¿Quiere Trump apropiarse del ejército estadounidense? El discurso completo en Fort Bragg

En Fort Bragg, el presidente estadounidense convirtió una revista militar en un mitin político, obligando a militares uniformados seleccionados por su lealtad a aclamarlo.

Tras el envío de marines a Los Ángeles y justo antes del gran desfile militar que tendrá lugar en Washington con motivo de su cumpleaños, se trata de un paso más en la transformación de Estados Unidos.

Traducimos su discurso con acentos belicistas.

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El Grand Continent
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© Andrew Craft/SIPA USA

Por lo general, la revista de las tropas o el discurso de un comandante en jefe ante los militares en servicio es un acto muy codificado, solemne y, por definición, aburrido.

Si bien estos discursos pueden ser una oportunidad para hacer anuncios políticos, estos se preparan cuidadosamente.

Pero desde hace unos días, parece que Trump ha comprendido cómo puede utilizar al ejército.

Tras enviar a los marines a Los Ángeles, pronunció el 10 de junio en Fort Bragg un discurso con aires de mitin electoral.

Entrando al son de la música de Lee Greenwood, God Bless the USA —un himno de MAGA—, marcó la pauta para subvertir un principio fundamental de muchos ejércitos del mundo y del Ejército de los Estados Unidos desde George Washington: la neutralidad.

En un discurso que mezcla partes estructuradas y probablemente escritas de antemano con largas digresiones sobre sus propios éxitos —él, que nunca ha vestido el uniforme y más bien ha mostrado desprecio por las fuerzas armadas durante sus dos mandatos—, incitó en varias ocasiones a su audiencia a reaccionar a sus propuestas, convirtiendo de hecho a los militares en una multitud de seguidores.

«Es dulce y agradable morir por la patria», escribía Horacio. Desde Kantorowicz y sus análisis históricos del pro patria mori entre los canonistas de la Edad Media, sabemos que el sacrificio del ciudadano soldado es un rito colectivo de inclusión, una clave de cohesión utilizada por las élites y los soberanos para reforzar la comunidad política. Esta vieja lección se ha vuelto a confirmar en Fort Bragg con motivo del 250 aniversario del ejército estadounidense, ya que el discurso de Trump, al menos en sus partes un poco estructuradas, repasaba las grandes victorias del ejército estadounidense, para gloria de los soldados.

Pero el presidente estadounidense buscaba otra cosa.

Más que la obediencia debida al poder político por parte de los militares, lo que se escenificó esta semana fue un acto de lealtad del ejército: el commander-in-chief quiere poder tratar al ejército más grande del mundo como un clan o una banda leal de la que él es el carismático líder.

Los militares presentes, seleccionados en función de su lealtad política, obedecieron en varias ocasiones las órdenes de Trump cuando este les obligó a silbar o a acompañar sus aplausos con gritos.

En Laudes Regiae, el mismo Kantorowicz también estudió las aclamaciones litúrgicas, primero en el Imperio romano y luego en la cristiandad. Lejos de ser simplemente «ornamental», la aclamación es un acto performativo, un momento constitutivo de la autoridad.

Al abandonar el escenario al son del éxito disco YMCA de los Village People, incitando a los militares a bailar con él, Donald Trump reactiva, tras la farsa, una antigua técnica política para consolidar la concentración del poder.

Es maravilloso estar con ustedes en Fort Bragg. ¿Recuerdan que, durante un tiempo, la última administración le había cambiado el nombre? ¡Pero olvidemos todo eso!

Solo quiero decir: que Dios bendiga al Ejército de los Estados Unidos, que Dios bendiga a los Estados Unidos.

Quiero dar las gracias a los increíbles soldados, paracaidistas, pilotos y guerreros por la impresionante demostración de poderío militar estadounidense, total e inigualable, que acaban de ofrecer.

Según las investigaciones del sitio web especializado military.com, los militares presentes frente a él y que aclamaban a Trump habían sido seleccionados previamente según criterios estéticos e ideológicos que contradicen totalmente el principio de neutralidad.

Llevo mucho tiempo diciendo que tenemos el mejor ejército del mundo y que nadie puede igualarlo, pero acaban de darme una demostración que quizá ni siquiera hubieran querido ver, porque ha sido un poco aterradora. Aplaudamos al Mando de Operaciones Especiales del Ejército, a la 82.ª División Aerotransportada y al 18.º Cuerpo Aerotransportado por este magnífico momento.

Ha sido un espectáculo muy bonito, y el espectáculo continúa: el sábado será un gran día en Washington D. C.

Este sábado tendrá lugar en Washington un desfile militar, el primero de este tipo en Estados Unidos desde el que siguió a la rápida victoria en la Guerra del Golfo, en el apogeo del poder estadounidense.

Muchos han dicho que no deberíamos celebrar este desfile en Washington, pero lo haremos. Es hora de presumir un poco.

Otros países han celebrado recientemente la victoria de la Primera Guerra Mundial, como Francia, por ejemplo. Estados Unidos es el único que no ha celebrado este acontecimiento, ¡y fuimos nosotros quienes ganamos la guerra! Sin nosotros, todos estarían hablando alemán ahora mismo, o quizá un poco de japonés.

Donald Trump se refiere aquí por error a la Primera Guerra Mundial, mientras que las referencias al alemán y al japonés como lenguas «dominantes» en caso de derrota aluden claramente a la Segunda Guerra Mundial. En cuanto a las celebraciones, Donald Trump se refiere aquí a las celebraciones del 8 de mayo de 2025 en Francia, que conmemoran el 80.º aniversario de la Victoria del 8 de mayo de 1945.

