Esta publicación forma parte de un dossier sobre los trabajos en cliodinámica de Peter Turchin junto con una pieza de doctrina y una conversación a dos voces.

Es 4 de febrero de 2030. Tres años después del revuelo de las presidenciales de 2027, acaba de publicarse el nuevo barómetro del estado de ánimo de los franceses: más de uno de cada dos franceses tiene confianza en el futuro para ellos y sus hijos, frente al 15 % en 2023. El 65 % confía en que el Estado proteja su futuro y defienda la democracia, frente al 17 % en 2025. Los indicadores financieros de Francia vuelven a estar en verde. La producción industrial en el territorio se ha disparado un 20 % en tres años, impulsada por PYMES muy activas. El déficit de la balanza comercial sigue reduciéndose. Los mercados financieros se han tranquilizado, y Francia vuelve a pedir préstamos a un costo menor que Italia y Portugal. Francia, heredera de la Ilustración, da ejemplo en medio de una geopolítica mundial que lucha por salir del caos.

*

Las líneas anteriores son un ejercicio de prospectiva. Sin duda, este muestra un optimismo excesivo. ¿Es siquiera posible creer en un escenario así? ¿Estimamos, en definitiva, que los acontecimientos de hoy no son más que una pesadilla de la que pronto despertaremos, para volver a la «normalidad»?

Sabemos, en realidad, que nos es imposible escapar. Mette Frederiksen, primera ministra de Dinamarca, lo declaró el 28 de enero de 2026 con motivo de la crisis de Groenlandia: «El mundo antiguo ha muerto. No creo que vuelva».

Ciertamente, a todos nos gustaría creer que bastaría con unas pocas medidas para que todo volviera a ser «como antes». Recuperaríamos entonces un universo familiar, aunque en parte idealizado: un mundo de crecimiento económico y Estado de bienestar —a pesar de algunas huelgas y crisis financieras—, de equilibrio político nacional en torno a un bloque central cuyas dos partes, «izquierda» y «derecha», se alternaban en el poder de forma regular; un mundo, en definitiva, de estabilidad geopolítica mundial en el que se sabía con quién se podía contar.

Ese mundo no parecía ir tan mal. Con cada crisis sanitaria, energética, política o geopolítica, parece más lejano.

Cómo se cruzó el punto de no retorno

Múnich, 14 de febrero de 2025. Mientras el gobierno de Trump II vive sus primeros días en la Casa Blanca, J. D. Vance viene a dar lecciones de democracia a Europa. Ante una audiencia de políticos, diplomáticos e intelectuales atónitos, habla de un borrado civilizacional del continente. Millones de europeos leen su discurso.

No se trataba de palabras al aire. En noviembre de 2025, la Casa Blanca publica la nueva Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense (NSS), retomando los mismos términos que los del vicepresidente.

Tras Los ingenieros del caos1 Giuliano da Empoli publica La hora de los depredadores2 Y la lectura de las hazañas de estos manipuladores pone los pelos de punta. Uno sale de ella paralizado, preguntándose ya no si, sino cuándo sucederá esto en nuestro territorio. 3 Sin embargo, nos quedamos atónitos. 

Quizás porque solo vemos estos fenómenos como síntomas, sin comprender realmente su causa. Nuestra situación no es coyuntural: es el terreno el que se ha vuelto propicio. Es porque el bosque se ha vuelto inflamable por lo que quienes provocan chispas son especialmente peligrosos. Y no al revés.

De eso trata La hora de los depredadores: lo que no era más que una sucesión de pesadillas se ha convertido en el signo de un cambio más profundo. El autor cita, por cierto, a Joseph de Maistre a propósito de la Revolución Francesa: «Durante mucho tiempo la tomamos por un acontecimiento. Estábamos equivocados: es una época». 4

Cambiar de época siempre tiene un costo; la única cuestión es saber si se pagará a través del conflicto o de la innovación política.

François Germinet

Si estamos viviendo un cambio de época, y no unas cuantas crisis pasajeras, es porque hay mecanismos más profundos en marcha: estos hacen que la situación no se solucione por sí sola.

Ahora sabemos que el cambio climático es un fenómeno estructural: numerosos trabajos nos lo han demostrado. Del mismo modo, otras investigaciones pueden demostrarnos por qué la crisis política que atravesamos no depende de una coyuntura.

En un trabajo de primer orden, los premios Nobel de Economía Daron Acemoglu y James Robinson han estudiado a lo largo de varios siglos la evolución del Estado y del acceso a la libertad. 5

Analizando los grandes ciclos históricos, el economista e historiador Arnaud Orain nos ayuda a reflexionar sobre el capitalismo en declive que conocemos. 6

En su ensayo Ira y tiempo7 el filósofo Peter Sloterdijk teorizó sobre los «bancos de la ira»: instituciones que captan y cristalizan las frustraciones y el rencor de los particulares. Hoy, esos bancos están llenos.

