¿Cómo salvar el periodismo en los tiempos de la inteligencia artificial?
Hoy, en Marsella, durante el Congreso Mundial de Medios de Comunicación, el presidente del New York Times, A.G. Sulzberger, ha alertado sobre los riesgos que los gigantes tecnológicos suponen para la información. Ante la oleada de la inteligencia artificial, abre un debate fundamental para el futuro de la democracia.
Traducimos su importante discurso.
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- El Grand Continent •
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- © Mark Lennihan
La era de la inteligencia artificial comenzó hace menos de cuatro años, con el lanzamiento público de ChatGPT. En pocos meses, el chatbot de OpenAI alcanzó los 100 millones de usuarios, convirtiéndose así en el producto de más rápido crecimiento de la historia. Hoy en día, forma parte de la multitud de herramientas de IA cada vez más potentes, junto a las que ofrecen Anthropic, Google, Meta, Microsoft y X.
No cabe duda de que la inteligencia artificial generativa es la próxima gran revolución tecnológica. Esta revolución viene acompañada de una vertiginosa multitud de cuestiones importantes. ¿Provocará la IA un aumento exponencial de la productividad y eliminará categorías enteras de empleos? ¿Permitirá avances médicos extraordinarios? ¿Facilitará un ataque biológico? ¿Se pueden comprender plenamente las acciones de los modelos de lenguaje y los agentes de IA? ¿Se pueden controlar?
Hoy estoy aquí para abordar cuestiones que, lo admito, son un poco más específicas. Pero revisten una gran importancia para mí, para ustedes y para la sociedad.
¿Cómo va a transformar la IA la información?
¿Cómo afectarán estos cambios al ecosistema de la información, que sirve de foro público para los ciudadanos comprometidos de todo el mundo?
¿Y qué podemos hacer para garantizar el futuro del periodismo de campo, basado en hechos, que es esencial para la salud de nuestras democracias?
Los primeros indicios nos dan motivos para preocuparnos.
Las empresas punteras en inteligencia artificial, que ya se cuentan entre las más ricas y poderosas de la historia de la humanidad, refuerzan su desmesurado control sobre nuestros datos y nuestra atención. Al mismo tiempo, incumplen una responsabilidad fundamental que se deriva de ese poder: garantizar al público el acceso a información y noticias fiables.
Su dominio del espacio público es posible gracias al pecado original que anima sus productos de IA: un robo descarado de propiedad intelectual que se ha producido a una escala sin precedentes. Los gigantes tecnológicos saquean los sitios web de noticias sin autorización ni compensación. Acaparan y reacondicionan estos bienes robados como si les pertenecieran, desviando así la audiencia y los ingresos que, de otro modo, corresponderían a los medios de comunicación que crearon ese contenido. Y esto no ocurre una sola vez durante el proceso de entrenamiento, sino innumerables veces cada día.
Por lo tanto, me temo que nos estamos precipitando hacia un futuro en el que habrá cada vez menos periodistas para llevar a cabo la costosa y difícil labor del reportaje original: desplazarse al lugar de los hechos, hablar con la gente, desenterrar información, cubrir temas y acontecimientos importantes, aportar contexto y análisis, e investigar a los poderosos. Un futuro en el que una de las fuentes vitales para una sociedad sana y una democracia estable —la verdad, la comprensión y la rendición de cuentas que garantiza el periodismo— siga agotándose.
Estos posibles daños van mucho más allá de la actualidad.
Las empresas de IA han saqueado todo el corpus de obras originales de la civilización, en un acto que también supone un peligro para el futuro de los libros, las películas, la música, la investigación y multitud de otros ámbitos. En Estados Unidos, estas industrias no solo constituyen el núcleo de la vida cultural e intelectual estadounidense, sino también un pilar de su economía y uno de sus principales sectores de exportación. A escala mundial, las profesiones creativas dan empleo a más de 50 millones de personas que generan alrededor de 12 billones de dólares de valor económico al año.
Las personas aquí reunidas hoy dirigen medios de comunicación de más de 60 países. Esto significa que ya han superado las numerosas presiones que han afectado al periodismo en todo el mundo, desde la caída de los ingresos hasta la intermediación tecnológica, pasando por los crecientes ataques contra la libertad de prensa.
Pero ante la IA, debemos hacer más. Nuestra profesión se ha mostrado demasiado callada, demasiado pasiva y demasiado fragmentada ante los abusos cometidos por las empresas que hoy lideran la revolución de la IA.
No podemos permitir que dominen el debate público sin intervenir para defender la importancia de garantizar un futuro sostenible al periodismo auténtico. No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras las empresas de IA intentan desmantelar definitivamente los derechos que nos permiten controlar el trabajo que creamos. No podemos quedarnos pasivos mientras ese trabajo se utiliza para crear productos sustitutivos que socavan nuestra capacidad para ganar la audiencia y los ingresos necesarios para seguir cubriendo la actualidad.
Algunos líderes del sector tecnológico dirán que mis palabras de hoy son «anti-IA». Que defiendo el statu quo en nombre de una enésima institución anquilosada que arremete contra los innovadores que impulsan el progreso. Y para ser totalmente justos con nuestros colegas de Silicon Valley, es cierto que existe una tendencia histórica en nuestra profesión —hablo en nombre de un periódico con 175 años de antigüedad— a quejarnos de las nuevas tecnologías y de los disruptores que las impulsan.