Pero hemos ganado la guerra, así que la celebraremos con un desfile el sábado. A partir de ahora, celebraremos nuestra grandeza y nuestros logros.

Esta semana rendimos homenaje a 250 años de valentía, gloria y triunfo de la mayor fuerza armada que jamás haya existido: el ejército estadounidense.

Durante dos siglos y medio, nuestros soldados han marchado bajo el fuego de la batalla y han aniquilado a los enemigos de Estados Unidos. Nunca ha habido una fuerza como nuestro ejército.

Y yo lo he reconstruido.

Les he dado enormes sumas de dinero en los últimos cuatro años. Acabamos de aprobar el mayor presupuesto jamás destinado a operaciones militares: más de 1 billón de dólares.

Las medidas fiscales del nuevo presupuesto de Trump prevén aumentar el gasto en seguridad nacional a más de 1 billón de dólares al año (+13% con respecto a los niveles actuales), lo que incluye un aumento de 113.000 millones para el presupuesto del Pentágono. Este aumento se destinaría, en particular, a financiar el «Golden Dome» de Trump, un escudo antimisiles inspirado en el Domo de Hierro israelí, el futuro caza F-47 y un aumento de la capacidad de construcción naval.

Nuestro ejército ha destruido imperios extranjeros, humillado a reyes, derrocado a tiranos y perseguido a terroristas salvajes hasta las puertas del infierno.

Nuestros soldados no descansan hasta ganar.

Desde junio de 1775 hasta junio de 2025, cualquiera que haya sido lo suficientemente loco como para desafiar al ejército estadounidense se habrá enfrentado a una fuerza inquebrantable, un espíritu indestructible y un poder abrumador e imparable.

Una y otra vez, nuestros enemigos han aprendido que si se atreven a amenazar al pueblo estadounidense, los soldados estadounidenses los perseguirán, los aplastarán y los arrojarán al olvido; no es muy agradable de oír, pero es la verdad. Los últimos sonidos que oirán serán el grito helado de los Black Hawks en plena noche, el estruendo ensordecedor de los disparos de artillería o el rugido feroz de una brigada de infantería del ejército estadounidense cargando en el horizonte. Esa brigada cargará como nunca antes han visto.

Afortunadamente, puedo evitar que eso suceda, pero si no lo consigo, estarán preparados.

A eso se le llama «paz a través de la fuerza» (peace through strength).

Para nuestros adversarios, no hay nada más aterrador que el ejército estadounidense. Todos nos temen. Contamos con la mayor fuerza militar del planeta. Se dice que otros países están reforzando sus fuerzas armadas, pero nuestra fuerza sigue siendo inigualable.

Mientras se decía que se necesitarían cinco años para derrotar a Daesh, lo hicimos en cuatro semanas. Contábamos con el general Razin Caine, que era un gran guerrero. Como lo aprecio, ahora es jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas. Ha sido recompensado por su increíble trabajo.

Dan «Razin» Caine es un antiguo piloto de combate y exagente de la CIA. En 2018, cuando Trump visitaba Irak durante su primer mandato, Caine anunció que podía erradicar el Estado Islámico «en una semana», una promesa que recuerda la inclinación de Trump por las soluciones eficaces, incluso en el ámbito de los conflictos internacionales, como su ambición de poner fin a la guerra en Ucrania «en 24 horas».

El pueblo estadounidense no tiene mayor motivo de orgullo, ya que estos soldados son la espada virtuosa de la justicia estadounidense y el escudo definitivo de la libertad estadounidense.

Esta semana recordamos que si tenemos un país es porque primero tuvimos un ejército, ya que nuestro ejército surgió un año antes que nuestro país.

Después de 250 años, seguimos declarando con orgullo que somos libres porque ustedes son fuertes.

Estamos seguros porque ustedes son valientes.

La bandera estadounidense nunca caerá, porque el ejército estadounidense nunca fallará.

Todas las ramas de las fuerzas armadas han desempeñado un papel esencial en la protección de nuestra nación, pero ninguna ha luchado tanto, derramado tanta sangre y obtenido tantas victorias como el Ejército de los Estados Unidos.

Ha obtenido más medallas y condecoraciones que cualquier otra rama de las Fuerzas Armadas: ustedes poseen el 70% de las Medallas de Honor. Los soldados del Ejército, en particular nuestros paracaidistas, realmente van «hasta el final» («all the way») —como bien dicen ustedes—.

Como presidente de los Estados Unidos, quiero expresar mi eterna gratitud a todos los soldados aquí presentes, a todos los veteranos y a sus increíbles familias, aquí y en todo Estados Unidos, así como a todos los patriotas que han vestido el uniforme durante los últimos 250 años. Les damos las gracias de todo corazón.

Pocos lugares ocupan un lugar tan importante en la tradición militar como Fort Bragg, donde nos encontramos hoy.

No olviden que, durante un breve periodo de tiempo, bajo la administración Biden, dejó de llamarse Fort Bragg. Yo no tuve nada que ver con eso. He venido aquí en numerosas ocasiones y todo el mundo seguía diciendo «Fort Bragg». Cuando pronuncié un discurso, pregunté a la audiencia: «Fort Bragg, ¿cómo están?». Hemos ganado muchas batallas desde este fuerte, y las cosas no deben cambiar.

Aquí es donde se encuentran los Boinas Verdes, los Sky Dragons y la 82.ª División Aerotransportada. Aquí es donde los soldados que ganaron la Segunda Guerra Mundial aprendieron a plegar paracaídas, a disparar cañones, a saltar de un C-47 con armas pesadas, a manejar la bayoneta y a localizar al enemigo entre los setos del campo francés.

