El 23 de junio de 2026, en el patio del Museo de los Archivos Nacionales, un joven de veinte años abre el desfile de primavera-verano 2027 de la marca californiana 424. Se llama Braden Peters, pero algo más de un millón de personas lo siguen en internet bajo el nombre de Clavicular, un seudónimo tomado del hueso que su comunidad idolatra, la clavícula, cuya anchura se supone que mide la virilidad. 

Clavicular encarna el «looksmaxxing» o, literalmente, la maximización de la apariencia física. Este movimiento surgió a principios de la década de 2010 en los foros «incel», comunidades de hombres «solteros involuntarios» que achacan a las mujeres su infelicidad sentimental. Sus retransmisiones en directo en la plataforma Kick le reportan unos 100.000 dólares al mes. 

¿Cómo entender que una figura marginal, surgida de los foros «incel», abra un desfile en París? Es grande la tentación de verlo como un escándalo más del mundo de la moda, una provocación calculada en una industria que ya ha visto otras similares. Pero eso sería pasar por alto lo esencial. 

Desfile de la marca californiana 424, en el patio del Museo de los Archivos Nacionales. París, 23 de junio de 2026.

El momento Clavicular pone de manifiesto cómo el iliberalismo se ha convertido hoy en algo habitual: no tanto por la adhesión a una doctrina como por las prácticas, las imágenes y las normas de la vida cotidiana. La jerarquía masculina se ha convertido en una experiencia vivida antes que en una convicción política. La moda es uno de los ámbitos en los que el iliberalismo banal adquiere prestigio y atractivo.

Looksmaxxing y la estética de la jerarquía

La cosmología del «looksmaxxing» es de una crudeza cristalina: la apariencia determina el atractivo y, por tanto, el estatus. Quien es guapo es soberano; quien es feo está condenado. La única salida se llama «ascensión»: volverse más guapo y, por tanto, más poderoso. Existe una versión presentable, el «softmaxxing» (se cuida la dieta, el culturismo y el corte de pelo estratégico), y una versión radical, el «hardmaxxing»: basada en la cirugía, las hormonas y la asunción de riesgos biomédicos. Clavicular pertenece a esta segunda escuela: se inyecta testosterona desde los 14 años, afirma ser estéril por el exceso de anabolizantes y recomienda a sus seguidores que se golpeen la mandíbula con un martillo para densificarla, una práctica que su comunidad denomina sencillamente… «bonesmashing».

Las criminólogas Anda Iulia Solea y Lisa Sugiura han demostrado cómo, en TikTok, los contenidos procedentes del ámbito «incel» se renombran para eludir más fácilmente la moderación: el término estigmatizado de «incel» da paso a categorías aparentemente más neutras, como «Sub5». 1 La ideología «blackpill», esa visión según la cual el aspecto físico condenaría biológicamente a ciertos hombres al fracaso sexual y justificaría su resentimiento hacia las mujeres, se reconvierte en consejos de superación personal, aparentemente menos extremos. Las dos investigadoras describen este proceso de «normificación» como una vía de acceso hacia contenidos más duros.

Clavicular no es tanto el teórico como el vehículo ideal, precisamente porque aborda este universo como una cuestión de visibilidad más que como una doctrina. Braden Peters no es un ideólogo. Cuando se le pregunta por sus convicciones, da a entender que sus decisiones obedecen a oportunidades económicas y mediáticas. 2 La política, en el léxico de su comunidad, es cosa de bufones y payasos. Y, sin embargo: en enero fue grabado en una discoteca de Miami cantando «Heil Hitler» de Kanye West —figura destacada de la provocación antisemita en internet—, junto a Andrew Tate, un influencer masculinista radical, y al supremacista blanco Nick Fuentes3 De hecho, había confesado al New York Times 4 que su interés por el «looksmaxxing» provenía, en un principio, del deseo de influir políticamente en los demás volviéndose más guapo. 5

Por lo tanto, hay que tomarse en serio esta negación de lo político, ya que es en sí misma una modalidad política. Cuando un adolescente se gana una audiencia basándose en la jerarquía, la humillación, la escasez sexual y los cánones de belleza racializados, está haciendo política, lo reconozca o no. «La escala PSL», 6 que pretende puntuar objetivamente el atractivo físico, privilegia de hecho explícitamente los rasgos asociados a un ideal europeo. El trasfondo eugenista y misógino funciona aún mejor al presentarse como desarrollo personal.

