respecto a potencias no europeas.

Reorganización: Alemania recurre a la cláusula de exclusión voluntaria (opt-out) para permitir la asignación de fondos nacionales al modelo de «consorcios de inversión» definido en el capítulo IV. Concebimos aquí una Unión Europea reformada que actúe como plataforma central y coordinadora: coordina, más allá de las fronteras nacionales, el despliegue a gran escala de proyectos de gran envergadura, que van desde las infraestructuras energéticas autónomas y los sistemas de navegación por satélite hasta las capacidades de producción de semiconductores. De este modo, unimos nuestras fuerzas económicas e industriales nacionales en un esfuerzo continental, al servicio de un «Plan para el poderío europeo».

  • Cadenas de suministro y seguridad de las materias primas

Constatación: la legislación europea sobre las cadenas de suministro debilita nuestra competitividad al imponer una burocracia de control desmesurada y riesgos de responsabilidad basados en consideraciones morales.

Reorganización: Alemania pone fin a esta carga normativa haciendo valer su derecho de exclusión voluntaria («Opt-Out», N. del T.). Abogamos por la creación de una «Alianza europea para la seguridad del abastecimiento»: en lugar de imponer restricciones a sus propias empresas, la Unión Europea debe movilizar su peso diplomático y económico para garantizar el acceso a las materias primas críticas, directamente con los países socios. Una verdadera cooperación europea significa, en este contexto: garantizar la seguridad geopolítica del abastecimiento de materias primas, en lugar de una supervisión burocrática de nuestras propias cadenas de valor.

Estas cláusulas de exención deben aplicarse conjuntamente con socios que deseen comprometerse en la misma vía: la de la afirmación de sí mismos y una reforma constructiva. De este modo, las retiradas aisladas se convierten en un proyecto europeo común.

Las imágenes de la conferencia se retransmiten en las redes sociales de «La Europa de las naciones soberanas», el grupo parlamentario europeo fundado por la AfD en 2024.

Capítulo VIII: El modelo: una asociación de naciones europeas

La Europa del futuro no es un Estado federal centralizado, sino una asociación de naciones soberanas. En este modelo, cada nación es portadora y garante de su propia soberanía. La política común se aplica exclusivamente cuando aporta un valor añadido que el Estado nacional no puede generar por sí solo. Esta cooperación se asienta sobre unos principios inmutables:

1. La subsidiariedad y la responsabilidad en lugar del centralismo

La subsidiariedad no es solo un eslogan administrativo, sino un principio fundamental del Estado en Europa, según el cual el poder siempre se concibe de menor a mayor. Las decisiones deben tomarse allí donde surten efecto: en las familias, en los municipios, en las regiones, en los estados federados o en las naciones. Al devolver el poder de decisión a los ciudadanos, defendemos el ideal europeo de libertad y responsabilidad frente al actual desarrollo de una administración totalitaria. La subsidiariedad es el valor de decidir por uno mismo: allí donde las instituciones de la Unión Europea intentan uniformizar todos los ámbitos de la vida, nosotros apostamos por un crecimiento orgánico y por el criterio de nuestros pueblos. No queremos volver a la estrechez de miras nacional, sino reconocer que Europa solo es fuerte cuando respeta la libertad de sus partes.

2. La responsabilidad como norma de la soberanía

Para nosotros, el principio de responsabilidad es inseparable del concepto de soberanía del Estado; una comunidad de Estados soberanos se basa en el principio de que la libertad y la responsabilidad son las dos caras de una misma moneda. Cada Estado es responsable de sus actos, de sus decisiones económicas y de sus finanzas. El fin de la garantía común de las deudas y del reparto forzoso no es, por tanto, solo una necesidad económica, sino una cuestión de honestidad política. Actuar sin responsabilidad corrompe el carácter de la comunidad política. La verdadera solidaridad europea no se manifiesta en los ingresos procedentes de transferencias anónimas, sino en el respeto recíproco hacia la soberanía financiera y la contribución económica de cada uno. La responsabilidad significa poner en orden la propia casa para ser un socio fiable en la comunidad europea.