Los «Boinas Verdes» son una de las unidades de las fuerzas especiales del Ejército de los Estados Unidos. «Sky Dragons» es el apodo del 18.º Cuerpo Aerotransportado, símbolo que aparece en la insignia de la unidad.

Estuvimos allí cuando Francia nos necesitaba desesperadamente. Otros nos necesitaban desesperadamente, y sigue siendo así hoy en día, quizá más que nunca.

Aquí, en esta tierra, el ejército forjó el metal que resistió en Bastogne. Aquí es donde los poderosos paracaidistas ganaron sus alas antes de lanzarse en picado desde el cielo para liberar Sicilia, Normandía e incluso los Países Bajos. Cada centímetro cuadrado de esta base está impregnado del legado de esos guerreros que declararon con orgullo: «Señor, me formé en Fort Bragg». Por eso hemos devuelto a este lugar su nombre histórico. Fort Bragg es su nombre, y lo seguirá siendo para siempre.

Para darles una primicia exclusiva —y no una noticia falsa, también vamos a devolver sus nombres a Fort Pickett, Fort Hood, Fort Gordon, Fort Rucker, Fort Polk, Fort A.P. Hill y Fort Robert E. Lee.

Esta lista incluye siete bases militares del ejército estadounidense, renombradas durante la presidencia de Joe Biden, con sus nombres anteriores, que hacen referencia a generales confederados. Gracias a una pirueta onomástica, los antiguos nombres ya no harían referencia directa a los hombres de la Confederación, sino a sus homónimos que lucharon por el ejército estadounidense en otros conflictos.

Hemos ganado muchas batallas desde estos fuertes. No es momento de cambiar. Soy muy supersticioso: me gusta que las cosas sigan como están.

No quería esperar al sábado para anunciarlo. ¡Hoy hay una multitud récord! Es un honor. No creo que tanta gente hubiera venido por Biden.

Quiero dar las gracias a los numerosos grandes líderes que están aquí hoy, en particular al secretario de Defensa, Pete Hegseth. Ha pasado por guerras. Ha tenido que enfrentarse a un grupo de personas muy hostiles que no querían que Estados Unidos volviera a ser grande. Pero perseveró, logró su objetivo y está haciendo un trabajo fantástico.

El secretario de Asuntos de Veteranos, Doug Collins, es un hombre fantástico. En comparación con la última administración, la administración de veteranos ha mejorado considerablemente. Según la última encuesta, la gente vuelve a estar satisfecha. Hace cinco años estaban muy satisfechos, pero las cosas han empeorado desde entonces. Hemos logrado muchas cosas. Si necesitabas atención médica, podías acudir inmediatamente a un médico privado y nosotros pagábamos la factura. No tenías que esperar seis meses y acabar enfermándote gravemente. Todo se solucionaba con una inyección o una pastilla. Lo hicimos, pero luego quisieron abandonarte, y nos negamos.

El secretario del Ejército, Dan Driscoll, es un joven brillante que estudió en Yale. También tenemos a nuestros senadores, el senador Ted Budd y el senador Thom Tillis. Gracias, señores. Los miembros del Congreso Richard Hudson y Pat Harrigan, son ustedes maravillosos. Contamos con la presencia de grandes personalidades: el general Andrew Pappas, el general John Braga, el general Greg Anderson y el sargento mayor del ejército Michael Weimer.

Antes de continuar, me gustaría decir unas palabras sobre la situación en Los Ángeles, en California.

He desplegado miles de soldados de la Guardia Nacional y cientos de marines para proteger a las fuerzas del orden federales contra multitudes violentas, agresivas y algunos extremistas de izquierda. Se dice que no fue agradable de ver, pero si no lo hubiéramos hecho, Los Ángeles ya no existiría hoy. La ciudad estaría en llamas, como lo estaban sus casas hace unos meses.

Mientras continuaban las protestas contra la política migratoria de la Casa Blanca por tercer día consecutivo en el condado de Los Ángeles, Donald Trump decidió desplegar la Guardia Nacional. La decisión se tomó sin el consentimiento del gobernador, el demócrata Gavin Newsom, algo que no ocurría desde 1965.

Generaciones de héroes del ejército no derramaron su sangre en costas lejanas para ver nuestro país destruido por una invasión y la anarquía del tercer mundo en nuestro propio país, como está ocurriendo en California.

Como comandante en jefe, no permitiré que eso suceda.

© Joseph Navin/Sipa USA

En California estamos asistiendo a un ataque deliberado contra la paz y el orden público, liderado por alborotadores que enarbolan banderas extranjeras, con el objetivo de continuar la invasión de nuestro país por fuerzas extranjeras.

No olviden que se ha permitido la entrada en nuestro país a millones de personas sin ningún tipo de control ni verificación por parte de personas estúpidas, radicales de izquierda o enfermos. La apertura de las fronteras es la política más estúpida que existe, diría incluso que es más estúpida que el hecho de que los hombres practiquen deportes femeninos y que todo el mundo tenga derecho a ser transgénero.

La referencia que hace Trump al campo de batalla de las guerras culturales estadounidenses no es sorprendente: una de las razones por las que habría elegido a Pete Hegseth es precisamente su compromiso contra la «ideología woke» y sus espectros: la inclusividad, la diversidad, los derechos de las personas LGBTQ y el feminismo. En su libro The War on Warriors: Behind the Betrayal of the Men Who Keep Us Free, Hegseth afirmaba que el «wokismo» estaba corrompiendo el ejército estadounidense, y también se había pronunciado en contra de enviar mujeres al combate, antes de retractarse.

