Los ultranacionalistas rusos que le hacen la guerra a Putin
La oposición en Rusia no siempre es lo que uno se imagina. Traducimos y comentamos por primera vez la doctrina del Cuerpo de Voluntarios Rusos.
- Autor
- Marina Simakova •
- Trad.
- Guillaume Lancereau •
- Portada
- «Operación con visión reducida» (Comunicado del Cuerpo de Voluntarios)
Sin embargo, la guerra en Ucrania ha abierto una nueva fase de la lucha a muerte que libran el régimen y los nacionalistas rusos desde la década de 1990, con la aparición del Cuerpo de Voluntarios Rusos (Russkij dobrovol’českij korpus), fundado en agosto de 2022 por el militante neonazi Denis Kapustín.
Los miembros de esta organización paramilitar han decidido derribar el sistema imperial y autoritario construido por Vladimir Putin. Luchan contra el régimen con las armas en la mano junto a Ucrania, realizando varias incursiones en territorio ruso a partir de marzo de 2023, en las regiones de Briansk, Belgorod y Kursk.
El pasado 26 de enero, el Cuerpo de Voluntarios Rusos dio a conocer su doctrina ideológica y su programa político, 1 definiendo sus orientaciones políticas y las principales medidas a implementar si sus miembros lograran tomar el poder por la fuerza. Este gesto es aún más notable si se tiene en cuenta que cuatro años de guerra en Ucrania y de endurecimiento autoritario no han bastado, evidentemente, para que surja un verdadero programa político en la oposición rusa democrática y progresista.
El Cuerpo de Voluntarios Rusos sigue siendo una organización aislada, menos poderosa y estructurada que grupos ultranacionalistas rivales como la Comunidad Rusa (Russkaja obščina), pro-Kremlin, que cuenta con considerables recursos institucionales y financieros. No obstante, la publicación de esta doctrina indica que los miembros del Cuerpo de Voluntarios Rusos albergan ahora otras ambiciones, deseosos de dejar de aparecer como militantes marginales de extrema derecha, sino como combatientes dotados de un programa concreto y que reclaman un papel determinante en el futuro político del país, gracias a su capacidad para movilizar a cohortes de hombres armados.
En definitiva, la importancia de esta declaración depende, por tanto, de la hipótesis bajo la cual se contemple el futuro inmediato de Rusia. Si el régimen continúa con su actual consolidación, el Cuerpo de Voluntarios Rusos y el resto de la oposición quedarán cada vez más marginados, a menos que establezcan nuevas alianzas o reciban un mayor apoyo extranjero. Por el contrario, si se apuesta por una posible erupción política o militar que sumiría al país en el caos, esta situación podría ofrecer a diversos grupos armados una oportunidad para imponerse políticamente.
La historiadora Marina Simakova, especialista en la historia contemporánea de las ideologías, propone en este comentario un análisis minucioso de esta doctrina, uniendo los tres polos de un tríptico complejo. Cada propuesta del Cuerpo de Voluntarios Rusos es así diseccionada para revelar qué es lo que, en cuanto a principios o léxico político, la acerca o la aleja del fascismo histórico y del putinismo.
Su análisis concluye con una tesis contundente: el gran punto de convergencia entre la doctrina del Cuerpo de Voluntarios Rusos y la propaganda putinista no es tanto de orden ideológico como intelectual y retórico. En lugar de los conceptos políticos elaborados por generaciones de pensadores, tanto unos como otros apenas proponen concepciones vagas, invitando al propio lector a reconstruir su coherencia global al llenar todas las lagunas de lo que la autora denomina acertadamente «vacíos semánticos».
En este sentido, este texto presenta un carácter paradójico. Por un lado, su vaguedad conceptual y su falta de un anclaje explícito en las grandes tradiciones de pensamiento del siglo XX lo sitúan en el centro de un giro histórico más amplio: el de la sustitución de las posiciones ideológicas por verdaderas doctrinas ideológicas. Por otro lado, hay que reconocer que contrasta con las prácticas de muchos países de Europa, en los que es visiblemente posible hacer campaña con un puñado de consignas y anunciar el lanzamiento de un movimiento político mediante un manifiesto de una página y media. Esta paradoja se aclara si se sitúa en el contexto ruso: el de un poder que combina autoritarismo y tecnocracia para no dejar lugar a una oferta política alternativa. En este sentido, la doctrina del Cuerpo de Voluntarios Rusos podría interpretarse como una verdadera apuesta política: dirigirse directamente a esa parte de la nación rusa más sensible a un giro nacional en la era posputinista y cansada de las consignas del Kremlin, para ofrecerle un discurso a la vez elaborado y personal, garantía de seriedad y autenticidad.
Doctrina ideológica del Cuerpo de Voluntarios Rusos
Preámbulo: De la resistencia a la toma del poder
El Cuerpo de Voluntarios Rusos es una organización nacional político-militar cuyo objetivo es la liquidación del actual régimen político de la Federación de Rusia y el establecimiento de un sistema político justo, acorde con nuestros valores fundacionales.
El núcleo de nuestra organización está compuesto por combatientes que defienden este ideal con las armas en la mano. Nuestra acción militar y política tiene como objetivo preservar al pueblo ruso de la desaparición, devolverle el derecho a determinar su propio destino y defender los verdaderos valores de la civilización europea.
Nuestros voluntarios provienen de todos los estratos de la sociedad rusa. Están unidos por un objetivo común, una misma visión del futuro y valores compartidos. Nacida en la resistencia armada, nuestra actividad toma hoy la forma de una organización política de pleno derecho, lista para reunir a todos aquellos que se identifican con sus objetivos. Todos nuestros esfuerzos políticos y militares se concentran en la defensa de Ucrania, como puesto de avanzada oriental de toda Europa, y en la eliminación del régimen político que gobierna la Federación Rusa. Pretendemos así iniciar una fase de transición que debe dar lugar a un órgano representativo capaz de neutralizar las secuelas del actual régimen autoritario y antinacional, al tiempo que se sientan las bases de un nuevo orden político en Rusia.
Nuestro enemigo: el régimen antinacional de la Federación Rusa
Partimos de la premisa de que los rusos, al igual que muchos otros pueblos de la Federación Rusa, viven en estado de ocupación bajo el yugo de un régimen criminal y antinacional cuyas acciones solo pueden conducir a la decadencia y la aniquilación del pueblo ruso. Reconocemos al régimen antinacional culpable de los siguientes delitos:
1° La destrucción de la identidad. Como heredero directo de los regímenes totalitarios del pasado, este régimen lleva a cabo una política sistemática de borrado y aniquilación de toda forma de identidad nacional. La identidad nacional rusa [russkaja], al igual que la de los demás pueblos autóctonos de Rusia, es objeto de un desmantelamiento sistemático en favor de una identidad cívica rusa [rossijskaja] artificial. Además, asistimos a una resovietización sistémica, que retoma las prácticas del bolchevismo y el estalinismo en todos los ámbitos de la vida política, social y cultural.
2° La usurpación de las instituciones políticas. La pseudoélite al mando se ha apoderado de todos los órganos del poder, despreciando la voluntad del pueblo, privando así a la nación rusa y a las demás naciones del país de toda subjetividad política, aplastando la autonomía local, socavando las instituciones en las que se encarna la soberanía de los sujetos federales y prohibiendo toda forma de actividad política.
3° La sustitución de las poblaciones indígenas del país. Una política migratoria fuera de control, la falta de regulación de las actividades de las diásporas, el fomento y la financiación de grupos criminales de base étnica a las órdenes del Kremlin, en un contexto de decisiones catastróficas en materia de valores y demografía, conducen a la extinción del pueblo ruso.
4° La monopolización de las riquezas nacionales y la arbitrariedad económica. En la actualidad, la redistribución del capital y las ganancias solo beneficia a los clanes y a los individuos que gravitan en la órbita del poder. Los empresarios independientes han sido aniquilados como clase, mientras que se ha abierto una brecha colosal entre los ultrarricos y la gran masa del pueblo ruso, sumida en una miseria insoportable.
5° La exclusión de Rusia de la comunidad internacional. Nuestro país se ha convertido en un Estado paria, excluido de las instituciones internacionales y de los circuitos de intercambio de bienes y tecnologías. La mayoría de los tratados internacionales que incluyen a Rusia han sido violados. Esta política ha llevado a un nivel sin precedentes de aislamiento internacional del país. Rusia está en vías de transformarse en un simple satélite político, además de una colonia de extracción de materias primas.
6° El deterioro de la imagen de Rusia y de los rusos. La Federación Rusa ha adoptado una política exterior de extrema agresividad y ha desencadenado una guerra contra Ucrania y, por extensión, contra todo el mundo civilizado: estas decisiones han afectado de manera duradera la percepción de Rusia, de sus ciudadanos y de su cultura a escala mundial.
Marina Simakova Los miembros del Cuerpo de Voluntarios Rusos justifican su rechazo al régimen vigente por un desacuerdo político de fondo sobre el principio y el valor del Estado-nación. A sus ojos, la agresión a un Estado soberano y la ocupación de sus territorios representan una violación del derecho de los pueblos a la autodeterminación, principio que la organización considera sagrado. No solo acusan a la dirección política rusa de llevar a cabo una política imperialista, sino de asumirse como un verdadero imperio y comportarse como tal.
