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Un espectro acecha el panorama político francés: una ideología nacionalista, antisemita y conspirativa de la que Alain Soral es la encarnación desde hace más de 25 años. A través de libros y, sobre todo, de innumerables videos, ha sabido imponerse como un líder de opinión ineludible en el seno de la extrema derecha francesa contemporánea. En Estados Unidos, gracias al regreso al poder de Donald Trump, una corriente ideológica radical e inicialmente marginal, «la Ilustración oscura», 1 ha ganado considerablemente en visibilidad y parece estar alcanzando una forma de reconocimiento al más alto nivel. De hecho, uno de sus principales teóricos, Curtis Yarvin, ha afirmado haberse reunido en varias ocasiones con el número dos de la actual administración estadounidense, el vicepresidente J. D. Vance, quien ya en 2021 lo citó explícitamente, retomando públicamente varias de sus ideas. Así, una corriente radical parece normalizarse a medida que se acerca al centro de la vida política estadounidense. 

¿Es posible que se dé un escenario así en Francia? ¿Está el partido Rassemblement National profundamente influenciado por la ideología soraliana? No pretendemos dar una respuesta definitiva a estas preguntas, sino contribuir al debate público arrojando luz sobre la ideología soraliana, cuyos resortes siguen siendo, en nuestra opinión, demasiado desconocidos. Cabe precisar que la ideología desarrollada por Alain Soral no se inscribe en la corriente ideológica propia de la «Ilustración oscura». Si bien se observan similitudes, en particular la crítica a la democracia liberal y la denuncia de un poder oculto y difuso, sus orígenes intelectuales, sus sistemas de valores y sus proyectos políticos difieren por completo. El propio Alain Soral valora negativamente esta ideología, al considerar que se trata de un proyecto para superar el universalismo liberal, mientras que él aboga, por el contrario, por un retorno a una forma de universalismo republicano, 2 aunque completamente desvirtuado, como veremos. Queda por realizar un análisis comparativo; la perspectiva que aquí se propone tiene como único objetivo poner de relieve un precedente reciente. Este permite constatar que la marginalidad ideológica no excluye la capacidad de ejercer una influencia significativa en el debate público, e incluso en las orientaciones del poder político.

¿Un masculinismo adelantado a su tiempo?

El masculinismo, una corriente ideológica heterogénea, surgió desde la década de 1970, como reacción al feminismo que se estaba desarrollando por entonces en las sociedades occidentales, pero su auge se hizo más visible en la década de 2010, gracias a las herramientas digitales. En ciertos aspectos, los primeros ensayos de Alain Soral 3 prefiguraban algunos de sus componentes: la rehabilitación de la virilidad, el rechazo a la feminización de la sociedad y la incapacidad de las mujeres para asumir una visión colectiva. Sin embargo, un análisis atento permite identificar algunas particularidades interesantes. Ya se pueden detectar en ellas los tres componentes esenciales que estructurarán la ideología soraliana, a saber: un uso reivindicado de la herramienta de análisis marxista, referencias a valores tradicionales y reaccionarios y el recurso a un conspiracionismo ya claramente identificable.

Para Alain Soral, el feminismo no es más que un «comunitarismo victimista» que consistiría en ocultar la verdadera división que estructura las sociedades humanas: la que separa a los que poseen de los explotados. La lucha feminista no es, por tanto, a su juicio, más que un engaño. Así, precisa que «la mujer, al igual que el hombre, no es una categoría social. Los intereses de la burguesa rara vez coinciden con los de la trabajadora, a la que ella y sus semejantes explotan sin siquiera pensarlo». 4 Va incluso más allá al afirmar que «la supuesta oposición hombre/mujer socava la solidaridad salarial en el lugar de trabajo». 5 Soral ve, por tanto, en el feminismo una visión rival del marxismo que se inspiraría en el mismo principio de lucha perpetua como motor de la historia: la lucha de los sexos sustituye a la de las clases. 

Alain Soral apareció en numerosos programas de televisión para presentar sus libros sobre seducción, como aquí, en el programa «Vie privée Vie publique», acompañado de su hermana Agnès, el 24 de marzo de 2003. Desde entonces, ella ha decidido distanciarse de él.