En Los Ángeles, lanzan bloques de hormigón a las fuerzas del orden. ¿Los han visto romper las aceras con martillos enormes? Son profesionales, no aficionados.

Llegaron con ladrillos rojos, que podían lanzar contra nuestros militares y la policía de Los Ángeles, y cuando se los quitaron, tenían martillos. Entonces rompieron la acera para convertirla en bombas de hormigón. Las lanzaron con mucha fuerza y golpearon a la gente en la cara con grandes trozos de hormigón. Llevaron a gente a los puentes y la arrojaron sobre los coches que pasaban. 

Son animales que enarbolan con orgullo las banderas de otros países, pero no la bandera estadounidense, que solo queman. No eran personas de nuestro país ni personas que aman nuestro país las que quemaban nuestra bandera.

Cualquiera que queme la bandera estadounidense debería ser encarcelado durante un año.

Vamos a intentar que se apruebe esta ley. Estamos trabajando con algunos de sus senadores; sé que el senador Josh Hawley está muy involucrado, al igual que los dos senadores de aquí.

Mientras tanto, los agitadores lanzaban bombas incendiarias, cócteles Molotov y prendían fuego a vehículos. Han visto a esas multitudes atacando a los policías y a los agentes del ICE, que son las personas más duras que se pueden encontrar. Aman a nuestro país. Los agitadores intentan pisotearlos, pero no lo permitirán.

Intentaron infiltrarse y ocupar edificios federales llevando chalecos antibalas y viseras. Tienen el mejor equipo que se puede comprar. Alguien está financiando este equipo profesional, y vamos a descubrir quién es, gracias a Pam Bondi y al Departamento de Justicia, que ya han comenzado a investigar.

Bajo la administración Trump, esta anarquía no será tolerada.

No permitiremos que se ataque a agentes federales ni que una ciudad estadounidense sea invadida y conquistada por un enemigo extranjero, porque eso es lo que son.

Muchas de estas personas han sido autorizadas a entrar en Estados Unidos por la administración Biden.

Son personas que venían de prisiones de todo el mundo: líderes de bandas, personas que habían salido de instituciones psiquiátricas, barones de la droga. Sus propios países los habían expulsado. Los llevaron en coche o en autobús hasta nuestra frontera y les dijeron: «Si vuelven, los mataremos».

Quiero elogiar el valor y la fuerza de los increíbles soldados que actualmente montan guardia para proteger los bienes y el personal federal, y que hacen cumplir la supremacía de la ley federal. Protegen a nuestros agentes del ICE y a la policía de Los Ángeles. El jefe de la policía de Los Ángeles es un buen hombre, pero la situación se había vuelto incontrolable. Les hemos proporcionado la ayuda que necesitaban.

Estos militares no solo defienden a los ciudadanos honrados de California, sino también a nuestra propia república.

Son héroes. Luchan por nosotros. Impiden una invasión, igual que lo harían ustedes. La gran diferencia es que, en la mayoría de los casos, las personas a las que detienen llevan uniforme. En muchos sentidos, es más difícil cuando no llevan uniforme, porque no saben exactamente quiénes son.

En Los Ángeles, el gobernador de California y el alcalde son incompetentes. Han pagado a alborotadores, agitadores e insurrectos. Están llevando a cabo un intento deliberado de derrocar la ley federal y apoyar la ocupación de la ciudad por invasores criminales.

Mientras Trump acusa al gobernador demócrata de California, Gavin Newsom, de actuar en contra de la ley federal, se sabe que este último ha emprendido una acción legal contra la administración Trump. Lo acusa de violar la Décima Enmienda de la Constitución, que establece que las competencias que no se atribuyen explícitamente al Gobierno federal son competencia de los Estados federados, así como la Ley de Procedimiento Administrativo de 1946.

Eso es lo que son: invasores.

Afirman que los disturbios no cesarán hasta que el ICE se retire de Los Ángeles y deje de aplicar la ley federal de inmigración. Entraron ilegalmente en el país. Vinieron de todo el mundo, algunos del Congo, en África, otros de Asia. Los trajeron a Estados Unidos y les permitieron quedarse porque teníamos un presidente extremadamente incompetente.

De hecho, lo conozco desde hace mucho tiempo. Nunca ha sido muy brillante, pero tampoco era un radical de izquierda. Nunca soñó con abrir las fronteras. Nunca dijo eso cuando estaba en sus cabales, lo cual fue hace mucho tiempo.

Lo que le han hecho a nuestro país es realmente muy triste.

Pero eso ha cambiado, y las cifras lo demuestran.

Mientras que hace seis meses éramos un repudio, ¡hoy somos el país más atractivo! He visitado Arabia Saudí, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos. Hemos traído más de 5 billones de dólares a nuestro país, y los tres líderes, todos ellos excelentes dirigentes, han declarado que presido el país más atractivo del mundo.

¿Saben lo que ocurrió el 5 de noviembre? La elección de un presidente que les quiere.

Ahí es donde todo cambió.

En pocas décadas, Los Ángeles ha pasado de ser una de las ciudades más limpias, seguras y bonitas del planeta a convertirse en un vertedero donde barrios enteros están controlados por bandas transnacionales y redes criminales. Como ahora puede ver todo el mundo, la inmigración descontrolada conduce al caos, al mal funcionamiento y al desorden.

Lo mismo ocurre en muchos países de Europa. No les gusta que lo diga, pero lo diré alto y claro: más vale que actúen antes de que sea demasiado tarde.

Este paralelismo con la situación política interna de los europeos se hace eco del plan recientemente propuesto por la administración Trump para un cambio de régimen en Europa —del que hemos publicado el texto íntegro— y está en línea con las declaraciones del vicepresidente estadounidense J. D. Vance y del secretario de Defensa Pete Hegseth sobre su «odio» hacia Europa y los europeos.

