A raíz de la publicación en nuestras columnas del artículo de Luuk van Middelaar, ¿nos podría dar su visión sobre qué cambios implica el despertar geopolítico de Europa, tanto a nivel intelectual como en la práctica? ¿Qué papel concreto pueden desempeñar las distintas instituciones y Estados europeos dentro de la visión propuesta en el artículo? 

Yo quería empezar agradeciendo al Grand Continent por este esfuerzo tan grande que está haciendo para auspiciar un debate en Europa: no solo sobre cuestiones internacionales, políticas o europeas, pero también sobre cuestiones geopolíticas. Y creo que esta nueva dimensión que ha añadido a los debates, de gran calidad y es conocida por ello, es muy valiosa. Y que lo haga en distintos idiomas le añade también un plus de valor, porque este es un debate que tenemos que ser capaces de declinar en distintos idiomas. Los idiomas también importan para la geopolítica.

Yo quería empezar puntualizando un poco el artículo de Luuk, que me parece interesante, pero me parece que también hay que ajustarlo a la realidad, que es nuestra realidad del siglo XXI. Quiero puntualizarlo tanto en lo relativo al territorio, como en lo relativo al poder y en lo relativo a la narrativa: estos tres pilares que él entiende que son los grandes pilares de la geopolítica hoy y la base sobre la cual Europa tiene que construir su versión de geopolítica. 

El territorio, hoy, en el siglo XXI, es mucho más que un espacio geográfico. Y si queremos un ejemplo interesante de ello, la pandemia nos lo está ofreciendo. Y si queremos otro ejemplo muy patente, el cambio climático también lo es. Esta idea del territorio no es solamente una construcción geográfica, es también una suma de intereses y de valores que se tienen que adherir a una cierta noción de territorio que, como digo, hoy no está definido únicamente por límites como los que él señala –él habla de ríos, de montes, de mares o de cabos–. Es una realidad territorial que es difusa. Y esta palabra “difuso”, es una palabra que tenemos que tener, creo yo, en consideración. Para mí, la manera de definir hoy el territorio es más la interdependencia. Yo utilizaría más la palabra “interdependencia” que “territorio”.

En Europa vivimos demasiado apegados todavía a la noción del pasado. La épica del pasado, la épica de la reconciliación franco-alemana después de la Segunda Guerra Mundial es una épica que habla mucho menos y que moviliza mucho menos a la ciudadanía del siglo XXI.

ARANCHA GONZÁLEZ LAYA

La segunda puntualización que yo haría es una puntualización en torno a la noción de poder; un poder que hoy no es solamente una expresión de un Estado: es también la expresión de la empresa. Tenemos hoy empresas, que son en muchos espacios estatales, muchísimo más poderosas que el gobierno o el Estado en el sentido clásico. Y no nos podríamos tampoco olvidar, cuando hablamos de poder, de opiniones públicas. Luego, el poder es hoy también mucho más difuso que ese hard power que Luuk pone un poco en el centro de la noción de geopolítica en su artículo. Y vuelvo de nuevo al ejemplo de la pandemia. El poder de responder a la pandemia hoy es el poder de la capacidad de innovación. Es el poder de la ciencia. Es el poder de la capacidad del individuo de inventar. Es decir que el poder es también hoy un concepto que se aleja de su definición clásica y va hacia formas más difusas, más compuestas, más complejas de poder. Por eso, a mí, más que de poder, me gusta hablar de resiliencia, que creo yo que es otro ingrediente fundamental en la geopolítica del siglo XXI. 

Y en cuanto al tercero que él menciona, que es la narrativa, la épica, esa capacidad de movilizar a un pueblo detrás de una idea o un ideal, ahí me da la impresión de que en Europa vivimos demasiado apegados todavía a la noción del pasado. La épica del pasado, la épica de la reconciliación franco-alemana después de la Segunda Guerra Mundial es una épica que habla mucho menos y que moviliza mucho menos a la ciudadanía del siglo XXI, al europeo del siglo XXI que no ha conocido esa realidad que le es muy lejana; europeo al que le preocupa más el lugar que va a tener en el mundo del futuro. Entonces, la narrativa europea de cómo Europa me ofrece un lugar en el mundo del futuro me parece que es más movilizadora que la narrativa del pasado. 

Yo puntualizaría en la excelente visión que nos ofrece Luuk con esas tres nuevas nociones que me gustaría colocar en la mesa, primero la interdependencia, segundo la resiliencia y, en tercer lugar, una narrativa de futuro: Europa como la oferta de un lugar para un europeo en el mundo del futuro.

