La guerra de posiciones en Ucrania no es un estancamiento estable. No es el resultado de realidades básicas de la guerra moderna que sólo puedan cambiar mediante una revolución tecnológica o táctica, como fue el caso del estancamiento de la Primera Guerra Mundial. Tampoco se basa en una equivalencia permanente de capacidades militares entre Rusia y Ucrania que pudiera mantenerse de manera indefinida independientemente del apoyo occidental a Kiev.

Por el contrario, es el resultado de los límites impuestos por Occidente a las tecnologías que está dispuesto a suministrar a Ucrania y de las restricciones impuestas a la base industrial de defensa rusa, que se derivan en gran medida de la reticencia del presidente ruso Vladimir Putin a comprometer plenamente a Rusia en esta guerra. Por tanto, el equilibrio actual es, de hecho, muy inestable y podría inclinarse fácilmente en cualquier dirección en función de las decisiones que se tomen en Occidente.

El comandante en jefe ucraniano, el general Valeri Zaluzhnyi, expuso recientemente los principales factores que han introducido la guerra de posiciones en el conflicto y dificultado, si no imposibilitado, las maniobras mecanizadas. Las recientes operaciones ofensivas rusas en torno a Avdiivka, en la región del Donetsk, entre otras, han demostrado que los rusos también sufren estos problemas. La valoración de Zaluzhnyi coincide con lo que también han señalado muchos otros observadores de la guerra. Los factores más llamativos son los siguientes:

1. La omnipresencia de los drones de reconocimiento hace imposible la sorpresa a gran escala, y la creación efectiva por ambos bandos de sistemas de reconocimiento y ataque que combinan drones de reconocimiento y ataque con artillería y otros sistemas de largo alcance hace que las concentraciones visibles de vehículos sean prohibitivamente peligrosas;

2. La guerra electrónica rusa –en particular la interferencia de señales GPS y comunicaciones de drones– a una escala sin precedentes está obstaculizando gravemente la capacidad de Ucrania para hacer pleno uso de las municiones de precisión basadas en GPS suministradas por Occidente y socavando la eficacia de los sistemas de drones ucranianos;

3. Los trabajos defensivos rusos, preparados durante muchos meses y apoyados por campos de minas extremadamente profundos y densos, impiden cualquier maniobra mecanizada rápida;

4. Las limitadas defensas aéreas ucranianas y la ausencia de una fuerza aérea moderna en Ucrania permiten a la aviación tripulada rusa operar como apoyo cercano a las unidades de primera línea y atacar las reservas tácticas y los nodos logísticos ucranianos;

5. Las limitadas capacidades de ataque de largo alcance de Ucrania impiden una interdicción eficaz al nivel operativo necesario para aislar el campo de batalla de las reservas operativas y estratégicas rusas;

6. El insuficiente número de tanques y vehículos blindados, unido a la incertidumbre sobre la futura disponibilidad de reemplazos, obliga a Ucrania a reagrupar sus fuerzas mecanizadas en lugar de aceptar las pérdidas inherentes a los asaltos concentrados en el estado actual del campo de batalla.

Los rusos, por su parte, padecen muchos de estos problemas, pero también de su incapacidad para extender por el lugar de las batallas las capacidades que les proporcionen ventajas significativas. La densidad y eficacia de los sistemas de guerra electrónica rusos no es uniforme en todo el frente, lo que permite a los ucranianos seguir utilizando, por ejemplo, sistemas de reconocimiento y ataque basados en drones para interrumpir operaciones ofensivas rusas clave.

Las operaciones aéreas pilotadas rusas, por su parte, son suficientes para detener los avances ucranianos en ciertas zonas, pero no para impedir que Ucrania envíe refuerzos a los sectores amenazados, ni para abrir rutas de acceso a los ataques mecanizados rusos preparados de antemano. La actual incapacidad de la base industrial de defensa rusa para producir tanques y vehículos blindados de reemplazo ha obligado al mando ruso a conservar sus vehículos y ha reducido muchas unidades a ataques de infantería ligera. Las fuerzas rusas también se enfrentan a una escasez periódica y localizada de artillería que perturba sus operaciones ofensivas y defensivas.