Sin embargo, el imperio y el Estado-nación modernos responden a lógicas distintas de organización política. Más allá de las variaciones empíricas que los diferencian en la práctica, estos dos modelos son fundamentalmente antagónicos en el plano de los principios.
Esta antinomia de principios no excluye, sin embargo, ciertos puntos de convergencia entre el imperio tal como lo concibe el putinismo avanzado y el Estado-nación tal como lo reivindica el Cuerpo de Voluntarios Rusos. Más allá de su enfrentamiento militar y político, muy real, el análisis de las ideas que se supone que garantizan la cohesión social y aseguran un consenso implícito revela similitudes doctrinales entre estos dos proyectos, en cuanto a su lógica interna, su retórica y el imaginario político que los inspira.
Nuestro método: la resistencia total
Somos realistas políticos y militantes responsables, y el pragmatismo es nuestra principal línea de acción. Estamos convencidos de que el régimen actual de la Federación Rusa no puede reformarse mediante las urnas ni la negociación. Por ello, reconocemos que la resistencia armada es el medio de lucha más eficaz, sin que por ello sea el único a nuestra disposición. Si el enemigo libra una guerra total, la resistencia también debe plantearse actuar en todos los frentes y por todos los medios, desde acciones militares hasta la movilización política, desde el sabotaje hasta la propaganda. La guerra y la resistencia son el crisol del que surgirán las nuevas élites nacionales, procedentes de todo el espectro de la sociedad rusa.
Nuestra referencia fundamental: los valores atemporales
Nuestra visión del mundo se basa en una serie de principios fundamentales que nos comprometemos a apoyar y defender.
Marina SimakovaDesde las primeras líneas de su doctrina, el Cuerpo de Voluntarios Rusos afirma basarse en «valores atemporales». Tal afirmación significa dos cosas: por un lado, el recurso a «valores» supuestamente propios de los rusos sustituye a cualquier elaboración común de preceptos y reglas; por otro lado, esos valores presentarían un carácter natural e inmutable. Su doctrina tiene esto en común con la propaganda de Putin: no propone en absoluto a los ciudadanos principios abiertos al debate, sino que les impone de antemano una visión del mundo predeterminada, a la que se supone que los rusos deben adherirse espontáneamente, incluso de manera inconsciente. Del mismo modo, tanto una como otra postulan que estos valores se habrían cristalizado desde tiempos inmemoriales, hasta el punto de volverse casi inherentes a la identidad del pueblo ruso.
Por otra parte, el contenido de los «valores» reivindicados por el Cuerpo de Voluntarios Rusos recuerda ciertos motivos familiares de la retórica oficial: la «familia», la «cultura» y la «memoria histórica». En ellos se encuentra, por último, un poderoso rechazo a toda concepción materialista del progreso, en eco a lo que el Kremlin denomina «la primacía de lo espiritual sobre lo material».
1° Creemos en la Tradición. Reconocemos incondicionalmente el valor de nuestro patrimonio europeo común en toda su riqueza histórica. Nos apoyamos en la experiencia pasada de los movimientos de liberación rusos, sin ocultar por ello las páginas más complejas y dolorosas de la historia de nuestro pueblo. La Tradición es el único camino que permite la preservación de la memoria histórica, la protección de la familia y de nuestro modo de vida, de las costumbres y de la cultura del pueblo ruso. Consideramos que la salvaguarda y el desarrollo de los valores de la civilización europea son el objetivo último de nuestra organización. No obstante, estamos a favor de mantener relaciones de buena vecindad con otras civilizaciones, así como de preservar un equilibrio de intereses y una sana competencia basada en el respeto mutuo.
Marina SimakovaLa doctrina del Cuerpo de Voluntarios reivindica su apego a una «tradición» justificada por un razonamiento circular, ya que se basa únicamente en la creencia en su validez. No es un secreto que los «valores tradicionales» constituyen uno de los pilares retóricos más sólidos del putinismo. ¿En qué se diferencian la «tradición» y los «valores» invocados por el Cuerpo de Voluntarios Rusos? Para responder a esta pregunta, hay que recordar que la idea de una sociedad rusa erigida en portadora privilegiada de los «valores tradicionales» está estrechamente ligada al patriarca Kirill. El decreto presidencial de noviembre de 2022 definió estos valores como una ética común a las grandes religiones históricamente presentes en el territorio ruso y de las cuales el Estado, que sigue siendo laico, habría conservado una sustancia moral. A pesar de la diversidad de los sistemas morales propios de estas religiones, los autores del texto de 2022 decretaron la existencia de un sustrato moral común a cada una de ellas, antes de erigirlo en un código cultural específicamente ruso, origen de todas las diferencias entre Rusia y el «Occidente colectivo».
El Cuerpo de Voluntarios Rusos propone su propia interpretación al situar en el centro de su doctrina «los verdaderos valores de la civilización europea». Según sus miembros, Rusia pertenece étnicamente a la familia de los pueblos europeos, entendiendo a cada uno de estos pueblos como una nación cívica dotada de sus propios valores. Al erigir la preservación de la civilización europea como objetivo supremo, la organización anuncia ciertas orientaciones de su política exterior, comenzando por un acercamiento a Occidente basado en relaciones de amistad y cooperación en lugar de la confrontación actual. En el plano interno, el mismo razonamiento la lleva a reivindicar la defensa de la «alta cultura europea».
Se observa, pues, que la organización renuncia a dos temas centrales del régimen ruso, el «camino particular» ruso y el eurasismo, en favor de un giro hacia Europa. A pesar de las apariencias, la propia lógica de este reposicionamiento recuerda ciertas declaraciones de Vladimir Putin. Este también subraya que Europa es la cuna de una gran tradición —que los europeos habrían traicionado bajo la influencia ideológica nociva de Estados Unidos, mientras que Rusia habría sabido preservarla intacta frente a las presiones externas. Desde esta perspectiva, la misión histórica de Rusia consistiría en salvaguardar la tradición como tal, incluida su dimensión europea, apoyándose en su propio sistema de valores.
Si bien el Cuerpo de Voluntarios Rusos razona de manera diferente, ya que se compromete a defender los «valores europeos» al salvar a la nación rusa, dos elementos lo acercan al putinismo: su determinación común de defender a toda costa una cierta «tradición» y la ausencia total de contenido concreto que le asignan a esta última. En ambos bandos, la «tradición» aparece como una categoría instrumental con funciones ante todo tácticas, una especie de catalizador ideológico. Permite agregar y mantener unidos elementos tan heterogéneos de la doctrina como la memoria histórica, la familia como institución social y la singularidad del pueblo ruso.
Tanto en el putinismo como en la doctrina del Cuerpo de Voluntarios Rusos, los valores funcionan, por lo tanto, como un referente identitario y un marco moral abstracto, heredados de una «tradición» de contornos indefinibles, pero que, no obstante, se supone que legitiman las decisiones políticas más concretas.
2° Creemos en la Justicia. Esta comprende dos dimensiones: por un lado, el castigo de los criminales responsables de la política antinacional y de los crímenes de guerra; por otro, la necesidad de construir una sociedad basada en la meritocracia, entendida como el reinado de los más aptos para gobernar.
3° Creemos en la Libertad. Nuestros valores fundamentales incluyen la libertad individual basada en la soberanía popular y los derechos naturales, las leyes y los deberes. Proclamamos la libertad del arte y la cultura, de la investigación y la enseñanza, que deben preservarse de todo adoctrinamiento, la plena libertad de conciencia y de expresión, así como la libertad política, concebida como el derecho a la insurrección contra la tiranía. La otra cara de estas libertades es la obligación del individuo de asumir plenamente su responsabilidad respecto al futuro de su hogar, su comunidad y su proyecto civilizacional.
4° Creemos en la Nación. Tenemos fe en la nación rusa como comunidad de ciudadanos libres, unidos por leyes e instituciones comunes, capaces de luchar colectivamente para defender sus derechos. Nuestra lucha tiene como objetivo la construcción de un Estado de orientación decididamente nacional, que garantice a largo plazo la preservación, el desarrollo y la soberanía de la nación. Definimos a los rusos como representantes de la comunidad étnica europea, portadores de la lengua y la cultura rusas.
5° Creemos en un progreso técnico razonado. Nuestro apego al pasado histórico y a la tradición no nos hace menos favorables a la innovación tecnológica y al desarrollo evolutivo. Sin ser partidarios ni de un retroceso ni de una imitación ciega de formas de organización social ya superadas, no compartimos la obsesión materialista por el progreso, percibido como un fin en sí mismo. Todo desarrollo debe tender a la mejora de la condición humana, al aumento de la libertad y a la salvaguarda de los logros sobre los que se asienta la civilización europea. Tal es nuestra concepción de la síntesis que debe realizarse entre Tradición y Desarrollo.