En pocas palabras, vamos a liberar Los Ángeles y devolverle la libertad, la limpieza y la seguridad.

¿Han oído hablar del «One Big Beautiful Bill»?

Mientras estaba en un programa de televisión —creo que era Face the Nation— dije que necesitábamos un gran proyecto de ley. Me preguntaron si prefería un único proyecto de ley o siete u ocho proyectos diferentes. Respondí: «Quiero un solo proyecto de ley grande» (one big, beautiful bill). Al Partido Republicano le gustó esta declaración, así que lo llamaron «One Big Beautiful Bill». Es fantástico.

Este proyecto está siendo examinado actualmente por el Congreso y prevé todos los fondos necesarios para el ICE, la policía fronteriza y el Ministerio de Defensa. Alcanza más de 1 billón de dólares, una cifra sin precedentes.

La One Big Beautiful Bill Act (OBBBA) es un proyecto de ley presupuestaria presentado por la administración Trump. Implica recortes en el gasto social del Gobierno, en particular en el programa federal de alimentación y en Medicaid, al tiempo que destina 150.000 millones de dólares adicionales al gasto en defensa. Aunque este proyecto fue criticado por Elon Musk, lo que provocó su espectacular ruptura con Trump, la Casa Blanca destaca que cuenta con el apoyo de la industria estadounidense y ofrece una calculadora de los ahorros que se conseguirían. Según la última estimación de la Oficina Presupuestaria del Congreso, las medidas fiscales contenidas en el texto deberían aumentar el déficit en 3,8 billones de dólares entre 2026 y 2034.

Será mejor que aprobemos este proyecto de ley, porque si no, sus helicópteros, sus aviones y su equipo empezarán a parecer un poco viejos. Los miembros del Congreso de su región están todos de acuerdo, sin que yo haya tenido siquiera que hablar con ellos.

Quiero que este proyecto de ley se apruebe inmediatamente, porque tendrá consecuencias muy positivas para nuestro país.

No habrá más impuestos sobre las propinas, sobre la seguridad social para los mayores ni sobre las horas extras. Se financiarán por sí mismos. Si piden un préstamo para comprar un coche, les dejaremos deducir los intereses si es un coche nuevo fabricado en Estados Unidos, pero no si es fabricado en Japón, China o cualquier otro lugar.

He ganado el voto popular por millones de votos, he ganado los siete swing states y todos los condados del país con 2.750 votos contra 525. Eso es lo que yo llamo un resultado impresionante.

Es un mandato del pueblo para restablecer las fronteras soberanas de los Estados Unidos.

Y eso es exactamente lo que estamos haciendo: no solo estamos asegurando las fronteras, sino que también estamos reformando las instituciones financieras y protegiendo nuestro propio país.

No nos dejaremos intimidar. Ni la multitud de Los Ángeles ni nadie más lo conseguirá. Les llamaré en cuanto vea que eso ocurre. En teoría, supongo que un gobernador podría llamar, pero no lo hacen. Dejan que sus ciudades ardan, como en Minneapolis, cuando el tipo que se presentó a la vicepresidencia contra J.D. Vance estaba al mando.

Trump se refiere a Tim Waltz, gobernador de Minnesota.

Fue un buen debate, J.D. contra ese tipo. ¿Recuerdan lo malo que era? Le dije a J.D. que nunca se había enfrentado a un hombre como él. Creo que también se presenta a la presidencia, ¿se dan cuenta?

Es un loco radical de izquierda. Minneapolis iba a arder por completo y no llamó a la Guardia Nacional. Esperé mucho tiempo antes de llamar a la Guardia, que salvó la ciudad, pero debería haberlos llamado desde el primer día.

Dije que si volvía a ocurrir, me plantearía presentarme, porque pensaba que las elecciones habían sido amañadas y robadas. Todos lo sabemos. Dijeron que se volverían a presentar y que, si yo ganaba, sería demasiado importante como para amañarlo.

Pero lo hicimos, ganamos por millones de votos. Fue maravilloso verlo. A las 9:02 p. m., anunciaron que yo era el ganador. Respondí: «¿Creen que fue fácil?». No creo que esas señoras de Carolina del Norte estén de acuerdo.

Ya saben, me han seguido. No sé qué les ha pasado a sus maridos. Están casadas con gente encantadora, pero han asistido a ¿qué, 138 mítines?

Una cantidad increíble. ¿Está satisfecho su marido? ¿Está bien? ¡Oh, ahí está, ha llegado! Ha venido una de ellas. ¡Es genial! ¡Enhorabuena! Son mujeres formidables. Son grandes patriotas.

Trump hace aquí una de las muchas digresiones de su discurso en las que recuerda la noche de su victoria en noviembre.

Utilizaremos todos los medios a nuestro alcance para reprimir la violencia y restablecer inmediatamente el orden público.

No vamos a esperar siete u ocho días a que un gobernador que nunca nos llama, mientras las ciudades arden. Déjenme decirles que si no hiciéramos esto, Los Ángeles estaría ardiendo, al igual que las casas que ardieron hace unos meses.

Trump se refiere a los importantes incendios forestales que afectaron a California a principios de 2025, especialmente en la región de Los Ángeles y la ciudad, devastada por las llamas.

La única bandera que ondeará triunfalmente en las calles de Los Ángeles es la bandera estadounidense.

Volvamos ahora al motivo por el que estamos aquí hoy: celebrar 250 años de valor inquebrantable del ejército. Esta semana no solo conmemoramos el punto de partida de la historia del ejército, sino que también marcamos un punto de inflexión en la historia mundial, dada la importancia de este acontecimiento.

