Desde el 30 de julio circulan en Europa análisis según los cuales las autoridades marroquíes habrían desempeñado un papel en la crisis migratoria de Ceuta, ya sea permitiéndola o siendo las responsables del desplazamiento de más de 50.000 personas que ha provocado al menos 80 muertos. A partir de su trabajo como sociólogo 1 y, al contrastar las fuentes abiertas que ha estudiado estos últimos días, usted cuestiona esta interpretación. ¿Por qué?

La mayoría de estos análisis se deben a un profundo desconocimiento de la realidad marroquí. Los periodistas y analistas políticos que se precien deberían acudir sobre el terreno en lugar de basar sus reflexiones en las imágenes que se comparten en las redes sociales, a riesgo de caer en las teorías conspirativas.

Lo que acaba de ocurrir, el día de la Fiesta del Trono y del discurso real, debilita a Marruecos y a sus dirigentes mucho más que cualquier otra cosa.

¿En qué sentido?

En el país, la indignación es muy fuerte en estos momentos, con llamados a la dimisión del gobierno, sobre todo porque nadie en el poder sabe cómo llorar a nuestros más de 80 fallecidos. Una tragedia nacional.

A continuación, en el ámbito internacional y, más concretamente, en lo que respecta a la Unión Europea. Francia y España son nuestros principales aliados y socios económicos, muy por delante de Estados Unidos o Israel. 

La Unión Europea es también el principal destino de la migración marroquí, con 5 millones de ciudadanos, incluidos los que tienen doble nacionalidad, esos famosos «MRE» 2 que son fundamentales para Marruecos y su economía. Estas cifras son contundentes. ¿Qué interés tendría un Estado en sabotear esto el día de su fiesta nacional?

Su principal argumento se basa en la coincidencia entre la crisis de Ceuta y la Fiesta del Trono, una celebración cuyo alcance no es muy conocido en Europa. ¿Podría explicarnos en qué consiste? 

Para entenderlo, hay que partir de los cimientos sobre los que se asienta el sistema político marroquí: lo que se denominó, poco después de la independencia, la «revolución del rey y del pueblo». 3

El Estado moderno se ha asentado sobre estas dos vertientes: por un lado, el sistema milenario de los alauitas, del que desciende Mohammed VI, la dinastía reinante más antigua del mundo; por otro, las fuerzas civiles de la modernidad marroquí, organizadas durante el periodo colonial en torno a partidos, sindicatos y periódicos. 

Desde 1943, incluso antes de la independencia, quedó grabado en piedra que Marruecos sería una monarquía constitucional, parlamentaria, democrática y social. Toda la dinámica política del Reino desde la independencia consiste en preservar ese equilibrio, aunque el desequilibrio siempre se incline más hacia la monarquía que hacia el pueblo.

La Fiesta del Trono es el gran momento simbólico de este sistema. Cada 30 de julio se conmemora la entronización de Mohammed VI, que tuvo lugar tras la muerte de su padre, Hassan II, el 23 de julio de 1999. En ella, el rey pronuncia un discurso a la nación que se centra precisamente en este vínculo: jefe de Estado y árbitro de última instancia que deja que la política siga su curso, pero que interviene en caso de necesidad. 

Al día siguiente tiene lugar la Bay’a, la ceremonia de juramento de lealtad, más tradicional, considerada arcaica por una parte más bien minoritaria de los marroquíes, pero relativamente aceptada por el conjunto de la sociedad. En ella se ve cómo el ejército y los principales órganos del Estado juran lealtad al rey. 

Se trata de una ceremonia muy antigua, filmada y totalmente codificada, fundamental para el poder simbólico de la casa real y para gran parte de los marroquíes. Y es principalmente por ella por lo que se despliegan los servicios de seguridad durante esos días.

¿Sería, pues, la movilización de la mayor parte de los recursos simbólicos y de la infraestructura del Estado lo que habría dado lugar a los puntos ciegos que permitieron que se produjera esta crisis? 