3. La comunidad de destino de las naciones europeas

Una nueva Europa surgirá, no a través de la imposición de la uniformidad, sino mediante una comunidad de destino común. Rechazamos todo chovinismo nacional que se erija por encima de los demás, al igual que rechazamos un universalismo sin raíces, que declare que los pueblos no existen o que desee disolverlos.

Nuestro camino consiste en reconocer la dignidad de cada pueblo: solo quien está firmemente arraigado en su propia identidad posee la grandeza interior necesaria para respetar, a su vez, la singularidad de su vecino. La verdadera solidaridad europea no tiene su origen en normativas abstractas, sino en el orgullo de las naciones soberanas, unidas en su diversidad.

Mientras que el centralismo de Bruselas percibe la singularidad de los pueblos europeos como un obstáculo y trata de eliminarla mediante una «armonización» uniformizadora, nosotros, por nuestra parte, vemos en ella la fuente de nuestra fuerza cultural y espiritual. La unidad europea no se basa en reglamentos, sino en la convicción compartida de que nuestra identidad etnocultural y nuestra cultura occidental constituyen los bienes más preciados, que conviene preservar en un mundo internacional cada vez más anárquico. Solo una unión que defienda las especificidades nacionales, como elementos constitutivos del patrimonio común europeo, encontrará la fuerza para afirmarse.

El modelo al que se aspira es el de una asociación de Estados europeos que conserven su independencia y su libertad de decisión. Cada nación conserva su plena soberanía sobre sus asuntos internos y solo participa en las políticas comunes sobre la base de una convergencia claramente definida de sus intereses nacionales. La cooperación se lleva a cabo allí donde es necesaria y mutuamente beneficiosa: por ejemplo, en materia de seguridad, comercio, investigación y protección de las condiciones de vida comunes.

4. Principios fundamentales de la nueva Europa

  •  Subsidiariedad

El principio de subsidiariedad implica que las decisiones políticas se tomen lo más cerca posible de los ciudadanos, ya sea a escala local o nacional. Solo cuando un problema excede claramente las competencias de una nación es cuando se aborda a nivel comunitario. Tomemos el ejemplo de la migración: el control de la inmigración sigue siendo una prerrogativa nacional; solo ante retos o amenazas transfronterizas pueden contemplarse medidas europeas coordinadas. Sin embargo, dichas medidas comunes nunca deben menoscabar la competencia soberana de los Estados-nación, ni servir de pretexto para una transferencia de cargas financieras. El principio de subsidiariedad garantiza que se tengan en cuenta las necesidades reales de los ciudadanos y evita los excesos que podrían derivarse de la actuación de las instituciones supranacionales.

  • Responsabilidad

El principio de responsabilidad exige que cada Estado asuma plenamente sus propios actos y decisiones económicas. No puede haber responsabilidad común por las deudas, ni redistribución forzosa de los riesgos: la mala gestión o los errores políticos cometidos por algunas naciones no deben recaer sobre los contribuyentes de otros países. De hecho, actuar sin asumir las responsabilidades conlleva inevitablemente comportamientos irresponsables. En materia de política financiera, por ejemplo, queda excluido que los déficits nacionales se cubran con recursos comunes.

  • Europa como unión de naciones soberanas

El actual sistema de la Unión Europea se caracteriza por una regulación excesiva, una falta de transparencia y un marcado centralismo. Las trabas burocráticas y la presión a favor de una integración cada vez mayor han provocado, en muchos ciudadanos, un sentimiento de alienación y de pérdida de control. Este modelo debe evolucionar hacia una asociación flexible y cooperativa, que respete la diversidad histórica de Europa, refuerce las particularidades de cada nación y limite la cooperación a lo esencial: una colaboración allí donde sea pertinente, en lugar de una subordinación a un aparato centralizador.

  • La diversidad biológica como punto fuerte de Europa

En esta nueva Europa, la riqueza cultural no constituye una debilidad, sino una fuente de dinamismo, innovación y estabilidad. Coexisten diversos sistemas políticos, culturas arraigadas e intereses nacionales distintos, lo que enriquece al conjunto de la Unión. Una Europa de las naciones se construye sobre la base del respeto, la subsidiariedad y la responsabilidad individual. Es la única vía para perdurar juntos y hacer frente a los retos, tanto actuales como futuros. La autonomía cultural y la libertad de decisión nacional constituyen los cimientos de una Europa viva.

