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Es hora de que la UE intensifique su compromiso estratégico en y con el Indo-Pacífico. Conceptualmente, el Indo-Pacífico está muy en boga estos días. Políticos, diplomáticos, estrategas y analistas de grupos de reflexión debaten sobre el futuro de esta región caracterizada por su dinamismo. Recibo con satisfacción este debate y creo que la UE tiene un gran interés en ella y una gran contribución que hacer.

El Indo-Pacífico es tanto un espacio estratégico como una realidad geográfica. Desde la UE lo definimos como una zona que se extiende desde África Oriental hasta los Estados insulares del Pacífico. Se está convirtiendo en el centro de gravedad mundial, tanto en términos geoeconómicos como geopolíticos. 

Permítanme dar algunas cifras para reforzar este punto: el Indo-Pacífico genera el 60% del PIB mundial y dos tercios del crecimiento global. Es el segundo destino de las exportaciones de la UE y alberga a cuatro de sus diez principales socios comerciales. Dicho de otro modo, nosotros también somos un actor para el desarrollo del Indo-Pacífico.

Y el futuro no hará sino incrementar la importancia de la región. En 2030, la inmensa mayoría (90%) de los 2.400 millones de nuevos ciudadanos pertenecientes a la clase media procederá de esta región.

Sin embargo, en medio de todo este dinamismo, la estabilidad regional se ve cada vez más amenazada: disputas marítimas y terrestres, crisis y conflictos internos, y la rivalidad geopolítica entre Estados Unidos y China se intensifica. Vemos las consecuencias en todo el mundo, pero de forma más clara en esta región. 

Una señal clara es la fuerte expansión militar regional. He aquí otro dato revelador:

La cuota del Indo-Pacífico en el gasto militar mundial aumentó del 20% en 2009 al 28% en 2019, una cifra que sigue creciendo. Los países de esta región están invirtiendo considerablemente en sus ejércitos, ya que no están seguros de lo que les depara el futuro. Es una clara señal del empeoramiento del panorama de la seguridad regional.

En medio de todo esto, la democracia y las libertades fundamentales están siendo atacadas, como hemos visto recientemente en Myanmar.

El riesgo evidente es que la política y el nacionalismo triunfen sobre el desarrollo económico y la cooperación, que han sido lo que ha permitido mantener unidos a los países de la región y sacar a millones de personas de la pobreza. 

El riesgo evidente es que la política y el nacionalismo triunfen sobre el desarrollo económico y la cooperación, que han sido lo que ha permitido mantener unidos a los países de la región y sacar a millones de personas de la pobreza. 

josep borrell

Pero la arquitectura de seguridad y el orden regional de Asia siguen siendo un trabajo en curso. En Europa y sus alrededores también hay, sin duda, muchos retos en materia de seguridad. Paso mucho tiempo tratando de apagar los incendios en nuestra vecindad. Sin embargo, con el tiempo, los europeos hemos desarrollado sólidos marcos institucionales, como la UE y la OTAN, pero también la OSCE y el Consejo de Europa.

En Asia, tenemos organizaciones centradas en la ASEAN que guían la cooperación en materia de seguridad. Tal es el caso del Foro Regional de la ASEAN, del que la UE es miembro activo. Cada vez más asistimos al desarrollo de otros marcos, liderados por China y el Diálogo de Seguridad Cuadrilateral, por ejemplo. 

Ya en 2013, el ex ministro de Asuntos Exteriores Marty Natalegawa señalaba que la región tenía que pasar de un “déficit de confianza a construir una confianza estratégica”. En los últimos años, la tendencia ha sido más bien la contraria. 

En resumidas cuentas, la dinámica región del Indo-Pacífico es el futuro, pero la inseguridad y las tensiones están aumentando y amenazando así su orden y equilibrio. El punto clave a destacar aquí es que el crecimiento económico de esta región se fundamenta en la apertura, en reglas estables y compartidas, y en una seguridad también compartida.

El interés de la UE es precisamente este: que el orden regional siga siendo abierto y fundamentado en normas. Podemos aportar mucho, tal como reconocen nuestros socios regionales, que consideran a la UE un actor fiable y de confianza.

El Instituto de Investigación ISEAS de Singapur interrogó recientemente a los líderes de opinión y a los responsables políticos del sudeste asiático sobre quién sería su socio estratégico preferido y de confianza para hacer frente a la creciente rivalidad estratégica entre Estados Unidos y China. Cuatro de cada diez encuestados eligieron a la UE. 

Quizá no seamos tan llamativos como otros socios, pero tampoco nos movemos en zig-zag. No tenemos una agenda oculta. Lo que se ve es lo que hay. Somos fiables y predecibles. Podemos comprometernos, y lo hacemos a largo plazo.

