Puntos claves
  • Después de Venezuela y Groenlandia, el 73 % de los europeos considera ahora que la Unión debe confiar únicamente en sí misma para defender su independencia.
  • Se declaran dispuestos a emplear la fuerza para ello, incluso contra su aliado histórico. El 81 % considera que una operación militar en Groenlandia constituiría «un acto de guerra contra Europa» y el 63 % se declara a favor de enviar tropas a la isla en postura defensiva.
  • El 44 % de los europeos considera ahora que Trump se comporta como un dictador y una mayoría absoluta (51 %) lo califica de «enemigo» de Europa. Para el 64 % de los encuestados, la política exterior estadounidense se define por la «recolonización» y la «depredación».
  • En la línea de lo ocurrido en Turnberry, el 56 % de los encuestados se muestra insatisfecho con la reacción de sus autoridades nacionales ante la fuerza bruta de Trump en Venezuela. Una amplia mayoría (63 %) considera que el secuestro de Maduro fue una acción ilegal que violó la soberanía de un Estado soberano.
  • El 21 % de los encuestados considera probable una guerra directa con Estados Unidos, lo que sitúa la confrontación con Washington como una amenaza mayor que la de China (11 %) e Irán (18 %).

En la línea del primer barómetro europeo, lanzado por Cluster 17 y el Grand Continent, y la Eurobazuka de la primavera pasada, que analizaba las reacciones a la llegada de Trump, la de septiembre, que sondeaba la la opinión de los europeos tras el verano de la humillación y la de diciembre, sobre los miedos y deseos de un continente en transición, hemos decidido volver a encuestar a los europeos tras la secuencia particularmente intensa de principios de 2026. 1

Esta encuesta exclusiva merece ser estudiada detenidamente: haga clic aquí para acceder al PDF completo del estudio y reciba en primicia el estudio detallado de las implicaciones políticas de las divisiones observadas en esta nueva encuesta suscribiéndose al Grand Continent

La quinta oleada de nuestro Barómetro de la opinión pública europea Eurobazuka pone de manifiesto lo que ahora podemos calificar como el «momento Groenlandia».

Revela una evolución considerable y específica: en el transcurso de un año de presidencia de Donald Trump, Estados Unidos ha cambiado de estatus en la opinión pública europea.

Sin que las otras grandes amenazas geopolíticas hayan cambiado significativamente, Washington está dejando de ser percibido como un aliado estructuralmente fiable y ajeno al ámbito de la guerra europea.

En las oleadas anteriores, se había instalado la desconfianza hacia Estados Unidos, alimentada por la imprevisibilidad de Donald Trump y el cuestionamiento de principios políticos y estratégicos fundamentales.

La oleada de enero de 2026 marca un paso más, hasta entonces inimaginable: una parte significativa de los europeos considera ahora a Estados Unidos como una amenaza potencial, especialmente a la luz de las posiciones adoptadas por Donald Trump sobre Groenlandia.

En este contexto, la hipótesis de una respuesta europea que incluya una postura militar defensiva frente a Estados Unidos no solo se vuelve pensable, sino que cuenta con el apoyo de la mayoría.

El «momento Groenlandia» no refleja un pánico generalizado, sino el cruce de un umbral: la opinión pública considera ahora que la relación transatlántica es una cuestión de seguridad europea.

1 — El momento Groenlandia: la hipótesis de una guerra con un aliado está ahora claramente formulada en la opinión pública

La cuestión de Groenlandia ocupa un lugar central en el espacio público europeo en esta oleada de nuestro barómetro Eurobazuka. Casi todos los europeos encuestados afirman haber oído hablar de las declaraciones de Donald Trump sobre este territorio y comprender claramente de qué se trata.

Este nivel de notoriedad es inusual para un tema de política internacional que no se refiere a un conflicto en curso ni a una crisis inmediata que afecte directamente a los países encuestados.

