En estos momentos, tres facciones se enfrentan en el seno del poder iraní y tratan de influir en las negociaciones y en la guerra en curso con Estados Unidos. 

  • El primer grupo, que sería el más poderoso, sigue abierto al diálogo con Washington, pero se niega a firmar un acuerdo que no reconozca el control total de Irán sobre el estrecho de Ormuz. Está liderado por el Cuerpo de los Guardianes de la Revolución Islámica y, en particular, por su comandante en jefe, Ahmad Vahidi.
  • El segundo, formado en torno al presidente Pezeshkian, al ministro de Asuntos Exteriores Araghchi y al presidente del Parlamento, Ghalibaf, estaría dispuesto a aceptar un control menos estricto del estrecho a cambio del levantamiento de las sanciones.
  • Por último, el último grupo, el Frente para la Estabilidad de la Revolución Islámica, o Frente Paydari, rechaza cualquier negociación con Estados Unidos. Aunque es minoritario, cuenta con varios miembros influyentes, entre ellos Said Jalili, partidario del programa nuclear y de la erradicación militar de Israel. 1

Todas estas facciones consideran, en mayor o menor medida, que mantener el control del estrecho de Ormuz constituye, al menos por el momento, la forma más segura que tiene el régimen de preservar su influencia. Sin embargo, hay varios factores que podrían obligar al régimen a aceptar concesiones.

  • Las dificultades económicas a las que se enfrentaba Irán antes de la guerra se han agravado desde el 28 de febrero, como consecuencia del bloqueo marítimo impuesto por Estados Unidos y de los daños en las infraestructuras causados por los ataques estadounidenses e israelíes.
  • Ayer, martes 28 de julio, tuvo lugar la primera concentración de manifestantes desde las medidas represivas de enero. Los participantes, reunidos en Malekshahr, en la provincia de Isfahán, protestaron, entre otras cosas, contra la ejecución de dos manifestantes presuntamente implicados en el movimiento de protesta de finales de diciembre.
  • Al mismo tiempo, el régimen intenta contener a los insurgentes kurdos en el noroeste del país. En marzo, Trump intentó explícitamente abrir un nuevo frente al instar a las facciones kurdas iraníes con base en Irak a «lanzar ataques».

La capacidad de Teherán para utilizar el estrecho de Ormuz como arma podría ser temporal —una realidad que se refleja en la estrategia del régimen iraní—, ya que varios países del Golfo han puesto en marcha proyectos de oleoductos destinados a eludir este punto estratégico.

  • Este es, en particular, el caso de los Emiratos Árabes Unidos, donde la empresa DP World anunció la semana pasada un proyecto para construir dos nuevas terminales marítimas en Fujayrah, un puerto situado al este del estrecho de Ormuz.
  • Irak también ha iniciado conversaciones con la empresa estadounidense Chevron para volver a poner en funcionamiento una red de oleoductos que conecta los yacimientos del sur del país con la ciudad petrolera de Kirkuk, en el norte, para luego prolongar esta línea hacia el oeste, atravesando Siria, hasta el puerto mediterráneo de Banias.
  • Por su parte, Arabia Saudita tiene previsto aumentar la capacidad del oleoducto Este-Oeste, que actualmente puede transportar hasta 7 millones de barriles diarios de crudo hasta el puerto de Yanbu, en el mar Rojo.
Notas al pie
  1. Iran Update Special Report, 28 de julio de 2026, Institute for the Study of War.