La nueva Europa: nuestra misión política

El proyecto europeo, en su forma actual, ha fracasado. En lugar de permitir que nuestro continente elija libre y orgullosamente su futuro, el centralismo, la burocracia, la tecnocracia y la desconfianza hacia sus propios ciudadanos lo están llevando a asfixiar nuestras economías nacionales, nuestras culturas y nuestra autonomía política. Sabemos que Alemania es el corazón de Europa, y por eso ya no queremos quedarnos de brazos cruzados mientras la burocracia de Bruselas nos roba todo el espíritu, toda la voluntad y todo el futuro de nuestro continente. Nuestra Europa es la de las naciones y los pueblos, la de la historia y el pasado, que quiere afirmar su propio lugar en el mundo.

Los cinco pilares siguientes constituyen la base de nuestra política europea:

1. La identidad como base de la subsistencia

La conservación de la identidad cultural de los pueblos europeos es nuestro principal objetivo y constituye la base de nuestra región del mundo. Europa no es ni un centro de producción, ni un cruce de comunicaciones, ni un mercado, sino una comunidad de culturas de pueblos históricamente emparentados entre sí. La protección de nuestro patrimonio es nuestra misión europea más importante.

2. La no cooperación por el bien de todos

Las naciones soberanas están dispuestas a dejar en segundo plano sus intereses particulares cuando el bien de todo el continente exige una acción conjunta. En los casos en que la Unión Europea antepone sistemáticamente los objetivos ideológicos a las necesidades comunes reales, el derecho de exclusión voluntaria («Opt-Out», N. del T.) alemán se convierte en una corrección necesaria. Hacemos valer nuestra soberanía a través de una serie de derechos de exclusión voluntaria («Opt-Out», N. del T.) globales, no por egoísmo, sino como un freno de emergencia frente a los errores de desarrollo que amenazan la estabilidad, la prosperidad y la diversidad del continente.

3. La subsidiariedad en lugar del centralismo

Las naciones europeas constituyen la columna vertebral de Europa y deben seguir existiendo. El ámbito europeo interviene allí donde los pueblos deben aunar sus fuerzas para seguir existiendo en una época de política global, en particular para el mantenimiento del mercado interior y de las fronteras exteriores.

4. La disciplina financiera y la soberanía

Alemania ya no puede seguir siendo el tesorero de Europa. Ponemos fin a la redistribución automática y solo contribuimos cuando un interés claro y común justifique el uso de los fondos públicos alemanes.

5. La legitimidad democrática

Europa no existe por sí misma, sino que se sustenta en sus naciones. La Unión Europea debe volver a estar cerca de los ciudadanos y ser controlable. Exigimos que el Parlamento Europeo vuelva a ser una cámara compuesta por delegaciones designadas por las naciones y que se respete estrictamente la primacía de las constituciones nacionales sobre el Derecho derivado de la Unión Europea. He aquí nuestra guía para una transformación decidida de Europa, por el bien de nuestros pueblos y la preservación de nuestra libertad.

Notas al pie
  1. AfD : Weidel will Brüssel entmachten und legt radikalen Plan für neue EU vor, Die Welt, 21 de octubre de 2026.
  2. MiCA: Reglamento (UE) 2023/1114 sobre los mercados de criptoactivos, en su versión vigente.
  3. «Prohibición de los motores térmicos»: Reglamento (UE) 2019/631 por el que se establecen normas de emisiones de CO₂ para los coches particulares nuevos y los vehículos comerciales ligeros nuevos, modificado, entre otros, por el Reglamento (UE) 2023/851.
  4. Ley Europea del Clima: Reglamento (UE) 2021/1119 por el que se establece el marco necesario para alcanzar la neutralidad climática, en su versión vigente.
  5. MACF (Mecanismo de ajuste de carbono en frontera): Reglamento (UE) 2023/956 por el que se establece un mecanismo de ajuste de carbono en frontera, modificado, en particular, por el Reglamento (UE) 2025/2083. (CBAM: Reglamento (UE) 2023/956 por el que se establece un sistema de ajuste de carbono en frontera, modificado, en particular, por el Reglamento (UE) 2025/2083.)
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