Este resultado supone una ruptura clara con la relación habitual de la opinión pública europea con los asuntos internacionales. Groenlandia no aparece aquí como un tema lejano, técnico o reservado a los especialistas en geopolítica.

Se convierte en un tema ampliamente mediatizado, comprendido y asimilado, que cala profundamente en las sociedades europeas. En otras palabras, la geopolítica, durante mucho tiempo confinada a los círculos de expertos, se sitúa en el centro de las preocupaciones de una amplia mayoría de ciudadanos.

Esta centralidad se confirma en la forma en que los europeos califican las declaraciones de Donald Trump. En el conjunto de los siete países encuestados, el 84 % de los encuestados considera que estas declaraciones son «graves», y el 63 % las considera «muy graves».

Este nivel de severidad es notable: refleja una relación de gran intensidad emocional y política con el acontecimiento, mucho más allá de una simple desaprobación diplomática.

Es más, esta percepción de la gravedad es ampliamente compartida a escala europea. Las diferencias nacionales son pequeñas: Italia, Francia, España, Alemania y Bélgica presentan niveles de valoración muy similares a los observados en Dinamarca, país directamente afectado por la cuestión de Groenlandia. Esta convergencia, poco habitual en un tema de política exterior, pone de manifiesto la constitución de un diagnóstico europeo común.

En este panorama ampliamente alineado, Polonia se distingue ligeramente.

Una mayoría de los encuestados califica las declaraciones de Donald Trump como «graves» (62 %), pero el país también cuenta con una minoría más importante que en otros lugares que las considera «no graves» o que no se pronuncia al respecto. Esta relativa vacilación puede interpretarse a la luz de la trayectoria política de Polonia: un país firmemente atlantista desde el fin del comunismo, en el que sigue existiendo un sector significativo de votantes muy conservadores, a veces sensibles al discurso trumpista, y para los que la crítica a Estados Unidos sigue siendo más delicada.

Más allá de esta valoración de la gravedad, la cuestión más determinante es sin duda la que se refiere a la calificación de una posible intervención militar estadounidense en Groenlandia. Al ser cuestionados sobre este punto, el 81 % de los europeos considera que tal intervención constituiría un «acto de guerra contra Europa», de los cuales el 53 % responde «totalmente». Esta cifra es especialmente significativa.

Esto demuestra hasta qué punto las repetidas declaraciones de Donald Trump, en las que evoca explícitamente la posibilidad de recurrir a la fuerza, son ahora recibidas por la opinión pública europea como algo que podría considerarse una declaración de guerra. Una vez más, existe un amplio consenso entre los países encuestados, aunque una parte de los encuestados polacos se muestra un poco más reservada o indecisa.

Este primer conjunto de resultados permite identificar lo que podríamos denominar un «momento Groenlandia»: no se trata de un aumento generalizado del miedo, sino del cruce de un umbral simbólico importante, aquel en el que la hipótesis de un conflicto que implique a un aliado histórico deja de ser impensable y pasa a ser explícitamente formulable en la opinión pública europea.

Durante mucho tiempo confinada a los círculos de expertos, la geopolítica se sitúa en el centro de las preocupaciones de una amplia mayoría de ciudadanos.

Jean-Yves Dormagen

2 — La política exterior estadounidense se percibe ahora como depredadora

Las tensiones en torno a Groenlandia se inscriben en un marco interpretativo más amplio, que parece imponerse ahora en las sociedades europeas. Esto queda muy claro cuando se pide a los encuestados que califiquen la política exterior estadounidense a partir de varios marcos concurrentes.

A escala de todos los países encuestados, el 64 % de los encuestados define la política exterior estadounidense como una política que tiene como objetivo principal la «recolonización y la depredación de los recursos mundiales».