Marina SimakovaEl texto aboga aquí por realizar una «síntesis de la tradición y el desarrollo». Este último término parece referirse únicamente a una idea abstracta del progreso, en la que se perciben vagamente acentos tomados de Condorcet y su famoso Cuadro histórico de los progresos del espíritu humano. Su función consiste más en distinguir retóricamente al Cuerpo de Voluntarios Rusos del conservadurismo clásico que en esbozar una verdadera trayectoria de modernización de la sociedad rusa.
Nuestra vocación: una política de orientación nacional
La política de orientación nacional es un principio político que consiste en situar el interés de la nación en primer lugar entre las prioridades en los ámbitos de la acción estatal y de la vida económica, social y cultural. Rechazamos las formas de organización estatal que suponen la restricción de las libertades individuales y sostenemos que el régimen político actual de la Federación Rusa es a la vez hostil a toda política de orientación nacional e incapaz de llevarla a cabo.
La política que anhelamos debe ejercerse en un marco de coexistencia pacífica y de cooperación fructífera dentro de la comunidad internacional. Nuestro legado histórico, nuestra cultura y nuestras tradiciones nos convierten en parte integrante de la civilización europea. Rechazamos toda forma de chovinismo hacia los demás pueblos europeos; del mismo modo, rechazamos el eurasismo y las demás estratagemas ideológicas del régimen de la Federación Rusa como proyectos políticos a la vez destructivos, inhumanos e irremediablemente condenados al fracaso. Somos los herederos espirituales de las formas más sanas de resistencia rusa a la tiranía, inspiradas en la defensa de la justicia, el orden y el derecho.
No tenemos otro futuro que la integración en la civilización europea, ni otra misión que la de construir una nueva Rusia y luchar por el verdadero espíritu de Europa, que hay que reconciliar con sus propios valores heroicos y tradicionales. Luchamos contra el régimen autoritario de la Federación Rusa como una amenaza existencial no solo para Rusia, sino para toda Europa. Nos oponemos con la misma determinación a otros regímenes autoritarios que contradicen nuestros valores fundamentales.
Nuestra visión: la imagen de la Rusia del futuro
Nuestra lucha tiene como objetivo producir resultados concretos. En lo que respecta a la estructura estatal, construiremos una república basada en la nación como única fuente de legitimidad y en la expresión meritocrática de la voluntad a través de sus representantes más dignos. Se tratará de un Estado moderno de orientación nacional, basado en el imperio de la ley y el constitucionalismo, la creación y el mantenimiento de instituciones nacionales estables, capaces de desactivar desde el principio cualquier desviación del sistema en beneficio del reinado arbitrario de individuos o grupos. Estamos convencidos de que el Estado representa la forma superior de subjetividad política de una nación, así como la plataforma necesaria para la implementación de los proyectos y objetivos más ambiciosos.
Marina Simakova Cuando una organización nacionalista armada hace públicas sus principales concepciones ideológicas, la comparación con la famosa Doctrina del fascismo de Mussolini —redactada, en su mayor parte, por el filósofo hegeliano Giovanni Gentile— se impone por sí sola. A pesar de las limitaciones que necesariamente presentan las analogías históricas, este paralelismo conserva su relevancia. El proyecto del Cuerpo de Voluntarios Rusos se inscribe, sin duda, en el espacio conceptual trazado hace más de un siglo por las camisas negras italianas, cuyo militarismo y nacionalismo alimentaban el entusiasmo político.
Si hubiera que identificar la diferencia más significativa entre la doctrina del Cuerpo de Voluntarios Rusos y la de Mussolini, esta se encontraría sin duda en la concepción de las relaciones entre la nación y el Estado. El fascismo italiano rompía con la letra y el espíritu del nacionalismo clásico, el de Giuseppe Mazzini, quien veía en el pueblo la imagen de Dios en la Tierra y la fuente orgánica del Estado-nación. En la Doctrina del fascismo de Mussolini y Gentile, esta relación se invertía: ya no era la nación-pueblo la que fundaba el Estado, sino el Estado el que constituía la nación. Por el contrario, el Cuerpo de Voluntarios Rusos propone casi un retorno a las fuentes de ese nacionalismo antiguo, con una visión más cercana a la de Mazzini: la nación es para ellos un hecho natural, anterior al Estado, del cual procede directamente como «forma suprema de la subjetividad política de la nación».
Este enfoque tiene consecuencias concretas. Permite al Cuerpo de Voluntarios Rusos reivindicar una legitimidad democrática —puesto que se considera a la nación como la fuente de toda soberanía— al tiempo que construye un aparato estatal desprovisto de garantías democráticas. Mientras que el fascismo italiano asumía someter al individuo al Estado en el marco de una doctrina abiertamente totalitaria, el Cuerpo de Voluntarios Rusos pretende simultáneamente romper con las ideologías totalitarias y desarrollar un sistema extremadamente rígido y restrictivo de acceso al poder.
En lo que respecta a la organización social, garantizaremos la dignidad y la justicia, la prohibición absoluta de la represión y la tortura, la protección de los derechos y libertades de los ciudadanos, el bienestar individual basado en el capital empresarial, un castigo justo para los criminales políticos del régimen de la Federación Rusa y la preservación de nuestras tradiciones y nuestra cultura.
Por último, aseguraremos una paz sólida y duradera con nuestros vecinos. Reconocemos el derecho de todos los pueblos a la autodeterminación, siempre que hayan sabido constituir élites responsables y animadas por una orientación nacional. Daremos prioridad al desarrollo interno y a la integración de la nación rusa en la gran familia de los pueblos europeos.
Nota del traductor La cláusula restrictiva de este último pasaje representa otro punto de convergencia con el putinismo. De ella se desprende que el «derecho de los pueblos a la autodeterminación» no constituye un principio absoluto, sino relativo a la capacidad de los pueblos en cuestión para dotarse de élites ideológicamente conformes a los principios reivindicados por el Cuerpo de Voluntarios Rusos. Nada impediría, por lo tanto, que este grupo, una vez en el poder, decretara que las élites bielorrusas han destacado por su irresponsabilidad y han traicionado la causa nacional para declarar una nueva guerra de «vecindad»; tomamos este ejemplo a propósito, ya que la doctrina del Cuerpo de Voluntarios Rusos no se pronuncia sobre la cuestión de este país políticamente subordinado a la Rusia de Putin. Se constata, al mismo tiempo, que las declaraciones de intenciones pacifistas dejan abierta la posibilidad de nuevos conflictos, armados o no, lo cual es, por lo demás, coherente con el principio mismo de la fuerza de inercia militarista de las formaciones fascistas históricas.
En conclusión, proclamamos que todos los esfuerzos del Cuerpo de Voluntarios Rusos se dedican al cumplimiento de una misión histórica a largo plazo: devolver a Rusia su dignidad nacional, su subjetividad política y su pertenencia civilizacional, al tiempo que se construye un Estado nacional moderno basado en la justicia, la tradición y el respeto de los derechos y libertades de la persona humana.
Nos comprometemos a permanecer fieles a estos principios y a cumplir nuestra misión con dignidad, honor y responsabilidad ante las generaciones futuras.
Estamos abiertos a todos aquellos que comparten nuestros valores y dispuestos a participar en esta empresa común de construcción nacional.
Afirmamos que un gobierno y un régimen político solo son legítimos en la medida en que expresen la voluntad de la nación y su acción esté guiada por el interés nacional. Por lo tanto, nos reservamos el derecho de actuar por todos los medios necesarios hasta la refundación de una Rusia verdaderamente representativa, justa y respetuosa del derecho.
Programa político del Cuerpo de Voluntarios Rusos
Preámbulo
Nosotros, ciudadanos de Rusia y combatientes del Cuerpo de Voluntarios Rusos, adoptamos el presente Programa como guía para la construcción de una Rusia libre y fuerte.
Nuestra base ideológica es un conservadurismo de derecha, intelectual y contemporáneo. Nuestro programa político se basa en el compromiso con los objetivos y valores expuestos en nuestra Doctrina ideológica: la tradición, la justicia, la libertad individual, la nación y la fe en un progreso técnico razonado. Aspiramos a construir un Estado en el que los intereses nacionales y la defensa de los verdaderos valores de la civilización europea coexistan armoniosamente con los elementos del Estado social más aptos para garantizar a cada ciudadano el derecho a una existencia digna.
Marina SimakovaEl Cuerpo de Voluntarios Rusos define su propia ideología como «un conservadurismo intelectual de derecha». El énfasis puesto en los lazos de parentesco entre Rusia y Europa refuerza aún más esta filiación con las corrientes conservadoras europeas del siglo pasado. Sin embargo, se sabe que el fascismo italiano, al igual que el nacionalsocialismo alemán, no se vincula tanto a las corrientes «conservadoras» como a los movimientos «revolucionarios», hasta el punto de que estas dos ideologías se han agrupado a veces bajo la denominación de «modernismo reaccionario». Para comprender el alcance del acercamiento entre el Cuerpo de Voluntarios Rusos y el fascismo italiano, hay que ir más allá de los conceptos políticos explícitamente movilizados por el primero y observar más de cerca los diferentes aspectos de este «conservadurismo intelectual».