Cuando el Congreso Continental creó el Ejército y nombró a su primer comandante, el general George Washington, envió a la batalla el espíritu feroz de una nación libre bajo el grito de guerra que aún resuena hoy: «Denme la libertad o denme la muerte».

Solo tres días después de la formación del ejército, el gran patriota y padre fundador, el Dr. Joseph Warren, se encontraba en primera línea en Bunker Hill, donde los soldados eran muy inferiores en número y en armas.

La batalla de Bunker Hill (1775) fue un importante enfrentamiento al comienzo de la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, que enfrentó a las tropas británicas y las milicias coloniales cerca de Boston.

Se enfrentaban a un grupo de soldados considerados invencibles ese día. La madre de Warren le suplicó: «Hijo mío, no lo hagas. Te lo ruego, no lo hagas. No arriesgues tu vida, ni siquiera por la causa patriótica». Él respondió: «Dondequiera que esté el peligro, querida madre, allí estará tu hijo. Liberaré a mi país o derramaré hasta la última gota de mi sangre para intentarlo».

Son unas palabras muy bonitas.

En Bunker Hill, Warren cumplió su promesa, luchando hasta caer, cubierto de sangre, a la edad de 34 años. Exactamente 250 años después, nos acompaña el tataranieto del Dr. Warren, siete generaciones después.

© AP Foto/Alex Brandon

Scott Warren, veterano de la guerra de Irak y especialista militar retirado, está aquí con su hija, la sargento Carrington Sanders, de Fort Irwin.

Muchas gracias. ¡Qué familia tan bonita! Llevan en las venas el amor y la dedicación a la libertad estadounidense.

La vida de un soldado no es solo un trabajo, es una vocación, una tradición sagrada que se transmite de padres a hijos, de hermanos a hermanas y de una generación a otra. En tiempos de peligro, nuestros ciudadanos más nobles han respondido a esta llamada. Han abrazado a sus seres queridos y han acudido al sonido de los cañones.

En 1812, cuando los británicos intentaron reconquistar nuestra joven nación, 1.000 estadounidenses repelieron una flota británica de 5.000 soldados en Fort McHenry. Se decía que era imposible de detener. Todos conocen el nombre del teniente Francis Scott Key, que observó desde el puerto de Baltimore cómo el ejército mantenía en alto la bandera estadounidense.

Muchas personas se sintieron profundamente inspiradas.

Key escribió un poema en homenaje al valor del ejército y al orgullo estadounidense, conocido hoy como «Star-Spangled Banner», nuestro himno nacional.

Ocho generaciones después, se une a nosotros un descendiente de Francis Scott Key que ha pasado dos décadas vistiendo el uniforme: el mayor Kyle Key, de la Guardia Nacional del Ejército. ¡Gracias por estar aquí! 

En las décadas siguientes, el ejército conquistó la gran frontera, ganó la guerra que restauró nuestra nación y rompió para siempre las cadenas de la esclavitud. Una generación más tarde, los Rough Riders del ejército asaltaron la colina de San Juan con el coronel Theodore Roosevelt y expulsaron para siempre al último imperio extranjero del continente americano.

La expresión «Gran Frontera» (Great Frontier) se refiere, en el contexto de la historia de los Estados Unidos, al período de expansión hacia el oeste, marcado por la colonización progresiva de los territorios situados más allá de las primeras colonias europeas. Este tema, que pertenecía a la historia o al ámbito de las metáforas, ha sido reactivado por Trump en un sentido literal, ya que el presidente estadounidense recuerda constantemente su voluntad de aumentar el territorio de los Estados Unidos anexionando el de otros Estados.

Durante la Primera Guerra Mundial, nuestros «doughboys» lucharon valientemente en el valle del Marne y en el bosque de Argonne. En 1918, allí, un ferviente cristiano de Tennessee llamado Alvin York cargó a través de un campo abierto hacia las ametralladoras alemanas. Estas disparaban a un ritmo inaudito… 

La expresión «doughboys» se refiere a los soldados estadounidenses de la Primera Guerra Mundial, un apodo de origen incierto.

Derribaban todo a su paso, incluidos árboles gigantes. El enemigo acabó con más de la mitad de su pelotón casi de inmediato.

Pero York siguió avanzando hacia la muerte.

Mató a un soldado alemán tras otro y regresó con 132 prisioneros capturados tras las líneas enemigas.

El sargento York recibió la Medalla de Honor del Congreso y se convirtió en uno de los héroes más famosos y condecorados de la Primera Guerra Mundial. De hecho, se hizo muy famoso gracias a la película que se rodó sobre él.

Hoy nos acompaña el nieto del sargento York, el coronel Gerald York. En el funeral de su abuelo en 1964, el sargento mayor de Fort Bragg le dijo a Gerald que ya era hora de que se alistara en el ejército. Se presentó voluntario para combatir en Vietnam y sirvió durante 31 años.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el ejército volvió a acudir al rescate del mundo libre. Entre los millones y millones de voluntarios se encontraba Henry Armstrong.

Se alistó seis meses antes de graduarse en el instituto y recibió entrenamiento básico aquí mismo, en Fort Bragg. Al año siguiente estaba en Normandía. Luchó en toda Francia con el tercer ejército de Patton, cruzando el Rin para adentrarse en el corazón de Alemania, donde contribuyó a la liberación de un campo de concentración nazi.

El sargento mayor Henry Armstrong está hoy entre nosotros. Tiene 100 años y es veterano de numerosas batallas de la Segunda Guerra Mundial, habiendo servido en el ejército durante 41 años. Muchas gracias. Le acompaña su nieto, el comandante Dennis Armstrong.