Este marco conceptual ocupa claramente el primer lugar, muy por delante del de la «defensa de la libertad y los intereses legítimos» de Estados Unidos (19 %) y del del aislacionismo o la desvinculación del resto del mundo (11 %). El 6 % de los encuestados declara no saber cómo calificar esta política. Este bajo nivel relativo de indecisión es en sí mismo un resultado notable: indica que la política exterior estadounidense actual suscita juicios muy estructurados y polarizados y que solo una minoría de ciudadanos europeos no tiene una opinión definida al respecto.

Esta interpretación depredadora es ampliamente compartida en los grandes países de Europa occidental.

En Alemania, Francia, España e Italia, constituye el marco más frecuentemente utilizado. Dinamarca se distingue parcialmente: si bien la percepción depredadora sigue siendo elevada, los encuestados son relativamente más numerosos en evocar el registro del aislacionismo y la desvinculación, una particularidad que puede explicarse por el sentimiento de abandono que se percibe en un país directamente afectado por la cuestión de Groenlandia e históricamente muy vinculado a Estados Unidos.

En este contexto general, los europeos también interpretan la operación estadounidense en Venezuela que condujo a la detención de Nicolás Maduro. El 63 % de los encuestados califica esta acción de «ilegal, ya que viola la soberanía nacional y el derecho internacional», frente a una minoría que la considera una intervención justificada.

Este resultado supone una clara condena de la acción llevada a cabo por Estados Unidos bajo el impulso de Donald Trump y muestra que las críticas van mucho más allá del ámbito europeo.

En consonancia con estas opiniones, el 59 % de los europeos considera que la acción internacional de Donald Trump debilita a Occidente.

Este diagnóstico está especialmente extendido en Bélgica (70 %), Alemania (67 %) y Dinamarca (66 %), lo que confirma que la política exterior estadounidense se percibe no solo como depredadora con respecto a otras regiones del mundo, sino también como desestabilizadora para todo el bloque occidental.

Sin embargo, cabe destacar la existencia de minorías significativas que siguen considerando legítima esta política. En Francia, Italia y Polonia, entre el 20 % y el 25 % de los encuestados se adhieren a la idea de una defensa legítima de los intereses estadounidenses.

Estas posiciones se concentran especialmente entre el electorado de derecha y extrema derecha: los votantes de la derecha italiana, de Rassemblement National y de Reconquête en Francia, o incluso de las formaciones de extrema derecha en Polonia.

Esta asimetría revela una clara fractura política interna: mientras que la mayoría de los europeos tiende a ver en la política exterior estadounidense una lógica depredadora, una parte del electorado más a la derecha adopta una lectura inversa, basada en la aceptación asumida de una relación de fuerzas y de la primacía de los intereses nacionales. Esto sugiere la aparición de afinidades ideológicas transnacionales en el seno de las derechas radicales europeas, lo que las lleva a distanciarse del diagnóstico dominante en el resto de las sociedades europeas.

Estados Unidos entra en la jerarquía de riesgos sin convertirse en su centro.

Jean-Yves Dormagen

3 — Lo que revela la observación barométrica: Estados Unidos es el único actor cuya percepción cambia realmente

La pregunta barométrica que se repite de una oleada a otra sobre el riesgo de guerra en los próximos años permite confirmar, de manera especialmente clara, el cambio de percepción que se está produciendo con respecto a Estados Unidos.

Sobre todo, ofrece un valioso marco de comparación, al mostrar que esta evolución se inscribe en un panorama globalmente estable.

En lo que respecta a Rusia, China y las organizaciones terroristas, los resultados de esta quinta oleada son notablemente similares a los observados en diciembre de 2025. Las organizaciones terroristas siguen siendo, al igual que en la oleada anterior, la amenaza más ampliamente percibida: el 68 % de los europeos considera que el riesgo de una guerra abierta con ellas es «alto» en enero de 2026, frente al 67 % en diciembre. Esta casi estabilidad confirma que este temor constituye una base duradera de la opinión europea.

