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El 12 de junio de 2026, 1 la Casa Blanca impuso restricciones a la exportación que limitaban drásticamente el acceso de empresas y personas extranjeras a los modelos de inteligencia artificial más avanzados del gigante Anthropic. De la noche a la mañana, Europa perdió la posibilidad de utilizar una de las IA más potentes del mundo, en la que muchas de sus empresas ya empezaban a confiar. Bastó una decisión repentina de la administración de Trump para poner de manifiesto el costo exorbitante de la dependencia del continente respecto a esta tecnología punta estadounidense. 2 Aunque el acceso ya se ha restablecido, este incidente ha demostrado una vez más que Estados Unidos no es fiable ni como aliado ni como socio, y ha acentuado la urgencia de la aspiración europea a una mayor soberanía tecnológica, que se ha convertido en un elemento clave para la competitividad y la seguridad del continente.
Sin embargo, el debate sobre esta cuestión suele estar marcado por aspiraciones poco realistas e imposibles de materializar. De hecho, el objetivo de Europa no puede ser una soberanía tecnológica total, sino una soberanía selectiva. Por lo tanto, el reto estratégico que se plantea no consiste en eliminar todas las dependencias, sino en distinguir cuáles son las más importantes, cuáles pueden reducirse, cuáles deben atenuarse y cuáles hay que gestionar con habilidad para que Europa pueda defender sus intereses y sus valores.
El surgimiento de un imperativo categórico
La búsqueda europea de autonomía estratégica, incluso en materia de soberanía tecnológica, no se remonta ni al auge de la IA ni a la ruptura con Anthropic. Las preocupaciones sobre la excesiva dependencia de Europa respecto a Estados Unidos y China no han dejado de crecer a lo largo de la última década. Aunque la autonomía estratégica comenzó siendo un lema promovido principalmente por Francia 3 —que el resto de capitales europeas rechazaban como una manifestación «dirigista» de París—, la importancia de este objetivo político cuenta ahora con el consenso de los dirigentes del continente. Cuando Emmanuel Macron destacó su importancia durante la Cumbre para la Acción sobre Inteligencia Artificial celebrada en París en febrero de 2025, ya no necesitaba convencer a sus homólogos. La única cuestión era saber cuánto tiempo se tardaría en alcanzarla.
Esta ambición se vuelve aún más urgente dado que los europeos se encuentran atrapados entre las dos potencias que dominan la vanguardia tecnológica en materia de IA. De hecho, en todos los indicadores clave, Pekín y Washington se presentan, con razón, como líderes indiscutibles, dominando todos los niveles de la pila tecnológica (el «stack»), desde los modelos de IA hasta los semiconductores, pasando por los servicios en la nube y los centros de datos. Concentran la mayor parte del talento y atraen inversiones colosales. Europa, muy rezagada, se encuentra especialmente vulnerable. Sin embargo, sus empresas cuentan con ciertas bazas, en particular competencias de vanguardia en robótica. ASML —el fabricante neerlandés de sofisticadas máquinas de litografía utilizadas en la fabricación de chips de gama alta— es, por tanto, una de las empresas más estratégicas en la carrera por la IA. Pero la brecha entre las capacidades europeas y las de Estados Unidos o China ya es demasiado grande y no deja de aumentar.
Debido a estas debilidades relativas, Europa suele presentarse, en el mejor de los casos, como una espectadora o, en el peor, como una víctima. Los gobiernos europeos y algunas empresas han optado durante mucho tiempo por ignorar este retraso en materia de innovación, apoyándose en las tecnologías estadounidenses sin realizar esfuerzos sostenidos para reducir su dependencia. Durante años, la Unión ha apostado por sus amplios poderes reguladores, considerando que bastarían para orientar el desarrollo tecnológico de acuerdo con sus valores gracias a una normativa protectora de los derechos. 4 Pero la confianza en el poder normativo de la Unión ha dado paso a la toma de conciencia de que Europa no puede conformarse con ser un árbitro en un mundo marcado por la escalada de las guerras comerciales y tecnológicas, el deterioro de las relaciones transatlánticas y el aumento de las tensiones. 5 También debe ser un actor de pleno derecho, que defienda sus intereses mediante estrategias ofensivas y defensivas sólidas. El control soberano sobre tecnologías clave como la IA se ha convertido en algo indispensable para proteger la economía, la seguridad y la democracia del continente.
En 2024, el informe de Mario Draghi sobre la competitividad había suscitado un gran interés en todo el continente. 6 En él exponía los retos existenciales de Europa y ponía de manifiesto hasta qué punto un sector tecnológico próspero era vital para recuperar la competitividad.
Este objetivo también es fundamental para la defensa, ya que no hay seguridad sin prosperidad. La invasión rusa de Ucrania y la pérdida de confianza en las garantías de seguridad estadounidenses han obligado a los europeos a reconstruir sus propias capacidades militares. Esto requiere recursos considerables para unas economías que ya deben hacer frente a unas finanzas públicas endeudadas y a un crecimiento estancado. Por ello, el informe Draghi ha situado, con razón, la competitividad y la soberanía tecnológica en primer plano de la agenda política. La aceleración de la carrera por la IA hace que este objetivo sea aún más urgente y determinante.