En su último libro, la geógrafa Valérie Jousseaume señala nuestro agotamiento en el corazón de la hipermodernidad 8 y esboza los rasgos del mundo que viene, inspirándose en nuestras memorias y aspiraciones.

En consonancia con sus conclusiones, la filósofa y psicoanalista Cynthia Fleury analiza las vulnerabilidades de nuestras sociedades y constata el actual callejón sin salida de nuestro modelo occidental, donde el contrato social se basa en un crecimiento basado en el carbono y sin límites. 9

El conjunto de estas contribuciones invita a cambiar el enfoque. Si el primer error consistiría en descuidar la dimensión estructural de las crisis en favor de una lectura puramente coyuntural, el segundo sería creer que el auge de los populismos resume, por sí solo, el cambio de época. Una vez más, tomaríamos una impresión inmediata por realidad y confundiríamos el síntoma con la causa.

La tentación populista es el síntoma de un cambio de época: más que ser el signo de los tiempos venideros, marca el fin de un período.

El eterno retorno de las crisis: la teoría estructural-demográfica

En la década de 1990, el sociólogo, politólogo e historiador Jack Goldstone estudió a largo plazo los ciclos demográficos, sociales y económicos mundiales, y los cruzó con los ciclos de rebeliones y revoluciones políticas. 10 Sus trabajos ponen de manifiesto que la historia de las sociedades complejas obedece a regularidades que son medibles a partir de algunas características clave de esas mismas sociedades. Para explicarlas, Goldstone construyó así un modelo: la teoría estructural-demográfica.

A principios de la década de 2000, Peter Turchin profundizó en estos trabajos integrando los parámetros de Goldstone —salarios, demografía, conflictos, deuda pública, formación de las élites, violencia política— en una gran base de datos que abarca varios siglos y varios continentes. De este enfoque surgió la cliodinámica: el estudio de la historia como sistema dinámico. Muestra cómo los cambios demográficos, sociológicos y económicos pueden poner a prueba a las instituciones a largo plazo, provocar crisis sociales y políticas importantes y precipitar el fin de un ciclo.

Los trabajos de Turchin experimentaron un renovado interés en 2021 durante la toma del Capitolio. En un artículo publicado en 2010, 11 este había estimado que, a la luz de las tendencias observadas en la sobreproducción de élites y la evolución del nivel de vida en Estados Unidos, debería producirse una crisis democrática de gran envergadura en el país alrededor de 2020.

La principal lección de la cliodinámica es de una simplicidad casi brutal: las crisis históricas no se resuelven por sí solas.

François Germinet

La cliodinámica no predice el futuro, sino que simplemente permite identificar elementos estructurales. De su estudio se puede concluir que las sociedades humanas no progresan de forma lineal, sino que están sujetas a ciclos. Cada uno se compone de una sucesión de fases: integración y prosperidad, estancamiento, fragmentación y crisis, y luego reorganización institucional.

Estos ciclos se prolongan durante varias décadas, a veces más de un siglo. Según la cliodinámica, se repiten con una regularidad que puede resultar desconcertante para cualquier responsable político, sobre todo porque las oscilaciones descritas por Peter Turchin no se deben principalmente a factores externos, sino endógenos. Si bien cada sociedad es diferente por su composición, su cultura y su época, sigue siendo posible identificar motivos recurrentes: «Pensar que la historia se repite exactamente igual es tan peligroso como creer que nunca se repite». 12

Cómo caen los Estados

En su libro El caos que se avecina13 Peter Turchin ha resumido sus trabajos de investigación y ha explicado los procesos que hacen que las sociedades oscilen entre fases de crecimiento y declive. En esta obra, el investigador describe cómo la fase de crecimiento da paso a una desaceleración y, posteriormente, a una contracción de los salarios y de los avances sociales y sanitarios, al tiempo que se produce una fuerte aparición de nuevas élites. Estos factores constituyen entonces las bases de una crisis institucional: la confianza de los estratos más modestos se desvanece, y luego la de las élites, mientras que el Estado gasta cada vez más sin frenar una insatisfacción creciente.

Más concretamente, los trabajos de Peter Turchin identifican tres factores endógenos que preparan los períodos de inestabilidad. Las rupturas no son precipitadas ni por las redes sociales, ni por los demagogos, ni siquiera por los choques geopolíticos: estos no son más que los catalizadores visibles. Las causas profundas, por el contrario, son más prosaicas, más materiales y casi mecánicas. Se pueden reducir a tres.