Francia se distingue una vez más por la intensidad excepcional de esta preocupación: el 84 % de los encuestados considera que el riesgo de guerra con organizaciones terroristas es «alto», y solo el 2 % considera que «ningún riesgo». Esta permanencia permite descartar la hipótesis de un efecto coyuntural relacionado con las conmemoraciones de los atentados de 2015: la amenaza terrorista parece ser un elemento estructurante y duradero en la sociedad francesa.

Al igual que en diciembre, Rusia sigue siendo la potencia estatal percibida como la más amenazante para Europa. Esta percepción se explica por la guerra en Ucrania y por las persistentes preocupaciones sobre las fronteras orientales de la Unión. La polarización territorial de este temor sigue siendo muy fuerte: en Polonia, el 76 % de los encuestados considera que el riesgo de guerra con Rusia es «alto», un nivel sin parangón entre los países encuestados. Por el contrario, Italia se distingue por una percepción mucho más atenuada de la amenaza rusa (31 %), lo que confirma una particularidad ya observada en oleadas anteriores.

En este contexto de estabilidad global, solo hay una evolución que destaca realmente: la de Estados Unidos.

En enero de 2026, el 21 % de los europeos considera que el riesgo de una «guerra abierta» con Estados Unidos en los próximos años es alto. Este nivel se ha duplicado con respecto a diciembre de 2025, cuando esta percepción era marginal.

4 — Un cambio de estatus: el aliado entra en la jerarquía de riesgos

Este avance modifica la jerarquía de amenazas secundarias. Estados Unidos se percibe ahora como una amenaza elevada de guerra directa, más importante que China (11 %) e incluso que Irán (18 %).

Por otra parte, solo el 35 % de los encuestados considera ahora que no existe riesgo de guerra con Estados Unidos, lo que indica que la posibilidad de un escenario conflictivo se ha extendido en la opinión pública, aunque sigue siendo minoritaria.

Sin embargo, es esencial destacar lo que esta evolución no significa. Estados Unidos sigue muy por detrás de Rusia y las organizaciones terroristas, que continúan estructurando la mayor parte de las percepciones de riesgo. Por lo tanto, no hay pánico generalizado ni inversión completa de la jerarquía de amenazas.

Desde un punto de vista barométrico, se trata de una recalificación parcial, y no de un cambio general. Estados Unidos entra en la jerarquía de riesgos sin convertirse en su centro. Esta evolución invita a la prudencia en la interpretación y debe observarse a lo largo del tiempo.

El 64 % de los encuestados define la política exterior estadounidense como una cuestión que atañe ante todo a la «recolonización y la depredación de los recursos mundiales».

Jean-Yves Dormagen

No obstante, resulta llamativo constatar que la posibilidad de un conflicto armado con Estados Unidos está calando progresivamente en las sociedades europeas. Este cambio marca la entrada en un nuevo paradigma: aquel en el que elEstados Unidos de Donald Trump deja de ser percibido únicamente como un aliado inestable o poco fiable para aparecer, en parte de la opinión pública, como un adversario potencial.

5 — El apoyo de la opinión pública a una respuesta militar europea

El resultado sin duda más destacado de esta nueva ola es el claro apoyo de los europeos al envío de tropas a Groenlandia.

En los países encuestados, el 63 % de los encuestados se declara a favor de esta opción, frente al 28 % que se opone, mientras que solo el 9 % no se pronuncia.

Esta última cifra es especialmente baja. Revela hasta qué punto la cuestión suscita reacciones fuertes y relativamente tajantes en la opinión pública europea, donde los temas de política exterior suelen dar lugar a niveles de indecisión más elevados.

El apoyo al envío de tropas es especialmente masivo en Dinamarca, país directamente afectado por la cuestión de Groenlandia: el 84 % de los encuestados se declara a favor, frente a solo un 7 % en contra. Este nivel de adhesión refleja una movilización nacional excepcional ante una situación que se percibe como una amenaza para la soberanía y la seguridad del país.

