El 6 de agosto de 2026, un grupo de científicos de Stanford y del Arc Institute anunció en la revista *Science* 1 que habían diseñado por primera vez genomas completos utilizando una inteligencia artificial especializada denominada «Evo». Se trata del genoma de un virus que posteriormente produjeron y probaron con éxito en células. De este modo, se habría cumplido el objetivo principal de estos virus, a saber, la destrucción de células. 

¿Debemos preocuparnos por la aparición de nuevos superpatógenos diseñados por la IA? En primer lugar, conviene preguntarse por qué los científicos han decidido utilizar la IA para crear virus y de qué tipos de virus se trata exactamente. La diferencia radica en que se trata más bien de intentar, a largo plazo, desarrollar «superantibióticos» 2 que de crear patógenos capaces de infectar a la especie humana.

Cada dominio terrestre tiene sus propios virus exclusivos

En términos sencillos, se podría considerar que los seres vivos se dividen en tres grandes ramas denominadas «dominios», en función de la naturaleza de las células que los componen: los eucariotas (animales, plantas, hongos, etc.), que abarcan todos los organismos pluricelulares, así como algunos organismos unicelulares; las bacterias, que sólo incluyen organismos unicelulares; y las arqueas, que son, en términos sencillos, organismos unicelulares que viven en entornos insólitos y, en ocasiones, «extremos». Por lo tanto, se puede considerar que la vida en la Tierra presenta tres «modelos básicos» de células que dan origen a los tres dominios de la vida: los eucariotas, las bacterias y las arqueas. ¿A qué se debe esta distinción?

  • Cada uno de estos dominios tiene sus propios «virus». Hasta la fecha, no existe en la Tierra ningún «virus» capaz de infectar dos dominios a la vez. 
  • Cada dominio tiene su propio tipo celular y sus propios «virus», estando estos últimos específicamente adaptados a las propiedades de las células que infectan. Por lo tanto, cada virus se limita a un único dominio.

Los virus diseñados por IA son «virus» que afectan únicamente al ámbito de las bacterias. Se trata, por tanto, de «virus de bacterias», comúnmente denominados «bacteriófagos». Más del 99% de los virus presentes en la Tierra son bacteriófagos. Si los bacteriófagos no destruyeran entre el 20% y el 40% de todas las bacterias presentes en los océanos cada 24 horas para liberar sus nutrientes, estas no alimentarían al fitoplancton, que entonces no podría producir el 50% del oxígeno que respiramos. 

Por lo tanto, hay tres puntos fundamentales: 

  • los bacteriófagos sólo pueden infectar a las bacterias; 
  • ya están presentes en la Tierra en cantidades enormes; 
  • sin ellos, la vida humana no sería posible.

¿Por qué recurrir a la IA para crear nuevos bacteriófagos? Este enfoque resulta relativamente contrario a lo que cabría esperar: no se trata de crear nuevos patógenos que infecten a la especie humana, sino precisamente de crear, a largo plazo, nuevos destructores de patógenos. 

El creciente coste humano de la resistencia a los antibióticos

El aumento de la resistencia a los antibióticos y la disminución progresiva de la eficacia de estos medicamentos son objeto de un consenso total en la comunidad médica y científica. 

  • Un estudio publicado en The Lancet en 2024 nos ofrece algunas perspectivas especialmente llamativas 3: en 2021, fallecieron en todo el mundo alrededor de 1,15 millones de personas a causa de infecciones por bacterias resistentes a los antibióticos. 
  • El número de fallecimientos debidos a esta resistencia habría descendido un 50% entre los niños menores de cinco años entre 1990 y 2021, pero habría aumentado un 80% entre las personas mayores de 70 años. Por lo tanto, la resistencia a los antibióticos parece estar a punto de sumarse al envejecimiento de la población para agravar aún más su impacto en el sistema sanitario.

Cualquier manipulación de organismos vivos debe realizarse con sumo cuidado y con medidas de seguridad independientes y redundantes. Al mismo tiempo, el coste humano —ya considerable y en constante aumento— de las infecciones causadas por bacterias resistentes a los antibióticos debe impulsarnos a actuar. En medicina, todo es cuestión de equilibrio entre beneficios y riesgos. Este enfoque de «creación de virus mediante IA», que a primera vista puede resultar inquietante, debe abordarse en su contexto específico: la búsqueda de herramientas terapéuticas contra una lacra que ya está causando la muerte de muchas personas, especialmente entre las personas mayores. Cabe recordar que, según todo lo que la ciencia sabe hasta la fecha, estas herramientas terapéuticas no pueden infectar las células humanas.

Virus y bacterias diseñados íntegramente por la IA

Por ello, los investigadores de la Universidad de Stanford y del Arc Institute han utilizado Evo 1 y Evo 2, dos modelos de lenguaje grande (LLM) especializados en genética, para diseñar nuevos bacteriófagos capaces de atacar bacterias específicas. De este importante avance para la ciencia —que probablemente también lo será para la medicina— se pueden destacar tres puntos clave.