También denuncia la responsabilidad del feminismo en la alteración de los valores viriles, que, según él, son inherentes a la lucha política y necesarios para ella, mientras que la femineidad, por el contrario, favorece la sumisión al dominio establecido. Así lo precisa: «Según mi teoría, la mujer no es “el futuro del hombre”, sino el de (sic) la socialdemocracia neoliberal, que pasa necesariamente por la despolitización “societal” de las luchas sociales». 6 Alain Soral se basa aquí en la obra Sexo y carácter del filósofo austriaco Otto Weininger 7 en la que, según él, se explica que «la mujer es un hombre sin visión colectiva del futuro, es decir, el ser más fácilmente manipulable por la política», 8 y que el genio sería intrínsecamente masculino. En esta obra, Weininger concibe la diferencia entre hombre y mujer únicamente en términos de inferioridad o superioridad, siguiendo una lógica totalmente jerárquica y esencialista ampliamente compartida en ciertos círculos intelectuales de la época: «la mujer» estaría impulsada ante todo por el afecto, por lo que su lugar no estaría en la acción política, sino en la esfera privada.

Soral también considera que los movimientos feministas no tienen nada de espontáneo, sino que, por el contrario, están orquestados por las élites oligárquicas en el poder. Su objetivo sería desviar la atención de los trabajadores de las verdaderas relaciones de dominación. Aquí se pone de manifiesto la lógica conspirativa: nada se debe al azar ni a complejas evoluciones históricas y sociales; los fenómenos sociales y políticos están previstos y organizados por un número muy reducido de personas que son capaces de sacar provecho de ellos. 

De la crítica al comunitarismo a un antisemitismo multifacético

En su primera obra abiertamente política, 9 se considera que los comunitarismos son responsables de un grave atentado contra el universalismo republicano, la unidad de la nación y el progreso social. Soral concede un lugar central al «comunitarismo judío», ya que, según él, se trataría de la comunidad más poderosa, mejor organizada y más perjudicial. Esta comunidad manipularía a las demás para dividir al pueblo, creando así problemas y cuestiones secundarias, pero que presentaría como esenciales (la cuestión del matrimonio homosexual, por ejemplo), con el fin de ocultar su dominio. Todas las crisis sociales y las tensiones comunitarias estarían, por tanto, orquestadas con el único fin de crear una distracción, una cortina de humo, que oculte el verdadero dominio que opera en nuestra sociedad: el de la élite judía.

Merece la pena citar íntegramente el siguiente fragmento, ya que constituye un excelente resumen del pensamiento de Soral sobre este tema (en su discurso, la expresión «esa gente» se refiere a las élites judías): «Estamos en un país en el que esa gente ha llegado a la posición que ocupa hoy en día, y cuando vemos la cena del CRIF (Consejo Representativo de las Instituciones Judías de Francia) se entiende perfectamente que se trata de una posición dominante […]. Y se ve muy claramente que gobiernan en nombre de la igualdad para imponer una visión del mundo totalmente desigualitaria, que se resume por completo en los dos pilares que sustentan su visión del mundo: el pueblo elegido y la tierra prometida; es bastante evidente. ¿Cómo pueden protegerse de esta evidencia, a la que yo denomino «los valores de la Torá»? Mediante el Holocausto, pues cada vez que se les muestra como dominantes y aplicando un doble rasero, e incluso utilizando la estrategia de «divide y vencerás», sacan su comodín del Holocausto, de ahí la hipertrofia de la historia del Holocausto en la actualidad. El Holocausto como escudo para gobernar según las reglas de la Torá, que es una visión del mundo racial, desigualitaria y teológica». 10 Se pueden identificar todos los componentes del antisemitismo soraliano: el antijudaísmo teológico, el antisemitismo económico, un antisionismo radical y conspirativo, y el negacionismo.

¿Cómo «justifica» Alain Soral su antisemitismo? «La verdad es que descubrí la dominación judía mientras estudiaba la lucha de clases —afirma—; además, ambas cosas encajan muy bien históricamente». 11 Alain Soral establece un estrecho vínculo entre la «dominación judía» que pretende denunciar y la explotación económica. Esto remite a lo que se puede calificar de «antisemitismo económico» y denota asimismo una visión conspirativa: esa idea de dominación que evoca un poder oculto e ilegítimo. El historiador Michel Dreyfus, en su obra L’antisémitisme à gauche, 12 establece un vínculo entre el pensamiento anticapitalista de ciertos autores (Proudhon, Toussenel) y un antisemitismo que también estaba en pleno auge en la segunda mitad del siglo XIX. 