En un texto publicado en El Grand Continent, el Alto Representante Josep Borrell menciona que, para que la política exterior sea más eficaz, la Unión Europea debe “aprender a hablar el lenguaje del poder” –algo que también ha mencionado en sus discursos la presidenta de la Comisión en comunicados de prensa–. ¿Cómo interpreta España esto y qué papel jugará el país dentro de esta visión de lenguaje de poder?

Primero, quiero poner en valor la manera en que Europa ha respondido a esta crisis y ha construido en positivo. Yo creo que tenemos que tomar un poco de altura y despegarnos un poco del día a día en la Tierra en la que vivimos. Es muy complicado para los responsables políticos como yo. Este es un ejercicio tremendamente complicado, pero cuando uno se eleva y ve que, en el espacio de apenas un año y medio, Europa ha dado un salto cualitativo en términos de integración económica, mutualizando una respuesta a una crisis –algo que no ocurrió en 2008, ni en 2009, ni en 2010, ni en 2011, cuando hubo unas resistencias brutales–. En el 2020 cruza ese Rubicón. Y este es un Rubicón muy importante para la parte de la construcción europea que tiene que ver con una integración mayor de las economías, de las finanzas y de la responsabilidad hacia reformas de los miembros de la Unión Europea. 

Quiero también poner en valor que, en este corto periodo de tiempo de un año y medio, Europa ha sido capaz de invertir de manera masiva en inventar vacunas que ya están siendo masivamente inoculadas en los ciudadanos y ciudadanas europeos. Esto es también el resultado de la Unión Europea. Quiero ponerlo en valor y quiero poner en valor la importancia de las instituciones en Europa. Es cierto que se necesitan liderazgos, pero también se necesitan instituciones, porque es la institución la que en realidad tiene los reflejos y la mecánica que consigue traducir en un momento de crisis una serie de útiles en respuestas inmediatas para apoyar y proteger a los ciudadanos. Quiero poner esto en valor porque a veces es cierto que, viendo las cosas cómo funcionan, se nos olvida este enorme salto cualitativo que hemos dado.

Pero volvamos a tu pregunta sobre el poder. El poder en el siglo XX es un poder que Europa ha conocido mucho, porque ha sido un terreno favorito del ejercicio del poder en el sentido más crudo de la palabra: en el militar, en el de los ejércitos, en el de la defensa, en el de la seguridad. En el siglo XXI, este concepto de poder ha cambiado. Es mucho más que un ejército. Hoy el poder de responder a una pandemia es una vacuna. Y quien no la tenga pierde la guerra. Pero no es ya la guerra en el sentido clásico de la palabra. Es la guerra contra una pandemia. ¿Qué lleva hoy a vencer la guerra del cambio climático?, que también es una guerra porque nos lleva a la destrucción –no inmediata: nos va a costar un poquito más, pero nos lleva a la destrucción–. Destruimos ecosistemas, biodiversidad, el único planeta que tenemos. Eso también es una guerra. Para ganar esa guerra no basta con tener un ejército. 

Para España, este concepto de “autonomía estratégica” que habla del poder europeo es un concepto sofisticado. No se traduce únicamente en cuántas cabezas nucleares tiene uno en su arsenal.

arancha gonzález laya

Hay que tener la fuerza de la tecnología que nos permita descarbonizar nuestros procesos de producción. Este poder, del que tenemos que ser capaces de hablar más, es un poder mucho más compuesto. Es un poder más tridimensional. No es un poder únicamente militar. Es un poder tecnológico, es un poder normativo, es un poder científico, es un poder de convicción, también. A mí me gusta que nuestros líderes europeos hablen de poder, pero tenemos que ser conscientes de cuál poder estamos hablando. Esa complejidad de poder también tenemos que ser capaces de gestionarla. Por eso, para España, este concepto de “autonomía estratégica” que habla del poder europeo es un concepto sofisticado. No se traduce únicamente en cuántas cabezas nucleares tiene uno en su arsenal. Nosotros no tenemos ninguna. Pero es que, aunque tuviéramos muchas cabezas nucleares, el poder hoy es mucho más que el número de armas que uno tenga en su arsenal. Y por eso nosotros en Europa tenemos que entender cuál es esta nueva versión del poder en el siglo XXI. Tenemos que ser capaces de impulsar, ciertamente, la Europa de la defensa, donde ponemos e innovamos mucho más en común y construimos más defensa y seguridad en común, pero también tenemos que ser capaces de construir poder tecnológico. Y también lo tenemos que hacer en común. Y también tenemos que construir mayor poder monetario, pues para algo tenemos una moneda muy presente en los mercados financieros, para algo representamos más de un cuarto del comercio internacional.