Dennis, supongo que es usted. Gracias, Dennis. Y aquí está la esposa de Dennis, la capitana Shelley Armstrong. Ambos aman el ejército y nuestro país. Les estamos muy agradecidos, así como a su hijo, Tanner.

Es sargento primero en servicio activo en la 82.ª División Aerotransportada, aquí mismo, en Fort Bragg.

En Corea, nuestros soldados mantuvieron la línea del frente en la lucha contra el comunismo, liberando a millones de personas y devolviéndoles la libertad.

Enviamos a Vietnam a algunos de los hombres más duros que jamás hayan vestido el uniforme y las botas del ejército; uno de ellos era Joe Malm, de Pensilvania.

Cuando su pelotón recibió la orden de rescatar a unos soldados rodeados por el enemigo durante la batalla de Ia Drang, Malm, de 23 años, se precipitó bajo un fuego intenso y mató a cuatro soldados enemigos en la maleza antes de correr 40 metros en terreno abierto.

Sus compañeros no podían creer lo que veían. Luego, lanzó una granada que mató a ocho artilleros vietcong. Luego se precipitó hacia las trincheras y mató a otros antes de resultar gravemente herido en la mandíbula. Consiguió abrir paso a sus hombres para que pudieran rescatar a sus compañeros atrapados y salvar sus propias vidas.

Por su excepcional valentía, el teniente Malm recibió la Medalla de Honor del Congreso y se retiró con el rango de coronel tras 30 años de servicio. El coronel Malm está hoy aquí con sus dos hijos, Will y Walter, ambos Rangers del ejército.

Más recientemente, los soldados se han adentrado en las cuevas más oscuras y se han aventurado en los lugares más inhóspitos para derrotar a las fuerzas del terrorismo islámico.

En 2007, el sargento primero Eric Phillips estaba destinado en un puesto avanzado aislado en las montañas afganas. Cuando una fuerza talibán masiva atacó por todos lados, pensó que era el fin. Durante tres horas, lideró un feroz contraataque, repeliendo con éxito al enemigo en combate cuerpo a cuerpo. Durante el mismo despliegue, Eric repelió otro ataque de una fuerza enemiga muy superior, salvando así innumerables vidas.

Por su espectacular valentía, el jefe Phillips recibió la Cruz por Servicio Distinguido y la Estrella de Plata, lo que le convierte en uno de los soldados más condecorados de la guerra contra el terrorismo, en todas las ramas del ejército. Y hoy está entre nosotros. Jefe Phillips, es usted un orgullo para todos.

Desde la Revolución Americana hasta nuestros días, la historia del ejército estadounidense es la de una cadena ininterrumpida de patriotas estadounidenses que lo han dado todo por su país.

Es la saga de personajes épicos como Washington, Jackson, Grant, Custer, Pershing, Eisenhower, Patton, MacArthur, Wild Bill Donovan y el gran general William Yarborough, padre de los Boinas Verdes. ¿Saben quiénes son los Boinas Verdes? También es la historia de unidades legendarias como la Vieja Guardia, la Brigada de Hierro, la Big Red One, los Buffalo Soldiers, los Harlem Hellfighters, los Tuskegee Airmen, los Screaming Eagles y los Hell on Wheels de George Patton.

Las armas de guerra han cambiado con cada generación, pero la lealtad inquebrantable del soldado estadounidense siempre ha permanecido igual. El ejército siempre se ha mantenido fiel a su lema: «Esto lo defenderemos». Las tumbas de los soldados que dieron su vida por Estados Unidos se extienden por el suelo sagrado de Arlington, Gettysburg, Anzio, Manila y otros lugares lejanos que solo Dios conoce. Les debemos todo.

Como explicaba Pierre Haski en una entrevista concedida a la revista, es imposible pensar en Estados Unidos sin pasar por la guerra. A través de estas largas enumeraciones, Trump parece apelar al lugar esencial que ocupa la identidad militar en la historia estadounidense.

Hoy renovamos nuestro compromiso con la causa de la libertad por la que vivieron, lucharon y murieron con tanto altruismo y valentía.

No hay mejor homenaje a su memoria que preparar al ejército para dominar a los enemigos de Estados Unidos durante los próximos 250 años y más allá. Por eso, bajo la administración Trump, nos comprometemos a restaurar el espíritu de las fuerzas armadas estadounidenses.

Ningún soldado se alistó en el ejército para recibir lecciones sobre la diversidad transgénero o la inclusión. No quieren oír cosas como «transgénero para todos». Los patriotas estadounidenses se alistaron en el ejército para derribar puertas, asaltar playas, matar terroristas y ganar las guerras de Estados Unidos.

Eso es lo que queremos y eso es lo que ustedes quieren.

Con ese fin, estamos realizando una inversión sin precedentes, no solo en el Ejército, sino también en el resto de las Fuerzas Armadas, porque ustedes trabajan juntos como un equipo.

Estamos concediendo un aumento general a todos los miembros de las Fuerzas Armadas estadounidenses. Se lo merecen y se lo damos. Gastamos demasiado dinero en cosas innecesarias, pero creo que esos días han terminado, senadores y miembros del Congreso. Como parte de nuestro gran proyecto de ley, estamos invirtiendo más de mil millones de dólares para renovar sus viviendas en las bases militares. También estamos construyendo un escudo antimisiles de última generación llamado «Golden Dome» para proteger nuestro territorio.