La solución a estos retos no requiere una gran revolución tecnológica por parte de ninguno de los dos bandos. Por un lado, los arsenales occidentales ya contienen las armas necesarias para hacer frente a casi todos los retos a los que se enfrentan los combatientes en Ucrania. Por otro, la movilización total de la economía y la sociedad rusas en favor de la guerra podría contrarrestar sus limitaciones tecnológicas.

La solución a estos retos no requiere una gran revolución tecnológica por parte de ninguno de los dos bandos.

FREDERICK W. KAGAN

La capacidad de Ucrania para impedir que las fuerzas rusas lleven a cabo una guerra de maniobras mecanizadas a gran escala depende de que continúe la ayuda occidental, al menos en la escala actual. Los sistemas de defensa antiaérea, artillería y antitanque son requisitos existenciales para Ucrania, que no puede construir o adquirir suficientes sistemas de este tipo para impedir que el ejército ruso recupere la capacidad de llevar a cabo operaciones ofensivas mecanizadas a gran escala, o de devastar sus ciudades.

En principio, la aviación rusa tiene capacidad para llevar a cabo campañas de bombardeo al estilo de la Segunda Guerra Mundial contra núcleos de población ucranianos, como demostró a escala más limitada durante la guerra civil siria. Para destruir amplias zonas de Alepo entre 2015 y 2016, Rusia utilizó una combinación de bombarderos supersónicos Blackjack y Backfire con capacidad nuclear y arcaicos bombarderos Bear propulsados por hélices. Todavía tiene estas plataformas y una gran reserva de las bombas no guiadas que utilizó en Siria, pero los Bear de ninguna manera pueden sobrevivir en el espacio aéreo disputado y los Blackjack y Backfire son vulnerables a los avanzados sistemas tierra-aire que Occidente ha suministrado a Ucrania. Dado que los Blackjack y los Backfire forman parte de la tríada nuclear rusa y no pueden ser sustituidos fácilmente por la industria de defensa rusa, Putin no quería arriesgarse a perderlos. Los sistemas de defensa antiaérea suministrados por Occidente han protegido así el cielo de las ciudades ucranianas de bombardeos devastadores. Si Occidente dejara de suministrar estos sistemas, es casi seguro que los rusos empezarían a llevar a cabo tales incursiones, con consecuencias catastróficas para Ucrania.

Si Occidente dejara de suministrar estos sistemas, es casi seguro que los rusos empezarían a llevar a cabo tales incursiones, con consecuencias catastróficas para Ucrania.

FREDERICK W. KAGAN

Los sistemas de defensa antiaérea suministrados por Occidente también impiden que los aviones tripulados rusos apoyen directamente a las tropas rusas a ras de piso. Las fuerzas rusas utilizaron helicópteros de ataque con efectos devastadores durante las fases iniciales de la contraofensiva ucraniana, pero las tropas ucranianas acabaron encontrando la forma de utilizar sus sistemas portátiles de defensa antiaérea (MANPADS) para derribar y finalmente retirar esos helicópteros de la línea del frente. El temor ruso a los misiles tierra-aire de mayor alcance de Ucrania impidió que los cazabombarderos y aviones de ataque rusos atacaran a muy corta distancia a las tropas ucranianas en el frente. La pérdida de estos sistemas permitiría a los aviones de ataque rusos Su-25 (más o menos similares a los A-10 estadounidenses) y a los cazabombarderos rusos Su-34 y Su-35 (similares a los F-15 estadounidenses) empezar a atacar las posiciones ucranianas en primera línea y las concentraciones tácticas que las apoyan. Estos ataques apoyarían y facilitarían la reanudación de las operaciones ofensivas rusas.

Los sistemas antitanque suministrados por Occidente han desempeñado un papel clave en los esfuerzos de Ucrania por detener los avances mecanizados rusos desde los primeros días de la guerra. La aparición de los sistemas antitanque occidentales Javelin, aunque en pequeñas cantidades, ayudó a detener los avances de los tanques rusos hacia Kiev, creando las condiciones para que las fuerzas ucranianas los detuvieran y finalmente los hicieran retroceder hasta la frontera. Occidente ha seguido suministrando a Ucrania sistemas antitanque portátiles similares, que desempeñan un papel clave en las defensas ucranianas contra las maniobras mecanizadas rusas, junto con los tanques y la artillería suministrados por Occidente. La pérdida de estos sistemas alteraría el equilibrio táctico y aumentaría la probabilidad de éxito en la penetración de las posiciones defensivas ucranianas por parte de las tropas mecanizadas rusas.