La incipiente extrema derecha francesa, siguiendo los pasos de Édouard Drumont, no tardó en hacer suyo este análisis. De hecho, el «internacionalismo de los judíos» y el mito del «judío errante» están presentes, por ejemplo, en los escritos de Maurice Barrès: «Los judíos no tienen patria en el sentido en que nosotros la entendemos. Para nosotros, la patria es el suelo y los antepasados, es la tierra y los muertos. Para ellos, es el lugar donde encuentran su mayor interés; la patria es una idea. Pero, ¿qué idea? La que les resulta más útil». 13 Alain Soral se inscribe plenamente en esta línea. Señala al neoliberalismo, al ultraliberalismo económico y al liberalismo libertario (concepto tomado de Michel Clouscard) como sus adversarios, al tiempo que atribuye a la comunidad judía el liderazgo de «la oligarquía globalista», en particular a través del sistema bancario, que presenta como un instrumento de los judíos: «esa comunidad judía organizada internacionalmente que hoy reina sobre el mundo occidental, gracias al auge de ese capitalismo financiero que ha sustituido al feudalismo cristiano». 14 Soral lleva a cabo aquí una personalización de fenómenos económicos complejos y de gran envergadura, como el liberalismo económico, cuyo desarrollo atribuye a individuos o grupos de individuos que, según él, estarían en su origen. Esta es una de las particularidades del modo de pensamiento conspirativo: hay que señalar a culpables, a chivos expiatorios.

Soral apenas destaca el enfoque racial, pero tampoco lo omite por completo. En una entrevista realizada en junio de 2014, Soral comenta una entrevista al presidente ruso Putin, realizada por el periodista francés Jean-Pierre Elkabbach, y pronuncia las siguientes palabras: «Y luego también vimos al pequeño Elkabbach —aquí entra mi análisis un poco más racial-comunitarista—, que es el pequeño semita sefardí, sometiéndose finalmente como una mujer ante alguien que representa, diría yo, la virilidad aria de cierta manera, aunque sea eslava, y esa es la jerarquía tradicional correcta». 15 Aquí podemos volver a Otto Weininger, un autor que, según él mismo admite, ha influido mucho en Soral. Sobre su obra Sexe et caractère, Jacques Le Rider escribe: «La mujer comparte con el judío el papel de encarnar lo absolutamente negativo y el germen de la decadencia». 16

En su «capítulo XIII: Los judíos», Weininger traza, de hecho, un retrato especialmente negativo del «judío», al considerarlo una raza específica, incapaz de representar las características masculinas positivas que él describe. Esta relación entre las mujeres y los judíos es un tópico muy antiguo entre los antisemitas, según Léon Poliakov. 17 Para Weininger, al igual que para Drumont, Henry Coston y muchos otros autores antisemitas posteriores, los judíos comparten una «forma de pensar», una constitución psíquica particular. Le Rider insiste en que Weininger apenas recurre a la biología, aunque sus consideraciones esencialistas se inscriben claramente en una lógica racista. Esa misma lógica se despliega en la ideología soraliana.

Si bien es importante distinguir entre antisionismo y antisemitismo, en el caso de Soral, su antisionismo radical, esencialista y conspirativo puede considerarse otra forma de antisemitismo. En su discurso, Soral equipara a los judíos con los sionistas: cualquier judío, incluso los franceses, es sospechoso y, con frecuencia, acusado de ser un partidario o incluso un agente de Israel. Para Soral, el CRIF es uno de los principales altavoces de ese «poder sionista», por lo que reitera con frecuencia que «la lucha principal, la más seria, es la lucha contra el CRIF, contra el sionismo internacional, contra el judaísmo político». 18 El sionismo se percibe aquí, por tanto, como una red de influencia extremadamente poderosa a la que todos los responsables políticos se verían obligados a someterse si quisieran continuar su carrera política y ascender en la jerarquía. En el razonamiento de Soral, el antisionismo y el antisemitismo están, por tanto, estrechamente vinculados: el primero puede servir de coartada para el segundo, pero a menudo son los argumentos del antisemitismo más clásico los que se utilizan para denunciar el sionismo. 