La erosión del nivel de vida relativo

Cuando la productividad aumenta pero los ingresos medios se estancan, la promesa democrática se desmorona. El contrato implícito —trabajar más para vivir mejor— deja de funcionar y la brecha salarial entre los más ricos y los más pobres se acentúa. Mientras la frustración se acumula en la sociedad, que pierde resiliencia ante las crisis más insignificantes, esta lenta erosión socava la confianza de forma mucho más segura que una crisis puntual.

La sobreproducción de las élites

Contrariamente a la creencia popular, los períodos de agitación no son provocados en primer lugar por los más pobres, sino por las élites decepcionadas. Cuando un sistema educativo produce cada vez más titulados ambiciosos, pero los puestos de poder siguen siendo escasos, la competencia se intensifica y las trayectorias se bloquean. Las promesas de movilidad resultan entonces engañosas, sin que los perdedores desaparezcan: al contrario, estos se organizan para protestar. Como nos enseña la Historia, son estos grupos —juristas, ejecutivos, oficiales, intelectuales— los que estructuran los movimientos revolucionarios.

Un Estado saturado

A medida que aumentan las tensiones, el Estado gasta más para intentar sofocarlas. Al mismo tiempo, este regula, legisla y promete a un ritmo acelerado para intentar controlar la situación y aportar soluciones.

Paradójicamente, la eficacia del poder público disminuye al mismo tiempo, a medida que este se vuelve a la vez omnipresente e impotente. La deuda se acumula, las normas se multiplican y la toma de decisiones se paraliza. El Estado ya no es percibido como protector, sino que se convierte en el lugar donde se concentran las frustraciones.

Parálisis de las instituciones y válvula de escape

El modelo de Turchin pone de relieve la capacidad o la incapacidad de las instituciones para contener las desigualdades que generan, con el fin de lograr que converjan la diversidad de crecimientos, las necesidades y las aspiraciones de una sociedad. A falta de tales mecanismos, esta última se derrumba entonces bajo su propio peso, en un mecanismo implacable bien descrito por la teoría: las desigualdades se exacerban y se forma un número excesivo de aspirantes a la élite. Los que acaban marginados se vuelven lo suficientemente numerosos como para formar grupos organizados y poner en peligro las instituciones.

Existe una especie de pacto sagrado entre el pueblo y el Estado: cada uno confía su fuerza de trabajo al empresario, su salud al médico, sus hijos al profesor, al igual que da su voto a los representantes políticos, a cambio de una promesa de seguridad y prosperidad, tanto para uno mismo como para su familia. La ruptura de tal pacto anuncia el fin de un ciclo: el pueblo retira entonces su confianza al Estado y a todo lo que este representa; el Estado constructor y regulador acumula entonces las presiones y la ira, al tiempo que acumula las presiones en el momento en que su aparato legislativo se paraliza.

Hoy en día es inevitable un movimiento de recuperación del control. Puede ser ficticio, a través del populismo, o efectivo, mediante una redistribución del poder de decisión.

François Germinet

La ruptura es entonces inexorable. Conduce a transformar las instituciones hasta recuperar las condiciones para una nueva fase de expansión.

En la mayoría de los casos que nos ofrece la Historia, estas rupturas han adoptado la forma de lo que se denomina pudorosamente «regulaciones demográficas». La mayoría son trágicas, como guerras exteriores o civiles, epidemias que reducen la proporción de las élites al diezmar principalmente las ciudades, o conquistas coloniales que exportan a esas mismas élites. Al término de estas crisis, se han emprendido grandes reformas institucionales, de las que las de la Revolución Francesa son un ejemplo paradigmático.

Estas son las enseñanzas de la teoría estructural demográfica.

Algunas sociedades también supieron amortiguar la caída, aunque por muy poco. Por ejemplo, en el siglo XIX, la expansión industrial y comercial de Francia, que requirió una reorganización del poder público, permitió limitar los efectos de la crisis. Del mismo modo, el New Deal de Roosevelt, puesto en marcha a partir de 1933, permitió una importante redistribución de la riqueza, una estricta regulación financiera y una inversión pública a gran escala.

Las señales del estancamiento francés

El modelo elaborado por Turchin permite, en muchos aspectos, anticipar la crisis en la que podría sumirse hoy Francia.

Las señales de alerta son numerosas.