Exacto. Para empezar, el 30 de julio es un día festivo que marca el inicio de las vacaciones. Los trabajadores marroquíes se marcharon en masa entre el sábado 25 y, en el caso de los más rezagados, la noche del miércoles 29. ¿Su destino? Para la mayoría de ellos, las «playas del estrecho», la mayor zona costera del país, una franja de unos 40 kilómetros que bordea precisamente Sebta. 4

Por otra parte, y este es un aspecto que no veo reflejado en la prensa aunque me parece decisivo, las ceremonias del 30 y el 31 de julio no se celebraron en el palacio de Rabat. La tradición dicta que el rey celebre la Fiesta del Trono en diferentes ciudades del reino y, en los últimos años, le gusta hacerlo en el norte del país. Así pues, el azar ha querido que todo el dispositivo —las distintas ceremonias, la comitiva, con toda la seguridad que ello implica— se celebrara este año justo al lado del enclave de Tetuán. 

En aquella multitud considerable, formada por millones de personas, era imposible distinguir quiénes se dirigían a la playa, quiénes aclamaban al cortejo real y quiénes intentaban cruzar la frontera terrestre del enclave colonial.

La prensa ha señalado que no se organizó ninguna reunión sobre la crisis durante los dos días de ceremonia, desde la fiesta al aire libre del jueves hasta la ceremonia de juramento del viernes, a pesar de que llegaba información de todas partes. ¿Cómo se explica un fallo tan grave en un Estado que parece tan bien organizado, sobre todo en materia de seguridad?

La señal de alarma se ha dado muy tarde, lo que sorprende a todo el mundo. De hecho, el Estado marroquí sabe reaccionar con mucha más rapidez en caso de crisis. Esto es lo que da pie a sospechas, a veces de carácter conspirativo.

¿Cómo interpreta el silencio de las autoridades?

Para entenderlo, hay que volver a la estructura institucional de Marruecos. El Ministerio del Interior ha vuelto a ser un ministerio con competencias de tutela, algo que había dejado de ser desde el avance democrático del país, cuando su composición dependía de las urnas y de las coaliciones parlamentarias. 

Desde 2017, el ministro es un wali, un alto funcionario sin afiliación partidista, nombrado directamente por el rey. La gestión de los asuntos internos vuelve a estar en manos de la alta función pública hasta el más alto nivel. Prácticamente ya no hay diferencia con la voz del palacio. 

Por respeto institucional, mientras esta no se pronunciara, nadie se atrevía a hablar. Así pues, un silencio gélido rodeó la muerte de esas decenas de jóvenes, hombres y mujeres, que se ahogaron, hasta que se publicaron los primeros comunicados oficiales, el domingo por la noche y luego el lunes.

¿Cree, pues, que se trata de un Estado desbordado, incapaz de comprender lo que está sucediendo, lo que explica por qué las fuerzas del orden no han reaccionado ante una afluencia tan importante de personas?

Sí, mi hipótesis es sencilla. Las autoridades se vieron desbordadas; les llevó mucho tiempo comprender de dónde procedía la brecha de seguridad. En cuanto a la razón por la que las fuerzas del orden no pudieron intervenir, se debe sobre todo a la geografía del lugar.

¿Podría volver sobre el aspecto geográfico, que tampoco se ha tratado lo suficiente en el debate?

Como hemos visto, durante la temporada de verano, millones de personas se concentran en los 40 kilómetros de costa que rodean a Sebta. Se trata principalmente de turistas marroquíes de todos los estratos sociales que acuden a las playas que se extienden desde Fnideq, la ciudad fronteriza del enclave colonial, hasta Martil. 

A ello hay que sumar los viajes de ida y vuelta de los marroquíes residentes en Europa, lo que supone 2,2 millones de pasajeros entre los puertos de Tánger Med, Tánger City y Sebta en menos de tres semanas, concretamente entre la última semana de julio y la primera de agosto, así como los visitantes internacionales y la mercancía del comercio mundial que transita por este estrecho territorio. 

¿Es esa concentración de personas lo que habría dificultado el control de la frontera?

En un cuello de botella como ese, no es posible un despliegue rápido de las fuerzas del orden en medio de una multitud sin correr el riesgo de que se produzca un baño de sangre. No se envía a paracaidistas contra bañistas… Desde el reinado de Mohammed VI, Marruecos ha renunciado, por lo demás, al mantenimiento indiscriminado del orden: no es un Estado que maltrate a su población. La represión existente, que está menos regulada democráticamente que en Europa, sigue siendo sobre todo «suave», basada en encarcelamientos y presiones legales destinadas a silenciar. Los agentes están formados para la desescalada.