Es esta versión del poder del siglo XXI que tenemos que impulsar desde cada una de nuestras capitales, construyendo ese nuevo poder europeo, reglamentario, tecnológico, monetario, amén también del securitario y defensivo.

Europa ha entrado en la era del encuentro con otras grandes potencias, con otras civilizaciones, lo que a su vez obliga a Europa a pensar en el pluralismo. En su opinión, ¿qué implica esta aceptación del pluralismo, ya sea con respecto a Moscú, Ankara, Pekín o Washington?

La Unión Europea conoce muy bien los Imperios –porque nosotros mismos los hemos practicado, algunos en tiempos más lejanos, otros en momentos más cercanos–. Estamos rodeados de Imperios o, mejor dicho, rodeados de países que están digiriendo aún su reciente pasado imperial. Es el caso de Rusia, de Turquía, y de alguna manera este es el caso del Reino Unido también. Entonces, es cierto que cuando uno está todavía haciendo la digestión de su reciente pasado imperial, pues uno está todavía buscando acomodarse en un mundo en el que todo le parece muy estrecho comparado con lo que tenía antes, y donde quizás tenga unas ambiciones de espacio y de peso que ya no corresponden con su realidad en el mundo de hoy. 

Yo miraba recientemente el PIB de Turquía. Turquía tiene un PIB del tamaño de los Países Bajos. Y miraba el PIB de Rusia. Rusia tiene un PIB del tamaño de Italia. Claro, es cierto que tanto Rusia como Turquía tienen un pasado reciente que todavía está muy presente en su política. Son además dos vecinos contiguos de la Unión Europea. Luego, es cierto que la Unión Europea, cuando proyecta en sus relaciones exteriores, proyecta valores y es importante que los proyecte. Esa también es una seña de identidad europea. Y este es también uno de los elementos integrantes de una narrativa europea: los europeos tienen valores y quieren que sus valores se representen en sus políticas nacionales y en sus políticas internacionales. 

Pero también tenemos que ser conscientes de que tenemos unos intereses. Esos intereses los tenemos también que conjugar y saber conjugarlos con los valores. Y debemos saber entender cómo vamos a conjugarlos en una realidad post-imperial en las fronteras de la Unión Europea. Esto requiere de grandes dosis de equilibrios y de equilibrismo. Necesita de grandes dosis de diálogo, de palo y zanahoria, y de zanahoria y palo. 

Los europeos tienen valores y quieren que sus valores se representen en sus políticas nacionales y en sus políticas internacionales. Pero también tenemos que ser conscientes de que tenemos unos intereses.

ARANCHA GONZÁLEZ LAYA

Y vuelvo a donde empezaba esta discusión teniendo en cuenta que la realidad en la que nosotros nos movemos con estos vecinos no es una realidad ni de independencia ni de dependencia. Es una realidad de interdependencia donde nosotros tenemos algo que ofrecer. Nosotros tenemos algo que dar. Ellos tienen algo que ofrecer y algo que dar. Lo que tenemos que buscar constantemente es un equilibrio en el que todos nos sintamos cómodos. Y hay momentos en los que Europa no se siente cómoda. Desde luego Europa no se ha sentido cómoda cuando se cuestiona la integridad territorial de Ucrania. Europa no se siente cómoda cuando se decide rediseñar los límites marítimos o las fronteras marítimas de manera unilateral en el Mediterráneo. Pero yo estoy segura que si uno pregunta del otro lado, si uno pregunta en Turquía o en Rusia, pues seguramente tampoco les han gustado movimientos que Europa ha hecho con toda naturalidad, que a Europa le parecían perfectamente aceptables, porque le parecía que estaba moviéndose dentro de lo que son sus intereses y sus valores. Aquí de lo que se trata es tener siempre una capacidad de buscar ese equilibrio: en inglés lo llaman the fine balance. Es difícil encontrarlo y tenemos, muchas veces, muchas dificultades y tenemos que ser muy cuidadosos en la defensa de nuestros intereses y nuestros valores. Pero necesitamos un vecindario en el cual entendamos a nuestros vecinos, los vecinos nos entiendan a nosotros y nos respetemos mutuamente, unos a los otros. Esto no es siempre fácil de construir. Pero en todo caso, para España, es una cuestión de construcción día a día, donde uno tiene que ir construyendo ese equilibrio fino en la relación del día a día. 