Por qué Europa no debe aspirar a ser totalmente soberana
Una soberanía total en materia de IA implicaría un control absoluto —es decir, totalmente soberano— sobre toda la pila tecnológica. Ahora bien, esta no se limita a la capa de los modelos, sino que también incluye una infraestructura sofisticada —centros de datos, servicios en la nube— así como semiconductores, que son esenciales para el entrenamiento de los modelos de IA de vanguardia y su implementación. 7 Dicho control requeriría, además, considerables recursos energéticos para alimentar los centros de datos, así como el control del suministro de tierras raras, indispensables para los semiconductores y otros componentes de hardware clave. 8
Recordemos, en primer lugar, algo evidente: si hablamos de una carrera por la IA, es precisamente porque ni Estados Unidos ni China disponen de una soberanía total sobre esta tecnología y es probable que ninguno de los dos esté siquiera en condiciones de pretenderla. 9 De hecho, la IA se basa en complejas cadenas de suministro mundiales, imposibles de controlar o nacionalizar. Así, China sigue dependiendo de los semiconductores extranjeros y de los equipos necesarios para su fabricación. Por su parte, Estados Unidos se ha negado a suministrarle los chips más avanzados con el fin de preservar su ventaja en el entrenamiento de los modelos de IA de vanguardia más potentes. 10 A su vez, Pekín supo aprovechar la dependencia estadounidense de las tierras raras, lo que obligó a la administración de Trump a flexibilizar sus controles a la exportación de semiconductores a cambio del acceso a estos minerales esenciales. 11 Los chips ilustran, por otra parte, bien la magnitud de estas interdependencias: Estados Unidos domina su diseño, Taiwán su fabricación, los Países Bajos ciertos equipos clave, Japón los componentes químicos necesarios para su fabricación, Corea las «memorias semiconductoras» y China las materias primas. 12 Cada uno de estos países podría convertir en arma el o los cuellos de botella que controla para influir en la carrera por la IA. Pero incluso si lo hicieran de forma agresiva, cada uno seguiría siendo vulnerable a que otros actores de la cadena de suministro se aprovecharan de otro cuello de botella. 13
Si ni Estados Unidos ni China pueden aspirar a una soberanía total en materia de IA, Europa aún menos. El continente acumula muchas más dependencias y dispone de muchos menos recursos para liberarse de ellas. Además, sería peligroso para Europa adoptar un enfoque maximalista en su búsqueda de soberanía en materia de IA, aislándose voluntaria y totalmente de las tecnologías estadounidenses y chinas. Si las empresas europeas no tienen acceso a las mejores tecnologías —que, en el ámbito de la IA, suelen seguir siendo estadounidenses y chinas—, la adopción de esta tecnología en Europa corre el riesgo de ralentizarse. 14 La utilidad real de la IA depende, en efecto, de la forma en que la integremos en diversos sectores. Sin embargo, muchas de las ganancias de productividad prometidas por la IA aún no se han materializado. Es precisamente en este nivel crucial de la pila tecnológica, el de la aplicación, donde Europa no presenta por el momento ninguna desventaja estructural inherente, siempre y cuando mantenga un acceso fiable a los modelos de vanguardia necesarios para la transformación de su economía.
Por lo tanto, el objetivo debe ser una soberanía tecnológica selectiva. Europa debe actuar con visión estratégica, sin dejar de ser realista a la hora de elegir aquellas dependencias con las que puede convivir y aquellas en las que debe reducir los riesgos, ya sea a corto, mediano o largo plazo.
Debería dar prioridad a la reducción de las dependencias extranjeras más sensibles en materia de soberanía y, por lo tanto, las más perjudiciales si se utilizaran con fines hostiles, especialmente en lo que respecta a las infraestructuras esenciales y los servicios públicos críticos. Paralelamente, debe proseguir con ambición el desarrollo de mayores capacidades propias en todo el espectro tecnológico, jerarquizando cuidadosamente sus inversiones.
Una estrategia para las potencias medias
Al igual que otras potencias que no cuentan con los recursos de Estados Unidos y China, Europa se enfrenta a importantes decisiones estratégicas sobre cómo reducir sus dependencias tecnológicas. Expertos de Chatham House han propuesto recientemente una tipología de estrategias alternativas para las potencias medias: la alineación (alignment), la cobertura del riesgo (hedging), la puesta en común de recursos (pooling) o la especialización. 15
La alineación consiste en posicionarse deliberadamente del lado de Estados Unidos o de China —y, por lo tanto, aceptar una dependencia respecto a uno de ellos, pero no del otro— con la esperanza de obtener un acceso privilegiado y otras ventajas. El hedging consiste en recurrir a diversos proveedores extranjeros, al tiempo que se busca desarrollar de forma selectiva capacidades propias. La estrategia de pooling tiene como objetivo establecer alianzas con países que compartan los mismos valores, con el fin de amplificar la influencia colectiva de todos los participantes. Por último, la especialización implica identificar ámbitos concretos de la cadena de suministro mundial de IA en los que el país pueda desarrollar capacidades autónomas, o incluso convertirse en líder mundial, reforzando así su poder de negociación.