Cuando varios miles de personas cruzaron a nado y una inmensa multitud se agolpó en la playa, la única alternativa para evitar lo peor —que se amontonaran o que se lanzaran al mar— fue abrir ligeramente la frontera terrestre, en coordinación con los españoles. No habría servido de nada sumar más muertos a los que ya había. 

Al caer la tarde, varios jóvenes avanzan por las oscuras aguas, cerca del puesto fronterizo del Tarajal, en Ceuta, el 31 de julio de 2026. En estas aguas se ahogaron decenas de jóvenes, tanto hombres como mujeres, ante el gélido silencio de las autoridades: «nadie en el poder sabe cómo llorar a nuestros más de 80 muertos». Foto: Samuel Vega.

Fue entonces cuando las cifras se dispararon. A continuación, se recuperó el control a base de cañones de agua y gases lacrimógenos, lo que provocó heridos graves, en algunos casos muy graves, y coches y comercios incendiados. En una situación que se estaba convirtiendo en un motín. 

¿Quién intenta cruzar? ¿Cómo se hace normalmente?

En su mayoría marroquíes, a los que se suman, en menor número, personas procedentes de Argelia, Senegal, la República Democrática del Congo, Egipto, Sudán, Mali, Costa de Marfil, Guinea y, en ocasiones, de Asia.

Estos intentos, que se repiten día y noche sin interrupción, se realizan en barco, en zodiac o en lancha, con visados falsos o auténticos, pero con identidades usurpadas. También se llevan a cabo escondiéndose en coches, camiones y contenedores, intentando cruzar a nado, por túneles o trepando por vallas. Por desconocimiento, ya que es prácticamente imposible llegar a Europa desde este enclave, o por el reto de cruzar una frontera que la mayoría de los marroquíes consideran colonial. Pero, a menudo, por desesperación.

¿Cómo explica esta afluencia excepcional? ¿Quiénes entraron a Ceuta y por qué lo hicieron entre el 30 y el 31 de julio? 

Hay que distinguir entre dos momentos. Si no se distinguen, no se comprende la magnitud del suceso.

El primer grupo está formado por aquellos que deseaban emigrar a Europa y disponían de información probablemente manipulada o errónea. Se trata de numerosos titulados universitarios sin empleo, de esa juventud que se ha sometido a las reglas de la meritocracia en Marruecos sin llegar a alcanzar la vida digna que se merece. 

Con una escolarización masiva gracias a las políticas de desarrollo aplicadas durante el reinado de Mohammed VI —el 70 % de los jóvenes llegan al bachillerato y el país cuenta con 1,6 millones de estudiantes, frente a menos de 100.000 cuando yo empecé mis estudios—, solo se le ofrecen empleos mal remunerados, a menudo informales, en un país donde solo 2,2 millones de trabajadores están afiliados a la Seguridad Social y donde casi un millón y medio de jóvenes de entre 14 y 24 años no hacen nada: ni estudian, ni reciben formación, ni trabajan.

Aunque la pobreza extrema haya disminuido, la precariedad persiste: se trata de una auténtica crisis social y de una bofetada para un modelo de desarrollo capitalista y liberal, carente de Estado de bienestar, cuyo impresionante balance desde los años noventa ha dejado a la mayoría de la población al margen. Estos jóvenes lo dicen, y los mayores ya me lo decían en 2004, cuando estaba escribiendo mi tesis: «No tenemos miedo a morir, ya estamos muertos socialmente». 5

El segundo grupo es una multitud en movimiento. La ciudad de Sebta parece una mezcla entre el Paseo de los Ingleses, La Grande-Motte y Palavas-les-Flots. Los veraneantes y los vecinos de los alrededores, a los que se unieron personas que se habían enterado de que «se podía pasar», cruzaron la frontera a pie nada más abrirse, como si invadieran un campo de futbol. Al principio eran unos pocos, pero luego los encargados de seguridad dejaron que siguieran, el terreno quedó invadido y cada uno se marchó por su lado. Las imágenes muestran a bañistas divertidos bajo la mirada de las fuerzas marroquíes, apenas frenados por la Guardia Civil. Se trata más de un desafío que de un proyecto migratorio: el de una juventud que expresa su desamparo, a modo de manifestación espontánea, y el lanzado contra una frontera colonial que distorsiona la continuidad del litoral e impide a los marroquíes circular libremente. De hecho, muchos se marcharon enseguida: en menos de dos horas, 48.000 personas ya habían regresado a Marruecos.