Sin alcanzar tales puntuaciones, el apoyo sigue siendo claramente mayoritario en el conjunto de los demás países encuestados. Una vez más, Polonia se distingue por un perfil más vacilante. Las opiniones contrarias al envío de tropas (32 %) y las que no se pronuncian (27 %) son especialmente numerosas, lo que refleja una opinión más incierta y dividida ante la perspectiva de un enfrentamiento militar con un aliado histórico.

Sin embargo, es esencial recordar que la formulación de la pregunta especificaba explícitamente «el envío de tropas europeas en postura defensiva». Este encuadre contribuye a reforzar la legitimidad de la iniciativa y a atenuar su carácter potencialmente belicoso. Sin embargo, no resta importancia al alcance del resultado: tal y como está formulada, la opción militar cuenta con el apoyo mayoritario.

Las respuestas de los europeos permiten así comprender una de las dinámicas centrales que operan actualmente en la Unión. Expresan una voluntad creciente de hacerse respetar en la escena internacional y, para ello, asumir una relación de fuerzas, incluso en el ámbito militar. Esta disposición no refleja una aspiración a la escalada, sino una lógica de disuasión, que no excluye la búsqueda de soluciones negociadas.

6 — Donald Trump personifica en gran medida la tensión transatlántica

La tensión con Estados Unidos está hoy profundamente encarnada en la figura de Donald Trump. Desde los días posteriores a su toma de posesión, muchos europeos lo consideraron un «enemigo de Europa», como ya revelaba la primera oleada del barómetro en diciembre de 2024. Esta imagen no se ha disipado con el tiempo: al contrario, parece haberse instalado de forma duradera, como lo demuestran las cuatro oleadas sucesivas realizadas desde entonces.

En la encuesta de enero de 2026, el 51 % de los europeos califican a Donald Trump de «enemigo de Europa», frente a solo un 8 % que lo perciben como un «amigo».

Esta última cifra es especialmente baja para el jefe de Estado de una potencia históricamente aliada. El 39 % de los encuestados lo describen como «ni amigo ni enemigo», mientras que solo el 2 % declara no saberlo. Este bajísimo nivel de indecisión ilustra hasta qué punto Donald Trump se ha convertido en una figura familiar de la actualidad europea, que deja indiferentes a pocos ciudadanos.

En este sentido, Polonia vuelve a ser una excepción notable. Solo el 28 % de los encuestados califica a Donald Trump de «enemigo de Europa», mientras que esta opinión es mayoritaria en el resto de países europeos.

Sin embargo, las opiniones sobre Donald Trump parecen haberse cristalizado en gran medida desde hace varias oleadas. El contexto muy tenso en torno a Groenlandia, así como las repetidas críticas del presidente estadounidense a las empresas europeas, apenas han hecho evolucionar el indicador «enemigo de Europa», que solo ha progresado de forma marginal. En otras palabras, el rechazo político ya está instalado; no se dispara, pero se mantiene en un nivel elevado.

Por el contrario, la imagen asociada a Donald Trump sigue deteriorándose. Cada vez se le percibe más como un dictador: el 44 % de los europeos comparte esta opinión, frente a solo el 10 % que considera que respeta los principios democráticos. En los cuatro países objeto de un barómetro continuo (Francia, Alemania, España e Italia), esta valoración ha aumentado 7 puntos entre la oleada de diciembre de 2025 y la de enero de 2026. Incluso en Polonia, país más indulgente con él, solo el 13 % de los encuestados considera que Donald Trump respeta los principios democráticos.

Este contraste es revelador: si bien la calificación de «enemigo de Europa» parece haberse estabilizado, el continuo deterioro de su imagen democrática contribuye a endurecer profundamente la opinión que se tiene de Estados Unidos.

La posibilidad de un conflicto armado con Estados Unidos se está infiltrando progresivamente en las sociedades europeas.

Jean-Yves Dormagen

7 — Donald Trump se acerca a Vladimir Putin en la jerarquía de amenazas

La recalificación de Donald Trump como figura central de la tensión transatlántica se confirma cuando se observa la forma en que los europeos evalúan, de manera comparativa, el nivel de amenaza que representan los grandes líderes internacionales para Europa.

