¿Cómo resumiría la sesión de la Cumbre de la OTAN que se acaba de celebrar en Vilnius? 

En primer lugar, es un momento importante para el acercamiento euroatlántico a Ucrania, un proceso que Rumanía ha apoyado firmemente desde la Cumbre de Bucarest de 2008 y, más recientemente, en la Cumbre de la Comunidad Política Europea celebrada en Chișinău, donde el presidente de Rumanía y el presidente de Ucrania firmaron una declaración política en conjunto. Kiev todavía no ha recibido una invitación para unirse a la alianza, pero, el 12 de julio, se celebró la primera reunión del Consejo OTAN-Ucrania. Es una primicia histórica, pues Ucrania está más cerca que nunca de la alianza. Se sitúa en pie de igualdad en el mecanismo de consulta con los aliados. Ahora, Ucrania forma parte de la familia de la OTAN y estamos convencidos de que el proceso de adhesión se completará lo antes posible. A estos avances, se les añade el plan del G7 de iniciar negociaciones para ofrecer garantías de seguridad. Rumanía está abierta al debate, tanto como miembro de la Unión Europea como de la OTAN.

Además, las decisiones adoptadas en la Cumbre son extremadamente importantes no sólo para Ucrania, sino, también, para la región del Mar Negro, con importantes resultados para el fortalecimiento de la seguridad transatlántica, de la postura de defensa y de disuasión en el flanco oriental y de la relevancia geoestratégica de este espacio marítimo. La declaración final incluye un párrafo sobre la necesidad de garantizar la seguridad y la estabilidad en el Mar Negro. También, hay un párrafo sustancial sobre la necesidad de apoyar a socios vulnerables como Moldavia, lo que es sumamente importante para nosotros.

La Unión ya hizo su giro geopolítico.

LUMINITA ODOBESCU

Como país fronterizo, la guerra está en nuestra puerta. Sus efectos están repercutiendo profundamente en la región del Mar Negro y, hoy, cuando hablamos de seguridad, va mucho más allá de la esfera militar porque esta guerra tiene muchas consecuencias, incluidas las económicas. Nuestros socios más vulnerables, como Moldavia, están en primera línea. 

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¿La Unión se encuentra en una encrucijada geopolítica? 

Creo que la Unión ya hizo su giro geopolítico. La prueba de eso es que, ahora, intentamos adaptar todos nuestros instrumentos políticos a las nuevas realidades. 

En primer lugar, por supuesto, están todas las cuestiones relacionadas con el apoyo militar, financiero y humanitario brindado a Ucrania, pero, también, a Moldavia. El 24 de febrero de 2022, se desató una guerra brutal, ilegal e injustificada contra un Estado vecino, un Estado europeo que tenía que defender su territorio, su soberanía y su integridad. Reaccionamos con solidaridad y unidad ante una situación sin precedentes. La reacción de la Unión, junto con sus socios americanos y otros aliados, fue la correcta: apoyo incondicional a Ucrania durante el tiempo que sea necesario. Todos hemos visto de lo que es capaz Rusia. Esta guerra brutal en nuestras fronteras ha afectado a millones de vidas, ha destruido familias y ha obligado a la gente a huir. Más de 5 millones de ucranianos han cruzado la frontera con Rumanía y más de 93.000 están en Rumanía, donde reciben apoyo de las autoridades. No creo que haya palabras suficientes para describir la tragedia que está viviendo esta gente. La Unión ha actuado correctamente. 

Y, ahora, está desempeñando un papel más activo en muchos ámbitos porque las consecuencias de la guerra de Putin son globales: cuestionó el orden jurídico internacional y atacó los principios de soberanía, de independencia y de integridad territorial.

Todos los debates, ya sea a nivel de ministros de Asuntos Exteriores, de Defensa o de Economía, se abocan, ahora, a reforzar el papel de la Unión no sólo en su vecindad inmediata, sino, también, como actor global. 

Nos estamos centrando en este momento en intensificar el diálogo con nuestros socios de otros continentes para explicarles lo que está ocurriendo en nuestra frontera.

