«América no pertenece a una doctrina ni a una potencia», la respuesta de la presidenta de México a Trump
Ante la depredación trumpista, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum ha encontrado una respuesta.
Tras la toma de Venezuela, articula una posición para hacer frente a su vecino estadounidense: «cooperación, sí; subordinación e intervención, no».
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- El Grand Continent •
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- © LUIS BARRON
Tras la operación militar en Venezuela, en un discurso pronunciado en Mar-a-Lago, Trump anunció un cambio profundo en la historia geopolítica estadounidense: el retorno de una forma colonial de imperialismo expresada brutalmente mediante una fórmula que retoma la consigna «recolonizador» de Erik Prince y ahora de Stephen Miller en la Casa Blanca:
«Estados Unidos nunca permitirá que potencias extranjeras roben a nuestro pueblo y nos expulsen de nuestro hemisferio. […] El dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca más será cuestionado».
Ante las afirmaciones desinhibidas de Trump y del Departamento de Estado estadounidense —que proclaman «Este es NUESTRO hemisferio» en X—, la presidenta de México envió un mensaje de firmeza.
En un discurso pronunciado en la mañanera del lunes 5 de enero, Claudia Sheinbaum remite a Trump a sus predecesores en la Casa Blanca para resaltar mejor su desviación de los ideales estadounidenses, confrontando el ejercicio actual del poder con la idea que él tiene de sí mismo.
Mientras que la captura de Maduro es la primera puesta en práctica de la doctrina Donroe —cuya conquista de Groenlandia y el istmo de Panamá podrían ser los próximos pasos—, Claudia Sheinbaum le opone el principio de otro presidente estadounidense, Woodrow Wilson: el derecho de los pueblos a disponer de sí mismos:
«México sostiene con convicción que América no pertenece a ninguna doctrina ni potencia. El continente americano pertenece a los pueblos de cada uno de los países que lo componen. »
Contra el simple juego de intereses, que Trump no oculta —el presidente estadounidense se ha referido largamente al interés de las reservas petroleras venezolanas para Estados Unidos—, Sheinbaum apela a un principio que ahora es objeto de burla por parte de toda la derecha estadounidense: el orden internacional basado en normas.
A Monroe y Theodore Roosevelt, a quienes invoca Trump, la presidenta de México les opone a Washington y Lincoln, en un giro irónico en el que la historia de Estados Unidos se utiliza contra su presidente:
«En 1796, George Washington hizo un llamamiento a actuar con buena fe y justicia hacia todas las naciones, a cultivar la paz […] Lincoln definió la democracia como ‘el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo’».
En la presidencia imperial de Trump, México ocupa un lugar clave, pero ambiguo.
Sin embargo, con Sheinbaum, Trump se ve obligado a realizar una tarea que le desagrada: la negociación.
En este juego, la presidenta mexicana ha logrado varias victorias, como por ejemplo un aplazamiento de la aplicación de aranceles del 25%.
Porque lo que influye en la posición estadounidense es la actitud de un tercer actor, también poderoso: los cárteles.
Durante una rueda de prensa celebrada en Mar-a-Lago el 7 de enero de 2025, al tiempo que proponía rebautizar el golfo de México como «golfo de América», el presidente estadounidense afirmó que «México está gobernado esencialmente por los cárteles».
En esa misma secuencia, Donald Trump declaró que «había que hacer algo con México. México tiene que recuperarse… Cada vez que hablo con [Sheinbaum], le propongo enviar tropas. Ella tiene un poco de miedo».
Aunque ha cooperado con el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos desde el inicio de su mandato para luchar contra el crimen organizado —con mucho más éxito que su predecesor López Obrador—, la presidenta de México debe trazar una línea roja.
Al tiempo que desarrolla una política para luchar contra el crimen organizado, en este discurso Claudia Sheinbaum invierte el peso de las responsabilidades, remitiendo a Trump a su agenda de política interior:
«[La] violencia que azota nuestro país tiene, entre otras causas, la entrada ilegal de armas de alto calibre desde Estados Unidos hacia México, así como el grave problema del consumo de drogas en el país vecino.»
Si México persigue a los fabricantes de armas de Estados Unidos, estos suelen ser aliados de Trump, ya que participaron en la financiación de su campaña. En su cruzada contra las drogas de México, la omisión del tránsito de armas por parte de Trump cobra aún más importancia.
«Benito Juárez [antiguo presidente de México] dejó claro que ‘entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz’. Esa es la visión que defendemos y seguiremos defendiendo: […] Cooperación, sí; subordinación e intervención, no».
La posición de México frente a cualquier forma de intervención es firme, clara e histórica. A raíz de los hechos recientes en Venezuela, donde el gobierno de Estados Unidos llevó a cabo una intervención directa que derivó en la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa, así como en la pérdida de vidas humanas, México reafirma un principio que no es nuevo y que no admite ambigüedades.