Dos años después de la «avalancha de TikTok» en Ceuta, que dio lugar a cerca de 4.500 detenciones, la crisis de los días 30 y 31 de julio parece volver a tener una dimensión algorítmica. ¿Cómo interpreta usted esta dimensión digital en el fenómeno migratorio?

En primer lugar, hay que volver sobre la sentencia del Tribunal Supremo español, que encendió la mecha. Esta frontera no siempre ha sido lo que es hoy. Se fue configurando a partir de finales de la década de 1990 y se endureció tras los tratados de Ámsterdam (1997) y de Tampere (1999), con la externalización de la gestión de las fronteras europeas y, posteriormente, la creación de la agencia Frontex. 

El cierre de las fronteras exteriores, como contrapartida a la supresión de las fronteras interiores, se ha convertido en una auténtica obsesión europea cuya lógica a veces desafía el sentido común: se refuerza una frontera al tiempo que se regulariza a millones de personas indocumentadas en diez años, tal y como hicieron España e Italia mucho antes de Pedro Sánchez.

Varias asociaciones llevan 20 años librando una batalla judicial contra las devoluciones en caliente que se practican en los dos enclaves, ante los tribunales españoles y hasta ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Por lo tanto, la sentencia no cae del cielo. ¿Por qué se dicta precisamente en pleno mes de julio, cuando los intentos de cruce son más numerosos? ¿Se trata de una mera coincidencia del calendario, el resultado de un trabajo jurídico llevado a cabo al margen de la realidad política del momento? ¿O hay que verlo como un gesto de un tribunal de tendencia conservadora, que nunca ha sido considerado aliado de la izquierda española, y cuyas consecuencias —al parecer en contra de la corriente de su propio bando— incomodan, en primer lugar, al gobierno de Pedro Sánchez?

En cualquier caso, ha llamado la atención de los candidatos que pasan por allí, que en su mayoría son habitantes de las ciudades, con estudios y conectados a internet. Queda la dificultad de fondo, heredada de un anacronismo colonial: la de controlar una línea trazada en medio de millones de personas en movimiento y que, por un extraño giro de los acontecimientos, se ha convertido en la frontera exterior de Europa en suelo africano.

¿Qué habría que hacer?

Es hora de replantearse el estatus de esos enclaves coloniales que son Sebta y Melilla. Una cogestión marroquí-española —y, por tanto, euroafricana— me parece la solución más interesante. Es una convicción que tengo desde hace tiempo. 6 Las tragedias se repiten sin cesar. Uno o dos muertos nunca llegan a ser noticia de portada, pero en verano son casi semanales, y cada dos o tres años mueren 40 o 50 personas de golpe. Entre 48.000 y 70.000 cruces, según las cifras, algo sin precedentes, pero el fenómeno en sí no tiene nada de nuevo.

Un soldado español vigila la costa mientras cientos de personas intentan llegar a Ceuta a nado, el 31 de julio de 2026. Ante tal multitud, no era posible un despliegue rápido de las fuerzas del orden sin correr el riesgo de que se produjera un baño de sangre: «no se envía a paracaidistas contra bañistas». Foto: Juan Carlos Lucas

Estos enclaves son un vestigio anacrónico del colonialismo europeo en África, que precisamente comenzó con los puestos comerciales. Sebta fue primero portuguesa y luego española, y Marruecos, que recuperó las otras ciudades (El Jadida y Esauira), lleva mucho tiempo reclamando la retrocesión. Pero estas ciudades tienen una historia y una población. De los 80.000 habitantes de Sebta, la mitad, o incluso dos tercios, son musulmanes. Algunos se sienten marroquí-españoles, otros españoles y musulmanes, y otros ni lo uno ni lo otro. 

La solución más pacífica sería eliminar las vallas. De todos modos, no estamos realmente en el espacio Schengen, solo se permite el paso de forma muy limitada y el asilo es allí un espejismo, al tiempo que se mantiene el estatus de ciudad autónoma bajo una soberanía compartida entre Marruecos y España. 