Esta idea del pluralismo como coexistencia de potencias para ser capaces de gestionar los bienes comunes recae fuertemente en la relación con África. ¿Desde su punto de vista cuál debería ser la posición de Europa? Pienso aquí también en el universalismo de valores que menciona Luuk van Middelaar en su artículo, cómo potencias como China no se inscriben en los valores “universales” de Occidente y cómo ello supone una ruptura en la manera de relacionar el pasado con el futuro. Me gustaría además conectarlo con América Latina y el papel estratégico que podría tener el acuerdo Mercosur-UE en una visión geopolítica de Europa.

No hay una verdadera autonomía estratégica europea que no esté construida sobre alianzas. Por eso a mí no me gusta mucho hablar de soberanía. A mí me gusta hablar de resiliencia, más que de otra cosa, de una resiliencia que sea abierta y esté construida sobre otras alianzas. Porque en realidad aquí se trata de generar masa crítica que nos permita ir tejiendo un conjunto de normas, de acuerdos, un conjunto de instituciones que responda a nuestros intereses y nuestros valores. Y esto no lo vamos a hacer si le damos la espalda al mundo. Esto solo lo vamos a hacer si conseguimos generar alianzas. 

No hay una verdadera autonomía estratégica europea que no esté construida sobre alianzas. Por eso a mí no me gusta mucho hablar de soberanía. A mí me gusta hablar de resiliencia.

ARANCHA GONZÁLEZ LAYA

Hay muchas alianzas naturales en el mundo. Por eso Europa tiene esta vocación multilateralista y España desde luego la tiene. Pero para España hay dos alianzas que son fundamentales o, mejor dicho, hay tres. Una es el Mediterráneo. Esa es la alianza de las alianzas, porque son nuestros vecinos, porque ahí es donde nos jugamos el futuro, porque es el lugar donde tenemos una mayor capacidad de construir desde la corresponsabilidad. No se construye desde la dependencia. Se construye desde la corresponsabilidad. El tema migratorio es fundamentalmente un tema de corresponsabilidad, como lo es el cambio climático, como lo es el empleo de los jóvenes, como lo es la protección de la biodiversidad, como lo es la protección de los valores, los derechos y las libertades. Eso se hace desde la corresponsabilidad. 

El siglo XXI ya no es el siglo del Norte y del Sur. El Norte diciéndole al Sur lo que tiene que hacer, o el Norte comprando al Sur o el Sur vendiéndose al Norte. Es el siglo de la corresponsabilidad, donde las dos partes entendemos que nos jugamos el futuro en cuanto estemos dispuesto a trabajar para darle una respuesta compartida. 

El Mediterráneo es uno. África sub-sahariana, es decir, los vecinos de nuestros vecinos, es otro. Y si queríamos un ejemplo enormemente visible es lo que ha ocurrido en estos días con el asesinato de dos reporteros españoels fabulosos, que han caído víctimas del terrorismo más abyecto en el Sahel. Una zona a la que España, Francia, Alemania e Italia le estamos prestando mucha atención porque esa es una zona de gran riesgo político y geoestratégico para nosotros. Es vital. Preocuparnos por África es preocuparnos de nuestro futuro. Por eso se ha puesto el foco África 2023, construido con nuestros amigos y vecinos africanos, en el que ponemos sobre la mesa una visión de cómo queremos relacionarnos con ellos: desde la corresponsabilidad. 

No se construye desde la dependencia. Se construye desde la corresponsabilidad.

ARANCHA GONZÁLEZ LAYA

Y la tercera área fundamental para España para la construcción de alianzas a futuro es Latinoamérica. Y por eso nosotros vamos a seguir impulsando, dentro de la Unión Europea, el que sigamos tejiendo lazos con ella. Y esos lazos hoy tienen nombres: un acuerdo entre la Unión Europea y México, un acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, un acuerdo entre la Unión Europea y Chile. 