Rechazamos de manera categórica la intervención en los asuntos internos de otros países.
La historia de América Latina es clara y contundente, la intervención nunca ha traído democracia, nunca ha generado bienestar, ni estabilidad duradera.
Solo los pueblos pueden construir su propio futuro, decidir su camino, ejercer soberanía sobre sus recursos naturales y definir libremente su forma de gobierno.
Nuestra posición está claramente consagrada en la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, pero no es solo un principio nacional. La Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional establecen de manera inequívoca el respeto a la soberanía de los Estados, a su integridad territorial y al derecho de los pueblos a la libre determinación.
Por ello afirmamos con toda claridad que para México, y así debe ser para todas y todos los mexicanos, la soberanía y la autodeterminación de los pueblos no son opcionales ni negociables, son principios fundamentales del derecho internacional y deben respetarse siempre sin excepciones.
La acción unilateral, la invasión, no pueden ser la base de las relaciones internacionales del Siglo XXI, no conducen ni a la paz, ni al desarrollo.
George Washington en 1796 llamó a observar la buena fe y la justicia hacia todas las naciones, cultivar la paz y la armonía de todos.
El continente enfrenta desafíos nuevos, la competencia económica global, particularmente frente al crecimiento de Asia, no se establece con el uso de la fuerza para someter a otros pueblos, sino con cooperación para el desarrollo, inversión productiva, innovación, educación y bienestar social.
Sostenemos que el Continente Americano puede y debe avanzar hacia una nueva visión, una visión basada en la cooperación y no en la intervención. Eso implica de manera concreta:
Primero. El respeto pleno irrestricto a la soberanía y a la autodeterminación de los pueblos. Cada nación tiene el derecho inalienable de decidir su modelo político, económico y social, sin presiones externas.
Segundo. La inversión productiva orientada al desarrollo en infraestructura, energía, transporte, educación, ciencia y tecnología. El desarrollo se construye.
Tercero. Una integración económica regional basada en cadenas productivas compartidas, comercio justo y beneficio para todos los países del continente que nos permita ser autosuficientes, como región, a la par de competir con el crecimiento de Asia.
Cuarto. El bienestar social como eje central del desarrollo, el crecimiento económico que no reduce desigualdades ni pobreza, no puede considerarse verdadero progreso.
Quinto. El diálogo permanente entre iguales. La estabilidad del hemisferio se construye con entendimiento, cooperación y respeto mutuo.
México sostiene con convicción que América no pertenece a una doctrina ni a una potencia. El Continente Americano pertenece a los pueblos de cada uno de los países que lo conforman.
Lincoln definió la democracia como “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.
Benito Juárez, estableció claramente que “entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.
Esa es la visión que defendemos y seguiremos defendiendo: integración económica del continente y cooperación con respeto a la soberanía.
En lo que respecta a la lucha contra el narcotráfico y la delincuencia organizada. En los últimos meses hemos establecido un Entendimiento con Estados Unidos basado en cuatro principios:
- Respeto a la soberanía y a la integridad territorial.
- Responsabilidad compartida y diferenciada.
- Respeto y confianza mutua.
- Y cooperación sin subordinación.
México coopera con Estados Unidos, incluso por razones humanitarias, para evitar que el fentanilo y otras drogas lleguen a su población, particularmente a las y a los jóvenes.
Como lo hemos dicho en otras ocasiones: no queremos que el fentanilo, ni ninguna droga, se acerque a ningún joven, ni en Estados Unidos, ni en México, ni en ningún otro lugar del mundo. Lo hacemos de manera responsable y decidida.
Para México, el objetivo central es reducir la violencia y construir una paz duradera con justicia en nuestro territorio.
Los resultados están a la vista: una reducción de 37 por ciento en el homicidio doloso, cientos de toneladas incautadas de diferentes drogas ilegales, decenas de delincuentes extraditados.
Sin embargo, es importante recalcar que cuando hablamos de responsabilidad compartida, respeto y confianza mutua, que esta violencia que se vive en nuestro país tiene entre sus causas, la entrada ilegal de armas de alto poder desde Estados Unidos hacia México, así como el grave problema del consumo de drogas en el país vecino.
De igual forma, hemos señalado que debe combatirse con firmeza a los grupos que distribuyen droga y lavan dinero tanto en México como en los Estados Unidos.
Como lo he expresado en conversaciones con el presidente Trump: la Atención a las Causas también es fundamental. Hemos incluso coincidido en que los valores, el apoyo familiar, la educación y la comunicación masiva son herramientas indispensables para evitar el consumo de drogas.
Finalmente, es necesario reafirmar que en México manda el pueblo y que somos un país libre, independiente y soberano.
Cooperación, sí; subordinación e intervención, no.
Esta es la posición que queríamos hacer de su conocimiento el día de hoy.