Aunque estas cuatro estrategias se presenten como excluyentes, Europa se encuentra en una posición ideal para combinarlas: la armonización y el hedging presentan limitaciones evidentes, pero la puesta en común de recursos y la especialización podrían aprovecharse de forma útil.
Las alineaciones arriesgadas
Europa debería, ante todo, evitar depender en exceso de Estados Unidos o de China. En el pasado, alinearse con Washington pudo haber sido una estrategia plausible, pero nunca fue la óptima. Durante décadas, los europeos se han apoyado en numerosas tecnologías estadounidenses, tranquilos gracias a los estrechos vínculos económicos, políticos y militares que sustentaban la asociación transatlántica. Durante el segundo mandato de Donald Trump, Estados Unidos se ha convertido en un socio cada vez más impredecible y poco fiable: aranceles, ataques a las leyes e instituciones democráticas, amenazas sobre Groenlandia y retirada de las garantías de seguridad. Este punto de inflexión ha llevado a muchos europeos a concluir que alinearse con una potencia cada vez más hostil hacia el continente no solo sería imprudente, sino también peligroso. 16 El reciente episodio del corte de Anthropic pone de manifiesto que Estados Unidos es capaz y está dispuesto a privar a los europeos del acceso a las tecnologías estadounidenses sin previo aviso ni negociación.
Al mismo tiempo, un acercamiento a China no supone precisamente una alternativa atractiva. Pekín busca abiertamente sacar partido de las políticas impredecibles de Estados Unidos, presentándose como un proveedor de tecnología más estable y fiable. Pero China también ha demostrado que no duda en recurrir a la coacción económica. Su control sobre las materias primas esenciales le confiere un poder y una influencia considerables. Ya ha hecho uso de ellos al imponer controles a la exportación, limitando así el acceso de Europa a las tierras raras, indispensables para las industrias automovilística, verde, digital y de defensa del continente. 17 Por último, la República Popular sigue siendo un régimen autoritario, lo que plantea otras cuestiones en cuanto a la dependencia de Europa respecto a actores cuyo modelo político difiere tan fundamentalmente del suyo.
El hedging: una estrategia de diversificación
Europa, por el contrario, podría adoptar una estrategia de cobertura del riesgo entre Estados Unidos y China, utilizando de forma selectiva sus tecnologías y evitando deliberadamente depender de una única fuente de suministro. Esto le permitiría enfrentar a las superpotencias entre sí.
Por lo tanto, a la hora de negociar el acceso a las tecnologías estadounidenses y chinas, Europa debería utilizar su amplio mercado como palanca. 18 China y Estados Unidos desean y necesitan acceder a los más de 450 millones de consumidores con poder adquisitivo que hay en Europa. Las empresas y los particulares europeos constituyen, por tanto, una importante fuente de ingresos para los desarrolladores de IA estadounidenses y chinos, lo que les incentiva en gran medida a abastecer este mercado. Este acceso podría utilizarse, por ejemplo, para negociar un estatus de «socio de confianza» que permitiera preservar el acceso de Europa a la IA de vanguardia estadounidense. Al mismo tiempo, podría negociar acuerdos de transferencia de tecnología como condición previa para autorizar a las empresas tecnológicas chinas a invertir u operar en Europa. 19 El objetivo de esta estrategia de diversificación es evitar una dependencia excesiva de cualquiera de las dos partes, al tiempo que se refuerza su posición negociadora.
La puesta en común de capacidades mediante nuevas colaboraciones
El pooling de capacidades con otras potencias medias reforzaría aún más el poder de negociación de Europa frente a Estados Unidos y China.
Europa cuenta con numerosos aliados y socios con los que colaborar. Una colaboración más estrecha con países que comparten sus mismos valores, como Australia, Canadá, Corea del Sur y Japón, reforzaría el peso colectivo de una coalición de este tipo formada por países dispuestos a actuar. De hecho, ninguna de estas potencias medias desea alinearse plenamente ni con Estados Unidos ni con China. Saben que, por separado, podrían convertirse en blanco de medidas de coacción económica por parte de uno u otro. No solo se enfrentan todas a amenazas comunes, sino que también comparten valores que les permiten establecer una cooperación basada en la confianza y que redunda en beneficio de sus intereses mutuos. Además, estos países disponen de tecnologías clave que pueden compartirse para reducir sus vulnerabilidades individuales, ya sea en lo que respecta al acceso a la energía, a los chips electrónicos, a los modelos de código abierto, o incluso a la investigación o a la contratación pública. Dicha colaboración les permitiría poner en común sus recursos y beneficiarse de economías de escala, así como de valiosas capacidades complementarias, al tiempo que ofrecería una mayor resistencia a las estrategias coercitivas de Pekín y Washington.