Añadamos que el negacionismo debe considerarse como el cuarto componente del antisemitismo soraliano. Como es sabido, para una parte de la extrema derecha francesa, la realidad del genocidio de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial sería una mentira especialmente perniciosa, un «obstáculo que hay que eliminar». En primer lugar, porque el genocidio criminaliza el nazismo y el fascismo, lo que dificulta su rehabilitación. En segundo lugar, porque permitiría a los judíos victimizarse y convertirse así en intocables. Soral hace suyo este discurso y concluye su video-homenaje a Robert Faurisson, figura principal del negacionismo en Francia, declarando: «Creo que Francia no podrá liberarse jamás —Francia como nación y como pueblo— hasta el día en que caiga la innoble e injusta Ley Gayssot; no hay ninguna posibilidad real, como muy bien dice Vincent Reynouard, 19 de un renacimiento nacionalista y del orgullo de un pueblo nacional mientras el revisionismo histórico siga estando prohibido». Concluye expresando su esperanza de que «si algún día Francia es liberada», haya «avenidas y colegios Robert Faurisson» y afirmando que «ha tenido una vida cristiana, que es un modelo y un maestro». 20

Un nacionalismo antiimperialista y conspirativo

Para Alain Soral, el enemigo al que hay que combatir es el «Imperio», una especie de estructura difusa organizada en redes, dominada por una élite judía todopoderosa cuyo objetivo sería el desmantelamiento de las naciones para instaurar un gobierno mundial. Por lo tanto, para él, lógicamente, es el Estado-nación el que debe protegerse para poder resistir a este proceso globalista destructivo. Ante esto, aboga por la «doble reconciliación nacional». Esta se lleva a cabo, por un lado, entre la «izquierda del trabajo» y la «derecha de los valores», a las que contrapone a una mala izquierda —interesada únicamente en las cuestiones sociales— y a una derecha financiera apátrida. Y, por otro lado, se lleva a cabo entre los «franceses de origen» y los inmigrantes, en particular los musulmanes, a quienes, según él, la comunidad judía empuja al enfrentamiento con la esperanza de imponerse siguiendo el lema «divide y vencerás». Por lo tanto, desde su punto de vista, existe un nacionalismo bueno y uno malo, este último encarnado por Reconquête, de Éric Zemmour, pero también por Rassemblement National. Ambos, junto con los grupúsculos identitarios, serían representativos del «nacionalismo sionista» que cae en la «trampa del choque de civilizaciones».

Soral considera que la línea identitaria e islamófoba se sitúa objetivamente del lado del «Imperio», ya que equivaldría a favorecer el choque de civilizaciones. Esto lleva a Soral a afirmar, en la línea conspirativa que le caracteriza: «los identitarios, todos agentes del Imperio y sionistas». 21 Los identitarios, por su parte, consideran a Soral un cómplice objetivo de la invasión musulmana. En resumen, Soral busca la unión con los musulmanes contra una parte de la comunidad judía; mientras que los identitarios, por el contrario, buscan más bien la unión con los judíos contra los musulmanes. Entre ambos, el diálogo parece, por tanto, imposible. El auge del movimiento identitario en el seno de la extrema derecha francesa contribuye, sin lugar a dudas, a marginar las tesis soralianas. Alain Soral analiza de la misma manera la evolución de Rassemblement National desde la expulsión de Jean-Marie Le Pen. Según él, dado que Marine Le Pen «desea reintegrarse mañana en el “arco republicano”, es decir: la gobernanza global […], nunca se opone más que de forma superficial a los intereses y a la lógica del Imperio» y, lo que es peor, «promueve de forma encubierta el conflicto de civilizaciones». 22 Soral le reprocha, además, una sumisión excesiva al «lobby judío y sionista»: «Marine Le Pen hace teshuvá para tener derecho a salir de la exclusión posnazi y reintegrarse en el arco republicano, que es el dominio judeo-masónico sobre Francia». 23.

Jean-Marie Le Pen en su despacho, con un libro de Alain Soral en las manos. Domaine de Montretout. Saint-Cloud. 12 de octubre de 2017.