Los sistemas de artillería suministrados por Occidente también han desempeñado un papel esencial a la hora de permitir a Ucrania mantener sus líneas y posiciones actuales. Éstos tienen mayor alcance y precisión que los antiguos sistemas soviéticos de los que dependen los rusos. Los ucranianos han integrado con éxito la artillería occidental en sus sistemas de reconocimiento y ataque mediante el uso de drones, y los rusos se quejan regularmente de que el fuego de contrabatería ucraniano (es decir, los ataques de artillería contra la artillería rusa que acaba de disparar) es superior al suyo. El temor de los rusos al fuego de contrabatería ucraniano los ha llevado a replegar sus cañones, evitar concentrarlos y abstenerse de utilizarlos para las andanadas prolongadas que recomienda la doctrina rusa. La pérdida de estas capacidades por parte de Ucrania permitiría a la artillería rusa volver a concentrarse mucho más cerca del frente y mantener las altas cadencias de fuego necesarias para suprimir las defensas ucranianas y permitir la penetración en sus líneas.

El fin del apoyo occidental privaría a Ucrania de estas y otras capacidades. El resultado no sería una continuación de la actual guerra de posiciones, sino más bien la apertura de oportunidades para que los rusos renovaran las ofensivas mecanizadas a gran escala con buenas perspectivas de éxito. Lo más probable es que las líneas del frente dejasen de ser estáticas y los rusos volviesen a maniobrar en el campo de batalla. Resulta difícil ver cómo Ucrania podría compensar la pérdida de estas capacidades en un corto espacio de tiempo; de hecho, sería altamente improbable, dado el estado de su base industrial de defensa y de su economía. El escenario más probable, por tanto, es que los rusos vuelvan a hacer retroceder a las fuerzas ucranianas, se apoderen de zonas más extensas del país, devasten las ciudades ucranianas desde el aire y, finalmente, acaben con la capacidad de lucha de Ucrania. En resumen, hay muchas razones para creer que la interrupción de la ayuda occidental a Ucrania permitiría a Rusia ganar la guerra militarmente.

El fin del apoyo occidental privaría a Ucrania de importantes capacidades militares.

FREDERICK W. KAGAN

Por otro lado, un aumento de la ayuda occidental a Ucrania bien podría permitir a las fuerzas ucranianas volver a maniobrar en el campo de batalla en sus propios términos. Los arsenales occidentales disponen de armas que pueden destruir los sistemas de guerra electrónica rusos. Ya está en marcha un programa estadounidense para modificar misiles diseñados para atacar radares de defensa aérea con el fin de neutralizar la interferencia de GPS y sistemas de guerra electrónica similares, pero en cualquier caso los sistemas de guerra electrónica son fácilmente identificables y localizables por sus firmas electromagnéticas, y muchos tipos de municiones pueden destruirlos. La destrucción de los sistemas de guerra electrónica rusos aumentaría la capacidad de las fuerzas ucranianas para atacar con precisión objetivos cercanos a la línea del frente, interrumpiendo los avances rusos y creando las condiciones para las operaciones ofensivas ucranianas.