Seamos claros: el medio de comunicación que dirijo, el New York Times, lleva mucho tiempo adoptando la tecnología para impulsar la misión del periodismo independiente. Siempre hemos mantenido colaboraciones respetuosas con empresas tecnológicas con el fin de ofrecer nuestro trabajo a nuevos lectores a través de medios innovadores. Ha sido abordando los cambios con curiosidad, apertura de espíritu y capacidad de adaptación como hemos podido superar el declive de nuestra actividad en papel y salir fortalecidos. Hoy en día, mis colegas utilizan la IA de forma responsable y ética, dejando que sean los humanos quienes tomen las decisiones para mejorar la forma en que cubrimos las noticias, editamos, difundimos y monetizamos nuestro periodismo.
Mantener las distancias con una nueva tecnología potente es la receta del fracaso.
Estoy plenamente convencido de que la IA tiene el poder de hacer mucho bien en el mundo.
No considero que ni la IA ni los gigantes tecnológicos que controlan esta tecnología sean intrínsecamente malos o perniciosos.
Pero quiero advertir que las empresas de IA están tomando decisiones que infringen la legislación vigente, amenazan la viabilidad del trabajo creativo y, en mi opinión, pueden causar un gran daño innecesario.
Los medios de comunicación deberían querer aprovechar los beneficios que puede aportar la IA. Pero las empresas tecnológicas también deberían querer apoyar el flujo saludable y sostenible de información, ideas y creatividad que alimenta a la IA, con el fin de garantizar que sus acciones no nos conduzcan a una tragedia de los bienes comunes cívicos.
Los modelos de IA se componen de cuatro elementos básicos.
El primero es el talento, es decir, las personas que diseñan los algoritmos. El segundo es lo que las empresas tecnológicas denominan «potencia de cálculo». Se trata de la infraestructura que sustenta la IA, como los chips y los centros de datos. El tercero es la energía, la electricidad necesaria para alimentar estos productos que consumen mucha energía. El cuarto es lo que las empresas tecnológicas llaman «datos». La propia palabra parece casi diseñada para hacer pasar el trabajo creativo y expresivo por algo trivial, una mercancía omnipresente. Sin embargo, detrás del término «datos», a menudo se habla en realidad de libros, películas, música y artículos periodísticos. Es decir, de lo que sería más justo llamar: «contenido protegido por derechos de autor».
El talento, la potencia de cálculo, la energía y los datos son elementos esenciales para el éxito de la IA y, por lo tanto, para el éxito de los gigantes tecnológicos.
Los tres primeros reciben una remuneración, por supuesto. Ningún director ejecutivo del sector tecnológico se atrevería a sugerir que se obligara a los ingenieros más talentosos a trabajar gratis. Al contrario, les ofrecen regularmente remuneraciones que ascienden a decenas, o incluso cientos de millones de dólares. Tampoco se les ocurriría robar chips de una fábrica de Nvidia o conectarse ilegalmente a una línea eléctrica. Los inversores consideran que los beneficios económicos potenciales de la IA son tan importantes que aceptan pérdidas astronómicas, que ascienden a cientos de miles de millones de dólares, para construir centros de datos y centrales eléctricas.
Por el contrario, las empresas de IA se apropian de los «datos» sin consentimiento ni compensación.
Sus justificaciones para este robo cambian constantemente. Afirman que la innovación lo exige. Insisten en que solo se apropian de datos, de los que nadie puede ser propietario. Se quejan de que las negociaciones llevan demasiado tiempo y son demasiado caras. Pretenden que la doctrina del «uso legítimo» les permite, en cualquier caso, utilizar ese contenido de forma gratuita. A veces, incluso invocan la seguridad nacional: advierten que, si se obliga a las empresas de IA a pagar, Estados Unidos perderá la carrera tecnológica frente a China.
Ninguno de estos argumentos resiste un análisis minucioso.
Un chatbot solo puede soltar «datos» porque ha copiado ilegalmente artículos de prensa completos, lo que le permite además apropiarse con total libertad de un lenguaje y un estilo protegidos. Construir centros de datos y centrales eléctricas cuesta mucho más y lleva mucho más tiempo que contratar a abogados para redactar acuerdos de licencia con los medios de comunicación. El uso legítimo no autoriza este tipo de copia, conservación y repetición perjudicial y sustitutiva de una sola obra, por no hablar de todo lo que la humanidad ha producido jamás. En su competencia con China, Estados Unidos se debilita al abandonar las protecciones de la propiedad intelectual que alimentan la innovación y las empresas creativas estadounidenses.
El valor combinado de las seis principales empresas de inteligencia artificial asciende a 11 billones de dólares. Eso equivale al triple del PIB de Francia.
Las inversiones privadas en inteligencia artificial en Estados Unidos alcanzaron casi 350.000 millones de dólares en 2025 y se aceleran en 2026.
En otras palabras, el robo de propiedad intelectual no se debe a la falta de dinero para pagarla. Aunque los acuerdos de licencia firmados con los editores no son públicos, dado el escaso valor de las transacciones registradas, parece que menos del 0,5 % de esa inversión se destina a remunerar a las personas y empresas que crean los datos que alimentan la IA.