Al precisar que se trata de un conservadurismo «de derecha», la organización pretende, en primer lugar, diferenciarse de los comunistas conservadores denominados «rojo-marrones», desde los estalinistas declarados hasta los aparatchiki del Partido Comunista de la Federación Rusa, pasando por los militantes de izquierda que apoyan al régimen, la guerra en curso o que siguen adhiriéndose al proyecto político de la Unión Soviética. En comparación, el significado del término «intelectual» parece menos evidente. Los autores del manifiesto no pretenden señalar con ello que su movimiento atraiga a intelectuales públicos o teóricos reconocidos como Aleksandr Duguin; más bien buscan distinguirse de esas variantes igualitarias y populares del nacionalismo que se encuentran en los movimientos de liberación nacional del siglo XIX o en el Partido Nacional-Bolchevique de los años 1990-2000. Al reivindicar un carácter de organización «intelectual», el Cuerpo de Voluntarios Rusos se presenta como una alternativa a los movimientos de masas, populares y orientados hacia las clases bajas; en definitiva, a todo lo que tradicionalmente se concibe como democrático y de izquierda.
El fascismo italiano, al menos en sus inicios, se caracterizaba por el contrario por un antiintelectualismo de principio, asumiendo la primacía de la acción sobre la reflexión y de la política de la calle sobre la polémica teórica. De hecho, los miembros de las brigadas fascistas no se andaban con sutilezas intelectuales: lo esencial de su labor consistía, al menos hasta la Marcha sobre Roma, en enfrentarse físicamente a los comunistas y a los socialistas.
El ideal del Cuerpo de Voluntarios Rusos parece, por lo tanto, romper con estos postulados. Sus miembros apuestan todo su futuro político por una élite nacional compuesta por individuos responsables, instruidos y dignos, al tiempo que hacen de la meritocracia un principio estructurante. Sin embargo, el paralelismo con el contexto ideológico en el que se constituyó el fascismo italiano no pierde su validez. La formalización ideológica e institucional de este último coincide precisamente con el surgimiento de la teoría de las élites, nacida en Italia con pensadores como Vilfredo Pareto, Robert Michels y Gaetano Mosca.
Para el Cuerpo de Voluntarios Rusos, esta noción de «élites» no tiene un propósito analítico y ciertamente no sirve de contrapunto, como ocurre en ciertos discursos de izquierda. Por el contrario, sintetiza por sí sola una convicción esencial: la de la incapacidad de las masas para gobernar el Estado y la superioridad de las clases dirigentes tanto en el plano moral como en el de la voluntad política, de acuerdo con las tesis de Gaetano Mosca. En definitiva, su modelo comparte con el fascismo italiano su lógica fundamental: la de la jerarquía. El principal órgano de prensa de los fascistas italianos, particularmente activo en la consolidación del régimen de Mussolini, se titulaba precisamente Gerarchia.
En el plano de la política internacional, nuestro objetivo es el regreso de la nación rusa a la gran familia de los pueblos europeos de la que históricamente proviene. Nos asignamos como misión la defensa de la alta cultura y la moral europeas frente a todas las formas de totalitarismo.
Objetivos y etapas de la construcción nacional
El desmantelamiento del régimen criminal
1° La tarea más esencial y urgente es el desmantelamiento completo e incondicional del régimen que actualmente dirige la Federación Rusa. Este desmantelamiento supone la abolición de todo el sistema de poder, las instituciones y las normas jurídicas, en parte heredadas de la época soviética, en parte restauradas en el marco de la resovietización que se está llevando a cabo en la sociedad y en los órganos del Estado de la Federación Rusa.
2° Este desmantelamiento se extenderá a todas las estructuras que se han impuesto como instrumentos de represión dirigidos contra el pueblo, mucho más allá de los meros órganos de seguridad. Desde el Parlamento federal hasta los miembros de las comisiones electorales municipales que participaron en la falsificación de los comicios, desde el cuerpo docente adoctrinado hasta los medios de propaganda mediática y las instituciones religiosas politizadas: cada eslabón de la organización criminal que usurpó el poder en Rusia será sometido a una deconstrucción total; cada persona implicada será objeto de una lustración.
Nota del traductor El concepto de «lustración», mucho más extendido en el léxico político de Rusia que en el de Francia (a pesar de que se trata de un término latino), designa la depuración de las organizaciones y los individuos vinculados al antiguo régimen tras su derrocamiento.
Los archivos que documentan las actividades de estas estructuras de poder, comenzando por los de los servicios especiales, se abrirán en el marco de una investigación pública exhaustiva sobre dichas actividades.
3° Restableceremos la justicia histórica y jurídica respecto a los crímenes cometidos por el Estado ruso contra sus propios ciudadanos y contra otros pueblos, incluso en el marco de la guerra criminal llevada a cabo contra Ucrania y las demás repúblicas de la ex URSS.
Nota del traductor Esta formulación deja lugar a dudas: no se refiere a una guerra criminal contra Ucrania y otras [drugij] repúblicas, sino contra las demás [ostal’nyj] repúblicas. Dado que los autores del texto no siempre son de la mayor rigurosidad sintáctica, nos abstendremos de sobreinterpretar un adjetivo aislado. No obstante, da a entender que la política europea del Estado ruso en el siglo XX no fue más que una larga serie de agresiones imperialistas.
Así, se creará un tribunal ad hoc para garantizar la aplicación de procedimientos de investigación conformes a las normas del derecho internacional y la legislación vigente.
4° A las personas que se hayan determinado culpables de colaborar con el régimen sin que su acción haya contribuido a crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra, delitos graves contra las personas y actos de corrupción de consecuencias particularmente graves, se les ofrecerá la posibilidad de reconocer su culpabilidad y de comprometerse a cooperar con el tribunal de manera voluntaria.
El período de transición
1. Décadas de dictadura autoritaria y corrupción sistémica han llevado a la atomización de la sociedad, a la destrucción de su cultura política y de sus instituciones de autonomía local. En estas condiciones, la instauración inmediata de procedimientos formales de inspiración democrática conduciría inevitablemente al caos y a la parálisis del poder, como lo demuestra el ejemplo de la Federación Rusa de los años noventa, o incluso a la restauración de una dictadura bajo nuevos lemas.
2° El establecimiento de nuevos principios de construcción estatal supone, por lo tanto, un período de transición. Sus objetivos incluyen, en primer lugar, la neutralización de los efectos de la propaganda totalitaria mediante una campaña de desovietización, nuevos programas educativos, libre acceso a los archivos, apoyo a los medios de comunicación independientes y el desarrollo de la cultura nacional. Este programa debe ir acompañado de reformas de la autonomía local que incluyan la transferencia del máximo de competencias y recursos al nivel municipal, con el fin de iniciar a los ciudadanos en el ejercicio de la iniciativa y la responsabilidad políticas. Por último, la formación de una nueva élite se basará en la integración progresiva de los ciudadanos en los procesos políticos a través de iniciativas educativas y cívicas, comenzando por el nivel de los municipios y los sujetos de la Federación. Paralelamente, nuevos mecanismos jurídicos deben fomentar la participación popular y la retirada voluntaria de los antiguos actores de la vida política del Estado.
3° Durante esta fase de transición, la totalidad del poder ejecutivo debe quedar en manos de un gobierno de transición constituido según tres grandes principios: la competencia profesional de sus miembros, su responsabilidad institucional y su prestigio ante la sociedad. Este gobierno temporal será el órgano colegiado supremo del poder ejecutivo, encargado de garantizar la continuidad del Estado, la transición jurídica, la regulación normativa, el cumplimiento de las obligaciones internacionales del Estado, la estabilización de la situación política y social, el restablecimiento del orden público y los preparativos necesarios para la instauración de órganos constitucionales permanentes. Estará integrado por personas que hayan participado activamente en la liquidación del régimen criminal, en particular mediante su participación en la resistencia armada y su compromiso con las estructuras organizadas de la resistencia civil. Las actividades del Gobierno de Transición se llevarán a cabo en el marco estrictamente necesario para el cumplimiento de sus funciones, hasta la formación de los órganos permanentes del poder.
4° El Gobierno de Transición contará con grupos de expertos en una serie de ámbitos esenciales (economía, derecho, ciencias, defensa, política social), integrados por profesionales reconocidos, seleccionados mediante concurso, sin excluir a los expertos internacionales. Sus conclusiones tendrán carácter de recomendación, pero, en caso de rechazo, el Gobierno deberá proporcionar una justificación motivada. Por último, será necesario asociar a estos grupos de expertos a organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, incluidas las europeas e internacionales, con el fin de elaborar recomendaciones con autoridad, reconocidas en la escena internacional, aunque también de carácter no vinculante.
La convocatoria de la Asamblea Constituyente
1° El punto culminante del período de transición será la convocatoria de la Asamblea Constituyente, órgano representativo que exprese la voluntad de la nación. Esta Asamblea Constituyente tendrá el derecho exclusivo de organizar referendos y plebiscitos.
2° El derecho de voto y la elegibilidad para la Asamblea Constituyente se otorgarán a todos los ciudadanos rusos, con excepción de las personas sujetas a las leyes de lustración.