LUMINITA ODOBESCU

En relación con el conflicto de Ucrania, los países de África y América Latina no se alinearon automáticamente con la postura de los países occidentales, como esperaban la mayoría de los responsables políticos europeos…

Una de las cosas en las que nos estamos centrando en este momento es intensificar el diálogo con nuestros socios de otros continentes para explicarles lo que está ocurriendo en nuestra frontera, con el objetivo de obtener apoyo para Ucrania y de restablecer un orden internacional basado en normas. La cumbre UE-CELAC de la próxima semana con los Estados de América Latina y del Caribe se centrará, más allá de los debates sobre ámbitos de cooperación, en la situación de seguridad y en el apoyo para Ucrania. 

¿Los países de Europa del Este tienen un papel más importante que desempeñar en este sentido? 

Esto es lo que Rumanía ya empezó a hacer. El presidente Klaus Iohannis visitó, recientemente, Brasil, Chile y Argentina. En todas las conversaciones, trataba de explicar la situación en nuestras fronteras e insistía, al mismo tiempo, en nuestra condición de miembro de la Unión Europea. Es importante intensificar este diálogo para explicar mejor por qué mantenemos esta posición y por qué lo que Rusia está haciendo en este momento es inaceptable. El diálogo y el contacto, no sólo a nivel europeo, sino, también, bilateral, son importantes y necesarios. 

¿Cuál es la posición de Rumania sobre su estrategia hacia China? 

Las relaciones entre Rumanía y China se remontan a más de 74 años. La pertenencia de Rumanía a la Unión y a la OTAN, la asociación estratégica con Estados Unidos y el compromiso muy firme y claro con el multilateralismo basado en valores democráticos son algunas de las coordenadas básicas de nuestras relaciones con todos los Estados, incluida China. Nuestras relaciones con Pekín no son circunstanciales y la forma en la que se desarrollen debe adaptarse a las realidades mundiales y regionales. Hay que encontrar un equilibrio entre asociación y competencia sistémica porque hay muchas áreas a nivel global y bilateral en las que debemos cooperar con China. Es el caso, por ejemplo, de la lucha contra el cambio climático. Rumanía expresó esta posición en el último Consejo Europeo. Este enfoque multidimensional –que la Unión trata de desarrollar– es el que guía nuestras relaciones con Pekín. 

El diálogo coordinado por la Comisión con Estados Unidos es extremadamente importante porque es la única manera de encontrar soluciones comunes.

LUMINITA ODOBESCU

¿Qué opina de las respuestas esbozadas por la Comisión Europea en respuesta a la Ley de Reducción de la Inflación americana? 

El diálogo coordinado por la Comisión con Estados Unidos es extremadamente importante porque es la única manera de encontrar soluciones comunes. En última instancia, como socios, a escala mundial, nuestros objetivos son los mismos. Hablamos de autonomía estratégica, pero es inconcebible sin nuestros socios más importantes: Estados Unidos, Canadá, Japón y Corea del Sur. Cuando hablamos de la agenda verde, de la del cambio climático e, incluso, de la agenda digital, nos afecta a todos a nivel mundial. Todas estas cuestiones deben incluirse en el diálogo con nuestros socios. 

Hay otra dimensión importante, que se refiere a la producción industrial en territorio europeo para corregir fuentes de fragilidad que hayan surgido por la pandemia y por la guerra en Ucrania. 

Sí, las recientes crisis nos han mostrado lo vulnerables y dependientes que somos de las cadenas de valor. Ya empezamos a reforzar nuestra capacidad de reacción, a reindustrializar, a deslocalizar nuestra industria y a coordinarnos mejor para garantizar la competitividad de las economías europeas. 

Sin embargo, los efectos de la guerra, sobre todo, a nivel económico, también nos obligan a trabajar en ofrecer ciertas flexibilidades, en tomar en cuenta ciertas cuestiones propias del ámbito nacional, sobre todo, cuando hablamos de seguridad y de combinación energéticas, y los instrumentos a nuestra disposición a nivel nacional para garantizar la neutralidad climática. Algunos elementos aún están en discusión. Es importante que los recursos financieros a nivel europeo se canalicen en esta dirección. 