Aunque existen numerosas fuentes de datos, los propios líderes del sector de la IA han reconocido que los contenidos originales y de alta calidad son especialmente valiosos para la eficacia y la fiabilidad de la tecnología. Cinco de los diez principales sitios web 1 utilizados para entrenar algunos de los modelos lingüísticos a gran escala más populares pertenecen a editoriales de prensa. OpenAI ha admitido que sería «imposible entrenar los principales modelos de IA actuales sin utilizar contenidos protegidos por derechos de autor». 2 Uno de los ingenieros de la empresa escribió que el éxito de los modelos «no depende de la arquitectura, los hiperparámetros o las decisiones de optimización. Depende de tu conjunto de datos, y de nada más». 3 En otras palabras, somos lo que comemos.
Tomemos el ejemplo concreto del New York Times para ver cómo funciona.
Si quieres obtener respuestas completas y precisas de tu chatbot con IA, es difícil imaginar una fuente de datos mejor que un medio de comunicación que, desde hace 175 años, cuenta con periodistas profesionales experimentados y bien remunerados para recabar información nueva, relatar los acontecimientos a medida que se desarrollan y analizar la actualidad en los ámbitos de la política, los negocios, la cultura, el deporte, la ciencia y las relaciones internacionales. Este trabajo es valioso para las empresas tecnológicas en gran parte porque ha sido cuidadosamente redactado y editado, verificado de forma independiente, sometido a los más altos estándares de imparcialidad y exactitud, y presentado de una manera singular y cautivadora.
Solo el año pasado, el New York Times publicó cerca de medio millón de contenidos de este tipo, desde artículos hasta fotos, pasando por videos y podcasts, con un costo superior a los 2.000 millones de dólares.
Hemos desplegado a periodistas sobre el terreno en los 50 estados de Estados Unidos y en 155 países, y estos periodistas se enfrentan habitualmente a peligros que ponen en riesgo su vida. En Ucrania, contábamos con más de 70 periodistas y personal de apoyo sobre el terreno. Todo esto solo en 2025. Si extrapolamos estas contribuciones a 175 años y 20 millones de obras originales, obtendrás una imagen más completa de lo que nuestra redacción ha aportado a la comprensión del mundo por parte del público.
El valor del periodismo del Times, al igual que el de otras fuentes de periodismo de calidad, ha quedado reafirmado en numerosas ocasiones por el gran interés que despierta entre las empresas de inteligencia artificial.
Aunque la mayoría de las empresas de IA ocultan sus fuentes de entrenamiento, el periódico ha sido la mayor fuente de datos propios en un conjunto de datos importante utilizado para entrenar numerosos modelos diferentes, seguido de otros medios de comunicación, como The Guardian y Los Angeles Times. Las empresas de IA consideran que obtener información de medios de comunicación de calidad es una de las señales más fiables de que sus productos funcionan correctamente. Como declaró un vicepresidente de Microsoft, «el contenido de calidad mejora significativamente la calidad de las respuestas».
Sin embargo, los gigantes tecnológicos siempre han sostenido que no cabe esperar que pidan permiso para utilizar, y mucho menos que paguen, por este tipo de propiedad intelectual. Su argumento, tal y como demuestran sus acciones, siempre ha sido que tienen derecho a ello. Meta entrenó su modelo con una base de datos tristemente famosa de libros pirateados. 4 Perplexity ha desafiado abiertamente la norma establecida desde hace tiempo según la cual los sitios web no pueden ser rastreados de forma subrepticia en contra de sus objeciones explícitas. 5 OpenAI ha presionado al gobierno estadounidense para obtener inmunidad legal frente a la incautación de los trabajos ajenos. 6 Incluso Anthropic, a menudo citada como ejemplo por su compromiso con el desarrollo ético de la IA, se ha mostrado reacia a pagar por el periodismo de alta calidad que utiliza en sus productos. 7
Es precisamente por acciones como estas por lo que el New York Times ha demandado a OpenAI, a su socio Microsoft y, posteriormente, a Perplexity, por violaciones flagrantes de nuestros derechos de propiedad intelectual protegidos por la ley de derechos de autor estadounidense, tanto en el entrenamiento de sus modelos como en el uso continuado de nuestro trabajo en sus productos. Al igual que otros medios de comunicación que han emprendido acciones legales similares, consideramos que estas violaciones amenazan la capacidad a largo plazo de los medios de comunicación para seguir produciendo un periodismo original y fiable del que depende el público y, de hecho, los propios modelos de IA.
Pero los procedimientos judiciales son largos y costosos: el nuestro ya lleva dos años y medio y ha costado más de 20 millones de dólares. Como sin duda saben las empresas de IA, la mayoría de los medios de comunicación no cuentan con los recursos necesarios para acudir a los tribunales y hacer valer sus derechos.
Incluso antes de la llegada de la IA, el sector mundial de la información luchaba por sobrevivir a las oleadas de cambios provocadas por internet, los teléfonos inteligentes y las redes sociales.
En las últimas dos décadas, Estados Unidos ha perdido, según algunas estimaciones, el 75 % de sus periodistas 8 y más de 3.000 periódicos. 9 Cada tres días cierra un periódico. Los medios de comunicación digitales no han llenado ni siquiera una mínima parte de ese vacío. Amplias regiones de Estados Unidos ya no cuentan con un solo periodista que haga preguntas en el ayuntamiento, cubra las noticias de las escuelas locales y conecte a su comunidad con una base factual común. Y cuando se analizan las formas de periodismo más costosas y exigentes, como investigar casos de malversación o desplazarse a las primeras líneas de los conflictos bélicos, se observa que el número de periodistas que realizan este trabajo ha caído de forma aún más espectacular.