3° La Asamblea Constituyente determinará los fundamentos constitucionales del nuevo Estado ruso: forma de gobierno, organización administrativa y territorial, sistema de controles y contrapesos. Sus decisiones tendrán fuerza jurídica suprema y constituirán la base de la nueva Constitución.
Los principios del nuevo Estado
El nuevo Estado ruso se basará en los siguientes principios:
- Primacía de la libertad individual.
- Inalienabilidad de los derechos humanos fundamentales: derecho a la vida, a la justicia, al desarrollo político y civil, a la propiedad privada, a la legítima defensa, a la libertad religiosa y a la libertad de conciencia.
- Protección de los intereses de la nación rusa, así como de los demás pueblos autóctonos de Rusia.
- Primacía del derecho, igualdad de todos ante la ley e independencia del poder judicial.
- Defensa de los intereses nacionales en el marco de una asociación pacífica y de la participación en la gran familia de los pueblos europeos, con el reconocimiento de la trayectoria histórica de Rusia como Estado europeo.
- Rechazo absoluto de todas las formas de totalitarismo y dictadura e institución de la lucha contra estos fenómenos políticos como objetivo fundamental de la política interior y exterior.
- Inviolabilidad de la propiedad privada, fundamento de la libertad personal.
- Protección garantizada por el Estado de la memoria histórica, la familia y los modos de vida, así como de las costumbres y la cultura.
- Principio de subsidiariedad: cada asunto debe tratarse en el nivel más cercano a los ciudadanos.
- Estrictas observancia del derecho internacional y de la integridad territorial de todos los Estados.
Marina SimakovaEl programa político del Cuerpo de Voluntarios Rusos enuncia una serie de principios generales y reformas políticas que un futuro gobierno estaría llamado a implementar. Entre ellos, el concepto de «inalienabilidad de los derechos humanos fundamentales» ocupa un lugar central. Hay que tener en cuenta que, con esta expresión, los autores se refieren a algo muy distinto a una mera copia de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
No se hace aquí referencia alguna al derecho a la seguridad, al derecho al trabajo y al descanso, ni a la libertad de reunión y de asociación. Su ausencia indica que estos derechos fundamentales ocupan un lugar secundario entre los principios de la organización, al igual que la presunción de inocencia, que tampoco figura en ellos.
Esta omisión no es fortuita. El Cuerpo de Voluntarios Rusos promete exigir responsabilidades, tan pronto como acceda al poder, a todos los responsables implicados en los crímenes del régimen, previendo para ello la creación de un tribunal ad hoc. Las personas afectadas se expondrían así a un «castigo merecido» en nombre de «la justicia histórica y el derecho». A la luz de esta advertencia, los párrafos dedicados a la «modernización» del sistema penitenciario y del régimen de penas (véase infra) parecen contrapartidas muy poco tranquilizadoras.
Queda por identificar el sujeto de esos «derechos» que el Cuerpo de Voluntarios Rusos se compromete a garantizar. Se trata del ciudadano políticamente consciente, dispuesto a participar activamente en la construcción de la nación y a defender su dignidad —es decir, su vida y sus bienes— con las armas en la mano. Esta actitud individual y social condiciona así su derecho a participar en la vida política. Según esta misma lógica, el «gobierno de transición» previsto por el Cuerpo de Voluntarios Rusos estaría compuesto exclusivamente por actores que hayan contribuido a la resistencia armada y organizada contra el putinismo. El análisis de los derechos que se omiten en su programa permite completar este panorama: el ciudadano ideal de la era post-Putin no tendrá, al parecer, ninguna necesidad de ser protegido contra la injerencia del Estado en la esfera privada, ni contra las restricciones a la autoorganización fuera de las estructuras nacionales, ni siquiera contra la explotación económica.
Recordemos aquí que el concepto de «derechos y libertades del hombre» ocupa el segundo lugar entre los «valores tradicionales» enumerados en el decreto de noviembre de 2022, sin que se haya establecido ninguna lista precisa al respecto. En la Rusia en guerra, es evidente que estos derechos —incluso cuando coincidan con los enunciados en la Declaración de Derechos Humanos— son sistemáticamente pisoteados, hasta el punto de que su violación se ha convertido en una realidad cotidiana tanto para los ciudadanos como para las fuerzas del orden. La cuestión decisiva no puede, por tanto, centrarse únicamente en la naturaleza de estos derechos, sino en la forma en que el Cuerpo de Voluntarios Rusos pretende garantizarlos. Sin embargo, sobre este punto, su documentación guarda silencio, con una notable excepción: la protección del derecho a la propiedad. Con este fin, la organización contempla incluso una medida totalmente inédita en Rusia: reconocer el derecho a portar y poseer armas, en otras palabras, introducir una especie de «segunda enmienda» al estilo ruso.
La organización de la Rusia futura
Política económica
1° Independientemente de las decisiones de la Asamblea Constituyente, la organización económica se basará en una serie de principios institucionales: la inviolabilidad de la propiedad privada, la libertad de empresa y de contratación, la igualdad de los agentes económicos ante la ley y el imperio de la ley en la regulación de sus relaciones, la protección de los derechos de los inversionistas y accionistas, incluidos los minoritarios, la independencia del Banco Central y la transparencia de las decisiones públicas.
2° De conformidad con el principio de soberanía nacional, los sectores estratégicos de la economía y los recursos naturales deben considerarse patrimonio de toda la nación. Este principio no implica ninguna estatización de la economía. El Estado debe garantizar su control mediante mecanismos de regulación transparentes, en interés de toda la nación, y no de un grupo restringido de individuos o de empresas extranjeras. Paralelamente, habrá que considerar un conjunto de medidas destinadas a reactivar un capital nacional inclusivo y no discriminatorio para la población económicamente activa, al tiempo que se da prioridad al productor nacional en el marco de una relación de fuerzas económicas equilibrada. De este modo, el país saldrá de su condición subordinada de proveedor de materias primas a terceros países. Por último, se llevará a cabo un examen crítico y una revisión de los tratados internacionales con miras a una mejor protección de los intereses nacionales, en particular en materia de almacenamiento de residuos nucleares y de privatización de los monopolios naturales, teniendo en cuenta la seguridad ambiental y el consenso social.
3° Se debe dar prioridad a las pequeñas y medianas empresas, así como a la regionalización de las actividades económicas. Además, deben reunirse todas las condiciones para favorecer el máximo desarrollo de la iniciativa privada. El Estado garantizará la protección contra toda forma de monopolio y de presión administrativa excesiva, prohibiendo iniciar acciones penales contra los agentes económicos sin autorización expresa del tribunal e introduciendo la responsabilidad personal de los empleados del Estado en caso de injerencia desproporcionada. La acción del Estado deberá dar prioridad a las medidas horizontales —tarifas transparentes y previsibles, igualdad de acceso a las infraestructuras, a los mercados, a la información y a los recursos— y no a las ventajas y privilegios sociales específicos. Un desarrollo de las economías regionales que aproveche al máximo sus especificidades permitirá reducir su dependencia del presupuesto federal, en particular en el caso de las regiones que reciben ayuda financiera. La nueva organización económica fomentará la competencia entre las regiones para atraer inversiones —incluidas las del presupuesto federal— e introducirá un principio de responsabilidad de las regiones por sus compromisos, empezando por su deuda externa. Implica, por último, poner fin a las subvenciones encubiertas, las transferencias discrecionales y otras artimañas que rompen la igualdad entre las diferentes regiones.
4° En materia de nacionalizaciones y privatizaciones, los activos adquiridos mediante procedimientos delictivos y los monopolios de mercado constituidos mediante el abuso de posiciones de poder serán objeto de confiscación incondicional, en el marco de un procedimiento jurídico transparente, abierto y contradictorio, con la posibilidad de recurrir al arbitraje internacional para los inversionistas extranjeros. A los monopolios desmantelados los sucederá un régimen de competencia leal, de renacimiento de una clase empresarial nacional y de máxima integración de todos los sectores de la población en las actividades económicas. Tras una auditoría y una reestructuración, los activos en cuestión se someterán a una privatización justa y transparente, abierta tanto a inversionistas rusos como extranjeros. La constitución de este capital nacional comenzará con una redistribución entre la población de la Federación Rusa de las participaciones de estas entidades económicas confiscadas y reestructuradas, a fin de evitar los errores de las privatizaciones de la década de 1990. Las modalidades de implementación y regularización de las confiscaciones y privatizaciones posteriores serán objeto de una ley especial que respete los principios de coherencia y legalidad de las medidas confiscatorias, su carácter funcional (es decir, la creación de una clase empresarial independiente y la eliminación de las secuelas del régimen criminal), así como la apertura competitiva del acceso a las empresas privatizadas: subastas públicas; acceso igualitario ofrecido a las pequeñas y medianas empresas; información sistemática a los ciudadanos sobre sus derechos y las buenas prácticas de gestión del capital; mecanismos de prevención de la sobreconcentración del capital mediante la prohibición de la participación de estructuras estatales, incluidas las extranjeras, y de personas afiliadas; competencia extendida al capital, pero también a los programas de inversión y gestión de activos.