Tenemos que ser capaces de proyectar nuestros valores y defender nuestros intereses en estos acuerdos. Claro que sí. Y la sostenibilidad en el caso del acuerdo con el Mercosur es un valor muy importante en Europa. Francamente también lo es en muchos países latinoamericanos. Ayudémonos a construir más resiliencia en materia de sostenibilidad, climática, protección de la biodiversidad, que es esencial, y utilicemos este instrumento que ahora tenemos en nuestras manos, que es un acuerdo de región a región, para poder impulsarlo. Pero no nos escondamos. No nos escondamos, no nos escondamos detrás de nuestras fronteras nacionales. Construyamos y tejamos alianzas con nuestros socios latinoamericanos. Porque eso también nos va a dar resiliencia a nosotros. Insisto mucho en esto. Hagámoslo respondiendo a los intereses y valores europeos: la sustentabilidad es un valor, pero defendámoslo. No nos quedemos solamente en decirlo. Trabajemos para hacerlo. Esa es, desde luego, la voluntad que tiene el gobierno de España y en eso vamos a seguir trabajando en los próximos meses para impulsar un acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur; un acuerdo que incluya también esta sensibilidad de sostenibilidad, que desde luego es muy fuerte en España porque nos creemos la importancia de descarbonizar nuestras economías y proteger nuestra biodiversidad. Y porque lo creemos, queremos hacerlo nosotros y trabajar para que los demás lo hagan.

Desde el punto de vista diplomático, ¿qué rol juega España frente al resto de países europeos en la construcción de una “Europa geopolítica” y de la autonomía estratégica? 

Mi visión para España es que es un país que se categoriza mal, como el hijo que está en el medio, ni el mayor ni el menor. Pero es uno que está en el medio y que es especial porque, para empezar, es la cuna del segundo idioma más hablado en el mundo. Tiene una situación geográfica que lo ubica en la vertical norte-sur y en la horizontal este-oeste, en un lugar muy dulce. Se trata de un país que ha invertido de manera masiva en infraestructura, incluida en infraestructura digital, con lo cual hoy está mucho más preparado que otros más grandes, de su tamaño, para poder impulsar esta nueva transformación digital. Se trata de un país que ha invertido en muchas cantidades en capital humano. Es entonces un país que tiene unas características que lo hacen especial.

Mi visión es una España nodal, una España nodal en Europa y una España nodal en el mundo. […] Eso significa no ser un espectador de cómo otros tejen consensos, sino un actor en el tejer consensos, en el hacer acuerdos que nos impulsen con nuestra propia visión y con nuestros propios intereses.

arancha gonzález laya

La cuestión es: ¿qué hacemos con estas características especiales? ¿Nos regodeamos y nos congratulamos con el hecho de que somos especiales o ponemos eso al servicio de construir consensos? Mi visión es una España nodal, una España nodal en Europa y una España nodal en el mundo. ¿Y eso qué significa? Eso significa no ser un espectador de cómo otros tejen consensos, sino un actor en el tejer consensos, en el hacer acuerdos que nos impulsen con nuestra propia visión y con nuestros propios intereses. Eso es lo que modestamente hemos intentado hacer desde que este gobierno echó a andar a principios del año pasado. Es lo que hemos hecho en Europa, siendo constructores activos de un Fondo de Recuperación europeo. 

Mucho se ha escrito sobre la pareja franco-alemana, pero no tanto sobre la base que dio lugar a la propuesta franco-alemana del Fondo de Recuperación, que fue un papelito español. Nosotros somos, igual, un poquito modestos y no vamos con la trompeta contando todas las cosas que hacemos, pero porque nuestra ambición no es solamente tocar las trompetas. Nuestra ambición es que se vayan tejiendo una serie de acuerdos que respondan a lo que nosotros creemos que es lo que necesitamos. Y eso es lo que ha ocurrido con el Fondo de Recuperación. Hemos sido actores de ese Fondo de Recuperación. Hemos construido ese consenso. Tiene un sello de identidad que también es un sello de identidad español. 

Hemos sido también constructores de la respuesta internacional en el tema de las vacunas. Somos socios fundadores de COVAX. No esperamos a que los demás lo hicieran. Desde el primer momento decidimos que esto era una construcción en la que teníamos que poner nuestro ladrillo. Pusimos nuestro ladrillo, pusimos cemento, hemos estado pintando el edificio y vamos a seguir invirtiendo. Nos parece que eso corresponde a una visión muy clara de que no puede ser solamente una cuestión de vacunar a nuestros ciudadanos. Tenemos que asegurarnos que todos los ciudadanos del mundo se vacunen. Somos un país que recibe a más de 90 millones de personas al año en nuestro territorio. Aunque no sea más que por eso, sabemos que es muy importante que la vacunación llegue a todos los ciudadanos. Luego hemos participado en la construcción de una respuesta sanitaria global que es generosa hacia los demás, pero con una generosidad bien entendida, porque también es importante para nuestros intereses que es la de un país que está en un cruce de caminos.