Pero la disrupción provocada por la IA se perfila como aún más devastadora.
Antes de la llegada de la IA, existía un verdadero intercambio de valor entre las plataformas tecnológicas y los creadores de contenido digital, como los medios de comunicación, aunque fuera muy desequilibrado. Ese era el pacto de lo que se denominó la «web abierta». Las empresas tecnológicas —desde los motores de búsqueda hasta las redes sociales— se quedaban con una parte cada vez mayor de los ingresos publicitarios que antes iban a parar a los medios de comunicación, pero a cambio ofrecían una audiencia mucho más amplia.
El problema es que, en la siguiente fase de esta disrupción, al hacerse con el control del periodismo, las empresas tecnológicas también se están quedando con una parte cada vez mayor de su audiencia.
Tomemos el ejemplo de Google.
Durante mucho tiempo, el objetivo de los motores de búsqueda ha sido identificar los sitios web más útiles y, a continuación, dirigir a los usuarios hacia ellos. La gente entraba en Google, buscaba un tema y luego hacía clic en un enlace a sitios como el Financial Times, Le Monde o El País para leer el artículo. Google se llevaba la gran mayoría de los ingresos publicitarios, pero también redirigía un importante volumen de tráfico hacia los medios de comunicación a través de enlaces, lo que permitía a los editores generar ingresos mediante la publicación de anuncios o la venta de suscripciones.
Sin embargo, en la era de la IA, Google utiliza cada vez más el contenido de los medios de comunicación y otros sitios web para responder directamente a las preguntas. En consecuencia, según estudios del sector, hoy en día es diez veces más difícil que hace diez años conseguir que un usuario de Google haga clic en un enlace. 10
Sin embargo, Google sigue siendo la referencia a la hora de dirigir lectores hacia los editores, y solo nos queda esperar que este compromiso continúe. Según un estudio, los modelos de IA de la competencia generan un tráfico de referencia un 96 % inferior al de la búsqueda de Google. 11
Los gigantes tecnológicos son plenamente conscientes de las implicaciones que esta evolución tiene para los ya frágiles modelos económicos de los medios de comunicación. Como escribió el responsable de monetización de la IA en Microsoft: «La web abierta se construyó sobre un intercambio de valor implícito en el que los editores hacían accesible el contenido y los canales de distribución ayudaban a la gente a encontrarlo. Este modelo no se traslada sin problemas a un mundo en el que prima la IA». 12 Y añadió: «Los editores necesitan medios sostenibles y transparentes para regular el uso de su contenido premium». Es una reflexión loable. Pero echa un vistazo a la página de inicio reciente del motor de búsqueda impulsado por IA de Microsoft y te encontrarás con un discurso muy diferente: «Hola, aquí Bing; en lugar de hacer clic en enlaces, podemos hablar de cualquier cosa que te interese».
Esta dinámica ha provocado, como es lógico, una caída vertiginosa del tráfico hacia los sitios web de noticias. Los principales periódicos analizados por Comscore registraron caídas de más del 45 % de media, 13 mientras la carrera por la IA se intensificaba en los últimos cuatro años. Los editores de noticias de todo el mundo encuestados por el Instituto Reuters se preparan para que las caídas significativas de tráfico continúen en los próximos años. 14
Una disminución del tráfico hacia los medios de comunicación supone, muy probablemente, una pérdida de oportunidades publicitarias, que siguen siendo una importante fuente de ingresos para la mayoría de los medios de comunicación. En las últimas dos décadas, los ingresos publicitarios totales de los periódicos ya se han reducido en un 80 %. 15
La empresa Meta genera por sí sola ocho veces más ingresos publicitarios que todos los periódicos del mundo juntos. 16
Para compensar la caída de los ingresos publicitarios, muchos medios de comunicación han optado por modelos de suscripción. Sin embargo, en la medida en que la gente se dé cuenta de que puede acceder gratuitamente a contenidos pirateados a través de productos de inteligencia artificial, a los medios les resultará difícil desarrollar y profundizar sus relaciones con los posibles suscriptores.
Pero la cuestión va más allá. Por decirlo de una forma un poco más gráfica, no es porque los editores dejen sus juguetes tirados en el jardín por lo que se los roban; el robo se produce incluso cuando están guardados a buen recaudo en casa. Así, un estudio reveló que alrededor del 30 % de los scrapings realizados por bots de IA infringen las restricciones explícitas relativas al acceso y al uso del contenido de los sitios web, incluido el contenido protegido por paywalls. 17
La fuente de ingresos con la que algunos cuentan para compensar estas pérdidas proviene de las propias empresas de IA, a través de licencias de contenido o micropagos. Varios grandes medios de comunicación, entre ellos el New York Times, han firmado acuerdos de licencia. Otros han adoptado los micropagos que las empresas de IA abonan por cada extracción y uso individual de contenido periodístico. Pero hay motivos de peso para preguntarse si alguna de estas soluciones bastará para compensar las pérdidas de ingresos y de lectores causadas por los productos de IA de la competencia. Al mismo tiempo, muchos medios de comunicación más modestos, cuyo trabajo también ha sido extraído y utilizado por modelos de IA, no han recibido compensación alguna de este tipo, y la gran mayoría de los editores de prensa afirman que no esperan obtener ingresos significativos de las plataformas de IA. 18
Resulta preocupante constatar que, al tiempo que estas empresas tecnológicas han intentado dar a conocer acuerdos y otras medidas que indican que conceden importancia al periodismo, han defendido simultáneamente ante los tribunales, los legisladores y las agencias federales que no tienen ninguna obligación para con los creadores de la propiedad intelectual que utilizan para alimentar sus productos.