5° La política fiscal debe tener como palabras clave la estabilidad y la previsibilidad. El sistema tributario solo podrá modificarse tras una evaluación de su impacto en el marco del período de transición, sin posibilidad de ajustes retroactivos. La adopción de una lógica de neutralidad y de tributación igualitaria debe establecer una relación de fuerzas equilibrada entre los sectores que generan superganancias, en particular mediante la explotación de los recursos del país, y los ámbitos prioritarios para la soberanía nacional, las industrias innovadoras y de alto valor agregado científico. Las «exenciones fiscales» y otras medidas de incentivo deben apoyar a las empresas jóvenes e innovadoras en una serie de sectores, entre ellos las tecnologías de la información, con protección contra el uso abusivo de estos mecanismos por parte de empresas (incluidas las internacionales) ya establecidas. El sistema fiscal en su conjunto debe, por lo tanto, favorecer el espíritu emprendedor en lugar de una nivelación a la baja, al tiempo que se mantiene la responsabilidad de las empresas y se eliminan las lagunas fiscales susceptibles de ser objeto de explotación desleal.
6° El apoyo a las microempresas y a las pequeñas y medianas empresas que generan un valor agregado real adoptará, en particular, la forma de créditos sin intereses o subvencionados y de garantías públicas para los pequeños y medianos agricultores y los proyectos nacionales relacionados con la seguridad alimentaria, al tiempo que se limitan, mediante aranceles, las presiones a la importación por parte de países que se niegan a adoptar prácticas económicas éticas. No obstante, los planes de competitividad elaborados y aplicados en cada sector deben seguir siendo temporales y tener como objetivo la eliminación de las medidas proteccionistas tan pronto como los sectores afectados hayan obtenido una ventaja competitiva real.
7° El estímulo de la economía supone una reestructuración profunda de las infraestructuras públicas y las redes logísticas destinadas al comercio interior y al almacenamiento de mercancías, con garantías de acceso para las pequeñas y medianas empresas independientes y dando prioridad a las empresas privadas rusas para el acceso a los correspondientes mercados públicos. Esta política exige, además, la revisión de las privatizaciones de las grandes infraestructuras públicas llevadas a cabo bajo los regímenes criminales.
8° La primera etapa de la nueva política fiscal consiste en suprimir el control integral del presupuesto por parte del centro federal. La descentralización financiera debe experimentar un nuevo impulso, en particular mediante el cese del rescate federal de las regiones deficitarias a costa de exacciones a las regiones superavitarias. Estas reformas suponen también la prohibición de la monetización del déficit presupuestario —salvo en caso de desafíos extraordinarios a los que se enfrente el Estado— y la creación de un órgano consultivo independiente en materia presupuestaria, encargado de evaluar las decisiones del centro federal y de publicar recomendaciones sobre todas las iniciativas fiscales importantes.
9° Inspirándose en el modelo noruego, Rusia instituirá un «Fondo para las generaciones futuras», abierto y transparente, al que se transferirá una parte de los beneficios obtenidos de la explotación de los recursos naturales. Este fondo llevará a cabo una política equilibrada que combine la financiación de proyectos estratégicos y sociales con inversiones en los mercados interno y externo. Su gestión será supervisada por un consejo independiente, con la garantía de ausencia de interferencias políticas, el carácter público y transparente de sus informes, la obligación de una auditoría independiente y el equilibrio entre las decisiones del mercado y las prioridades del Estado.
10° La integración de los avances tecnológicos y las innovaciones más eficaces en el desarrollo económico debe traducirse en la digitalización de la acción pública, la automatización y la robotización de la industria, la adopción de las mejores prácticas en materia de cooperación científica y técnica internacional al servicio del desarrollo sostenible, la protección de la propiedad intelectual y el fomento de la producción intelectual nacional independiente destinada a los mercados internacionales, un sistema simplificado para patentar y validar las innovaciones tecnológicas, un mayor apoyo a las incubadoras de empresas y a las startups innovadoras, acompañado de una auditoría transparente sobre el uso de los fondos correspondientes, un desarrollo de la asociación público-privada para la inversión en proyectos tecnológicos a largo plazo, la creación de un mecanismo eficaz para integrar los resultados de la investigación científica en la industria comercial, la constitución de centros de análisis independientes encargados de informar periódicamente sobre los indicadores macroeconómicos y el desarrollo de instrumentos de gestión de riesgos a nivel mundial y regional.
Organización del Estado
1° La decisión sobre la forma que deberá adoptar la organización estatal de Rusia corresponderá a la Asamblea Constituyente.
2° Independientemente de la forma de gobierno que esta elija, el nuevo Estado se basará en principios de descentralización y federalismo auténticos. A las regiones y los municipios se les concederá una amplia autonomía y una independencia financiera real.
3° La decisión final en materia de organización estatal deberá impedir el retorno a cualquier forma de poder totalitario y, en particular, a cualquier resurgimiento del bolchevismo.
Justicia histórica y memoria nacional
1. El bolchevismo, el comunismo y todos sus derivados se reconocen como ideologías criminales, inhumanas y hostiles al propio ser humano. La propaganda de estos regímenes y la exhibición pública de sus símbolos quedarán prohibidas por ley. El 7 de noviembre se declarará Día de la Memoria de las víctimas del terror comunista.
Nota del traductor La noche del 7 de noviembre de 1917 (según el calendario gregoriano) se produjo el derrocamiento del gobierno provisional de Kerenski, en Petrogrado, por parte de los bolcheviques liderados por Lenin y Trotski.
Se eliminarán todas las conmemoraciones y los topónimos relacionados con la URSS, el régimen de Putin y la ideología bolchevique. La glorificación de ideologías criminales constituirá un delito penal.
2° Las agresiones cometidas por la URSS y Rusia contra naciones y pueblos soberanos serán definitivamente reconocidas como guerras criminales. Se establecerán mecanismos para restablecer la justicia, acompañados de días de conmemoración. La nación rusa será igualmente reconocida como víctima de regímenes totalitarios e inhumanos, con excepción de aquella parte de la nación que haya participado activamente en dichos crímenes, haya contribuido pasivamente a ellos o les haya brindado su apoyo. El restablecimiento de la dignidad nacional mediante una acción decidida se establecerá como prioridad del Estado y de la sociedad.
3° Se adoptará una ley de depuración. Esta restringirá los derechos de las personas culpables de colaboración activa con el régimen criminal, comenzando por su derecho a ejercer cargos públicos, a participar en la vida política y a poseer activos estratégicos. Se refiere aquí a los agentes de los órganos de represión, los ideólogos y los funcionarios corruptos, así como a las personas desleales que hayan obtenido activos a través del régimen criminal.
4° En materia de memoria nacional, el Estado promoverá el restablecimiento de la verdad histórica tras haberla purificado de las distorsiones políticas impuestas por los regímenes soviético y putinista, así como de los legados del absolutismo y el neobolchevismo. Por el contrario, perpetuará la memoria de los héroes del Movimiento Blanco, de los participantes en las insurrecciones y de todos los resistentes al bolchevismo en los siglos XX y XXI. Los crímenes del pasado serán objeto de investigaciones transparentes cuyas conclusiones se darán a conocer al público y a la comunidad internacional. Por último, un Instituto de la Memoria Nacional, basado en la cooperación y el consenso entre el Estado y la sociedad civil, tendrá la misión de documentar de manera imparcial los crímenes del pasado y preservar la memoria de los logros de la nación rusa.
Marina SimakovaPuede parecer paradójico que una organización de este tipo se ocupe de cuestiones históricas y de memoria en una etapa tan temprana de su existencia política, previendo incluso la creación de un Instituto de la Memoria Histórica cuyo modelo recuerda a creaciones similares en Eslovaquia (Ústav pamäti národa), en Polonia (Instytut Pamięci Narodowej) y en Ucrania (Ukraïns’kyj instytut nacional’noï pam’jati), encargadas de investigar los crímenes de los regímenes nazi y soviético y de educar al público al respecto. Para el Cuerpo de Voluntarios Rusos, esta cuestión reviste una carga ideológica particular en dos planos distintos: el de la responsabilidad histórica y el del relato de la memoria propiamente dicho.
Por un lado, el Cuerpo de Voluntarios Rusos rechaza toda forma de responsabilidad colectiva de los rusos en la guerra de Ucrania. Esta recaería únicamente en la responsabilidad de individuos bien identificables, a quienes se les promete un castigo severo. La «nación rusa», por su parte, no sería más que una víctima más del régimen, a excepción de las personas activamente implicadas en sus crímenes o cómplices pasivos. El programa prevé además que los individuos cuya implicación con el régimen no haya dado lugar a delitos graves puedan redimirse en el marco de un procedimiento de «restauración de la dignidad nacional mediante una acción decidida».
Detrás de esta curiosa tautología —el texto ruso habla literalmente de una «acción activa» [aktivnoe dejstvie]— hay que entender que el Cuerpo de Voluntarios Rusos pretende integrar en la vida política a esos ciudadanos hasta entonces pasivos, a quienes se suele denominar «conformistas». Se constata una vez más que la organización valora ante todo la acción política, a imagen de los fascistas italianos, para quienes la acción primaba sobre cualquier forma de deliberación, desacreditada como «cháchara» política. Estos elementos remiten, por tanto, al imaginario de una movilización política total, un imaginario bien conocido por los historiadores de los regímenes totalitarios, y que no sorprende en absoluto por parte de una organización política de carácter paramilitar.