Anunciado el 20 de mayo de 2025 por Donald Trump, el proyecto denominado «Golden Dome» pretende dotar a Estados Unidos de un escudo antimisiles nacional de nueva generación, articulado en torno a una red orbital capaz de interceptar misiles balísticos, hipersónicos y de crucero, ya estén equipados con ojivas convencionales o nucleares. Presentado por la Casa Blanca como un avance tecnológico decisivo, se espera que el sistema alcance una tasa de éxito «cercana al 100%». Su coste se estima en 175.000 millones de dólares, y su implementación está prevista antes de que finalice el mandato presidencial.

Detrás de este proyecto, varios actores industriales cercanos al entorno de Trump, como SpaceX o Palantir, podrían beneficiarse de importantes contratos públicos.

Si bien este relanzamiento de una lógica de disuasión defensiva recuerda algunas ambiciones formuladas a principios de la década de 1980, su viabilidad técnica es ampliamente cuestionada por numerosos analistas, que ven en ella una proyección estratégica poco realista a corto plazo. Sin embargo, esta última es reveladora de un cambio doctrinal más profundo, de un modelo basado en la disuasión nuclear mutua a una estrategia de protección total contra todos los misiles. 

Después de años de escasez de reclutas, creo que es muy emocionante. Estamos registrando los mejores resultados de reclutamiento en tiempos de paz. Imagínense: hace seis meses no podíamos reclutar a nadie para el ejército.

Nadie quería alistarse. Eso era hace seis meses. Luego llegaron las elecciones del 5 de noviembre y hoy registramos las mejores cifras de reclutamiento en la historia de nuestro país. Ya hemos superado nuestros objetivos de reclutamiento para 2025, y aún no hemos terminado. ¿No es reconfortante escuchar eso, cuando hace solo seis o siete meses se decía que nadie quería alistarse en el ejército?

Habían perdido la confianza en nuestro país. Y, sin embargo, unos meses después, estamos batiendo todos los récords.

El ejército pronto será más fuerte, más grande y mejor que nunca. Cada nuevo soldado que se una a nuestras filas encarnará el mismo espíritu combativo que el sargento mayor Jim Schmidt, que lamentablemente ya no está entre nosotros.

A los 15 años, Jim mintió sobre su edad porque quería alistarse desesperadamente, y se entrenó en Fort Bragg para luchar en la Segunda Guerra Mundial.

Cuando su colegio le escribió para preguntarle si asistiría a la ceremonia de graduación de cuarto curso, respondió que le sería imposible porque estaba muy ocupado.

Como paracaidista, participó en los famosos desembarcos de Sicilia y Salerno cuando aún era un niño, demasiado joven para estar allí. El ejército lo descubrió y lo expulsó.

Le dijeron: «Jim, eres un gran soldado, pero tienes que irte de aquí».

Pero eso no detuvo a Jim. Se alistó en la Marina. En cuanto cumplió 18 años, volvió y se alistó en la 82.ª División Aerotransportada. Increíble, ¿verdad? Luego luchó en el embalse de Chosin, en Corea, un lugar muy duro, y después en Vietnam. Terminó su carrera en Fort Bragg, tras recibir dos Estrellas de Plata, tres Estrellas de Bronce y dos Corazones Púrpura.

Hoy nos acompañan la viuda de Jim, Peggy, y su querido nieto, el cabo primero Christian Forbes, que actualmente está desplegado en nuestra frontera sur para defender nuestro país de una invasión.

Nos guste o no, se trata de una invasión. Pero no sé si lo saben, la invasión se ha detenido en un 99,9%. Incluso podría estar detenida en más de un 99,9%: ¿99,999%?

La invasión ha sido detenida. Cabo Forbes, quiero darle las gracias por defender Estados Unidos. Es evidente que ha hecho un buen trabajo, ya que la invasión ha sido detenida, y agradecemos su presencia aquí. Muchas gracias.

Cada uno de los aquí presentes lleva en su alma el amor, la fuerza y el coraje de millones de patriotas del ejército. Sus uniformes lucen las mismas estrellas y rayas que nuestros antepasados llevaron hasta la victoria en Yorktown, a través de las Grandes Llanuras, sobre las Montañas Rocosas, hasta Missionary Ridge y en las calles de París. Debemos ayudar a nuestros aliados, ¿no es así?

Hemos atravesado las arenas del norte de África, desembarcado en las playas de Omaha Beach y luchado en las sangrientas colinas de Corea. Fue un graduado de West Point, Buzz Aldrin, quien plantó por primera vez nuestra gran bandera estadounidense en la superficie de la Luna.

Ahora les toca a ustedes llevar esa bandera, añadir sus propias hazañas a esta crónica de triunfos y leyendas. Es su deber proteger la llama de la libertad que encendieron hace 250 años los héroes de Concord Bridge y Bunker Hill.

Hoy, ante ustedes, estoy más seguro que nunca de que, en los días venideros y para todas las generaciones futuras, el Ejército de los Estados Unidos nos honrará a todos.

Protegerán cada centímetro cuadrado de suelo estadounidense, defendiendo a Estados Unidos hasta los confines de la tierra. Dondequiera que aceche el peligro, el Ejército de los Estados Unidos estará allí. Sean cuales sean los peligros que nos acechen y las amenazas que se ciernan sobre nuestro pueblo, permanecerán fuertes y orgullosos. Lucharán con determinación y mantendrán viva esta hermosa llama.Enarbolarán la bandera y también harán algo que se ha convertido en una frase famosa: fight, fight, fight, y ganarán, ganarán, ganarán. Gracias. Que Dios los bendiga. Que Dios bendiga a nuestros soldados y que Dios bendiga al Ejército de los Estados Unidos. Muchas gracias. Gracias a todos.

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