Donald Trump comentó ayer el nombramiento de su enviado especial, que quiere «convertir Groenlandia en parte de los Estados Unidos».
La declaración que siguió —que traducimos a continuación— marca una ruptura histórica.
Un presidente estadounidense moviliza ahora abiertamente una visión imperial de la historia y del «espacio vital» para legitimar una pretensión territorial sobre otro miembro de la OTAN y uno de sus aliados más cercanos.