En una escala del 0 al 10, los encuestados jerarquizan muy claramente los riesgos, al tiempo que se aprecia un desplazamiento especialmente significativo en relación con el presidente estadounidense.

A escala europea, Vladimir Putin sigue siendo la figura que representa una mayor amenaza, con una puntuación media de 6,9. Este nivel refleja la persistente centralidad de Rusia en el imaginario europeo en materia de seguridad, en relación directa con la guerra en Ucrania y las preocupaciones sobre las fronteras orientales de la Unión. Esta percepción es especialmente fuerte en Polonia (8,1), pero sigue siendo elevada en todos los países encuestados.

Donald Trump, por su parte, obtiene una puntuación media de 5,4, un nivel notable para el líder de una potencia históricamente aliada. Esta valoración lo sitúa claramente por encima de Xi Jinping, cuya amenaza percibida se sitúa en una media de 4,3. En otras palabras, los europeos consideran que Donald Trump es más amenazante para Europa que el líder chino, a pesar de que este último se presenta a menudo como el principal rival estratégico a largo plazo de Occidente.

Las variaciones nacionales confirman el alcance de este resultado.

Donald Trump es percibido como una amenaza especialmente elevada en Dinamarca (6,6), España (6,0) y Alemania (5,6), así como en un nivel importante en Bélgica (5,4), Francia (5,3) e Italia (5,2). Una vez más, Polonia se distingue por una valoración más moderada (4,8), en consonancia con otros indicadores que revelan una relación más ambivalente con respecto a la presidencia de Trump.

Por el contrario, la amenaza asociada a Xi Jinping parece más difusa y homogénea, sin picos nacionales marcados: varía entre 3,6 en Italia y 4,9 en Polonia. Esta posición intermedia confirma que China se percibe como un rival estratégico, pero no como una amenaza inmediata o prioritaria para la seguridad europea.

Este punto es esencial para comprender la dinámica actual. Donald Trump no se asimila a Vladimir Putin —que sigue siendo la referencia central de la amenaza estatal—, pero ahora sale claramente del estatus de aliado no amenazante, situándose en un nivel de riesgo sin precedentes para un presidente estadounidense.

8 — El fin del aliado estadounidense: deterioro asumido y autonomía europea

Los resultados relativos a la relación entre Europa y Estados Unidos convergen en un diagnóstico ahora ampliamente compartido: el de un deterioro profundo y duradero del vínculo transatlántico. Cuando se les pregunta sobre la evolución de esta relación, el 83 % de los europeos considera que se está deteriorando, frente a solo un 2 % que considera que está mejorando. Las respuestas intermedias siguen siendo minoritarias (13 %) y la indecisión es marginal (2 %). Esta constatación se impone con una homogeneidad notable en todos los países encuestados, incluidos los históricamente más atlantistas.

Esta percepción se traduce en una relectura estratégica explícita. Cuando se pregunta a los europeos sobre la forma en que la Unión debería garantizar su defensa en el futuro, el 73 % considera que ya no debe depender de nadie más que de sí misma, sin contar con el apoyo de Estados Unidos, frente al 22 % que considera que aún puede contar con Washington.

El resultado es abrumador y transversal: alcanza el 81 % en Francia, el 79 % en Bélgica y el 73 % en Alemania, pero sigue siendo mayoritario en todos los países estudiados. El bajo nivel de respuestas no válidas (5 %) indica que esta cuestión es ahora objeto de un juicio estructurado.

Sin embargo, este distanciamiento del aliado estadounidense no conduce ni a un aislamiento estratégico ni a un cambio hacia otra potencia. La hipótesis de una alineación alternativa, en particular con China, sigue siendo muy marginal (4 %).

