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La inteligencia artificial se encuentra en un momento decisivo. La tecnología avanza cada vez más rápido, la valoración de las empresas del sector alcanza niveles récord y, en la actualidad, es la principal impulsora del crecimiento del PIB de Estados Unidos. 1 Al mismo tiempo, el rechazo de la opinión pública se está afianzando, y los responsables políticos, que tradicionalmente se mostraban más favorables, están cambiando de postura. El populismo de la IA empieza a hacerse notar claramente. Aumenta la inquietud ante los cambios radicales que conlleva la IA.
Sin embargo, las opiniones están lejos de haberse estabilizado. Los usuarios valoran positivamente la herramienta a título personal y la están adoptando de forma masiva. Los responsables políticos y los expertos que reclaman una mayor regulación no se ponen de acuerdo sobre el tipo de control que habría que implantar. Así, la politización del tema avanza, pero las líneas de división siguen siendo difusas, lo que hace que la pérdida de confianza no sea en absoluto irremediable.
¿Cuáles son hoy en día los términos de este debate? ¿Existe alguna forma de revertir la narrativa negativa sobre la IA? 2
1 — Adopción masiva, pero percepción negativa
El uso de la IA es muy elevado, tanto a nivel personal como profesional. El 71 % de los usuarios afirma haber utilizado al menos una herramienta de IA en los últimos seis meses. De entre estos usuarios, el 92 % las utiliza como alternativa a los motores de búsqueda para informarse y realizar búsquedas. El 61 % afirma recurrir a ellas en el ámbito profesional y el 48 %, entre los que se encuentran dos tercios de los adultos jóvenes, las utiliza como apoyo emocional y relacional.
Sin embargo, cuando se pregunta a la opinión pública sobre su percepción, positiva o negativa, de varias tecnologías de uso cotidiano, la IA ocupa el último lugar, con un 18 % de opiniones positivas, frente al 76 % de los motores de búsqueda y el 74 % de los smartphones. Incluso las redes sociales obtienen una mejor valoración, con un 35 % de opiniones positivas.
En el ámbito político, el tema empieza a generar división, sobre todo en Estados Unidos, donde los republicanos tienen una opinión más favorable sobre la IA (saldo neto del +44 %) que los demócratas (+26 %). Pero el factor explicativo más determinante no es tanto la orientación ideológica como la propensión a votar: los abstencionistas se muestran claramente menos entusiastas que el resto.
En todos los países analizados, los adultos más jóvenes, con mayores ingresos y con mayores competencias digitales son los más favorables a la IA, al igual que aquellos que ya utilizan estas herramientas. Por lo tanto, la imagen de la IA podría mejorar a medida que avance su adopción, pero también podría seguir deteriorándose si su implantación afecta negativamente a sus principales defensores, en particular a los jóvenes y a las personas con mayor nivel de estudios.
2 — Aumento de la preocupación entre los responsables políticos
Los expertos a los que hemos entrevistado se muestran más preocupados que hace seis meses, sobre todo los responsables políticos, que expresan un temor cada vez mayor ante los riesgos que plantea la IA, en particular la pérdida del control humano sobre los sistemas.
Aunque hay que matizar. El deterioro es evidente en Estados Unidos, mientras que los expertos entrevistados en Japón comparten una visión más optimista sobre el potencial de la tecnología y la capacidad del gobierno para regularla de forma pragmática.
Además, las diferencias entre los actores políticos y los industriales son cada vez mayores: estos últimos, aunque no tienen posiciones homogéneas, se centran más bien en las mejoras de productividad relacionadas con la IA y en la dinámica comercial del sector.
¿Cómo se explica la mala imagen de la IA? Varios expertos europeos a los que se ha consultado consideran que el problema no radica tanto en la tecnología en sí misma como en la reputación de las empresas del sector, sus estrategias de comunicación y el perfil de sus directivos.
