+++ El ataque de Israel y Estados Unidos contra Irán altera el orden mundial —pero aún no se sabe cómo—. Gracias a su apoyo, estamos recopilando datos para tratar de comprender esta recomposición: si tiene los medios, le pedimos que considere suscribirse
En la mañana del 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron una operación militar conjunta contra Irán, atacando Teherán, Isfahán, Qom, Kermanshah y Karaj, y apuntando a los más altos dirigentes del régimen: el líder supremo Jamenei, el presidente Pezechkian y el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas.
Las reacciones internacionales a los ataques estadounidenses e israelíes no dibujan, por el momento, una división diplomática lineal.
Si bien están motivadas por varias líneas de fractura —el respeto del derecho internacional, consideraciones geopolíticas o relaciones de subordinación—, revelan sobre todo un mundo extremadamente fragmentado, sin rumbo.
Ante el unilateralismo estadounidense y la implosión del derecho internacional, los europeos ya no encuentran un lenguaje común
Pocos actores califican explícitamente los ataques de contrarios al derecho internacional.
- El presidente finlandés es uno de los únicos líderes europeos que ha declarado que Estados Unidos está actuando en gran medida al margen del marco del derecho internacional tradicional: «Normalmente, la justificación de este tipo de ataques se buscaba en la ONU o, al menos, en los aliados. Hoy, esta cuestión ya no se plantea realmente».
- Si Rusia adopta una postura de doble rasero al criticar los ataques —cuando ella misma está sistemáticamente implicada en una operación de desarticulación del derecho internacional—, Noruega propone una postura más estructurada desde el punto de vista jurídico: recuerda que un ataque «preventivo» sólo es lícito en presencia de una amenaza inminente, condición que considera que no se cumple.
Esta advertencia remite directamente al artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas y a la doctrina clásica de la legítima defensa anticipada.
- Sin embargo, el hecho de que Noruega, Finlandia y España sean los únicos Estados occidentales y miembros de la OTAN que formulan esta objeción coloca a la Alianza ante una tensión implícita: la solidaridad estratégica prima ahora sobre la interpretación del derecho.
- La posición de Francia es importante a este respecto: al recurrir al Consejo de Seguridad, el presidente de la República pretende reintegrar a las Naciones Unidas en el proceso.
- Por el contrario, el Reino Unido no se limita a evitar cualquier crítica a Washington: advierte a Teherán que no ataque a sus fuerzas. Este cambio retórico —del debate jurídico a la protección de sus propios medios militares— refleja una forma de alineamiento operativo. Ya no se habla de legalidad, sino de disuasión.
- Incluso dentro del E3 —Reino Unido, Francia y Alemania—, tres países liderados por mandatarios que, sin embargo, están alineados en otros temas geopolíticos y tres Estados que desempeñaron un papel clave en el acuerdo nuclear iraní de 2015, persisten las divisiones. Aunque condenaron «con la mayor firmeza» los ataques iraníes contra los países de la región, el canciller Merz difundió un comunicado en el que apoyaba la lógica del ataque.
La consecuencia es doble. El derecho internacional deja de ser el lenguaje diplomático común de los aliados occidentales y la calificación jurídica de una operación militar pasa a depender de la pertenencia a un bando.
- Esta asimetría normativa refuerza mecánicamente el argumento ruso e iraní sobre el «doble rasero», al tiempo que debilita la capacidad occidental para movilizar el derecho como instrumento de presión.
- En una carta dirigida al Consejo de Seguridad de la ONU, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, pidió al Consejo que interviniera y afirmó que Israel y Estados Unidos habían violado el derecho internacional al atacar Irán.
- Por iniciativa de Francia y Bahrein, hoy, 28 de febrero, a las 22:00 (hora de Madrid) se celebrará una reunión del Consejo de Seguridad.
- Cabe destacar que la presidenta de la Comisión Europea ha anunciado la creación de un nuevo formato ad hoc: el «colegio de seguridad».
La disrupcion del Golfo: ¿se han convertido los Estados anfitriones en partes interesadas?
La segunda ruptura es aún más inédita. Seis Estados del Golfo, así como Jordania, condenan no los ataques estadounidenses e israelíes, sino la respuesta iraní que ha afectado a su territorio.
Esta postura es relativamente inédita en el plano diplomático: los países del Golfo, que hasta ahora eran Estados anfitriones pasivos que acogían bases estadounidenses, señalan ahora su capacidad para convertirse en posibles beligerantes.
- Arabia Saudí llega incluso a poner «todas sus capacidades» a disposición de los Estados afectados, y MBS ha reanudado el contacto con MBZ, suspendiendo el duelo cada vez más agresivo que se había iniciado entre los dos soberanos.
- Bahrein y Qatar se reservan explícitamente el derecho de atacar a Irán.