Por el contrario, una mayoría absoluta de europeos (52 %) desea mantener la misma distancia entre las grandes potencias, mientras que el 22 % declara no querer aliarse con ninguna de las dos. En otras palabras, casi tres cuartas partes de los encuestados rechazan el principio mismo de una alineación forzada.

Esta configuración dibuja una nueva dinámica. Al dejar de considerarse protegida de forma duradera por un aliado externo, la Unión Europea se ve abocada a concebirse más como un conjunto responsable de su propia seguridad. La nueva adversidad, especialmente cuando proviene de un aliado tradicional, podría actuar menos como un factor de desintegración que como un acelerador de la autonomía, obligando a los europeos a pensar de manera más explícita en su destino estratégico común.

9 — De la alineación a la relación de fuerzas: el progresivo desplazamiento del compromiso hacia la oposición

La cuestión de la actitud que debería adoptar la Unión Europea hacia el gobierno estadounidense pone de manifiesto una dinámica más que una situación estática. Las opiniones europeas no se inclinan bruscamente hacia la confrontación, sino que se desplazan progresivamente: la alineación retrocede considerablemente, el compromiso se erosiona y la oposición avanza.

A escala europea, la alineación con Estados Unidos parece ahora ampliamente marginal: solo el 10 % de los encuestados la prefiere. Esta opción, que todavía constituía un horizonte implícito en muchos países, está saliendo progresivamente del ámbito de las posiciones creíbles. El núcleo del debate se estructura ahora entre dos opciones: el compromiso (44 %) y la oposición (46 %).

Este cuasi equilibrio no debe interpretarse como una estabilización. Por el contrario, una lectura dinámica muestra un cambio continuo. Entre marzo de 2025 y enero de 2026, la proporción de europeos favorables a la oposición aumenta regularmente, mientras que el compromiso, que durante mucho tiempo fue mayoritario, retrocede gradualmente. En otras palabras, la recomposición en curso no se produce en el lado de la alineación, sino mediante un endurecimiento progresivo.

Esta evolución es especialmente visible en varios países clave. En Francia (52 %), España (52 %) y Dinamarca (63 %), la oposición es ahora mayoritaria. En Bélgica, los partidarios del compromiso y de la oposición están empatados (45 %), lo que indica un cambio en curso. En Alemania (47 %) e Italia (51 %), el compromiso sigue siendo ligeramente dominante, pero la oposición avanza y reduce la distancia con la posición tradicional de gestión pragmática de la relación transatlántica.

Las cuestiones internacionales, durante mucho tiempo percibidas como lejanas o secundarias en las decisiones electorales, entran progresivamente en el ámbito de los criterios de juicio político.

Jean-Yves Dormagen

Incluso en Polonia, la oposición alcanza ahora el 40 %, mientras que la alineación solo concierne a una minoría limitada. Una vez más, el movimiento es claro: la crítica se refuerza sin que la relación se plantee en términos de ruptura.

Esta dinámica aclara la configuración actual. Los europeos no buscan ni la confrontación frontal ni el mantenimiento de un statu quo debilitado. Más bien parecen comprometidos con una recomposición gradual de su relación con Washington, donde el compromiso sigue siendo una opción, pero cada vez más condicional, y donde la oposición se convierte progresivamente en una postura legítima para defender los intereses europeos.

10 — La geopolítica estructura la política interior

Los resultados de las preguntas relativas tanto a la evaluación de la actuación de las autoridades nacionales ante las posiciones de Donald Trump como a su posible impacto en las decisiones electorales señalan una evolución clave: las tensiones geopolíticas e internacionales tienden a estructurar cada vez más la política interior europea.

Cuando se les pregunta sobre su satisfacción con la reacción de sus autoridades nacionales ante los asuntos de Groenlandia y Venezuela, una clara mayoría de europeos se declara insatisfecha. A escala de los países encuestados, el 56 % expresa su insatisfacción, frente a solo un 31 % que se declara satisfecho.