Por otra parte, el «Imperio» —que, según él, se apoya en dos Estados completamente sometidos: Estados Unidos e Israel— recurriría a múltiples conspiraciones y manipulaciones para dominar, y Soral se ha fijado como misión revelarlas. El recurso a diversas teorías de la conspiración como factor explicativo de los acontecimientos históricos y recientes es casi sistemático en la ideología soraliana. Este procedimiento le permite mantener la coherencia global de su ideología al neutralizar las contradicciones que podrían poner en tela de juicio su paradigma. Para Karl Popper, «según la teoría de la conspiración, todo lo que ocurre ha sido querido por aquellos a quienes les beneficia», 24 y Pierre-André Taguieff precisa que «desde la perspectiva conspirativa, las coincidencias nunca son fortuitas, tienen valor de indicio, revelan conexiones ocultas y permiten elaborar modelos explicativos de los acontecimientos». 25. La ideología soraliana se ajusta perfectamente a estos elementos definitorios. 

Los atentados del 11 de septiembre de 2001, o incluso los de enero y noviembre de 2015 en París, se analizan como si fueran complots. A priori, estos acontecimientos podrían considerarse una limitación notable de su visión del mundo, según la cual resultaría lógico que surgiera una alianza entre la cristiandad y el mundo musulmán contra los valores del judaísmo y el sionismo. De hecho, algunos sectores de la extrema derecha consideran estos atentados como el símbolo de la lucha del islam contra el Occidente judeocristiano, lo que, por tanto, refuerza más bien las tesis de los defensores de la teoría del choque de civilizaciones. Sin embargo, mediante la teoría de la conspiración, Soral da la vuelta a estos hechos, explicando que los verdaderos autores no serían los señalados oficialmente. Para llegar a este tipo de conclusión, a falta de pruebas, el razonamiento se basa principalmente en la pregunta: «¿A quién beneficia el crimen?». 26 Así pues, dado que el gobierno de Estados Unidos pudo encontrar en los atentados del 11 de septiembre de 2001 un buen pretexto para intervenir en Medio Oriente, fueron necesariamente sus propios miembros, vinculados al «Estado profundo», quienes los organizaron.

Estos procedimientos recuerdan a la interpretación de Édouard Drumont, autor de la obra antisemita La France juive, sobre el tiroteo de Fourmies del 1 de mayo de 1891. 27 En realidad, se trató de una manifestación obrera que fue reprimida sangrientamente por el ejército. Ahora bien, para Drumont, resulta inconcebible que el ejército y el pueblo puedan estar enfrentados; por lo tanto, llega a la conclusión de que fue el prefecto, un judío, quien —por ser judío— dio esa orden con el fin de dividir a los franceses entre sí. «Divide y vencerás» es precisamente, junto con «¿a quién beneficia el crimen?», otra expresión que Soral utiliza con especial frecuencia para justificar la veracidad de sus teorías.

En definitiva, Alain Soral no aporta nada nuevo. La mayor parte de sus ideas, en particular las antisemitas y conspirativas, ya fueron formuladas en términos equivalentes hace más de un siglo por autores a los que él suele hacer referencia. Su singularidad radica en la síntesis actualizada y adaptada a los retos contemporáneos que consigue elaborar. Esta se basa también en su postura, contraria a la tendencia dominante en la extrema derecha francesa, es decir, la línea identitaria que, por el contrario, se esfuerza por dejar de lado ese legado incómodo que se considera contraproducente. Aquí se plantea una paradoja fundamental, ya que Soral pretende emanciparse de la visión exclusivamente reaccionaria y nacionalista tradicional apoyándose en referencias de izquierda y abogando por la unión con los inmigrantes musulmanes, al tiempo que retoma las referencias más radicales de la extrema derecha francesa: Maurice Bardèche, Henry Coston y muchos otros.

Una difusión satisfactoria, aunque limitada

Más allá del éxito comercial de sus libros, 28 Alain Soral se ha impuesto en la esfera pública principalmente a través de la difusión de videos en internet, haciendo de la provocación su sello distintivo y uno de los principales motores de su notoriedad. Al igual que Jean-Marie Le Pen, el uso de la provocación cumple dos funciones en el caso de Soral: mantener un discurso ofensivo y seductor, que señala claramente a los enemigos a los que hay que combatir; y posicionarse como víctima del sistema denunciado, lo que le granjea la simpatía y el apoyo de una parte de su audiencia. Las acciones judiciales, calificadas de «persecuciones», son presentadas así por Soral y consideradas por sus seguidores como señales de una auténtica rebeldía frente al «sistema». Entre 2015 y 2016, en el momento álgido de su influencia, su página web «Égalité et Réconciliation» figuraba entre las páginas políticas más visitadas de Francia, con más de 8 millones de visitas mensuales y videos que, en ocasiones, superaban el millón de visualizaciones. La supresión de sus cuentas de Twitter y YouTube en 2020 parecía que iba a acelerar un cierto declive y una pérdida de audiencia. Sin embargo, Soral logró mantener su presencia utilizando otras plataformas, para luego volver a Twitter —X desde 2023—, además de beneficiarse de una gran visibilidad en YouTube a través de canales afines —los videos alcanzan regularmente varios cientos de miles de visualizaciones en 2026—. No obstante, conviene ser prudente, ya que es cierto que el hecho de ver un video no implica necesariamente que se comparta su ideología.