Seamos claros: no planteo estas preocupaciones porque los medios de comunicación deban temer a la competencia. Si las empresas tecnológicas dedicaran recursos reales a enviar a sus propios reporteros sobre el terreno para producir periodismo original, me alegraría. Pero eso no es lo que está ocurriendo. Las plataformas tecnológicas nunca han intentado seriamente crear el trabajo original y subyacente —como el reportaje local, el periodismo de investigación o las pruebas rigurosas de productos— del que dependen sus usuarios, sus plataformas y sus productos de IA. Sin embargo, hoy en día van aún más lejos, limitándose a reproducir los reportajes y la cobertura mediática de otros, llegando a menudo incluso a presentarlos como propios. Un estudio reveló que OpenAI solo da crédito a los medios de comunicación de los que procede la información que cita en el 1 % de los casos.
Los líderes de las revoluciones tecnológicas anteriores al menos habían intentado argumentar que sus plataformas estarían en simbiosis con los creadores.
Spotify, que sin embargo tiene detractores en la industria musical, destaca los pagos que realiza a los artistas musicales. 19 Las empresas de IA, por el contrario, han adoptado una postura más abiertamente parasitaria, que se asemeja más a la de Napster, la antigua plataforma de música pirateada. Según un investigador de alto nivel de Microsoft, una de las «promesas fundamentales de los LLM» es su capacidad para utilizar «sus datos de entrenamiento para sustituir el trabajo remunerado de quienes crearon esos datos». 20 De manera más evocadora, la escritora de ciencia ficción Margaret Atwood comparó esta dinámica con ser «asesinada por su propio doble». 21
Es muy probable que este tipo de acciones por parte de los gigantes tecnológicos alimenten tendencias destructivas que ya están poniendo a prueba a la sociedad.
Un declive constante del periodismo de investigación. Un aumento constante de la desinformación, la propaganda, las teorías de la conspiración, los deepfakes y los contenidos mediocres generados por computadora. Un público que sigue siendo radicalizado por algoritmos que amplifican el miedo, la ira y la división.
Son los periodistas quienes enriquecen los archivos públicos con información hasta entonces desconocida: ese dato sorprendente, ese detalle revelador, esa cita de un testigo ocular, ese documento secreto, ese análisis de un experto, esa foto, ese video, esa grabación de audio. En pocas palabras, muy a menudo es gracias al periodismo de investigación que sabes lo que sabes. Es evidente que los productos de IA no pueden llevar a cabo este tipo de periodismo de investigación. Explotan los archivos públicos, pero les cuesta aportar algo nuevo.
Por otra parte, incluso la consulta de los archivos resultó problemática.
Un estudio de la Unión Europea de radiodifusión reveló que los principales asistentes de IA distorsionaban considerablemente las noticias en casi la mitad de las respuestas. 22 Google 23 y Apple, 24 por ejemplo, cometieron errores significativos al utilizar herramientas de IA para reescribir los titulares y las alertas de los medios de comunicación que aparecen en sus productos. Dado que la IA tiende a expresar mal la incertidumbre, a menudo se equivoca no solo en el fondo, sino también con una certeza engañosa. Y, a diferencia de los medios de comunicación en los que se inspiran, las empresas de IA no rastrean ni corrigen estos errores, dejando a sus usuarios sin ningún medio para saber cuándo han sido engañados.
Esto es importante, en parte, porque los productos de IA no solo pueden complementar, sino también sustituir las relaciones directas con los medios de comunicación para muchas personas. Las encuestas sugieren que esta transición se está produciendo mucho más rápido de lo que la mayoría de la gente imagina. Amazon Web Services, que colabora con numerosas empresas de IA, estima que la mayor parte del contenido en línea ya es generado por la IA, una cifra que algunos expertos prevén que supere el 90 % en los próximos años. 25 Ya se estima que el número de sitios web de noticias locales falsos supera al de los auténticos, ya que la IA dificulta la supervivencia de los sitios auténticos y facilita la creación a bajo costo de sitios falsos. 26
Es revelador que las empresas de IA no quieran afirmar que los resultados de sus productos son fiables. Si no quieren decir que son correctos ni que son exactos, es en parte porque no lo son. Cuando el activista estadounidense Charlie Kirk fue asesinado el año pasado, por ejemplo, el bot de Perplexity sugirió que la declaración de la Casa Blanca sobre la muerte de Kirk era totalmente falsa y Grok insistió en que estaba vivo. 27 Pero, lo que es igual de importante, las empresas de IA se niegan a responder por lo que sus chatbots dicen a los usuarios para eludir cualquier responsabilidad legal. Microsoft advirtió durante el lanzamiento de Copilot: «Solo con fines de entretenimiento. Puede cometer errores y no funcionar como se espera. No confíe en Copilot para obtener consejos importantes. Utilice Copilot bajo su propia responsabilidad». 28
En cierto modo, el público ya ha empezado a darse cuenta de que eso no puede ser bueno.