En materia de narrativa nacional, uno de los rasgos más destacados es el tono decididamente antisoviético del programa. El Cuerpo de Voluntarios Rusos llega incluso a equiparar el bolchevismo con el putinismo, prometiendo penalizar cualquier forma de glorificación de estas dos «ideologías criminales». Este postulado implica que la «desputinización» va de la mano de una «descomunización», haciendo desaparecer al mismo tiempo todas las conmemoraciones y topónimos asociados a estos regímenes en beneficio de los héroes del movimiento contrarrevolucionario «blanco» y de «todos los adversarios del bolchevismo» de los siglos XX y XXI.
Si bien el odio al bolchevismo constituye otro punto en común con el putinismo, la convergencia más profunda reside en una obsesión compartida, un enfoque fanático de la historia, concebida como un terreno de interpretación ideológica de los acontecimientos políticos. El Cuerpo de Voluntarios Rusos pretende así purgar la historia de todas las distorsiones para restablecer finalmente la «verdad histórica». Esta expresión, que haría estremecer a cualquier historiador de profesión, postula la existencia de una única interpretación válida de la historia, lo que deja el campo libre a todas las empresas de propaganda. Esta construcción manipuladora no nos ofrece, por lo tanto, más que una ilusión política. En este sentido, el Cuerpo de Voluntarios Rusos se comporta exactamente como Vladimir Putin cuando agita una carpeta de documentos históricos ante los ojos de Tucker Carlson, afirmándose como el único depositario de la «verdad histórica».
Política exterior
1° Se trata, también en este caso, de restablecer la justicia histórica. Todos los territorios anexados de hecho durante los numerosos conflictos ocurridos desde 1991 deberán ser restituidos a los Estados víctimas de las agresiones de la Federación Rusa. El futuro no deberá dejar lugar a las ocupaciones, ni al apoyo a conflictos internos y regímenes títeres dentro de países soberanos. Se pagarán reparaciones a Ucrania y a los demás Estados víctimas de las agresiones del régimen. Estas se obtendrán de los activos de los altos funcionarios, los dirigentes de los servicios especiales y otros órganos de seguridad, así como de todos los miembros del Parlamento, los directivos de las empresas públicas, los gobernadores de las regiones, los magistrados, así como de las personalidades públicas y religiosas y los líderes empresariales que hayan participado o contribuido de cualquier manera a los crímenes del régimen actual, con la garantía de no extender este proceso a los ciudadanos comunes en nombre de una responsabilidad igualitaria abstracta.
2° La nueva política exterior del país será ante todo pragmática y estará orientada a la defensa de los intereses nacionales. Se dará prioridad al restablecimiento de relaciones de buena vecindad y al desarrollo de una asociación estratégica con Europa y el conjunto del mundo occidental.
3° Los principios de no injerencia y buena vecindad serán los principales pilares de la futura doctrina de política exterior. Dos objetivos deben ser objeto de un trabajo de fondo: el restablecimiento de la condición de miembro de las principales organizaciones internacionales; el levantamiento de las sanciones impuestas a Rusia bajo el régimen actual.
4° La reorganización del Estado supone, por último, repensar de arriba abajo la institución militar basándose en las prácticas probadas de la oposición armada rusa y en los modelos militares occidentales. Si bien la tradición militar rusa debe conservarse a pesar de todo, deberá ser purgada de las prácticas totalitarias soviéticas y de los métodos inhumanos de Putin. El servicio militar obligatorio masivo será sustituido por unidades locales de defensa territorial, en las que se impondrá un servicio militar limitado y obligatorio para todos los hombres hasta la edad de jubilación, de conformidad con el modelo de Suiza, los países bálticos, la doctrina ucraniana de defensa territorial y la Guardia Nacional de Estados Unidos. El ejército federal se recompondrá en torno a un núcleo de militares profesionales, cuyo servicio y remuneración deberán restablecerse. Las unidades de defensa territorial, por su parte, constituirán la base de una fuerza masiva en caso de guerra defensiva; no podrán desplegarse más allá de las fronteras rusas.
Política interna
1. Reformar el sistema judicial y policial implica desmantelar la maquinaria represiva creada y generalizada por el Kremlin. Este sistema incluye tanto las cárceles, en las que se practican diariamente violaciones, torturas y otros maltratos bajo la supervisión de médicos y agentes de los servicios especiales, como un sistema judicial penal, transformado en una máquina de condenar en beneficio del Estado, y, por último, un aparato policial cuya única función es proteger a toda costa un régimen inconstitucional. Estas instituciones serán desmanteladas, y se establecerán mecanismos ad hoc para garantizar la imposibilidad de su restablecimiento. Se instituirá un sistema de elección de jueces, así como un control de la actividad judicial por parte de observadores de la sociedad civil y expertos del ámbito jurídico. Los presos políticos serán inmediatamente liberados y rehabilitados. Se unificarán las normas procesales; se derogarán los artículos de carácter político del Código Penal; por último, se emprenderá una humanización general del derecho penal, con una revisión radical de las penas aplicables. El modelo penitenciario renovado deberá hacer énfasis en la reeducación y la reinserción social de los condenados. Las reformas necesarias incluyen una mayor capacitación del personal penitenciario, la garantía de un trato humano a los reclusos y un control transparente de sus condiciones de detención. El futuro sistema dará prioridad a las penas alternativas y a los programas de reinserción, al tiempo que modernizará las infraestructuras penitenciarias para alinearlas con las normas internacionales.
2° La política migratoria debe basarse en el principio de la protección de la nación rusa y de los demás pueblos autóctonos del país frente al riesgo de ser sustituidos por extranjeros, riesgo que se ha vuelto muy real debido a una política migratoria fuera de control. Los mecanismos correspondientes incluirán, en particular, un régimen de visados estricto con los países de origen de los migrantes poco calificados y el cese de la práctica de la concesión simplificada de la ciudadanía rusa. Se dará prioridad a los profesionales calificados que compartan los valores culturales de la sociedad de acogida. Las decisiones de naturalización tomadas desde 1991 serán reexaminadas caso por caso para las personas involucradas en actividades delictivas o antisociales. Por último, a las personas que residen en los territorios ocupados por la Federación Rusa se les ofrecerá la posibilidad de renunciar a la ciudadanía rusa mediante una simple declaración.
Marina SimakovaEn el plano programático, la defensa de los «valores» del Cuerpo de Voluntarios Rusos se traduce en la promoción de una política migratoria extremadamente restrictiva. Si una lógica comparable impregna el Libro Blanco de política migratoria del Estado ruso para el período 2026-2030, adoptado el pasado mes de octubre tras tres años de endurecimiento legislativo, hay motivos para pensar que las decisiones del Cuerpo de Voluntarios Rusos serían aún más rigurosas y se extenderían a los desplazamientos internos de población. Así es como hay que entender su denuncia, al inicio de la doctrina, de los «grupos criminales de base étnica a las órdenes del Kremlin», alusión apenas velada a las fuerzas chechenas de Ramzan Kadyrov.
3° La construcción nacional exige poner fin al genocidio del pueblo ruso mediante el fortalecimiento de la protección de la institución familiar y el apoyo social a las familias del pueblo ruso y de otros pueblos indígenas en peligro de extinción. Esto supone la creación de instituciones que garanticen la actividad económica, el acceso a la educación y el bienestar de las familias, con el fin de superar los obstáculos demográficos reales a los que se enfrentan los ciudadanos, basando estas iniciativas en un programa científicamente fundamentado de apoyo económico, fortalecimiento de las estructuras de atención a la primera infancia y apoyo a la maternidad.
4° La protección social debe garantizar condiciones de vida dignas a los sectores más desfavorecidos de la población mediante un sistema médico de calidad, acceso gratuito a la atención esencial y a los servicios de asistencia especializada, así como mecanismos de seguro y de subsidios. El restablecimiento de la soberanía económica y del espíritu empresarial nacional creará por sí mismo nuevas posibilidades de acceso a empleos con salarios dignos. Se prohibirán las prácticas inmorales como el microcrédito, con la cancelación parcial de las deudas de los ciudadanos de buena fe víctimas de estas prácticas.
5° En el ámbito educativo, se tratará de restablecer los grandes principios europeos: la independencia de las universidades, el pluralismo y el apoyo a la comunidad científica. Las ideologías políticas o religiosas quedarán prohibidas en todos los niveles del proceso educativo, con excepción de los establecimientos privados. Se suprimirán las instituciones educativas que hayan demostrado su ineficacia, al igual que los títulos universitarios de pura forma. Un sistema de becas estatales y de apoyo al talento favorecerá el acceso a una educación de nivel mundial. Paralelamente, Rusia deberá emprender una mayor cooperación con las instituciones científicas y educativas occidentales, reintegrar sus universidades en el proceso de Bolonia y eliminar el monopolio del Estado sobre la educación. Por último, la lustración se aplicará a las personas del sector educativo implicadas en el adoctrinamiento, la difusión de propaganda en el marco de las estructuras educativas y la falsificación de elecciones.