Hemos demostrado nuestras credenciales con nuestra respuesta a la pandemia. Estamos apoyando a nuestros socios mundiales para hacer frente a sus consecuencias con un paquete de 40.000 millones de euros del “Equipo Europa” (que reúne a las instituciones de la UE y a sus Estados miembros).

Estamos a favor del multilateralismo en materia de vacunas y creemos que COVAX es la mejor manera de garantizar el acceso a ellas por parte de los países socios de ingresos bajos y de renta media de esta región. Ponemos nuestro dinero de acuerdo con nuestras convicciones y la UE es ahora el segundo mayor contribuyente del programa COVAX con más de 2.400 millones de euros invertidos en él. 

Además, somos el mayor exportador de vacunas del mundo. Con más de 240 millones de dosis, hemos exportado alrededor de la mitad de nuestra producción a 90 países. 

En nuestros esfuerzos por combatir la pandemia, elegimos deliberadamente un camino diferente al de los demás. No ofrecemos un trato preferente, ni buscamos favores políticos a cambio. Buscamos más bien una cooperación concreta, incluso con la ASEAN. Hemos organizado varios diálogos de expertos con la ASEAN en materia de investigación, fabricación y despliegue de vacunas.

La dinámica región del Indo-Pacífico es el futuro, pero la inseguridad y las tensiones están aumentando y amenazando así su orden y equilibrio. El punto clave a destacar aquí es que el crecimiento económico de esta región se fundamenta en la apertura, en reglas estables y compartidas, y en una seguridad también compartida.

josep borrell

La estrategia indopacífica de la UE

Por todas estas razones, la UE quiere ampliar su compromiso en y con esta región. Por ello, los 27 Ministros de Asuntos Exteriores de la UE adoptaron recientemente una nueva estrategia de cooperación de la UE con el Indo-Pacífico, luego de que varios Estados miembros de la UE lo hicieran a nivel nacional (Francia, Alemania y los Países Bajos).

El mensaje básico es la profundización por parte de la UE de su compromiso con los socios del Indo-Pacífico para otorgar una respuesta a las dinámicas emergentes que están afectando a la estabilidad regional. 

Concretamente, avanzaremos en el trabajo conjunto para impulsar el comercio y la inversión, la apertura económica y un enfoque sostenible de la conectividad. 

Promoveremos la cooperación multilateral, trabajando en los desafíos globales, desde la pandemia hasta el cambio climático, desde la biodiversidad hasta la gobernanza de los océanos y la economía digital. Y profundizaremos nuestro compromiso en materia de seguridad, tratando de que esa cooperación sea lo más concreta posible. 

Nuestra nueva estrategia pretende reforzar la integración regional. Incluye a todos nuestros socios de la región que deseen cooperar con la UE al coincidir nuestros intereses. Esto también incluye a China: sabemos que en áreas primordiales, como el clima, la pesca y la biodiversidad, su cooperación es esencial. 

No pretendemos crear bloques rivales ni obligar a los países a tomar partido. Nos comprometemos a profundizar nuestra cooperación con socios democráticos y afines. Aquí es importante subrayar que el compromiso de la UE con los derechos democráticos y las libertades fundamentales es inquebrantable: no porque los consideremos construcciones europeas u occidentales, sino porque estos valores y principios son universales. 

Muchos países, y ciertamente los habitantes de esta región, comparten nuestra opinión sobre los derechos democráticos y las libertades fundamentales: quieren determinar su futuro político y que se protejan sus derechos. 

Así como la ASEAN se encuentra en el centro de la estrategia de la UE en el Indo-Pacífico, también desarrollaremos relaciones más estrechas con otras organizaciones regionales de los océanos Índico y Pacífico. 

No pretendemos crear bloques rivales ni obligar a los países a tomar partido. Nos comprometemos a profundizar nuestra cooperación con socios democráticos y afines.

josep borrell

Hace tiempo que somos el primer socio para el desarrollo de la ASEAN, pero también su tercer socio comercial y su tercer inversor. Nuestras exportaciones a sus países miembros pasaron de 54.000 millones de euros en 2010 a 85.000 millones de euros en 2019 y nuestras importaciones crecieron aún más, de 72.000 millones de euros en 2019 a 125.000 millones de euros. En 2050, la ASEAN será la cuarta economía del mundo.

El año pasado lanzamos finalmente la Asociación Estratégica UE-ASEAN. Es una señal de la voluntad de ambas partes de ampliar y reorientar nuestra cooperación. No solo queremos trabajar en relación al comercio, la inversión y el desarrollo sostenible, aunque sean, sin duda, áreas importantes: sobre todo, compartimos la necesidad de reforzar nuestro trabajo conjunto en cuestiones estratégicas. 

