China es una de las economías de trabajo por encargo («gig economy») más importantes del mundo.

  • Aproximadamente 200 millones de personas, es decir, el 40% de la población activa urbana, trabajan en la gig economy en China, lo que equivale al número total de personas activas en la Unión Europea.
  • Casi la mitad de estos trabajadores (unos 84 millones) dependen de las plataformas para ganarse la vida: conductores de VTC, repartidores de comida, streamers 1.
  • La economía gig agrupa a todos los trabajadores que no disponen de un contrato, pero que dependen de varias actividades, a veces con diferentes empleadores o plataformas, para ganarse la vida.
  • A diferencia de Europa y las economías occidentales, donde la gig economy se concentra en el sector de los servicios, en China, la industria y la construcción también recurren cada vez más a trabajadores ocasionales para reducir sus costes.

Si bien este sistema ofrece a las empresas una flexibilidad considerable, permitiendo a las grandes plataformas digitales —Alibaba, Meituan, JD.com— optimizar sus costes y ajustar constantemente su mano de obra, esta eficiencia se basa en gran medida en prácticas que han suscitado en los últimos años una oleada de quejas por sus efectos precarios sobre los trabajadores: horarios prolongados, mayor competencia y controles insuficientes de los vendedores presentes en las plataformas.

A esto es a lo que Pekín intenta dar respuesta con el anuncio, el domingo 26 de abril, por parte de la Oficina General del Comité Central del Partido Comunista Chino y del Consejo de Estado, de un plan de 12 puntos destinado a regular las condiciones laborales de los trabajadores de las plataformas.

  • Pekín pretende, en particular, garantizar a los trabajadores mejores condiciones laborales y una mejor remuneración de aquí a 2027 2, intentando así hacer frente a los efectos más profundos que tendría la gig economy en la sociedad.
  • Mientras que la tasa de desempleo juvenil ascendía al 16,9% en marzo, la falta de una protección social suficiente para los trabajadores podría, de hecho, tener importantes consecuencias para las perspectivas económicas chinas.
  • La edad media de los trabajadores de la gig economy en las fábricas es de 26 años. Aproximadamente el 80% de ellos son hombres y entre el 75% y el 80% son solteros y sin hijos. No tienen seguro de accidentes laborales, no cotizan para su jubilación y se concentran en la parte menos cualificada del proceso de producción. 
  • Sin un empleo estable, podrían tener más dificultades para adquirir competencias, establecerse en las ciudades y acceder a determinados servicios públicos, incluida la vivienda, en el marco del sistema del hukou.
  • Con una población que envejece —se prevé que la población china en edad de trabajar (20-69 años) se reduzca en dos tercios a lo largo del siglo—, la gig economy tendrá dificultades para satisfacer las necesidades de los trabajadores jóvenes, pero también para garantizar la atención a las personas mayores.