Especialización de Europa: desde la IA industrial hasta la I+D, pasando por la defensa
La Unión debería identificar ámbitos de especialización con el objetivo de convertirse en líder industrial y en un socio imprescindible en determinados segmentos de la cadena de valor de la IA.
Empresas como ASML ya están demostrando que un grupo europeo puede desempeñar un papel fundamental en la carrera por la vanguardia tecnológica. Europa debería buscar ahora de forma proactiva otros ámbitos en los que sus ventajas puedan desarrollarse, ampliarse y aprovecharse para alcanzar posiciones de liderazgo a nivel mundial. Estos ámbitos deberían beneficiarse de inversiones adicionales, gracias a una política industrial específica, pero también facilitando la entrada de capital privado. Además de estas estrategias ofensivas, Europa debería proteger estos sectores frente a cualquier adquisición por parte de actores externos, limitando la inversión extranjera directa e incluso bloqueando determinadas adquisiciones por parte de actores no europeos en sectores estratégicos, con el fin de garantizar que estas capacidades permanezcan en Europa. 20 La posesión de estos activos clave confiere a Europa evidentes ventajas económicas, pero, sobre todo, una ventaja estratégica para resistir la coacción y negociar un acceso preferencial a los segmentos de la cadena de valor de la IA que no controla.
La IA industrial constituye un ámbito natural de especialización para Europa. 21 A diferencia de la IA dirigida al gran público, genera ganancias de productividad casi inmediatas en robótica, industria manufacturera, química y materiales, logística, sanidad, sistemas energéticos y operaciones industriales: precisamente los sectores en los que Europa sigue siendo competitiva a escala mundial. Si bien hasta hace poco la atención se había centrado en los modelos de lenguaje y los agentes, la IA industrial al servicio de la economía real ofrece amplias oportunidades que Europa debe aprovechar.
En este ámbito, el continente cuenta ya con una sólida tradición industrial, con gigantes mundiales de la industria manufacturera como Siemens, Schneider Electric, Bosch, BASF o Airbus. El continente sigue siendo un actor de primer orden en los sectores que requieren ingeniería de precisión, en particular los componentes aeroespaciales, la robótica industrial o los dispositivos médicos. Su profunda experiencia en ingeniería y su amplio conjunto de datos industriales de alta calidad podrían aprovecharse para lograr avances en el ámbito de la IA industrial. Si bien es cierto que China ha logrado grandes avances en la aplicación de la IA a las industrias físicas y ha registrado progresos impresionantes en sectores como la robótica, 22 aún no ha ganado la partida. Sería un error dejar completamente en manos de China esta carrera por la «IA encarnada». Al contrario, deberíamos integrar de forma ambiciosa la IA en los sectores en los que, de hecho, ya contamos con empresas y una experiencia reconocida a nivel mundial. En este sentido, el hecho de que hoy en día haya más start-ups especializadas en IA industrial en Europa que en Estados Unidos demuestra que ya hemos empezado a sacar partido de estas ventajas. 23 Ahora estas empresas deben poder desarrollarse en Europa y convertirse en líderes mundiales.
El uso científico de la IA, que integra esta tecnología en los procesos de I+D, ofrece otro campo prometedor para el liderazgo mundial de Europa en materia de inteligencia artificial. De hecho, la excelencia del continente en materia de investigación científica se presta a avances en ámbitos como la química, la biología y la industria farmacéutica. En particular, gracias a un marco normativo muy desarrollado, Europa podría centrarse en el desarrollo de soluciones de IA para los sectores regulados que exigen una tecnología especialmente fiable. Así, en sectores como la banca y los seguros, el cumplimiento normativo y el carácter explicable y verificable de los modelos y aplicaciones de IA son elementos cruciales. Las empresas europeas llevan mucho tiempo operando en este marco de restricciones y podrían marcar el camino al aprovechar la IA para desarrollar soluciones que permitan procesos de cumplimiento normativo eficaces y fiables.
Por último, los cambios geopolíticos han dado lugar a importantes inversiones en empresas de defensa en toda Europa. Las tecnologías centradas en la IA física, como los drones, pueden constituir un sector de especialización privilegiado, al igual que los sistemas basados en la IA dedicados a la recopilación de información y a la planificación de operaciones en el campo de batalla.
En definitiva, disponemos de opciones estratégicas. Pero nuestra búsqueda de soberanía en materia de IA requerirá una combinación de medidas de protección, puesta en común y especialización. La combinación adecuada de estas estrategias puede reducir las vulnerabilidades de Europa, tanto gestionando las dependencias existentes como desarrollando, al mismo tiempo, capacidades propias en materia de IA.