Reforzar el poder aéreo ucraniano sería probablemente lo que tendría mayor impacto en el campo de batalla, tal y como sugirió el general Zaluzhnyi. Las limitaciones de la base industrial de defensa occidental significan que la escasez de artillería occidental y de sistemas de precisión de corto alcance basados en tierra no se superará rápidamente. Sin embargo, los arsenales occidentales contienen un gran número de sistemas de precisión lanzados desde el aire que podrían compensar las limitaciones de la artillería. La capacidad relativamente limitada de Occidente para producir grandes cantidades de obuses se explica de hecho por la dependencia de la OTAN a las municiones de precisión lanzadas desde el aire para compensar su dependencia a la artillería. Sin embargo, Ucrania no dispone de un número suficiente de aviones capaces de sobrevivir cerca de las líneas del frente y, en algunos casos, las aeronaves que posee son incapaces de utilizar las municiones avanzadas de la OTAN (aunque se están llevando a cabo programas para modernizar algunas de ellas). Los misiles aire-aire de largo alcance, combinados con las defensas aéreas terrestres de Ucrania, despejarían el cielo de aviones rusos. Un aumento del número de misiles HARM capaces de apuntar a los radares de defensa aérea rusos permitiría a los aviones ucranianos volar más cerca de la línea del frente. En conjunto, estos cambios permitirían a Ucrania empezar a utilizar el abanico de municiones de precisión aerotransportadas occidentales contra objetivos tácticos rusos con el fin de abrir corredores para los avances terrestres.

Los avances rápidos requieren blindaje, y la letalidad del campo de batalla moderno exige un blindaje suficiente para poder permitirse pérdidas significativas mientras se llevan a cabo misiones de importancia operativa. Occidente debe aumentar significativamente la cantidad de blindaje que suministra a Ucrania con el fin de crear las condiciones necesarias para el éxito de las operaciones ofensivas ucranianas. La contraofensiva de 2023 se vio obstaculizada, entre otras cosas, por el hecho de que Occidente suministró un número relativamente pequeño de una multitud de vehículos de combate diferentes con características y requisitos operativos distintos. Muchos de ellos no eran en absoluto adecuados para abrir brechas en posiciones defensivas preparadas, ya que carecían de la suficiente protección de blindaje para sobrevivir frente a los tanques y sistemas antitanque rusos. Estados Unidos tiene cientos de tanques almacenados en Europa, preposicionados para estar listos en caso de una guerra de la OTAN contra Rusia. La rápida entrega de estos tanques a Ucrania aumentaría considerablemente la capacidad de este país para realizar maniobras mecanizadas.

Occidente debe aumentar significativamente la cantidad de blindaje que suministra a Ucrania con el fin de crear las condiciones necesarias para el éxito de las operaciones ofensivas ucranianas.

FREDERICK W. KAGAN

Occidente también ha sido demasiado parco en sus entregas de material de ingeniería, especialmente de desminado. En realidad no dispone de grandes cantidades de estos sistemas, lo que explica en parte esta parsimonia, pero puede permitirse asumir mayores riesgos reduciendo temporalmente sus propias reservas porque resulta difícil prever una guerra importante en la que Estados Unidos o la OTAN pudieran verse implicados a corto plazo y que requiriera la capacidad de atravesar campos de minas a gran escala.

El General Zaluzhnyi identificó acertadamente una serie de reformas y ajustes que las fuerzas ucranianas podrían y deberían realizar independientemente de la ayuda occidental. La llegada de drones de reconocimiento y ataque al campo de batalla ofrece un enorme margen para realizar cambios militares más transformadores, entre otras cosas. En este sentido, la guerra de Ucrania es probablemente similar a la Guerra Civil española, que prefiguró muchos de los cambios clave que fructificarían en la Segunda Guerra Mundial, como el uso del poder aéreo en muchas funciones nuevas. Occidente debería aprovechar esta oportunidad para aprender a dominar las nuevas capacidades tecnológicas y las innovaciones tácticas necesarias para ayudar a Ucrania a conseguir la victoria.

Facilitar que Ucrania pueda restablecer su capacidad de maniobra en el campo de batalla no requiere, sin embargo, transformaciones tan importantes. Se trata más bien de proporcionar a las fuerzas ucranianas armas y sistemas que ya están presentes en los arsenales occidentales a una escala suficiente para que puedan triunfar. 

Por encima de todo, los responsables estadounidenses deben comprender que la actual guerra de posiciones en Ucrania no es una realidad estable o permanente, inherente a la naturaleza de la guerra actual o al equilibrio relativo de poder militar entre Rusia y Ucrania. Detener o reducir significativamente el apoyo militar estadounidense a Ucrania permitiría a Rusia ganar esta guerra en el campo de batalla. Esto sería un desastre no sólo para Ucrania, sino también para la OTAN y Estados Unidos.