¿Hay fondos suficientes a nivel europeo para alcanzar estos objetivos? ¿Hay una voluntad política para un nuevo instrumento, para un nuevo préstamo común?

Creo que es un proceso que va tomando forma poco a poco. Estábamos en plena pandemia cuando la Unión consiguió movilizarse y presentar el ambiciosísimo plan NextGenerationEU, con un nuevo mecanismo de financiamiento. 

Hoy, nos centramos en los debates sobre la revisión del marco financiero plurianual, cuyo objetivo es adaptar el presupuesto europeo a las realidades actuales, marcadas, por un lado, por la guerra y, por otro, por la necesidad de acelerar la lucha contra el cambio climático y de garantizar la seguridad energética.

Usted fue responsable de la negociación de varios capítulos de la adhesión de Rumanía a la Unión Europea a principios de los años 2000, y tiene experiencia de primera mano sobre lo que implica el proceso de ampliación.

Para Rumanía, la adhesión a la OTAN y a la Unión Europea fueron proyectos nacionales, con un amplio apoyo político, lo que resulta extremadamente importante en este proceso. El camino no fue nada fácil. Rumanía era una democracia joven, y tuvimos que trabajar para cambiar el sistema, la administración, para adaptar rápidamente la legislación nacional. Cuando iniciamos el proceso de adhesión, había muy pocos especialistas en el acervo comunitario y las instituciones europeas en Rumanía. Nos guiaba el entusiasmo, porque sabíamos que era un objetivo importante para el país, con grandes repercusiones para nuestros ciudadanos. Ser miembro de la Unión Europea no es sólo formar parte de un club de toma de decisiones en el que te sientas a la mesa con todos los socios europeos. Hay resultados concretos para nuestros ciudadanos. Entre ellos, por supuesto, la libertad de circulación, la posibilidad de estudiar, trabajar y viajar a otros países. Además, el acceso a los recursos financieros, junto con la legislación transpuesta a la legislación rumana, han permitido a Rumanía modernizarse. Los resultados son muy visibles. Si nos fijamos en las instituciones rumanas, las inversiones realizadas en todos los sectores de actividad son algunos de los elementos esenciales de nuestra participación como miembro de pleno derecho de la Unión Europea. 

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¿Cómo encajan esos elementos con las conversaciones en curso con Ucrania y Moldavia? 

Todos estos elementos guían el proceso de adhesión a la Unión de los países de Europa del Este: Ucrania, Moldavia y Georgia. El año pasado logramos tomar ciertas decisiones estratégicas que ahora hay que reforzar abriendo negociaciones con Ucrania y Moldavia. Uno de los objetivos de nuestra política exterior es iniciar estas negociaciones a finales de año. 

En estos tiempos tan difíciles, con una guerra a las puertas de Europa, en los que tenemos que responder no sólo a las consecuencias de la agresión rusa, sino también reforzar nuestra capacidad de resistencia y acelerar la transición climática, es muy importante ser visionarios. 

¿Cuáles son las principales lecciones de este largo proceso para Ucrania y Moldavia? 

Rumanía ha apoyado este proceso de adhesión de forma vocal y constante, no sólo a través de representaciones políticas y diplomáticas al más alto nivel, sino también de forma concreta, en términos de apoyo de expertos, porque al haber pasado por el mismo proceso hace relativamente poco tiempo, tenemos cierta experiencia. Ofrecemos cursos para la administración de Chișinău. También hemos enviado expertos rumanos de los ministerios que serán enviados a Moldavia para apoyar su preparación. El mismo apoyo se está ofreciendo a la administración de Kiev. 

Moldavia y Ucrania, a los que se concedió el estatus de candidatos al mismo tiempo, también deben iniciar las negociaciones de adhesión al mismo tiempo.

