Es una verdadera bomba. En la noche del 31 de agosto, poco antes de la medianoche, la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), con sede en Ginebra, publicó un informe sobre las violaciones de los derechos humanos en la región china de Xinjiang. No es que este informe aporte nuevas revelaciones sobre la represión de los uigures y otras minorías étnicas en la región, pero la institución onusiana avala y confirma todo lo que se ha mostrado en anteriores investigaciones no oficiales. 

El informe también sorprende porque la Alta Comisionada Michelle Bachelet, que terminó su mandato de cuatro años también el 31 de agosto, siempre ha adoptado una actitud ampliamente conciliadora hacia China, especialmente durante su polémica visita a Xinjiang el pasado mes de mayo. Este viaje no condujo a ningún progreso, y ofreció a Pekín una operación de comunicación en bandeja. 

Basado en hechos y sólidamente documentado, esencialmente en fuentes oficiales chinas y testimonios de primera mano, el informe de la ACNUDH concluye que «se han cometido graves violaciones de los derechos humanos» en Xinjiang, que pueden constituir «crímenes contra la humanidad».

La institución onusiana avala y confirma todo lo que se ha mostrado en anteriores investigaciones no oficiales.

MARC JULIENNE

Desde las primeras revelaciones a finales de 2017, se han sucedido los trabajos académicos, las investigaciones periodísticas, los relatos de primera mano y las filtraciones de documentos oficiales chinos que dejan pocas dudas sobre la naturaleza de la represión en Xinjiang para quien se tome la molestia de investigar. Xinjiang es escenario de internamientos masivos, reeducación ideológica, esterilización y anticoncepción forzadas, trabajos forzados, tortura y violencias sexuales. Estas revelaciones de la sociedad civil (investigadores, periodistas, ONG) siempre han sido desestimadas por Pekín como mentiras, un complot occidental antichino urdido por Estados Unidos.

Sin embargo, poco a poco estas revelaciones comenzaron a penetrar en la esfera política de Occidente. En primer lugar, los poderes legislativos de muchos países se pronunciaron al respecto. Los parlamentos holandés, canadiense, británico, lituano, belga y estadounidense en 2021, seguidos por la Asamblea Nacional francesa (enero de 2022) y el Parlamento Europeo, aprobaron mociones no vinculantes para denunciar los crímenes genocidas contra la humanidad en Xinjiang. El Congreso de Estados Unidos y el Parlamento Europeo han llegado a votar la imposición de sanciones contra personas y entidades vinculadas a estas violaciones de los derechos humanos. 

© AP Foto/Ng Han Guan

Los ejecutivos, sin embargo, se han mostrado reacios a respaldar estas acusaciones, con la excepción de Estados Unidos, cuyos secretarios de Estado de Donald Trump y Joe Biden, han denunciado un delito de genocidio en Xinjiang. 

Aunque no es vinculante, este informe es un documento oficial de la ONU que contradice el discurso de Pekín y valida las acusaciones realizadas durante casi cuatro años.

marc julienne

Precisamente por la dilación de los gobiernos, el informe es tan crucial. La ACNUDH es el principal órgano de la ONU para promover y vigilar el respeto de los derechos humanos en todo el mundo. Su mandato le es confiado por la Asamblea General de la ONU, compuesta por todos sus miembros. Su Alto Comisionado depende directamente del Secretario General de la ONU. Aunque no es vinculante, este informe es un documento oficial de la ONU que contradice el discurso de Pekín y valida las acusaciones realizadas durante casi cuatro años.

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Por tanto, sus conclusiones no pueden ser ignoradas por nadie, aunque China ya haya formulado una respuesta -¡de 130 páginas!- a la ACNUDH. Considera que la iniciativa de la ACNUDH está fuera de su mandato, que las políticas aplicadas en Xinjiang se ajustan perfectamente a la legislación local y que se trata de cuestiones internas que no sufren ninguna injerencia extranjera, ni siquiera de un organismo de la ONU. Se abstiene de dar respuestas a las pruebas sobre el descenso de la población de Xinjiang entre 2017 y 2019, sobre la construcción masiva de prisiones y sobre el trabajo forzado. En ella se insiste, sin lograr engañar, en que «la gente de todos los grupos étnicos de Xinjiang vive una vida feliz en paz y satisfacción». 

El informe es un poderoso material argumentativo y un documento convincente que hace que la posición de Pekín sea cada vez más insostenible.

marc julienne

No hay que hacerse ilusiones sobre la voluntad y la capacidad de la comunidad internacional de presionar a Pekín para que cumpla sus compromisos internacionales y rinda cuentas de sus graves violaciones de los derechos humanos. No obstante, el informe de la ACNUDH es un poderoso material argumentativo y un documento convincente que hace que la posición de Pekín sea cada vez más insostenible.