Mediante una estrategia metapolítica que se basa principalmente en el uso de internet y de herramientas de comunicación modernas, como videos, redes sociales, memes y trucos publicitarios, Soral ha logrado difundir ampliamente su ideología, incluso más allá de los círculos habituales de la extrema derecha. Esto se explica, en parte, por su dominio de los códigos de comunicación propios de la cultura de internet, pero también por el «estilo» empleado por Soral. Además, la prevalencia del conspiracionismo en las sociedades occidentales, unida a un recrudecimiento de los sentimientos nacionalistas e incluso, en el caso de Francia, del antisemitismo, permite comprender que la ideología soraliana atraviesa un momento favorable. De hecho, varias encuestas de opinión recientes ponen de manifiesto la magnitud del antisemitismo y del conspiracionismo entre la población francesa. 29 Este contexto puede explicar en gran medida el éxito de la difusión de la ideología soraliana. Se trata de una ideología que, en el fondo, se nutre de las debilidades de la democracia: de la pérdida de confianza en las instituciones, del rechazo a los principales medios de comunicación, de las dificultades de integración en el modelo económico liberal y de la inclinación hacia la marginalidad y la exageración de un sector de la juventud. 

Dicho esto, a pesar de la atención mediática de la que goza gracias al caso Bardella, la ideología soraliana sigue siendo marginal. Si bien la idea de la «generación Soral», que destaca la prensa, resulta interesante en la medida en que revela una influencia significativa que ha podido traspasar los límites de la extrema derecha tradicional, sin duda es muy exagerada. Si bien la radicalidad puede considerarse una herramienta de persuasión —pues la transgresión atrae y seduce—, solo lo es hasta cierto punto. La exageración y el extremismo pueden acabar resultando repulsivos, lo que impide convertir la notoriedad mediática en una influencia política real.

En los círculos nacionalistas, Alain Soral parece suscitar ahora más rechazo que admiración. Su voluntad de aliarse con los musulmanes, su antisemitismo obsesivo y sus análisis sistemáticamente conspirativos parecen excesivos para muchos, incluso en la extrema derecha del espectro político, ya que perjudican la ambición de alcanzar el poder. Sin duda, ahí radica su principal limitación: la línea política elegida y la estrategia adoptada por la corriente identitaria, dominante en la extrema derecha francesa y, en particular, en el Rassemblement National, 30 difieren considerablemente de las de Alain Soral.

Desde su exilio en Suiza en octubre de 2019, y posteriormente en Rusia en febrero de 2026, tras su condena a dos años de prisión efectiva con orden de detención, 31 la radicalidad de su discurso se ha acentuado aún más. La carta del Ministerio del Interior, con fecha del 9 de octubre de 2026, en la que se informa a Alain Soral del procedimiento de disolución de su asociación, revela, a lo largo de unas diez páginas, innumerables declaraciones extremistas, antisemitas y conspirativas, pronunciadas únicamente a lo largo del año 2025. Alain Soral podría haber optado por una estrategia diferente, la de una especie de normalización que consistiera en expresar sus ideas radicales solo de forma velada, como a principios de la década de 2000. Sin embargo, ha tomado el camino contrario: su gusto por la marginalidad y la provocación ya no parece conocer límites. Su reciente protagonismo, unido a condenas cada vez más severas, parece, por otra parte, reafirmarle en el camino que ha elegido. Alain Soral es un místico declarado que afirma tener una misión que cumplir, o incluso un destino que cumplir.