En 2018, durante el movimiento de los Chalecos Amarillos, se recogieron cuadernos de quejas en 20.000 municipios. 14

En el país, crece la desconfianza hacia el Estado: según una encuesta del CEVIPOF de febrero de 2025, menos de uno de cada cuatro franceses confía en las instituciones; más recientemente, en julio de 2025, la petición no partidista conocida como «anti-ley Duplomb» recogió más de dos millones de firmas.

A juzgar por el índice de Palma, que compara la masa salarial del 10 % más rico con la del 40 % más pobre, la brecha entre las remuneraciones más bajas y las más altas ha alcanzado su punto más alto en los últimos 30 años. 15

Entre 1970 y 2020, el número de funcionarios en Francia pasó de 3,2 a 5,7 millones. 16 La carga normativa del Estado es cada vez mayor: se promulgan entre 50 y 60 nuevas leyes de media cada año, y los textos son cada vez más largos. 17

Se refuerza la reproducción de las élites, al igual que su concentración en la ciudad de París. 18 En las clases preparatorias, la proporción de estudiantes parisinos es cinco veces superior a la proporción de parisinos en la población francesa. Uno de cada seis niños de clase social favorecida ingresa en una grande école, frente a uno de cada sesenta de las clases desfavorecidas. 19

El descenso social de los jóvenes titulados se hace notar: entre 1975 y 2025, la proporción de una cohorte de edad que cursa estudios superiores pasó del 20 % al 50 %. Hoy en día, esta generación se enfrenta a empleos menos estables y a salarios que ahora son inferiores a los de las personas de entre 50 y 54 años. 20 La sobreproducción de titulados y la mala inserción laboral de los no titulados en Francia se desprenden de un estudio comparativo internacional realizado por Paxter en 140 países. 21

Los trabajos de Peter Turchin resultan pertinentes para comprender este contexto francés. En un artículo reciente, 22 Nicolas Salerno, Olivier Vidal y Baptiste Andrieu han utilizado su modelo teórico para definir un indicador de estrés político a partir de tres factores:

  • el potencial de movilización de la población;
  • la sobreproducción y la cohesión de las élites,
  • las tensiones presupuestarias y la confianza en las instituciones.

En este estudio, los autores señalan como factor de inestabilidad el carácter multidimensional de las desigualdades —por ejemplo, las de acceso a los servicios públicos o a la propiedad— así como la sobreproducción de aspirantes a la élite en relación con los puestos que ambicionan. 23 Su análisis confirma y precisa las advertencias de Giuliano da Empoli: todos los ingredientes de la ruptura parecen reunirse para cambiar de época, y tal vez incluso de era.

El fin del productivismo de la posguerra

Las múltiples crisis actuales no están vinculadas coyunturalmente a la exacerbación de las divisiones ni al surgimiento de populistas que se supone que hoy están más dotados y mejor equipados que ayer para explotarlas. Tienen su origen, ante todo, en el largo plazo —remontándonos hasta 1950 — y son producto de mecanismos estructurales. Su resolución no vendrá, por tanto, de soluciones puntuales ni siquiera de unas elecciones presidenciales: la solución a un problema estructural debe ser estructural.

Aceptar un cambio de época no es tan sencillo. Por un lado, no es tan fácil cambiar un sistema que ha demostrado su eficacia durante muchos años en un contexto concreto: el de un crecimiento basado en el carbono bajo el dominio occidental. Por otro lado, nos hemos acostumbrado a las protecciones y promesas de esta época que tendríamos que dejar atrás para dar paso a otra aún por escribir. 24 El futuro es una superposición de posibilidades que solo podemos esbozar.

El destino de nuestras sociedades ilustra la ley de Goodhart: cuando una medida se convierte en objetivo, deja de ser una buena medida, y el sistema se pervierte.

François Germinet

Para saber adónde ir, es necesario, pero no suficiente, saber de dónde venimos. Para desarrollar la intuición de esa época venidera, lo primero que hay que hacer es caracterizar la que está llegando a su fin: la respuesta para comprender nuestro tiempo se encuentra en la posguerra, donde se definió esta época que es la nuestra, una época cuya página está pasando. Durante esas décadas, Francia vivió entonces un gran período de reconstrucción, desarrollo e inversión: en la energía nuclear, las autopistas y el TGV, la construcción de nuevas ciudades, la conquista del espacio y de Europa. Quizás también haya que decir de esta época que fue la edad de oro de las democracias occidentales.

La crisis de la técnica

Si bien es posible situar el malestar francés en un proceso de larga duración, sin duda este puede ampliarse aún más, para abarcar varios siglos.

