Lola Avril


El oscuro caso de corrupción que ha salido recientemente a la luz en el seno del Parlamento Europeo exige una llamada de atención. Las herramientas existen, pero las más altas instancias de la Unión siguen sin tomarse en serio el riesgo. Cegados durante demasiado tiempo por una confianza incuestionable en la autorregulación y la transparencia, la Unión y los Estados miembros deben reaccionar: es hora de pensar en una estrategia autónoma de defensa de las instituciones.