A pesar de su paso por el Front National entre 2005 y 2009 y de la presencia destacada de su ideología en el debate público, Alain Soral no parece haber ejercido una influencia determinante en la línea política que hoy reivindica el Agrupación Nacional. Su marginación y la condena de sus posturas antisemitas y conspirativas invitan más bien a plantearse su posible influencia indirecta sobre una parte de los militantes y dirigentes del partido de Marine Le Pen. Esta podría adoptar la forma de una impregnación intelectual difusa, cuyo alcance sigue siendo difícil de medir, sobre todo por la falta de una perspectiva histórica suficiente. En cualquier caso, la ideología soraliana se perfila como un fenómeno significativo de la historia de las ideas políticas en Francia, en este comienzo del siglo XXI.

Notas al pie
  1. Para una presentación de esta corriente de pensamiento, véase: Arnaud Miranda, Les lumières sombres, París, Gallimard, 2026.
  2. Alain Soral, «Le nouveau dialogue gauche/droite américain : cancel contre Lumières sombres», video publicado el 17 de julio de 2026 en egaliteetreconciliation.fr
  3. Alain Soral, Sociologie du dragueur, ed. Blanche, 1996 y Vers la féminisation, ed. Blanche, 1999.
  4. Alain Soral, Sociologie du dragueur, op. cit., p. 190.
  5. Alain Soral, Vers la féminisation, op. cit., p. 108.
  6. Alain Soral, Anthologie, ed. Kontre Kulture, 2013
  7. Otto Weininger, Sexe et caractère, 1903, trad. al francés, ed. De l’âge d’homme, 1975.
  8. Alain Soral, entrevista en video «consejo de lectura», octubre de 2012.
  9. Alain Soral, Jusqu’où va-t-on descendre ?, ed. Blanche, 2002
  10. Alain Soral, programa de ERFM, Pourquoi tant de haine ?, n.º 21, 10 de marzo de 2020.
  11. Alain Soral, Dialogues désaccordés, ed. Hugo, 2013, p. 107.
  12. Michel Dreyfus, L’antisémitisme à gauche, histoire d‘un paradoxe, ed. La Découverte, 2009, pp. 19-42.
  13. Maurice Barrès, Scènes et doctrines du nationalisme, ed. Juven, 1902, p. 68.
  14. Alain Soral, Dialogues désaccordés, op. cit., p. 108.
  15. Alain Soral, entrevista para E&R, 14 de junio de 2014.
  16. Jacques Le Rider, Le cas Otto Weininger, ed. PUF, 1982, p. 113.
  17. Léon Poliakov, Histoire de l’antisémitisme, ed. Calmann-Lévy, 1955, p. 19.
  18. Alain Soral, «Soral répond…en vidéo», 21 de marzo de 2020.
  19. otra figura del negacionismo francés, condenado en múltiples ocasiones desde 2007 por negar crímenes de lesa humanidad e incitación al odio racial.
  20. Alain Soral, «Hommage à Robert Faurisson», ERTV, 26 de octubre de 2018.
  21. Alain Soral, Chroniques d’avant-guerre, ed. Blanche y Kontre Kulture, 2012. pp. 129-130.
  22. Ibíd.
  23. Alain Soral, entrevista con el autor realizada por videoconferencia, el 9 de agosto de 2014.
  24. Karl Popper, La sociedad abierta y sus enemigos, [1945], trad. al español de Eduardo Loedel Rodríguez, ed. Paidós, 2023.
  25. Pierre-André Taguieff, Court traité de complotologie, ed. Fayard, 2013, p. 14.
  26. Alain Soral, entrevista con la radio francófona iraní el 23 de marzo de 2012.
  27. Édouard Drumont, Le secret de Fourmies, ed. Saviné, 1892.
  28. Más de 120.000 ejemplares vendidos de su obra principal, Comprendre l’Empire, publicada en 2011.
  29. Véase, en particular, el estudio Ifop-UEJF, febrero de 2026 (más de un tercio de los encuestados suscribe al menos un prejuicio antisemita) y el informe Ifop-Cision, de marzo de 2026 (casi un tercio de los encuestados suscribe al menos una teoría de la conspiración).
  30. Véanse al respecto los trabajos de Marion Jacquet-Vaillant, en particular «Les identitaires, acteurs de l’émergence des idées radicales», Revista Pouvoirs, n.º 181, 2022, pp. 47-59.
  31. Fue condenado por el Tribunal Correccional de París por asociación ilícita, por haber prestado apoyo material y técnico a la red de propaganda proiraní «Eje de la Resistencia», implicada en la difusión de contenidos que glorifican el terrorismo.