Según el Pew Research Center, dos tercios de los estadounidenses se muestran muy preocupados por la difusión de información inexacta por parte de la IA. 29 Sin embargo, un porcentaje cada vez mayor de personas recurre a la IA para informarse, obtener datos y consejos 30 y algunas incluso la consideran más fiable que los medios de comunicación de los que depende para sus respuestas. 31
Todo esto agravará el alarmante deterioro de la salud social y cívica.
Los datos demuestran que, cuando un medio de comunicación local incumple sus obligaciones, los miembros de una comunidad comienzan a confiar menos entre sí y a odiarse más. 32 Se vuelven más aislados y menos tolerantes. 33 El compromiso cívico disminuye 34 y la corrupción pública aumenta 35
E imaginen lo que sucederá cuando el enfoque de las empresas tecnológicas respecto al sector de la información haya llegado a su conclusión lógica.
A pesar de la importancia del periodismo para la tecnología más valiosa del mundo, las acciones de las empresas tecnológicas están poniendo en peligro su fuente más importante de noticias, datos y análisis. Esto hará que los propios productos de IA sean menos útiles y menos fiables, convirtiéndolos en otra víctima más de decisiones inútiles y perjudiciales.
Un sector de la información en dificultades puede parecer impotente frente a algunas de las empresas más ricas que el mundo haya conocido jamás. Y el camino a seguir no se ve facilitado por el hecho de que debemos seguir operando en un ecosistema de la información controlado de manera desproporcionada por estos gigantes tecnológicos. Pero aún hay medidas que podemos tomar tanto para resistir los abusos de las empresas de IA como para preparar a nuestras propias organizaciones para tener éxito en esta nueva era.
Me gustaría compartir algunas ideas sobre cada uno de estos aspectos, con la convicción de que de entre los aquí presentes surgirán más y mejores propuestas.
En lo que respecta a la defensa de nuestro trabajo frente a las empresas tecnológicas, me gustaría plantear cuatro ideas fundamentales:
Defiende tus derechos
Los derechos de propiedad intelectual deben respetarse si nuestra profesión quiere tener futuro. En mi país, estos derechos están consagrados en la Constitución y se basan en siglos de jurisprudencia. Además, se inscriben en una concepción ética fundamental según la cual el robo es reprochable.
Pero tus derechos solo se respetarán si insistes en que así sea y si reaccionas cuando no se respeten. Esto requerirá valor —y, a veces, recursos, de los que a menudo careces—, pero la alternativa, que consiste en tolerar en silencio el robo sistemático de tu trabajo, acabará privándote de la posibilidad de seguir ejerciendo tu actividad.
Negocia con prudencia
Es lógico que los medios de comunicación firmen acuerdos de licencia de contenidos con empresas de IA. Pero los insto a que analicen la viabilidad a largo plazo de cada acuerdo. Los gigantes tecnológicos disponen de una extraordinaria ventaja negociadora: ya se han apropiado de su contenido y tienen la intención de utilizarlo pase lo que pase. Antes de aceptar una oferta, vale la pena preguntarse si la remuneración refleja siquiera un valor cercano al justo valor y si conservas un control significativo sobre la forma en que se utiliza tu trabajo.
Presiona a los legisladores
La IA goza cada vez de menos popularidad entre el público. Mientras los legisladores reflexionan sobre cómo reaccionar, nuestro sector debe movilizarse con una lista concisa de reivindicaciones claras y convincentes.
He aquí algunas ideas para empezar: garantizar que las protecciones de la propiedad intelectual, que ya son sólidas, se refuercen —y no se debiliten— de cara a la era de la IA. Exigir que los robots se identifiquen y limitar su capacidad para extraer contenido de los sitios web sin autorización. Exigir transparencia para que los medios de comunicación sepan cuándo y cómo la IA utiliza su trabajo. Asegurarse de que las empresas de IA asuman la responsabilidad jurídica por el contenido difamatorio que generan.
Unamos fuerzas
Nos enfrentamos a empresas de IA que gastan millones en marketing, cabildeo y donaciones políticas para persuadir al público y ganarse el apoyo de los políticos. La empresa de capital riesgo responsable de numerosas inversiones en IA es ahora el principal donante político de Estados Unidos. 36
La única forma en que el sector de la información puede contrarrestar esta influencia es trabajando juntos y —esto es fundamental— con otras industrias creativas. Intervengan en los procedimientos judiciales y participen activamente en sus asociaciones profesionales. Hay que analizar cómo nuestros colegas del mundo de la música y de otras profesiones han superado sus «momentos Napster».
También hay medidas que podemos adoptar para que nuestros propios medios de comunicación sean más resilientes ante este desafío. Una vez más, me gustaría plantear cuatro ideas.
Utiliza la IA de forma adecuada
Las redacciones deben establecer normas bien fundamentadas para un uso responsable de la IA.