Aprovechar los errores de Estados Unidos
Para hacer frente a los dilemas estratégicos a los que se enfrenta, Europa necesita comprender claramente cuáles son sus puntos fuertes y débiles. Debe abordar con carácter urgente los obstáculos estructurales al crecimiento, entre los que destaca la insuficiente integración de los mercados. La Unión puede intentar inspirarse —de forma selectiva— en algunos éxitos de Estados Unidos y China, como la fructífera integración de los mercados de capital riesgo en Estados Unidos o la atención que presta China a las aplicaciones industriales de la IA. Pero también debe tener la confianza necesaria para desarrollar la IA de una manera que esté en consonancia con los valores y las prioridades estratégicas del continente.
La principal debilidad actual de Europa radica en la fragmentación de su mercado. A pesar de décadas de esfuerzos legislativos, el mercado único sigue estando incompleto, lo que impide a las empresas europeas desarrollarse y aprovechar al máximo este vasto espacio económico de 450 millones de consumidores. 24 Esto es especialmente cierto en el caso de los servicios digitales. Demasiado preocupada por los aranceles impuestos por Donald Trump, la Unión olvida a veces que su principal socio comercial es ella misma. Debe completar con carácter de urgencia la integración de los mercados de capitales para que las start-ups especializadas en IA y el resto de empresas del continente puedan financiar su crecimiento. 25 Si estas dos reformas se aplican de forma ambiciosa, ofrecen la vía más prometedora hacia una mayor soberanía tecnológica.
Más allá de la fragmentación, esta trayectoria positiva suele considerarse comprometida por otras dos debilidades reales. En primer lugar, la falta de capital para financiar las necesidades de infraestructuras de la economía de la IA limitaría la capacidad de Europa para construir un ecosistema de vanguardia. Desde este punto de vista, la incapacidad para sacar partido de la revolución de internet sigue lastrando a un continente que carece de gigantes tecnológicos que generen importantes flujos de ingresos para financiar el desarrollo de las infraestructuras. Esta situación contrasta fuertemente con el ecosistema de las empresas estadounidenses, que, por su parte, pueden movilizar capitales colosales para financiar el mayor proyecto de desarrollo de infraestructuras de la historia. En segundo lugar, la propensión de Europa a regular la tecnología se percibe a menudo como un freno a la innovación europea. 26 Los detractores del Estado regulador europeo suelen destacar que las empresas estadounidenses no están sujetas a tales regulaciones, lo que les deja total libertad para innovar.
Una IA eficiente
Sin embargo, estas dos debilidades percibidas también pueden suponer ventajas para Europa. En primer lugar, aunque deba aumentar sus inversiones en infraestructuras de IA y construir centros de datos, no debe por ello intentar competir con el desarrollo masivo de las infraestructuras estadounidenses. Se prevé que los principales hiperescaladores de Silicon Valley inviertan 800.000 millones de dólares en infraestructuras de IA solo en 2026, mientras se enzarzan en una carrera frenética por mantener la ventaja de Estados Unidos en el desarrollo de la IA de vanguardia. Gran parte de estas inversiones se destina a la construcción de centros de datos donde se entrenan los modelos más eficaces. Sin embargo, esta apuesta por un modelo de expansión que consume mucha energía y requiere grandes inversiones de capital se enfrenta ahora a una resistencia creciente en Estados Unidos y en algunas otras regiones del mundo. La población estadounidense se está volviendo masivamente en contra de la IA y se muestra reacia a acoger gigantescos centros de datos en sus comunidades. 27 Estos centros de datos consumen enormes cantidades de energía, hasta el punto de saturar en algunos puntos la capacidad de la red eléctrica existente y de hacer que se disparen los precios de la energía para unos consumidores que ya se enfrentan a una inflación galopante y a una crisis del poder adquisitivo. 28 En respuesta al deterioro de la opinión pública en Estados Unidos, numerosos proyectos de centros de datos han sido revisados, suspendidos o incluso abandonados. 29 Más allá de los efectos negativos sobre el medio ambiente y los precios de la energía, los usuarios de la IA y algunas empresas comienzan a plantearse los costos asociados al uso de modelos que requieren una gran inversión de capital y que, por lo tanto, resultan más onerosos. Dado que la propuesta de valor de la IA sigue siendo limitada, numerosas empresas se están decantando ahora por la IA china, más asequible y «suficientemente eficaz». 30 reconociendo que la mayoría de las tareas no requieren modelos de vanguardia costosos y pueden llevarse a cabo con una IA que consuma menos recursos.
Esta reacción del mercado, unida a la opinión pública, ofrece una valiosa lección a Europa. El enorme auge de las inversiones estadounidenses podría no dar sus frutos, e incluso resultar un importante derroche de recursos. El creciente sentimiento contrario a la IA también podría frenar las ambiciones estadounidenses en este ámbito; se trata de un fenómeno que Europa aún podría evitar si implementara la IA con mayor prudencia y teniendo en cuenta el interés general. Por lo tanto, la mejor opción sigue siendo invertir con prudencia, con el objetivo de crear modelos eficientes en cuanto a energía y capital que, sin alcanzar las capacidades de la IA de vanguardia, respondan a una demanda creciente, tanto en el mercado interior como en el extranjero.