Este desequilibrio es especialmente marcado en varios países grandes. En Francia, el 67 % de los encuestados se declara insatisfecho, en Italia el 63 %, en Alemania el 62 % y en Bélgica el 55 %. España también se sitúa en una zona mayoritariamente crítica (50 % de insatisfechos).

Dinamarca es una excepción relativa: el 69 % de los encuestados se declara satisfecho con la actuación de sus autoridades. Este resultado puede interpretarse a la luz de un contexto nacional específico, marcado por un fuerte desafío a la soberanía y, posiblemente, por un reflejo de apoyo patriótico frente a una presión externa directa. Por el contrario, Polonia presenta un perfil más ambivalente, con un elevado nivel de falta de respuesta (40 %), lo que refleja una mayor dificultad para evaluar la actuación del gobierno en un asunto que afecta a la relación con un aliado históricamente fundamental.

Este juicio sobre la actuación de los gobiernos nacionales se prolonga de manera explícita en el ámbito electoral. A la pregunta de si la capacidad de oponerse a las injerencias de Donald Trump será un criterio determinante en las próximas elecciones, el 53 % de los europeos responde afirmativamente, frente al 39 % que considera que no será un criterio determinante.

En otras palabras, para una mayoría relativa de votantes, la postura adoptada frente a Estados Unidos entra ahora en la evaluación política de los dirigentes y los candidatos.

Una vez más, las diferencias nacionales son reveladoras. La dimensión electoral es especialmente marcada en Dinamarca (73 %), pero también en Bélgica (59 %), Italia (56 %), Francia (56 %) y Alemania (53 %). En España, las opiniones están más divididas (48 % determinante, 47 % no determinante), mientras que en Polonia, la proporción de respuestas no determinantes sigue siendo elevada (28 %), lo que confirma una relación más incierta con esta politización de la cuestión transatlántica.

No obstante, estos resultados deben interpretarse con cautela. No siempre es posible distinguir entre lo que corresponde a un juicio específico sobre la política exterior de los gobiernos y lo que se refiere a dinámicas de popularidad más estructurales. En Francia, por ejemplo, el rechazo al presidente en ejercicio puede contribuir a acentuar la insatisfacción expresada, independientemente de la evaluación precisa de la acción diplomática. Del mismo modo, los contextos políticos nacionales influyen considerablemente en la forma en que las cuestiones internacionales se traducen en el ámbito nacional.

No obstante, la señal es clara. Las cuestiones internacionales, durante mucho tiempo percibidas como lejanas o secundarias en las decisiones electorales, entran progresivamente en el ámbito de los criterios de juicio político. La geopolítica deja de ser un ámbito reservado a los especialistas o a las cumbres diplomáticas: se convierte en un prisma a través del cual los ciudadanos evalúan la acción de sus dirigentes y, potencialmente, orientan sus elecciones electorales.

Esta evolución abre una nueva etapa, cuyos efectos aún son inciertos. Su alcance dependerá, evidentemente, de la evolución de las tensiones internacionales y de su grado de visibilidad. Pero ya marca un cambio significativo: las cuestiones de soberanía, alianzas y relaciones de poder exteriores tienden a ocupar un lugar permanente en el centro de los debates políticos internos europeos.

Notas al pie
  1. El estudio se realizó por Internet mediante el método CAWI entre 7.498 personas de siete países de la Unión Europea: Francia (1.100), Italia (1.039), España (1.105), Alemania (1.059), Polonia (1.020), Bélgica (1.132, de las cuales 600 en Valonia y 532 en Flandes) y Dinamarca (1.043). Las muestras son representativas de las poblaciones encuestadas y se han realizado según el método de cuotas, teniendo en cuenta criterios de edad, sexo, categorías socioprofesionales, tamaño de los municipios y regiones de residencia. Las entrevistas se realizaron del 13 al 16 de enero en Francia y Bélgica, del 13 al 17 de enero en España, del 14 al 17 de enero en Polonia y del 14 al 18 de enero en Alemania e Italia.