3 — Una visión crítica de la competencia entre Estados Unidos y China
La carrera mundial por la IA no cuenta con un apoyo masivo por parte de la opinión pública. Cuando se pide elegir entre la competitividad en materia de IA y otras prioridades, como la seguridad, la protección de los derechos de autor, la protección del empleo, la fiscalidad o las cuestiones medioambientales, dos tercios de los encuestados no dan prioridad a la competitividad.
El 64 % de los encuestados en Estados Unidos considera que su país «debería ir más despacio y establecer la norma mundial en materia de IA segura y responsable», mientras que el 38 % opina que «debe liderar el desarrollo de la IA a nivel mundial, aunque ello implique aceptar ciertos riesgos por el camino». En el resto de países, el desarrollo de una IA responsable también se considera más importante (64 %) que la búsqueda de la competitividad «por encima de todo» (36 %).
Una mayoría considera incluso que la competencia entre Estados Unidos y China por el dominio de la IA acabará siendo perjudicial para el mundo, sea cual sea el ganador: el 54 % en Estados Unidos y el 52 % en el resto de países. Esta opinión la comparten varios expertos estadounidenses entrevistados, que rechazan la idea de utilizar la rivalidad con China como pretexto para frenar las medidas de seguridad en materia de IA.
4 — Apoyo a las políticas de soberanía, aunque se dude de su eficacia
Tanto la opinión pública como los expertos respaldan las políticas destinadas a reducir la dependencia extranjera en materia de IA. Así, el 76 % de los encuestados considera que la soberanía en materia de IA es importante, o incluso muy importante. Y el 62 % de los encuestados en Europa, Canadá y Japón considera que su país debe reducir su dependencia respecto a China y Estados Unidos.
Fuera de Estados Unidos, los responsables políticos y los organismos reguladores consideran que la decisión del gobierno de restringir la exportación de modelos de IA fue el punto de inflexión que cristalizó un sentimiento de urgencia en torno al desarrollo de capacidades de IA independientes.
Sin embargo, apoyar estas políticas de soberanía no significa estar convencido de su eficacia. En Europa, Canadá y Japón, los expertos encuestados se muestran poco confiados en la capacidad de estos países para competir con China o Estados Unidos en lo que respecta a los modelos avanzados de inteligencia artificial.
En Japón, algunos responsables llegan incluso a cuestionar la necesidad de competir en el ámbito de los modelos y abogan, en cambio, por una estrategia de soberanía centrada en determinados segmentos de la cadena de valor de la IA.
La opinión pública se muestra pragmática en lo que respecta al apoyo a las empresas locales. El 44 % de los franceses y el 40 % de los japoneses afirman sentirse cómodos con las tecnologías extranjeras, y la mayoría también lo está con las empresas extranjeras que refuerzan su arraigo local, sobre todo pagando impuestos, creando empleo e invirtiendo en el país.
Los encuestados también apoyan las políticas de compra local: el 60 % de ellos las aprueba, aunque ello suponga unos costos más elevados o una tecnología menos eficaz para los servicios públicos.
Por el contrario, los expertos del sector encuestados se muestran más escépticos respecto a las políticas de compra local y de soberanía en materia de IA. Consideran que la competitividad en el ámbito de la IA y el desarrollo de empresas verdaderamente competitivas a escala mundial exigen el acceso a las mejores tecnologías, independientemente de su origen.
5 — Aumenta la probabilidad de que se regule la IA, pero no hay consenso sobre el contenido de dicha regulación
La cuestión de la regulación de la IA figura ya en la agenda de cada uno de los siete países estudiados. No obstante, es más probable que se aborde en aquellos países que aún no cuentan con ella. Sin embargo, no existe consenso ni sobre el principio de dicha regulación ni sobre sus modalidades. Por lo tanto, existe el riesgo de que la fragmentación normativa en materia de IA persista o incluso se agrave.