¿En qué modelo de cogestión está pensando?

Podemos inspirarnos en Andorra, con sus dos copríncipes, su autonomía y sus propias normas. Más allá de la pareja marroquí-española, sería un magnífico ejemplo de cooperación mediterránea y euroafricana, lo que sería un buen augurio en el contexto geopolítico actual.

En marzo, un análisis del American Enterprise Institute instaba a Marruecos a emprender una «nueva Marcha Verde»: enviar excavadoras y entrar sin armas en Ceuta y Melilla para «expulsar a los colonos españoles» a Cádiz, alegando que el artículo 6 del Tratado de Washington excluye a estos territorios de la protección de la OTAN. 7 ¿Qué opina de esta instrumentalización de la historia marroquí?

Este texto va totalmente en contra de lo que debemos perseguir. De hecho, nos incita a la guerra. La Marcha Verde, como su nombre indica, es una marcha pacífica. El verde es el color de la paz en el islam. Cuando los marroquíes marchan, no es para expulsar a nadie, sino para recuperar pacíficamente un territorio. Ya no estamos en 1975: es perfectamente posible, en 2026, alcanzar acuerdos que satisfagan a todos.

La administración de Trump parece haber ido más allá de las simples declaraciones. En abril, la Comisión de Asignaciones de la Cámara de Representantes describió Ceuta y Melilla como ciudades «situadas en territorio marroquí» bajo «administración española». ¿Cómo interpreta la diplomacia marroquí —que acaba de bautizar como «Donald J. Trump Highway» la autovía Tiznit-Dajla, que une el reino con el Sáhara Occidental— este cambio de doctrina?

No puedo afirmar que Rabat no desee este cambio, pero no lo veo así y, como analista, no lo considero deseable. Entiendo la convergencia de intereses con la administración de Trump desde el apoyo estadounidense a la cuestión del Sáhara. Pero nosotros, los marroquíes, necesitamos la cohesión europea, esa misma que falta en el Magreb, donde no hay libre circulación ni una diplomacia pacífica entre Marruecos, Argelia, Túnez y Libia. 

No necesitamos que Washington eche más leña al fuego al imaginarse convertir el reino en un protectorado estadounidense para ganar influencia en el estrecho de Gibraltar. Hassan II lo dijo, y Mohammed VI lo escribió en su tesis: 8 el futuro de Marruecos es euroafricano. Las alianzas con China, Israel o Estados Unidos son normales, pero solo una relación euromediterránea, o incluso euroafricana, permitirá resolver la cuestión de Sebta y Melilla.

Ha escrito que la crítica al Estado marroquí es legítima ante esta crisis, pero que se equivoca de objetivo. ¿A quién debería dirigirse?

Sobre las opciones de un desarrollo a varias velocidades, que favorecen a una minoría de «ganadores» en crecimiento y excluyen a una mayoría de «perdedores» que esperan su turno, un turno que nunca llega. Sobre la represión de los movimientos sociales, que sin embargo son esenciales para la cohesión social. Sobre el encarcelamiento de intelectuales y artistas que critican estas opciones de desarrollo. Todo esto debe denunciarse, y así se hace. Sobre todo porque todo ello contribuye a la desesperación que está en el origen de todas estas tragedias fronterizas.

Ante esta crisis social en Marruecos, es hora de replantearse la organización política y la aplicación de las políticas sociales. Se acercan las elecciones: hay que votar en consecuencia.

A este respecto, hay quien señala el interés de ciertos sectores del Estado, o incluso de grupos islamistas, por precipitar el caos. ¿Cree usted que esta hipótesis es creíble o que se están invirtiendo las causas y los efectos? 

Existen tendencias divergentes dentro del aparato de seguridad, como ocurre en cualquier Estado-nación complejo. La burocracia de un Estado centralizado está formada por personas, algunas de las cuales se creen todopoderosas, lo que podría explicar la lentitud del Ministerio del Interior a la hora de comunicar. Sin embargo, a estas alturas, no hay ningún dato objetivo que lo corrobore. 

Una manipulación por parte de los partidos islamistas resulta aún menos plausible. El Partido de la Justicia y el Desarrollo, como mucho, intentó sacar partido de la situación al ser el primero en pronunciarse, desde el domingo por la noche. 