Dominar la tecnología y generar confianza
Una segunda lección para Europa es que no debe renunciar a su tendencia a regular la IA. El dominio estadounidense en materia de tecnología no se explica por su apego al tecnoliberalismo, incluida una IA no regulada. 31 Por el contrario, el éxito estadounidense radica en su próspero ecosistema tecnológico, en particular su audaz cultura emprendedora, su amplio mercado interior, sus mercados de capitales altamente integrados y su acceso al talento mundial. 32 Son las características fundamentales del ecosistema tecnológico estadounidense las que han allanado el camino para que las empresas tecnológicas estadounidenses alcancen el estatus de líderes mundiales, un conjunto de cualidades que la Unión no ha sido capaz de reproducir hasta la fecha. China también regula la IA y ha demostrado cómo la regulación y la innovación pueden coexistir. Esto sugiere, además, que la inclinación de Europa por la regulación no es la razón por la que el continente se ha quedado rezagado respecto a Estados Unidos y China en la carrera tecnológica. 33
Por otra parte, a medida que se desarrollan las capacidades de los modelos de IA, ya no resulta estratégicamente aconsejable ni políticamente viable otorgar a las empresas del sector de la IA un poder ilimitado para orientar la evolución de esta tecnología. El creciente resentimiento y la desconfianza del público hacia la IA demuestran que necesitamos una gobernanza previsible y protectora. Las presiones a favor de una regulación también se están intensificando en Estados Unidos. El populismo en torno a la IA está ganando terreno, lo que podría limitar el desarrollo y la adopción de esta tecnología en Estados Unidos. Las grandes empresas estadounidenses están empezando a darse cuenta de que no pueden seguir desarrollando esta tecnología sin el apoyo de la sociedad. 34 También resulta revelador que el año pasado se aprobaran 145 proyectos de ley sobre IA a nivel de los estados estadounidenses, 35 lo que refleja el creciente apoyo de la opinión pública a una mayor regulación.
La regulación genera confianza, y la confianza en la IA es esencial para la adopción generalizada de esta tecnología por parte de la sociedad. La confianza es, en sí misma, una capacidad estratégica. Lejos de ser un obstáculo para las ambiciones europeas en materia de IA, un marco regulador estable es esencial para hacer realidad dichas ambiciones. Por lo tanto, una mejor regulación puede facilitar la adopción de la IA en Europa y generar el crecimiento económico que tanto necesita el continente. También puede suponer una ventaja comparativa importante para Europa, que busca posicionarse como líder en una IA de confianza.
Una carrera por la IA que Europa puede ganar
Quienes desean una soberanía tecnológica plena y total para Europa son tan poco constructivos como aquellos que se resignan a la vasallización. La verdad —por incómoda que sea— es que Europa no alcanzará esa soberanía en un futuro próximo, si es que alguna vez lo consigue. Cuanto antes admitan los europeos esta realidad, antes podrán empezar a elaborar estrategias realistas y eficaces que hagan que el continente sea menos dependiente y más resiliente. Europa no puede eliminar todas sus dependencias, pero debe gestionarlas con sensatez.
Reconocer que la soberanía tecnológica no está al alcance de la mano no significa que nos hayamos quedado sin opciones. Europa es un continente rico, repleto de enorme talento y de empresas globales. Cuenta con un amplio mercado interior, instituciones estables, así como valiosos aliados y socios en todo el mundo. Lo que Europa necesita hoy es una nueva mentalidad. No deberíamos comportarnos como si estuviéramos «ya convencidos de [nuestro] propio declive», 36 preparándonos para la derrota como resultado inevitable de la carrera por la IA. En lugar de esa resignación, Europa debe reunir el valor, la confianza y la convicción necesarios para aprovechar sus numerosas bazas, jugando no solo a la defensiva, sino también al ataque en esta carrera. Esta ambición renovada le permitirá sacar partido de esas ventajas y convertirse en una potencia más autónoma, capaz de escribir su propio futuro en materia de IA.
Por último, debe decidir qué rumbo quiere tomar en materia de IA. Esta decisión constituye, en sí misma, un ejercicio de soberanía tecnológica. Es poco probable que las empresas europeas sean las primeras en alcanzar los límites de la inteligencia artificial general, ni que logren convencer al mundo de que adopte una pila tecnológica europea en materia de IA. Pero Europa aún puede ganar la carrera que más importa: la del despliegue a gran escala de la IA en toda su economía y sus instituciones públicas, con el fin de aumentar la prosperidad de Europa, reforzar su seguridad y preservar su democracia, al tiempo que se gestionan los riesgos que esta tecnología supone para sus ciudadanos. Para tener éxito, los líderes políticos deberán alcanzar difíciles compromisos entre objetivos políticos contrapuestos. Pero si abordan estos compromisos con una ambición pragmática, podrán ofrecer a Europa una forma de soberanía tecnológica que sea a la vez selectiva y significativa.