Vídeo de una noche en una discoteca, retransmitido en directo a través de la cuenta de Kick de Clavicular. Miami, 17-18 de enero de 2026.

Queda una paradoja que explica el éxito de Clavicular: su sinceridad. A diferencia de los biohackers de Silicon Valley, que envuelven sus protocolos en la retórica de la salud y la longevidad, Clavicular anuncia sus objetivos sin tapujos: el dominio y el atractivo. 

Esa brutalidad se convierte en una forma de autenticidad cuando graba sus inyecciones y cuenta sus operaciones y sus recuperaciones. En abril, cuando se desmayó en directo en un restaurante de Miami tras una supuesta sobredosis, ante miles de espectadores, el propio incidente pasó a formar parte del espectáculo. Y es que el contenido no es solo el resultado de la transformación, sino el proceso en sí mismo, incluso cuando se descarrila.

Una denuncia presentada a finales de abril ante los tribunales de Florida por Aleksandra Mendoza —a quien, según ella, reclutaron a los 16 años para convertirse en «el rostro femenino del looksmaxxing»— nos recuerda que este espectáculo de la optimización puede tener víctimas muy reales. 7 Acusa a Peters de haberla explotado, de haber mantenido relaciones sexuales no consentidas con ella y de haberle inyectado en directo, sin titulación médica, un producto destinado a disolver la grasa. Peters niega estas acusaciones, que, por el momento, aún no han sido juzgadas. 

Remilia, o la reacción convertida en vanguardia

La aparición de Clavicular en las pasarelas no es una excentricidad aislada. Su primer desfile, celebrado en febrero en Nueva York para la diseñadora Elena Vélez, se organizó en colaboración con Remilia Corporation, el laboratorio más avanzado de la estetización reaccionaria contemporánea. 

Remilia es un colectivo de arte digital fundado en 2021 por un hombre que opera bajo el seudónimo femenino de Charlotte Fang, surgido de un foro que reúne a titulados y a quienes abandonaron sus estudios en escuelas de arte. Su creación más destacada, las Milady, es una colección de diez mil avatares vendidos en forma de NFT —esos certificados de propiedad digital que han marcado la especulación de la era pos-COVID—. Diseñados en un estilo «neochibi», nombre que hace referencia a las figuritas de anime de cabeza grande y ojos grandes, estos personajes toman prestado su aspecto de las tribus callejeras del Tokio de los años 2000: las gyaru con bronceado artificial, las lolitas con vestidos de volantes, los excéntricos del barrio de Harajuku, todas ellas subculturas en las que la identidad se define íntegramente a través del estilo. La colección ha alcanzado un valor de más de 150 millones de dólares y ha dado lugar a todo un imperio: criptomonedas paródicas (meme-coins), una marca de complementos alimenticios, una agencia de influencers, un sello discográfico y una revista trimestral de crítica de arte en línea. 8

Esta proliferación comercial no es algo secundario: es, a ojos del colectivo, la propia obra. Remilia se define a sí misma como un «conglomerado planetario artístico-industrial», una «corporación como obra de arte», y se sitúa en una doble línea de ascendencia: la Factory de Andy Warhol, que convirtió el taller en una empresa y la empresa en un gesto artístico, y Bernadette Corporation, un colectivo neoyorquino de los años 1990-2000 que parodiaba los códigos de las marcas de moda para convertirlos en un medio. La idea es la misma, llevada a la escala de internet: todo —las ventas, la especulación, la comunidad, el marketing— forma parte de la obra. 9

Bajo la pátina conceptual, la genealogía resulta explícita. En el centro del enfoque de Remilia se encuentra el pensamiento de Nick Land, filósofo británico autoproclamado neorreaccionario, autor de The Dark Enlightenment, cuyo aceleracionismo ha impregnado durante los últimos diez años ciertos círculos de Silicon Valley. 10