En Europa, algunos expertos, aunque preocupados por los nuevos riesgos en materia de seguridad, consideran que no es necesaria una nueva normativa: las normativas existentes son suficientes, solo hay que aplicarlas. En los países que carecen de normativa nacional en materia de IA, como Estados Unidos y el Reino Unido, los expertos encuestados consideran ahora necesario adoptar una legislación nacional y/o una coordinación internacional.
La opinión pública rechaza claramente la autorregulación en materia de seguridad de la IA: solo el 7 % de los encuestados se muestra a favor de la autorregulación por parte de la industria, sin mostrar una preferencia clara por una modalidad de control público frente a otra. La opción que cuenta con mayor apoyo consiste en someter los nuevos modelos a una autorización gubernamental acompañada de pruebas independientes. Por el contrario, la suspensión del desarrollo de los modelos de IA obtiene una puntuación inferior a la esperada, con solo un 13 % de apoyo.
En lo que respecta a la protección de los menores, la mayoría de la opinión pública apoya el principio de prohibir a los menores de 16 años el uso de chatbots y generadores de imágenes basados en la IA, y rechaza el argumento de que ello limitaría su desarrollo o perjudicaría la adquisición de competencias digitales.
Sin embargo, la opinión pública y los expertos están divididos sobre la viabilidad de tales restricciones. Una escasa mayoría en los Países Bajos considera que una prohibición del uso de la IA para menores de 16 años sería «prácticamente imposible de hacer cumplir».
6 — ¿Se puede volver a dar la vuelta al debate?
No está claro que la labor de explicación se lleve a cabo con éxito. Los centros de datos son un buen ejemplo de ello. En Francia, Alemania y Japón, la mayoría de los encuestados afirma «no saber qué es un centro de datos» (un 57 %, un 59 % y un 63 %, respectivamente). Este porcentaje es menor en Estados Unidos, donde el debate sobre su construcción y funcionamiento es intenso, pero aún así alcanza el 37 %.
La opinión pública es pragmática. Cuando se pregunta por los beneficios de la inteligencia artificial, se mencionan primero los casos de uso relacionados con la vida cotidiana, antes que los argumentos macroeconómicos. La comodidad (que permite realizar tareas como concertar citas, gestionar las finanzas y acceder a asesoramiento de forma más rápida y sencilla) ocupa el primer lugar (29 %), por delante del progreso inevitable (26 %) y del conocimiento para todos (25 %). El crecimiento económico queda muy por detrás (12 %). Existe un núcleo duro del 20 % de personas hostiles a la IA y que no se dejan convencer por ninguno de sus usos, pero el 80 % de los encuestados reconoce los beneficios de la tecnología.
¿Existe alguna forma de reforzar la confianza en el sector? Los expertos a los que hemos entrevistado han propuesto una amplia gama de medidas que la industria podría adoptar para mejorar su imagen. Entre otras cosas, recomiendan procedimientos de certificación y etiquetado, mecanismos de transparencia y códigos de conducta vinculantes. Otros proponen que la industria destaque más los beneficios de la IA en el ámbito científico y sus casos de uso en sectores como la salud. También se valoran positivamente las políticas empresariales que limitan el uso de la IA, establecen límites éticos o regulan la comercialización de los modelos.
Llama la atención que todas estas propuestas tengan un denominador común: la falta de confianza en el sector de la IA. En cualquier caso, este aspecto será fundamental en cualquier esfuerzo destinado a influir en la opinión política y en las medidas que se adopten, ya sea en materia de regulación o de desarrollo.
Notas al pie
- Dirección General del Tesoro – Flash Conjuntural – Septiembre de 2026
- Este artículo se basa en un estudio realizado por FGS Global en siete países (Francia, Alemania, Países Bajos, Reino Unido, Estados Unidos, Canadá y Japón) entre una muestra representativa a nivel nacional de 7.052 encuestados, complementada con entrevistas en profundidad a 39 dirigentes y expertos de los ámbitos político, administrativo, económico y académico de los mismos países.