La escena podría ser el comienzo de una novela.
El ex embajador francés Gérard Araud tiene veinte años. Está frente al Partenón. Llora de alegría: Grecia ya no lo abandonará jamás.
Hoy, en Hidra, vuelve cada año a encontrarse con las amapolas, los caminos que llevan al mar y los fantasmas de la isla, como Leonard Cohen o Jackie Onassis. Pero también el espíritu de los exiliados, que regresan en Semana Santa.
Y siempre el mismo enigma: el color del agua.