Notas al pie
- Este texto procede de la beca de investigación de Anu Bradford en el Instituto Geopolítico de Estudios Avanzados y en el Instituto de IA y Sociedad, de la École normale supérieure.
- Por «IA de vanguardia» se entiende los modelos de IA de uso general más avanzados disponibles. Estos modelos se entrenan utilizando enormes cantidades de datos y una potencia de cálculo considerable, y poseen capacidades que superan con creces las de los modelos anteriores o de menor envergadura.
- Emmanuel Macron, «Discours pour une Europe souveraine, unie, démocratique», Elíseo, 26 de septiembre de 2017.
- Anu Bradford, The Brussels Effect: How the European Union Rules the World, Oxford, Oxford University Press, 2020; Digital Empires: The Global Battle to Regulate Technology, Oxford, Oxford University Press, 2023.
- ««Strengthening Europe’s Tech Sovereignty», Comisión Europea, comunicado de prensa IP/26/1187, 3 de septiembre de 2026; «Winning the Race: America’s AI Action Plan», Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca, 23 de julio de 2025.
- Mario Draghi, «El futuro de la competitividad europea», Comisión Europea, 9 de septiembre de 2024.
- Véase, en general: Helen Toner, «What Are Generative AI, Large Language Models, and Foundation Models?», Center for Security and Emerging Technology, 12 de mayo de 2023; Jai Vipra y Sarah Myers West, «Computational Power & AI», AI Now Institute, 2023.
- Véase: «Energy demand from AI», Agencia Internacional de la Energía; «AI Tool Speeds Up Critical Mineral Hunt, Boosting U.S. Supply», Oficina de Comercialización Tecnológica, Departamento de Energía de Estados Unidos.
- Anu Bradford, Eileen Li y Matthew Waxman, «How Domestic Institutions Shape the Global Tech War», Harvard National Security Journal, vol. 16-2, pp. 76-145, 2025.
- Véase: «Framework for Artificial Intelligence Diffusion», Oficina de Industria y Seguridad, Departamento de Comercio de Estados Unidos, Registro Federal, 15 de enero de 2025, posteriormente derogado por la Administración Trump: «Department of Commerce Announces Rescission of Biden-Era Artificial Intelligence Diffusion Rule, Strengthens Export Controls on Advanced Computing Semiconductors», Oficina de Industria y Seguridad, Departamento de Comercio de Estados Unidos, 13 de mayo de 2025.
- Véase: «Ministry of Commerce Notice 2025 No. 61 : Announcement of the Decision to Implement Controls on Exports of Rare Earth-Related Items to Foreign Countries», traducido al inglés por el Centro para la Seguridad y las Tecnologías Emergentes, y publicado originalmente por el Ministerio de Comercio chino el 9 de octubre de 2025; «Fact Sheet: President Donald J. Trump Secures Historic Deals with China, Delivering for American Workers, Farmers, and Industry», Casa Blanca, 17 de mayo de 2026.
- Anu Bradford, Eileen Li y Matt Waxman, op. cit. Véase también Chris Miller, Chip War: The Fight for the World’s Most Critical Technology, Nueva York, Scribner, 2022.
- Véase, por ejemplo: Henry Farrell y Abraham Newman, Underground Empire: How America Weaponized the World Economy, Nueva York, Henry Holt and Co., 2023; Edward Fishman, Chokepoints: American Power in the Age of Economic Warfare, Nueva York, Portfolio, 2025.
- Anton Leicht, «La IA no será abundancia, sino escasez», el Grand Continent, 22 de mayo de 2026.
- Alex Krasodomski, Francisco Javier Varela Sandoval, Isabella Wilkinson y Rowan Wilkinson, «How How middle powers can weather US and Chinese AI dominance», Chatham House, febrero de 2026.
- Jean-Yves Dormagen, «El momento Groenlandia: 10 puntos sobre el vuelco de la opinión europea frente a Trump (encuesta exclusiva Eurobazuca)», el Grand Continent, 23 de enero de 2026.
- Sander Tordoir, «Europa avanza como un sonámbulo hacia el nuevo choque chino», el Grand Continent, 29 de junio de 2026.
- Véanse las propuestas formuladas por David Amiel y Shahin Vallée en «How Europe Must Respond to Trump’s Economic War. For a European economic deterrence strategy», Nota para la acción, París, Grupo de Estudios Geopolíticos, marzo de 2025.
- Jannik Jansen y Arthur Leichthammer, «Selective Conditionality: The EU’s Emerging Approach to Foreign Investment», Centro Jacques Delors, Hertie School, 11 de mayo de 2026.