El primer punto se refiere a estos «LLM de genética». Se han entrenado y alimentado con la inmensa cantidad de datos muy precisos y de buena calidad que existen en genómica desde principios del siglo XXI.

  • La culminación del Proyecto Genoma Humano y la vertiginosa reducción del coste y el tiempo necesarios para secuenciar un genoma que se produjo a continuación han generado un flujo constante y masivo de nuevos datos genómicos.
  • Muchas de ellas se publican en el marco de la investigación y, desde el Acuerdo de las Bermudas de 1996, la mayor parte de estos datos son de libre acceso. 
  • Por lo tanto, es totalmente comprensible que algunos modelos de lenguaje grande (LLM) hayan podido entrenarse con éxito con estos datos y «aprender cómo funciona un genoma».
  • El hecho de que se pudieran desarrollar este tipo de modelos de lenguaje era totalmente previsible. Pero contar con una prueba de concepto tan clara, que demuestre la existencia de modelos precisos y funcionales, constituye un logro importante.

El segundo punto se centra en el significado de la afirmación de que «la IA ha diseñado por sí sola unos bacteriófagos». 

  • La IA no sólo ha secuenciado el genoma completo de fagos viables, es decir, capaces de infectar a una bacteria y reproducirse, sino que estos fagos también han demostrado ser capaces de responder a las instrucciones básicas que guiaron su creación e infectar de forma extremadamente específica a un tipo concreto de bacterias. Por último, algunos de estos fagos son tan diferentes de todos los fagos conocidos que pueden considerarse nuevas especies. 

Cuando los científicos intentan, de forma racional, diseñar nuevos genomas tan alejados de lo conocido como los fagos diseñados por la IA, su tasa de éxito es prácticamente nula. Cuando generan mutaciones genéticas aleatorias con el objetivo de crear genomas completos similares a los generados por la IA, de forma totalmente aleatoria, para ver cuáles funcionan, su tasa de éxito también es muy cercana a cero, aunque estos dos enfoques han dado lugar, no obstante, a algunos éxitos. 

  • La IA propuso 700.000 genomas, que los investigadores filtraron para quedarse sólo con los 302 más prometedores. Se pudieron sintetizar químicamente 285 de ellos y someterlos a pruebas en cultivos bacterianos: 16 de ellos resultaron ser funcionales. 
  • 16 de 285, lo que supone una tasa de éxito de aproximadamente el 5,6%, algo que a primera vista puede parecer poco, pero que es realmente considerable. 
  • La IA es capaz de comprender plenamente las dinámicas y los mecanismos de un genoma completo de una forma mucho más precisa y eficaz de lo que podíamos hasta ahora, lo que supone un gran avance, aunque, una vez más, no es nada inesperado.

El tercer punto se refiere a la precisión y la especificidad de los bacteriófagos así obtenidos. 

  • Los investigadores probaron estos fagos en la «bacteria objetivo», así como en siete «bacterias inocuas» (es decir, bacterias que no constituían el objetivo y que no debían ser destruidas por el bacteriófago) con el fin de comprobar si los fagos se limitarían a destruir su objetivo o si causarían «daños colaterales moleculares». Sorprendentemente, sólo destruyeron una de cada siete «bacterias inocentes». 
  • Cuando se aclara que todas estas bacterias pertenecen a la misma especie y son extremadamente similares desde el punto de vista genético, se comprende que estos fagos son, en realidad, extremadamente precisos. 

Esto tiene tres consecuencias. 

  • La primera se refiere a los temores, totalmente legítimos, sobre los daños imprevisibles que podrían causar estos fagos totalmente artificiales y nuevos en la naturaleza. El hecho de que parezcan tan precisos resulta relativamente tranquilizador ante la perspectiva de posibles «daños colaterales medioambientales», es decir, la alteración inesperada de ciertos ecosistemas bacterianos, con consecuencias totalmente imprevisibles, aunque, por supuesto, habrá que seguir estando atentos.
  • La segunda se refiere a las posibles aplicaciones médicas de dichos fagos, diseñados mediante IA, que podrían ver la luz algún día. Estos fagos se han diseñado como arma contra las bacterias resistentes a los fagos, con el claro objetivo, en caso de éxito, de desarrollar posteriormente fagos que sirvan como armas contra las bacterias resistentes a los antibióticos.
  • El hecho de que los fagos diseñados mediante IA parezcan tan precisos desde el principio hace prever que podrían llegar a ser lo suficientemente seguros como para administrarse como tratamiento médico tras un proceso de desarrollo farmacéutico.
  • Esto abre, por tanto, perspectivas muy prometedoras en la lucha contra las infecciones resistentes a los antibióticos. Por último, allana el camino para otras aplicaciones médicas, especialmente en lo que respecta a la microbiota intestinal.
  • Los desequilibrios en su composición, denominados «disbiosis», parecen estar relacionados con numerosas enfermedades, como ciertos tipos de cáncer o trastornos alimentarios.
  • Aunque los investigadores no lo mencionen directamente, resulta razonable plantearse terapias muy específicas que alteren este equilibrio mediante bacteriófagos diseñados especialmente por la IA para la microbiota de un paciente.

