Huir de París, de sus reglas y su encierro, de su espíritu serio.
A altas horas de la noche gay, buscar la fusión frenética con el mundo en el movimiento, el ruido, el asfalto, lejos del silencio de la naturaleza.
Bañarse en aguas contaminadas en lugar de cristalinas.
La Atenas de Édouard Louis no tiene nada de postal, pero se ha convertido en un refugio para escribir.