En cuanto a una mano extranjera, argelina, como suele sugerir el instinto marroquí, eso es pura ficción, ya que no se puede manipular a una población que sabe lo que quiere. 

Quedaría la hipótesis de una maniobra interna que se aprovechara de los problemas de salud del rey. Tampoco me lo creo; las sociedades son más sólidas que eso.

Aquí encontramos lo que la psicología de las masas nos enseña desde Gustave Le Bon, 9 y más aún desde Robert Ezra Park y la escuela de Chicago. 10 Un movimiento de multitudes nunca es racional, pero su punto de partida siempre lo es: el miedo a perder una norma necesaria para la supervivencia del grupo, o la voluntad de instaurar una nueva. Fue esa racionalidad inicial, la esperanza de no volver a ser expulsados al entrar a Sebta tras 30 años de espera, lo que puso a la gente en marcha; lo irracional no se sumó hasta después. No hace falta ningún manipulador cuando una norma esperada parece por fin al alcance de la mano.

¿Se están invirtiendo, pues, las causas y los efectos en el análisis de la crisis de Ceuta?

Sí, eso creo. La causa es la crisis social marroquí. El desarrollo económico sin desarrollo social solo genera crisis recurrentes, y este último brilla por su ausencia debido a la falta de un debate democrático. 

La solución pasa por una mayor democracia, lo que implica replantearse el contrato social heredado de la revolución del rey y del pueblo. Eso es lo que reclaman los jóvenes cuando exigen su lugar en la sociedad, tanto en el ámbito económico como en el social y político, y son encarcelados cuando alzan demasiado la voz. 

Este problema deberá abordarse de forma cooperativa y con serenidad, ya que compartimos un futuro común. Los 14 kilómetros de mar que nos separan de Europa nos obligan a escribir una historia común.

Notas al pie
  1. Mehdi Alioua es sociólogo y profesor en Sciences Po Rabat (Universidad Internacional de Rabat), donde ha dirigido el Instituto de Estudios Políticos. Su tesis, defendida en 2011 bajo la dirección de Alain Tarrius, contribuyó a popularizar el concepto de «transmigración» para describir las migraciones por etapas entre África Occidental, el Magreb y Europa. Cofundador y expresidente del GADEM, ha codirigido, entre otros, Migrants au Maroc (2016) y La nouvelle politique migratoire marocaine (2017).
  2. Marroquíes residentes en el extranjero.
  3.  La expresión hace referencia a la alianza forjada desde 1941 entre el sultanato y el movimiento descolonial o «nacionalista» según la terminología establecida, y que se vio reforzada tras la destitución y el exilio forzoso, por parte de las autoridades francesas, del sultán Mohammed ben Youssef, futuro Mohammed V y abuelo del actual rey. Véase Daniel Rivet, Histoire du Maroc. De Moulay Idrîs à Mohammed VI, París, Fayard, 2012.
  4. Ceuta en español.
  5. Mehdi Alioua, L’étape marocaine des transmigrants subsahariens en route vers l’Europe : l’épreuve de la construction des réseaux et de leurs territoires, tesis doctoral en sociología dirigida por Alain Tarrius, Universidad de Toulouse II-Le Mirail, 2011.
  6. « Melilla : une organisation antiraciste appelle à la cogestion», entrevista con Mehdi Alioua y Hicham Rachidi, cofundadores del GADEM, RFI, 2 de marzo de 2014.
  7. Michael Rubin, «Morocco Should Send a New Green March into Ceuta and Melilla», Middle East Forum (MEF Observer), 16 de marzo de 2026, reproducido por el American Enterprise Institute.
  8. Sidi Mohammed, «La coopération entre la Communauté économique européenne et l’Union du Maghreb arabe», tesis doctoral en Derecho, Universidad de Niza Sophia-Antipolis, defendida el 29 de octubre de 1993.
  9. Gustave Le Bon, Psychologie des foules, París, Félix Alcan, 1895.
  10. Robert Ezra Park, Masse und Publikum, tesis defendida en 1904 en Heidelberg, traducida al inglés con el título The Crowd and the Public and Other Essays, Chicago, University of Chicago Press, 1972. Park fue uno de los fundadores de la escuela de sociología de Chicago.