Christophe Bouton


La aceleración es la consigna de todas las políticas —¿acabará por bloquearnos?—.

Se habría convertido en la solución a las crisis de nuestro tiempo: acelerar las reformas, la transición ecológica, el alto el fuego o la entrega de armas, la innovación… Pero, ¿con qué fin?

Para superar esta aporía, hay que pensar un desacoplamiento entre el imperativo técnico y el imperativo político.