En 2022, la revelación de que Charlotte Fang había actuado anteriormente bajo el seudónimo de Miya, asociado a publicaciones racistas, homófobas y antisemitas, así como a comunidades online extremistas, podría haber sellado el destino del colectivo. Pero no fue así: el valor de Milady acabó repuntando por encima de los niveles anteriores al escándalo, y la identidad «post-cancelled» se convirtió en el mito fundador de la comunidad. Tres meses después del escándalo, una colección derivada, comercializada bajo el lema de una «estética reaccionaria esquizofrénica», superó las ventas de la original.

A continuación llegó la consolidación política. En vísperas de la segunda toma de posesión de Donald Trump, Remilia era el patrocinador principal del Coronation Ball, el gran baile del movimiento, cuyo orador estrella era Steve Bannon. 11 Tras su discurso, un artista cercano al colectivo subió al estrado para exponer el proyecto de Remilia: rehacer el mundo, meme a meme. 

Los observadores que buscan en ello un interés material —una regulación más favorable para las criptomonedas, por ejemplo— solo ven una parte del panorama. La convergencia es también, o incluso sobre todo, estética: un movimiento político definido por sus imágenes virales se une a un colectivo que ha convertido la difusión memética en un arte.

La sociología de Remilia completa el panorama. El colectivo ha reclutado explícitamente a ousiders: estudiantes de moda, católicos en línea, cosplayers y figuras de Dimes Square en Nueva York, esa escena artística y mediática del Lower East Side neoyorquino que mezcla vanguardia, posironía y rechazo al progresismo cultural. Es el aceleracionismo de Land traducido en una marca de estilo de vida participativo. 

El problema de las ideologías vividas 

Queda por entender por qué la moda. Elena Vélez, semifinalista del Premio LVMH en 2024 12 y aclamada durante mucho tiempo por sus corsés metálicos y su trabajo de construcción, ha ido sustituyendo progresivamente el diseño de moda en sentido estricto por el «rage-bait», es decir, una estrategia de provocación pensada para transformar la indignación en visibilidad. 

Su desfile de febrero, dedicado expresamente al «looksmaxxing», reunió en primera fila a figuras de la extrema derecha y de la derecha en internet, y contó con la participación, junto a Clavicular, de una influencer asociada a la delgadez extrema.

Unos meses antes, en marzo, durante la Semana de la Moda de París, Marilyn Manson, icono del shock rock estadounidense de los años noventa, y que hoy se enfrenta a varias acusaciones de abusos, inauguró el desfile de Enfants Riches Déprimés (ERD), una marca de lujo californiana con nombre francés que transforma la imaginería punk, el nihilismo y la provocación en signos de distinción. 13

Desfile de la marca californiana de lujo Enfants Riches Déprimés durante la Semana de la Moda, en la Maison de la Chimie. París, 8 de marzo de 2026.

Interpretar estas decisiones como meras provocaciones con fines comerciales sería un error. Demuestran, en primer lugar, que la cultura se ha convertido en un espacio central de difusión y normalización de valores iliberales, mucho más allá de los partidos y los discursos políticos. La cultura del cuerpo constituye una forma especialmente eficaz de ello: al influir en las imágenes y las normas de belleza, hace que estas jerarquías resulten perceptibles y deseables, y la economía de la atención no hace más que reforzar esta espiral. 

La mercantilización del cuerpo no es, evidentemente, nada nuevo: las mujeres llevan mucho tiempo sometidas a normas que convierten la belleza en un criterio de valor. Lo que cambia es su extensión explícita a los hombres. La belleza masculina se convierte en una fuente de poder en un momento en el que los antiguos indicadores de virilidad —como el sueldo, la profesión o la capacidad para mantener a una familia— son menos accesibles, menos estables o menos distintivos. 

La dificultad para reinventar la masculinidad crea así un terreno fértil para un credo iliberal que promete restablecer la jerarquía al volver a inscribirla en el cuerpo.