- El arsenal jurídico para ello ya existe. Véase, por ejemplo: Reglamento (UE) 2019/452 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 19 de marzo de 2019, por el que se establece un marco para el control de las inversiones extranjeras directas en la Unión, DO L 79 I de 21 de marzo de 2019, pp. 1-14; Propuesta de Reglamento del Parlamento Europeo y del Consejo relativo al control de las inversiones extranjeras en la Unión y por el que se deroga el Reglamento (UE) 2019/452 del Parlamento Europeo y del Consejo, COM(2024) 23 final, de 24 de enero de 2024; Comisión Europea, «Impulsar la seguridad económica europea: introducción a cinco nuevas iniciativas», COM(2024) 22 final, de 24 de enero de 2024; Reglamento (UE) 2026/1386 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 17 de junio de 2026, relativo al control de las inversiones extranjeras en la Unión y por el que se deroga el Reglamento (UE) 2019/452, DO L, 2026/1386, de 26 de junio de 2026.
- François Candelon, Theodoros Evgeniou y Thomas Ramge, «Europe’s Historic Second Chance: Leading AI’s Next Wave», INSEAD, 23 de abril de 2026.
- Rebecca Arcesati, Wendy Chang y Altynay Junusova, «Embodied AI: China’s ambitious path to transform its robotics industry», informe de MERICS, 30 de abril de 2026. Véase también: Afra Wang, «Entre bastidores del plan de IA de Xi para transformar China», el Grand Continent, 13 de mayo de 2026.
- Nicole Lemke, «European AI Competitiveness Beyond Frontier Models», Interface, 14 de mayo de 2026.
- Anu Bradford, «The False Choice Between Digital Regulation and Innovation», Northwestern University Law Review, vol. 119, n.º 2, pp. 377-452, 2025.
- Véase: Comisión Europea, «Unión del Ahorro y la Inversión: una estrategia para fomentar la riqueza de los ciudadanos y la competitividad económica en la UE», COM(2025) 124 final, 19 de marzo de 2025; y el importante artículo de Alexia-Styliani Arampatzi, Rebecca Christie, Johanne Evrard, Laura Parisi, Clément Rouveyrol y Fons van Overbeek, del BCE, «Capital markets union : a deep dive. Five measures to foster a single market for capital», Banco Central Europeo, Occasional Papers Series, n.º 369, mayo de 2025.
- Anupam Chander, «How Law Made Silicon Valley», Emery Law Journal, vol. 63-3, págs. 639-694, 2014.
- Véase Jeffrey M. Jones, «Americans Oppose AI Data Centers in Their Area», Gallup, marzo de 2026: «Siete de cada diez estadounidenses se oponen a la construcción de centros de datos dedicados a la inteligencia artificial en su zona, de los cuales casi la mitad (48 %) se opone firmemente. Apenas una cuarta parte está a favor de estos proyectos, de los cuales el 7 % se muestra firmemente a favor». Véase también: Jasmine Sun, «El populismo de la IA está llegando. No estamos preparados», el Grand Continent, 27 de junio de 2026; Thomas Dekeyser, «¿Hay que sabotear los centros de datos?», el Grand Continent, 5 de mayo de 2026.
- Rafe Rosner-Uddin, Nassos Stylianou, Dan Clark, Caroline Nevitt y Jamie Smyth, «The power crunch threatening America’s AI ambitions», The Financial Times, 8 de diciembre de 2025.
- Charles Paullin, «Report Highlights Community Pushback Stalling $64 Billion in Data Center Development Nationwide», Virginia Mercury, 21 de mayo de 2025; Reuters, «Blackstone’s QTS Terminates Digital Gateway Data Center Project in Virginia», 2 de julio de 2026; «900MW Data Center Campus Withdrawn in Hanover County, Virginia», Data Center Dynamics, 3 de febrero de 2026.
- Un estudio del MIT demostró en 2025 que el 95 % de los proyectos piloto de IA fracasaban. Véase: Aditya Challapally, Chris Pease, Ramesh Raskar, Pradyumna Chari, «The GenAI Divide: State of AI in Business 2025», MIT Nanda, julio de 2025.
- Anu Bradford, «The False Choice Between Digital Regulation and Innovation», Northwestern University Law Review, vol. 119, n.º 2, págs. 377-452, 2025.
- En 2025, se produjo un descenso del 30 al 40 % en las matriculaciones de estudiantes extranjeros en las universidades estadounidenses y una reducción del 80 % en la afluencia de nuevos talentos en IA hacia Estados Unidos. Esto supone una oportunidad considerable para Europa.
- Matt Sheehan, «Trump’s AI Order Won’t Stymie U.S. Competition with China», Carnegie Endowment for International Peace, 3 de junio de 2026.
- Eric Schmidt y Selina Xu, «We Returned From China. We Realized Our Century’s Biggest Challenge», The New York Times, 11 de julio de 2026.
- La web Multistate ofrece un seguimiento estado por estado: «Artificial Intelligence (AI) Legislation Tracker 2026: All 50 States».
- Gilles Gressani, «Europe’s ‘happy vassal’ complex», The Financial Times, 11 de agosto de 2025.