A las características internas y estructurales de las crisis, tal y como las detalla la cliodinámica, se suman, en efecto, dos grandes rupturas paradigmáticas y mundiales: el colapso de la vida y el advenimiento de la inteligencia artificial, en particular la generativa. Estas dos rupturas nos llevan a considerar el cambio contemporáneo de otra manera: marca el final de un desarrollo sin precedentes de Occidente desde la Ilustración, donde el desarrollo de la fuerza mecánica —y ya no solo animal— hizo posible el auge de la industria.

La ciencia moderna y sus aplicaciones tecnológicas nacieron en un momento de la historia en el que la razón objetiva debía imponerse frente a la religión y la política. Poco a poco, la racionalización tomó el lugar de la victoria de la racionalidad, y la ciencia de la medida surgió del mismo movimiento. Posteriormente surgieron varias corrientes, como el positivismo, que sustituye el juicio por la medida, y el constructivismo, que sustituye la experiencia por el procedimiento. Tras sucesivas evoluciones y críticas, estas corrientes contribuyeron al surgimiento de la planificación, quizá incluso de la tecnocracia, así como de la cultura de la evaluación y el rendimiento, siendo estos desarrollos una de las razones de la crisis que atravesamos.

En la actualidad, producimos en gran cantidad indicadores que somos incapaces de aprovechar realmente. Nuestra situación ilustra así la ley de Goodhart: cuando una medida se convierte en objetivo, deja de ser una buena medida, y el sistema se pervierte.

Es este aspecto profundo de nuestra crisis el que estudia Hartmut Rosa en su último libro. 25 Nuestra hipermodernidad fabrica un mundo de reglas, normas, protocolos, formularios —que forman una constelación— donde la acción se vuelve técnicamente adecuada pero está antropológicamente empobrecida. En este mundo, el ser humano ya no responde a lo real, sino que se limita a ejecutar sistemas. Se separa de sí mismo, como de esa vida que lo hace humano.

Un New Deal francés

¿Qué lecciones podemos extraer de la cliodinámica para esperar evitar una tragedia social como las que, a veces sangrientas, ha conocido la Historia?

Si bien es muy difícil no encontrarse en el ojo del huracán cuando este se dirige hacia nosotros, no por ello es imposible salir de la crisis. El New Deal de Roosevelt mencionado anteriormente es un ejemplo: demuestra que la solución al problema reside en la redistribución.

Si nos atenemos a los trabajos de Jack Goldstone y Peter Turchin, conviene reducir la presión sobre tres parámetros principales: 1) las desigualdades económicas y sociales, 2) la sobreproducción de las élites y 3) la saturación del Estado y la desconfianza hacia este. En el caso francés, Olivier Vidal y Baptiste Andrieu identifican así varios factores multidimensionales de desigualdad sobre los que intervenir: el acceso a los servicios públicos, a la propiedad y al empleo.

Una forma de abordar estos diferentes ejes es consultar los cuadernos de quejas presentados durante el movimiento de los Chalecos Amarillos. Con varios cientos de miles de contribuciones, procedentes de 20.000 municipios, estos cuadernos constituyen un legado fundamental de esta crisis. Por el contenido de sus reivindicaciones, recuerdan a los redactados entre marzo y mayo de 1789.

Considerados en un principio como un simple desahogo, los cuadernos de quejas abiertos durante el movimiento de los Chalecos Amarillos han sido objeto de análisis y trabajos de investigación desde 2019. 26 Estos son especialmente valiosos porque no se limitan a recopilar opiniones: 27 a partir de métodos derivados del análisis semántico y la cartografía de las controversias, sus autores han reconstruido árboles de consenso y disenso. Estas estructuras argumentativas revelan, más allá de las reivindicaciones dispersas, líneas de convergencia sorprendentemente fuertes.

La tentación populista es síntoma de un cambio de época: más que ser un presagio de lo que está por venir, marca el fin de un periodo.

François Germinet

En el corazón de la diversidad de reivindicaciones expresadas en los cuadernos de quejas, tres palabras clave sintetizan este gigantesco corpus: solidaridad, ciudadanía, proximidad. Estas palabras no remiten tanto a medidas técnicas o sectoriales, sino más bien a una expectativa estructural respecto al Estado. La solidaridad designa una redistribución percibida como justa y concreta; la ciudadanía, la capacidad efectiva de influir en las decisiones colectivas y de participar así en la vida de la «ciudad»; la proximidad, por último, la posibilidad de que las decisiones se tomen a la escala en la que realmente se vive, escala en la que los servicios públicos se prestan efectivamente.

Este tríptico hace eco de nuestro lema republicano: la solidaridad se acerca a la fraternidad, la ciudadanía resuena con la libertad y la proximidad arroja nueva luz sobre la cuestión de la igualdad. De hecho, hoy en día es la ausencia de proximidad lo que se vive como una crisis mayor de la igualdad: 28 el creciente alejamiento de los centros de poder crea un sentimiento de injusticia tan profundo como la pérdida de ingresos.