Tomemos el ejemplo de la seguridad marítima. En primer lugar, la seguridad de la región está muy presente en nuestras mentes, también porque alrededor del 40% del comercio exterior de la UE pasa por el Mar de la China Meridional, lo que hace que la estabilidad de la región sea una preocupación compartida y un área de cooperación.

Durante muchos años, hemos mantenido un diálogo específico sobre la cooperación en materia de seguridad marítima en el que la UE y la ASEAN comparten buenas prácticas y lecciones aprendidas.

Estamos explorando diferentes opciones para aumentar la presencia marítima de la UE en el vasto espacio Indo-Pacífico. Y ampliaremos el proyecto de Rutas Marítimas Críticas desde el Océano Índico hasta el Sudeste Asiático. 

Al igual que la ASEAN, la UE está comprometida con unas rutas marítimas de suministro seguras, libres y abiertas en el Mar de la China Meridional, en pleno cumplimiento del derecho internacional, en particular de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Apoyamos el proceso dirigido por la ASEAN hacia un código de conducta eficaz y jurídicamente vinculante para el Mar de la China Meridional, que no debe perjudicar los intereses de terceros. 

La conectividad es otro de los principales ejes de nuestra estrategia en el Indo-Pacífico. Estamos a favor de un enfoque sostenible y fundamentado en normas, construido en torno a la transparencia, la propiedad local y la sostenibilidad fiscal y medioambiental. 

Creemos que esto coincide con lo que quieren muchos de nuestros socios regionales. La UE y la ASEAN llevan años colaborando estrechamente en el ámbito de la conectividad, reflejando las experiencias únicas de dos proyectos de integración regional, y ambas partes se han comprometido conjuntamente a seguir reforzando esta cooperación. La celebración de un Acuerdo Global de Transporte Aéreo entre ambas regiones (CATA) es otro hito importante en ese sentido y en el de la conectividad aérea.

A pesar de la pandemia y las múltiples crisis de seguridad en nuestra vecindad, la UE debe estar dispuesta a comprometerse más en y con el Indo-Pacífico.

josep borrell

En los debates sobre la conectividad y cuando se trata de inversiones y financiación, las percepciones populares y la realidad son dos cosas diferentes. Conviene, por ende, recordar algunas cifras básicas: 

La UE sigue siendo el mayor inversor mundial, con un stock total de 11,6 billones de euros, frente a Estados Unidos con 6,8 billones, China con 1,9 billones y Japón con 1,5 billones. 

También somos el mayor donante: nuestra ayuda al desarrollo entre 2013 y 2018 ascendió a 414.000 millones de euros en subvenciones. Esta cifra es comparable, en líneas generales, a lo que ofreció China en el marco de los proyectos de la Iniciativa de la Franja y de la Ruta: 434.000 millones de euros, pero en forma de préstamos. 

Sé que no siempre es fácil comparar este tipo de cifras. A menudo hay una falta de transparencia y cada uno trata de contar su historia.

Pero lo más importante es que la UE es una superpotencia económica. Tenemos un historial de apertura económica y ayuda al desarrollo y estamos dispuestos a seguir por ese camino con nuestros socios del Indo-Pacífico, para construir una recuperación que beneficie a los pueblos de ambas regiones. 

A pesar del impacto de la pandemia, la ASEAN cuenta con algunas de las economías de mayor crecimiento del mundo. El PIB global de la ASEAN asciende a 3 billones de dólares y está previsto que crezca un 6% este año. Indonesia debería crecer un 5%, tanto este año como el próximo. Las últimas previsiones de crecimiento de la Comisión Europea prevén un crecimiento en la UE del 4,2% en 2021 y del 4,4% en 2022.

La realidad es que dependemos del éxito económico de los demás. En ese sentido, contamos también con la próxima presidencia del G20 de Indonesia para trabajar juntos y fundamentar la recuperación mundial en una base sostenible e inclusiva, para reducir así las desigualdades mundiales y combatir la crisis climática. 

Conclusión

A principios de junio viajé a Yakarta para subrayar que, a pesar de la pandemia y las múltiples crisis de seguridad en nuestra vecindad, la UE debe estar dispuesta a comprometerse más en y con el Indo-Pacífico. 

El término “estratégico” puede utilizarse en exceso a veces, pero en este caso está más que justificado: el futuro de esta región es una prioridad estratégica para la UE. Por tanto, debemos hacer lo que podamos para ayudar a mantener el orden regional abierto y fundamentado en normas. Concretamente, debemos ir más allá del prisma bilateral y reforzar la cooperación en materia de seguridad compartida, conectividad sostenible y desafíos globales. 

Volví de Yakarta con la convicción de que necesitamos un enfoque de la UE hacia el Indo-Pacífico que sea estratégicamente consciente y maduro.

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