El fundador de Blackwater quiere volver a poner en la agenda el colonialismo y los corsarios —pero con armas reales, drones e inteligencia artificial—.
Presente en Afganistán —donde quería un «virrey» que respondiera directamente al presidente de los Estados Unidos—, en Ucrania, Libia, la República Democrática del Congo, Ecuador y Venezuela, Erik Prince es mucho más que el Prigozhin de Trump.
Su dispositivo es fundamental en la estrategia de derrocamiento imperial de Washington. Es urgente conocerlo.