Cada una de estas tres palabras exige una política concreta.

Impulsar la redistribución social

La solidaridad, en primer lugar, remite claramente a una exigencia de redistribución económica y social. El Gran Debate Nacional de 2019 ya lo había demostrado: el poder adquisitivo y la fiscalidad del capital figuraban a la cabeza de las preocupaciones expresadas en él.

Esta demanda no ha desaparecido, sino que se ha estructurado. La gran popularidad de la que goza el impuesto Zucman —un 86 % de opiniones favorables según una encuesta del IFOP realizada en septiembre de 2025— refleja menos una hostilidad hacia el éxito que un rechazo a la creciente asimetría entre trabajo y patrimonio. En la misma línea, las propuestas destinadas a «salir del trabajo que ya no compensa» 29 cuestionan la distribución global de las exacciones y las protecciones, con el objetivo de restaurar la capacidad del trabajo para elevar realmente la calidad de vida de todos. Muchos franceses también desean un mejor acceso al empleo para las personas sin titulación o con escasa formación, 30 al igual que les preocupa, ante el estancamiento de la economía del país, el papel cada vez mayor del sector privado lucrativo en la enseñanza superior.

Desde el punto de vista de la cliodinámica, esta redistribución esperada no es una simple ideología política: constituye, por el contrario, una palanca para reducir el estrés político, frenando tanto la explosión de las desigualdades como la frustración de las clases medias y populares.

Recuperar la iniciativa

La ciudadanía, por su parte, exige una redistribución de la propia toma de decisiones. Conviene recordar aquí el lema del Brexit, palabra que Giuliano da Empoli evoca en su libro Los ingenieros del caos: take back control31

Un movimiento de recuperación del control es inevitable. Puede ser ficticio, a través del populismo, o efectivo, mediante una redistribución del poder de decisión. Si este poder se delegara de este modo, el Estado ya no sería un actor que decide por, sino que decide con. Asociar a los ciudadanos a la definición de las prioridades, organizar espacios de deliberación colectiva, y luego validar y evaluar las opciones mediante mecanismos participativos o referendarios equivaldría a transformar la política pública en un proceso compartido: estos ciudadanos participarían así tanto en la elaboración de la decisión como en su aplicación. Al devolver el control a los ciudadanos, se restablecería la legitimidad institucional y se reduciría la desconfianza que alimenta la crisis democrática.

En el marco de las dinámicas descritas por la cliodinámica, esta ciudadanía renovada no es un suplemento participativo: se convierte en una condición estructural de estabilidad, al abrir válvulas de escape democráticas duraderas.

Desaislar los territorios

La proximidad, por último, remite a una redistribución geográfica del poder y de los recursos.

La reconquista del medio rural y de las ciudades pequeñas y medianas no es un retroceso, sino una oportunidad estratégica. Plantea la cuestión de la equidad territorial —acceso a la salud, a la educación, a los servicios públicos—, de la vitalidad democrática local y del desarrollo económico mediante el fortalecimiento de las PYMES y las pequeñas y medianas industrias. 32 Las iniciativas impulsadas por las subprefecturas, 33 los Estados Generales municipales o las redes de alcaldes rurales dan testimonio de una fuerte aspiración a volver a hacer del municipio un lugar de decisión y de proyección colectiva.

Al negarse a aceptar el cambio de época, no nos protegemos de él: solo lo hacemos más doloroso.

François Germinet

Pero la proximidad no puede reducirse a una simple descentralización administrativa: implica un verdadero reequilibrio económico y demográfico de los territorios. El modelo de hiperconcentración metropolitana, que atrae empleos, capitales y titulados hacia unas pocas grandes ciudades, produce a la vez congestión ecológica, explosión de los precios inmobiliarios y erosión del poder adquisitivo, al tiempo que deja a gran parte del país infrautilizada. Invertir estos flujos —reinvertir en las pequeñas ciudades, reforzar los servicios públicos locales, relocalizar actividades y responsabilidades— permitiría, por el contrario, recuperar simultáneamente poder adquisitivo real y capacidad de acción política. Como subraya la geógrafa Valérie Jousseaume, 34 esta dinámica inversa, cuyos primeros indicios pueden observarse hoy en día, alimenta así un nuevo relato francés basado en el arraigo, la vitalidad y el vínculo social.