En Europa hay un corazón que es franco-alemán. Ese corazón es necesario pero no suficiente para llegar a tejer consensos europeos.

ARANCHA GONZÁLEZ LAYA

Yo con esto lo que quiero decir es que nuestra visión para Europa es entender que en Europa hay un corazón que es franco-alemán. Ese corazón es necesario pero no suficiente para llegar a tejer consensos europeos. Y nuestra obsesión es asegurarnos que pasamos de necesario a suficiente, es decir, que aglutinamos a los demás y construimos eso siendo capaces de dialogar con todos los Estados miembros de la Unión Europea. Tenemos que ser capaces de dialogar con países del norte de la Unión Europea. Yo he tenido estas últimas semanas diálogos muy interesantes con Polonia, con los países bálticos, con Rumanía, por ejemplo, para tejer una vecindad sur y para que el norte y el este de Europa entiendan que la vecindad sur es importante. Y porque la vecindad sur es importante tenemos que ser capaces de construir un pacto migratorio. Entonces nuestra visión es muy clara: una España nodal que contribuye a construir consensos en Europa, que es la prolongación de España, pero no solo en Europa, también internacionalmente. Como decía, somos por naturaleza gente modesta, pero con orgullo porque también tenemos que ser conscientes del papel que jugamos y no siempre pensar que son los demás los que construyen, siendo nosotros también actores constructores.

¿Cree usted que la posición española como actor nodal dentro de la Unión Europea podría movilizar acciones más concretas de otros países, como por ejemplo eliminar las patentes de las vacunas en el marco de la OMC?

Pues sin desvelar muchos secretos –porque yo no tengo que desvelar secretos–, de momento estamos trabajando para construir… El presidente del gobierno de España es un presidente al que le preocupa particularmente esta cuestión del acceso equitativo a la vacuna para todos los ciudadanos y estamos trabajando en una iniciativa que él desvelará pronto, que tiene como objetivo darle un impulso al acceso equitativo de vacunas. Hemos puesto pequeñas piedras en ese camino, por cierto. No solamente hemos construido COVAX, también estamos ayudando de manera muy clara con toda nuestra cooperación al desarrollo volcada a reforzar los sistemas socio-sanitarios en los países donde estamos presentes. Estamos compartiendo en estos momentos tan difíciles con Brasil, la semana pasada, y con India, esta próxima semana, insumos sanitarios que les ayuden a luchar con la crisis sanitaria tan dura que se encuentran. Estamos poniendo 7,5 millones de vacunas a disposición de los países latinoamericanos, siguiendo las indicaciones de la OMS que pide a los gobiernos que tienen más vacunas que las compartan con quienes tienes menos. Pero queremos dar un paso más y vamos a poner nuestro granito de arena, como dirían los americanos, watch that space

Tanto el sueño federalista como el demos europeo (estado europeo del bienestar), pero también las miradas soberanistas y euroescépticas, coexisten y coinciden en el mismo problema. En ese marco ¿cómo construir o continuar construyendo los objetivos políticos de la Unión Europea en medio de la diferencia? 

Yo en estos momentos en los que está tan de moda el nacionalismo, el populismo, en el que hay tantas respuestas tan de regreso al territorio, a la frontera, al muro, a la respuesta puramente nacional, quiero reivindicar lo que verdaderamente protege al ciudadano europeo: la Unión Europea. Esa es la verdadera protección del ciudadano y de la ciudadanía europea. Y por eso esto lo tenemos que repetir hasta la saciedad. Porque es verdad que tenemos delante nuestro una máquina de hacer humo, que es muy eficaz, que repite sin cesar que lo que protege es el retorno a la frontera nacional, la repatriación de las competencias, la vuelta al Estado fuerte. Yo he conocido ambos. Creo que humildemente puedo decir que mi convicción es que lo que realmente va a proteger al ciudadano francés, español, alemán, holandés, en un mundo cada vez más complejo en el que todo cambia cada vez más rápido, es una Unión Europea cada vez más unión y cada vez más europea. Es ahí donde está la respuesta. Y para los países que van primero en la lista de elecciones nacionales, sin citar a ninguno, creo que sería muy útil recordarlo y recordarlo constantemente. Lo voy a decir en francés, porque estamos en el Grand Continent: c’est l’Europe qui protège. Y esto no lo olvidemos. Es Europa quien nos va a proteger.

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