6° La política ecológica deberá velar por el respeto de los derechos ambientales de los ciudadanos. Las medidas asociadas incluyen la puesta en marcha de un sistema moderno de reciclaje de residuos, la creación de un marco eficaz para la lucha contra los incendios forestales, la restauración de los macizos forestales más importantes, la ampliación de la red de gas, la descontaminación de ríos y masas de agua mediante los medios tecnológicos más avanzados, el desarrollo de energías renovables y la rescisión de los contratos de explotación de los recursos naturales presentes en el territorio de la Federación Rusa.
7° Las actividades caritativas y el voluntariado deben fomentarse mediante incentivos fiscales, en un marco competitivo y responsable que permita delegar parte de las funciones del poder público a organizaciones de la sociedad civil. Los ámbitos sociales serán uno de los principales campos de experimentación y generalización de las asociaciones público-privadas.
8° En materia de seguridad, la primera medida debe consistir en la liquidación total e incondicional de los servicios especiales heredados de los regímenes totalitarios soviético y putinista, con la posibilidad de arrepentimiento activo para los empleados de estas estructuras que no hayan participado en las empresas de represión ni en crímenes de lesa humanidad. Los nuevos servicios especiales deberán dejar el campo libre a un control razonado por parte del público. Se debe hacer todo lo posible para que los servicios especiales ya no puedan influir en los procesos políticos internos. Otras prioridades incluyen el derecho a la legítima defensa y a portar armas, el desarrollo prioritario de las fuerzas del orden a escala municipal y regional, reservando para el nivel federal los asuntos particularmente delicados o que comprometan a toda la nación. Se deben fomentar todas las formas legales de participación ciudadana en el proceso de autoorganización de la seguridad. Durante el período de transición, la oposición armada rusa y sus aliados actuales constituirán el núcleo de los servicios especiales y las fuerzas del orden a nivel federal.
Cultura y ciencia
1° El Estado debe apoyar la cultura rusa, reconocida como parte integrante de la civilización europea, así como las culturas de los demás pueblos autóctonos, fomentando la plena libertad en materia de creación. Su apoyo se dirigirá prioritariamente a las obras basadas en los valores morales tradicionales europeos, sin restringir por ello la expresión de otras formas de identidad, siempre que estas no se manifiesten como abiertamente hostiles. El adoctrinamiento ideológico y las formas asociadas de sometimiento de la cultura a ideologías autoritarias quedarán excluidos del sistema de apoyo estatal al mundo de la cultura.
2° En el ámbito científico, uno de los principales retos consiste en romper el aislamiento al que está sometida Rusia y promover su regreso a la escena mundial. Una primera medida consistirá en una auditoría internacional transparente encargada de evaluar la eficacia del conjunto de las organizaciones científicas y las universidades. Esta política irá acompañada de un aumento de la financiación pública y privada al sector de la investigación mediante incentivos fiscales, subvenciones y donaciones, inversiones privadas facilitadas e iniciativas filantrópicas. Para garantizar su verdadera independencia, las universidades constituirán un capital universitario siguiendo el modelo del sistema vigente en Estados Unidos. Una vez más, se trata de garantizar la plena libertad de investigación, pero otorgando un apoyo especial a las disciplinas no monetizables, como la historia y la filosofía, que constituyen la base de la construcción nacional contemporánea.
3° El principio de libertad de conciencia debe entenderse como una libertad auténtica que se extiende a los representantes de todas las confesiones, siempre y cuando no constituyan una amenaza para el Estado y no contradigan los valores culturales de la identidad europea. La garantía de esta libertad supone una reforma de fondo de todas las organizaciones religiosas que han apoyado al régimen criminal vigente, la separación de las Iglesias y el Estado y la prohibición absoluta de la financiación de las organizaciones religiosas con cargo al presupuesto federal. El objetivo consiste, por lo tanto, en promover la descentralización de estas instituciones religiosas y su reorientación hacia las necesidades de las comunidades locales, donde hasta ahora predominaba una lógica de sumisión absoluta a la línea del Estado.
Marina SimakovaToda la doctrina del Cuerpo de Voluntarios Rusos está literalmente saturada de términos que generan una forma específica de ilusión: la de la claridad. Cada uno de ellos funciona como un concepto intuitivamente comprensible, como una especie de evidencia compartida, pero, en cuanto se cuestiona su contenido, no se encuentra más que un vacío semántico destinado a ser llenado por el propio lector. Estos conceptos no tienen ninguna vocación analítica, explicativa o descriptiva; solo pretenden sugerir asociaciones familiares que cada uno puede adaptar a sus propias convicciones, ya sea un patriota extremista o un liberal de derecha.
El documento menciona en varias ocasiones la idea de una «política de orientación nacional», limitándose a definirla negativamente como lo opuesto al régimen actual. ¿En qué se distinguiría de otras formas de nacionalismo, empezando por el que propugna un movimiento rival, la «Comunidad Rusa»? El texto no lo aclara. Del mismo modo, cuando la organización afirma rechazar toda forma de «chovinismo hacia los demás pueblos europeos», ¿hay que deducir que el chovinismo hacia los pueblos no europeos es legítimo o deseable a sus ojos? No lo sabremos. Lo mismo ocurre en materia de política internacional, donde la organización se limita a proclamar como objetivo «la defensa de la alta cultura y la moral europeas». ¿Debe incluirse a Pasolini en esta «alta cultura europea»? ¿Y a Lars von Trier? ¿En qué momento la «alta» cultura degenera en «baja» cultura y, sobre todo, quién lo decide? Sobre todas estas cuestiones concretas, el silencio es absoluto.
Desde este punto de vista, la retórica del Cuerpo de Voluntarios Rusos se inscribe en la continuidad de la de los plumíferos del Kremlin de la década pasada: todos recurren a lo que podríamos calificar de «táctica de los vacíos semánticos». Todos estos ideologemas y proclamaciones doctrinales siguen siendo lo suficientemente vagos e incoherentes como para que la tarea de reconstruir un razonamiento unitario y coherente recaiga, en última instancia, en el propio lector. Le corresponde a él darle sentido, aunque solo sea para no ahogarse en el discurso. Desafortunadamente, esta creatividad interpretativa forzada juega más bien a favor del edificio ideológico. El hecho de que personas de diversos orígenes se vean llevadas a apropiarse de las ideas más fantasiosas o abstractas, planteando sus propias hipótesis para llenar vacíos objetivos, confiere paradójicamente un plus de legitimidad a construcciones tan desprovistas de sentido propio que, por sí mismas, no podrían comprometer a nada.
En un caso como en el otro, sería un error ver en ello una táctica deliberada. El putinismo y el Cuerpo de Voluntarios Rusos poseen más bien un estilo intelectual propio, cuyo primer gesto consiste en liberarse de todo el léxico conceptual acumulado por siglos de pensamiento político. Los elementos de la doctrina analizada no alcanzan, por tanto, el estatus de conceptos; siguen siendo ideologemas autónomos y flotantes. Al mismo tiempo, hacen imposible de antemano cualquier forma de discusión y negociación. La doctrina se condena así a adoptar la forma de un conjuro, que no exige ninguna demostración ni comprensión de fondo y solo funciona a condición de que el lector sienta íntimamente el sentido que cree discernir en su discurso.
Si bien el fascismo italiano no dejaba de tolerar en sí mismo una cierta falta de profundidad conceptual —lo que, por cierto, lo situaba en ruptura con las ideologías políticas de su época—, este déficit no tiene comparación con el del putinismo, que tiende a sustituir por completo los conceptos políticos por la emoción. Así, de manera indirecta, nos encontramos con una cuestión central de los debates políticos actuales, que consiste en saber si el putinismo representa una versión contemporánea del fascismo, hipótesis que cada día se ve respaldada por argumentos convincentes.
En el caso del Cuerpo de Voluntarios Rusos, es evidente que nos encontramos ante una ideología de derecha cuyo discurso toma prestado menos de las tradiciones históricas del pensamiento conservador que del lenguaje político del propio poder ruso. Cuatro años de guerra en Ucrania han transformado profundamente el conservadurismo tecnocrático del régimen ruso, confiriéndole una dimensión militante, combativa, incluso totalizadora. Al mezclar impulsos de destrucción, culto a la jerarquía y disposición al uso de la violencia en todas sus formas, hasta las más radicales, la ideología del Cuerpo de Voluntarios Rusos debe, a su vez, considerarse un subproducto de la guerra. Su discurso explícito y sus aporías, sus propuestas concretas y sus silencios, sus señales retóricas y sus vacíos semánticos: todo en esta doctrina confirma su incapacidad para superar el trauma original del que procede.
Notas al pie
- Идеологическая доктрина и политическая программа, Русский добровольческий корпус, 26 de enero de 2026. Unos días más tarde, el ideólogo del movimiento, Vasili Kiryushchenko, conocido como «el Cardenal», publicó una extensa serie de comentarios y aclaraciones sobre este texto: Политическая программа РДК: Ответы на главные вопросы, YouTube, 3 de febrero de 2026.