Desde el punto de vista de la cliodinámica, este movimiento hacia las zonas menos pobladas tendría una función estabilizadora: en un contexto de sobreproducción de élites y de frustración social, no se trata de reducir las ambiciones, sino de abrir nuevos espacios de iniciativa, donde las competencias, el espíritu emprendedor y el compromiso cívico encuentren su lugar. La reconquista del campo, de los pequeños municipios y de las ciudades medianas se convierte así no solo en una política de ordenación territorial justa, sino sobre todo en una política de equilibrio sistémico, capaz de aliviar la presión sobre las metrópolis y de restaurar de manera concreta las condiciones materiales y democráticas de la igualdad.

La trampa del “esperativismo”

Al término de este análisis, la lección principal de la cliodinámica —tal y como la formula Peter Turchin— es de una simplicidad casi brutal: las crisis históricas no se resuelven por sí solas. Cuando un sistema social acumula desigualdades, frustraciones y desconfianza institucional, la tensión no puede desaparecer por arte de magia.

Esperar un hipotético «retorno a la normalidad», al considerar que las crisis actuales no son más que perturbaciones de un sistema bien probado, sería un error fatal. Esta actitud no haría más que multiplicar las tensiones. Al comentar los acuerdos de Múnich firmados en 1938 —que permitieron a Hitler anexionar los territorios germanófonos de Checoslovaquia—, Churchill describió acertadamente, en una frase apócrifa, la trampa del “esperativismo” en la que se habían enredado Francia y el Reino Unido: «Tenían la elección entre la guerra y la deshonra. Han elegido la deshonra, y tendrán la guerra».

Al negarse a reconocer el cambio de época, no nos protegemos de él: solo lo hacemos más doloroso.

Reconocer el carácter estructural de la crisis obliga a pensar en términos de proyección colectiva, para elaborar escenarios prospectivos capaces de anticipar las rupturas, refundar un pacto nacional que redistribuya efectivamente los recursos, el poder y las oportunidades, y diseñar políticas públicas construidas conjuntamente con la población —en particular con las nuevas generaciones— para que sean comprendidas, asumidas y sostenibles. Se trata, por tanto, de sustituir la gestión a corto plazo, que perpetúa lo existente, por una estrategia de transformación basada en nuevos relatos: la mejor manera de prepararse para el futuro es imaginarlo.

La alternativa es, pues, sencilla: sufrir o actuar. Tiene un carácter político.

Soportar sería dejar que las dinámicas descritas por la cliodinámica sigan su curso, exponiéndonos al riesgo de una ruptura brutal, similar a otras de la Historia.

Actuar sería, en primer lugar, reconocer un cambio de época y las condiciones difíciles, incluso degradadas, que son las nuestras. Al tiempo que se evita el agravamiento de la situación, 35 se trataría de convertirla en una oportunidad de renovación democrática, económica y territorial, saliendo de la negación, aceptando nuestra parte de responsabilidad y movilizando las energías que ya están en marcha en la sociedad: iniciativas locales, innovaciones sociales, compromisos ciudadanos y nuevas formas de cooperación.

Apostemos por que el mundo que viene sea el de la conexión: una conexión renovada del ser humano consigo mismo y con lo que le rodea.

Cambiar de época siempre tiene un costo; la única cuestión es saber si se pagará a través del conflicto o de la inventiva política. Si bien la ciencia arroja luz sobre las limitaciones, no decide por nosotros: imaginar el futuro, darle forma y sentido, es ahora una elección colectiva.

Ahí es donde comienza la política, en el sentido más elevado del término.