A continuación, deben dar muestras de audacia y creatividad para poner esta tecnología al servicio de la mejora de su periodismo y del fortalecimiento de sus actividades. La IA puede aportar un verdadero valor añadido a las organizaciones que encuentren la forma adecuada de adoptarla, y un cambio de tal magnitud acabará con cualquier organización que se niegue a evolucionar. No hay nada intrínsecamente malo en esta tecnología; son las acciones de las empresas que la sustentan las que deben reformarse.
Ante todo, sé un destino
Un mundo cada vez más mediatizado por las plataformas de IA dejaría a los medios de comunicación aún más a merced de los gigantes tecnológicos a la hora de compartir tráfico, reconocimiento y dinero. La vía más clara para apoyar un periodismo de calidad pasará por establecer relaciones directas con el público.
Ser un destino no significa ignorar internet en su sentido más amplio. Siempre hay que establecer nuevas relaciones allí donde se encuentra la gente, es decir, normalmente en una plataforma tecnológica. Pero para profundizar en esas relaciones —para que se conviertan en fieles, habituales y valiosas—, el público debe comprender que es mejor interactuar directamente contigo que a través de un intermediario.
Apuesta por el reportaje original
Muchos medios de comunicación se han debilitado y trivializado al intentar satisfacer las preferencias en constante evolución de los algoritmos de búsqueda y las redes sociales con titulares sensacionalistas, recopilaciones de noticias y comentarios de última hora. La rentabilidad de este enfoque seguirá deteriorándose.
Para convertirse en un destino imprescindible en un mundo en el que la IA actúa como intermediaria, se necesitará un periodismo tan singular que posea su propio poder de atracción. El núcleo de esta estrategia es el reportaje. El público nunca dispone de ninguna otra fuente para este tipo de trabajo. La IA tampoco.
Explica por qué es importante el periodismo
Las empresas de inteligencia artificial disponen de altavoces gigantes y han difundido de forma cuidadosa y selectiva las ventajas de su trabajo, al tiempo que han minimizado los inconvenientes. El sector de la información debe, a su vez, demostrar que el periodismo es un elemento esencial para unas sociedades sanas, unas naciones seguras y unas democracias fuertes, y mostrar cómo las acciones de los gigantes tecnológicos lo ponen en peligro.
Durante la última transición digital, los medios de comunicación —incluido, durante un tiempo, el Times— se sumaron a la afirmación repetida hasta la saciedad por Silicon Valley de que «la información quiere ser gratuita». Muchos ni siquiera sabían que la cita original del filósofo de la tecnología Stewart Brand tenía otra parte: «la información quiere ser cara, porque es tan valiosa que la información adecuada en el lugar adecuado puede, sencillamente, cambiarte la vida».
Esta vez no podemos permitirnos ser tan ingenuos.
Los medios de comunicación son, en conjunto, más pequeños y más débiles que hace veinte años. Los gigantes tecnológicos son más grandes y poderosos, y están mucho más dispuestos a hacer uso de su tamaño y su poder. Al mismo tiempo, la ola de la IA en sí misma podría ser más importante y más rápida a medida que la tecnología sigue mejorando. Aunque por ahora todo parece ir bien, recuerda que estas primeras olas anuncian un tsunami inminente.
Mientras nos preparamos, debemos recordar que la información tiene valor. El periodismo tiene valor.
Internet ya está saturado de bots e información de mala calidad.
Cada vez es más difícil saber de dónde vienen las cosas y si son ciertas.
Esto ha dado lugar a una sensación cada vez mayor de que ya no se puede confiar en nada, lo que exige a cada uno una vigilancia casi paranoica ante todo o, lo que es peor, una caída hacia el nihilismo.
El problema no es solo que la gente crea cosas falsas, sino que ya no cree en las cosas verdaderas. Esta combinación tóxica ya está llevando a más personas a desconectarse por completo. Las empresas tecnológicas hacen como si no vieran estas tendencias y dicen «no es culpa nuestra» o, lo que quizá sea más revelador, «no es nuestro problema».
Los medios de comunicación deberían imponerse como la alternativa fiable a este caos.
Las noticias y la información fiables son más escasas y necesarias que nunca. Aquellas elaboradas por equipos de profesionales con experiencia, respaldadas por procesos y normas rigurosos. Según algunas encuestas, 37 cuando una persona quiere verificar una información que ha encontrado y que cree que es falsa, la primera opción que elige para verificarla es «una fuente de información en la que confío». La última de la lista es un chatbot con IA.
Sigo convencido del valor que aportan los medios de comunicación de calidad que se dedican a la ardua y costosa labor del reportaje original en beneficio de los lectores, de las comunidades y de la sociedad en su conjunto. E incluso de los modelos de IA.
¿Quién más acudirá a los lugares donde se desarrollan los acontecimientos? ¿Quién nos ofrecerá testimonios de primera mano desde el frente de la guerra? ¿Quién nos proporcionará información fiable en caso de crisis de salud pública? ¿Quién denunciará a las empresas o las carreras políticas prósperas construidas sobre una mentira? ¿Quién velará por que los debates sobre políticas económicas tengan en cuenta sus repercusiones en la gente común? ¿Quién más puede enriquecer todo este trabajo con una experiencia duramente adquirida que aporte perspicacia y contexto? ¿Quién puede acompañarlo con un compromiso profesional tan profundamente arraigado para que cada artículo sea lo más imparcial y preciso posible?