El «looksmaxxing» es ejemplar porque no exige ninguna adhesión doctrinal: es, ante todo, una práctica: rutinas, métricas y transformaciones corporales. En este sentido, hay que hablar de ideología vivida: las convicciones no preceden a las prácticas; se forman a través de ellas. 

El «looksmaxxing» enseña a ver el mundo como una jerarquía, incluso antes de proporcionar las palabras que permitirían justificarla. El momento doctrinal puede llegar después, o no, pero la ideología ya está presente, arraigada en los gestos.

Por lo tanto, podemos hablar de «iliberalismo banal», tomando prestado el concepto de «nacionalismo banal» acuñado por Michael Billig. 14 No se trata de un iliberalismo que se proclama abiertamente, sino de un iliberalismo incorporado, que se reproduce no tanto por persuasión como porque forma parte del sentido común. 

Subestimar el poder de atracción de esta estética sería un error peligroso. El iliberalismo no avanza solo gracias a las ideas que defiende, sino también a las imágenes que hacen que sus jerarquías resulten deseables.

Notas al pie
  1. Anda Iulia Solea, Lisa Sugiura, «Digital subcultural diffusion theory: rebranding the incel ideology through Looksmaxxing, Sub5s and the PSL scale», Crime, Media, Culture: An International Journal, 16 de noviembre de 2025. Véase también, de las mismas autoras, «Mainstreaming the Blackpill: Understanding the Incel Community on TikTok», European Journal on Criminal Policy and Research, 2023. El concepto de «normificación», que aplican a este corpus, está tomado de Daniël de Zeeuw y otros (2020).
  2. Kieran Press-Reynolds, «Inside Clavicular’s Thirsty Tour of New York City», GQ, 19 de febrero de 2026.
  3. Philissa Cramer, «Nick Fuentes, Andrew Tate and other right-wing influencers filmed singing Ye’s ‘Heil Hitler’ at Miami nightclub», Jewish Telegraphic Agency, 20 de enero de 2026.
  4. Joseph Bernstein, «Handsome at Any Cost», The New York Times, 13 de febrero de 2026.
  5. «Looks Aren’t Everything ? Clavicular Begs to Differ», The New York Times, febrero de 2026.
  6. El acrónimo hace referencia a las iniciales de tres foros ya desaparecidos, cunas del movimiento: PUAHate, Sluthate y Lookism. Fundado en 2009 para denunciar las promesas comerciales de los «artistas del ligue» (pick-up artists), PUAHate derivó rápidamente hacia un determinismo radical de la apariencia. Elliot Rodger, autor de la matanza de Isla Vista (California) en mayo de 2014, participaba activamente en él, y el foro cerró al día siguiente de la masacre. Sluthate tomó inmediatamente el relevo, antes de que Lookism.net, lanzado en 2015, sistematizara la «escala PSL»: una clasificación del atractivo masculino, del 0 al 10, presentada como objetiva. Tras el cierre de Lookism, a finales de 2021, los foros de looksmax perpetuaron su uso y aseguraron su difusión incluso en TikTok y YouTube. Sobre esta genealogía, véase Solea y Sugiura, obra citada.
  7. EJ Dickson, «A Female Looksmaxxer Is Suing Clavicular for Alleged Battery», Wired, 29 de abril de 2026.
  8. Ryan Broderick, «Inside Remilia Corporation, the anti-woke collective behind the doomed Milady Maker NFT», Fast Company, 21 de junio de 2022.
  9. Véase la página web oficial de Remilia.
  10. Arnaud Miranda, Les Lumières sombres. Comprendre la pensée néoréactionnaire París, Gallimard, col. «Bibliothèque de géopolitique», 2026.
  11. Alexander Raubo, «Why young MAGA supporters are flocking to Remilia», The Spectator, 8 de febrero de 2025.
  12. Véase la presentación de Elena Vélez en la página web del Premio LVMH.
  13. Julie Boone, «The frozen radicality of Enfants Riches Déprimés’ FW26», nss magazine, 16 de marzo de 2026.
  14. Michael Billig, Banal Nationalism, Londres, Sage, 1995.