Notas al pie
  1. Giuliano da Empoli, Los ingenieros del caos, Anaya Multimedia, 2020.
  2. Giuliano da Empoli, La hora de los depredadores, Seix Barral, España, 2025.
  3. Ver también Giuliano da Empoli (ed.), El imperio de la sombra, Arpa, España, 2025.
  4. Carta de Joseph de Maistre a la marquesa de Costa, citada in Giuliano Da Empoli, L’heure des prédateurs, op. cit. Gallimard, 2025, p. 119.
  5. Daron Acemoglu y James A. Robinson, El pasillo estrecho, Deusto, 2019.
  6. Arnaud Orain, Le monde confisqué. Essai sur le capitalisme de la finitude, París, Flammarion, 2025.
  7. Peter Sloterdijk, Ira y tiempo, Siruela, Madrid, 2017.
  8. Valérie Jousseaume, Un nouveau récit pour les campagnes : ‘Plouc pride’, La Tour-d’Aigues, Éditions de l’Aube, 2023.
  9. Cynthia Fleury, «Climat : faut-il encore croire en la politique ?», chaleur Humaine, episodio142 [podcast], Le Monde, 16 de diciembre de 2025.
  10. Jack Goldstone, Revolution and Rebellion in the Early Modern World, Berkeley, University of California Press, 2016. [1991]
  11. Peter Turchin, «Political instability may be a contributor in the coming decade», Nature, vol. 463 (7281), pp. 608-608, 2010.
  12. Nicolas Salerno in Laura Spinney, «La France entre-t-elle en phase révolutionnaire ?», Le Point, 3 de marzo de 2026.
  13. Peter Turchin, Le Chaos qui vient. Élites, contre-élites, et la voie de la désintégration politique, París, Le Cherche midi, 2024.
  14. Mariette Thom, «Les cahiers de doléances : un programme politique ?», Sciences humaines, 18 de marzo de 2025.
  15. «Comment évoluent les inégalités de revenus en France ?», Observatoire des inégalités, 8 de julio de 2025.
  16. Según el INSEE y los Anales Estadísticos de la función pública, 1945-1969-1989.
  17. L’administration française et l’Union européenne : quelles influences ? quelles stratégies ?, Rapport annuel du Conseil d’État, 2006; Alain Lambert y Jean-Claude Boulard, Rapport de la mission de lutte contre l’inflation normative, 2013.
  18. [El Ministerio de Cultura gasta más de 800 € por cada parisino, frente a los 27 € que se destinan a cada habitante del departamento de Gers. El 66 % de los franceses más ricos se concentra en la región de Île-de-France. Véase Francis Brochet, Quand le parisianisme écrase la France, La Tour-d’Aigues, Editions de l’Aube, 14 de mayo de 2025. Véase también Stéphane Benveniste, Alice Pavie, «Élites: Origine, Éducation, Destination», L’Année sociologique, n.º 75 (2), 2025.
  19. Cécile Bonneau, Pauline Charousset, Julien Grenet y Georgia Thebault, «Note IPP n°61 – “Grandes écoles : quelle ‘ouverture’ depuis le milieu des années 2000 ?”», IPP, enero de 2021; «Grandes écoles : de fortes inégalités d’accès entre élèves franciliens et non franciliens», Education & formation, n°102, junio de 2021.
  20. «Jeunesse d’hier et d’aujourd’hui : le grand déclassement ?», Haut Commissariat à la stratégie et au plan, 21 de octubre de 2025.
  21. Pierre Aliphat, Nikola Damjanovic y Pierre Tapie, «Enseignement supérieur, revenu et employabilité», Paxter, julio de 2025.
  22. Nicolas Salerno, Olivier Vidal y Baptiste Andrieu, «Beyond Circumstances: A Structural‐Demographic Analysis of France (1950‐2023)», OSF, octubre de 2025.
  23. Para una exposición divulgativa, véase: Nicolas Salerno, «La France au bord du chaos ?», Société française de cliodynamique, 2025.
  24. Cynthia Fleury, «Climat : faut-il encore croire en la politique ?», op. cit.
  25. Hartmut Rosa, Situation und Konstellation, Berlín, Suhrkamp Verlag, 13 de enero de 2026.
  26. Ver Magali Della Sudda, Jean-Pierre Lefèvre, Pierre Robin (dir.), De la valse des ronds-points aux cahiers de la colère, Rebellio, 2023, en particular el capítulo de Manon Pengam, «S’exprimer depuis l’hyper-ruralité. Exprimer l’hyper-ruralité».
  27. Analyse des contributions libres : cahiers citoyen, courriers et emails, comptes-rendus des réunionsd’initiative locale, Le Grand débat national, 14 de junio de 2019.
  28. Ver por ejemplo Benoît Coquard, Ceux qui restent ; faire sa vie dans les campagnes en déclin, París, La Découverte, 2019.
  29. Antoine Foucher, Sortir du travail qui ne paie plus, La Tour-d’Aigues, Éditions de l’Aube, 23 de agosto de 2024.
  30. El estudio de Paxter muestra que Francia presenta un rendimiento inferior a la media en este aspecto, ya que se favorece a los titulados superiores. Véase Pierre Aliphat, Nikola Damjanovic y Pierre Tapie, «Enseignement supérieur, revenu et employabilité», op. cit.
  31. Giuliano da Emploi, Lis ingenieros del caos, op. cit.
  32. François Germinet et al., «Il faut faire confiance aux habitants des petites et moyennes communes pour décider de leur avenir», Le Monde, 14 de enero de 2026.
  33. Véanse, a este respecto, las 21 medidas del «Movimiento para el desarrollo de las ciudades subprefecturas».
  34. Valérie Jousseaume, Un nouveau récit pour les campagnes : ‘Plouc Pride’, op. cit.
  35. Cynthia Fleury, «Climat : faut-il encore croire en la politique ?», op. cit.