Pakistán, que ya se encuentra inmerso en un conflicto con Afganistán, podría verse obligado a desempeñar un papel central para poner fin a la guerra en Irán.
Según Christophe Jaffrelot, este papel permitiría a Islamabad acercarse más a la Casa Blanca y, de este modo, emanciparse de China, pero también responde a una lógica regional: Pakistán desea, en efecto, mantener vínculos con Arabia Saudí e Irán, dos países que ahora se encuentran prácticamente en guerra.