¿Nuevas armas químicas y biológicas diseñadas por la IA?

¿Cómo se puede garantizar que la IA no se utilice con fines maliciosos, por ejemplo, para crear nuevas armas biológicas o químicas? 

  • Como siempre, este riesgo nunca puede descartarse por completo, pero hay que matizarlo en gran medida. 
  • Desarrollado por químicos alemanes en la década de 1930, el gas sarín es un arma química de una letalidad y una crueldad absolutamente devastadoras. 
  • Por desgracia, existe desde hace bastante tiempo como para ser muy conocida por los químicos, y su síntesis no supone ninguna hazaña. ¿Podría la IA diseñar una molécula aún peor y más fácil de sintetizar? Sin duda, algún día podrá hacerlo. Pero el gas sarín ya existe y, como Bashar al-Assad recordó al mundo durante la guerra civil siria, sus efectos siguen siendo igual de devastadores e inhumanos.

¿Y qué hay de los virus? ¿Podría la IA desarrollar algún día virus capaces de infectar a la especie humana? Esto también parece relativamente probable, pero hay que ponerlo en perspectiva. 

  • El virus del Ébola de Zaire (Orthoebolavirus zairense) es probablemente uno de los patógenos humanos más aterradores. 
  • Una mortalidad superior al 70% y que alcanza hasta el 90%, una contagiosidad significativa una vez que aparecen los síntomas y unos síntomas espantosos que, en ocasiones, conllevan una fiebre hemorrágica especialmente intensa. ¿Por qué pedirle a la IA que cree un nuevo virus partiendo de cero, cuando la secuencia genómica del Ébola está disponible en cualquier sitio de Internet 4 y ya constituye un arma biológica potencialmente devastadora? Por lo tanto, la IA podría utilizarse más fácilmente para introducir modificaciones en un patógeno ya existente, como el ébola, lo que podría hacerlo «aún más» devastador.

Aunque no se puede descartar que, algún día, una IA revolucionaria reduzca el umbral de recursos y competencias hasta el punto de permitir que cualquiera pueda desarrollar armas químicas y/o biológicas, lo que haría que el riesgo de ataques químicos o biológicos fuera comparable al de los ataques con arma blanca, a día de hoy sigue siendo una hipótesis que se basa en muy pocos datos contrastados. 

  • Estos «virus creados por IA» no parecen capaces de cambiar la situación en este sentido. 
  • Tom Ellis, profesor de ingeniería de genomas sintéticos en el Imperial College de Londres, considera que esta amenaza está «muy sobrevalorada». Según él, tomar un patógeno ya existente y realizar modificaciones en él es mucho más sencillo y tiene muchas más probabilidades de suponer un peligro real. Además, destaca que en este caso se trata de bacteriófagos, que poseen los genomas más pequeños y más sencillos de fabricar.
  • Sin embargo, si tuviéramos que trazar una línea roja en el ámbito de la biología sintética asistida por IA, probablemente se trataría del desarrollo de patógenos dirigidos contra los eucariotas y, más concretamente, contra las células humanas. 
  • Como ya hemos mencionado, los investigadores de la Universidad de Stanford y del Arc Institute han utilizado la inteligencia artificial para producir bacteriófagos dirigidos contra bacterias no patógenas para el ser humano y que son incapaces de infectar las células humanas. 
  • No obstante, es necesario actuar con mucha cautela y de forma proactiva para garantizar que ningún laboratorio respalde investigaciones relacionadas con el desarrollo de agentes patógenos capaces de infectar células humanas.
Notas al pie
  1. Samuel H. King et al., «Generative design of bacteriophages with genome language models». *Science* 393, eaec2657 (2026). DOI:10.1126/science.aec2657
  2. Bacteriophage therapy for multidrug-resistant infections: current technologies and therapeutic approaches J Clin Invest. 2025; 135(5): e187996. https://doi.org/10.1172/JCI187996
  3. «Global burden of bacterial antimicrobial resistance 1990-2021: a systematic analysis with forecasts to 2050», *The Lancet* 2024; 404: 1199–226, 16 de septiembre de 2024. https://doi.org/10.1016/S01406736(24)018671
  4. Nsawotebba, A., Ssewanyana, I., Ayitewala, A. et al. Perfil clínico y caracterización genómica del caso índice del virus Bundibugyo de 2026 en Uganda. Nat Med (2026). https://doi.org/10.1038/s41591-026-04510-7