La cuestión es saber si ese valor acabará en manos de los gigantes tecnológicos o si recaerá en los medios de comunicación para que puedan seguir realizando esta labor esencial.
Espero que todos se tomen esta cuestión en serio. Porque estoy convencido de que el futuro de nuestros medios de comunicación y la salud de la esfera pública dependen de cómo respondamos a ella. Gracias.
Notas al pie
- Kevin Schaul, Szu Yu Chen y Nitasha Tiku, «Inside the secret list of websites that make AI like ChatGPT sound smart», The Washington Post, 19 de abril de 2026.
- Dan Milmo, «“Imposible” crear herramientas de IA como ChatGPT sin material protegido por derechos de autor, afirma OpenAI», The Guardian, 8 de enero de 2024.
- «The “it” in AI models is the dataset», entrada de blog, 10 de junio de 2023.
- Dan Milmo «Zuckerberg approved Meta’s use of ‘pirated’ books to train AI models, authors claim», The Guardian, 10 de enero de 2025.
- «Perplexity is using stealth, undeclared crawlers to evade website no-crawl directives», Cloudflare, 8 de agosto de 2025.
- Angela Yang, «OpenAI insta a EE. UU. a permitir que los modelos de IA se entrenen con material protegido por derechos de autor», NBC News, 13 de marzo de 2025.
- Cade Metz, «Anthropic Acuerda Pagar 1.500 Millones de Dólares para Resolver una Demanda con Autores de Libros», The New York Times, 5 de septiembre de 2025.
- «Local Journalist Index 2025», Muck Rack.
- «The State of Local News», Local News Initiative.
- «Content Independence Day: no AI crawl without compensation!», Cloudflare, 1 de julio de 2025.
- «AI Scraping Is On The Rise. State of the Bots Q4 2024», TollBit.
- Tim Frank, «Building Toward a Sustainable Content Economy for the Agentic Web», Microsoft Advertising, 3 de febrero de 2026.
- «News deserts hit new high and 50 million have limited access to local news, study finds», Medill, 20 de octubre de 2025.
- Nic Newman, «Journalism, media, and technology trends and predictions 2026», Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo, 12 de enero de 2026.
- «Trends and Facts on Newspapers», Pew Research Center, 10 de noviembre de 2023.
- Consulte los datos aquí.
- «State of the Bots. 2025 Q3 & Q4», TollBit.
- Nic Newman, «Journalism, media, and technology trends and predictions 2026», Reuters Institute for the Study of Journalism, 12 de enero de 2026.
- «From $11B in 2025 Payouts to What We’re Building for Artists in 2026», Spotify.
- Heila Precel, Allison McDonald, Brent Hecht y Nicholas Vincent, «A Canary in the AI Coal Mine: American Jews May Be Disproportionately Harmed by Intellectual Property Dispossession in Large LLM»
- Margaret Atwood, «Murdered by My Replica?», The Atlantic, 26 de agosto de 2023.
- Véase aquí.
- Sean Hollister, «Google won’t stop replacing our news headlines with terrible AI», The Verge, 23 de enero de 2026.
- Liam Reilly, «Apple is pulling its AI-generated notifications for news after generating fake headlines», CNN Business, 16 de enero de 2025.
- Brian Thompson, Mehak Preet Dhaliwal, Peter Frisch, Tobias Domhan y Marcello Federico, «A Shocking Amount of the Web is Machine Translated: Insights from Multi-Way Parallelism», 5 de junio de 2024.
- «Sad Milestone: Fake Local News Sites Now Outnumber Real Local Newspaper Sites in U.S», NewsGuard, 11 de junio de 2024.
- Lauren Fichten y Julia Ingra, «AI fuels false claims after Charlie Kirk’s death, CBS News analysis reveals», CBS News, 12 de septiembre de 2025.
- Chance Townsend, «Microsoft: Copilot AI is for ‘entertainment purposes only,’ not ‘important advice’», Mashable, 6 de abril de 2026.
- «AI risks, opportunities, regulation: Views of US public and AI experts», Pew Research Center.
- Dominick Mastrangelo, «More people turning to AI bots for news: Poll», 17 de junio de 2025.
- Andrew Deck, «People who use chatbots for news consider them unbiased and “good enough,” new study finds», Nieman Lab, 22 de enero de 2026; Felix Simon, Rasmus Kleis Nielsen y Richard Fletcher, «Generative AI and news report 2025: How people think about AI’s role in journalism and society», Reuters Institute, 7 de octubre de 2025
- Michael Barthel, Jesse Holcomb, Jessica Mahone y Amy Mitchell, «Civic Engagement Strongly Tied To Local Habits», Pew Research Center, 1 de noviembre de 2016.
- Joshua P. Darr, Matthew P. Hitt y Johanna L. Dunaway, Home Style Opinion: How Local Newspapers Can Slow Polarization, Cambridge University Press, 2021.
- Lee Shaker, «Dead Newspapers and Citizens’ Civic Engagement», Political Communication, vol. 31, 2014, pp. 131-148.
- «As newspapers close, local corruption thrives», LSE Business Review, 30 de mayo de 2024.
- Theodore Schleifer, «Andreessen Horowitz Is Spending on Politics Like No Other», The New York Times, 13 de mayo de 2026.
- Rasmus Kleis Nielsen, «How the public checks information it thinks might be wrong», Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo, 17 de junio de 2025.