Esta evolución podría tener dos implicaciones clave.
- En primer lugar, asistimos a una ampliación y un cambio cualitativo del riesgo estratégico. Las bases estadounidenses presentes en el Golfo, que eran instrumentos de proyección de fuerza, se convierten en puntos de impacto directo.
- Esta transformación podría poner fin a la neutralidad regional y poner en tela de juicio el modelo geopolítico y económico que Donald Trump alabó en su discurso de Riad.
- El Golfo parecía, en efecto, un espacio de seguridad en un contexto de globalización en plena transformación por la guerra. Las monarquías del Golfo, que llevaban varios años intentando encontrar un equilibrio entre Washington, Pekín y Teherán, se encuentran ahora en una lógica de confrontación, con la excepción del Sultanato de Omán, que sigue desempeñando un papel de mediador y, por ello, no es objetivo del régimen iraní.
- Se han atacado lugares simbólicos y la amplificación algorítmica produce una gran viralidad de las imágenes y vídeos que circulan. Irán ha apuntado directamente a las zonas cercanas a la torre más alta del mundo, el Burj Khalifa de Dubái, enviando drones kamikazes para que se acerquen al edificio.
- Los alrededores del famoso hotel Fairmont The Palm también fueron atacados.
- Esta acción rompe el tabú de la garantía de seguridad estadounidense del territorio saudí y su imagen de abundancia protegida.
La ilusión de los bloques en un mundo roto
La fragmentación del mundo no opone un «Occidente» a un «Sur global», sino que atraviesa todos los conjuntos.
- El formato BRICS+, al que se unió Irán en 2024, no logra alcanzar una posición común: Rusia habla de «agresión» por parte de Estados Unidos, Arabia Saudí condena a Irán, India —por el momento— no dice nada, China se limita a decir que está preocupada y Brasil condena «los ataques» e insta a «todas las partes a respetar el derecho internacional y a actuar con la mayor moderación», Indonesia se ofrece a mediar entre Teherán y Washington.
Esta constatación es fundamental: el sistema internacional se desintegra en posicionamientos tácticos momentáneos y no estructurantes.
- La geografía militar se convierte así en la nueva línea de frente diplomática. Turquía, miembro de la OTAN —que comparte frontera con Irán—, se distancia de Estados Unidos y declara que no «autorizará el uso de ninguno de sus medios aéreos, terrestres o marítimos, incluido su espacio aéreo, con fines operativos en ningún conflicto o guerra en los que no sea parte».
- Dentro de la OTAN también hay posiciones particularmente heterogéneas: desde Estados Unidos, que lanzó los ataques, hasta Noruega, que los califica de contrarios al derecho internacional, pasando por el Reino Unido, que se posiciona en una situación de cuasi beligerancia, e Italia, que consulta para «desescalar», o España de Sánchez, que rechaza «la acción militar unilateral de Estados Unidos e Israel».
Los (escasos) apoyos
Estados Unidos e Israel han fijado objetivos maximalistas para esta operación militar que van más allá de la simple neutralización del programa nuclear para apuntar explícitamente al derrocamiento del poder iraní.
- En un discurso publicado en Truth Social, Donald Trump se refirió a «operaciones de combate importantes» y pidió un cambio de régimen.
- El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, invocó la eliminación de una «amenaza existencial».
- A ellos se suman tres países: Canadá, Australia y Bélgica también expresan su apoyo.
- Ucrania, que se opone al apoyo de Teherán a Rusia, señala en un comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores: «el régimen de Teherán tenía todas las posibilidades de impedir un escenario violento», y añade: «Reafirmamos nuestra posición inquebrantable: deseamos seguridad, prosperidad y libertad para el pueblo iraní, así como estabilidad y prosperidad para Oriente Medio».
Las (escasas) condenas
Además de Noruega y Rusia, muy pocos Estados condenan explícitamente los ataques estadounidenses e israelíes. Los que lo hacen invocan el derecho internacional, pero ninguno dispone de los medios para influir en el curso de los acontecimientos.
- La Colombia de Gustavo Petro denuncia un «error» de Trump y pide la destrucción de todas las armas nucleares. El ministro de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, Parrilla, condena los ataques como «violación del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas».
- Pakistán «condena firmemente los ataques injustificados contra Irán», lo que resulta irónico, ya que el día anterior el Gobierno de Shehbaz Sharif había recomendado a Donald Trump para el Premio Nobel de la Paz. Sharif también expresó su apoyo a los «países hermanos» afectados por los ataques iraníes en represalia.
- El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, publicó un comunicado oficial en el que condenaba expresamente los ataques de Estados Unidos e Israel y la respuesta iraní, citando la Carta de las Naciones Unidas. El relator especial de la ONU, Ben Saul, habla de «violación de la norma más fundamental del derecho internacional —la prohibición del uso de la fuerza—».