LUMINITA ODOBESCU

A lo largo del año pasado, en condiciones muy difíciles, esos países han emprendido reformas para cumplir las recomendaciones de la Comisión Europea. Los avances han sido sustanciales. Ucrania está en guerra y ha conseguido tomar medidas de reforma sustanciales, sobre todo en ámbitos difíciles como la justicia y la lucha contra la corrupción. Las autoridades moldavas están tomando las mismas medidas a un ritmo acelerado. Deben ser presentadas y apoyadas por todos nuestros socios europeos. Somos optimistas, pero aún hay que trabajar: por un lado, nuestros socios deben continuar el proceso de reforma; por otro, es importante abrir las negociaciones este año, como muestra de nuestro apoyo duradero. 

¿Puede considerarse la adhesión de Moldavia a la Unión Europea por separado de la de Ucrania? 

Nuestro objetivo es muy claro: los dos países, a los que se concedió el estatus de candidatos al mismo tiempo, también deben iniciar las negociaciones de adhesión al mismo tiempo. Después, por supuesto, será un proceso basado en sus propios méritos. Todos hemos visto las manifestaciones de ciudadanos georgianos con la bandera europea en la mano.

¿Necesita reformarse la Unión Europea para ampliarse? 

Este es un debate que ya ha comenzado entre los líderes europeos, y hay diferentes opiniones. Creo que los Tratados actuales tienen mecanismos suficientes para permitir una futura ampliación. Evidentemente, la Unión tiene que adaptarse, pero eso es lo que hemos hecho en los últimos años, después de la pandemia y la guerra. Estos debates deben formar parte de las negociaciones que se abrirán sobre la agenda estratégica 2024-2029, porque es este documento el que aportará una parte de la visión europea del futuro. Evidentemente, se partirá de la situación de la seguridad, que debe interpretarse en un contexto más amplio, porque las consecuencias son globales. Después, la cuestión del cambio climático y la agenda digital seguirán siendo centrales. Por tanto, debemos adaptarnos no sólo a las nuevas realidades geopolíticas de nuestra vecindad inmediata, sino también garantizar que los objetivos en materia de transición ecológica y digital sigan siendo prioritarios. Estas son cuestiones que lanzaremos en la cumbre informal de Granada a principios de octubre. 

¿Considera que una Unión de círculos concéntricos a varias velocidades es una solución viable y pertinente? 

Es un debate que surge repetidamente en el ámbito público, pero los que trabajamos y formamos parte del proceso de toma de decisiones no tenemos necesariamente esta visión. 

El régimen de Moscú debe responder de lo que ha hecho, de los crímenes que ha cometido.

LUMINITA ODOBESCU

Si miramos a la zona euro, desde el punto de vista de los efectos, todas las decisiones que se toman a nivel de la zona euro afectan al conjunto de la Unión Europea. Por eso tenemos este formato: cuando hay reuniones de la eurozona, también hay una reunión con los demás Estados para coordinarnos porque formamos parte del mismo mercado único. Hay que finalizar algunos procesos, como la adhesión de Rumanía y Bulgaria al espacio Schengen, pero en este debate recurrente sobre una Unión a varias velocidades intentamos constantemente demostrar que realmente funcionamos como una Europa única. Otro ejemplo es la forma en que la Unión ha reaccionado hasta ahora ante la guerra en Ucrania y la situación de la seguridad. Si tenemos en cuenta las adaptaciones en materia de política de defensa e industria, era inimaginable que avanzáramos tan rápidamente en la creación de nuevos instrumentos. También hemos podido utilizar rápidamente instrumentos como el Fondo Europeo para la Paz y el Fondo de Defensa, que se han reforzado considerablemente. Son ejemplos que demuestran que la Unión actúa y puede actuar como una entidad única, incluso en nuevos ámbitos. 

¿Cómo ve el futuro del régimen de Putin?

La posición de la Unión y sus aliados es muy clara: el régimen de Moscú debe responder de lo que ha hecho, de los crímenes que ha cometido. Ya hay conversaciones avanzadas para poner en marcha mecanismos que obliguen a Moscú a rendir cuentas.